Leyendas nacionales · Unidad 39 de 128

Unidad 39 · 102 INÁMI.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

102 INÁMI.

Do garza viajadora

Desciende a remojar la leve pluma,

I la ola jemidora

De la ribera espira en los espacios,

Rodando piedras mil como topacios.

De los Andes el albo cortinaje,

Por líquidos reflejos repetido,

Remata hacia el oriente este paisaje.

Pero ningún sonido

Del hombre la presencia allí pregona,

Ni el céfiro harmonioso

Impele sobre el lago blanca lona,

lleva a los oidos otro acento Del inmediato bosque deleitoso. Que la dulce plegaria

Con que un habitador para su asiento Pidiendo está la playa solitaria. Semejante al Edén cuando atendía Su morador, increado todavía.

Mas al llegar la tarde. Cuando ya el sol declina hacia el ocaso, Por grados va cesando aquel alarde

1 el movimiento siendo mas escaso. Calma el ruido i al sopor se entregan La selva i la laguna: en el retiro Las alas de los céfiros se pliegan,

I apenas ya si exhalan un suspiro,

de la ola, indolente a sus halagos, El dorso en raras ráfagas remecen. Donde fugaces chispas resplandecen. Así de alegres lampos se ilumina

La frente de una hermosa,

1 sonríe feliz si en el ensueño De siesta deliciosa

Oír del caro dueño

CANTO PRIMERO. lO^

El adorado acento se imajina.

Todo es recojimiento i dulce calma

En derredor. El tinte sonrosado

Recobra lentamente el arduo monte

I la onda quieta su matiz perlado:

Hasta que viendo al sol que al horizonte

Vecino, le abandona,

Recuerda cada objeto a despedirle,

I el himno de la tarde grato entona,

A fin que aun otro dia

Él torne a restituirle

Con luz no menos bella su alegría.

Entonce a retozar salen las hadas

Al rayo de la luna, que ya asoma

Sobre la andina loma.

Por el lago i las islas fortunadas.

Era en una tarde tal Cuando por la selva umbrosa Que a la parte del ocaso Sirve a Banco de corona, Corria hacia la ribera Un corcel, cuya sonora Planta el cascajo ora huella. Ora el helécho destroza. El jinete es un mancebo Gallardo, cuya española Raza anuncia la blancura Del rostro i la leve sombra Que el juvenil bozo tierno Da a sus facciones hermosas. Un sombrero de anchas alas Con trabajo le aprisiona El rubio cabello undoso.

104 INÁMI.

Los azules ojos brotan Una arrogancia mezclada De dulzura bondadosa, Siempre que el ajeno orgullo No la excita o la provoca. A los gratos atractivos De que pródiga le colma La natura, hoi su desgracia Encanto mayor redobla. Parece preocuparle Alguna estraña zozobra. Pues llegar a las orillas Del lago tanto ambiciona. Que un momento no detienen Sus miradas vagarosas Las silvestres maravillas A cuyo través galopa. Logra por fin su deseo; Su curso limita el onda A tiempo que en pie tenerse El corcel apenas logra. En medio del sobresalto, La vista estiende anhelosa Por toda la playa, en busca De un objeto que le importa Mucho mas que sus bellezas En aquella fatal hora. Ofréceselo el destino Favorable. No remota Una embarcación divisa Pequeña, que la carcoma, Sin uso, varada en seco. Hace tiempo deteriora. A tal vista de su frente Viene a iluminar las sombras