Los Hombres de Pro · Unidad 22 de 35
Acto continuo le asaltaban los caciques; y después de abrazarle y sobarle mucho,
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--Tenemos el gusto--le decían--de presentarte a nuestro candidato, el señor don Simón de los Peñascales, «persona independiente, con treinta mil duros de renta y mucho talento».
--Muy señor mío--añadía don Simón, quitándose los guantes, abriendo las solapas y dando un cigarro al campesino, para lucir tres cosas de un golpe: su rumbo, su cadena y sus diamantes.
Tomaba el buen hombre el cigarro, sin hacer gran caso de lo demás; y mientras chupaba para encenderle, decía con mucha calma:
--De la que yo entendí a un señor tan principal como éste alabarme tanto las bestias, dije para mí: «¿por qué será?» ¡Mil demonios si me acordaba de la eliciones!
--Pues ya te las han recordado...
--Como si callaran; que nosotros, los probes, vamos por onde nos llevan, ¡y gracias que así y todo!... Conque ¡ea!, se agradece el osequio y la alabanza, y hasta otra.
--¡Pero oye un momento!...
--No puede ser, que se me van las bestias, y temo que hagan alguna que me cueste los cuartos.
--¿Lo ven ustedes?--decía don Simón, muy amoscado, volviéndose hacia sus consejeros.
Pero éstos se le reían a las barbas por toda respuesta; y llevados del mejor deseo, y fundados en su experiencia, ni se arrepentían ni se enmendaban.