Logica · Unidad 20 de 49

CAPITULO XII. — parte 2

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[36] Para el buen manejo de los sylogismos ha inventado el Arte las _figuras_, y los _modos_. Llámase _figura_ la debida conexîon y atadura del _medio_ con los dos _extremos_. _Modo_ es la proporcionada y recta colocacion de las proposiciones. Estas cosas se enseñan difusamente á los muchachos en las Escuelas, y es lo que en ellas se suele tratar en las Súmulas con mas fundamento. Los antiguos por lo comun fueron mas prolixos de lo que requeria este asunto: los modernos tomando el extremo contrario, como acostumbran, lo miran todo como inutil. Los que quieren enterarse de la verdad con todo fundamento, ni se entregan á tanta delicadeza, como en esto gastan los Escolásticos, ni desechan como vano este artificio Aristotélico. Es cierto que la fuerza de raciocinar reside en la potencia mental combinatoria, y es el raciocinio el acto mas noble de ella. Con su exercicio descubre, averigua, junta, compone, ó descompone las cosas entre sí segun les corresponde. El Arte siguiendo la naturaleza ha ordenado, dispuesto, y enlazado las nociones de manera, que ha dado pulidéz, claridad, orden, y facilidad admirable á la formacion de los sylogismos, y quien quiera que vea el artificio con que Aristóteles ha dispuesto todas estas cosas, habrá de confesar, si tiene candor, que la obra de este Filósofo es una de las mayores, y mas sublimes del entendimiento humano. Dice Lock, extendiéndose[a] mucho en esto, y con él otros modernos, que es ocioso, y que no ayuda al entendimiento en el buen modo de pensar, el disponer los argumentos por sylogismos, puesto que se hallan muchos que sin ellos raciocinan, y concluyen los asuntos que tratan con claridad y perfeccion. De aquí deducen, que el método de las Escuelas es importuno, inutil y enfadoso, asegurando que fuera mejor tratar las Ciencias con discursos seguidos, que con disputas Escolásticas. No apruebo yo todo lo que hacen las Escuelas en punto de sylogizar, porque veo bien que se cometen excesos dignos de enmendarse. Tampoco alabo los Escritores pesados, que siguiendo este estilo, todo lo reducen á sylogismos, porque fatigan el entendimiento, y le indisponen á poner la atencion necesaria para enterarse del asunto; pero no tengo por inutil ni vano el Arte de sylogizar, y el conocimiento de sus reglas, antes por el contrario en quien le pueda aprender sin gran fatiga le considero util, y en algunas ocasiones necesario. Mucho antes que Lock y sus precursores trató esto mismo nuestro SANCHEZ BROCENSE[b], y probó con admirables exemplos de Terencio, y otros Escritores de la pura latinidad, quán agradable y convincente es ocultar el Arte, y mostrar las cosas con sylogismos encubiertos, que este mismo Autor desembaraza, para que los Dialécticos los vean con sus modos y figuras. Cierto que sería en las Escuelas muy util á la juventud, así para mayor perfeccion en el Latin, como para introducir el buen gusto de la Dialéctica, enseñar el Arte de sylogizar del modo que lo hace este sabio y discreto Español, pues ninguno hasta aquí en esta parte lo ha hecho mejor. En los exercicios de la Retórica, del trato civil, de los Tribunales, de la política, se deben usar discursos seguidos, los quales, aunque en sus pruebas encierran muchos sylogismos, pero están encubiertos, y tanto mas apreciable es el Arte de las arengas, quanto es mas oculto el artificio de los raciocinios. Mas en las Escuelas, y en los Estudios privados conviene mucho practicar los sylogismos, porque con ellos se hacen patentes á un tiempo las pruebas sólidas, y los embrollos: se descubre lo sólido y concluyente, y lo superficial y falso. En la Universidad de Valencia se guarda en esto una costumbre digna de ser recibida de las demas Escuelas. El que arguye pone sylogismos hasta que ha manifestado su dificultad, y hecho esto, resume todo su argumento sylogístico en un discurso seguido. El que defiende hace lo mismo, porque primero responde á los sylogismos segun la forma Escolástica, y luego hace una recapitulacion de todo el argumento, como una arenga, en la qual satisface á la dificultad que se le ha propuesto. El que esté versado en el Arte de sylogizar conoce la utilidad que le resulta, quando reduce á sylogismos un asunto en que le importa averiguar si sus pruebas son conformes con los principios fundamentales del juicio; pues esto de sylogismo en sylogismo se viene á descubrir con perfeccion, y por este camino queda el entendimiento asegurado de la verdad. Convencido de esto Leibnitz usó muchas veces del método sylogístico para impugnar á los Materialistas, y probar la inmortalidad del alma, para defender la verdad católica del Sacrosanto Misterio de la Trinidad, y para declarar en un Apéndice por varios sylogismos los principales puntos que estableció en su discurso seguido de la _Theodicea_[c]. HEINECCIO, despues de haber explicado las figuras de los sylogismos y sus reglas, dice: "Estas son las reglas especiales, que sin embargo de ser vilipendiadas por los que no aman la mas sólida doctrina, experimentan cada dia ser muy útiles los que desean alcanzar la verdad. ¿Porque cómo averiguará ninguno la verdad si no raciocina? ¿y quién podrá estar seguro de que ha raciocinado bien sin saber las reglas de los buenos raciocinios? Son, pues, sólidas estas cosas, como lo son otras muchas que hoy vulgarmente causan disgusto[d]". WOLFIO tiene á los sylogismos ordenados, como se usan comunmente, por útiles para las disputas, y en algunas ocasiones por necesarios[e], impugnando á los modernos que los desprecian[f], y notando á algunos de ellos de no haber entendido sus fundamentos[g]. Por comprehender yo tambien que es conveniente en las disputas Escolásticas, y en los usos privados mantener la forma sylogística, propondré las reglas ciertas que hay para conocer los que están bien formados, y concluyen por su modo y figura, sin que obste lo que dicen algunos, por no cansarse en estudiar, que los mismos que disputan hacen buenos sylogismos sin atender á las reglas, y que, si á cada sylogismo se hubiera de poner atencion á eso, serían objeto de risa las disputas; porque quando se forma un hábito (esto no solo en lo racional sucede, sino tambien en lo corporeo) es preciso repetir los actos con advertencia á las reglas para el acierto: formado ya el hábito, se hacen las cosas sin tal advertencia, porque la facilidad que se adquiere con el uso lo suple todo[h].

[Nota a: Lock _Essai Philosoph. del ent. lib. 4. cap. 17. §. 4. y sig. pag. 559._]

[Nota b: _Organ. Dialect. lib. 2. tom. 1. pag. 430. y sig._]

[Nota c: _Todas estas piezas dignas de leerse se hallan en el tom. 1. de las obras de_ Leibnitz _pág. 5. 10. y 404. de la edic. de Gineb. de 1768._]

[Nota d: Heinec. _Elem. Logic. part. 1. cap. 2. prop. 82. in not._]

[Nota e: Wolf. _Logic. part. 2. sect. 4. cap. 4. §. 1094._]

[Nota f: Wolf. _Logic. part. 2. sect. 1. cap. 2. §. 560._]

[Nota g: Ibid. _part. 1. sect. 3. cap. 1. §. 353._]

[Nota h:_Esto conviene advertir para no hacer caso de lo que contra el uso sylogístico pronuncia en tono de oráculo y de burla el célebre_ Vernei _ó_ Barbadiño: _De re logica, lib. 2. cap. 7. pág. 63._]

[37] Primera regla: _El consiguiente debe estar incluido en una de las premisas, y la otra debe manifestarlo_. En este sylogismo: _Todo hombre es mortal: Ticio es hombre: luego Ticio es mortal_, el consiguiente está incluido en la universal: _Todo hombre es mortal_, y la proposicion _Ticio es hombre_, sirve para hacerlo manifiesto. Esta regla es sin excepcion, y la mas general y segura para conocer la bondad de los sylogismos. Pónela Aristóteles en sus _analíticos_, y los Escolásticos la explican difusamente, de modo, que no hay nada mas comun en sus Súmulas impresas. Con todo el Autor del Arte de pensar[a] pondera la utilidad y necesidad de esta regla, y habla de ella como que la ha inventado, pues buscando una norma fixa para conocer la rectitud de los sylogismos sin recurrir á las reducciones de ellos, y poder facilmente desembarazarse, la propone como que le ha venido al pensamiento (_& voici ce qui en est venu dans l'esprit_).

[Nota a: _Part. 3. cap. 10. pág. 308._]

[38] Regla segunda: _De premisas verdaderas precisamente ha de salir consiguiente verdadero, de premisas falsas consiguiente falso_. Esta regla consta, porque debiendo el consiguiente estar incluido en las premisas, si estas son verdaderas debe ser verdadero, y si son falsas falso: ni es otra cosa la conseqüencia, sino la necesaria conexîon con que el consiguiente está embebido en los antecedentes; y no pudiendo una misma proposicion ser verdadera y falsa, tampoco podrá ser falso un consiguiente que está comprehendido en premisas verdaderas, y al contrario. Añádese, que dos verdades no pueden ser opuestas, porque una de ellas dexará de serlo por aquel principio de luz natural: _cada cosa es, ó no es_; con que es preciso que lo que es verdad en los antecedentes, lo sea tambien en el consiguiente legítimamente deducido de ellos. Objétase contra esta regla, que por sylogismos bien hechos sale un consiguiente verdadero de premisas falsas de lo qual trae Aristóteles muchos exemplos en el libro primero de los Analíticos. _Todo animal es piedra, ningun hombre es animal, luego, ningun hombre es piedra_. Este consiguiente es verdadero, y se deduce de premisas falsas. Se responde, que el consiguiente es verdadero por sí, esto es, por la materia, ú asunto de que se compone; mas no por la disposicion y forma del sylogismo, porque no está incluido en ninguna de las premisas, y así falta el argumento á la primera regla. Múdese el asunto y materia, de necesaria como es en el sylogismo propuesto, en otra contingente, y con la misma coordinacion no saldrá el consiguiente verdadero, como se vé en este: _Todo viviente es vino, todo liquor es viviente, luego todo liquor es vino_. En las Escuelas dicen bien, que del imposible qualquiera cosa se deduce; y si se concedieran las premisas, era precisa la conseqüencia. Se entenderá esto mejor considerando, que en el sylogismo para alcanzar la verdad concurren dos potencias mentales, el _ingenio_, y el _juicio_. El ingenio combina las nociones, las descubre, y ordena para deducir una cosa de otra: el juicio conoce y vé si las nociones se conforman ó no con las cosas. Quando un sylogismo está bien ordenado segun las combinaciones del ingenio, y no es conforme su contenido á lo que requiere el juicio, entonces es una cosa puramente mental, como otras muchas de la potencia combinativa, y puede llamarse _ente de razon_, esto es, cosa que solo existe en el entendimiento, segun suele fabricarlas esta potencia; pero si al buen orden que el ingenio da á las nociones en el sylogismo se añade la confirmacion del juicio, en tal caso concluye y dexa satisfecho de la verdad al entendimiento. En los dos sylogismos propuestos, y otros muchos que se pueden hacer á este modo, las premisas son puramente mentales, y solo existen en el entendimiento; con que los consiguientes si la materia es necesaria se verificarán por sí mismos; y si es contingente, saldrán tan falsos como los antecedentes. Por eso en las Escuelas se conceden, ó niegan las premisas antes de llegar al consiguiente, pues siendo verdaderas, si el sylogismo es bueno ha de ser verdadero el consiguiente, y si son falsas falso. Síguese de lo dicho, que no puede tener lugar en los argumentos escolásticos que aconseja Feyjoó, de que el respondiente, quando no está asegurado de la verdad, ó falsedad de las proposiciones del arguyente, en lugar de conceder, ó negar diga, _que duda_, pues no está obligado á mas por las leyes de la veracidad[a], porque si duda de las proposiciones que le oponen como contrarias, á su _thesis_, ó conclusion, deberá tambien dudar de esta, ó á lo menos se entenderá que no está firme en ella, puesto que hay proposiciones que de cerca, ó de lejos la destruyen, y dudando de ellas, es preciso que esté dudoso de la conexîon, ó inconexîon que entre sí tienen, y por consiguiente lo esté tambien de la firmeza de lo que defiende.

[Nota a: Feyjoó _Teatr. Crític. tom. 8 disc. I. §. 6. pág. II_.]

[39] Regla tercera: _En ningun sylogismo ha de haber mas que tres términos_, porque como se ha de afirmar, ó negar la identidad de los extremos por la que tienen con el medio, si los términos son mas de tres no vale la prueba, ni puede ya fundarse en el principio: _las cosas que son una misma con una tercera son unas mismas entre sí_. Gran cuidado se ha de poner en los sylogismos de proposiciones exclusivas, de términos compuestos, y otros tales, en exâminar bien los extremos, y el medio, porque facilmente son mas de tres, y por eso no concluyen. Desembarazándolos conviene ver, si los términos son unos mismos, é invariables con las mismas propiedades, ampliaciones, restricciones, &c. porque una variacion, que no aparece á primera vista, hace defectuoso el argumento.

[40] Regla quarta: _Una de las premisas á lo menos ha de ser universal_; porque así se verifica, _dici de omni, dici de nullo_: y no haciéndolo así, con dos particulares se multiplica el medio, y salen mas de tres términos. Trae esto tambien el inconveniente, que pudiendo ser diverso el medio, no puede hacerse la identidad del sugeto, y predicado del modo que se requiere para probarla por su union con un tercero. _Una substancia es piedra: un animal es substancia: luego un animal es piedra_. En este sylogismo el medio _substancia_ significa una cosa en la mayor, que es la determinada materia, y otra en la menor, que es la determinada substancia del animal, y por esta variacion no concluye. Tambien es defectuoso el sylogismo, en cuya conclusion alguno de los términos es mas universal que en las premisas, puesto que de particulares no se puede colegir universal. _Todo animal es sensitivo: todo animal es substancia: luego toda substancia es sensitiva_. La voz _substancia_ en la menor se toma por cosa determinada, y en la conclusion por comun á todo lo que es substancia.

[41] Regla quinta: _Una de las premisas á lo menos debe ser afirmativa_, porque si las dos son negativas, ni unen los extremos con el medio, ni los separan por el medio, sino del medio. Hay algunos sylogismos de términos infinitos, que concluyen con dos premisas, al parecer negativas; pero desentrañando las proposiciones se hallará que una de ellas equivale á afirmativa. _Ningun animal es piedra: ningun hombre es cosa distinta del animal: luego ningun hombre es piedra_. Bien se ve que la menor equivale á esta afirmativa: _todo hombre es animal_. Otras reglas, como que _el medio no ha de entrar en la conclusion; que, si hay particular, ó negativa en las premisas, el consiguiente debe serlo_; porque como dicen los Escolásticos,_la conclusion sigue la parte mas debil_; y otras á este modo son tan llanas, que sin estudio, con un poco de advertencia las conoce qualquiera. Siendo, pues, tan primoroso el artificio de los sylogismos, no hay que extrañar, que en tantos y tan diversos como se proponen en las funciones públicas de las Escuelas, haya muchos defectuosos, que no siendo facil desenvolverlos con el calor de la disputa, sean motivo de embrollos y dificultades, que ofuscan la verdad. Todas estas reglas propuestas y explicadas con admirables exemplos y advertencias por Aristóteles en el libro primero _de los Analíticos_, las comprehendieron prácticamente los Escolásticos en la formacion de los sylogismos por las voces inventadas de estos versos:

_Barbara, Celarent, Darii, Ferio, Baralipton. Celantes, Dabitis, Fapesmo, Frisesomorum. Cesare, Camestres, Festino, Baroco, Darapti. Felapton, Disamis, Datisi, Bocardo, Ferison._

Aunque las palabras son bárbaras, pero son á propósito para el fin á que se enderezan. Cada una de ellas significa un modo de sylogismo concluyente, y cada letra vocal una proposicion, de manera, que la A denota universal afirmativa, la E universal negativa, la I particular afirmante, la O particular negante. Por exemplo, en _Barbara_ las tres proposiciones corresponden á la A: con que el sylogismo ha de constar de tres universales afirmativas. _Todo animal es viviente, todo hombre es animal, luego todo hombre es viviente_. En _Celarent_ ha de ser la mayor universal negativa por la E, la menor universal afirmativa por la A, y la conclusion universal negativa. _Ninguna planta es animal, todo arbol es planta, luego ningun arbol es animal_. A este modo se forman facilmente en las demas palabras, y en todas concluyen, porque en todas se encierran las reglas que pertenecen al modo de formar los sylogismos.