Leyendas nacionales · Unidad 8 de 128

Unidad 8 · CANTO PRIMERO. 19

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CANTO PRIMERO. 19

Dióle las gracias el garzón modesto Por la falsa afección que le mostraba I de aquel sitio retiróse presto, Porque en completo aturdimiento estaba. Pero ya Leonor ¡trance funesto! No sé que cosa en su interior notaba •Que daba a sus ideas raro jiro; Ello es que sin querer lanzó un suspiro.

I a una amiga de su íntima confianza Que allí se hallaba, con misterio dijo: «Lástima es que ese joven de esperanza »No sea de ascendientes nobles hijo.» Que la respueta fué maligna chanza, Esto cualquiera lo tendrá por fijo, I con sorpresa tal llena de susto. Hizo Leonor un jesto de disgusto.

El baile comenzó: siguióse el canto, En el cual varias veces mi heroína Llenó al concurso de agradable encanto Con los gorjeos de sli voz divina; Pero nada le atrajo aplauso tanto, I nada ejecutó con voz tan fina, <I!on tan propia espresion, cual la cantata <5ne aquí voi a copiar i la retrata.

«Corren mis días en perfecta calma: No halla el camino de mi pecho amor, I de sus tiros, victoriosa el alma, Burla el rigor. Nó, no se han hecho para mí sus penas. Libre me veo entre cautivas mil. Ni quiero que arda por mis puras venas Fuego tan vil. Dicen que suele ocasionar mil bienes, ^Jue amor es fuente de inmortal placer;

20 EL CAMPANARIO.

Yo de laurel coronaré mis sienes, Libre he de ser. Una pastora conocí que amaba A un pastorcillo con estremo ardor, I a la inocente el seductor juraba Sincero amor. ¡Mas ai! que pronto la olvidó triunfante, Viéndola frió ante sus pies jemir, I otro consuelo no quedó a la amante Que el de morir. La triste suerte de esa fiel pastora Siempre grabada en mi memoria está. Siempre del lazo de pasión traidora Me salvará. I como el ave que la red burlando. Que la tendiera cazador cruel, Vuela, su dulce libertad cantando. Por el verjel, Yo que orguUosa de desprecios huyo, Yo que no quiero de dolor morir, Siempre ¡o amor! del cautiverio tuyo Me he de eximir.»

No bien su canto terminó Leonora Entre aplauso sonoro i repetido. Cuando esclamó Gonzaga: «Pues ahora ))Una guitarra para Eulojio pido. ))No solo la natura bienhechora ))La prenda del valor le ha concedido, ))Que mostrándole pródiga su afecto, ))Le ha formado también galán perfecto.

» Vamos, Eulojio, vamos! Tus canciones «Distrajeron mil veces mis fatigas, )) Cuando en pos de contrarios escuadrones )) Corríamos las tierras enemigas.