Los trabajadores de Tierra Caliente : (reminiscencias) · Capítulo real 13 de 15
CAPITULO XV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 15 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XV
EL CAFE
Hacía muchos años que el cultivo del café había hecho la grandeza del Brasil, que había levantado á Venezuela á un alto grado de prosperidad, y hecho ricas las pequeñas Repúblicas de Centro-América; y á pesar de tan halagadores ejemplos, en Colombia no había una sola plantación; y sólo en Muzo, por una tradición inexplicable, se cultivaba el muy poco café que exigía el escaso consumo del interior.
El ningún conocimiento que se tenía de las condiciones del cultivo: el largo tiempo que exige la empresa para producir, aquí donde hay tan pocos capitales, y donde el interés de ellos es tan fuerte que no se puede esperar; la natural impaciencia que nos impele á consagrarnos sólo a lo que dé un inmediato pro-
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vecho; y lo muy costoso de la conducción de los cargamentos á la Costa, fueron causa para que en Colombia no se cultivase el café, además de la natural desconfianza que inspiraban el chasco del tabaco y del añil.
El señor Tirreí Moor, súbdito inglés, y uno de los hombres más industriosos y más útiles que han venido al país, después de largos años de trabajar en la explotación de minas en Antioquia, en donde introdujo grandes y provechosas mejoras que aumentaron los rendimientos de cada mina; el señor Tirrel Moor vino á establecerse á Bogotá con su familia : compró un terreno en Chimbe, en un clima de 16 grados, á la caída de la cordillera, y empezó, desde medir y alinderar la tierra matemáticamente, y tumbar el primer árbol, á poner científicamente una plantación de café.
Cuando ya el cafetal estaba puesto, fuimos á visitarlo, y nos dejó la impresión que^para animar á otros entonces publicamos, haciendo de él una descripción.
El éxito coronó los esfuerzos del señor Moor.
Siguiólo de cerca el señor José Antonio Mejía, nuestro primo, hijo del gran comerciante y hábil calculador Braulio Mejía, y sobrino del inmortal Ciborio Mejía, el héroe de La Cuchilla del Tambo y último Presidente en la Patria cié los inmortales quien fundó con mucha constancia, el que hoy disfruta el
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señor don Luis Mejía Montoya, su hijo, quien lo ha aumentado; y es inventor de la excelente Estufa Mejía.”
Los señores Lorenzana y Montoya, herederos de las virtudes de Nazario Lorenzana y de Francisco Montoya, el fundador de Ambalema, pusieron el cafetal do «Campo-hermoso, )) al mismo tiempo que la familia Franco, compuesta toda de hombres, de la calidad de don José M.‘‘ Franco Pinzón, quien ejerció el destino de Tesorero de la República y manejó los caudales de la Nación, y todos los documentos de la Deuda pública, por más de quince años sin que se levantarse contra él una murmuración, y mu* riendo en la pobreza; la familia Franco, decimos, puso también varios cafetales.
Para honra del carácter colombiano, es preciso referir también que el señor don Domingo Martínez, antiguo maestro de escuela en los tiempos de los lancastenanos, también dejó la pedagogía, y bajó á Chimbe á poner un cafetal.
El señor Francisco Ospina, de origen antioqueño, fue de los primeros en establecer en Chimbe un hermoso cafetal, cultivado con esmero; y no contento con esto, lo vendió, y se fue del todo á Anolaima, y en la “ Mesita de Santa Inés ” fundó el establecimiento más hermoso y más bien arreglado que existe en Colombia.
Basilio Martínez, de raza antioqueña (y es grato
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observar cuantos de esa raza figuran entre los grandes trabajadores y fundadores de la industria nacional). Martínez, con uno de sus hijos, estableció en las orillas del Río Dulce un gran cafetal, del que ha obtenido cuantiosos recursos.
Alberto A. Williamson, en 1880, fundó la hacienda de San Jorge (café), municipio de Melgar.
El mismo, en 1890, fundó la hacienda de Santa Inés ” (café), en el Municipio de Melgar.
Alberto y Ricardo Williamson, en 1890, fundaron á Escosia ” (café). Municipio de Melgar.
Alberto Williamson y José María Vargas V.., en 1894, fundaron á Borneo *’ (café), Municipio de Pandi.
Enrique de Argáez, 1889, fundó á San José ” (café, cañas y pastos), Municipio de Tibacuy.
Manuel María Aya, de quien hablaremos largamente en nuestra visita á Fusagasugá, natural de ese distrito, de setenta y tres años de edad, fundó la hacienda de “El Cuchare, ” los trapiches de “San Rafael, ” “ Los Medios ” y “ El Guaimaral,” la plantación de cafetos “ Bateas ” y pastos de guinea á orillas del río Ranches. En “El Igua,” el trapiche de Los Canchos ” y en “ Cumacá ” el cafetal de “ Calandaima,” todos en jurisdicción de Tibacuy.
“ Aguadulce ” y “ Casiaga, ” cafetales en vecindario de Nilo.
“ La Fila*’ y “ El Asomadero, ” cafetales y “ E^
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Páramo ” trapiche, en Icononzo, jurisdicción de Melgar.
‘‘Los Leones,” pastos artificiales en Nilo.
Don Francisco Groot, y don Miguel Paz, se unieron en compañía, y allá por Nilo, emprendieron, de los primeros, en el cultivo del café.
El señor Francisco Putnam fue laborioso sembrador de café en Nilo.
El doctor Pedro Alejo Forero, abogado que había ejercido su profesión con lucimiento ante los tribunales de Oundinamarca y el Tolima, compró una grande extensión de tierra, entonces montañosa, entre Viotá y Fusagasugá, y puso allí de los primeros, un gran cafetal, y boy es un hombre acaudalado; pero se le acusa de no querer vender á nadie un palmo de tierra, y de conservar inculta una grande extensión de terreno fértil, que jamás alcanzará á cultivar, yen el cual pudieran fundarse más de diez haciendas, que harían ricas á muchas familias y darían trabajo á los jornaleros, aumentando así la riqueza nacional.
El señor D. Carlos Abondano, como yá dijimos, sembró añil y construyó tanques; pero como atoóos los que esa industria emprendieron, le fue mal y perdió largos años de trabajo y todos los sacrificios de su familia.
El no hizo, sin embargo, lo que todos los demás hicieron, arruinadas que fueron las empresas del tabaco y del añil, es á saber: abandonar la tierra, venderla por
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cualquier precio, é ir á buscar trabajo en otra parte. Nó, el señor Abondano conservó « El Neptuno,3> y cuando empezó la industria del café, fue el primero que en la parte alta de la montaña, á la que llamó “ Filadelfia,” puso allí una gran plantación, con la cual se hizo rico; y, sus hijos, herederos de su honradez y laboriosidad, han continuado allí aumentando las siembras, y hoy “ Filadelfia ” es un grande establecimiento» que hace honra á la industria de los Ahóndanos.
El norteamericano señor Jorge Grane, vino de su país á Colombia con asuntos de comercio, y enamorado de nuestro país, quedóse en él, buscó una digna compañera, la flor de la sociedad, la señorita M.* de Jesús García Tejada, levantó una hermosa familia, y compró la hacienda de Calandaima, en donde, además de los potreros de ceba que allí había, puso, en compañía con el señor José Gooding, un grande establecimiento de añil, que fue un modelo para muchos otros después. Trabajó por largos años, pero los inconvenientes que todos encontraron, arruinaron también su obra y redujeron al señor Grane á la pobreza.
Siendo yanki, ni so desalentó ni desmayó; y con la misma tenacidad que antes, en la parte alta de la hacienda, abatió la montaña primitiva, y empezó á poner un cafetal que resultó admirable, y que fue vendido por su familia al señor Eustasio de la Torre, quien la aumentó considerablemente; llegandoá ser el primer establecimiento y el más productivo del país, conocido hoy con el nombre de cCeilán.»
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La familia del señor Crane, se reservó una parte de la hacienda, y bajo la dirección del señor Javier García Tejada, volvió el hijo del señor Grane, Jorge, muy joven todavía, á poner otro cafetal y á formar otra hacienda. ¡Qué satisfacción para el señor Tejada, haber repuesto la fortuna arruinada de la familia de su hermana viuda; y dirigido sus dos jóvenes sobrinos por el sendero del trabajo y de la virtud; y qué orgullo para el joven Jorge, cuando contempla su obra, y ve á su madre feliz y á su familia dichosa!
Y la obra de Crane en Buenavista es de contemplarse.
Un vasto cafetal, cuyas matas siempre floridas ó cargadas de granos rojos, se extiende en una extensión de una legua: la sombra de los cáinbulos y guamos, refrescando la atmósfera é interceptando los rayos del sol, le dan al paisaje un aspecto fantástico, y todo convida á la quietud y á la voluptuosidad. Ai pie mismo del cafetal hay una hermosa casa alta, que parece una residencia inglesa en la India, rodeada de saúses y naranjos, cubierta de flores y con todas las comodidades y delicias de que puede disfrutarse en tan sa broso clima. Y allí mismo están las oficinas de elaboración del grano, con todas las máquinas y útiles que la industria ha inventado y que la ciencia aconseja.
El señor Crane ha asociado á su empresa al señor Alejandro Ruiz, y juntos, talando la montaña con un sinnúmero de trabajadores, están fundando la hacienda do “ Boston ” más valiosa que todo lo que hoy existe.
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Lo que más honra el carácter de los colombianos, es la capacidad que para las diversas profesiones tienen que seguir, según el curso de los acontecimientos, y la buena voluntad y la paciencia con que pasan de una á otra profesión, sin que sean un obstáculo los hábitos que yá han contraído.
A un obrero francés, hacerlo plantador en la América sería imposible. A un comerciante de Lon' dres, cambiarlo en soldado, vana quimera.
Pues bien, como Alejandro Ruiz hay muchos hombres en nuestro país. El fue Vicerrector del Colegio Militar en Bogotá, y escribió un tratado de Táctica Militar muy bueno: ha servido como jefe en el ejército, y se ha batido en todas* las guerras que ha habido; y hoy es un admirable cultivador de café.
Hemos mencionado al señor Eustasio de la Torre Narváez, dueño de las haciendas de ‘‘Ceilán” y de “ Acuatá,” y como este hombre enérgico y activo, ha prestado también grandes servicios á la industria, en justicia queremos consagrarle algunos momentos.
Antes, en nuestro país, el que alcanzaba á acumular un capital de cien mil pesos, era considerado como sumamente rico, y el número de estos capitalistas era muy reducido. Pues bien, hoy, gracias á sus empresas de café, y á su laboriosidad incansable, el señor Eustasio de la Torre tiene cien mil pesos de renta !
¿ Cómo hizo el señor de la Torre tan inmensa fortuna ?
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Sirva su ejemplo a losquo consumen estérilmenta su vida en Bogotá, llenos de deseos; pero..., que cobardes, no bajan á trabajar.
Latorre era un joven bien educado, de una familia distinguida, estimado en la sociedad, y que ocupaba el puesto de Subsecretario en la Secretaría de Relaciones Exteriores en Bogotá; pero tenía mucha ambición, y dos ó tres desengaños en la política, exacervaron su carácter; y renunció á la vida pública, llevando al campo y al trabajo la laboriosidad tradicional de su familia, y un tino especial para hacer capital.
Hay algo de melancólico y triste en la contemplación de lo que pasa en la sociedad bogotana. Las antiguas familias, lasque tienen humos aristocráticos, y que conservan las tradiciones de Santafé, todos se han hundido en la miseria; y sus casas, sus haciendas, supuesto en la sociedad, lo ocupan otras que son las que dan el tono en Bogotá.
Los jóvenes educados en la capital, pierden el tiempo miserablemente.
Las familias bogotanas, mientras el padre vive, gozan del esplendor que sus riquezas le dan: disfrutan del sueldo que el Gobierno les paga, ó comen del escaso pan que con su oficio gana. Los jóvenes de las familias no siguen ninguna carrera ni profesión, esperan la herencia para venderla, cuando la hay; y sin preocuparse para el porvenir, viven, no en medio de los placeres, sino en la más triste ociosidad, dejando pa-
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sar las horas, los días, las semanas, los meses y los años, sin hacer nada y sin pensar en nada.
A la muerte del padre, si éste no ha sido acaudalado, la familia se disuelve. Las mujeres pasan á ser señoras vergonzantes, y los niños, acostuintrados á recibir todo en sus casas, van á llevar una vida desastrosa.
¿ Conoces á ese policía aguardientoso que estropea á todas las sirvientas, y se hace odioso dondequiera que está? Tiene una cara decente, las manos finas y no de» ja el cigarrillo de la boca. Esees el chucho Porras, nieto del Doctor Don Manuel José Porras, é hijo del antiguo administrador de Correos. Antes un cachaco elegante y gastador, y hoy un miserable gendarme.
¿Qué se hizo el sobrino del Arzobispo Hernández, tan mimado y atendido en la sociedad ? Ese es el cobrador del Empréstito forzoso; y para vivir carga con el odio y el desprecio de todos los hombres honrados.
¿ El General Contreras, Presidente de la República no dejó familia ?
Sí, y uno de sus hijos es el pregonero en los remates de los bienes confiscados á los enemigos del gobierno.
— Demi3 usted algo para llevarle á mi santa madre, que después de haber vivido entre las comodidades, hoy está en la mayor miseria.
— ¡ Qué mendigo tan impertinente I
¡Pobrecito.! Es el nieto del Marqués de San Ja-
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cinto: el que heredó las mejores haciendas de la sabana de Bogotá, y que despilfarró todo cuanto tenía*
Si estas son hs carreras abiertas á los jóvenes que se crían en Bogotá, si este es el camino trillado y común que van recorriendo las diversas generaciones, ¿ cóiHo no rendir un justo tributo á los bogotanos, que, como el señor Eustasio de la Torre, abandonan los goces de la capital, rompen con todas las tradiciones, y sin miedo al clima, á las privaciones y á las dificultades, se han ido á la tierra caliente á formar una for_ tuna independiente ?
Y el señor de la Torre es hoy un potentado que no sólo se ocupa en el manejo de sus valiosas fincas, sino que también se hace sentir en la política; poniendo su fortuna y su persona al servicio de la causa que ama, y ganando una justa y legítima influencia.
El señor Ramón Muñoz, hombre honrado, y agricultor de profesión, á pesar de sus títulos universitarior, fue un buen servidor de la República: tomó las armas en defensa de su partido, siempre que hubo guerra: y fue herido é inutilizado en la batalla de Boyacá. Recordamos de él estas palabras, en una proclama dirigida á los inválidos, sus compañeros en 1876: ‘‘Arrastremos nuestros cuerpos mutilados hasta los cuarteles donde debemos morir en defensa de la liber. tad.” El señor Ramón Muñoz, viejo é inválido, vivía retirado en un campito que llamaba el “ Redil,” y pasaba eí resto de sus días sembrando árboles y culti-
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vando flores, cuando sus hijos lo sacaron de allí, y vendieron el campo para comprar una propiedad en tierra caliente y poner un cafetal.
Esto pareció, no sólo un absurdo, sino una profanación ; pero ellos contestaron, al cabo de cinco años, con una hacienda que daba de renta por año diez veces con qué comprar el Redil y llevando allí á su padre á disfrutar de un temperamento delicioso, de una casa rodeada de flores y de un gran bienestar.
Froilán Vega y sus dos hermanos, Daniel y Luís, merecen el mayor elogio, porque sin capital, y debido sólo á sus esfuerzos personales, á su constancia y á su laboriosidad, en el curso de seis años, lograron fundar la hacienda de La Victoria,” que tiene más de cien mil matas de café y un gran plantío de caña.
Debemos mencionar al señor Arquímedes Zamora, natural de La Mesa, á quien llaman el hombre de las cañas y de las pepas (palabras que signiflcan en lenguaje común, mentiras y baladronadas); y que áél se le aplican por las inmensas plantaciones de caña de azúcar que posee y por los grandes cafetales que ha plantado.
Muy joven aún, el señor Jorge Ortiz, dejó la capital y á su familia, y sin miedo á la soledad, al bosque y al trabajo, bajó á Yiotá y puso un lindo establecimiento. Su ejemplo debiera estimular á los que viven pobres y sin oficio en Bogotá.
Volvemos á encontrar ó otro de los Ahóndanos,
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ai señor D. José Manuel, fundando ana nueva hacienda de café, á la que puso el nombre de La Arabia.”
Cuando ya el terreno se ha abierto, cuando yá ha habido machas plantaciones y so ha conocido que la industria es benéfica, muchos capitalistas han destinado su dinero á empresas de café, bien mandándolo cultivar, ó comprando los cafetales ya puestos; y aunque es verdad que esto es meritorio porque ayuda al desarrollo de la industria y al aumento de la riqueza publica, nos abstenemos de poner sus nombres, porque para nosotros el verdadero mérito está en los que expusieron su vida y arriesgaron su fortuna, como primeros plantadores.
Entre ellos está otro de los señores Ortiz, quien se asoció del señor Sayer, para poner un grande es. tablecimiento llamado La Magdalena.”
Recordamos también á un joven, casi un niño, á Antonio C. de Molina á quieu vimos, bajo un techo pajizo, con fiebres palúdicas, adquiridas en el trabajo, y sin desmayar por esto en la empresa de poner un cafetal cerca de Viotá. Lo mismo que á los señores Londofio y Ascuénaga, que rompieron montañas como antioqueños y cultivaron de cafó una gran región.
El Presidente de la República de Costa Rica, á quien debió aquella nación su gran prosperidad y su adelanto intelectual y moral, el General de la Guardia, deslumbrado con los ideales del Partido Radical en Colombia, y siguiendo sus huellas luminosas, se hizo co-
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lombiano de corazón, y quisoque su hijo, ó sobrino, viniese á Bogotá á beber en la fuente sagra la de la Universidad, regida entonces por Ancízar, Vargas Vega, Carlos Martín y Ezequiel Rojas; y esta es la causa porque se encuentra entre nosotros el señor Santiago de la Guardia, quien después de haber seguido su carrera literaria, eligió' ana virtuosa bogotana por compañera; y juntos bajaron á la región caliente á fundan un establecimiento de café, que hoy da cuantiosos rendimientos, y que en recuerdo de su patria se llama Costa Rica.’*
Los señores Iregui Hermanos, hijos del doctor Nepomuceno Iregui, un antiguo y buen amigo nuestro, hombre instruido y que figuró notablemente en los Estados de Santander y Toüma, por sus virtudes como Magistrado y por su energía como liberal, también bajaron á Viotá, y pusieron la hacienda de “ La Argentina.”
Tobar hermanos,” merecen el mayor elogio por haber sido de los primeros que acometieron la empresa desconocida de sembrar café, y por haber fundado la hacienda de “ Java.”
La parte de la montaña quesobreel río Bogotá domina, en lo más alta de la cordillera, no siendo apropiada para cañas, no tenía valor ninguno, y cubierta de bosques impenetrables, hubiera permanecido por muchos años, como lo había estado desde el tiempo déla conquista hasta hace poco, si al señor Arcadlo Céspedes no.se le
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hubiese ocurrido ir á descuajar el monte para sembrar café; y á su audacia, calificada entonces de temeridad, al éxito en su empresa, y á haber fundado la hacienda de “ Misiones,” se debe el gran valor que han adquirido esos terrenos, y á que se hayan fundado las haciendas de Entrerríos,” perteneciente al señor Marcoliano Vargas; “ La Trinidad,” á los señores tfosué Gómez y Compañía; ‘‘Santa Tsabel,” de los herederos del señor José M. Saravia; “ Santíbar,” do los señores Pinto Hermanos, La Merced/^ del doctor Nicolás Gsorio y “ Golconda,” de los señores Samper.
El señor Francisco Putnam, en Nilo, fundó á “ Buenos Aires.”
Los abolengos do la familia Rivas, eran dueños en Bogotá de la hacienda del “ Salitre,” propiedad hoy del señor José Joaquín Vargas, y que vale un millón de pesos; de “ Puente Aranda,” hacienda del señor José María Vargas Heredia, que no daría por doscientos mil pesos, y de la “ Estanzuela,” en las afueras da la ciudad, cuyo valor es incalculable; y tenían por casa solariega la situada en la esquina de Santa Clara, y que hoy es un convento de monjas.
Eran dueños, además, de ricas minas de oro en el Chocó y de varias propiedades en la tierra caliento.
¿ Qué fue de tanta riqueza y de tan alta posición íocial ?
Fusilado por los españoles D. Nicolás de Rivas y muerto D. Rafael, fueron todas las propiedades sa-
Hondo de la familia, y perdiéndose las tradicionaa do su antigua grandeza. Por fortuna encontramos en el campo de la industria, levantando una nueva fortuna y haciéndose rico al señor Ramón Umaña Rivas, quien fundó la hermosa hacienda do Santa Oruz/' en Viotá; y luégo á los señores Darán Umaña, sobrinos de éste, fundando también la hacienda de las “ Granjas.” El señor José Manuel Umaña, es uno de los hombres más ricos que hay en Bogotá, pero también es uno de los hombres más laboriosos, y fue de los pri* meros que emprendieron el cultivo del café, fundando la hacienda de San José.’*
En el mismo Distrito encontramos á D. Timoteo Gutiérrez, fundando la hacienda de “La Paz”; al señor Julio Arango “ El Rabanario,” y al señor Ignacio A. Osuna “ Las Delicias.”
Muy grato nos es traer aquí la memoria del señor José María Sáenz Montoya, tipo del caballero, del p itriotay del hombre industrioso y útil á su país. Asociado desde muy joven al señor Francisco Montoya y al señor Ruperto Restrepo, formaron la Sociedad de Mon* toyaj Sáenz y Compañía^ de la cual hemos hablado ya al ocuparnos del tabaco de Ambalema. Ai señor Sáenz tocóle ir á Londres, y allí estableció una cusa de co-- mercio que tuvo vastas relaciones, fue hospitalaria y benéfica para los colombianos, y tuvo tan alto crédito que arrastró á la casa de Fruhling y Goeschen á colocar sus capitales en las empresas de Colombia.
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Cansado de la vida de Europa, pero trayendo la cultura del más cumplido inglés, volvió á los trabajos de Colombia, y con la misma facilidad con que conducía un coche en Hyde-Park, manejaba su muía por <ín medio de los desiertos del Magdalena; y trabajaba comtí el último de los calentanos y como el primero de los cosecheros.
En la guerra de 1851 se hizo cargo de la Gobernación de Antioquía, proveyó de recursos al ejército del General Tomás Herrera; y juntos derrotaron al General Ensebio Borrero, en ía batalla de Rionegro»
Casóse en Bogotá, con la hermosa señorita María de Jesús Pinzón, hermana del eminente escritor doc-- tor Cerbeleón Pinzón; y sus hijos Nicolás, Francisco y José María, fieles á su tradición política é industrial, han fundado en Viotá la hacienda de la Siberia,” varios cafetales en otros distritos, y han levantado una gran fortuna.
Como hemos dicho muchas otras veces, el gran mérito de los colombianos está en la facilidad con que se amoldan á todas las situaciones y saben desempeñar los papeles que les toca representar en la vida. Un ejemplo de esto es el señor doctor Manuel H. Peña, ingeniero civil del más alto rango, cuyo nombre se ha asociado á los principales caminos del país; y que, sin embargo, ha sabido poner un magnífico establecimiento de café en el Distrito de San Antonio.
El General Luis Ponce, y los señoreí Patiñc y
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Bueno, han fundado también cafetales 7 bellísimas haciendas en la tierra caliente.
Los señores Andrés Marroquí n y Eduardo Gómez 8., pertenecientes á familias distiuguidas de la capital, y poseyendo una fortuna suficiente para poder pasar en ella una vida cómoda y sabrosa, so fueron también á la tierra caliente y fundaron una famosa hacienda.
El doctor Alejandro Herrera y el señor Nepomu* ceno Santamaría H., asociaron sus capitales, y en la parte más alta de la cordillera, tumbando los formidables robles de la montaña primitiva, en medio de la niebla y bajo una lluvia constante, pusieron un cafetal, en la región más fría, donde se da el mejor café; y han inspirado así á muchos otros, el deseo, de aprovechar los vastos terrenos que de esta condición hay en Colombia.
El médico eminente y muy distinguido hombre público, doctor Manuel Plata Azuero, dejó la capital, en donde tenía una numerosa clientela y era muy estimado por sus cualidades personales, y se fue al campo á sembrar café.^ Creemos que su hacienda no ha correspondido á sus esfuerzos y al deseo de sus amigos.
Cerca de esta hacienda, en el camino que va de Viñeta á Guaduas, está también la que ha fundado el señor Zenón Sánchez, hijo del gran libaral y enérgico magistrado doctor Jacobo Sánchez ; y este joven, que se batió muy bien bajo las órdenes del General Dsl-
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gado en 187Gj y obtuvo el merecido grado de Coronel; y que después fue Cónsul en Europa, este joven valiente é instruido, en vez do seguir una carrera pública, en la cual hubiera alcanzado altos puestos, también se fue é sembrar café*.
Muy temprano, y apenas so iniciaban las empresas, puso el señor Rafael Alvarez, en Guaduas, un precioso establecimiento, en la llanura misma y cerca de la población. Este establecimiento lo compró después el doctor Manuel Murillo, le puso el nombre de “ Tusculu,” y allí residía cuando fue sacado por segunda vez á ejercer la presidencia de la República, El joven que lo. fundó fue abanderado del batallón Facatativá,’’ que estaba á mis órdenes en la batalla del 18 de Julio de 1861; y recuerdo perfectamente, que en el momento en que,, en lo más serio del combate, los enemigos habían barrido las tropas que dorainabau el alto de San Diego, cerca de la ciudad, y cuando la artillería había sido abandonada, por haber muerto la mayor parte de los artilleros, y no quedaba más que el Comandante Fraser, quien se montó en un cañón para aguardar la muerte, el joven Alvarez, que llevaba desplegada la bandera del batallón que había, recibido la orden de avanzar, gritó: Yo
me adelanto para guiar á los que han de vencer: ” y en efecto, se adelantó, y colocando la bandera sobre la
cima del cerríto, en, medio de los cañones abandonados^ cayó muerto.
A propósito de esta muerte queremos recordar el papel que nos ha tocado representar, en las guerras del país.
Pelearen Colombia, desde 1850 para acá, en favor del Partido Liberal, fue ganar ia batalla de los infelices negros contra la esclavitud ;
Fue igualar la justicia para los ricos y para los pobres, haciéndola gratuita;
Fue enriquecer el país, aboliendo los monopolios del tabaco y aguardiente y permitiendo su comercio ;
Fue levantar el poder civil sobre el militar, y matar la hidra de las dictaduras americanas ;
Fue imponer la majestad de la soberanía del pueblo, y dejar á la religión su imperio místico y sagrado;
Fue aliviar al pueblo de la obligación de pagar el diezmo de su trabajo, y dejar á la Iglesia las obligaciones voluntarias;
Fue emancipar el pensamiento y hacer líbrela conciencia;
Fue abolir la contribución de sangre;
Fue regularizar la guerra, sujetándola á las pres« cripciones civilizadoras del Derecho de Gentes, y contener así sus horrores, las represalias, las venganzas y las carnicerías;
Fue fundar las enseñanzas de la ciencia á la altura de la civilización moderna, y mecer la cuna los grandes ciudadanos ;
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Fae emancipar al ptieblo de la esclavitud, de la ignorancia y del vicio, estableciendo la educación gratuita y eficaz ; y
Fue abatir el cadalso político, al cual hubieran subido, sin duda, lo^ más distinguidos miembros del partido conservador en 1851; los más bravos de nuestros militares en 1854; todos los prisioneros de uno y otro bando en 1861, y á los conservadores, á quienes la suerte fue adversa en !a guerra de 1876.
El 17 de Abril de 1854 el cañón de la madrugada anunciaba á la capital que acababa de consumarse una revolución hecha por el elemento conservador más vigoroso que conocieron las sociedades antiguas, y que hoy ha venido á ser el único elemento que sostiene al Gobierno, por el ejército. El 17 de Abril era para Colombia como el 18 Brunaario para Francia, acabando con la República para establecer el Consulado y después el imperio de Napoleón ; era el 2 de Diciembre asesinando al pueblo para proclamar el imperio de Napoleón iir; era Pavía disolviendo el Congreso de la República Española para dar el Reino de Esptíña á Don Alfonso xii; era lo desconocido y bár, baro de la América estableciendo á Rosas ó á Melgarejo; era una revolución hecha por el ejército y encabezada fK)r el General José María Meló, Comandante general.
La sociedad quedó por unos momento3 aterrada, por lo imprevisto de tal acontecimiento; pero en Colom-
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Dia, entoTíces había en todos los partidos un sentimiento de dignidad que hacía imposibles las dictaduras ; en todos los ciudadanos un orgullo que les impedía humillarse; y de tal manera se jugaba con la muerte, que á nadie se atemorizaba con las bayonetas, ni se aterraba coa los males de la guerra ; al contrario, á la guerra se le duba entre nosotros el carácter de una fiesta, en la cual tenían su puesto de honor los más distinguidos ciudadanos de uno y otro bando.
Al mes cabal de proclamada la dictadura en Bogotá, venían yá á combatirla dos lucidos ejércitos; uno levantado en el Sor por los Generales París y López (del primero de estos ciudadanos nos tocó el honor de ser su Ayudante general), y otro en el Norte, por los Generales Herrera y Franco.
Los ejércitos que en un mes se habían levantado contra la dictadura, si bien eran numerosos para justificar la honra y la dignidad del país, eran sólo la obra del entusiasmo, del patriotismo y del amor á la libertad: se componían en su mayor parto de esos jóvenes filósofos que desde 1850 venían encabezando una propaganda contra el ejército y contra las viejas instituciones del país; que estaban inspirados por las ideas de los Girondinos franceses, y que, como ellos, estaban prontos á salir á la defensa de su causa y á morir por ella; pero que no habían oído silbar una bala, ni comprendían ni aceptaban la disciplina militar, y que todo !o confiaban al valor personal y á la justicia de su causa.
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Estos ejércitos colecticios no tenían armas, les faltaban municiones, y al primer revés que experimentaron, comprendiendo su impotencia, el del Norte se disolvió en Tíquisa, á pesar de los esfuerzos de sus dignos Jefes; y el del Sur se devolvió de la Sabana,, y reducido á un grupo de valientes que rodeaban al General París, llegó á Honda, en donde se hizo fuerte,, y fue el núcleo que sirvió para allegar á todos los que andaban dispersos, para que se constituyese el Gobierno legítimo, ejercido por el General Herrera, y para que en toda la Nación se supiese qne aun flameaba la bandera de la legitimidad.
Entonces fue cuando principió la dura campaña de los constitucionales, en la cual, con igual valor, se vio trabajar á los liberales y á los conservadores, luchando en todo el vasto territorio de la Nación, ahogando los gérmenes dictatoriales que por dendequiora aparecieron, peleando en todas las poblaciones,, recorriendo las ardientes costas y los páramos helados ea busca de armas, y levantando batallones para volver sobre Bogotá á combatir al Dictador. Entonces el General José H. López realizó prodigios en el Sur, y trajo, á su despecho, á las legiones que habían proclamado la dictadura, á combatirla y á vencerla. Entonces el doctor Oipina y Pabón levantaron en Antioquia batallones que, á las órdenes de Enao, Gira'do y Manuel Suárez Fortul, vinieron á dar el triunfo en Bosa; entonces los Generales Herráoy Mosquera se embarcar
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ron en Nueva York y trajeron armas para defender la Constitución; entonces salieron á reírescar sus laureles los egregios Vólez y Ortega, y Patria volvió á empuñar su poderosa lanza; entonces nació Santos Gutiérrez para la gloria, y Cándido Rincón se hizo inmortal en la memoria de los pueblos del Norte; entonces Julio Arboleda se hacía el héroe de un romance; entonces los Reyes, los Niños, los de la Torre, ofrendaron su fortuna para percatar la libertad; y todos los jóvenes del Norte, peleando en el Cornal, en Pamplona, en Petaquero y en mil combates de todos los días,, parecían multiplicarse y disputarse en las batallas los honores del triunfo. Tocones entonces pelear en Honda, bajar á la Costa á buscar armas, pelear en Ocaña contra los coloradoSf atravesar la desierta montaña con dos mil fusiles para proveer á los ejércitos del Norte,, estar en Pamplona, y levantar en García Revira el batallón Libhes, que fue diezmado en Petaquero, y venir á Bogotá á la batalla del 4 de Diciembre..
Hé aquí Jo que en el parte de ella dijo el General en Jefe, T*>más C. Mosquera, con relación á los batallones Libres y Tundama que formaban la Brigada del Coronel Gabriel Reyes:
Subimos, dice, con el General Herrén, para examinar si el enemigo se movía, y conocimos que era indispensable no perder momentos. Puse á órdenes del General Herrera los batallones 1.® y 6.° de línea, Libres y Tondama, para que emprendiese el ataque en.
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las manzanas que están entre Carrera de Margarita (al pie déla quinta de Espinosa), Barinas y Bárbula, y el camellón de las Nieves, y al Coronel Díaz le ordené que con el batallón Vélez avanzase por las carreras de Yarumal, Majagual y Chire, para tomar una trinchera que estaba en la esquina de la carrera de Chire y Pamplona (en dirección de la plaza de San Francisco). CoN mucho denuedo condujo la primera COLUMNA EL General Herrera, y al llegar á la esquina de la carrera de Pamplona y Bárbula, fue mortalmente herido, y lo reemplacé con el Coronel Weir, con orden de ocupar la carrera del Norte y apoderarse do las manzanas que hay entre la carrera de Tarquí, San Félix y Bocachica (en dirección á San Diego). En seguida DISPUSE que el Coronel Weir fuese relevado por EL General Camilo Mendoza y que el batallón 6.'’ se DIRIGIESE POR LA CARRERA DE BARINAS PARA PROTEGER A « TÜNDAMA ;) QUE, A ORDENES DEL TENIENTE CORONEL OLARTE Y EL MAYOR VIECO, BAJO LA DIRECCION DEL CORONEL GABRIEL REYES, HABIA AVANZADO HASTA LA CARRERA DE c( MATALAMIEL.» MI AYUDANTE DE CAMPO, TENIENTE CORONEL RICARDO VANEGAS, CONDUJO UNA COLUMNA Y LLEVÓ ÓRDENES AL GENERAL MENDOZA SOBRE EL MODO COMO DEBIA OBRAR PARA TOMAR LAS CASAS QUE ESTÁN SOBRE LA PLAZA DE SAN DIEGO; Y RECIBI A POCO AVISO DE QUE EL TENIENTE CORONEL OLARTE (COMANDANTE DEL « TUNDAMA »), ES-
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TABAMORT^LMENTE HERIDO, E IGUALMENTE MI AYUDANTE DE CAMPO, VANEGAS.
Entre tanto las guerrillas de Guasca, á órdenes del Teniente Coronel Ramón A maya, apoyaban por el Este el ataque que hacía por el Sur la 4.* Compañía del batallón 6.® El FUEGO ERA BIEN SOSTENIDO Y AL PRESENTARSE UNA BANDERA BLANCA EN SAN DIEGO, ORDENÉ QUE EL BATALLÓN cc LIBRES,» CON LOS JEFES JOSÉ DE D. UÜRÓS Y MEDARDO RIVAS, SE DIRIGIESE POR LA CARRERA DE MARIQUITA A LA DEL NORTE, Y QUE EL GENERAL CAMILO MENDOZA, POR DENTRO DE LAS CASAS ATACASE LAS FUERZAS QUE ESTABAN EN EL HOSPICIO Y LA TERCERA
EL GENERAL MENDOZA QUEDÓ HERIDO DE MUERTE AL EJECUTAR LAS ORDENES QUE LE DI DE TOMAR LAS CASAS DEL HOSPICIO Y LA TERCERA, J desde entonces fui personalmente á dirigir el asalto sobre San Francisco, y ordenar las operaciones del Centro. MANDANDO A LA QUINTA DE BOLIVAR COMO 400 HOMBRES, QUE FUERON APREHENDIDOS EN SAN DIEGO CON SU JEFE EL EX-CORONEL RAMON ACEVEDO. HICE MAR. CHAR EL BATALLON LIBRES POR LA ALAMEDA DE SAN DIEGO A SAN VICTORINO Y REFORCELO CON TUNDAMA, PARA QUE ATACASE EL COLEGIO DE SAN BUENAVENTURA (la parte occidental del Convento de San Francisco), POR LA ESPALDA, Y ENTRASEN POR ALLI AL CONVENTO DH SAN FRANCISCO. Cuando dictaba estas órdenes, llegó
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el General Herrán á la plaza de San Diego, y le informé que había perdido los dos Comandantes en Jefe, y que yo personalmente dirigía el asalto y recorrería toda la línea, y que tomando aquel punto ¡ba á hacer venir un cuerpo de caballería que apoyase la retaguardia.
Revisé toda la línea hasta encontrarme con las tropas del Sur en San Victorino: mandaba allí la infantería el Coronel Viana y la caballería el General Espina.
MIS ORDENES FUERON CUMPLIDAS EN EL EJÉRCITO DEL NORTE CON TODA EXACTITUD, Y EL ATAQUE ERA TAN VIGOROSO, QUE EL ENEMIGO, VIÉNDOSE CIRCUNSCRITO A UN ESTRECHO CÍRCULO (en el cuartel de húsares), echó bandera blanca y me mandó á Ramón Beriñas con un corneta á pedirme garantías para rendirse. El Teniente Coronel González se avanzó á recibirlo y lo condujo á mi cuartel general. Sin ESPERAR RESPUESTA SE AVANZARON SOBRE LA PLAZA DE SAN FRANCISCO ALGUNAS PARTIDAS.
Ordené, por medio de mi corneta, que cesase el fuego, ofreciendo á los rebeldes que serían tratados con decoro y humanidad, y les garantizaría la vida por el delito de rebelión si se rendían al momento á discreción. Aceptaron mi ofrecimiento y se rindieron á los Tenientes Coroneles González y Beltrán, que entraron al cuartel con su parlamentario á hacerles la intimación, y se entregó el Dictador.”
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En lo que corresponde á la guerra de 1861, nos tocó batirnos en el asalto que á La Mesa hizo el batallón 8.° de línea, que fue derrotado dejando infinidad de muertos y heridos; dirigió la defensa el doctor José María Plata y pelearon con sin igual valor los jóvenes Ibáñez, Federico Rivas y Juan José Obeso. Estuvimos en la acción de Piedras, sangrienta, y donde murió el Jefe conservador doctor Calixto Leiva, á quien dispuse se le hicieran funerales dignos de su valor y su posición social. Nos tocó hacer la más ruda campaña en el Quindío; y en la gran batalla del 18 de Julio, hé aquí la parte que en ella tomamos:
PARTE DETALLADO DE LA TOMA DE BOGOTA
Estados Unidos de Nueva Granada. — El Inspector y Mayor General del Ejército Unido. — Circular.
“El Ejército Unido ha alcanzado el 18 de Julio el más completo y espléndido triunfo sobre las tropas que acaudillaba el Procurador General, Bartolomé Calvo, que, como usted sabe, había usurpado el Gobierno Nacional de la Confederación Granadina, apoyándose en las actas que celebró el Ejército de Ospina y algunos Senadores y Representantes elegidos según las disposiciones de las leyes inconstitucionales.
* Ha dejado de existir el Gobierno de hecho, y tengo orden del Presidente de los Estados Unidos de
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felicitar á usted y de instruirle de las operaciones militares que se han ejecutado después del triunfo obtenido el 13 de Junio ultimo, de que di cuenta á usted»
No creyó conveniente el Supremo Director de la guerra continuar los movimientos sobre el campamento enemigo del Chicó, porque tenía que atender á la organización de los cuerpos que se formaban en el Estado de Oundinamarca, y proteger con e.los la llegada de los elementos de guerra que venían al cuar* tel general de la plaza de Honda, que eran indispensables para un ataque serio sobre las fortificaciones do campaña que había construido el enemigo, ó para el que debía darse en esta ciudad, cuya defensa es muy ventajosa dirigida por un hábil General; y debía de todos modos asegurarse un combate que iba á decidir de la pronta pacificación de la República, y en caso adverso prolongar indefinidamente la guerra.
Supo el Supremo Director que el enemigo fincaba sus esperanzas en las sublevaciones que promovió en el Estado del Tolima, y en la guerra del Estado do Antioquia contra el del Cauca, á cuyo efecto se iba á. enviar á Mariano Ospina hacia el Magdalena para que siguiese hasta Antioquia y se apoderase de la ciudad de Honda, por donde venían los elementos de guerra de que he hecho mención. Al mismo tiempo fundaba sus esperanzas en el auxilio que podía recibir del Estado de Santander, a donde se habían introducido los Coroneles Ucrós y Monsalve, prisioneros de guerra en
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Ocana y puestos en libertad para venir al Cuartel general á presentarse al Supremo Director que los había recomendado, especialmente al Presidente de Santander. Había al mismo tiempo que atender á la conservación de la Salina de Zipaquirá, fuente de recursos pecuniarios para el Ejército.
El triunfo que obtuvo el Coronel Joaquín Reyes sobre ücrós, en el Estado de Boyacá, la prisión de Mariano Ospina y sus compañeros de expedición en La Mesa, y pequeñas ventajas obtenidas en diversos puntos sobre el enemigo, decidieron al Supremo Director á hacer un nuevo esfuerzo para obtener un triunfo pacífico. Obligar al enemigo á dejar sus posiciones y presentarle la fuerza del Ejército Unido en una llanura, sin la menor obra de defensa, era el paso que debía dar el Supremo Director para hacerle conocer la inferioridad de su fuerza, y que un nuevo combate no tendría otro resultado que el inútil derramamiento de sangre granadina.
El 5 de Julio emprendió el Ejército su movimiento al frente del enemigo, para colocarse al Occidente de las posiciones de Chicó, presentándole ocasión para librar una batalla. Este movimiento, que le dejaba libre la vía de Zipaquirá para ir á buscar el cuerpo de tropas que anunciaba constantemente venir desde el Norte, y la facilidad de salir á campo raso, debían producir el efecto moral de la desconfianza en sus soldados si no emprendía operaciones ofensivas Durante
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todo el moviraieoto permaneció el enemigo en expectativa, y luego que tomó nuestro Ejército posesión de la Punta de Suba, desde donde podía dirigirse á la capital por tres diferentes vías, no obstante la dificultad que presentaban los pantanos y ciénagas que rodean aquella posiciónj á las cuatro de la tardo emprendió su retirada hacia esta ciudad, quemó sus barracas, y levantó el campamento, no en el mejor orden, y se situó en las colinas de San Diego, apoyándose en los edificios contiguos á dichas colinas.
El 6 marchó el Ejército Unido sobre Chapinero, con ánimo de dar la batalla, si el enemigo salía á librarla al aproximarnos á él; pero reconoció el Supremo Director que se ocupaba en construir una línea de contravalaciÓD más extensa de la que alcanzaba á defender con sus tropas, y resolvió acamparse en Chapinero sobre el río del Arzobispo, concluír la organización de la COLUMNA DECüNDiNAMARCAyhacer llegar al Cuartel general el parque de reserva que venía de Honda, cuyo movimiento se había cubierto con el batallón Hormezaque, que fue hacia la Mesa á proteger igualmente la conducción de los prisioneros que se habían tomado en aquella ciudad, entre los cuales estaba Mariano Ospina. El pequeño triunfo de que hago mención, el cual dio por resultado la prisión de Ospina, si no tenía una grande importancia c(ímo hecho de armas, sí lo produjo moralraente, pues usted conoce que él, como Presidente de la Confederación, era el que
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había dirigido toda esta revolución para destruir el sistema federal.
El Gobernador de Cundinamarca, señor Uídarico Leiva, S0 había dirigido de un modo confidencial al Supremo Director, con una minuta de proposiciones de paz inadmisibles, no obstante el deseo que manifestaba de restablecer la armonía entre los beligerantes; pero al mismo tiempo que daba este paso había dispuesto que Ospina fuese al Magdalena á alentar las partidas que se levantaron en el Guamo, á órdenes de algunos amigos sujos, entre quienes se contaba el doctor Calixto Leiva, que había muerto en el combate de Piedras, y él creía solamente herido y prisionero. Foresta razón interpuso sus relaciones personales con el Supremo Director para que le diese pasaporte á otro hermano suyo que fuera á asistirlo en su enfermedad. El señor Leiva ignoraba, cuando daba este paso, la prisión de Ospina, y que habían caído en nuestro poder las instrucciones que le había dado. El Supremo Director accedió á su petición, mandándole el salvo-conducto que pedía para su hermano, pues la noticia de su muerte era aún dudosa.
Concluidos los arreglos del Ejército, resolvió el Supremo Director hacer una intimación al General en Jefe de las fuerzas centralistas, creyendo que en vista de las circunstancias se persuadirían, tanto él como el señor Calvo, de que no tenían la fuerza suficiente para combatir con el Ejército Unido. Después
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de una demora de cuatro días contestó el General en Jefe la carta oficial del Supremo Director; pero negándose á reconocerlo como beligerante, no le daba el tratamiento, y no admitió su respuesta, pues bien se conocía que era negativa por el modo como se dirigía el pliego, haciendo devolver al heraldo que lo condujo.
Agotados, pues, todos los medios de conciliación, dispuso el Supremo Director atacar decididamente al enemigo, y mandó organizar tres cuerpos de ataque y uno de reserva para tomar la capital, batiendo al Ejército enemigo. Este, como he dicho, había establecido su línea de contravalación al rededor de la ciudad, atrincherándose desde las faldas de la cordi» llera hasta la llanura, y situando en diferentes puntos su artillería, que constaba de quince piezas de batalla. El primer cuerpo se formó de las Divisiones 1.^ del primer Ejército y 2.” del tercero, fuerte de 1,500 hombres, á órdenes del General López. El segundo compuesto de la 1.a División del tercer Ejército y 2.*^ del primero, fuerte de 1,300 hombres, á órdenes del General Gutiérrez; y el tercer cuerpo se compuso déla 3.a División del primer Ejército y 400 jinetes de la División de caballería, á órdenes del General Mendoza.
El Cuerpo de artillería con una batería de seis piezas, el batallón Hormezaque y el resto de la caballería formaban una reserva á órdenes del General Joaquín Reyes. Arreglado de este modo el Ejército,
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el 16 de Julio se movió el primer cuerpo, á órdenes del General López, por las faldas de la cordillera, situándose á tiro do cañón de las posiciones enemigas que las cubrían hasta las colinas inmediatas al convento de San Diego. El cuerpo del General Mendoza se movió hacia el Occidente y se acampó en los llanos del Salitre, desde donde podía marchar al cementerio de la ciudad, á San Victorino ó á Tres-esquinas, para obligar al enemigo á dividir su fuerza y debilitarle en sus posiciones más importantes. Este Cuerqo tenía de fuerza 1,200 hombres, y, por la calidad de su tropa, era capaz de resistir toda la fuerza enemiga que pudiera atacarlo. El enemigo había dejado descubierta toda la parte oriental de la ciudad, no obstante que teníamos una vía franca para mover un cuerpo de tropas por aquella parte. El segundo Cuerpo, que mandaba el General Gutiérrez, y la reserva, se situaron por escalones, el mismo 16, desde el río del Arzobispo hasta Chapinero, conservando la distancia de operaciones, y el 17 se estrecharon las distancias formando todo el Ejército Unido una sola línea que podía considerarse de circunvalación, aunque no quiso el Supremo Director establecerla con obras de arte, limitándose únicamente á mandar construir salchichones que pudiera llevar la infantería para oponer trincheras de asalto á las del enemigo. La noche del mismo día se hizo marchar una columna de 15C hombres escogidos en los batallones del primer Cuerpo, á órde-
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I59S (leí Teniente Coronel Faustino Ibáfíez, por el cerro de la Cruz al de Monserrate para que, al amanecer, desplegasen en tiradores á retaguardia de la fuerza enemiga que defendía las trincheras de su derecha, á cuya hora debía atacar.* Todo el primer Cuerpo de Fjército que estaba á órdenes del General López, tenía que pasar por un desfiladero que aventuraba la operación ejecutándola á vista del enemigo, y, para cubrirla, se llamó la atención por el centro avazando la vanguardia del segundo Cuerpo á poco más de cien metros de la primera trinchera que tenía el enemigo por aquella parte, y cubriéndose los soldados en las cercas y fosos contiguos que el enemigo había abandonado á nuestros aproches. Como á la una de la mañana dieron parte los Generales en Jefe de naber ocupa, do los puntos convenidos para que emprendiese el General Mendoza su movimiento de flanco, debiendo salir al camino carretero de Occidente entre los Egidos y el puente de Aranda; y dada la señal de un tiro de cañón desde el Cuartel General del Supremo Director, se emprendió el movimiento indicado. AI amanecer 39 descubrió sobre Monserrate nuestra Columna de tiradores y el Cuerpo del General Mendoza en movimiento por el camellón hacia Tres-esquinas. El Comandante Ibáñez cumplió con desplegar su Columna según se le había ordenado, rompiendo el fuego por retaguardia del enemigo, y el General López ordenó inmediatamente el ataque por el frente de las trincheras,
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poniéndose él mismo á su frente. Antes de diez minutos fue despojado el enemigo de su primera trinchera, y, flanqueado por su derecha, tuvo que abandonar toda la altura do su posición y refugiarse á los fosos y atrincheramientos que había construido á doscientos metros, formando un ángulo saliente á vanguardia, en que creyó sin duda poderse sostener. Entonces ordenó el Supremo Director que el infrascrito condujese LOS BATALLONES l.° Y 2.° DE FaCATATIVA PARA REFORZAR EL ATAQUE POR AQUELLA PARTE, Y QUE EL KeIVA QUE HABÍA DEJADO EL GeNEAL EN JeFE EN RESERVA, SE APROXIMARA PARA REFORZAR EL COMBATE DONDE FUERA NECESARIO. EsTE SE TRABÓ DE UN MODO GENERAL, AVANZANDO POR EL CENTRO EL GeNERAL
Gutiérrez con el cuerppo de su mando. El enemigo RESISTÍA en la PARTE INFERIOR DE LAS COLINAS
DE San Diego, y dirigió un cuerpo hacíala quinta DE Bolívar, que había sido occpado por tropa DE LA segunda DIVISION.
Dispuso el Supremo Director que viniesen dos piezas de batalla á la colina que domina la plaza de San Diego, y 40 jinetes de la caballería de reserva, para oponerse á la fuerza de esta arma que flanqueaba las guerrillas avanzadas de la 2.* División. El enemigo hizo marchar como 400 hombres á oponerse al General Mendoza quellegaba á Tres-esquinas, al Sur de la ciudad, y otra columna de infantería y caballería ocupaba á San
Mandados por el Coronel Rivas.
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Victorino. Generalizado el conabate en San Diego, fue necesario introducir la reserva para decidir la batalla por el punto más fuerte, y que no pudiese ser reforzado el convento de San Diego, cuyas paredes servían de un ventajoso parapeto al enemigo. Un cambio de dirección ordenado al batallón Neiva para irá proteger nuestra izquierda, que era vivamente atacada, produjo un momento de conflicto, porque el enemigo creyó que había podido rechazar esa fuerza; pero en ese momento llegó el Supremo Director con su grande Estado Mayor y ordenó que volviese el batallón Neiva sobre el enemigo, y que la artillería abriese sus fuegos de bomba y metralla para contenerlo, dando al mismo TIEMPO ORDEN PARA QUE EL 2.° CUERPO DE EJERCITO FUESE AUXILIADO POR LA ARTILLERIA Y CABALLERÍA DE RESERVA, y para que el batallón Hormezaque subiese á reeplazar en la reserva al batallón Neiva. Mientras esto sucedía, el General Mendoza había entrado á la ciudad por las Cruces y mandado una columna de infantería á ocupar la parte alta de la ciudad y ponerse en contacto con la fuerza que obraba poraquel'a parte, á las órdenes inmediatas del General en Jefe del primer Ejército y de su Estado Mayor. Bien ejecutados los movimientos que dejo indicados, de cargar al enemigo, este fue derrotado do una manera espléndida y ocupada la plaza de Bí)livar sucesivamente por todo el Ejército. Obtenido un completo triunfo sobre las fuerzas que estaban en San Diego y las Cruces,
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se rindió á discreción la que mandaba en San Victorino el General Posada. El Procurador General Calvo, el General en Jefe y su Estado Mayor se asilaron en la Legación inglesa, y se tomaron 600 prisioneros y muchos Generales, Jefes y Oficiales, quedando muertos en el campo de batalla el General Manuel Arjona, el Teniente Coronel José M. Osorio, el Comandante Pedro José Carrillo, el Sargento Mayor N. Ortiz, el señor Simón J. Cárdenas, algunos otros Oficiales y 104 individuos de tropa del enemigo. Tuvo este, además, heridos al Secretario de Gobierno, Juan C. Cribe, á los Tenientes Coroneles Lázaro María Pérez y Cristóbal Caicedo, al Auditor Tomás Pizarro, al Capellán Francisco Jiménez y alguno otros. De nuestra parte tenemos que lamentar la irreparable pérdida del Gobernador do Cundinamarca, señor José María Plata, que con un valor denodado animaba el combate por el centro; del Coionel Joaquín Suárez, primer ayudante de campo del Supremo Director, y del Coronel Samuel Guerrero. Murieron, además, 14 oficiales y 73 individuos de tropa; y fueron heridos el General Acosta, el Auditor general, señor Sergio Ca. margo, 5 Jefes, 43 Oficiales y 166 individuos de tropa. Todo el armamento enemigo ha quedado en nuestro poder, y su parque de artillería con muy poco del de infantería, que se había agotado en los combates anteriores, de modo que si hubiera podido resistir una hora más de fuego, la victoria se habría obtenido por faltar.
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le muoicioDes, cuyo consumo se esquivaba constantemente por orden del Supremo Director en toda la campaña.
Si el valor y bizarría han lucido en el Ejército á la vis^a de todos los habitantes de la capital, no ha sido menos laudable la disciplina y moderación con que el Ejército tomó la ciudad, dirigiéndose los Jefes principales á la cárcel, á poner en libertad á los Magistrados, Jefes, Oficiales, Soldados y simples ciudadanos que, en número de más de 500, estaban hacinados en una inmunda prisión. La población en masa saludaba á sus libertadores, y el partido conservador, vencido, no oyó ni un solo muera ni una palabra ofensiva de 4,500 vencedores, y de una población embriagada con el placer que produce el triunfo de la libertad. El Supremo Director ha sufrido una contusión de bala de cañón, de ninguna gravedad, y el General en Jefe del primer Ejército una levísima herida de bala de fusil.
Tengo el honor de incluirá usted el cuadro de muertos y heridos de que he hecho mención, para que se publique por la prensa.
Ocupada la capital de los Estados Unidos, está organizado el Gobierno’ general en ella, y mañana se posesionarán los Ministros de la Corte Suprema. Muy pronto continuarán las operaciones sobre el usurpador del Gobierno de Santander, y para debelar las facciones que existen aún en el Sur. En seguida sobre Antioquia y el Istmo, si no se someten al Pacto de
Unión, después de haber quedado completamente destruido el llamado Gobierno general de la Confederación.
Cuartel general en Bogotá, á 20 de Julio do 1861
Julián Trujillo.
HOMENAJE
de gratitud á la DivÍBÍón Cundinamarca.
Estados Unidos de Nueva Granada. — Estado Mayor de la División Cundinamarca. — Número 25,
Señor Justo Bricefío, Gobernador del Estado Soberano de Cundina*^ marca:
Recordad, señor, que cuando el ilustre ciudadano José María Plata arrojó en la balanza revolucionaria el peso de su nombre, para que triunfase la causa de los Estados Unidos, y consagró su poderosa inteligencia al servicio del pueblo y del ejercito, aceptando la Gobernación del Estado de Cundinamarca, vos, su amigo y compañero, en su nombre y como Secretario, nos encargásteis al Coronel Evaristo de la Torre y á mi, la organización de una División, de la cual hicieron parte los batallones 1.® y 2.® de Facatativá.
Estos cuerpos pasaron por orden del Supremo Director de la guerra á formar la 3.* Brigada de la
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División González, con cuyo mando me honró ; y en la gloriosa batalla del 18 de Julio, después de haber combatido desde las seis de la mañana, en un momento supremo en que el General Mosquera á su cabeza, como el genio de la guerra, los conducía á la muerte y á la gloria ; en que Suárez los animaba con el prestigio de su voz, sus dos abanderados cayeron al colocar la enseña sobre las trincheras de los enemigos, sus filas fueron diezmadas, pero la victoria coronó sus esfuerzos.
Os hago estos recuerdos para pediros que los nombres de los valientes, que á mi lado cayeron dejando bien puesto el honor de Cundinamarca, sean publicados en el periódico oficial como un tributo que el Estado consagra á su memoria.
Bogotá, 12 de Agosto de 1861.
Medardo Rivas.
Estados Unidos de Nueva Granada. — Gobernación del Estado de Cundinamarca. — Bogotá, 12 de Agosto de 1861.
Jomo un tributo de honor rendido á loa que gloriosamente combatieron por la libertad en la batalla del 18 de Julio, y que formaron los Batallones l.®y -2.® de Cundinamarca. Publíquese en el periódico oficial la anterior nota y la lista de los muertos y heridos.
BbicbíTo.
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Estados Unidos de Nueva Granada, — División González. — 3.^ Brigada,
Relación de los Oficiales é individuos de iropa que fueron muertos y quedarou heridos en el combate que tuvo lugar el 18 de Julio último á inmediaciones de esta capital, pertenecientes á loe Batallones l.° y 2.® de Facatativá.
BATALLÓN FACATATIVÁ NÚMERO 1.®
Muertos: Oapifcán Valerio Morales, Alférez 1.® Atanasio Vivas, Abanderado Rafael Alvarez, Cabo 1.* Santiago Sánchez, Cabo 2.° Manuel Peñuela, Soldados: Manuel Mena, Pantaleón Cárdenas, Clemente Ramiriquí, Pedro Rodríguez, Secundino Santibáñez, Rafael Rodríguez, Gregorio Rojas, Florentino Sánchez, Pedro Vargas.
Heridos: Teniente 1.® José María Gutiérrez, Teniente 2.® Rafael López, Teniente 2.® Federico Triana, Alférez 1.® Esteban Roncancio, Cabo 1.® Ramón Céspedes, Soldados: Antonio Gutiérrez, Tomás Rodríguez, Miguel Rodríguez.
El Comandante, A. de Mosquera.
El Mayor, Antonio MüÍJoz.
uatallón facatativá número 2.®
Muertos: Capitán Bernardo Pardo, Cabo 1.®, Raimundo Díaz ; Cabo 2.°, Pedro Rubiano. Soldado :
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Berno Forero, Pastor Castro, Elíseo Melgarejo, Pablo Silva, Celestino Barrero, Francisco Casasbuenas,
Heridos: Teniente 2.° Antonio Sandoval, Alférez Antonio Acero, Alféreces 2.os Sergio Obregón, Benito Vásquez, Eufrásio Calderón, Luis Aguillón, Teodoro Aguillón, Sargentos 2.os: Nicolás Eomero, Indalecio Eodríguez, Gregorio Castañeda. Cabos l.os Pablo Turma, Benedicto Martínez, Cabos 2.®s: José María Paz, Eafael Eubiano. Soldados: Juan de D. González, Higinio Eodríguez, Nepomuceno Moreno, Santiago Sarmiento, Ignacio García, Domingo Soto, Concepción Pedraza.
El Comandante,
Jüs£ María Vargas Vila.
Bogotá, 23 de Julio de 1861,
El Jefe, Medardo Hivas.
Estos documentos se han copiado fielmente del numero 2.° de El OundinamarqvAs^ correspondiente al 13 de Agosto de 1861.
El Director de la Biblioteca,
Enrique Alvarez B.
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Ed la guerra de 1876 nos tocó defender la plaza de Zipaquirá (ayudados por sus valerosos habitantes, que sostuvieron un sitio de más de tres meses), en tres asaltos, contra todo el Ejército conservador sitúa, do en Sopó y Guasca, y que no pudiendo tomarla ni apoderarse de los caudales que allí estaban depositados como producto de las Salinas del Gobierno, resolvió irse para el Norte á pelear en Mutizcua y perecer en la Don Juana.
En la acción del Puente del Común, con los Generales Morales y Aldana, obtuvimos un glorioso triunfo sobre la guerrilla de Guasca, que había sorprendido al primero y llevádose la brigada : la bala que mató al Coronel Silva primero atravesó nuestro vestido. Y nos tocó también la suerte de proveer de recursos oportunos á la capital y mantener libre de enemigos la comunicación con los Gobernadores del Norte.
Estos recuerdos no son satisfacción de la vanidad, sino una muestra de la labor que tocó á la generación á que pertenecí.
Mis amigos y mis compañeros hicieron mucho más.
Volvamos al café.
Desviándose del camino público, que de la capital conduce á Honda, y tomando un sendero á la derecha, en el punto llamado Agualarga, y descendiendo un poco, se encuentra el viajero en un suntuoso valle
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cultivado con esmero, y en donde están la mayor parte de los establecimientos de café que los ricos de Bogotá mantienen con esmero, siendo tan buena la calidad del grano, que puede soportar la competencia con el café que se produce en los lugares más cercanos al Magdalena y cuya exportación es más barata.
La situación de este valle es admirable. La inmensa masa de la cordillera lo domina al oriente, levantándose casi perpendicular, cubierta de bosque hasta perderse entre las nubes, donde el huracán se oye rugir eternamente y se desatan furiosas tempestades.
Abajo, al contrario, un sol brillante ilumina las collados y hace resaltar los diversos verdes de una naturaleza exuberante y magnifica, en contraste con los puntos cultivados yá, y sometidos al dominio del hombre: una brisa suave y perfumada, que apenas se siente, hace mover ligeramente las hojas de los árboles, como acariciándolos al pasar, y un calor dulce y exquisito envuelve al hombre en un baño atmosférico de suprema delicia. Los cámbulos alegres, los guamos de flor blanca, las mil plantas y bejucos de flores exóticas, y las parásitas que majestuosamente se abren sobre el tronco de los árboles, esmaltan el campo y animan la naturaleza.
El hombre se siente allí feliz, y no comprende cómo la raza humana haya podido vivir en las ’egiones árticas, bajo un sol pálido y triste, con un cielo
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de plomo, melancólico: viendo siempre hielo, y eternamente tiritando de frío; ó en el centro del Africa, bajo un sol quemante y abrasador, teniendo al rededor el árido desierto, desolador e inmenso, con sus torbeliinos de arena quemante y el asolador simoun : enervado el cuerpo por el calor, y agobiado el espíritu por la contemplación de un universo desolado, sin plantas, sin flores, sin verdura y sin poesía.
Dicen que las mariposas llevan impresas en sus alas el reflejo de la tierra donde se forma y desarrolla la crisálida. Negras, pálidas y sombrías son las mariposas del agreste páramo: azules, nacaradas como la concha y de vivísimos colores, las de la tierra caliente; y las que nacen en Muso llevan en sus alas el color y el brillo de sus ricas esmeraldas. Así es el genio, sombrío, severo y melancólico en las regiones frías, donde la naturaleza parece muerta ó apenas viviente bajo un cielo triste; pero se despierta al primer rayo de sol, se entusiasma en presencia de la naturaleza vigorosa y pujante, é invadido por un supremo amor, y cien encantos sublimes, eleva un himno inmortal á la belleza de la creación.
Venus, seductora y hermosa, sale de las ondas del mar en Grecia; y allí nace también esa religión de cantos, de poesía y de flores, que con Homero ha llegado hasta nosotros. En Italia todo convida al placer, al amor y á la voluptuosidad; y sobre las orillas del Arno, en el golfo de Ñápeles ó en los canales de Venecia, el pueblo ríe y canta feliz.
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El clima forma las razas y éstas dan á la civilización caracteres tan diferentes que los acontecimientos se cumplen, los siglos pasan, las revoluciones históricas se suceden, y al fin de los tiempos se encuentran los hombres con instintos, opiniones, creencias y religiones tan distintas como los hombres primitivos, nacidos en apartadas y opuestas regiones.
En este valle delicioso, situado entre Sasaima y Agualarga, tiene el cafetal de « Santa Bárbara x> el señor Roberto Herrera; yen su hacienda, llenos de atenciones y cuidados, hemos pasado nuchos días de luz, de placer y felicidad, disfrutando de este clima delicioso, y dando al espíritu esos encantos tan efímeros ay !, pero que dejan siempre un recuerdo luminoso, como el sol que aclara esas regiones.
En el valle de Chimbe ó Sasaima tiene también extensos cafetales el señor Ricardo Herrera, su hermano, dueño de <r La Merced,» hombro modesto y laborioso, pero sumamente inteligente en la aplicación de útiles mejoras para el desarrollo de la industria. Allí está “ Guano,” la muy valiosa hacienda de la señora María Teresa Sáenz de Restrepo; la preciosa del General Pineros; “El Descanso,” fundado por el señor Moor y mejorada por el señor Gaviria; y basta extender la mirada á lo lejos, para descubrir otros muchos cafetales, las casas de las haciendas ó las elevadas chimeneas de los ingenios, y convencerse de que es el terreno más bien dividido y mejor cultivado de Co' lombia.
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El señor Roberto Herrera es hombre de muchas virtudes, caballeroso cual ningún otro, de una vasta capacidad para los negocios; pues no sólo atiende su bien cultivado cafetal y exporta sus productos, sino que es dueño de la hacienda del « Peñón,» en el distrito de Tocaima, que está perfectamente bien arreglada; tieue cebas de ganado en Jerusalén, y crías y sementeras en la Sabana de Bogotá, y es también el Director y jefe de la gran d Compañía de Colombia,» la más grande empresa que se conoce en el país.
En este valle, donde parece que todo debía ser alegría y contento, pasó un drama sangriento, que á pesar de que su relato pueda conmover el corazón de nuestro amigo y pariente el señor Roberto Herrera, vamos á referir.
El doctor Bernardo Herrera Buendía, padre de las señores Herreras, distinguido hombre de Estado, Magistrado íntegro, muy estimado en la sociedad, y de una figura arrogante, había venido á Chimbe á pasar unos días en medio de su familia, y para conocer una mágnifica máquina de aserrar que había pedido á Europa su hijo Ricardo y que acababa de montar en la montaña. En la hacienda Santa Bárbara, estaban la señora María déla Torre, esposa de D. Roberto y nuestra sobrina; nuestra muy amada hermana Mercedes Rivas M. y muchos niños ; y todos se prepararon en un hermoso día de Diciembre, como para una alegre fiesta, á ir á conocer la máquina, de cuya fiesta era anfitrión su propietario.
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La alegre comitiva atravesó los floridos cafetales priaiero, después cruzando por en medio de los senderos de la montaña, teniendo á uno y otro lado árboles gigantescos, en cuyas ramas cantaban festivas, multitud de aves, saludando el sol de una mañana fresca y sabrosa, llegó á la enramada en donde estaba la máquina, que rápida se movía con una coleridad vertiginosa, haciendo crujir las maderas que aserraba, y produciendo un rumor sordo y melancólico.
La multitud se dispersó por la enramada contemplándolo y admirándolo todo; y el doctor Herrera entusiasmado, se acercó imprudentemente...... Sólo un
grito se oyó, el de nuestra hermana Mercedes, que lo había visto despedazar. , . . .
EL RIONEGRO
La región más importante, más valiosa y de más porvenir en Cundinamarca es la que se extiende desdo el pie de la cordillera do Occidente, y sigue por las vegas del Rionegro, teniendo á uno y otro lado cordilleras que en anfiteatro se levantan, y en las cuales se encuentran todos los climas, desde los calurosos que, pasando de 30° del centígrado, alimentan los enormes guayacanes, los cuinulaes y las coposas cei» bas, hasta los más fríos, en donde sólo crecen el helécho y las graminias, propios para prados; región en donde, en virtud do su variada naturaleza, pueden
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ciarse todos los frutos, como caña, cacao y sarapia en las hoyas ; el café en las faldas, y el trigo en la cima de Jas cordilleras; y región qno abriéndose ampliamente va á terminar en el caudaloso Magdalena.
Por esta región trazó el sabio Poncet el camino que de la altiplanicie debía bajar á dicho río, y que es sin duda la vía que más tarde ó más temprano habrá de adaptarse, porque es la más plana, la más recta y la que lleva al río á un punto en eí cual es perfectamente navegable para toda clase de embarcaciones.
Lo despoblado de esta región, las inexploradas selvas de que estaba cubierta, en la época en que el General Mosquera acometió la empresa de abrir este camino, la hacían mortífera : los trabajadores no querían bajar á ella, y los miembros del ejército que, como zapadores fueron allí á trab&jar, se enfermaron da fiebres perniciosas. Esta fue la causa por que se abandonó la empresa del camino, quedando esta región desdo entonces completamente olvidada.
En esa región compró el señor Francisco ÍSÍimez, en el año de 1889, al señor General Antonio JB. Cuervo, los terrenos denominados « Chorrillos,» (í Ceiba,» « Guásima» y a Rionegro,» situados eu vecindario de <iC La Paz,» Provincia de Guaduas. Esos terrenos tienen una extensión de unas 42,000 fanegadas, y están formados por los coatrafuertos de la Cordillera del Sargento, que van á morir en el Rioseco por un lado» en el Rionegro por otro y en el boquerón de Colora*
dos, abajo clel alto de Conejo, sobre el ÍRio ílagdalena-, por otro. Ej Ilíonegro baña esos terrenos en una extensión de unas siete leguas, y su clima en las vegas de los ríos es do 28® del centígrado, al paso que en las cumbres no pasa de 22^ En la extensión de esos terrenos había diseminada una porción considerable de arrendatarios que no reconocían otro deber que el de pagar anualmente al propietario una suma, nunca mayor de ^ 1 por el terreno que ocupaban.
En el mismo año, y tomando como base los terrenos adquiridos por oi señor Niiñez, se organizó en Bogotá una compañía denominada c< Compañía Agrícola é Industrial de Rionegro,^ con el propósito de desarrollar en esos terrenos varias industrias; y como principales la pecuaria, con la fundación de grandes dehesas para crias y cebas; la cafetera con la creación de pluntíos considerables; el montaje de trapiches y el cultivo de la caña de azúcar; el cultivo del cacao en las feraces vegas del Rionegro y del río Oambrás; la siembra de la sarrapia y de los productos alimenticios como arroz, maíz, etc. etc.
Esa compañía se organizó con un capital de $ 240,000, que suscribieron los socios Luis Darán, Manuel Vicente Umaña, José María Lombana Barraneche, Garlos Michelsen U., Angel María Piedrahíta, J. Camacho Roldán & C.% Eduardo Sayer, Francisco, José María y Manuel Núñez, Rafael Tamayo, Dositeo Vargas y Guillermo Duranaj siendo de diez
años el término de su duración. Fueron encargados de la administración de los trabajos y organización de la empresa los señores Francisco y Manuel Náñez. Esta Sociedad, dados los antecedentes y propósitos que entraron en su formación, debía dar los más brillantes resultados no tan sólo en bien do los socios, sino en bien y aumento de la riqueza pública.
La Compañía introdujo para el servicio de la empresa varias máquinas de agricultura, que subieron por la trocha de Poncet. Se pagaban por jornales de 600 á 800 pesos por semana; se puso almacén; so fundó mercado, al cual concurrían vivanderos y mercachifles desdo Facatativá; se degollaban dos reses semanales para mejorar la condición alimenticia de los peones que estaban habituados á no comer carne, sino pescado una que otra vez; y las quimbas, los calzoncillos de lienzo y la espalda desnuda, fueron reemplazados por el alpargate, el calzón do manta, la camisa de algodón ó tartán y la vistosa ruana blanca.
Por desgracia tantas esperanzas, basadas en la más ruda y noble labor, fueron frustradas, no siendo ajena á ésto la influencia de un mal gobierno; y un esfuerzo tan digno de simpatía y apoyo, se vio fracasar en sus principios no más.
La compañía tuvo que disolverse á los dos años escasos de haber comenzado su labor, pues la persecución oficial se desató contra ella, ayudada por los arrendatarios, á quienes se hizo creer que se pretendía
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arrebatarles el terreno que ocupaban, siendo do su propiedad como colonos de tierras baldías. Llegadas las cosas á tal estado, no se contó con un peón; los arrendatarios, las autoridades locales de La Paz y otros interesados, se declararon dueños y señores do todo, disponiendo de los potreros fundados, arrasando plantaciones enteras de café, cañas y cacao, por el solo placer de la destrucción. Disuelta la compañía, cada grupo de socios separadamente fue víctima de la persecución, y casi todos resolvieron abandonar las mejoras que les fueron adjudicadas, viendo lo estéril de sus esfuerzos para luchar contra fuerzas superiores á las que ellos podían oponer.
Cuando vino por tales causas la disolución de la compañía, ésta había fundado ya pastales para ceba: había sembrado más de 200,000 árboles de café, tenía una plantación de 15,000 árboles de cacao coa su respectivo sombrío de plátano; y plantado cosa da 80 fanegadas de caña de azúcar. Se habían levantado grandes y valiosos edificios para las necesidades do las diversas empresas.
En lotes vendidos en esos mismos terrenos se han fundado y se están fundando fincas valiosas do cañas y ganado por el señor Jesús S. Gómez de Facatativá, y por otros empresarios. En pocos años más, esa región, por sus tierras e^xcelontes, sus aguas abundantes, su clima ardiente pero sano, su posición topográfica, sus salitreras para ganado, y muchas otras con-
dicionee, llamará vivamente la atención de todos aquellos que se dedican á la cría y ceba de ganado vacuno, no menos que de los que quieran fundar en Cundinamarca empresas propias de los climas templados y cálidos.
A pesar de circunstancias muy adversas, y además peligrosas, el señor Francisco Niiñez estuvo por cerca de cuatro años, sosteniendo la lucha personalmente, hasta que ya le fue imposible de todo punto continuar en esos terrenos. Con todo, obtenida la revocatoria de la monstruosa resolución del Gobierno que declaró baldíos esos terrenos, Núñez y algunos otros socios, volvieron á la brecha, con el fin de reparar en algo la ruina y el desastre sufridos, y hoy. tienen los señores jS’iífíez una propiedad valiosa, llamada c(Cacbipay,)> con más de mil fanegadas de cebaderos y criaderos, vestida de ganados y con casa de habitación cómoda y decente.
Los socios, doctor Lombana, Umaña, Piedrahíta, Darán y Micheísen, tienen una extensa propiedad llamada “La Guásima,” con grandes potreros de ceba. El señor José Camacho Roldan tiene un importante es, tablecimiento de café, denominado « Montaña Negra ó « La India,» con buenos edificios, trapiche, pastales, etc. etc. La familia del señor Carlos Merizalde conserva la finca de café y pastos llamada «Vega Grande » y « San Gil,» y el señor Dositeo Vargas tiene en el punto de « Siete Vueltas » una buena finca de pastos artificiales,
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füsagasugI
En la primera página de nuestro libro dijimos que una de las gargantas abiertas en la inmensa cordillera para bajar á las tierras calientes era la del Sur, que conduce á Fusagasugá; y como esta región es tan hermosa y ha sido vivificada tainbión por la industria, allí fuimos á averiguar cuáles habían sido los primeros trabajadores, y los hombres que hoy mantienen viva la industria y próspero el comercio.
Las emociones del viajero que desciende en medio del bosque primitivo, podiendo contemplar todavía in. mensos robles, nogales elegantes y cedros corpulentos, donde se enredan plantas trepadoras cuyas hojas forman una cortina espesa y verde que se extiende á lo largo del camino, formando las flores en la parte alta una cornisa de variados y vivos colores; siguiendo un camino por la orilla de un río agitado y cristalino, que á veces forma inmensos pozos como lagos de plata, á veces cascadas espumosas: que ya se pierde entre la esquía selva ó ya aparece juguetón y ruidoso; río que hay que atravesar muchas veces, sobre puentes de madera, que dejan ver debajo las grandes piedras sobro las cuales se “desliza impaciente, inspirando terror; y constantemente oyendo un ruido confuso del agua que so estrella, del viento que silba, de los pájaros que cantan, de las cigarras que chillan y de los insecto? quo por todas partes vuelan; estas emociones
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decimos, son tan variadas como gratas, y á pesar de lo abrupto del camino, el viajero desciende encantado y le faltan sentidos para admirar y para gozar de tanta belleza.
El camino es engañoso. Del sitio llamado La Aguadita,’’ para adelante, es perfectamente plano, pero se pierde en mil vueltas y revueltas; ya toma á la derecha, dejando casi descubrir la lejana llanura, ya toma á la izquierda y sigue por el pie de la cordillera que como inmensa mole se levanta; y como si una Hada condujera al viajero, entreteniéndolo con la vista de hermosos paisajes, de hoyas cultivadas, de selvas que acaban de abatirse para entregar sus árboles á la industriosa sierra, 6 de verdes colinas en cuya cima se ven casitas de madera alegres y risueñas. El viajero camina y camina, y á la población no llega; pero dichoso con esta dilación que le permite disfrutar de infinitas bellezas.
Al fin, como en un nido do musgo dos palomas levantan sus rosadas cabezas, así en medio de los árbolesj y rodeada de una verdura deslumbrante, se ven dos torres blancas y los tejados de una alegre población. Este es Fusagasugá, el lugar más poético y alegre que puede contemplarse ; y que como* escondido en una arruga de la cordillera, domina la suntuosa llanura que se extiende hasta muy lejos, dejando ver más allá, entre vapores y nieblas azuladas, la región de la ikrra caliente y un hermoso y lejano horizonte.
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La América despierta en la mente de rauclios la idea de una tierra verde, cruzada por arroyos cristalinos, adornada por sinuosas montañas, cubiertas de bosque, y bajo un cielo azul despejado y hermoso; y este sueño que las mujeres de Europa tienen, cuando de nuestro país se ocupan, está verdaderamente realizado en ese edén do clima suave, atmósfera brillante, aire perfumado y cielo puro que Dios colocó al pie de la inmensa cordillera de los Andes.
La ciudad de Fusagasugá es aseada, 3’’ si no ostenta grandes y suntuosos edificios, sí tiene todas las comodidades de una mediana civilización, y su aspecto es simpático y risueño.
Está edificada en anfiteatro, levantándose á su oriente una cordillera levemente sinuosa, que es hoy gran pradera donde pastan rebaños, y en la cima un bosque de robles que la cubre co.mo con un inmenso pabellón. Los alrededores están cultivados de café, y forman vastos jardines. Cristalinas fuentes que de la cordillera se desprenden, atraviesan la población con su ruido alegre y cadencioso; y como inmensa alfombra que á sus pies se extiende; está la fértil y suntuosa llanura.
Por todas partes, y como florónos que esmaltan el paisaje, hay lindas quintas, cJiatelets, casitas suizas y residencias de recreo, rodeadas de sauces, cubiertas por árboles de mangos frondosos, ó en medio de jardines esmeradamente cultivados.
PeJcí% domina una magnífica perspectiva y tiene
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un baño delicioso. La Palma, entre alhamedasdo frondosos sauces, de rosas y héHisimas^áe]üYQX su linda ca&ít. Sahaneta, La Merced y otras quintas alegran el paisaje. LaBosita es un poema levantado por los genios del campo. Piedragrande es deliciosa. Bahnoral, propiedad del Sr. Enrique Argáez, es una mansión regia, con toda labeJleza del campo y toda la magnificencia de la civilización; y sobre todo, Coburgo, quinta de la Sra. Antonia de Paredes, es un soberbio palacio iransporíado de Alemania á Colombis, con cármenes arábigos, balcones extensos, grandes salones y espaciosos departamentos. Hay allí un lago como los de Versalles y un baño oriental; y este palacio está colocado en un delicioso jardín, donde hay las flores da todos los países y de todos los temperamentos; flores que alegran la vista y embalsaman el aire. Estar allí es vivir entre deleites, gozar do la existencia, y soñar con el amor y la poesía.
La llanura la cruzan dos inmensos ríos cuyas márgenes están cubiertas de árboles gigantescos. LJl Cujdj frío y transparente, forma pozos extensos, donde se nada con suprema alegría; y el espumoso Chocho, que impetuoso se lanza sobre enormes piedras y produce un rumor melancólico lo lleva al que contempla, á las regiones tropicales. Toda esta llanura está cultivada y sembrada de casas donde viven gentes de aire sano, de constitución robusta y de facciones delicadas.
Los primeros que en Fusagasugá trabajaron, sembrando de pastos las orillas de los ríos y extendiendo
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la cultura hasta el Boquerón de Sumapaz, fueron los señores Juan Pabón, Antonio María Santamaría, José María Cuéllar, Ramón González y Sabas Urieoechea^ Todos ellos han dejado huellas gloriosas de su trabajo y de su inteligencia.
Conveniente sería qne las poblaciones, á medida que van adelantando en civilización, cambien sus nombres indígenas, difíciles de pronunciar, ó los que les pusieron los españoles á la conquista, y tomaran el de sus benefactores, para inmortalizar así la memoria do los hombres útiles y patriotas, que se consagraron al servicio del público desinteresadamente.
Así, nosotros quisiéramos que Mompós llevara el nombre de Pinillos, en memoria del benefactor de esa población, quien fundó allí un Colegio en el cual se han educado muchos hombros ilustres y que presta aún servicios importantes: Guaduas, debería llamarse Acosta, en memoria del hombro filántropo, á quien debió sus primeros adelantos en la civilización, y del General Acosta, hijo de esa ciudad y que tan glorioso nombre conquistó para la historia. Ambalema debería llamarse Montoya, porque al soñor Francisco Monto- 3^a debió su prosperidad y su riqueza; y Fusagasugá debiera llamarse el Aya, en memoria del señor Manuel Aya, n:icido allí, y que habiéndolo dado grande impulso al cultivo de la caña, y del café, y estableciendo grandes praderas de pasto do guinea, lo dio vida é importancia á esa región. Nosotros somos sinceramente
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d^emócratas y detestamos las tradiciones aristocráticas* y coloniales que se intentan perpetuar en el país. Sabemos que de las antiguas familias, imbuidas en el tonto orgullo de un nombre, y queriendo conservar una posición que ya no les corresponde, sólo vástagos débiles y dañados se levantan en la sociedad; mientras que por el contrario del pueblo, de la masa común, es de donde se levantan esos hombres llenos de vigor y de energía, que no solamente forman una fortuna para sí, sino que ayudan eficazmente al engrandecimiento de la fortuna pública y al crecimiento moral y material del país en que nacen y de la sociedad á que pertenecen.
El señor Manuel Aya, fue uno de estos hombres; y según lo que él mismo contaba y las tradiciones que se conservan en Fusagasugá, nacido de honrada y virtuosa familia, pero pobre, mi-y pobr<-, como todas las que residían en aquella región, donde la vida se pasaba sedentaria, un día dando con qué vivir para el día siguiente, pero sin que la energía humana ni el esfuerzo individual pudiesen romper el círculo de fierro de la miseria que a todos envolvía, como ese círculo misterioso de la serpiente que, mordiéndose la cola, gira y gira eternamente durante los siglos, sin que pase el tiempo ni tenga fin la eternidad.
Ei señor Aya á fuerza de trabajo y de economía, conquistó una pequeña fortuna, !a dedicó al cultivo de la tierra, sembró pastos y convirtió en praderas lo
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que antes eran montañas agrestes y nada producían. Llevó allí ganados para cebar, y le dio carne al pueblo, que antes no comía; y como por encanto, su fortuna fue creciendo, sus propiedades extendídose, sus negDcios aumentándose, y con sorpresa de él mismo y de todos los que lo conocían, llegó á ser un capitalista y un negociante de primer orden.
Pero él no hizo lo que hacen la mayor parte de los que fuera de Bogotá levantan una fortuna, irá la capital á consumirla estérilmente, aumentando las dificultades de la ciudad y exponiendo la virtud y el porvenir do su familia. Nó, él no dejó el lugar donde había nacido y en el cual había hecho su fortuna, y allí continuó residiendo con su familia; y haciendo de Fusagasugá el centro de sus negocios, y ayudando á su desarrollo y á su prosperidad.
Liberal entusiasta y de firmes convicciones, educó á su familia en esta escuela; y todos sus hijos, venerando la memoria de su padre, siguen su tradición y son miembros útiles de la sociedad.
Cuando fuimos á Fusagasugá á pasar unos días de bienestar y de recreo, nos sorprendió encontrar allí una imprenta; y como los amantes del arte se enamoran de las hermosas creaciones y de toda obra de ingenio, nosotros, que hemos pasado la vida en medio de los tipos, y que á la imprenta debemos la fortuna que hoy tenemos, y que á ella confiamos el porvenir de nuestra familia, vivimos de la imprenta enamorados,
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y al mismo tiempo que tenemos la conciencia de que toda imprenta es un foco de luz para la patria, al visitar la naciente y simpática imprenta del señor Gamboa en Fusagasugá, le dirigimos esta carta de felicitación.
Al señor Eoberto Gamboa, fundador de la imprenta de ElSu~ majpaz.
El edén, que rodeado de verdes y fértiles colinas^ sobre una arruga de la cordillera de los Andes, lleno de encantos y de poesía, y teniendo un horizonte suntuoso, iluminado en Occidente por el esplendoroso sol de la tierra caliente ; este edén, embalsamado por los azahares y patria déla bellishna) donde el aire suave y oloroso acaricia como la mano de una mujer hermosa; este precioso Fusagasugá, que es como un sitio de amor y de sueños, ha sido dotado por usted como un espléndido regalo, con una imprenta; y por esto felicito al Municipio y me congratulo con usted.
No bastaba el rumor del suave viento, que por entre los árboles se desliza, pero que se va á lejanos y desconocidos lugares; no bastaba el ruido de las cascadas al caer, con fragoso estruendo* y que se perdía en la inmensidad, era necesario detener ese rumor, coger ese ruido, aprisionar esa poesía y levantar un himno supremo á la naturaleza, himno que todos pudieran escuchar, hasta en lejanas comarcas; y la imprenta es la que ha tenido ese poder, y la que alcanza á realizar ese prodigio.
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La imprenta es el gran símbolo de la civilización, de una región ; es el iniciador del progreso moral ó intelectual de un país; es la luz que ilumina á las naciones en su larga peregrinación al través de las tinieblas que por tantos siglos entenebrecieron el camino de la humanidad; es la chispa del fuego sagrado, que los Dioses guardaban y que se robó Prometeo; y dondequiera que haya una imprenta se puede estar seguro de que allí vivirá palpitante la civilización.
La imprenta es para mí el recuerdo hermoso de mi primera juventud cuando lidiaba por la libertad y defendía la democracia; es el emblema de la familia y del amor, porque á ella le debo el pan que por largos años ella consumió; á la imprenta debo el haber sostenido el nido hermoso en donde nació, creció y ha vivido entre el amor y la felicidad, mi hija primera y es la historia entera de mi vida consagrada á los trabajos tipográficos.
Al presentar á usted mis parabienes, saludo también á los Redactores de El Sumapaz, quienes mantienen el fuego sagrado de la civilización en estas regiones, y defienden con brío é inteligencia la causa de la Libertad.
Es preciso que los laboriosos y honrados habitantes de Fusagasugá; los que han levantado en alto la bandera del trabajo; los que han tumbado los bosques y cultivado estas regiones, es preciso que sepan que trabajo, cultivo, progreso, bienestar y riquezas nada
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valen si no están asegurados por firmes y liberales instituciones: que El Sumapaz debe ser sostenido y apoyado por ellos, como cuidan sus propiedades ó embellecen sus quintas, porque este periódico ayuda hoy, y ayudará más tarde, á fundar el orden con instituciones liberales.
De los campos cultivados de la Grecia; de sus viñas, que daban el rico vino de Corinto y do Chipre; de los jardines donde los sabios se reunían á discutir sobre los grandes misterios de la humanidad ; de los hermosos plátanos de la Academia, ¿ qué queda hoy ? Nada. El despotismo turco colocó sobre el Partenón su estandarte de la cola do un caballo, arrasó los campos, y hoy sólo se ven de la gloriosa Grecia las ruinas, mustios collados y campiñas desiertas.
Donde hay una imprenta hay para mí una ilusión, una esperanza, algo que me pertenece : chica ó grande, en una ciudad ó en una aldea, siempre es un foco de luz; y al visitar hoy la de usted, quiero dejarle este recuerdo.
Medardo Rivas.”
Fusagasugá, Abril 5 de 1898.
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SUGAMUXI
Nuestro cariño á la imprenta es no sólo á la idea moral que ella representa como símbolo de civilización, de progreso y de adelanto: es cariño á los tipos y á las prensas; y podemos asegurar que el olor de la tinta y el del papel húmedo, es para nosotros tan grato, como para un enamorado los perfumes que gasta en la mujer i. quien adora; y este cariño nos inspiró también en apartadas regiones, la siguiente pieza literaria que aquí colocamos.
Iba yo en busca do los restos del TEMPLO DEL SOL en la llanura de Iraca, en una mañana de Diciembre. El sol radiante y majestuoso coronaba la colina, lanzaba sus rayos al través de una atmósfera transparente sobre el prado de terciopelo verde y alcanzaba á iluminar la cordillera de occidente, de color azulado y manchas rojas, formando todo un conjunto de bellezas olímpicas digna habitación de los dioses.
En medio de una arboleda, formada de cerezos, alisos y salbios que con enredaderas de cumbo formaban una inmensa gruta de verdura, creí ver, no, vi con los ojos del alma, con la percepción íntima de los deseos y los recuerdos, con la doble vista del entusiasmo, vi, á lo lejos, brillar con los rayos del sol que nacía apenas, un inmenso edificio da oro y cubierto de paja: aereo, fantástico, caprichoso, como el sueño
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de una divinidad que vive del deleite. Vi el templa del sol.
Vi que á ese templo se dirigía una multitud de gente que iba bailando, no alegre sino con solemnidad religiosa, danzas sencillas y al compás de capadores formados con cañas huecas ó de chirimías de cortezas de árbol, y oí que iban entonando canciones que parecían una plegaria.
El cercano lago que brillaba azul, y cuyas ondas leves reflejaban el sol de mil maneras, como un espejo encuadrado en un marco de hojas de laurel, aparecía límpido y hermoso, y era cruzado por rápidas canoas, que iban, bogaban, se deslizaban y volvían, dejando una estela blanca sobre la superficie luminosa, canoas que traían á la orilla más gente que también se dirigía al templo para la alegre y festiva peregrinación.
Esta multitud que iba por todos los caminos, se difundía en los valles y cruzaba los senderos, era formada por hombres y mujeres de una raza nueva; del color de la hoja del maíz calcinada al sol, ó del de los venados que andan en los bosques. Era de un color indefinido, pálido, opaco, moreno, terso, suave, que armonizaba con la naturaleza que habitaba, y con la apacibilidad y belleza del clima donde había brotado. Esta raza era hermosa, débil, bien formada, de estatura pequeña, miembros cortos y redondos, cabello lacio, ojos dulces y dormidos ; boca perfecta, nariz delgada, cuello corto, cuerpo ágil y pie pequeño.
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Los hombres, que sólo se distinguían de las mujeres por la virilidad de las formas, iban apenas cubiertos con un guayuco de lienzo ó de plumas sueltas: llevaban al hombro los rústicos instrumentos con que acababan de labrar la tierra, y comían á puñadas granos de maíz tostado al fuego. Algunos llevaban plumajes en la cabeza como señal de distinción, y armas, que consistían en flechas agudas y mazas enormes» hechas de macana, dura como el hierro.
Las mujeres eran más delicadas, iban cubiertas con túnicas blancas de algodón que dejaban descubierto el turgente pecho y las redondas pantorrillas. Una hermosa cabellera suelta les cubría la tersa espalda : se reían con gracia y con dulzura, dejando ver su dentadura de marfil, y bailaban deslizando ágiles su lindo y pequeñito pie sobre la yerba del prado. Los ojos eran chicos y dormidos, pero dulces y serenos, y convidaban á un amor tierno y sabroso.
Algunas de ellas llevaban á la espalda sus niños, atad os con una cinta de algodón, desde la cabeza hasta los pies, y acostados en una manta que meciéndose al caminar, los arrullaba y los dormía, mientras la madre libre en sus movimientos, se unía también á la sagrada danza.
Al llegar la multitud al pórtico del templo, adornado con planchas de oro, que se movían con la brisa y que reflejaban con la luz de la mañana deslumbrando la vista, y en el cual había un gran sol de oro cuyos
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rayos parecía que despedían luz; al llegar al pórtico la multitud se detuvo respetuosa; pero sin doblar la rodilla ni postrarse, y las frentes levantadas como para recibir plenamente la luz que del cielo venía, y en actitudes hermosas, como para absorber los efluvios perfumados de la naturaleza, esperó la augusta ceremonia.
El hermoso Sugamuxi, Sacerdote supremo por su simpar belleza y la elevación de su moral, acababa de hacer las abluciones en la fuente sagrada, que dentro del templo brotaba, y que después derramaba sus aguas por toda la pradera, dándole frescura y verdor á las infinitas sementeras que la esmaltaban. Sugamuxi apa. reció en el altar, donde no había sacrificios ni víctimas. Era un hombre alto, delgado, de facciones finas, sin barba, de frente despejada revelando el pensamiento interior, mirada lánguida y tranquila ; y estaba adornado con collares de ricas esmeraldas de Muzo, y brazaletes de oro primorosamente trabajados en Guatavita, y un plumaje de vivísimos colores que aumentaba su gallardía y su hermosura.
Cuando apareció al frente del altar de oro los fotutos resonaron con estruendo, las chirimías lanzaron sus más alegres sones, los capadores variaron mil acordes, y los indios haciendo resonar con las macanas los adornos de oro del templo, produjeron un ruido estupendo, que tenía solemnidad y grandeza.
Sugamuxi cuando el ruido cesó sonrió á su pueblo, y esta fue la señal para que los amantes sellasen
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con nn ósculo sencillo la unión del porvenir, mientras que los esposos renovaban las caricias de otro tiempo» y los ancianos, parecía que buscaban en los aires á las sombras de sus compañeras también para besarlas.
— Resplandeciente sol, dijo Siigamuxi con una voz dulce y sonora : Zué inmortal cuyo dominio alcanza desde el lugar en donde se mece tu cuna de concha en la mañana hasta el en que después de haber derramado la luz y el calor en la naturaleza, te aguarda por la noche tu lecho de flores de curuba y benjuí. Esposo enamorado de la tierra cuyo seno fecundas para darnos el maíz, las chúguas y las ibias [con pródiga abundancia. Padre de la belleza y del amor que á todos alcanzas, á todos iluminas, á todos calientas y á todos cubres con solícita ternura; á ti dirigimos, no estériles plegarias ni ruegos insensatos para que cambies el curso en tu carrera ni las leyes con que riges tus dominios, sino himnos de amor, de contento y de cariño. Estos tus hijos son, míralos dichosos y complácete, padre nuestro, en su felicidad.”
Llovían flores dentro del recinto del templo, cantaban los hombres los más alegres sones, las mujeres bailaban en las afueras, reían los niños, las vírgenes miraban con rubor á los jóvenes adolescentes y sonreían pudorosas ; los nuevos esposos renovaban los besos, y todo en derredor era dicha, bullicio, alegría y contento.
Llega la noche, adormecidos unos en el deleite.
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los otros con los humos de la chicha, se entregan á un sueño apacible y profundo embellecido por los recuerdos de la fiesta.
De repente un ruido insólito invade la pradera, y á la luz de la luna que riela majestuosa en el cielo, los indios ven atónitos unas fieras, como jamás se habían encontrado en las selvas ni en las llanuras de (Jasa. nare: el rayo acompaña á esas fieras, el trueno resuena por todas partes, y el espanto y la muerte se difunden por entre la multitud. Esas fieras, tienen la cara pálida como la nieve, pero semejante á la del hombre; el cuerpo como la piel de la serpiente; andan en cuatro pies como la danta ó el tigre: como el boa matan á lo lejos con su aliento, y un funesto resplandor sale de ellas á cada momento; resplandor que despedaza y asesina.
Estas fieras, enviadas, sin duda, por la terrible Huythaca, la que inundó antes el valle, la que aconsejaba los sacrificios de sangre y la muerte de os Moxas como agradables á Dios; Huythaca, la madre de la mentira y del error, á quien ellos no amaban pero sí temían; esas fieras irresistibles, como ministros de la terrible divinidad, llegan al sagrado templo del sol, lo invaden, lo profanan y lo incendian.
Un sueño de trescientos años se sucede para la pobre raza, y al despertar se encuentra cambiada: fea, embrutecida, esclava, supersticiosa, ébria, sombría, me-
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lancólica; vestidas las mujeres de negro sayón, y los hombres sin la larga cabellera y encorvados por el infortunio; y todos humildes adorando de rodillas á Huythaca.
Nada ha quedado del suntuoso templo: nada de esa espléndida civilización, la tercera del mundo americano. Los campos no muestran las infinitas y variadas sementeras de antes; el silencio y la soledad reinan por todas partes; y sólo la eterna naturaleza se muestra siempre hermosa, y el padre rey, el sol del Iraca, brilla majestuoso en el cielo y derrama siempre su luz y su calor.
¿La esperanza desplegó sus alas y voló para siempre de la tierra de Iraca, de tal manera que estas hermosas regiones, más bellas que las de Grecia, han de permanecer ignoradas y habitadas sólo por ricos amos é indios miserables que viven en la indolencia, y dominados por el vicio y la superstición ?
Este triste pensamiento dominaba mi espíritu, cuando un ruido amigo que á mis oídos llegó, me hizo levantar la mirada, y vi siete niños, no mayores de quince años, que afanosos trabajaban en una imprenta. Los unos aparejaban los tipos para componer lo que se iba á imprimir, y los otros con dificultad movían una pesada prensa y sacaban el papel, antes blanco, ya con los caracteres impresos.
La tristeza de mi alma se disipó por encanto, y nueva luz y nuevos horizontes aparecieron á lo lejos ;
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y vi á Iraca transfigurada, levantarse en el porvenir con una nueva civilización ^más adelantada, más hermosa que la de los antiguos indios. Vi devuelta á la noble raza su amada libertad; huyendo aterradas la ignorancia y la superstición; cambiado el culto del sol por el culto de la razón, que eclipsa y aniquila á los dioses; y vi que así como el astro ilumina la cima de los cerros y lleva á los valles los tesoros de su fecundidad, así la nueva luz iba iluminando los espíritus elevados, y aclarando después todas las inteligencias y santificando todos los corazones.
La imprenta, dije, es como Hércules que niño pequeñito, ahogaba ya las serpientes en la cuna: que luego acabó con los monstruos do la tierra, sacó las doce tareas que se le impusieron, y haciendo lo que ningún dios ni ningún hombre alcanzó á realizar después, tomó asiento entre los inmortales. Esta imprenta manejada por niños hoy, ahogará también las serpientes que el fanatismo lanzará contra ella: hará después huir aterrados, ó los matará sin piedad y sin misericordia en sus cubiles, á la {>ereza, la barbarie y la holgazanería ; cumplirá las tareas civilizadoras que la Patria le confío, y luégo tomará lugar en el gran banquete de la libertad, á donde llegan sólo los que aspiran á la inmortalidad.
Como en la noche los astros rutilantes escriben sobre la bóveda sombría p?labras misteriosas que los sabios y los sacerdotes descifraban en la antigüedad,
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así, los luminosos caracteres de la imprenta en la noche eterna de los siglos, escriben las sublimes palabras del porvenir y los destinos de la humanidad ; y todos los hombres ya, sin magos caldeos, sin sacerdotes egipcios, sin adivinos ni taumaturgos, descifran estas palabras; y los niños son los que arrebatan estos caracteres de los cielos, y los niños son los ministros de esta nueva religión de Isis y Osiris, espléndida y benéfica.
I Oh Sogamuxi I el más sabio y el más noble de los sacerdotes de la gentilidad: la resurrección de tu moral, dulce y benéfica, ayudada por la imprenta, devolverá á las regiones de Iraca su antiguo esplendor y su grandeza; á tu raza la libertad y la alegría; amanzará las fieras que tu templo quemaron, yá nueva vida y á un porvenir más grande volverá la tierra que tanto amaste cuando fuiste el intérprete de la ley y el sacerdote de tu dios.
Sogamuxi, ministro del altar:
El sol brilla aun en Iraca magnífico, hermoso y radiante, derramando tesoros de luz y de fecundidad sobre la tierra; pero los hombres le han quitado al sol su diadema de dios, porque ya no hay dioses á quienes adorar. Tu templo no se levantará magnífico como antes, porque todos los templos han caído ó se estremecen ya en sus simientos, se derrumban y se hunden. Tu puesto do sacerdote está vacío y nadie lo llenará, porque la razón se ha erigido en sacerdotiza de la humanidad; pero tu nombre es ya inmortal, y en todas las regiones
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qae alambra el sol, gracias á la impronta que vulgariza la Historia, lo conocerán los niños, lo respetarán los sabios, y escrito en caracteres de luz, será más duradero que los monumentos de piedra que los mmscuas levantaron y que hoy están destruidos por la mano del tiempo.
Sugamuxi: la venganza, néctar de los dioses reservada para servirla en sus banquetes olímpicos, no pudo serte grata; el dolor ofrecido á la divinidad, tú no lo mandaste; la penitencia para satisfacer la irritación del cielo no fue enseñada en tu moral; y estas sublimes verdades están hoy reconocidas por la filosofía. La justicia sí, la justicia la practicaste como ejemplo y para escarmiento; y en nombre de la justicia, la Historia flajela hoy, con látigo implacable, á los hombres» porque hombres eran y no fieras, los que asesinaron tu raza, quemaron tu templo y los archivos de la sabiduría; á los que de lejanas tierras, vinieron, y en el nombre de Dios y del Rey, asolaron la América.
Sogamoso, Diciembre 20 de 1889.
JOSÉ MABÍA BIVAS MEJÍA
El más desgraciado do mis hermanos, prestó también su contingente de trabajo en la tierra caliente^ y habiendo conseguido ser dueño de la hacienda de la üehutaj en el Distrito de Anolaima, la mejoró, extendió el cultivo de cañas y puso un buen ingenio. Fas 6
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allí largos año3 luchando contra su adversa suerte, y trabajando con capitales prestados á un fuerte interés, y valiendo entonces muy poco los artículos que producía, tuvo que abandonar su empresa y volver á la ca^- pita!.
Pero si en la industria no dejó trabajo de grande importancia, como jurisconsulto, dejó una huella luminosa, pues él fue el autor del Código Judicial del Estado de Cundinamarca y que hizo parte de los Códigos de este Estado, mandados formar cuando fue establecida la federación.
Para hacer comprender el mérito de esta obra, haremos un resumen del origen, progreso y estado actual de la legislación que nos rige, legislación que ha tenido en su desarrollo la influenciado dos causas totalmente diferentes: una general, común á la legislación de todos los países civilizados y otra exclusiva nacida de nuestro origen y de nuestra organización especial. Como influencia general se pueden señalar el influjo de las ideas cristianas, el respeto á la humanidad, la propagación de las luces, la importancia progresiva de la industria y el avance del sentimiento democrático. Bijo el segundo punto do vista, nuestra legislación ha sido romana, goda, canónica, monárquica y últimamente republicana desde 1821. Para explicar el presente echemos una mirada al pasado.
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DERECHO ROMANO
Esta es la faente de nuestro derecho, así como es de la de todas las legislaciones del mundo cristiano, pues dondequiera qne las águilas romanas llevaron su vuelo, allí estableció el Imperio su legislación; y cuando el gran coloso se desplomó y rompió en mil pedazos, en cada una de estas fracciones quedó como legislación propia la legislación romana.
Este derecho tuvo principio en la Ley de las doce tablas.
Lanzados de Roma los Reyes, sabemos que sus leyes quedaron anticuadas, y comenzó á ser muy incierto el derecho. Después de largos odios y desavenencias entre los patricios y los plebeyos, se enviaron tres legados á la Grecia el año 301, de la fundación de Roma para que copiasen las leyes de varias ciudades. Los decenviros, creados después para promulgar las leyes, compilaron diez tablas primeramente y poco después hasta doce, de las costumbres antiguas, y del derecho extranjero, especialmente del ateniense, las que aprobó después el pueblo en comicios por centurias; y estas son aquellas tablas que Craso era de opinión debían ser antepuestas á todas las bibliotecas de todos los filósofos.
Más aun que los romanos escribieron las leyes de los decenviros en tablas de bronce y las fijaron para eterna memoria en el sitio más célebre de la ciudad,
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esto es, en la plaza pro Rostris, perecieron sin em, bargo, el afío 368 de la fundación de Koma, en el incendio causado por los galos, juntamente con la ciudad. Restauráronse poco á poco, habiendo buscado con diligencia los fragmentos j copias originales. Después, para que no hubiera tanto peligro de perderlas, no solamente se grababan en bronce, como lo estaban públicamente, sino que se les presentaban á los nifíos en la misma infancia para que las aprendieran. Pero ni así pudo resistir á la carcoma de los siglos aquel nobilísimo Cuerpo de las leyes decenvirales, que con fundamento creemos haber perecido ya en el siglo vi.
Creció después la legislación y se desarrolló con otras leyes, plebiscitos, senado-consultos, edictos anuales de ciertos Magistrados, y sobre todo de los pretores; y bajo los Emperadores, un gran número de constituciones y de rescriptos vinieron á aumentar inmensamente las fuentes del derecho.
El año de 426 después de Jesucristo, Valentiniano III por una Constitución dió fuerza de ley á los escritos de Papiniano, de Paulo, de Ulpiano y de Modes* tino, esperando con esto sentar las bases de la jurisprudencia romana y cortar toda confusión en adelante; pero ese remedio no fué suficiente y bien pronto des- [)ués, el año de 438 Teodosio publicó en Constantinopla el Código Teodosiano,
Debióse á Justiniano en el siglo vi la gloriado una colección metódica de todo el cuerpo del derecho romano, quien hizo las siguientes compilaciones:
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Pandecta seudigesta, que fue un vasto repertorio _ de jurisprudencia, compuesto de extractos de todos los jurisconsultos, y mandada poner en ejecución por aquel Emperador en 533.
La Institutaj redactada por Tiboniano, Teófilo y Doravela, sobre [las instituciones de Cayo, y mandada tener por ley el 30 de Diciembre de 553; y
Las Novelas^ que fueron cierto número de constituciones que este Emperador promulgó durante los últimos años de su reinado.
Tal fue en diferentes épocas de Roma y del Imperio de Oriente la marcha progresiva del derecho. Su influencia en el de España luego la encontraremos; baste saber que cuando el mundo se constituyó y empezó á desprenderse de las tinieblas de la Edad Media, el Derecho romano dió aún á la civilización los elementos más poderosos de fuerza y de grandeza.
ÍTos parece todavía escuchar la elocuente voz del doctor José Ignacio de Márquez que, como el sacerdote de la ciencia, en ios vastos salones del Colegio de San Bartolomé, descifraba los misterios del derecho, y nos iniciaba en los arcanos que es preciso conocer para ser, como él, eminentes juristas; nos parece todavía escuchar sus lecciones de Derecho Rornanoy y á él debemos nuestra deferencia por este estudio.
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DERECHO ESPAÑOL
Caído el Imperio Romano los godos venidos á España, distraídos en la guerra no pudieron ocuparse de la legislación y tuvieron que conformarse con la romana establecida en el país, hasta Eurico, quien dió á los godos leyes escritas, pero que no fueron recibidas con gusto por los pueblos acostumbrados á las romanas; y poco después Alarico, de acuerdo con los obispos y magnates, dió una colección que llamó Ley romana^ que sirvió sólo para los súbditos romanos; y después de él sus sucesores, desde Chirdanvinto hasta Wilíza, todos expidieron Códigos con la sanción de los Concilios, con los cuales reformó este el Codexe legum ó Código godo, que después fue traducido y conocido con el nombre de Fuero Juzgo, que contenía 559 leyes, y que rigió en España aun después de las invasiones de los Moros, así entre los españoles que quedaron sujetos al yugo musulmán, como los que se retiraron á las montañas de Asturias, pues todos reconocieron como propias estas leyes, y como fueros particulares de los diversos reinos siguieron rigiendo aun después de la publicación de las leyes de Partidas.
El segundo Código general que hubo en España fue el Código de las fazañas y costumbres antiguas de España, formado por Alfonso vil.
El Lucro Real, mandado formar por D. Alfonso x, era una obra más perfecta, pero él limitaba los juivi'e-
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gios de la nobleza de Castilla, quien se opuso, y logró su derogatoria; y solo quedó como fuero municipal en los pueblos que quisieron adoptarlo.
Las Siete Partidas^ célebre colección de leyes mandada formar en tiempo del Rey Don Alfonso e^ sabio, y en cuya redacción duraron siete años^ desde 1256 á 1263, siete jurisconsultos: monumento de legislación que ha resistido á los embates del tiempo por muchos siglos y á los adelantos de la ciencia hasta nuestros días. Este Código es el de Justiniano puesto en romance, conservando otras leyes canónicas y constitutivas de la monarquía; y se compone de Siete partes ó Partidas; en la Primera Partida están las cosas de la Fe; en la Segunda lo relativo á la Monarquía; la Tercera pertenece á la Justicia; en la Cuarta se trata de los Matrimonios; la Quinta de los Contratos; la Sexta, de las Herencias, y la séptima, de los Delitos.
Vino después la Recopilación castellana ó colección de las leyes que los príncipes dieron después, y mandada formar por Felipe ii en 1537.
La Novísima Recopilación que no tuvo fuerza de ley entre nosotros.
Las Leyes de Indias ó colección do las disposiciones que los Reyes do España dictaron para el Gobierno español de la América, sin relación alguna con el resto de la monarquía.
Ultimamente, completan la legislación española todas las Leyes Pracmáticas ó Reales Cédulas expedidas por el Gobierno español basta 1808.
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DERECHO REPUBLICANO
En 1821 la República de Colombia, por medio de sus representantes, sancionó en Cúcuta la Constitución por la cual se concedió al Congreso la facultad de dar leyes ; y desde aquella época, año por año, y sin interrupción, el Congreso de aquella República, el de la Nueva Granada, y últimiiuente el de Colombia, han expedido leyes civiles, políticas, criminales, municipales, militares y de carácter eclesiástico, las que constituyen el Derecho Republicano, De estas leyes nos limitaremos á señalar lasque han tenido mayor influencia en la organización de la sociedad, ó que han modificado de una manera permanente la antigua organización.
El Código de Leyes de 1821 nos parece ana página arrancada de la Historia de Grecia; y hay tánta majestad en las leyes y tal perfume de antigüedad republicana, que lo abrimos siempre con veneración, y no podemos dejar de tributar un homenaje do admiración á aquella época tan grande y dirigida por varones tan ilustres.
Hé aquí algunas muestras:
“ DECRETO
sobre pacías y honores á los vencedores en la batalla de Carabobo • El Congreso general de la República de Colombia.
Instruido por el Libertador Presidente de la inmortal victoria que en el día 24 de Junio próximo pa-
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gado obtuvo el ejército bajo su mando sobre las fuerzas reunidas del enemigo en los campos de Oarabobo, y teniendo en consideración:
1. ® Que por esta batalla ha dejado do existir ól único ejército en que el enemigo tenía fincadas todas sus esperanzas en Venezuela;
2. ° Que la por siempre memorable jornada de Carabobo, restituyendo al seno de la patria una de sus más preciosas porciones, ha consolidado igualmente la existencia de esta nueva República;
3. ® Que tan glorioso combate es merecedor de agradecido recuerdo y eterna alabanza, tanto por U pericia y acierto del General en Jefe que lo dirigió, como por las heroicas proezas y rasgos do valor personal con que en él se distinguieron los bravos de Colombia;
4. ” En fin, que es un deber de justicia presentar á sus ilustres defensores los sentimientos do gratitud nacional, así como también pagar el tributo de dolor á los que con su muerte dieron honor y vida á la patria ;
Ha venido en decretar y decreta:
1. *’ Los honores del triunfo al General SiMÓN Bolívar, y al ejército vencedor bajo sus órdenes.
2. ® No pudiendo verificarse en la capital de la República, tendrán lugar en la ciudad de Caracas, quedando á cargo de sus autoridades, y particularmente de su ilustre ayuntamiento, acordar las disposiciones necesarias á fin de que haga esta manifestación nacional, con la pompa y dignidad posibles.
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3. ° En todos los pueblos de Colombia y divisiones de los ejércitos, se consagrará un día á regocijos públicos, en honor de la victoria de Carabobo.
4. ° El día siguiente á esta solemnidad se celebraráñ funerales en les mismos pueblos y divisiones, en memoria de los valientes que fenecieron combatiendo.
5. ® Para recordar á la posteridad la gloria de este día se levantará una columna ática en el campo de Ca” rabobo. El primer frente llevará esta inscripción:
Día 24 de Junio del año 11. Simón Bolívab vencedor. Aseguró la existencia de la República de Colombia.
Se hará después mención del Estado Mayor general. En los otros tres frentes se inscribirán por su orden los nombres de los Generales de las tres divisiones de que se componía el ejército, y los nombres de los regimientos y batallones de cada una, con los de sus respectivos Comandantes.
6. ® En el lado de la base que corresponde al frente de la segunda división, se verá grabado:
El General Manuel Cedeño, honor de los bravos en Colombia,
Murió venciendo en Carabobo. Ninguno más valiente que él. Ninguno más obediente al Gobierno.
En el lado de la base, que corresponde al frente de la tercera división, se leerá:
El intrépido ¡oven General Ambrosio Plaza, animado de un heroismo eminente, se precipitó sobre un batullón enemigo. Colombia llora su muerte.
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7. ® Se colocará en un lugar distinguido de los salones del Senado y Cámara de Representantes el retrato del General Simón Bolívar con la siguiente inscripción :
Simón Bolívar, Libertador de Colombia.
8. ° Se concede al bizarro General José Antonio Páez, el empleo de General en Jefe, que por su extraordinario valor y virtudes militares, le ofreció el Libertador, á nombre del Congreso, en el mismo campo de batalla.
9. ® Todos los individuos del ejército vencedor en aquella jornada, llevarán en el brazo izquierdo un escudo amarillo, orlado con una corona de laurel, con este mote:
Vencedor en Carabobo año 11.®
10. El Libertador, además, presentará muy especialmente á nombre del Congreso el testimonio de agradecimiento nacional, al esforzado batallón británico que pudo aún distinguirse entre tantos valientes, y sufrió la pérdida lamentable de muchos de sus dignos oficiales, contribuyendo de esta suerte á la gloria y existencia de su patria adoptiva.”
LEY sobre la libertad de los partos, maimmisión y abolición del tráfíce de esclavos.
Considerando; 1.®
2.® Que siguiendo los principios eternos de la caaón> de la justicia y de la más sana política, no puede
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exigir un gobierno republicano verdaderamente justo y filantrópico, si no trata de aliviar en todas las clases á la humanidad degradada y afligida:
Art. 1.0 Serán libres los hijos de los esclavas que nazcan desde el día de la publicación de esta ley en las capitales de provincia, y como tales se inscribirán sus nombres en los registros cívicos de las municipalidades y en los libros parroquiales.”
“LEY sobre extinción de los tributos délos indíg'enas, distribución de los resguardos y exenciones que les conceden.
El Congreso General de Colombia
Convencido de que los principios más sanos de político, de razón y de justicia, exigen imperiosamente que los indígenas, esta parte considerable de la población de Colombia que fue tan vejada y oprimida por el Gobierno español, recupere en todo sus derechos igualándose á los demás ciudadanos, ha venido en decretar y decreta lo siguiente:
Art. 1.® Los indígenas de Colombia, llamados indios en el Código español, no pagarán en lo venidero el impuesto conocido con el degradante nombre de tributo; ni podrán ser destinados á servicio alguno por ninguna olase de personas, sin pagárseles el correspondiente salario, que antes estipulen. Ellos quedan en todo iguales á los demás ciudadanos y se regirán por las mismas leyes.”
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“DECRETO
sobre memoria de los muertos por la Patria, y consideraciones y recompensas á que son acreedores sus viudas, huérfanos y padres.
El Congreso General de Colombia decreta:
1° Todos loa colombianos muertos en los campos del honor y de la gloria defendiendo la independencia de su Patria, son beneméritos de ella en grado eminente, y su memoria debe conservarse fielmente eñ los anales de la República.
2 ° Los que por sus servicios y su opinión perecieron en los patíbulos, condenados en odio de la virtud con el designio de afirmar la tiranía que se propusieron destruir, son mártires ilustres de la libertad de la patria, y su memoria debe transmitirse á la posteridad con la gloria de que es digna.
3.® Los que sirvieron con honor á la República y murieron naturalmente sirviéndola, son dignos de las consideraciones que les merecieron sus mismos servicios, y de un recuerdo grato de sus conciudadanos.”
En 1821 se fundóla República: se hizo iguales á todos los colombianos; se maldijo la esclavitud y se dio libertad á los hijos de los esclavos; se abolió el tributo de los indios y se les devolvieron los títulos de hombres y de ciudadanos; y se honró la memoria de los
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maertos en defensa de la patria, como se honró en Grecia la de los muertos en Maratón y las Terraópilas.
En 1824 se dio la ley de Patronato Eclesiástico.
Somos decididos partidarios de la absoluta independencia entre la Iglesia y el Estado, y la obra de la emancipación contó con nuestro grano do arena y nuestra ardiente cooperación; pero no por esto dejamos de admirar el civismo y la energía de aquellos hombres, que en nombre de la débil y naciente República, se declararon los herederos del Patronato para hacer frente á un poder constituido hacía muchos siglos, acatado y venerado por el pueblo; y que encontraron fuerza en sus propias convicciones para haber conservado á la Soberana República los derechos de patronato y do tuición, que le correspondían: la facultad de permitir ó nó la reunión de Concilios eclesiásticos dentro de su territorio, y la de enviar allí sus legados; Ja de formar el arancel en virtud del cual se podían cobrar las contribuciones eclesiásticas, y la de administrar las rentas destinadas al culto; la de dar ó no licencia para que fuesen ó no admitidas las Bulas Pontificias, y para prohibir que sus mandatos se cumpliesen ; la de nombrar todos los funcionarios eclesiásticos, y castigarlos cuando faltasen á sus deberes como tales; y en fin, asumir el poder de vigilar todos los actos de la Iglesia para suspenderlos ó impedirlos, cuando fuesen contrarios á la dignidad de la República, ó á la disciplina de la Iglesia.
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En el misino año se dió la Ley aboliendo los mayorazgos. Esta ley que quitó á la propiedad el carácter de inenajeuable, dió á la familia sa carácter moral y democrático, y devolvió á la industria la tierra que le había usurpado el privilegio, fue una conquista en aquella época de preocupaciones, y por mucho tiempo las propiedades que habían sido de mayorazgos circularon con dificultad y á muy bajo precio, porque la preocupación se negaba á recibirlas por su justo valor. Si desde entonces se hubiese expedido como consecuencia la ley suprimiendo las capellanías, j> itronatos de legos, censos y demás instituciones que vinculaban la propiedad, el desarrollo industrial hubiera sido mucho mayor, y quizás se hubiesen ahorrado algunas revoluciones; porque para nosotros es indudable, que las revoluciones tienen siempre origen en un hecho social, aunque solo estallen por causas enteramente políticas.
Después vinieron las agitaciones de Colombia. Al heroico patriotismo espartano sucedió la ambición de los libertadores, que hicieron pesar sobre los pueblos su obra como una maldición. Colombia se desplomó como un coloso al peso de su inmensa armadura, y so levantaron las tres repóblicas.
En 1832 un soplo de libertad vino á animar las instituciones que se daban á la Nueva Granada; y tenemos cariño á esa Constitución, porque, si no es perfecta, sí revela que fué la obra del patriotismo y
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de la honradez, llamados en aquella ocasión á poner las bases de la nueva República ; y abrigamos la convicción de que ella hubiera durado largo tiempo, si por desgracia para la patria, no hubiese venido una época en que esta constitución se creyó demasiado li. bre para el pueblo, por lo cual se impuso una enteramente monárquica.
En 1832 se organizó también la Hacienda de la Nueva Granada. Todas las leyes sobre Hacienda de aquella época nos parecen viciosas, complicadas y antieconómicas; porque se han hecho ya grandes adelantos en la ciencia, de lo cual es la Nación deudora al distinguido colombiano Ezequiel Rojas, quien por mas de un cuarto de siglo estuvo formando hábiles legisladores y buenos financistas; porque hemos encontrado ya los escalones gloriosos que en la Hacienda pública dejaron José María del Castillo y Rada y Francisco Soto ; y porque la descentralización, obra de Murillo, económica y administrativa, hizo este negociado claro y sencillo.
En 1833 se dió la ley Orgánica del ejército. Ley oligárquica, que hizo de los defensores de la patria una clase separada de la del pueblo, con costumbres, privilegios, tribunales, títulos y vestidos diferentes : que conservó el carácter de permanentes á los destinos militares, y que haciendo distinción entre la guardia nacional y el ejército permanente^ hizo también antagonistas al ejército y á la República.
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Coando encontramos leyes como ésta en la organización de la nueva sociedad; cuando vemos que los hombres llamados á dar al país instituciones republicanas, lo que sabían era dar leyes como ésta, colocadas sobre principios en virtud de los cuales el austríaco Carlos V y sus sucesores organizaron sus ejércitos en España, no nos sorprendemos de las dificultades con que ha marchado la República, teniendo que encontrarse luchando con los malos hábitos coloniales y al mismo tiempo con las nuevas leyes que le estorbaban el paso.
En 1833 se expidió la ley Declarando libre el interéadel dinero. Esta ley reciamente combatida por unos y fervorosamente defendida por otros, fue una señal de progreso en su época y un triunfo del partido liberal; y después quedó vigente, en tiempo de la reacción, porque ella directamente favorecía los intereses de una clase privilegiada, la de los ricos, aunque, como toda libertad, era benéfica para todos los asociados.
El Congreso de 1834 es el más laborioso que se registra en los anales legislativos; y en nuestra opinión es el que ha sido más importante al país. Ese Congreso expidió la Ley de Régimen político y municipal, la Orgánica de los Tribunales y Juzgados y la de Procedimiento en algunas materias; leyes reglamentarias, es verdad, pero que armonizaron el ejercicio del poder con la forma republicana; y detallaron y definieron con precisión las atribuciones y facultades de
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cada uno de los empleados que tenían autoridad ó jurisdicción.
En 1837 se expidió el Código Penal, Severo, terrible, cruel; pero completo; y definiendo todos los delitos con sencillez, método, precisión y claridad. Este Código es una obra gigante que honra la ciencia de los que lo expidieron, aunque el corazón se rebela al ver la aplicación fría y austera de la doctrina de Benthan, impasible como la cuchilla que corta el miembro sin alcanzar á oír los gritos de dolor que los heridos lanzan.
La de 1838 creó el verdugo
Hay un instinto sagrado en el pueblo, que es la voz de Dios que habla al corazón del pobre, para que busquo el bien y ame la virtud; este instinto le hace odiar la sangre, y le inspira compasión por los ajusticiados; este instinto impidió que se encontrase entre los artesanos de la Nueva Granada uno que quisiese construir el garrote infame, señalado por el Código Penal como instrumento del último suplicio; y ese instinto no permitió tampoco que hubiese un malvado en toda la República que quisiera redimirse de la muerte derramando la sangre de otros hombres, ni un desgraciado que quisiese por dinero sujetarse á ser el Ministro ejecutor de la justicia.
En la Nueva Granada, y con esta solemne protesta, el pueblo había desde entonces sancionado la inviolabilidad de la vida humana. ¡ Ah I pueblo noble !
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Desde aquella época parece que hubo una reacción en el país, que se reflejó en la legislación; pues sólo encontramos una que otra ley de represión, como la de Medidas de seguridad, hasta que se expidió la Constitución de 1843.
Los egipcios juzgaban á sus reyes después de muertos, y cuando los encontraban injustos los condenaban^ sin misericordia, é infamaban su memoria; nosotros deberíamos hacer lo mismo con las instituciones que ya han muerto, para condenarlas en la memoria de la posteridad, cuando ellas son tan execrables como la Constitución de 1843.
Tantas leyes expedidas por Congresos anuales y sobre los mismos objetos ó sobre objetos íntimamente relacionados, habían producido en la legislación una confusión extraordinaria; y para corregir este mal se dieron las leyes de 1843 y 1844, mandando recopilar las leyes vigentes.
Encargóse esta comisión al sefior D. Lino de Pombo, hombre eminente, quien con la constancia y cuidado que la empresa requería logró formar la Re^ copilación Granadina ; obra de inmensa utilidad para los abogados, pero que no forma un cuerpo de legislación, ni es más que la reunión de leyes dictadas en diversas épocas, bajo inspiraciones diferentes y con opuestos objetos.
Si al señor Pombo, se le hubiese en aquella época, encargado la redacción de un Código, él con su vasta
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erudición, lo hubiera redactado, coa menos trabajo q ie el empleado para formar esa obra monstruosa, destinada á perecer al día siguiente.
Hasta 1848 parece que el pensamiento humino estaba estancado en la Nueva Granada, como lo estaba la libertad y lo estaba la industria: fue una época de atonía que se revela en la íegislación.
Eu 1848, y bajo la Administración Mosquera, se dio la importante Ley de libertad de siembra y cultivo del tabaco.
De aquí nació una industria que hizo figurar ai país en los mercados extranjeros, que dio vida y riqueza á toda la República, y que, como por encanto, Irans* formó en verjeles las insalubres orillas del Magdalena. Esta ley dio artículos para la exportación yen retorno vinieron mercancías que pagaron á las Aduanas sumas mayores que las que producía el estanco del tabaco. La importación y exportación exigió el establecimiento de vapores en el Magdalena, y dio origen á otras mil industrias que desarrollando la civilización en el país, imprimieron á la Administración Mosquera el carácter de ilustrada y progresista que el tiempo no ha venido á quitarle.
En 184y se dio la ley de Abolición de la pena de muerte para los delitos políticos.
Toda nuestra veneración la tributamos, en nombre de la humaiiidad y del progr<‘So s ¡cial, á esos hombres que desoyendo la voz do la víinguiza que en las gue-
rras civiles toma el eco de la justicia, y poniéndose al frente de la civilización cristiana, tuvieron la firmeza de consagrar este principio en nuestros Códigos, ahorrando íis: á la patria muchas lágrimas, y preparando el reconocimiento de la inviolabilidad de la vida humana.
Ea 1850 se dio la ley de Absoluta libertad de esclavos.
El pensamiento noble y filántrópico de los padres de 1821 había sido burlado; la esclavitud no se extinguía y la República proveía con sus hijos de esclavos á las Repúblicas del Pacífico, hasta que en este año los buenos de siempre, abolieron la esclavitud de los granadinos.
En este año la República aparece con una aureola de luz que no puede ocultarse á los ojos de nadie; en este año se abolió todo impuesto sobre el tabaco; se abolieron los pasaportes; se organizó la Guardia nacional; se hizo gratuita la justicia y se descentralizaron las rentas y gastos de la República, con lo que se abrió una nueva éra de federación y de progreso.
En el mismo año, y por orden del Poder Ejecutivo, publicó el señor José Antonio de Plaza el Apén* dice de U Recopilación Granadina, Este eminente ciudadano trabajó mucho en esta obra, pero no pudo hacerla perfecta; y si á él, que era un culto escritor y famoso abogado, se le hubiese encomendado la redacción del Código Nacional, tenemos seguridad de que habría dado al país el más adelantado en principios de legislación.
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De este año hasta 1853 en que se expidió la Constitución de 21 de Mayo, la legislación marca una época de desarrollo y de poder en la República que admira la ciencia y enorgullece al patriotismo Aquella Constitución era un hermoso edificio levantado entre los límites de un racional centralismo y una absoluta federación, y adornado con el reconocimiento de los más santos derechos y las más preciosas garantías 5 pero condenado desde el principio á caer por el embate de los partidos, quedando sólo de ella el recuerdo de su belleza.
En el mismo año se expidió el Código de Comercio. Hasta entonces las transacciones con los extranjeros y todo lo relativo al comercio, de donde la República podía esperar su prosperidad, estaba arreglado por una serie de disposiciones que en España llamaban Ordenanzas de Bilbao^ y que no eran otra cosa que el arreglo que los Reyes daban al comercio cuando éste era hijo del privilegio, cuando el Gobierno era monopolista, y cuando el sistema comercial se fundaba en las protecciones y gabelas.
En este año so dio la ley que ordenaba cesara toda intervención civil en los negocios relativos al culto.
La Constitución, que no reconoció culto favorecido por el Gobierno, y esta ley que fundaba el sistema de libertad y proscindencia, resolvieron, en nuestra opinión, el problema social más difícil para un pueblo, en donde el catolicismo ha hecho parte de las instituciones
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civiles. Porque la Iglesia libre no tiene por qué hacerse la aliada de nn despotismo que ampare sus derechos, y así puede consagrarse al desempeño de la misión que le corresponde; mientras que por su parte el Gobierno no se ve obligado á torturar las conciencias mandando como ley loque depende de las creencias, ni á entrar en infinidad de cuidmlos ajenos de su encargo.
(/unndo recordamos que la ley estaba siempre escuchando si el ciudadano blasfemaba para castigarlo taladrándole la lengua, examinando lo que escribía para prohibírselo si nO era de acuerdo con el dogma, y averiguando lo que hacía para que no fuese contrario á lo prevenido con los Concilios; cuando recordamos que entre nosotros los Jurados de imprenta eran verdaderos Tribunales del Santo Oficio que decidían si había ó nó herejía y que los puertos de la República estaban cerrados para los libros inscritos en el Indice de Roma; nos felicitamos como ciudadanos por la libertad y la independencia de la Iglesia.
En 1853 se expidió la ley Sobre matrimonio^ declarando que este negociado correspondía á la autoridad civil.
Causa extrañeza ver que la sociedad hoy haya dejado la constitución del contrato más importante al cuidado del Clero, y que los juicios que sobre él se promovieran sean sentenciados por Magistrados de fuera de su seno, sin que tenga otra función que la de dar efectos civiles á lo determinado por ellos.
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En 1855 se expidió la ley mandando que los cementerios fuesen entregados á los católicos, y que las municipalidades proveyesen de lugares para ente, rrar los cadáveres que fuesen rechazados del cementerio de los católicos.
Para el que conozca la historia de los partidos entre nosotros, en esta ley ve la maldición que el uno de ellos lanzó á sus contrarios, maldición que los había de perseguir más allá de la muerte é infamar su cadáver ; pero quizás no ve que ella echó muchos combustibles á la guerra de 1860, y que las leyes de tuición y desamortización fueron su represalia.
En 1857 se expidió la ley reconociendo los Estados; ley que cambió completamente la manera de ser de la República ; y por último, la Constitución de 1 858 sancionó el sistema federal, delegando á cada uno de los Estados la facultad de darse su Legislación.
Lo que la República unitaria no pudo lograr en cincuenta años de existencia, es á saber: tener un Código ordenado de legislación, lo alcanzó cada uno de los Estados por obra y misterio de la federación, y en el de Cundinamarca fue confiada esta labor á varios jurisconsultos, de entre los cuales recordamos á los señores Miguel Chiari, Pastor Ospina, Justo Arosemena, Liborio Escallón, Manuel Pombo y Josó María Rivas Mejía.
I A dónde ocurrieron estos hombres, por ciencia y luz para llenar su titánica tarea? A Francia.
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A Francia, á Francia, hogar del pensamiento que en cada siglo ha de ser la maestra de las Naciones : espíritu sublime que se ha levantado á la región excelsa para reinar serena y que llama así todos los espíritus elevados para formar la gran constelación de los sabios, de los poetas y de los filósofos; fuego inextiir guible del que robó á los cielos Prometeo; luz inmortal que en lampos se derrama por toda la extensión del Universo, y que guía á los pueblos en su larga peregrinación á la cima donde siempre habrá luz y libertad!
A Francia fueron, porque en Inglaterra la legislación es un maremagnum de las viejas leyes, de las antiguas costumbres, de las sentencias de los jueces y de las medidas adoptadas para remediar males inmediatos, incomprensible para el extranjero, é indescifrable para los que no están iniciados en sus misteriosos arcanos. En Alemania, dividida en infinitos^ reinos, ducados y marquesados soberanos, ni hay una ley común, ni semejanza en la legislación ; y en Es" paña apenas so estaban adoptando Códigos, de acuerdo con los progresos de la ciencia y de la civilización.
En Francia nó, en Francia existía la mejor legislación del mundo, clara, ordenada, filosófica y digna^ Allí están los Códigos de Napoleón, obra del jurisconsulto Cambaceres, quien para formarlos recogió toda la ciencia que Montesquieu, Tracy y Bocearía enseñaron en su tiempo: Códigos que son el monumento más glorioso del Imperio, de tal manera que odiada
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la memoria de Napoleón como guerrero, y abatida la •statua que como tal coronaba la columna Vendóme, la Fraocia agradecida le ha levantado otra, como á Cónsul romano, y con el Código de leyes en la mano*
Estos Códigos son la legislación común en Francia: ellos han dado vuelta al mundo, se han adoptiado en todos los países, y sobro ellos se fundó la nueva legislación en el Estado de Cimdinamarca.
Y para que se juzgue del mérito intrínseco de estos Códigos y do su valor indestructible, bastará decir que cuando Luis xviíl entró á Francia y no dejó nada de la República, ni del Imperio, y hasta quitó las águilas de piedra que adornaban los monumentos públicos, se vio, sin embargo, obligado á dictar la siguiente
“ ORDEN'ANZA DEL BEY
CONCKRXIENTE A LA PUBLICACION DE LOS CINCO CÓDIGOS
En París á SO de Agosto de 1816
Luis per la gracia de Dios, Rey de Francia y de Navarra, á todos los que la presente vean, salud !
Vista la relación de nuestro amado y fiel caballero, el Canciller de Francia, encargado de la Justicia,
Hemos ordenado y ordenamos lo siguiente:
Desde el día de la presente (3rdenanza, no podrán ser citados ni empleados en los actos privados, auténticos, alegatos, defensas, consultas, ordenanzas.
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juicios 7 sentencias, ni á ninguno otro acto público otros textos que los que siguen:
1. ° Código Civil;
2. ® Código de Procedimiento civil ;
3. ® Código de Comercio;
4. ® Código de Instrucción criminal ; y
5. ° Código Penal (los de Napoleón).
Luis ”
Los jurisconsultos llenaron cumplidamente su encargo, y presentaron Doce Códigos, perfectamente redactados, que son una honra para Colombia.
A José María Rivas M. tocóle redactar el de Organización Judicial y Procedimiento civil y criminal ; y si se considera que hasta entonces las causas criminales se seguían por las disposiciones de las Leyes de Partida y las doctrinas de los criminalistas españoles: que los juicios civiles, unos se seguían conforme á leyes modernas, expedidas por Congresos recientes, y otros por leyes españolas, apenas conocidas por los profesores de Derecho; y que había abismos insondables en la legislación que era preciso llenar. Si se tiene en cuenta que de las leyes adjetivas naco la eficacia y la garantía de los derechos que acuerdan las leyes sustantivas ; y que al cabo del tiempo la Nación se ocupa todavía de la organización del Código de Procedimiento: que la Sociedad Colombiana de Jurisprudencia ha creído de su deber prestarle eficaz cooperación á este proyecto, y que el Gobierno, en fin,
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ha nombrado á un abogado distinguido para que se encargue exclusivamente del examen y reforma de este proyecto, se apreciará debidamente el mérito del que por primera vez redactó los Códigos de Organización Judicial y de Procedimiento civil y criminal,
A la muerte del doctor Miguel Chiar i la sociedad entera le rindió un homenaje á sus virtudes y á sus conocimientos.
A la muerte del doctor Manuel Ignacio de Narváez tocónos, en nombre de la Asamblea de Cundinamarca, y como su Presidente, colocar una corona sobre su féretro.
A la muerte del doctor Manuel Pombo, el Congreso dictó una ley de honores á su memoria, y la Sociedad Colombiana de Jurisprudencia registró en sus anales, como de gran duelo, el día de la muerte del doctor Manuel Pombo.
José María Rivas M. murió en la soledad y en el silencio
RICARDO RIVAS
Hay un drama de Echegaray, cuyo argumento es el siguiente :
El hijo de un rey cimbrio, conducido á Roma y educado allí, quiere bajar al circo á luchar con los gladiadores; y la víspera del día en que el combate debía tener lugar, la madre lo envenena.
La madre tuvo razón.
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Los que bajau al circo político á defender la libertad y la democracia, si es verdad que ayudan á su triunfo, generalmente son mártires ó se pasan luchando contra la bárbara oclocracia y contra la aristocracia que no los perdona. La multitud los mira con recelo y los ambiciosos demagogos, llenos de suspicacia y de envidia, son sus reales y verdaderos enemigos. Ricardo Rivas recibió una educación esmerada, tuvo les más cultos modales,una figura interesante, y habiendo seguido su carrera literaria, fue Doctor á la edad de 19 años; abogado de los Tribunales de la República á los 21; catedrático de Economía política en la Universidad Nacional y Vicerrector del Colegio del Rosarlo cuando tenía 24 años.
El General Daniel Aldaua, el señor José María Gordovés y los doctores Nicolás Esguerra y Manuel Antonio Angel, que fueron sus condiscípulos y sus amigos, pueden dar testimonio sobre la nobleza de su alma, la elevación de su carácter, su gran capacidad y la vasta ciencia que poseía y que á todos admiraba.
Una tarde la turba multa agitada y tormentosa, en 1854 y vísperas del 17 de Ahril^ en el cual se pronunció el General José María Meló, como dictador, iba por las calles atacando á todos los hombres decentes y gritando mueran los gólgotas. Encontróse con Ricardo Rivas, conocido ya por sus opiniones civiles y democráticas. Muera este gólgota,” le gritaron, y él contestó: ‘‘Los hombres mueren, pero sus doctrinas •on eternas.’’ La turba lo volvió pedazos.
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Desde entonces enfermo, sufriendo siempre, pero sin abandonar los estudios, compuso una “ Gramática inglesa para los españoles,” y un “ Diccionario filoíé^ gico,” obra de gran trabajo, y que aún uo ha sido publicada, porque á nosotr-is nos ha faltado la suficiente ciencia para concluirla y tiempo para su publicación. En el cementerio de Neuilly yace en su tumba, y muchos colombianos van cariñosamente á colocar sobre ella una corona de inmo tales.
FIN