Leyendas históricas de América. La conquista.--La colonia.--La independencia.--La república · Unidad 54 de 121
Unidad 54 · LEYENDAS HISTÓRICAS 183
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LEYENDAS HISTÓRICAS 183
Nunca tal lo hiciera aquel memorable negro que en el campo de Junín logró salvar al general Necochea, sacándole herido del fragor de la lucha. Porque, al avanzar con cautela, se le desboca asustado el caballo, y en carrera loca le lleva contra el enemigo.
Camacaro hace esfuerzos desesperados por contenerlo; mas inútil su afán, se siente irremisiblemente perdido, y trata de vender cara la vida.
Se afianza entonces en los estribos, se tiende en el arzón delantero y baja y enristra la formidable lanza.
Allá va como un huracán entre las filas enemigas, repartiendo a derecha y siniestra mortales botes, atropellando cuanto encuentra al paso.
Cae el corcel; pero él logra levantarse como un rayo, espumarajeando de cólera, terrible, amenazante.
— |No le maten! {Es un valiente! —grita un jefe; pero ya es tarde. Camacaro cae fulminado por centenares de balas (1).
Entretanto, los ochenta del Cedeño aguantan a pie firme el empuje de la división enemiga. Llega el Rifles y le refuerza; pero el Rifles es atacado por los ciento cincuenta escogidos de Priedrahita, que venían en su auxilio; y los
(1) También tradicional.
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amigos se baten, debido a una equivocación originada por la obscuridad.
Al fín, la luz se hace sobre la pampa de Tarqui y l0s desfíladcios del Pórtete. Flores se presenta con el Yaguachi y el Caracas, al mismo tiempo que acuden, de la parte contraria^ Lámar y Gamarra con fuertes divisiones. Dase una carga digna de los días épicos, y a las siete de la mañana alumbra el sol una victoria más de Colombia la Grande.
Guevara, Brown, Alzuro, Zerdeña persiguen a los prófugos, vencen las últimas resistencias y el ejército peruano capitula.
Y cuando el mariscal recorre el campo, en las primeras hileras de los caídos mira con sorpresa una mujer tendida boca arriba, abrazada a un fusil todavía humeante, que se desangra en silencio por una ancha herida en el costado.
El vencedor detiene su caballo.
—¿Quién es esta infeliz?— pregunta compadecido.
Los jefes se encogen de hombros; pero un oficial se apresura a contestar:
—Mi general, es Nati la Lo/ana.
- ¿Qué Lojana?
—Pues... la novia del sargento.
EL DESQUITE
En una obscura noche de Junio de 1859, dos figuras casi misteriosas caminaban a lentos pasos por las calles de la ciudad de Lima, en dirección del Palacio de Gobierno. Ambas eran altas e iban arrebujadas en holgadas capas y cubiertas las cabezas con sendas chisteras relucientes.
Eran dos hombres, y marchaban en silencio, como entregado cada cual a sus pensamientos, que nada tenían de bellos ni consoladores, si se hubiese podido ver la hosquedad de sus semblantes y el sombrío fulgor de sus miradas. En ellos había tal vez más dolor que cólera y más ansiedad que dolor; pero impulsábales un mismo decidido afán.
De pronto, uno de ellos abrió la boca para decir, como resumiendo una idea íntima, que le atormentaba;
—Después de todo, si esto fuese una celada...