Los seis grados del crimen y escalones del cadalso · Unidad 33 de 36

Unidad 33 · FRANCrSQUIIN.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

FRANCrSQUIIN.

¡ Válgame Dios !

Ya ves cpie no hay que perder un ins¬ tante. Es preciso que me vaya á rogar á Dios por ese desgraciado, á quien Dios perdone, como nosotros le perdonamos.

( Yase llorando.)

ERANCISQU1N solo.

¡Suspalabras me han dejado de piedra!

( 185 )

¡Falal combinación de circunstancias! ¡En el misino di a en que liego al mas alto grado de felicidad viéndome honrado por el Rey y acompañado de la estimación de todos mis conciudadanos... el hijo de mi bienhechor va á dar fin á su carrera en el paraje destinado al escarmiento público ! en un cadalso! Dios mió! Diosmio!

( Déjase caer en un sofá , abrumado de tristeza, y cubriéndose el rostro con las manos.)

ESCENA VII.

FRANCISQUIN , JOSÉ y MIGÜEEON.

El señor Miguelon.

(Avisando, y sale Miguelon.)

Ah ! venid amigo , necesito de vuestra

presencia . ¿Porque me habéis faltado

esta mañana?

De eso venia á daros satisfacción. Creed¬ me que si hubiese dependido de mí...

( 186 )

Ah! ya estáis perdonado, porque estoy bien persuadido de que á no ser por ne¬ gocios indispensables... Pero espero que os quedaréis en mi compañía lo restante del di a.

MIGUEL ON.

Esto me es igualmente imposible: un deber imprescindible me llama á otra parte.

¿Y lo será tanto que no lo podáis remi til?...

MIGUEL ON.

No puedo.

Pero á lo menos , nos veremos esta no¬ che... vendréis al baile...

Al baile... yo! (¡Después de haber...) {A parle.) Lo quisiera; mas no podré.

¿De este modo me será imposible dis¬ frutar en esta ocasión de la compañía de

( 187 )

na de 1 •> s dos únicas personas que me lian sostenido y animado en mi infortn nio?... Miguel! amigo Miguel!... Os lo suplico... prometedme venir un instante siquiera... sí, venid. t Que no tenga yo el sentimiento de verme abandonado de lo¬ dos los que se lian hecho acreedores á mi cariño!

MIGUJELON.

Francisquin, me es muy sensible.. . Sin duda voy á afligiros , pero en el dia no necesitáis ya de mis consejos. Acabáis de reuniros con una familia de mucho ho¬ nor; y debo decíroslo : será indispensable qne en lo sucesivo dejemos de vernos.

¡Dejar de vernos! ¿Y porque?

Porque no conviene que las relaciones que mediaban entre nosotros cuando os hallabais solo en el mundo, continúen de aquí adelante ; pues ahora ya teneis pa¬ rientes... sí, parienlcs honrados...

¿Porque, pues , sospechar en ellos ni

( 188 )

en raí un orgullo lan fuera de lugar?

¿Y quien os ha dicho que lo sea? Es¬ cuchadme , amigo mío . que tal nombre os quiero dar hoy todavía.