Libro de poemas · Sección preliminar
PRÓLOGO
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
_24 de julio de 1920_
(VEGA DE ZUJAIRA)
Mi corazón está aquí, Dios mío. Hunde tu cetro en él, Señor. Es un membrillo Demasiado otoñal Y está podrido. Arranca los esqueletos De los gavilanes líricos Que tanto, tanto lo hirieron, Y si acaso tienes pico Móndale su corteza De Hastío.
Mas si no quieres hacerlo, Me da lo mismo, Guárdate tu cielo azul Que es tan aburrido. El rigodón de los astros Y tu Infinito, Que yo pediré prestado El corazón a un amigo. Un corazón con arroyos Y pinos, Y un ruiseñor de hierro Que resista El martillo De los siglos.
Ademas, Satanás me quiere mucho, Fué compañero mío En un examen de Lujuria, y el pícaro, Buscará a Margarita --Me lo tiene ofrecido-- Margarita morena, Sobre un fondo de viejos olivos, Con dos trenzas de noche De Estío, Para que yo desgarre Sus muslos limpios. Y entonces, ¡oh Señor!, Seré tan rico O más que tú, Porque el vacío No puede compararse Al vino Con que Satán obsequia A sus buenos amigos. Licor hecho con llanto. ¡Qué más da! Es lo mismo Que tu licor compuesto De trinos.
Dime, Señor, ¡Dios mío! ¿Nos hundes en la sombra Del abismo? ¿Somos pájaros ciegos Sin nidos?
La luz se va apagando. ¿Y el aceite divino? Las olas agonizan. ¿Has querido Jugar como si fuéramos Soldaditos? Dime, Señor, ¡Dios mío! ¿No llega el dolor nuestro A tus oídos? ¿No han hecho las blasfemias Babeles sin ladrillos Para herirte, o te gustan Los gritos? ¿Estás sordo? ¿Estás ciego? ¿O eres bizco De espíritu Y ves el alma humana Con tonos invertidos?
¡Oh Señor soñoliento! ¡Mira mi corazón Frío Como un membrillo Demasiado otoñal Que está podrido!
Si tu luz va a llegar Abre los ojos vivos Pero si continúas Dormido, Ven, Satanás errante, Sangriento peregrino, Ponme la Margarita Morena en los olivos Con las trenzas de noche De Estío, Que yo sabré encenderle Sus ojos pensativos Con mis besos manchados De lirios. Y oiré una tarde ciega Mi ¡Enrique! ¡Enrique! Lírico, Mientras todos mis sueños Se llenan de rocío. Aquí, Señor, te dejo Mi corazón antiguo, Voy a pedir prestado Otro nuevo a un amigo. Corazón con arroyos Y pinos. Corazón sin culebras Ni lirios. Robusto, con la gracia De un joven campesino, Que atraviesa de un salto El río.
BALADA INTERIOR
_16 de julio de 1920_
(VEGA DE ZUJAIRA)
A GABRIEL
El corazón, Que tenía en la escuela Donde estuvo pintada La cartilla primera, ¿Está en ti, Noche negra?
(Frío, frío, Como el agua Del río.)
El primer beso Que supo a beso y fué Para mis labios niños Como la lluvia fresca, ¿Está en ti, Noche negra?
(Frío, frío, Como el agua Del río.)
Mi primer verso. La niña de las trenzas Que miraba de frente, ¿Está en ti, Noche negra?
(Frío, frío, Como el agua Del río.)
Pero mi corazón Roído de culebras, El que estuvo colgado Del árbol de la ciencia, ¿Está en ti, Noche negra?
(Caliente, caliente, Como el agua De la fuente.)
Mi amor errante, Castillo sin firmeza, De sombras enmohecidas, ¿Está en ti, Noche negra?
(Caliente, caliente, Como el agua De la fuente.)
¡Oh, gran dolor! Admites en tu cueva Nada más que la sombra. ¿Es cierto, Noche negra?
(Caliente, caliente, Como el agua De la fuente.)
¡Oh, corazón perdido! ¡Réquiem aeternam!
EL LAGARTO VIEJO
_26 de julio de 1920_
(VEGA DE ZUJAIRA)
En la agostada senda He visto al buen lagarto (Gota de cocodrilo) Meditando. Con su verde levita De abate del diablo, Su talante correcto Y su cuello planchado, Tiene un aire muy triste De viejo catedrático. ¡Esos ojos marchitos De artista fracasado Cómo miran la tarde Desmayada!
¿Es este su paseo Crepuscular, amigo? Usad bastón, ya estáis Muy viejo, Don Lagarto, Y los niños del pueblo Pueden daros un susto. ¿Qué buscáis en la senda, Filósofo cegato, Si el fantasma indeciso De la tarde agosteña Ha roto el horizonte?
¿Buscáis la azul limosna Del cielo moribundo? ¿Un céntimo de estrella? ¿O acaso Estudiásteis un libro De Lamartine, y os gustan Los trinos platerescos De los pájaros?
(Miras al sol poniente, Y tus ojos relucen, ¡Oh, dragón de las ranas!, Con un fulgor humano. Las góndolas sin remos De las ideas, cruzan El agua tenebrosa De tus iris quemados.)
¿Venís quizá en la busca De la bella lagarta, Verde como los trigos De Mayo, Como las cabelleras De las fuentes dormidas, Que os despreciaba, y luego Se fué de vuestro campo? ¡Oh, dulce idilio roto Sobre la fresca juncia! ¡Pero vivir! ¡qué diantre! Me habéis sido simpático. El lema de «me opongo A la serpiente» triunfa En esa gran papada De arzobispo cristiano.
Ya se ha disuelto el sol En la copa del monte, Y enturbian el camino Los rebaños. Es hora de marcharse, Dejad la angosta senda Y no continuéis Meditando, Que lugar tendréis luego De mirar las estrellas Cuando os coman sin prisa Los gusanos.
¡Volved a vuestra casa Bajo el pueblo de grillos! ¡Buenas noches, amigo Don Lagarto!
Ya está el campo sin gente, Los montes apagados Y el camino desierto; Sólo de cuando en cuando Canta un cuco en la umbría De los álamos.
PATIO HÚMEDO
_1920_
Las arañas Iban por los laureles.
La casualidad Se va tornando en nieve, Y los años dormidos Ya se atreven A clavar los telares Del siempre.
La Quietud hecha esfinge Se ríe de la Muerte Que canta melancólica En un grupo De lejanos cipreses.
La yedra de las gotas Tapiza las paredes Empapadas de arcaicos Misereres.
¡Oh, torre vieja! Llora Tus lágrimas mudéjares Sobre este grave patio Que no tiene fuente.
Las arañas Iban por los laureles.
BALADA DE LA PLACETA
_1919_
Cantan los niños En la noche quieta: ¡Arroyo claro, Fuente serena!
LOS NIÑOS.
¿Qué tiene tu divino Corazón en fiesta?
YO.
Un doblar de campanas Perdidas en la niebla.
LOS NIÑOS.
Ya nos dejas cantando En la plazuela. ¡Arroyo claro, Fuente serena!
¿Qué tienes en tus manos De primavera?
YO.
Una rosa de sangre Y una azucena.
LOS NIÑOS.
Mójalas en el agua De la canción añeja. ¡Arroyo claro, Fuente serena!
¿Qué sientes en tu boca Roja y sedienta?
YO.
El sabor de los huesos De mi gran calavera.
LOS NIÑOS.
Bebe el agua tranquila De la canción añeja. ¡Arroyo claro, Fuente serena!
¿Por qué te vas tan lejos De la plazuela?
YO.
¡Voy en busca de magos Y de princesas!
LOS NIÑOS.
¿Quién te enseñó el camino De los poetas?
YO.
La fuente y el arroyo De la canción añeja.
LOS NIÑOS.
¿Te vas lejos, muy lejos Del mar y de la tierra?
YO.
Se ha llenado de luces Mi corazón de seda, De campanas perdidas, De lirios y de abejas. Y yo me iré muy lejos, Más allá de esas sierras, Más allá de los mares, Cerca de las estrellas, Para pedirle a Cristo Señor que me devuelva Mi alma antigua de niño, Madura de leyendas, Con el gorro de plumas Y el sable de madera.
LOS NIÑOS.
Ya nos dejas cantando En la plazuela, ¡Arroyo claro, Fuente serena!
Las pupilas enormes De las frondas resecas, Heridas por el viento, Lloran las hojas muertas.
ENCRUCIJADA
_Julio de 1920_
Oh, que dolor el tener Versos en la lejanía De la pasión, y el cerebro Todo manchado de tinta!
¡Oh, que dolor no tener La fantástica camisa Del hombre feliz: la piel --Alfombra del sol--curtida.
(Alrededor de mis ojos Bandadas de letras giran.)
¡Oh, que dolor el dolor Antiguo de la poesía, Este dolor pegajoso Tan lejos del agua limpia!
¡Oh, dolor de lamentarse Por sorber la vena lírica! ¡Oh dolor de fuente ciega Y molino sin harina!
¡Oh, que dolor no tener Dolor y pasar la vida, Sobre la hierba incolora De la vereda indecisa!
¡Oh, el más profundo dolor, El dolor de la alegría. Reja que nos abre surcos Donde el llanto fructifica!
(Por un monte de papel Asoma la luna fría) ¡Oh dolor de la verdad! ¡Oh dolor de la mentira!
HORA DE ESTRELLAS
_1920_
El silencio redondo de la noche Sobre el pentágrama Del infinito.
Yo me salgo desnudo a la calle, Maduro de versos Perdidos. Lo negro, acribillado Por el canto del grillo, Tiene ese fuego fatuo, Muerto, Del sonido. Esa luz musical Que percibe El espíritu.
Los esqueletos de mil mariposas Duermen en mi recinto.
Hay una juventud de brisas locas Sobre el río.
EL CAMINO
No conseguirá nunca Tu lanza Herir al horizonte. La montaña Es un escudo Que lo guarda.
No sueñes con la sangre de la luna Y descansa. Pero deja camino, Que mis plantas Exploren la caricia De la rociada.
¡Quiromántico enorme! ¿Conocerás las almas Por el débil tatuaje Que olvidan en tu espalda? Si eres un Flanmarión De las pisadas, ¡Cómo debes amar A los asnos que pasan Acariciando con ternura humilde Tu carne desgarrada! Ellos solos meditan donde puede Llegar tu enorme lanza. Ellos solos, que son Los Bhudas de la Fauna, Cuando viejos y heridos deletrean Tu libro sin palabras.
¡Cuánta melancolía Tienes entre las casas Del poblado! ¡Qué clara Es tu virtud! Aguantas Cuatro carros dormidos, Dos acacias, Y un pozo del antaño Que no tiene agua.
Dando vueltas al mundo, No encontrarás posada. No tendrás camposanto Ni mortaja, Ni el aire del amor renovará Tu substancia.
Pero sal de los campos Y en la negra distancia De lo eterno, si tallas La sombra con tu lima Blanca ¡oh, camino! ¡Pasarás por el puente De Santa Clara!
EL CONCIERTO INTERRUMPIDO
_1920_
A ADOLFO SALAZAR
Ha roto la armonía De la noche profunda, El calderón helado y soñoliento De la media luna.
Las acequias protestan sordamente Arropadas con juncias, Y las ranas, muecines de la sombra, Se han quedado mudas.
En la vieja taberna del poblado Cesó la triste música, Y ha puesto la sordina a su aristón La estrella más antigua.
El viento se ha sentado en los torcales De la montaña obscura, Y un chopo solitario--el Pitágoras De la casta llanura-- Quiere dar con su mano centenaria, Un cachete a la luna.
CANCIÓN ORIENTAL
_1920_
Es la granada olorosa Un cielo cristalizado. (Cada grano es una estrella Cada velo es un ocaso) Cielo seco y comprimido Por la garra de los años.
La granada es como un seno Viejo y apergaminado, Cuyo pezón se hizo estrella Para iluminar el campo.
Es colmena diminuta Con panal ensangrentado Pues con bocas de mujeres Sus abejas la formaron. Por eso al estallar, ríe Con purpuras de mil labios...
La granada es corazón Que late sobre el sembrado, Un corazón desdeñoso Donde no pican los pájaros, Un corazón que por fuera Es duro como el humano, Pero da al que lo traspasa Olor y sangre de mayo. La granada es el tesoro Del viejo gnomo del prado, El que habló con niña Rosa, En el bosque solitario, Aquél de la blanca barba Y del traje colorado. Es el tesoro que aún guardan Las verdes hojas del árbol. Arca de piedras preciosas En entraña de oro vago.
La espiga es el pan. Es Cristo En vida y muerte cuajado.
El olivo es la firmeza De la fuerza y el trabajo.
La manzana es lo carnal, Fruta esfinge del pecado, Gota de siglos que guarda De Satanás el contacto.
La naranja es la tristeza Del azahar profanado, Pues se torna fuego y oro Lo que antes fué puro y blanco.
Las vides son la lujuria Que se cuaja en el verano, De las que la iglesia saca Con bendición, licor santo.
Las castañas son la paz Del hogar. Cosas de antaño. Crepitar de leños viejos, Peregrinos descarriados.
La bellota es la serena Poesía de lo rancio, Y el membrillo de oro débil La limpieza de lo sano.
Más la granada es la sangre, Sangre del cielo sagrado, Sangre de la tierra herida Por la aguja del regato. Sangre del viento que viene Del rudo monte arañado. Sangre de la mar tranquila, Sangre del dormido lago. La granada es la prehistoria De la sangre que llevamos, La idea de sangre, encerrada En glóbulo duro y agrio, Que tiene una vaga forma De corazón y de cráneo.
¡Oh granada abierta!, que eres Una llama sobre el árbol, Hermana en carne de Venus, Risa del huerto oreado. Te cercan las mariposas Creyéndote sol parado, Y por miedo de quemarse Huyen de ti los gusanos.
Porque eres luz, de la vida, Hembra de las frutas. Claro Lucero de la floresta Del arroyo enamorado.
¡Quién fuera como tú, fruta, Todo pasión sobre el campo!
CHOPO MUERTO
_1920_
¡Chopo viejo! Has caído En el espejo Del remanso dormido, Abatiendo tu frente Ante el poniente. No fué el vendaval ronco El que rompió tu tronco, Ni fué el hachazo grave Del leñador, que sabe Has de volver A nacer.
Fué tu espíritu fuerte El que llamó a la muerte, Al hallarte sin nidos, olvidado De los chopos infantes del prado. Fué que estabas sediento De pensamiento, Y tu enorme cabeza centenaria, Solitaria Escuchaba los lejanos Cantos de tus hermanos.
En tu cuerpo guardabas Las lavas De tu pasión, Y en tu corazón, El semen sin futuro de Pegaso. La terrible simiente De un amor inocente Por el sol del ocaso.
¡Qué amargura tan honda Para el paisaje, El héroe de la fronda Sin ramaje!
Ya no serás la cuna De la luna, Ni la mágica risa De la brisa, Ni el bastón de un lucero Caballero. No tornará la primavera De tu vida, Ni verás la sementera Florecida. Serás nidal de ranas Y de hormigas. Tendrás por verdes canas Las ortigas, Y un día la corriente Sonriente Llevará tu corteza Con tristeza.
¡Chopo viejo! Has caído En el espejo Del remanso dormido. Yo te vi descender En el atardecer, Y escribo tu elegía, Que es la mía.
CAMPO
_1920_
El cielo es de ceniza. Los árboles son blancos, Y son negros carbones Los rastrojos quemados. Tiene sangre reseca La herida del Ocaso, Y el papel incoloro Del monte, está arrugado. El polvo del camino Se esconde en los barrancos. Están las fuentes turbias Y quietos los remansos. Suena en un gris rojizo La esquila del rebaño, Y la noria materna Acabó su rosario.
El cielo es de ceniza Los árboles son blancos.
LA BALADA DEL AGUA DEL MAR
_1920_
A EMILIO PRADOS (CAZADOR DE NUBES)
El mar, Sonríe a lo lejos. Dientes de espuma Labios de cielo.
¿Qué vendes; oh joven turbia Con los senos al aire?
--Vendo señor, el agua De los mares.--
¿Qué llevas, oh negro joven, Mezclado con tu sangre?
--Llevo señor el agua De los mares.--
¿Esas lágrimas salobres De dónde vienen, madre?
--Lloro señor, el agua De los mares.--
¿Corazón; y esta amargura Seria, de dónde nace?
--¡Amarga mucho el agua De los mares!--
El mar Sonríe a lo lejos. Dientes de espuma Labios de cielo.
ÁRBOLES
_1919_
¡Árboles! ¿Habéis sido flechas Caidas del azul? ¿Qué terribles guerreros os lanzaron? ¿Han sido las estrellas?
Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros, De los ojos de Dios, De la pasión perfecta. ¡Árboles! ¿Conocerán vuestras raíces toscas Mi corazón en tierra?
LA LUNA Y LA MUERTE
_1919_
La luna tiene dientes de marfil. ¡Qué vieja y triste asoma! Están los cauces secos, Los campos sin verdores Y los árboles mustios Sin nidos y sin hojas. Doña Muerte, arrugada, Pasea por saurales Con su absurdo cortejo De ilusiones remotas. Va vendiendo colores De cera y de tormenta Como un hada de cuento Mala y enredadora.
La luna le ha comprado Pinturas a la Muerte. En esta noche turbia ¡Está la luna loca!
Yo mientras tanto pongo En mi pecho sombrío Una feria sin músicas Con las tiendas de sombra.
MADRIGAL
_1919_
Yo te miré a los ojos Cuando era niño y bueno. Tus manos me rozaron Y me distes un beso.
(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)
Y se abrió mi corazón Como una flor bajo el cielo, Los pétalos de lujuria Y los estambres de sueño.
(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)
En mi cuarto sollozaba Como el príncipe del cuento Por Estrellita de oro Que se fué de los torneos.
(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)
Yo me alejé de tu lado Queriéndote sin saberlo, No sé como son tus ojos Tus manos ni tus cabellos. Solo me queda en la frente La mariposa del beso.
(Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)
DESEO
_1920_
Solo tu corazón caliente, Y nada más.
Mi paraíso un campo Sin ruiseñor Ni liras, Con un río discreto Y una fuentecilla.
Sin la espuela del viento Sobre la fronda, Ni la estrella que quiere Ser hoja.
Una enorme luz Que fuera Luciernaga De otra, En un campo de Miradas rotas.
Un reposo claro Y allí nuestros besos, Lunares sonoros Del eco, Se abrirían muy lejos.
Y tu corazón caliente, Nada más.
LOS ÁLAMOS DE PLATA
_Mayo de 1919_
Los álamos de plata Se inclinan sobre el agua. Ellos todo lo saben pero nunca hablarán. El lirio de la fuente No grita su tristeza. ¡Todo es más digno que la humanidad!
La ciencia del silencio frente al cielo estrellado, La posee la flor y el insecto no más. La ciencia de los cantos por los cantos, la tienen Los bosques rumorosos Y las aguas del mar.
El silencio profundo de la vida en la tierra, Nos lo enseña la rosa Abierta en el rosal.
¡Hay que dar el perfume Que encierran nuestras almas! Hay que ser todo cantos, Todo luz y bondad. ¡Hay que abrirse del todo Frente a la noche negra, Para que nos llenemos de rocío inmortal!
¡Hay que acostar al cuerpo Dentro del alma inquieta! Hay que cegar los ojos con luz de más allá. Tenemos que asomarnos A la sombra del pecho, Y arrancar las estrellas que nos puso Satán.
Hay que ser como el árbol Que siempre está rezando, Como el agua del cauce Fija en la eternidad.
¡Hay que arañarse el alma con garras de tristeza Para que entren las llamas Del horizonte astral!
Brotaría en la sombra del amor carcomido, Una fuente de aurora Tranquila y maternal. Desaparecerían ciudades en el viento Y a Dios en una nube Veríamos pasar.
ESPIGAS
_Junio de 1919_
El trigal se ha entregado a la muerte. Ya las hoces cortan las espigas. Cabecean los chopos hablando Con el alma sutil de la brisa.
El trigal sólo quiere silencio. Se cuajó con el sol, y suspira Por el amplio elemento en que moran Los ensueños despiertos. El día, Ya maduro de luz y sonido, Por los montes azules declina.
¿Qué misterioso pensamiento Conmueve a las espigas? ¿Qué ritmo de tristeza soñadora Los trigales agita?...
¡Parecen las espigas viejos pájaros Que no pueden volar! Son cabecitas, Que tienen el cerebro de oro puro Y expresiones tranquilas.
Todas piensan lo mismo, Todas llevan Un secreto profundo que meditan. Arrancan a la tierra su oro vivo Y cual dulces abejas del sol, liban El rayo abrasador con que se visten Para formar el alma de la harina.
¡Oh, qué alegre tristeza me causais Dulcísimas espigas! Venís de las edades más profundas, Cantásteis en La Biblia, Y tocáis cuando os rozan los silencios Un concierto de liras.
Brotáis para alimento de los hombres, ¡Pero mirad las blancas margaritas Y los lirios que nacen _porque sí_! ¡Momias de oro sobre las campiñas! La flor silvestre nace para el Sueño Y vosotras nacéis para la vida.
MEDITACIÓN BAJO LA LLUVIA
FRAGMENTO
_3 de enero de 1919_
A JOSÉ MORA
Ha besado la lluvia al jardín provinciano Dejando emocionantes cadencias en las hojas. El aroma sereno de la tierra mojada, Inunda al corazón de tristeza remota.
Se rasgan nubes grises en el mudo horizonte. Sobre el agua dormida de la fuente, las gotas Se clavan, levantando claras perlas de espuma. Fuegos fatuos, que apaga el temblor de las ondas.
La pena de la tarde estremece a mi pena. Se ha llenado el jardín de ternura monótona. ¿Todo mi sufrimiento se ha perder, Dios mío, Como se pierde el dulce sonido de las frondas?
¿Todo el eco de estrellas que guardo sobre el alma Será luz que me ayude a luchar con mi forma? ¿Y el alma verdadera se despierta en la muerte? ¿Y esto que ahora pensamos se lo traga la sombra?
¡Oh, qué tranquilidad del jardín con la lluvia! Todo el paisaje casto mi corazón transforma, En un ruido de ideas humildes y apenadas Que pone en mis entrañas un batir de palomas.
Sale el sol. El jardín desangra en amarillo. Late sobre el ambiente una pena que ahoga. Yo siento la nostalgia de mi infancia intranquila, Mi ilusión de ser grande en el amor, las horas Pasadas como ésta contemplando la lluvia Con tristeza nativa. Caperucita roja Iba por el sendero... Se fueron mis historias, hoy medito, confuso, Ante la fuente turbia que del amor me brota.
¿Todo mi sufrimiento se ha de perder, Dios mío, Como se pierde el dulce sonido de las frondas?
Vuelve a llover. El viento va trayendo a las sombras.
MANANTIAL
FRAGMENTO
_1919_
La sombra se ha dormido en la pradera. Los manantiales cantan.
Frente al ancho crepúsculo de invierno Mi corazón soñaba. ¿Quién pudiera entender los manantiales, El secreto del agua Recién nacida. Ese cantar oculto A todas las miradas Del espíritu. Dulce melodía Más allá de las almas?...
Luchando bajo el peso de la sombra Un manantial cantaba. Yo me acerqué para escuchar su canto Pero mi corazón no entiende nada.
Era un brotar de estrellas invisibles Sobre la hierba casta Nacimiento del Verbo de la tierra Por un sexo sin mancha.
Mi chopo centenario de la vega Sus hojas meneaba Y eran las hojas trémulas de ocaso Como estrellas de plata. El resumen de un cielo de verano Era el gran chopo. Mansas Y turbias de penumbra yo sentía Las canciones del agua.
¿Qué alfabeto de auroras ha compuesto Sus ocultas palabras? ¿Qué labios las pronuncian? ¿Y qué dicen A la estrella lejana? ¡Mi corazón es malo, Señor! Siento en mi carne La inaplacable brasa Del pecado. Mis mares interiores Se quedaron sin playas. Tu faro se apagó. ¡Ya los alumbra Mi corazón de llamas! Pero el negro secreto de la noche Y el secreto del agua ¿Son misterios tan solo para el ojo De la conciencia humana? ¿La niebla del misterio no estremece Al árbol, el insecto y la montaña? ¿El terror de la sombra no lo sienten Las piedras y las plantas? ¿Es sonido tan solo esta voz mía? ¿Y el casto manantial no dice nada?
Más yo siento en el agua Algo que me estremece... como un aire Que agita los ramajes de mi alma.
¡Sé árbol! (Dijo una voz en la distancia.) Y hubo un torrente de luceros Sobre el cielo sin mancha.
Yo me incrusté en el chopo centenario Con tristeza y con ansia Cual Dafne varonil que huye miedosa De un Apolo de sombra y de nostalgia. Mi espíritu fundióse con las hojas Y fué mi sangre savia. En untosa resina convirtióse La fuente de mis lágrimas. El corazón se fué con las raíces, Y mi pasión humana, Haciendo heridas en la ruda carne Fugaz me abandonaba.
Frente al ancho crepúsculo de invierno Yo torcía las ramas Gozando de los ritmos ignorados Entre la brisa helada. Sentí sobre mis brazos dulces nidos, A cariciar de alas, Y sentí mil abejas campesinas Que en mis dedos zumbaban. ¡Tenía una colmena de oro vivo En las viejas entrañas! El paisaje y la tierra se perdieron Sólo el cielo quedaba, Y escuché el débil ruido de los astros Y el respirar de las montañas.
¿No podrán comprender mis dulces hojas El secreto del agua? ¿Llegarán mis raíces a los reinos Donde nace y se cuaja? Encliné mis ramajes hacia el cielo Que las ondas copiaban, Mojé las hojas en el cristalino Diamante azul que canta, Y sentí borbotar los manantiales Como de humano yo los escuchara. Era el mismo fluir lleno de música Y de ciencia ignorada.
Al levantar mis brazos gigantescos Frente al azul, estaba Lleno de niebla espesa, de rocío Y de luz marchitada.
Tuve la gran tristeza vegetal, El amor a las alas, Para poder lanzarse con los vientos A las estrellas blancas. Pero mi corazón en las raíces Triste me murmuraba: Si no comprendes a los manantiales ¡Muere y troncha tus ramas!
¡Señor, arráncame del suelo! ¡Dame oídos Que entiendan a las aguas! Dame un voz que por amor arranque Su secreto a las ondas encantadas; Para encender tu faro sólo pido Aceite de palabras.
¡Sé ruiseñor! dice una voz perdida En la muerta distancia, Y un torrente de cálidos luceros Brotó del seno que la noche guarda. ........................... ...........................
MAR
_Abril de 1919_
El mar es El Lucifer del azul. El cielo caído Por querer ser la luz.
¡Pobre mar condenado A eterno movimiento, Habiendo antes estado Quieto en el firmamento!
Pero de tu amargura Te redimió el amor. Pariste a Venus pura, Y quedóse tu hondura Virgen y sin dolor.
Tus tristezas son bellas, Mar de espasmos gloriosos. Mas hoy en vez de estrellas Tienes pulpos verdosos.
Aguanta tu sufrir Formidable Satán. Cristo anduvo por ti, Mas también lo hizo Pan.
La estrella Venus es La harmonía del mundo. ¡Calle el Eclesiastés! Venus es lo profundo Del alma...
... Y el hombre miserable Es un ángel caído. La tierra es el probable Paraíso perdido.
SUEÑO
_Mayo de 1919_
Iba yo montado sobre Un macho cabrío. El abuelo me habló Y me dijo: --Ese es tu camino. ¡Es ese!, gritó mi sombra, Disfrazada de mendigo. ¡Es aquel de oro, dijeron Mis vestidos! Un gran cisne me guiñó, Diciendo: ¡vente conmigo! Y una serpiente mordía Mi sayal de peregrino.
Mirando al cielo, pensaba: Yo no tengo camino. Las rosas del fin serán Como las del principio. En niebla se convierte La carne y el rocío.
Mi caballo fantástico me lleva Por un campo rojizo. ¡Déjame!, clamó, llorando, Mi corazón pensativo. Yo lo abandoné en la tierra, Lleno de tristeza. Vino La noche, llena de arrugas Y de sombras.
Alumbran el camino, Los ojos luminosos y azulados De mi macho cabrío.
OTRO SUEÑO
_1919_
¡Una golondrina vuela Hacia muy lejos!...
Hay floraciones de rocío Sobre mi sueño, Y mi corazón da vueltas, Lleno de tedio, Como un «tío vivo» en que la Muerte Pasea a sus hijuelos. ¡Quisiera en estos árboles Atar al tiempo Con un cable de noche negra, Y pintar luego Con mi sangre las riberas Pálidas de mis recuerdos. ¿Cuántos hijos tiene la Muerte? ¡Todos están en mi pecho!
¡Una golondrina viene De muy lejos!
ENCINA
_1919_
Bajo tu casta sombra, encina vieja, Quiero sondar la fuente de mi vida Y sacar de los fangos de mi sombra Las esmeraldas líricas.
Echo mis redes sobre el agua turbia Y las saco vacías. ¡Más abajo del cieno tenebroso Están mis pedrerías!
¡Hunde en mi pecho tus ramajes santos!, ¡Oh solitaria encina!, Y deja en mi sub-alma Tus secretos y tu pasión tranquila.
Esta tristeza juvenil se pasa, ¡Ya lo sé! La alegría Otra vez dejará sus guirnaldas Sobre mi frente herida, Aunque nunca mis redes pescarán La oculta pedrería De tristeza inconsciente que reluce Al fondo de mi vida.
Pero mi gran dolor trascendental Es tu dolor, encina. Es el mismo dolor de las estrellas Y de la flor marchita.
Mis lágrimas resbalan a la tierra Y, como tus resinas, Corren sobre las aguas del gran cauce Que va a la noche fría. Y nosotros también resbalaremos, Yo con mis pedrerías, Y tú plenas las ramas de invisibles Bellotas matafísicas.
No me abandones nunca en mis pesares, Esquelética amiga. Cántame con tu boca vieja y casta Una canción antigua, Con palabras de tierra entrelazadas En la azul melodía.
Vuelvo otra vez a echar las redes sobre La fuente de mi vida, Redes hechas con hilos de esperanza, Nudos de poesía, Y saco piedras falsas entre un cieno De pasiones dormidas.
Con el sol del otoño toda el agua De mi fontana vibra, Y noto que sacando sus raíces Huye de mí la encina.
INVOCACIÓN AL LAUREL
_1919_
A PEPE CIENFUEGOS
Por el horizonte confuso y doliente Venía la noche preñada de estrellas. Yo, como el barbudo mago de los cuentos, Sabía lenguajes de flores y piedras.
Aprendí secretos de melancolía, Dichos por cipreses, ortigas y yedras; Supe del ensueño por boca del nardo, Canté con los lirios canciones serenas.
En el bosque antiguo, lleno de negrura, Todos me mostraban sus almas cual eran: El pinar, borracho de aroma y sonido; Los olivos viejos, cargados de ciencia; Los álamos muertos, nidales de hormigas; El musgo, nevado de blancas violetas.
Todo hablaba dulce a mi corazón Temblando en los hilos de sonora seda Con que el agua envuelve las cosas paradas Como telaraña de harmonía eterna.
Las rosas estaban soñando en la lira, Tejen las encinas oros de leyendas, Y entre la tristeza viril de los robles Dicen los enebros temores de aldea.
Yo comprendo toda la pasión del bosque: Ritmo de la hoja, ritmo de la estrella. Mas decidme, ¡oh cedros!, si mi corazón Dormirá en los brazos de la luz perfecta.
Conozco la lira que presientes, rosa; Formé su cordaje con mi vida muerta. ¡Dime en qué remanso podré abandonarla Como se abandonan las pasiones viejas!
¡Conozco el misterio que cantas, ciprés; Soy hermano tuyo en noche y en pena; Tenemos la entraña cuajada de nidos, Tú de ruiseñores y yo de tristezas!
¡Conozco tu encanto sin fin, padre olivo, Al darnos la sangre que extraes de la Tierra; Como tú, yo extraigo con mi sentimiento El óleo bendito Que tiene la idea!
Todos me abrumáis con vuestras canciones; Yo sólo os pregunto por la mía incierta; Ninguno queréis sofocar las ansias De este fuego casto Que el pecho me quema.
¡Oh laurel divino, de alma inaccesible, Siempre silencioso, Lleno de nobleza! ¡Vierte en mis oídos tu historia divina, Tu sabiduría profunda y sincera!
¡Árbol que produces frutos de silencio, Maestro de besos y mago de orquestas, Formado del cuerpo rosado de Dafne Con savia potente de Apolo en tus venas!
¡Oh gran sacerdote del saber antiguo! ¡Oh mudo solemne cerrado a las quejas! ¡Todos tus hermanos del bosque me hablan; Sólo tú, severo, mi canción desprecias!
Acaso, ¡oh maestro del ritmo!, medites Lo inútil del triste llorar del poeta. Acaso tus hojas, manchadas de luna, Pierdan la ilusión de la primavera.
La dulzura tenue del anochecer, Cual negro rocío, tapizó la senda, Teniendo de inmenso dosel a la noche, Que venía grave, preñada de estrellas.
RITMO DE OTOÑO
_1920_
A MANUEL ANGELES
Amargura dorada en el paisaje. El corazón escucha.
En la tristeza húmeda El viento dijo:
--Yo soy todo de estrellas derretidas, Sangre del infinito. Con mi roce descubro los colores De los fondos dormidos. Voy herido de místicas miradas, Yo llevo los suspiros En burbujas de sangre invisibles Hacia el sereno triunfo Del Amor inmortal lleno de Noche. Me conocen los niños, Y me cuajo en tristezas Sobre cuentos de reinas y castillos. Soy copa de la luz. Soy incensario De cantos desprendidos Que cayeron envueltos en azules Transparencias de ritmo. En mi alma perdiéronse solemnes Carne y alma de Cristo, Y finjo la tristeza de la tarde Melancólico y frío. Soy la eterna harmonía de la Tierra. El bosque innumerable.
Llevo las carabelas de los sueños A lo desconocido. Y tengo la amargura solitaria De no saber mi fin ni mi destino.--
Las palabras del viento eran suaves, Con hondura de lirios. Mi corazón durmióse en la tristeza Del crepúsculo.
Sobre la parda tierra de la estepa Los gusanos dijeron sus delirios. --Soportamos tristezas Al borde del camino. Sabemos de las flores de los bosques, Del canto monocorde de los grillos, De la lira sin cuerdas que pulsamos, Del oculto sendero que seguimos. Nuestro ideal no llega a las estrellas, Es sereno, sencillo; Quisiéramos hacer miel, como abejas, O tener dulce voz o fuerte grito, O fácil caminar sobre las hierbas, O senos donde mamen nuestros hijos.
Dichosos los que nacen mariposas O tienen luz de luna en su vestido. ¡Dichosos los que cortan la rosa Y recogen el trigo! ¡Dichosos los que dudan de la Muerte Teniendo Paraíso, Y el aire que recorre lo que quiere Seguro de infinito. Dichosos los gloriosos y los fuertes, Los que jamás fueron compadecidos, Los que bendijo y sonrió triunfante El hermano Francisco. Pasamos mucha pena Cruzando los caminos. Quisiéramos saber lo que nos hablan Los álamos del río.--
Y en la muda tristeza de la tarde Respondióles el polvo del camino: --Dichosos, ¡oh gusanos!, que tenéis Justa conciencia de vosotros mismos, Y formas y pasiones Y hogares encendidos. Yo en el sol me disuelvo Siguiendo al peregrino, Y cuando pienso ya en la luz quedarme Caigo al suelo dormido.--
Los gusanos lloraron y los árboles Moviendo sus cabezas pensativos Dijeron:--El azul es imposible. Creimos alcanzarlo cuando niños, Y quisiéramos ser como las águilas Ahora que estamos por el rayo heridos. De las águilas es todo el azul.-- Y el águila a lo lejos --¡No, no es mío! Porque el azul lo tienen las estrellas Entre sus claros brillos.-- Las estrellas:--Tampoco lo tenemos: Está sobre nosotras escondido.-- Y la negra distancia:--El azul Lo tiene la esperanza en su recinto.-- Y la esperanza dice quedamente Desde el reino sombrío: --Vosotros me inventasteis corazones.-- Y el corazón... ¡Dios Mío!
El otoño ha dejado ya sin hojas Los álamos del río. El agua ha adormecido en plata vieja Al polvo del camino. Los gusanos se hunden soñolientos En sus hogares fríos. El águila se pierde en la montaña; El viento dice: «Soy eterno ritmo». Se oyen las nanas a las cunas pobres, Y el llanto del rebaño en el aprisco.
La mojada tristeza del paisaje Enseña como un libro Las arrugas severas que dejaron Los ojos pensadores de los siglos.
Y mientras que descansan las estrellas Sobre el azul dormido, Mi corazón ve su ideal lejano Y pregunta: ¡Dios mío! Pero, Dios mío, ¿a quién? ¿Quién es Dios mío? ¿Por qué nuestra esperanza se adormece Y sentimos el fracaso lírico Y los ojos se cierran comprendiendo Todo el azul?
Sobre el paisaje viejo y el hogar humeante Quiero lanzar mi grito, Sollozando de mí como el gusano Deplora su destino. Pidiendo lo del hombre Amor inmenso y azul como los álamos del río. Azul de corazones y de fuerza, El azul de mí mismo, Que me ponga en las manos la gran llave Que fuerce al infinito. Sin terror y sin miedo ante la muerte, Escarchado de amor y de lirismo. Aunque me hiera el rayo como al árbol Y me quede sin hojas y sin grito.
Ahora tengo en la frente rosas blancas Y la copa rebosando vino.
AIRE DE NOCTURNO
_1919_
Tengo mucho miedo De las hojas muertas, Miedo de los prados Llenos de rocío. Yo voy a dormirme; Si no me despiertas, Dejaré a tu lado mi corazón frío.
¿Qué es eso que suena muy lejos? Amor. El viento en las vidrieras, ¡Amor mío!
Te puse collares Con gemas de aurora. ¿Por qué me abandonas En este camino? Si te vas muy lejos Mi pájaro llora Y la verde viña No dará su vino.
¿Qué es eso que suena Muy lejos? Amor. El viento en las vidrieras, ¡Amor mío!
Tú no sabrás nunca, Esfinge de nieve, Lo mucho que yo Te hubiera querido Esas madrugadas Cuando tanto llueve Y en la rama seca Se deshace el nido.
¿Qué es eso que suena Muy lejos? Amor. El viento en las vidrieras, ¡Amor mío!
NIDO
_1919_
¿Qué es lo que guardo en estos Momentos de tristeza? ¡Ay quien tala mis bosques Dorados y floridos! ¿Qué leo en el espejo de plata conmovida Que la aurora me ofrece Sobre el agua del río? ¿Qué gran olmo de idea Se ha tronchado en mi bosque? ¿Qué lluvia de silencio Me deja estremecido? Si a mi amor dejé muerto En la ribera triste, ¿Qué zarzales me ocultan Algo recién nacido?
OTRA CANCIÓN
_1919 (Otoño)_
¡El sueño se deshizo para siempre!
En la tarde lluviosa Mi corazón aprende La tragedia otoñal Que los árboles llueven.
Y en la dulce tristeza Del paisaje que muere Mis voces se quebraron. El sueño se deshizo para siempre. ¡Para siempre! ¡Dios mío! Va cayendo la nieve En el campo desierto De mi vida, Y teme La ilusión, que va lejos, De helarse o de perderse.
¡Cómo me dice el agua Que el sueño se deshizo para siempre! ¿El sueño es infinito? La niebla lo sostiene, Y la niebla es tan sólo Cansancio de la nieve.
Mi ritmo va contando Que el sueño se deshizo para siempre. Y en la tarde brumosa Mi corazón aprende La tragedia otoñal Que los árboles llueven.
EL MACHO CABRIO
_1919_
El rebaño de cabras ha pasado Junto al agua del río. En la tarde de rosa y de zafiro, Llena de paz romántica, Yo miro Al gran macho cabrío.
¡Salve demonio mudo! Eres el más Intenso animal. Místico eterno Del infierno Carnal...
¡Cuántos encantos Tiene tu barba, Tu frente ancha, Rudo don Juan! ¡Qué gran acento el de tu mirada Mefistofélica Y pasional!
Vas por los campos Con tu manada Hecho un eunuco ¡Siendo un sultán! Tu sed de sexo Nunca se apaga; ¡Bien aprendiste Del padre Pan!
La cabra, Lenta te va siguiendo, Enamorada con humildad; Mas tus pasiones son insaciables; Grecia vieja Te comprenderá.
¡Oh ser de hondas leyendas santas De ascetas flacos y Satanás Con piedras negras y cruces toscas, Con fieras mansas y cuevas hondas Donde te vieron entre la sombra Soplar la llama De lo sexual!
¡Machos cornudos De bravas barbas! ¡Resumen negro a lo medieval!
Nacisteis juntos con Filomnedes Entre la espuma casta del mar, Y vuestras bocas La acariciaron Bajo el asombro del mundo astral.
Sois de los bosques llenos de rosas Donde la luz es huracán; Sois de los prados de Anacreonte, Llenos con sangre de lo inmortal.
¡Machos cabríos! Sois metamórfosis De viejos sátiros Perdidos ya. Vais derramando lujuria virgen Como no tuvo otro animal.
¡Iluminados del Mediodía! Pararse en firme Para escuchar Que desde el fondo de las campiñas El gallo os dice: ¡Salud!, al pasar.
ÍNDICE
Palabras de justificación 7
Veleta 10
Los encuentros de un caracol aventurero 14
Canción otoñal 22
Canción primaveral 26
Canción menor 30
Elegía a doña Juana la Loca 34
¡Cigarra! 38
Balada triste 42
Mañana 46
La sombra de mi alma 52
Lluvia 56
Si mis manos pudieran deshojar 60
El canto de la miel 64
Elegía 68
Santiago 74
El diamante 82
Madrigal de verano 86
Cantos nuevos 90
Alba 94
El presentimiento 98
Canción para la luna 102
Elegía del silencio 106
Balada de un día de julio 110
_In memoriam_ 116
Sueño 118
Paisaje 122
Noviembre 126
Preguntas 130
La veleta yacente 132
Corazón nuevo 136
Se ha puesto el sol 140
Pajarita de papel 144
Madrigal 148
Una campana 152
Consulta 156
Tarde 160
Hay almas que tienen 164
Balada interior 174
El lagarto viejo 178
Patio húmedo 184
Balada de la placeta 188
Encrucijada 194
Hora de estrellas 198
El concierto interrumpido 202
Canción oriental 206
Chopo muerto 212
Campo 216
La balada del agua del mar 218
Arboles 222
La luna y la muerte 224
Madrigal 228
Deseo 232
Los álamos de plata 236
Espigas 240
Meditación bajo la lluvia 244
Manantial 248
Mar 254
Sueño 258
Otro sueño 262
Encina 264
Invocación al laurel 268
Ritmo de otoño 274
Aire de nocturno 282
Nido 286
Otra canción 288
El macho cabrío 292
ESTE LIBRO SE ACABÓ DE IMPRIMIR EN LA IMPRENTA MAROTO DE MADRID EL 15 DE JUNIO DE 1921