Los constituyentes chilenos de 1870 · Unidad 2 de 250

Unidad 2 · LOS 00N8TITCTSNTES CHILEÑOS

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LOS 00N8TITCTSNTES CHILEÑOS

«O constituyente de 1870: la reforma de la carta fundamental, reforma legal, teórica, abstracta; i la reforma de los móviles i procedimientos de la política, reforma práctica i concreta. La primera valdria bien poco sin la segunda, como que la segunda debe servir de sanción i garantía a la primera. Poco ganaríamos mejorando el espíritu de nuestras leyes, si uo mejorásemos BÍmultán^amente la conducta de nuestros hombres públicos. La libertad política consagrada en las instituciones seria para Chile una adquisición ilusoria, si no tuviese por complemento la probidad política, aceptada como criterio i norma de las acciones en el manejo de la cosa pública.

Tan cierto es ello que nuestras costumbres políticas son mucho peores que nuestras leyes.

Tan cierto .es ello que loa lazog de unión como ;

las causas de antagonismo entre los diferentes partidos se deben menos a la homojeneidad o diver- ♦ jencia de ideas i sistemas, que a la conformidíiid o desacuerdo de motivos i reglas de conducta. J

La opinión activa i militante del país se encuen- . ^

ra en este momento dividida en cinco grupos.

El grupo esencialmente gubernativo, que se titula a sí mismo liberal moderado, i de donde ha sacado el actual jefe de la nación casi todos sus ministros;

El grupo ultramontano o conservador clerical, que desde la fusión de 1863 ha vivido con el primero en una aliaiiza mas o menos estrecha i ha esplotado de cuenta i mitad los honores i enapleoa oficiales;

níTRODüccioír

El grupo de aquellos naciotiales o níontt-varistaa que conservan un cariñoso respeto a ciertas tradiciones i personalidades del gobierno del señor Montt, i que se halagbn acaso con la esperanza de una restauración del antiguo predominio;

El grupo radical o rojo, que recibió el bautismo de la persecución en los últimofs dias de 1858, que al año siguiente triunfó en la quebrada de los Loros bajo la conducta d^ un joven i bizarro adalid,' i que después de la reco]^dada ftision de 1863, acabó de romper los déj^iles viaculos q\ie aun le unian con el partido que b^ campea en el presupuest^í^, presentándose comoffUna eoitidad independiente, llena: de ardor e infle:4bilida¿l; ^ . ^ .f +•-

Finalmente, e\^ grupeo reformista, salido^ ile los Clubs de la Refo^a, a que han d^do exiárenciá^ juventud, por un lado, i por éi otrdi muclflfe hoAbres de los antigi^os partidos' qué "comprenden la necesidad de llevar a la rejí¿bes políticas el soplo purificador de la libertad i ¿eTla lionradez.

Contemplados a la luz de las teorías, e30S diversos grupos no presentan aspectos mui diferentes, no se hallan separados entré sí por abismos de doctrina. Todos ellos parecen de acuerdo en la conveniencia i oportunidad de la reforma ccÉistítucional. Todos ellos parecen todavía de acuerdo en que la reforma debe hacerse en provecho del principio de libertad. ¿Hasta dónde debe ser beneficiado este principio? Hé ahí el punto en que comienzan los disentimientos, si bien poco precisos i acentuados.

Pero cuando, se pasa de la teoría a la práctica, del principio consagrado en la lei al principio en-