Leyendas históricas de América. La conquista.--La colonia.--La independencia.--La república · Unidad 78 de 121
Unidad 78 · LEYENDAS HISTÓRICAS 189
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LEYENDAS HISTÓRICAS 189
1827, que, con otros curiosos documentos del Protector, se publicó no hace mucho en Buenos Aires:
«En cuanto a mi viaje a Guayaquil, él no tuvo otro objeto que el de reclamar del General Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú; auxilios que una justa retribución (prescindiendo de los intereses generales de América), lo exigía por los que el Perú tan generosamente había prestado para libertar el territorio de Colombia. Mi confianza en el buen resultado estaba tanto más fundada, cuanto el Ejército de Colombia después de la batalla de Pichincha se había aumentado con los prisioneros y contaba con 9.000 bayonetas; pero mis esperanzas fueron burladas al ver que en mi primera conferencia con el Libertador, me declaró que, haciendo todos los esfuerzos posibles, sólo podía desprenderse de tres batallones con la fuerza total de 1.070 plazas. Estos auxilios no me parecieron suficientes para terminar la guerra; pues estaba convencido que el buen éxito de ella no podía esperarse sin la activa y eficaz cooperación de todas las fuerzas de Colombia; así es que mi resolución fué tomada en el acto, creyendo de mi deber hacer el último sacrificio en beneficio del país. Al siguiente día y a presencia del Vice-almirante Blanco dije al Libertador, que habiendo dejado convocado al Congreso para el próximo mes, el día de su
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instalación sería el último de mi permanencia en el Perú, añadiendo: ¡Ahora le queda a usted, General, un nuevo campo de gloria en el que va usted a poner el último sello a la libertad de la América!... A las dos de la mañana del siguiente día me embarqué, habiéndome acompañado Bolívar hasta el bote, y entregándome su retrato con una memoria de lo sincero de su amistad. Mi estancia en Guayaquil no fué más que de cuarenta horas, tiempo suficiente para el objeto que llevaba...»
Este párrafo, cuya autenticidad es incuestionable, huele a resentimiento y a despecho, y no es, desde luego, la expresión completa de la verdad. Bolívar no había pedido auxilio al Perú para libertar el territorio colombiano: sencillamente le exigió la devolución del batallón Namanciay que se había declarado por la Independencia en la plaza de Chancay y prestado excelentes servicios en la campaña del Perú. San Martín, con el objeto que veremos, en vez del Numancia le envió la división de Piura, constante de 1.100 plazas, al mando del General Santa Cruz.
¿Estaba Colombia en condiciones de entregar todo el contingente de sus fuerzas para la guerra de la independencia del Perú, una vez finalizada la suya con ia batalla de Pichincha? La situación no era tan brillante como San Martín la pinta, ni tampoco necesaria toda la potencia