Lira americana. [Poesías de C. Althaus et al.] · Unidad 92 de 96
Unidad 92 · A MI MADRE
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A MI MADRE
Ven, mitiga mi angustia, Ven, calma mi amargura, Flor escojida y pura, Celeste aparición. Ven, que tu blando aliento Mi frente reír ij ere Y á su influjo modere Su pena el corazón.
Un corazón marchito
Y de ilusión ajeno, Se nutre del veneno Que vierte la horfandad ;
Y lánguido fallece
En el pecho en que mora
Y se deshace, y llora... Ten compasión!... piedad!
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Gomo del sacro incienso La blanquecina nube Al trono de Dios sube Te alejaste de mí; Y has dejado mi vida Espuesta á mil azares En los ignotos mares Que abandonaste aquí.
Desde la excelsa cumbre Do venturosa moras En mis siniestras horas Tu acento quise oir ; Y velados los ojos Con llanto de amargura Tu ubica hermosura Quisieron descubrir. . .
Mas ¡ay! denso misterio Siempre de mí te oculta
Y mi desgracia insulta
Y agrava mi dolor ;
Y yo constante siempre A tu recuerdo amado Ansioso he consagrado Ofrendas de mi amor.
Ay! cuantas veces, madre, Cual de perdida estrella Quise buscar tu huella Para mirar mi fin,
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Y cuántas lie querido Morir... y con anhelo Buscarte en ese cielo, Errante serafín.
En vano de tu tumba Sobre la losa helada Mi frente consternada Con humildad bajé ; En vano te he llamado, Que nada me responde : Ay ! qué mundo te esconde ? Ay! madre te hallaré?
De lejanas regiones En el éter perdidas Con ansias repetidas Te pretendo evocar. Ángel de los desiertos, De la paz blanca aurora, Mira al hijo que llora Sin poderte encontrar !
Ven, mitiga su angustia, Ven, calma su amargura, Flor escojida y pura, Celeste aparición. Veri, que el alma se abal<* Sin esc blando aliento, Y de la paz sediento Sucumbe el corazón.
EL M KNDIGO
Ay, niña, tú que entre risas Dejas deslizar tus dias, Y descuidada matizas Las flores antojadizas De halagüeñas fantasías ;
Tú, cuyos sueños son ora Y tienes en tu presencia De delicias un tesoro Para velar tu inocencia ;
Tú, que te alzas en la aurora Gomo la blanca azucena Que el rayo del sol colora Y el alba en su cáliz llora Gota fresca y de ámbar llena;
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Tú que duermes blandamente Sobre delicadas plumas Y sin zozobra en tu mente Ves qué tu cuerpo inocente Cubren blondas como espuma;
Tú, esmaltada mariposa Que vuelas de ñor en flor, Robando acá miel sabrosa, Allá fragancia preciosa, Y en otra parte color ;
Di, por qué al ver á un méndigo La risa á tu labio viene? Entre harapos, sin abrigo... Su cuerpo no es el testigo Del sufrimiento que tiene?
Ay ! que él pasa largas horas Velando de noche y dia; Fieras, amargas, roedoras Son sus palabras sonoras En medio de su agonía.
Tú, no lo sabes, criatura, Porque entre sedas y flores Vives en blanda ventura Sin curar de su amargura Ni de sus hondos dolores.
— f>:w
Yo bien se que hay en tu seno Un tesoro de clemencia, Que en compasión está lleno ; Pero del vulgo el veneno Emponzoñó tu inocencia.
Ves su escuálido semblante, Pálida su tez, marchita, Y su paso vacilante Bajo el peso que incesante Sobre sus hombros gravita?
Con voz lánguida y cansada Por amor de Dios implora Y su pupila gastada Deja caer desmayada Una gota abrasadora.
Ay! si en su triste hori'andad Llegase á esperar abrigo, Si le diese con piedad El pan de la caridad La mano de algún amigo!...
Mas es solo, sin consuelo, Essualimento la pena, Es ya su costumbre el duelo, Es su lecho el duro suelo Do la suerte le condena...
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Y ríes, niña, á sus males? Es cierto, tú no sabias Cuánto son de criminales Esas sonrisas brutales Que en los otras advertias.
Por eso sin el desprecio Que en el semblante se pinta De ese torpe vulgo necio, De tu caridad por precio Diste una risa distinta.
Si, compadece al anciano Y á la muger desvalida, Tiéndeles siempre tu mano, Porque un poder sobrehumano A hacer el bien nos convida.
Tal vez i ay ! mientras gozamos De los placeres del mundo, La maldición arrastramos De aquellos que abandonamos De su mal en lo profundo.
Ay ! quizá de sus clamores La voz sorda nos consuma Y nuestra vida de flores Al fuego de los dolores Se deshaga cual la espuma.
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Oh ! es triste ver muriendo A un méndigo desgraciado, Y al mismo tiempo riendo Ver, en abandono horrendo, A un vulgo desenfrenado.