Luz del día en América · Unidad 144 de 148

Unidad 144 · 300 J. B. ALBERDI

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300 J. B. ALBERDI

ventajas faltan a la América republicana', no lo es menos que la Europa monárquica tiende a perderlas en fuerza de su mismo desarrollo democrático y liberal.

La América del Sud republicana carece de marina mercante. Esa falta la vale un cuidado menos, el de una marina de guerra, que no tiene, porque no necesita tenerla. La falta de marina propia pone a su disposición la marina de la Europa, que puebla sus puertos con sus bajeles y trae a sus costas la emigración, la riqueza, la civilización del mundo más adelantado. Para prolongar el goce de esa ventaja, la basta abstenerse de actos de navegación a lo Cromwell.

También falta a la América antes española una industria fabril; pero esta falta es cabalmente la que mejor garantiza el desarrollo de su riqueza. Al favor de esa circunstancia, la América antes española es un anejo industrial de la Europa más culta, sin dejar de ser independiente. Si no tuviera esa falta, sería preciso inventarla, como el mejor método económico de asegurarla la colaboración del mundo civilizado en la obra de su civilización propia. Con tal que el trabajo le produzca la riqueza de que necesita para vivir ¿ qué importa que el trabajo le produzca materia primera y no materia fabril? La paz del mundo estaría mejor garantizada, si cada nación tuviese que vivir de la producción especial de su vecina. La gran ley de la división del trabajo gobierna a las naciones como a los individuos. ¿Qué se diría de un individuo que por no depender de su semejante, se empeñase en ser su propio zapatero, su propio sastre, su propio arquitecto, su propio carnicero, su propio sirviente? Tal sería la posición del país que, para bastarse a sí mismo, cerrase sus puertas a la pro-

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ducción industrial de los demás. Si un mundo deja de ser independiente cuando no produce y posee como suyo propio todo lo que es esencial a su vida, la tierra que habitamos debe ser considerada como dependencia colonial del sol, porque la luz de que viven sus reinos vegetal y animal le viene de aquel astro lejano, que constituye un mundo extranjero. rt Somos menos señores de nuestro planeta^ porque otro astro nos suministra la luz y el calor de que viven las plantas y los animales que sirven a nuestro alimento? ^i Renunciaremos a la luz del sol porque nos viene del extranjero, en vez de nacer de nuestro globo?

Si los gobiernos de Sud América son débiles e impotentes, no íalta a ese defecto su compensación, y es la de ser impotentes para el mal, lo mismo que lo son para el bien. Gobernados ellos mismos por corrientes de intereses más fuertes que su poder, son menos responsables que lo parecen en ]o malo, que merilorios en lo bueno. Si son efímeros y transitorios en su existencia personal, no es poca compensación de ese mal la de ser breve el (le su existencia misma.

Lia. frecuencia cb» las elecciones que os inherente al gobierno repul)Hrano, es incompatible con la paz; pero ese mal tiene su premio, y es que la frecuencia con que se usa la libertad electoral contribuye a formar la educación y costumbre de esa libertad, más que la mejor escuela.

Las repúblicas de Sud América son pobres en población, pero ricas en territorio. Lo conlrario s(MÍa menos ventajoso, porque la población pequeña puede dilafarso basta alcanziar el tamaño <lel territorio grande, pero no un territorio cliico hasta el de una población crecida. La Repiíblica argentina podría ser un <lía del tamaño de la Fran-