Luz y sombra, (historia de un hijo natural) novela original · Unidad 87 de 405
Unidad 87 · 190 l-UZ Y SOMBR.V.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
190 l-UZ Y SOMBR.V.
— Sí , sí . he hecho hien ; no me ama , no me ha amado : eslos grandes señores no son capaces de amar: ha pedido mi mano: ¡un lazo infame! si me hubiera amado hasta el punto de querer casarse conmigo, de sacrificármelo todo , hubiera comprendido que yo le engañaba , que yo no amaba á otro, que no podia amarle : el amor no se engaña, no; ha huido de mí al creer que yo amaba á un hombre, porque su vanidad se ha ofendido, sí-: si esos grandes señores en vez de corazón tienen aire corrompido: i ahí no ha sido á mi padre á quien ha atropellado; la atropellada he sido yo: sin él yo no conocería la infamia de mi familia , el vergonzoso misterio de mi origen, no me habría quedado sola en el mundo, sola y desesperada; porque mi padre no es mi padre; me ama, pero ama mas al oro; el oro... ¡maldito sea ! sin el oro no habría nobles soberbios , nobles infames : ¿qué mal le he hecho yo para que asi me haya destrozado el alma, para que así me haya abandonado ? era yo tan feliz con solo oírle, con creer que me amaba... no, no necesitaba mas, no; ¿por qué, por qué ha necesitado él una unión completa? ¿no bastaba con que nuestras almas estuviesen unidas?... no me ama, no; lo que ha sentido ha sido sed, una sed rabiosa de mi hermosura ; gracias á él , mi padre ha acabado de educarme; sé que existe esa sed vergonzosa ; sé ya lo que es la vida : ; ah ! sí, ya lo comprendo todo : pues bien , mejor si se ha ido; mejor , que no vuelva, mejor; que se case, que ame a otra, yo me casaré también, sí, pronto, muy pronto : mi padre se queda bien acompañado quedándose con su oro; me casaré , sí , me casaré con Dios.
01.
En el dia, y en el momento en que Ana que quería poner entre ella y el mundo, que tan mal la había tratado, los silenciosos muros del claustro, paró un carruaje á la puerta de la casa y poco después retumbaron dos fuertes golpes en ella.
Hacia mucho tiempo que nadie llamaba á aquella puerta.
Ana se estremeció, como todo el que espera con ánsia, cuando cree que lo que espera llega.
Juana , que habia bajado á abrir , volvió con una carta en la mano y dijo :
— Uno de los criados del marqués que han estado en casa, trae esta carta para usted.
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Ana tomó, temblando la carta.
En su sobre se leia: — «A la señora doña Aña.»
No había mas : ningún apellido seguia á aquel nombre, al que se había antepuesto un tratamiento respetuoso.
En el lacre venia un sello de armas de grande de España.
Ana rompió el sobre , desdobló la carta y leyó :
uSeñora : Mi amo el escelentísimo señor marqués de Campo-Nuño, se muere. Los médicos dan muy pocas esperanzas de vida. Su escelencia me ha llamado y me ha dicho que necesita , para no morir desesperado, ver á usted. Por el amor de Dios, señora; venga á esta casa, cubierta de luto : usted tal vez traiga la salud , la vida de mi amo.
»Besaá V. los pies, señora, el mayordomo de S. E. — Julián Perea.»
Ana dió un grito de alegría, y esclamó sin reparar en que Juana estaba delante.
— ¡Ah! ¡me ama, me ama! ¡muere por mí! ¡no morirá, no! ¡no moriré yo tampoco¡ ¿qué importa?
Y al pronunciar aquel « importa » lució en los ojos de Ana el fuego de una mirada valiente, audaz, decidida: la manifestación de su alma que lo arrostraba todo, y que lo arrostraba con alegría.
Entró en el cuarto de su padre , que estaba sentado en un sillón , al sol , delante de un balcón , y le leyó la carta.
— ¡ Ah 1 ya lo sabia yo , dijo Lamprea : cásate y vayan al diablo miramientos y temores, ¿qué te se da á tí? por mucho que murmuren, siempre serás laescelenlísima señora marquesa de Campo-Nuño; al que es muy rico, todo el mundo le respeta, cuando tus hijos sean grandes ya me habré yo muerto, y no quedará de mí ni aun la memoria del sopista Lamprea.
— Sí, me casaré; dijo Ana, pero el marqués se muere, padre. — Sí, hija, vé, que te acompañe Juana.
Ana se vistió lo mas bellamente que pudo y lo mas pronto posible; bajó y entró en el carruaje con Juana.
Media hora después, guiada por un anciano criado, por Julián Perea , entraba en el suntuoso dormitorio del marqués.
Entró sola.
Habia mandado á Juana esperase en una antecámara. Julián salió del dormitorio en el momento en que la anunció.
IV.
Era la primera vez que se ofrecía tanto lujo á la vista de Ana, que no le vió.
Solo vió incorporado en un lecho, sosteniéndose con trabajo sobre los brazos y mirándola ansioso, desencajado, al marqués.
— Héme aquí , dijo Ana acercándose al lecho.
El marqués sonrió como si se le hubiese aparecido una visión de los cielos; se dejó caer sobre las almohadas y esclamó:
— Ya puedo morir: te he visto.
— ¡Morir tú! esclamó Ana: ¡morir tú! ¿y yo? ¿yo no moriría también? yo no quiero morir : vive , yo te amo.
Aquel tuteo era fatal , necesario , dada la situación.
El amor se hubiera tapado las infantiles orejas si Ana y el marqués se hubieran tratado de usted.
— Llama, llama á mi mayordomo, Ana: tira del cordón de esa campanilla, ahí á la cabecera de la cama, ¿no oyes? llama; dicen que me muero y es necesario que seas mi esposa antes de que yo muera: ¿no oyes? quiero que venga mí capellán, que nos case in articulo mortis.
— No , dijo dulcemente Ana : yo soy tu esposa.
Y se arrodilló delante del lecho ; cogió una mano del marqués , la besó y la inundó de lágrimas.
— ¿Qué importa? dijo, aquí, á tu laclo, hasta que te salves: te salvarás , yo soy tu vida , yo te la traigo; vivirás , sí , vivirás : ¿qué sería de mí sí tíi murieses? ¡ ah ! no, no, todo por ti , ¿morir tú? ¿sacrificar tu nada? no ; yo quiero que sepas que por mucho que tú me ames , te amo yo mas; mas, mucho mas, infinitamente mas que lo que tú me amas: ¡ah! déjame que te lo repita: he callado tanto, que necesito decirle que te amo y volvértelo á decir y repetírtelo cien veces, mil , un millón de veces : ¡ ah ! inocente : creías que yo no le amaba, porque me veías séria y grave; mentia; era que el ángel de mi guarda combatía con mi amor; era que tenia miedo de que tú no me amases baslante; era... ¡oh! verdaderamente, yo no sé lo que era; yo safria, sufria; y si no he muerto, era porque esperaba : ¡ah! ¿morir tú? ¿creíste que yo amaba á otro hombre? yo te amo desde el momento en que vi tus ojos; te amé de una vez : ahora no te amo mas que entonces; ¡si no se puede amar mas que lo