Leyendas íntimas: historia de dos amigos · Unidad 8 de 44

Unidad 8 · CAPITULO III

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

CAPITULO III

ÜN ENCUENTRO. — UNA CONFIANZA Y UN CONSEJO.

¡Eh ! Rafael, Rafael, ¿á dónde vas tan de prisa? dijo un joven que ostentaba en su rostro un bigote y una barba corrida dignos de un bandido italiano, dirigiéndose á otro que salia de la calle del

Turco á la de Alcalá, con la mayor precipitación.

— ¿ No me oyes ? repitió. ¡ Eh ! Rafael, Rafael.

El joven aludido se volvió, y reconociendo al voceador, se lanzó en sus brazos exclamando :

— i Eres tú, Geferino ! hoy es el dia mas feliz de mi vida: volverteá ver cuando necesitaba un amigo de corazón...

— Seguramente que te hallas agitado, y por lo visto nuestro encuentro no ha sido casual. — Sí, nos habrá reunido la Providencia después de cuatro años, para que yo te saque de algún grave compromiso, de algún apuro.

— Ya hablaremos, querido amigo, ya hablaremos.

— Sí que hablaremos, vive Dios ; y si no te molesta, comenzaremos ahora mismo. Después de una ausencia tan dilatada, no pienses que te voy á dejar

marchar : es necesario que pasemos el dia juntos, y que nos sorprenda la noche apurando botellas de Champagne y refiriéndonos la peregrina historia de nuestros cuatro años.

— No me será posible, querido amigo, tengo mucho que hacer.

— No admito excusas : si no me sigues, si me abandonas, dudaré de tu amistad, y escribiré un discurso contra los malos amigos.

— Perdóname, pero no puedo.

— ¡Cómo que no puedes! dijo Ceferino cogiéndose de su brazo. Veamos si te atreves á romper este nudo gordiano que acabo de formar, veamos si eres tan insensible que me dejas abandonado á mi soledad histórica, veamos si eres tan inhumano que-..

— Me quedo, me quedo.

— ¡ Oh ! fuerza de la lógica, ¡ cuántos triunfo al-

canzas para tus predilectos continuadores! prosiguió diciendo el joven barbudo al mismo tiempo que soltaba á su amigo. — Una vez que te decides á que no ncs separemos, preciso es ordenar un plan de dia que nos inunde de felicidad. No hay que escasear los goces por falta de dinero. Mi bolsa está repleta gracias á la munificencia de mi tutor, y aun cuando la agotemos poco importa. Yo no sé vivir sino cuando me falta dinero,, y siento el ansia de adquirirlo. Por otra parte, un hombre sin monedas es un cadáver, y tú no ignoras que la completa felicidad existe en el no ser... Ánimo pues, y pensemos.

Rafael, un tanto mas conforme y resuelto á confiar á Geferino el secreto de su amor, comprendió que debía seguir el consejo de su amigo; y se decidió como él á formular un completo programa de diversiones para todo el dia.

— Si te parece, dijo, tomaremos mi coche que nos

conduzca á la Fuente Castellana, porque hoy hace un sol que convida á tomarle.

— Aprobado, prosigue.

— Pasearemos un poco, y después...

— Después de haber hecho ganas... prosigue.

— Pediremos un cuarto retirado en la fonda.

— Adelante.

— Nos haremos servir una opípara comida...

— En la que no escasearán los vinos, continuó.

— Y cuando anochezca, volveremos en [el mismo carruaje hasta el Teatro Real, en donde oiremos á la Gazzaniga el Trovador. ¿No te parece ?

— Admitido, iremos á dormir la turbación que nos produzca el vino á ese celebérrimo paraíso, del que no espero salir si reúne las ventajas que su nombre promete,

— En primer lugar, el paraíso de que te ocupas es un sarcasmo del paraíso bíblico ; y en segundo, no iremos á él porque á mí me conviene una butaca paralela á cierto palco de platea en el que...

— Basta, lo he comprendido todo. Ocuparemos las consabidas localidades, ¿y después ?

— Después nos daremos muy cordialmente las buenas noches y nos retiraremos á dormir.

— En todo estoy conforme, pero voy á permitirme hacer una enmienda á ese proyecto de ley, como suele decirse en el idioma parlamentario.

— Veamos esa enmienda.

— No nos separaremos. — Te vendrás á mi casa ó yo me iré á la tuya, y no te dejaré dormir hasta que caiga yo rendido por el sueño.

— Un poco egoísta es la proposición, pero queda aceptada.

— Entonces iodo está terminado : \ eh ! cochero, cochero, pare Vd.

Los dos jóvenes se encajonaron en el vehículo que la suerte les deparó, y dando orden al auriga de que los condujese á la Fuente Castellana, comenzaron de nuevo su interrumpido diálogo, en la forma siguiente :

Pero me olvidaba, carísimas lectoras, de que aun no sabéis quién son ni Rafael ni Ceferino, y esto no es regular tratándose de vosotras cuya adorable curiosidad es necesario complacer.

De buena gana evitaría las descripciones que os anuncio, pero como se trata de dos figuras importantes, de dos personajes principales en nuestra historia, no me es posible prescindir de regalaros algunos datos biográficos de ambos amigos.

Esto por otra parle despertará en vosotras interés por mis héroes.