Leyendas nacionales · Unidad 41 de 128

Unidad 41 · 108 INÁMI.

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108 INÁMI.

El rostro a indagar su oríjen.

La sorpresa que la causa

La aparición del esquife,

En el plácido semblante

Al momento se describe.

1 cual se ve por el prado

Bella cierva espavorirse

Si mientras que retozaba

Con sus hijuelos, distingue

Jinetes a la distancia,

I dudando si peligre,

Se apresta a emprender la fuga,

Así la indiana sílfide

Se asusta i va a retirarse.

Mas el estranjero humilde

Sus vestidos la ha mostrado

Cubiertos de rojo tinte.

Luego alzándose en la barca,

Que viene de paz esprime

Con tales señas, que logra

Que ella al fin se tranquilice ^

I comprendiendo que implora

Su tierno socorro un triste.

Movida a piedad aguarda

Que el esquife lento arribe.

Reanimado el blanco joven.

Se apresura, i de la vírjen,

Mientras mas se acerca, admira

Mas las gracias femeniles;

A cuyo conjunto bello,

Talvez en su mente finje

Ser el hada seductora

Que aquellos dominios rije.

Apenas de la ribera

La arena toca el esquife,

CANTO PRIMERO. 109

Salta a sus plantas i asilo

Para un desgraciado pide.

Ella en turbación parece

Al ruego acceder sensible;

Pero consultar primero

A un padre el deber la exije.

Retirando pues sú mano

De las del joven que imprime

Un ardiente beso en ella,

Que se aguarde le apercibe,

I en floresta inmediata

Se esconde, ájil como el lince.

Corriendo en busca de Coípí,

Que no lejos de allí vive.

Apenas Inámi (el nombre Era aqueste de la vírjen) Se vio en presencia de Colpi, De la isla primer Cacique, I padre que la adoraba Mas que a la luz, mas que el cisne A las nativas riberas, Ardorosa así le dice: «Padre mió, un estranjero Tan bello cual no pudiste Nunca a un hombre imajinarte, Huyendo furias hostiles. Herido, lleno el ropaje De sanguinosos matices. Ha llegado a estas riberas I asilo viene a pedirte. Débil, pálido le dejo Muí cerca. Mis pasos sigue. Que tu compasión no tuvo

lio INÁMI.

Nunca objeto mas sublime.»

A estas voces ya le arrastra,

Sin que él pueda resistirse,

Ni atender ella a las varias

Preguntas que la dirije.

Llegados a donde al joven

Los isleños que el esquife

Desde las alturas vieron

Arribar de tierra firme,

Rodeaban ya encantados

De sus gracias juveniles,

Por un breve espacio atento

Le observa i mudo el Cacique.

Pero pronto disipados

Sus recelos, con civiles

Ademanes al saludo

Contesta que de él recibe.

Luego afable le pregunta:

a O huaina, cuál es tu oríjen?

»Por qué causa, ensangrentado,

))A estas islas acudiste?»

— ((Mi nombre,» el blanco replica,

a Es Alberto; en los confines

Valdivianos he nacido,

I aunque española mi estirpe.

Los indios de mi ascendencia

Nunca un daño recibisteis.

Servidor del rei me nombra

Su milicia, si es un timbre;

I aun en ella he conquistado

Vario distintivo insigne.

Mas mis propios compañeros

Al presente me persiguen.

Fui insultado por un hijo

De mi jefe: era insufrible