Los criminales en Mexico · Unidad 26 de 68

Unidad 26 · ; .• ;p r.EV/ YORK KOBLIC L13RARY

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

; .• ;p r.EV/ YORK KOBLIC L13RARY

No quiere dar el menor detalle sobre las prácticas viciosas que se llevan á cabo en su departamento, y al preguntarla si el parece posible resistir tantos años sin satisfacer los instintos sexuales, me responde:

— Sí, señor, ¿cómo no? para nosotras no nos hace mucha fuerza.

Al terminíir su condena, ó más bien el tiempo que la falta pcara salir en libertad preparatoria, x)iensa «desapuntarse» (borrarse de los registros de la prostitución) y ponerse á servir en algu na fonda.

Para juzgar de la sinceridad de estos propósitos de enmienda, basta que anote yo que al hacerla algunas reflexiones sobre su X)robable porvenir, me contesta:

— ¡Bueno, señor! me emborracharé durante un mes, pues también, Vd. debe figurarse íjue después de tanto tiempo de estar una privada de todo, ha de salir, con ganas de desquitarse! ....

PICHA SIGXALETICA DE ISABEL M.

Talla: 1. m. 533. Braza: 1. m. 570. Busto: 0. m. 819.

Cabeza. — Longitud: ü. m. 184. Anchura: 0. m. 139.

Oreja dekkcha. — Longitud: 0. m, 066. Anchura: 0. m. 032.

Pie izquierdo: 0. m. 234i Dedo uumIío izíjuierdo: 0. m. 103. Auricular izquierdo: 0. m. 078. Co(h» izíjiiierdo: 0. ni. 415.

Color del iris izquierdo: clase 5^4^ Aureola: radiada, castaño obscuro. Periferia: castaño claro.

Frente. — Inclinación: vertical. Altura: grande. Anchura:

Nariz. — Profundidad de la raíz: nula. Dorso: cóncavo.

CRIMINALES. — 20.

liase: levantttda. Altura: luetliaiía. Síilionto: grande. Anchura:

Okkja OKiiKCHA — Hélice: — Original: mediano. Sui>erior: mc- ^liaiio. Abertura: intermedia.

lóbulo: — Contorno: intermedio. Adherencia: adherente. Modelado: uniforme. Dimensión: grande.

Particularidades: fosetu digital marcada.

Cabello: cast^iño obscuro. Color de la piel: pigmentado pequeño. Cejas: castaño obscuro, separadas. Es hmarosa y tiene varias cicatrices, de las l(\si()nes ji (pie liizo leferencia.

■^^^ >

Amada B. (i)

(Obskuvacióx XIII.— Exkuo dk 1904),

Eli el caso de la mujer que va á ser objeto de esta observación, hay una circunstancia que no debo dejar- pasar inadTertida, Hasta ahora no liemos visto sino delincuentes que cóntíesan su falta, unos sinceramente, otros procurando atenuarla más ó menos.

La B., por el contrario, nie<ía con toda tenacidad ser autora ^lel crimen por el cual fué sentenciada á veinte años de prisión, LO negó en la instrucción del proreso, unte el jurado; ha seguido negándolo entre «us compañeras de cár<M'l, sean cuales fueren las condiciones en que ha conversado del suceso, y lo uiegíi todavía en las entrevistas que tengo con ella.

La i)riniera frase que lanza, cuando le pregunto el motivo de su encarcelamiento, es la siguiente:

^1) Véase retrato númei'o 13»

— ¡Me «ieuto tan limpia de ese crimen que cuando comparezca ante el tribunal del Eterno, no tendré que darle cuenta de eso!

Sin embargo, la víctima misma del homicidio fué la que antes de liiorir, la designó á ella como lieridora; esto unido íí otra» constancias xirocesales, hizo que el veredicto del tribunal popular fuera condenatorio y que el juez impusiera á la B, la pena mayor que según nuestra legislación, puede recaer sobre las mujeres, X)ara las que está abolida la de mueil^e.

Hecha esta explicación indispensable, veamos lo que refiere de su vida y sus hechos, AnuMla B.

Nació en la ciudad de Guanajuato, tiene cuarenta y un año& y fué casada eclesiásticamente. Se ocupaba en el comercio de ropa.

El padre, maestro ademador en una mina, murió á los setenta y dos aüos, de pulmonía. Padeció del pecho á causa del trabajo en la mina, y se embriagaba algunas veces con tequila y (alcohol que se obtiene del maguey) .

La madre, doméstica, murió de enteritis aguda á los sesen ta y ocho años. No era alcohólica.

No da antecedentes ningunos sobre los abuelos.

Tuvo ocho hermanos, de los cuales dos varones. Viven sólo tres mujeres, una de ellas paralítica desde la edad de seis^ ó siete años.

La B. dice sufrir del pulmón, sintitaulo á veces que se asfixia, tose mucho y con frecuencia tiene calentura. Duerme perfectamente, me asegura, aimíiue en ocasiones tiene pesadillas, en las que sueña que vuela, que ve bultos que le causan horror. E& muy nerviosa y de cuahjuier cosa se extremece. Sin embargo^ m(^ manifiesta que n(^ exiK'rimenta cambios X)rofundo8 de carííct<ír y no ser «de mal genio.»

No vio disgustos entre sus padres, ni tuvo amistades en su infimcia, porque la madre se las evitaba. Duró cinco años en \a ■ «íscuí^la, de hw oiíht> á los trece^ y aprendió á leer y á escri^brt ,

Los padres la castigaban, pe<j;án(li)la con una cuarta, imívo no cruelmente.

Al salir do la escuela, fué dedi<*ada á la servidumbre, y á bis dieciocbo años casaba eclesiásticamente con un carrocero, que la dio muy mala vida; se embria<^aba, la e:olpeaba á menudo y por fin, dos aüos después del matrimonio, bi abandonó «para irse con otras mujeres.»

La B. tuvo de él cuatro bijos, uno que luició muerto, «<de la» muinas que bacía i)or los celos;» otro que sólo vivió veintidós días y murió de pulmouía, y dos que tienen en la actualidad diecinueve y diecisiete años.

Abandonada del marido, á quien basta entonces «babía sido siempre muy fiel,» Auiada B. contrajo relaciones ilícitas con otro, y á los treinta aüos, ya viuda, conoció á Juíin M., carpintero, de su misma edad, y vivió con él en concubinato. También éste la ti ajo disifustos. M. era ebrio ccmsuetudinario y de cuando en cuando la peinaba, aunque sólo con la mano.

El 18 de Mayo de 1896, reo:resaban en la nocbe á su casa, después de baber andado paseando y bebiendo, cuando bi B. se adelantó — ^dice— -para abrir el cuarto y tener encendida la vela; pero á poco andar oyó voces, volvió donde babía dejado á su amasio y le encontró ya berido. Buscó á un gendariue, sin bailarlo, y un vecino fué el qwe se encart^ó de dar aviso á la policía.

Ambos estaban ebrios — pues Amada B. manifiesta que se embriagaba algunas veces, pero «en el rincón de su casa» — y á pesar de que ella protesta (pie en la Comisaría, M. decbíró que le babía berido un bombre, panadero, mas por causa de la B., en los interrogatorios á (pie fué someti(b), insistió en ([ue su (juerida era la que le babía lesionado.

Amada B. explica la conducta de su amante, diciendo que alguna vez, a raíz de una de tantas desavenencias, ella bizo gestiones para que fuera conducido ante un juez y (jue sabiendo él

quo quería meterlo preso, le habló así: «Aiit-eís <iue ir yo á la eáreel, vas til: pVovoco á alguno y di]ü:o «lue tú nm pegaste.»

Agrega que cuando M. estaba ebrio era muy «provocativo;» que era de ciuazón malo y que quiso jierjudicarla por celos mal fundados.

Esta es otra versión muy acei)tada entre las ccmipañeras de cautiverio de la H.: la de (¡ue M. riñó con otro á <iuien creía que aípiélla dispensaba sus favores y que al sentirse herido de muerte, prefirió acusar á su querida, para bajar al sepulcro seguro de que no i)odría cometerle infidelidades durante muchos años, y aun se leñere — naturaluuuite per habérselo oído á la H. — (|ue alguna vez la dijo en el hospital: «Yo me muero, i)ero tú no te quedas en la calle, riéndote.»

pSevki cierta esta venganza ([ue bien podría llamarse de ultratumbaí

El fallo del jurado ha dicho terminantemente ({\w no; mas «i no es cierta, no sería imposible para quienes conozcan un poco c' caiácter de nuestro pueblo.

Tal fallo es hi címstíinte preocupación «le la B:

— 'Me han juzgado como homicidio caliticado — 'dice — es una barbaridad, pues yo soy inocente do este negocio.

Y luego, cuando la x)regunto su o2)inión sobre la justicia:

— Es una injusticia que me sentenciaran; x)orque no escudi'iñaron bien el nombre del qu(í le pegó, y hubieían sacado el rastro.

Además aun suponiendo que fuera en verdad responsable del homicidio, no está confíname con una sentencia tan larga.

Hablando de Dios, declara creer en él; qno (»s un Dios que hay (pie nos vé, que ha creado todo lo que existe en el mundo, que es bueno y justo y si ha iieriuitido que la castiguen injustamente, será porque «quien sabe lo «pie habrá hecho, <iue lo está pagando.»

159 '

No ha tenido uingún ingreso anterior en Beleni, y sólo en las Comisarías estuvo tres veces por escándalo en la vía pública con M.

En la cárcel trabaja en hxs cocinas y ha prestado algunos otros servicios.

Al preguntarle si practican el safismo las niujeres de su departamento, ríe nuiliciosa mente y exclama:

— ¡Yo no sé, señor!

En cambio me confiesa que algunas fuman mauiiiuaxa. (1)

(1) La MAUíHL'ANA, couio eutrc nosotros es jicrfectamente sabido, es una yerba <iue, fuuiada, provoca una embriaguez delirante. El ebrio nuirihuano se convierte en un verdadero lo<*o, y una vez que ha contraído el vicio, se entrega á él hasta que sucumbe. Es, con el i)ulque, otro de los más grandes y terribles peligros naciouíiles, y por eso es que su venta está rigurosamente prohibida. Sin embargo de la vigilancia (jue se ejerce i)or los empleados de la cárcel, los intr(Kluctores clandestinos logran con alguna frecuencia burlarla, valiéndose para ello de mil medios á cual más ingeniosos. Procuran hacerla i)asar en cigarrillos dentro de cajíis conteniendo otros de tabacoj entre los alimentos; las mujeres, en las trenzas de sus cabclh>s, etc.; pero los procedimientos más curiosos que se han descubierto son, sin duda, los de hacerla entmr en los tacones huecos de un par de zapatos y en las patas vaciadas de una silla, que se pretendían hacer llegar á unos presos. Cierto también (jue es un espléndido negocio, pues en el interior de la prisión se ha cotizado el cigarro de marihuana hasta el precio de doce centavos. Para la introduc<;ión del alcoIiol se recurre también á medios múltiples, aprovechando cuanto la astucia humana puede sugerir, y desgraciadamente, hay que