Logica · Unidad 39 de 49

CAPITULO VII. — parte 2

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[99] La precipitacion del juicio se observa freqüentemente en el trato civil, porque es muy comun juzgar de las cosas sin haberlas averiguado. Uno disputa y se descompone por defender la Filosofía, que no ha visto. Otro afirma que tal Autor lo dice, sin haberle leido. Qual apenas ha oido una palabrita á otro, ya forma mil juicios. Qual por un acaecimiento imprevisto, forma mil presagios. En efecto los juicios temerarios casi siempre se hacen con precipitacion, porque se hacen sin atender las circunstancias necesarias para juzgar; y si bien se repara, en el trato civil se hallará, que son infinitos los juicios precipitados. En los libros son tambien freqüentísimos, y cada dia vemos contender los Autores recíprocamente sobre si es cierta la narracion, ó falsa la cita, y las mas de estas contiendas proceden de la precipitacion del juicio. De la misma nacen á veces las alabanzas vanísimas y los vituperios de los Autores; porque toma uno un libro en la mano, y luego que empieza á leerle, encuentra una cosa que no le satisface, y sin pasar mas adelante dice, que el libro no vale nada, que es una friolera quanto el Autor escribe, y otras cosas semejantes. Por el contrario, si halla en el libro un estilo proporcionado á su genio, ú otras cosas que á los principios le contentan, dice que el libro es bueno, y es lo mejor que se ha escrito. De este modo se hacen muchas críticas, y las hacen hoy sugetos de buena recomendacion; pero fuera facil mostrar que se hacen con manifiesta precipitacion de juicio. A veces la precipitacion del juicio es muy peligrosa, porque ocasiona errores enormes. Oimos una palabrita á un hombre que miramos con odio, y luego la interpretamos y echamos en mala parte, y el otro tal vez la ha dicho con sana intencion. En el juicio que algunos hacen de los libros sucede lo mismo, porque tal proposicion, que por sí sola puede parecer mala, acompañada con toda la serie de principios y razonamientos con que está conexâ, es sanísima. De otro modo precipitamos el juicio, haciendo de un hecho particular una razon universal. Así vemos que Ariston ha faltado en una cosa, ó no se ha desempeñado bien en un asunto, y luego le tenemos por un hombre inútil para todos los negocios.

[100] Nunca precipitamos mas el juicio, que quando nos dexamos dominar de alguna pasion, y esto se observa en casi todas las disputas, en que no se tiene por fin el descubrimiento de la verdad, sino la vanagloria. Quando uno se calienta mucho en una disputa, de ordinario se arrebata, y su imaginacion tiene imágenes muy arraigadas de lo que intenta persuadir: de esto se sigue, que no atiende á lo que dice el contrario, y si oye algo, lo acomoda á lo que domina en su fantasía, porque esta no admite sino muy ligeramente las impresiones distintas de aquel objeto que la ocupa. De aquí nace, que muchas veces están disputando dos hombres serios con grande estrépito, y diciendo ambos una misma cosa; y es cierto que luego feneciera la contienda, si no hubiera precipitacion de juicio de los contendores. De esto tengo yo bastante experiencia, como tambien de muchas sospechas que resultan despues de semejantes disputas, y nacen las mas veces de no haber puesto la atencion necesaria en lo que se dice, y de juzgar con precipitacion. En fin reflecte cada qual un poco, y hallará que muchísimos juicios en el trato civil se hacen por el miedo, odio, amor, esperanza, ó segun la pasion que reyna en el que juzga[a].

[Nota a: _Plura enim multò homines judicant odio, aut amore, aut cupiditate, aut iracundia, aut dolore, aut laetitia, aut spe, aut timore, aut errore, aut aliqua permotione mentis, quam veritate, aut praescripto, aut juris norma aliqua, aut judicii formula, aut legibus._ Cic. _de Orat. lib. 2. p. 370._]

[101] Resta ahora proponer el remedio para estos males del juicio. Ante todas cosas se ha de tener presente lo que hemos dicho en los capítulos pasados, porque las preocupaciones, y precipitaciones del juicio por la mayor parte proceden de la fuerza de las pasiones, de la imaginacion, del ingenio, de los sentidos, y demas cosas que hemos explicado. Demas de esto será bien acordarse de lo que ya hemos dicho, es á saber, que el hombre sabe las cosas, ó por la ciencia, ó por la opinion. No puede el hombre errar quando tiene evidencia de las cosas que ha de juzgar, con que solamente el juicio ha de tener reglas para no preocuparse en las cosas que se alcanzan por opinion. Para gobernarse en estas con acierto, será importante ver lo que hemos dicho hablando de la extension de las opiniones; y ahora puede añadirse, que nada es mas á propósito para evitar la preocupacion, que el saber dudar y suspender el juicio con prudencia[a]. Hágome cargo, que no puede el entendimiento mantenerse siempre en la duda, como hacian los Pirrhonistas; pero á lo menos es argumento de buen juicio saber dudar quando conviene, y no dar asenso sino á lo que consta por la certeza de los primeros principios.

[Nota a: _Epicharmi illud teneto nervos, atque artus esse sapientiae non temerè credere._ Ciceron _de Petit. Consul._]

[102] El entendimiento ayudado de las reglas de la Lógica, ha de exâminar las cosas, y si las halla conformes á las primeras verdades, ó los fundamentos principales de la razon humana, que tantas veces hemos propuesto, entonces se resuelve, y pasa de la duda á la creencia. Pero si en semejantes averiguaciones descubre poca conformidad de las cosas con la razon, y los principios de ella, ó disiente, ó suspende de nuevo el juicio, hasta que averiguándolo mejor, se le presente claramente la verdad. Por esta razon han de exâminarse con cuidado las opiniones que recibimos en la niñez, y muchas otras que se enseñan en las Escuelas, y las que se adquieren en la conversacion y trato, y no han de creerse ciegamente, sino solo despues de bien exâminadas. Débese aquí advertir, que en las ciencias prácticas basta á veces la verosimilitud, porque en muchísimas cosas si hubiera el entendimiento de hacer exámenes para alcanzar la evidencia, se pasaría la ocasion de obrar, y esta no suele volver siempre que queremos. De este modo gobernamos la práctica de la Medicina en muchos casos, y lo mismo acontece algunas veces en lo moral. Mas aun en tales lances conviene siempre seguir lo que se acerca mas á las primeras verdades, porque esto es lo mas conforme á la buena razon. Por esto creo yo, que si en las Escuelas se llega á enseñar la buena Lógica, con esto solo se acabarán las ruidosas contiendas sobre el _probabilismo_, porque conocerán todos, que lo menos racional no debe seguirse á vista de lo mas razonable.

[103] Para no precipitar el juicio se han de tener presentes las mismas reglas que hemos propuesto para evitar las preocupaciones. Pero en especial conduce poner la atencion necesaria en las cosas antes de juzgar, y exâminarlas de suerte que no se determine el juicio sino despues del exámen necesario. Las cosas suelen combinarse de muchas maneras; y si el entendimiento no atiende á todas las circunstancias, facilmente caerá en el error, porque solo juzgará por la vista de una, y debiera hacerlo despues de atender á todas. El exámen es tambien necesario, porque de otra forma lo que es incógnito se tendrá por sabido, lo falso se tendrá como cierto, y lo dudoso como ciertamente verdadero[a]. Esto se hace mas comprehensible con exemplos, y lo ilustrarémos mas en los capítulos siguientes.

[Nota a: _Ne incognita pro cognitis habeamus, hisque temerè assentiamus. Quod vitium effugere qui volet (omnes autem velle debebunt) adhibebit ad consderandas res, & tempus, & diligentiam._ Cicer. _de Offic. lib. I. cap. 29_.]