Luz del día en América · Unidad 131 de 148

Unidad 131 · 274 J. B, ALBEI?DI

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y rica. Debe buscar su educación y desarrollo liberal en el trato saludable y fecundo de la Europa del frío. La Europa del Sud no necesita ser llamada; vendrá sin que la busquen mediante la corriente ya formada, por la acción de los siglos; y si no debe jamás excluirla por sistema, tampoco debe buscarla por alicientes sistemados.

»Las corrientes de las emigraciones humanas son como las emigraciones o corrientes de las aguas: unas son naturales, como los ríos, otras son artificiales, como los canales. No por eso los canales son menos útiles que las ríos, para poblar de gentes y de vegetales los terrenos antes solitarios y yermos que atraviesan.»

§ 18. — De la inmigración como medio de educación política

«¿A quién la iniciativa de] trabajo de poblar a Sud América, como medio de educarla en la libertad o en e] gobierno del pueblo por el pueblo? Como medio de educación política, la inmigración debe ser uno de esos negocios públicos, regidos por el poder que el país se reserva constitucionalmente, tales como la prensa, el poder electoral, el derecho de petición, de reunión y por fin de educación; poderes no delegados, que son como las libertades del país por excelencia. El pueblo de los Estados Unidos consagró este principio fecundo y decisivo de sus destinos, por el artículo de su constitución que quitó al gobierno delegado el poder de limitar la inmigración.

»Como cuestión de educación política del pueblo nativo por el pueblo exótico, la inmigración debe ser gobernada y dirigida por el poder inme-

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diato y directo del país, como un día sucederá con el culto o la, educación de las almas, con las universidades o la educación de las inteligencias.

»La razón de esta reserva, de vida o muerte para la libertad, es la más simple.

r>¿ Quién dará al pueblo la educación del gobierno de sí mismo, si no se la da él propio, como el primer interesado en asumir ese gobierno? No es natural que el gobierno delegado o tutelar que ejerce su poder por causa de su incapacidad se apresure a darle la capacidad que debe poner fin a su delegación cómoda y lucratira. Para que el pueblo no aprenda jamás a gobernarse a sí mismo, es decir, a ser libre, no hay más que dar el cuidado de ese aprendizaje al único que tiene interés en retardarlo o eludirlo, que es el gobierno delegado. El gobierno hará el aparato de enseñarle, pero su enseñanza tendrá por objeto educarlo en el olvido o desconocimiento del gobierno de sí mismo.

«La ignorancia del pueblo en el gobierno de sí mismo es una mina de poder para los gobernantes sin probidad, que son los negreros de sus compatriotas, al favor de esa ignorancia. Es en fuerza de esa ignorancia que el pueblo cree que elige lo que sus gobernantes le hacen elegir; cree que piensa por él lo que sus gobernantes le hacen pensar; cree que por sí mismo hace todo cuanto hace, y la verdad es que nada hace, sino lo que el gobierno le hace hacer. Cree que es poseedor, y en realidad es poseído; se figura (nie es soberano y señor <le sí mismo, y en realidad es vasallo servil de sus gobernantes. Porque su nombre y su poder son invocados en los actos de sus gobernantes, t^il pueblo 86 consi<lera garantido contra el despotismo, y no se apercibe de que es oprimido sin lefugio. porque es oprimido con su propia soberanía y en su propio