Luz y sombra, (historia de un hijo natural) novela original · Unidad 39 de 405

Unidad 39 · LUZ Y SOMBRA. 89

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

LUZ Y SOMBRA. 89

Los tendidos llenos , abigarrados de colores ; los palcos ostentando las damas mas hermosas de la córte , con sus trages de majas : en Jos tabloncillos, mujeres de vida alegre, vistosamente engalanadas; en las contrabarreras de sombra, la gente del bronce, los inteligentes, los dadores de la reputación de los toreros : en el sol , bajo un calor de treinta y cinco grados, el manolaje de ambos sexos, alegre, ruidoso, aplaudiendo con las manos y dando con los garrotes en las tablas de la contrabarrera, en honor de Joselito, que adelantaba gallardo y altivo, aunque con la ansiedad en el alma, hácia el palco de la presidencia , para hacer con su cuadrilla el primer saludo.

Aquello era un conjunto magnífico , del cual se desprendía un ruido atronador, una alegría loca, algo semejante al torbellino, á la tromba.

Joselito y la cuadrilla saludaron al corregidor y luego al público, en dos lugares de la plaza.

Después dejaron los capotes de paseo , y tomaron las capas de lidia.

Se retiraron dos picadores y los otros dos se colocaron , el primero á la izquierda del toril , el segundo delante de la puerta del arrastradero, por la cual habia entrado la cuadrilla.

El alguacil recibía en su sombrero de canal la llave del toril que le arrojaba el corregidor, y la llevaba al galope largo al encargado de dar salida álos toros, y escapaba hácia la puerta del arrastradero, saliendo por ella.

VI.

Joselito miraba con insistencia á un tabloncillo de la parte de sombra, donde habia una jóven como de quince años , hermosísima, pero exageradamente descarada.

Estaba pálida, y la intensa mirada de sus ojos negros, se cruzaba con la ansiosa de Joselito.

Esta jóven era Esperanza : á su lado habia una vieja de mala traza.

Joselito crecía á cada momento en ansiedad .

Se encontraba en malísimas condiciones para la lidia.

Escondido con Esperanza, enamorado, no habia asistido al enchiqueramiento de los toros : no los habia visto ; no los conocia ; sabia que eran de Colmenar Viejo, berrendos y bravos, y sentía un terror vago.

En aquellos tiempos se entendia por una corrida entera la medía cor-

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rida de prueba de por la mañana , en que se lidiaban seis toros por otra cuadrilla, lidiándose otros seis por la tarde.

En la media corrida de prueba habia sido cogido y gravemente herido un banderillero.

Esto lo habia sabido Joselito al ir á la plaza.

— El ganado es muy duro , le habia dicho un picador viejo : cuenta, Joselito, con que no te pase lo que esta mañana al Mochuelo : tú tienes mucho corazón , te fias de él , y esto es malo : aplómate hijo; trastea á las reses lo que sea menester, hasta que estén limpiamente á la muerte y aunque te silben y te toquen el cencerro , no te apresures ; mira que los berrendos de Colmenar Viejo, según lo que saben, parece que han estudiado en Salamanca, y se van al bulto y se cuelan en un cerrar y abrir de ojos : yo te digo esto porque te quiero y porque quince años antes que tú nacieras ya conocía yo á los toros como si me hubiera parido una vaca: con que mucho ojo chiquillo, y no nos des. un disgusto como el pobre Mochuelo, que sabe Dios si estará hablando con San Pedro á estas horas.

Solo del viejo y esperimentado picador Lagarto, terrible gitano, gran caballista y gran brazo, hubiera tolerado una advertencia tal Joselito el Pando, en su orgullo de cabeza de cuadrilla.

El desastre de Mochuelo; la advertencia del picador Lagarto; la procedencia de los toros y la espectativa de ir á la cárcel cuando se acabase la corrida ; su cólera contra Lamprea, y su interés y su amor por Esperanza, influían de una manera fatal, terrible, en el jóven torero.

Hicieron los timbales y los clarines Ja señal para la salida del primor toro; se oyó el estruendo seco del enorme cerrojo de la puerta del toril al ser corrido con brío; luego las palmadas en la tabla con que un sirviente de la plaza escitaba al toro, y por último, un hermoso animal, corpulento, fino, de piel brillante , bien armado, se lanzó como un rayo en el redondel ; vió el primer picador, entró en su jurisdicción , escarbó , le miró, inclinó la terrible cabeza, lanzó un ronco y poderoso bramido, embistió, recibió el puyazo, recargó, hizo dar al picador una terrible caida,