Logica · Unidad 34 de 49
CAPITULO IV. — parte 2
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[65] Por todas estas razones han de cuidar con suma solicitud los padres que quieren educar bien á sus hijos, no hacer delante de ellos cosa que no sea buena y capaz de producir loables impresiones en la imaginacion de ellos, y por otra parte han de empezar muy temprano á enseñarles los principios y máxîmas de la Religion Christiana, junto con lo que pueda, segun es su capacidad, ilustrar la razon. Este punto es importantísimo al público, y yerran muchísimos padres en la crianza de los hijos, porque no consideran que su imaginacion es contagiosa, y que los hijos la reciben y se forman á su modelo. PLUTARCO escribió un Tratado _de la educacion de los hijos_, y en nuestros tiempos vemos muchos libros que tratan christianamente tan importante asunto, y creo yo que el poco fruto que se saca de tales escritos, nace de que los padres no consideran que la principal leccion para educar bien sus hijos, consiste en obrar ellos mismos loablemente, en hablar delante de los hijos con modestia, en mostrarlos con su exemplo lo que es feo y lo que es abominable, lo que deben seguir y evitar, y de este modo la imaginacion de los niños se va llenando de imágenes y de señales, que en llegando al uso de la razon, le sirven de fundamento para razonar con juicio. Lo mismo que hemos dicho de los padres ha de entenderse de todos los que se hallan al rededor de los niños; y es bien cierto, que los padres que no pondrán cuidado en la familia, y en el buen exemplo de sus domésticos, nunca lograrán buena crianza en sus hijos.
[66] Tambien es contagiosa la imaginacion de los Maestros respecto de los discípulos, porque la atencion con que estos los miran, y la autoridad que los Maestros tienen sobre ellos, dispone su imaginacion á recibir qualesquiera impresiones, y sucede que los discípulos suelen tomar los mismos modelos de los Maestros. Por esta razon es necesario, que los que han de enseñar públicamente sean hombres de buen exemplo y conocida literatura, porque suelen las letras y costumbres de los Maestros pegarse, digamoslo así, á los discípulos. En efecto lo que hemos dicho de los padres respecto de los hijos, puede decirse de los Maestros respecto de los discípulos, con sola la diferencia, que los niños son mas dispuestos á recibir qualesquiera impresiones, que los adultos.
[67] Ya se ve que muchos errores nacen de este contagio de la imaginacion, y son de mayor, ó menor entidad, segun su objeto. ¡Quántos infelizmente han bebido la heregía y la han sostenido hasta la muerte, por habérseles comunicado de los padres, ó de los Maestros! No hay mas que leer las historias de nuestros tiempos para tener de esto muchos lastimosos exemplares. Aun en otros asuntos es tan dañoso el contagio de la imaginacion, que suele atrasar mucho los buenos progresos de las Artes y Ciencias. Bien ve Ariston que algunas cosas nuevas de la Filosofía son mas comprehensibles que las que ha aprendido en las Escuelas; pero no se atreve á abandonar las máxîmas de sus Maestros. _O!_ dice Crisias, _yo oí á mi padre, que lo contaba muchas veces, que en casa salia un Duende, y así no hay duda que ha habido Duendes._ Cleóbulo dice: _Esto es cierto, yo se lo he oido contar muchas veces á mi abuela, y á fe que era una señora bien racional, que una noche voló una bruja, y paso el mar, y se fué á Nápoles, y luego volvió, &c._ A estos tales es difícil desengañarlos, porque se les pegó quando eran niños la errada imaginacion de sus padres, y abuelos.
[68] En último lugar coloco yo las imaginaciones _apasionadas_, y llamo así aquellas que van acompañadas de alguna vehemente, ó desordenada pasion. A la verdad nunca imagina el hombre cosa alguna, sin que alguna pasion acompañe sus percepciones, como ya hemos dicho muchas veces; pero suele en algunas ocasiones ser tan vehemente la pasion que acompaña á la fantasía en la percepcion de algun objeto, que juntas arrastran al juicio y ocasionan graves errores. A un niño se le amenaza con el Duende, ó porque no llore, ó por imprudente conducta de los que le educan. Excítasele la pasion del miedo, y se le imprime tan vivamente aquella especie, ó imagen, que despues nadie es capaz de desengañarle. Si ha de ir de noche á algun lugar, y se le ha dicho que sale una fantasma, cada sombra, cada ruido, cada mata le parece que lo es, y que ha de tragarle, cosa que dura aun en los adultos, si no regulan el juicio, y con él moderan la pasion del miedo: las visiones y apariciones de Almas, de Duendes y Fantasmas no son otra cosa que apariencias de la fantasía alterada con la pasion del miedo, del espanto, ú otras pasiones, á quienes se junta las mas veces la enfermedad, y siempre la ignorancia. Si semejantes cosas se presentaran por sí solas al alma, no harian grande impresion; pero como van juntas con el miedo, con dificultad se borran; porque se ha de saber, que el miedo no es otra cosa que un movimiento que se excita en el hombre, con el qual se aparta de algun objeto que considera como dañoso, como que puede causarle algun gran mal. A los niños se les hace creer que la fantasma ha de tragarlos, ó que ha de hacerles algun otro daño, y por esto en presentándoseles semejante objeto, temen, esto es, se excita un movimiento para apartarle. Todo esto dexa raices y impresiones muy hondas: de suerte que muchas veces suele el juicio dexarse llevar de ellas, y cae en el error.
[69] Lo mismo sucede quando á la fantasía se allega alguna otra pasion. Ama Narciso extraordinariamente á Lucinda, y tiene la imagen de esta tan viva en la imaginacion, que en ninguna otra cosa piensa. Como el amor es aquel movimiento con que queremos un objeto, que, ó realmente es, ó á lo menos nos parece bueno y agradable; por esto no hay perfeccion, ni bondad que no tenga Lucinda, segun el juicio de Narciso. De suerte, que en siendo semejante pasion desordenada, suele pervertir de mil maneras al juicio; y nada es mas comun en las historias, que exemplos de hombres perdidos por el amor. Aun el cariño y aficion con que tratamos á los hijos, á los amigos y bienhechores, hace tal impresion en nosotros, que de ordinario suele el juicio gobernarse mas por la pasion, que por la verdad[a].
[Nota a: _Omnes quorum in alterius manu vita posita est saepè illud cogitant, quid possit is, cujus in ditione ac potestate sunt quam quid debeat facere._ Cicer _pro P. Quinct._]
[70] El deseo de una cosa de tal suerte muda la fantasía, y altera al juicio, que si es muy vehemente nos hace errar. Cuenta MURATORI[a], que conoció á un Religioso venerable por su virtud y literatura, el qual deseaba con sumo ardor el Capelo. Este deseo le gastó la fantasía de manera, que ninguna otra cosa imaginaba con mayor vehemencia. La imaginacion de este objeto, junta con el deseo de poseerle, de tal modo trastrocaron al juicio, que llegó á creer que era Cardenal, y se enfadaba de que no se le diese el tratamiento correspondiente á esta dignidad. En todo lo demas hablaba racionalmente; pero en esto nunca, ni hubo fuerzas para apartarle de su error. No hay cosa mas facil que conocer lo que puede la fantasía dominada de alguna vehemente pasion, y pudiera poner exemplos innumerables, discurriendo sobre cada una de las pasiones, porque el teatro del mundo ofrece cada dia con abundancia; pero no lo permite la brevedad de este escrito, y con los exemplos propuestos pueden los lectores atentos conocer semejantes cosas.
[Nota a: Murat. _de la Filos. Mor. c. 6. p. 70._]
[71] Para evitar todos estos errores se ha de saber, que la imaginacion solamente los ocasiona, y caemos en ellos, porque _libremente_ dexamos que el juicio se gobierne por la imaginacion. De suerte, que quando decimos en esta obrilla, que la fantasía _arrastra, pervierte, corrompe_ al juicio, entendemos solamente la grande influencia que tiene la imaginativa en nuestras operaciones; bien que siempre suponemos, como varias veces hemos dicho, que el juicio _libremente_ asiente, ó disiente á las cosas que se presentan á los sentidos, ó se imprimen en la imaginacion. Será bien, pues, que cada qual exercite el juicio, y que se haga á distinguir lo que toca á la fantasía, y lo que pertenece á la razon; y para fortalecer el juicio será conveniente pensar, que nada ha de gobernarle sino lo bueno, lo verdadero, y lo util, y que moderando las pasiones, y refrenando el vigor de la fantasía, tiene lugar el juicio para exâminar mejor las cosas. La Filosofía Moral aprovecha mucho para lo que toca á las pasiones. Quisiera yo que todos tuvieran presente la famosa máxîma de Epícteto, célebre Estoico: _Sustine, & abstine_, es á saber, _sufre_ y _abstente_. Y por lo que toca á las Artes y Ciencias, quisiera tambien que se tuvieran presentes los errores que se notan en este breve escrito, para que conociéndolos, sea mas facil evitarlos.