Leyendas nacionales · Unidad 76 de 128
Unidad 76 · CANTO QUINTO. 197
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CANTO QUINTO. 197
Quiso que en la tierra estraña Yo te diese sepultura!» I sin que en tal ministerio Nadie venga a darle ayuda, Él mismo esparce la tierra, I para siempre le oculta!
Luego una cruz de madera Plantando sobre la tumba, Púsose a orar recojido, I su mente en las honduras De la eternidad lanzóse Con tan inmóvil postura. Que solo tardo sollozo Que no es un mármol anuncia. ¿Cuál inspiración le envias, Justo Dios, de tus alturas? La relijion le aconseja Que perdone tanta injuria? Vienen de una triste esposa O de su hija en la cuna Los recuerdos a infundirle Sentimientos de ternura?
vé divagando en torno
1 pedir venganza escucha Del recien sepulto padre
A la airada sombra augusta? Definir yo no sabría Lo que en las simas oscuras De su corazón pasaba. Mas de repente la duda Cesa, i raudo se levanta, El rostro se le demuda, I en grana ardiente se torna
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Su palidez mas profunda.
Manifiesto es que la ira.
En aquel combate triunfa:
Jira su vista espantable,
Vengativa sed le ofusca.
De entre la arena levanta
Un puñal que a las sañudas
Manos de los asesinos
Se escapó en su presta fuga.
Besa de paterna sangre
Las manchas que lo deslustran,
Las lava; i la senda toma
Que hacia Colpi le conduzca.
No lejos de su cabana Le halla en el bosque, se inmuta, I refrenándose apenas, De este modo le saluda: «Cacique, una deuda tengo ))Que arreglar contigo: escusas ))No debo esperar me alegues. ))Los indios tenéis por justas ))Las venganzas que da un hijo ))A las paternas injurias. ))De la muerte de mi padre )) Aqueste puñal te acusa; «Preciso es que yo lo tina, ))Por calmarle, en sangre tuya, ))0 que agregues tú la mia ))Si te es fausta la fortuna. ))Ea, pues, si eres valiente, ))Ven conmigo.» Se conturba Al principio el indio fiero. Cuando tal noticia escucha;
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I «¡era tu padre!» le dice, «Harto lo siento; i sin duda, )) Si antes sabídolo hubiese ...» Pero luego continúa Reflexionando: «no creo »Que hubiese su desventura »Aun entonces evitado, »Si te inducia a la fuga, »I a usar para la hija mia »La mas traidora conducta.»
— «Tu hija!» replica Alberto; «Venga luego a esa perjura, «Porque ahora es necesario »La abandone mas que nunca.»
— «Pronto estoi a contentarte,» Repone en voz iracunda
El Cacique, «i a seguirte »Do quiera que me conduzcas.» I corre presto a su choza A armarse de daga aguda.
El peñón de los suspiros^ La árida roca que en punta, Formando vasta ensenada, Se internaba en la laguna. Por su soledad fué el sitio Electo para la pugna. I a la verdad tan agrestes Son sus flancos, tan oscuras Las sombras que en derredor Proyecta, que el alma turba Su solo aspecto, i la infunde Inevitable tristura. A sus pies i a flor del agua