Luz del día en América · Unidad 51 de 148
Unidad 51 · LUZ DEL DÍA 111
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LUZ DEL DÍA 111
al país en que reside como tal. Un extranjero, lejos de poder hacer la policía o inquisición a los otros, todos los del país se la pueden hacer a él. No conociendo ni a los porteros ni a los cocheros, ni a los sirvientes, ni a los escribientes, ni a los intérpretes y profesores a domicilio, ni a los caballeros de industria, ni a las cortesanas del país en que va enviado, ¿cómo podría un americano ser diplomático en Europa? ¿ante quién estaría acreditado si no conoce a estas entidades?
El que tiene dos patrias puede tener dos patriotismos, dos soberanos propios, ser empleado de ambos a la vez, tener dos legaciones, una en pro y otra en contra de su país, siendo por ello dos veces patriota, lejos de carecer de patriotismo. Seguro está de que ese diplomático de dos lados, no suscitará una guerra entre sus dos países. Dejará hundirse al suyo propio antes que exponerse a recibir su pasaporte y verse desterrado de su patria axloptiva, si en ella está afincado de puro amor al suyo. Volver a su querida tierra nativa será per- <ler su hogar, sus comodidades, sus amigos, ir al extranjero, ser desterrado peor que a Siberia. Es perder las dos legaciones a la vez, porque siendo hi de su país nativo la razón de ser de la de su país adoptivo (y nunca viceversa), todo conflicto do lionor para su país, es crisis de vida o muerte para los destinos personales de su diplomacia. Todo lo que exige el honor ofendido de su país, tiene que pagarlo a sus costillas su representante domiciliado en el país extranjero (jue lo ha ofendido.
Para prevenir esta catástrofe, siempre que el honor de su país re(;i])a un bofetón, el dijilomático a dos anclas deberá decir que es nada. En t(Mlo conflicto <lel><> (bir la razón al país en cuyo suelo vive, nioriiii y sciii cniei lado pata no versi> <1(^-
112 J. K. ALBERDI
terrado a su tierra nativa, que sería su Siberia. Hay americanos que aman la tierra de su país, a condición de vivir a tres mil leguas de él; que darían su vida por su tierra nativa, a condición de ser enterratlos en tierra extranjera. Esos amantes, desde los antípodas, son naturalmente los más intolerantes y exaltados en su patriotismo chmivin: lo que prueba el acierto de mi regla sobre el país en que deben ser buscados los enviados. Ai país le importa fomentar y honrar a sus nativos que lo dejan para ir a domiciliarse en el extranjero, con sus fortunas, si quiere aumentar su población y sus capitales, y estimular el verdadero patriotismo que consist-e en buir de su país para no volverlo a ver jamás.
§ 36. — Fines y objetos de la diplomacia según Basilio
— ¿ Según qué principio — pregunta Luz del Día — propone don Basilio sus candidatos para ministros diplomáticos? hipara cuál diplomacia? hipara cuál política exterior? Porque según es el objeto de la diplomacia, así deben ser los diplomáticos.
— Para el único objeto que tiene la política en Sud América, tanto exterior como interior, suprimir, combatir, destruir el obstáculo que la hace imposible: este obstáculo es la verdad.
— ^¿La verdad? — pregunta sorprendida Luz del Día.
- — ^Sí, señora; la verdad en persona. La verdad es la fiebre amarilla de los gobiernos americanos; ella los diezma y destruye. Naturalmente tienen que defender su existencia, y en esta demanda su deber capital es extirpar la epidemia que desgra-