Leyendas históricas de América. La conquista.--La colonia.--La independencia.--La república · Unidad 80 de 121
Unidad 80 · LBTENDAS HISTÓRICAS 193
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LBTENDAS HISTÓRICAS 193
El colombiano audaz había pensado siempre en la campaña del Perú, Recuérdese la noche terrible de Casacoima, en que vencido, en peligro de muerte y con poquísimas esperanzas (era en el año de 1817, cuando el Pacificador Morillo no tenía quien le tosiese en Venezuela y Nueva Granada), se puso a discurrir a toda máquina sobre sus futuras empresas libertadoras, hasta el punto de hacer dudar de su juicio a sus admirados oyentes. Desde entonces hablaba ya del Perú..., iqué!, hablaba hasta de Cuba; y el mísero no contaba sino con algunos cientos de hombres díscolos y tornadizos, desparramados por las orillas del Orinoco y sus afluentes...
Volviendo a San Martín, diremos que tal vez creyó advertir egoísmo en el Libertador, al decirle éste que no le podía dar más de esos mil y tantos hombres que, unidos a la división de Santa Cruz, formarían una fuerza muy respetable. Egoísmo, ¿por qué? Para tomar sobre sus hombros la nueva empresa, y completar su gloría. La cosa no era fácil; pues la fábrica de San Martín en el Perú estaba edificada sobre arena, como se vio en 1823, cuando hubo necesidad de rehacer todo: el Ejército, el Gobierno, la administración, el patriotismo, contra los mismos peruanos que, en unión de los soldados argentinos de San Martín, entregaron a Rodil la plaza del Callao y se pasaron a los españoles con
194 MANUEL J. CALLE
escandalosa imprudencia, llevados de su odio a los colombianos; la cosa no era fácil, repetimos, pero se hizo. Y no fueron, ciertamente, nueve mil hombres, ni muchísimo menos, los que llevó Bolívar de las orillas del Guayas a las márgenes del Rimac. Pero en esas escasas divisiones iban Sucre, Córdova, Lara y el tremendo Laurencio Silva, como le llama el coronel don Manuel A. López en sus Recuerdos históricos. E iba también la fortuna de Colombia.
Lo del proyecto de coronación vino muchos años después, en 1826, y no fué, por cierto, idea de Bolívar, quien no se dejó tentar un momento, sino de sus generales y aduladores, que acaso tenían ya entre cejas el propósito de desgarrar en jirones la nueva nacionalidad, arrojando previamente al Libertador por un despeñadero sin fondo. Y conste que el autor principal de este enredo fué el general Páez, que, cuatro años más tarde, había de dar el primer hachazo sobre la unión colombiana separando Venezuela, y que en esa labor le acompañó el general Flores, que completó la muerte de la gran nación segregando de ella al Ecuador.
Este último señor estaba de comandante general de Quito en la fecha expresada, cuando el