Maestro, escuela y patria: notas pedagógicas · Unidad 20 de 32

Unidad de lectura 20

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

tórica en la sepultura. Nosotros queremos toda la ciencia, toda la europeidad. Nosotros queremos filosofía^ investigación, alta cultura, dice Xenius. Notemos, en primer lugar, que la palabra europeidad que usa Xenius, es del léxico cestista. Y esa voz no era para Costa un sonido vano, sino un ideal tan vasto, complejo y completo, como el que acaricia el glosador. Este ha tomado la fórmula «Escuela y despensa» en su sonido más grosero, más elemental. Escúdala hace sinónima deprimarismo. Por consiguiente, la palabra «despensa» significará las clásicas judías con bacalao, la paella, el puchero, el gazpacho, etc. ^o,Xenius^ no. La frase «Escuela y despensa», en boca del autor de Colectivismo Agrario en España ^ no equivale al Panem et circenses de los romanos y al Pan y Catecismo de los católicos. Escuela para Costa quiere decir plenitud de cultura. Despensa, plenitud de alimentación. Podríamos, para comprobar esto, traer varios textos de «Los siete criterios de gobierno» y de «Cuatro años después de la der7'otay>j etc. Nos vamos á limitar á transcribir esto, que entresacamos del Programa de la Cámara Agrícola del Alto Aragón: «Menos Universidades Y más sabios. No se encierra todo en levantar el nivel de la cultura general. Es preciso, además, por diversos motivos que no caben en este bosquejo, producir grandes individualidades

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científicas que tomen activa participación en el movimiento intelectual del mundo v en la formación de la ciencia contemporánea. Para ello, y por añadidura, una de las fuentes más caudalosas del proletariado de levita, han de reducirse las Universidades á dos ó tres, concentrando en ellas los profesores útiles de las demás, y se han de crear Colegios especiales, á estilo del de Bolonia, en los principales centros científicos de Europa, para otras tantas colonias de estudiantes y de profesores, á fin de obtener en breve tiempo una generación de jóvenes imbuidos en el pensamiento y en las prácticas de las naciones proceres para la investigación científica, para la administración pública, para la industria, para la enseñanza y para el periodismo.» Esto ya lo había leído Xenms. También ha leído el discurso pronunciado por D. Joaquín en los Juegos Florales de Salamanca (1). Entonces, ¿qué quiere decir ese más allá de la «escuela y de la despensa?» ¿Qué quiere decir esa horrorosa injuria, esa tremenda calumnia de que Costa ha contribuido á estrechar el horizonte intelectual de España? ¿Qué quiere decir esa frase sacrilega de que haj^ que darle una vuelta de llave á la tumba del glo-

(1) Joaquín Costa: Crisis política de España (Doble llave al sepulcro del Cid). Madrid, 1914. Tercera edición.

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lioso maestro? ¿Por qué se le llama irreverentemente retórico al pensador más robusto, al político más sabio, al patriota más ardiente, al varón más justo y más bueno y al escritor más elocuente y más caliente que ha tenido España? Mucho sabe el glosador. Muy grande es su entendimiento y muy famoso su ingenio. Pero esta vez ha errado» Nosotros entendemos que no sólo no hemos de enterrar á Costa, sino que hemos de pasear su cadáver por toda España y hemos de agitar sus ideas y hemos de bombardear y ametrallar con sus frases y con sus dicterios á los hombres del año sayón, á nuestros Grramonts y á nuestros Ollivers, hasta que todos sintamos, tan íntimamente como nuestro Fichte el dolor de Gibraltar y el dolor de Cavite. Algo de esto me he propuesto yo al escribir estas líneas. No ciertamente hacer de guardia civil y cazar ladrones. ¿Más allá de Costa? Sí, sí. Pero, ¡ay!, si todavía no hemos llegado hasta Costa. Yo he llenado muchas veces de trigo mi saco en los libros del gran inválido. Y pienso volver á cargar en esos silos, siempre que me apriete el hambre, siempre que tenga que moler. Porque ¡ cuánto grano queda ,en ellos aún! — Ángel Samblancat (1).

(1) De La Publicidad^ de Barcelona, 21 de Mayo de 1915.

Maestro y Patria ^^\

§ 1.^ En el mitin conversa de Tárrega estaré en espíritu. Todas mis simpatías y un fervoroso aplauso para aquellos buenos españoles y parias. La causa de los maestros se confunde en mi pensamiento con la causa patria, sin que haya otra por encima ni a su nivel.

Por no haberlo así entendido España, ha caído y sigue caj^endo. Algún día se hará cargo; pero, como siempre y en todo, cuando sea tarde. Habría yo querido que la causa de la Patria se identificara del mismo modo con la de los maestros; pero... mediten estas cifras: en los tres años y medio que duró el Gobierno llamado de Intervención Militar de los Estados Unidos en Cuba, entre

(1) Conversa y mitin pedagógicos, celebrados en Tárrega (Lérida) en 1.^ de Julio de 1907. Para éste envió nuestro llorado autor este hermoso pensamiento, cuyo valor estimará el lector.— JV^. del H.

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1898 y 1902, elevó el número de escuelas públicas^ desde 300 que eran en toda la isla, á 8.600 (1), y asignó á los maestros cubanos un haber igual al que percibían los de su país: 10.000 á 12.000 reales de entrada, por afio. Es decir, que para el progreso, que para la enseñanza, que para sus sacerdotes, los maestros, la derrota de España fué un bien. Me quema los labios, pero he de decirlo: la agresión de los yanquis fué inicua, pero el triunfo lo tenían merecido.

Añadiré que aquí, ni aun con esa lección han aprendido nada los llamados políticos ni el llam^a-

(1) En justificación de cuanto lamenta nuestro autor, nos hablan, con elocuencia desconsoladora, los siguientes datos:

Faltan en España, según la última estadística oficial, 10.148 escuelas, de las cuales corresponden á Galicia nada menos que 2.280. "^^

En Albacete faltan 170; en Alicante, 241; en Almería, 277; en Avila, 34; en Badajoz, 296; en Baleares, 191; en Barcelona, 571; en Burgos, 8; en Cáceres, 130; en Cádiz, 357; en Canarias, 365; en Castellón, 149; en Ciudad Eeal, 174; en Córdoba, 258; en La Coruña, 607; en Cuenca, 39; en Gerona, 123; en Granada, 324; en Guadalajara, 13; en Guipúzcoa, 111; en Huelva, 160; en Huesca, 19; en Jaén, 339; en León, 58; en Lérida, 37; en Logroño, 96; en Lugo, 780; en Madrid, 430; en Málaga, 357; en Murcia, 561; en Navarra, 77; en Orense, 396; en Oviedo, 268; en Falencia, 48; en Pontevedra, 497; en Salamanca, 45; en Santander, 123.

He ahí unas cifras que están explicando otras muchas que nos abochornan como buenos españoles.

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do país; y, como era natural, España ha quedado convertida en una nueva Cuba y nuevos yanquis han empezado á rondarla.

§ 2. Escuela de ciudadanos, — «Hay que hacer romanos á los godoS;, y hay que hacer godos á los romanos.»

Un diestro observador de los fenómenos sociales y conocedor de la vida en los Estados Unidos, dice, que la característica entre los ciudadanos de la gran república y de entre todas la que más los avalora y enaltece, consiste en que allí todo hombre se encuentra firmemente persuadido de ser el igual de los demás. Una sola categoría social semeja como rodeada de vileza en la nación: la del hombre que vive sin quehacer con el producto de su dinero.

Un espíritu así no puede crearse mediante decretos gubernamentales. Ha ido formándose y asentándose sin esfuerzo por las costumbres. La selección de trabajadores escogidos en el mundo antiguo y en el nuevo constituye una selección, si no de inteligencia, de voluntad poderosa.

Esta voUintad va hermanada con el arrojo, con la táctica ofensiva. El trabajo, que las costumbres ennoblecieron, no procura sólo el pan á los norteamericanos, les otorga un alma al propio tiempo. El precepto divino constituye la su-

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prema ciencia de la vida. Sometiéndose á su ley, los norteamericanos, además del dinero, obtuvieron su grandeza, libertándose de la abyección languidecedora de los que rehuyen la labor, porque nada quieren alcanzar de ella.

Por virtud de este género de vida, todas las facultades humanas se aguzan, y el nivel moral asciende. La aceptación entusiástica de la lucha se trueca en orgullo y en sostenimiento inquebrantable de la nación.

— ¿El instrumento?

La escuela, la educación. No artificial, aislada de la sociedad, sino profundizando en ella sus raíces, para que por tal conducto ejerza su acción en las costumbres y sea como una emanación y sedimentación de ellas.

§ 3. Las escuelas graduadas de Cartagena {1). — Las escuelas graduadas de Cartagena suponen, en el desenvolvimiento de nuestra enseñanza primaria, un punto de avance y un ejemplo digno de ser imitado por todos los pueblos de España.

Cartagena pasó de una escuela del siglo xviii, con todas sus rutinarias formas, á una escuela

(1) Tomado del libro recopilado por D. Antonio Puig, titulado «Joaquín Costa y sus Doctrinas Pedagógicas», Valencia^ 1911.

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moderna, de alma nueva, europea, como la ha llamado el gran Costa. La escuela tradicional española, instalada en locales deficientes, donde los educandos viven en montón, sometidos á procedimientos arcaicos y sin plan científico que elabore en aquéllos una cultura ordenada y pedagógica, fué suprimida de un solo golpe, y sin utilizar los materiales del pasado, surgió la escuela graduada, con local levantado de planta, dispuesto para una organización adecuada y con todos los elementos que son necesarios para realizar una enseñanza integral, como reclama el espíritu del siglo.

Esta iniciativa, este despertar de un pueblo en sentido pedagógico, cundió por España, señalando un nuevo camino por donde siguieron y siguen hoy otros Municipios, ansiosos de infundir un alma nueva al país, que le haga apto para vivir la vida de los pueblos cultos, la vida del bienestar y del poderío, del respeto y de la consideración mundial.

Las escuelas graduadas de Cartagena, no sólo significan una mejora local en punto tan importante de la cultura pública; sus influencias se extienden por España, marcando una orientación para la enseñanza nacional é impulsando un movimiento indispensable para rehacer nuestro espíritu mediante una profunda revolución en materia pedagógica, y la parte que en esta labor

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puso D. Joaquín Costa no puede quedar oculta y viene obligada á las páginas de este libro.

Cuando una reforma de la transcendencia que supone esta modificación escolar llega hasta el público, se conocen de ella, por los relatos de la Prensa, los hechos salientes. Un libro debe profundizar más, debe llegar á la génesis y desarrollo de las cuestiones que se manifiestan en los hechos, y en el proceso que siguen estas escuelas para llegar desde los proyectos hasta las realidades, encontramos el pensamiento pedagógico de Costa.

La fundación de estas escuelas fué iniciada por el incansable propagandista de la pedagogía moderna, D. Enrique Martínez Muñoz, un maestra que piensa alto y siente hondo y que al servicio de todo ideal noble pone su talento y voluntad de hierro. Según consta en Memorias oficiales^ propuso en 1899 la organización graduada como medio para poder conseguir una enseñanza educativa, que era imposible obtener en las escuelas unitarias, sometidas á las organizaciones mutua y mixta; y á partir de la fecha señalada, en una activa propaganda, que puso de manifiesto los amores gfandes que por tan santo ideal impelían al insigne maestro, se fué formando la voluntad que al finalizar el año 1900 colocaba la primera piedra del hermoso edificio donde hoy se encuen-

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tran establecidas las escuelas municipales de la ciudad. Elemento importantísimo para llegar á este resultado fué la cooperación entusiasta de D. Mariano Sanz y Zabala, alcalde de Cartagena, que tiene por artículo de fe el que la regeneración de la Patria sólo se obtiene en la conveniente educación de las generaciones nuevas; así es que este hombre de gran cultura puso su saber y su influencia oficial al servicio de esta empresa civilizadora.

Lo radicaba el triunfo completo de estas aspiraciones en que la población escolar dispusiera de un hermoso é higiénico edificio: esto supone el cuerpo con órganos dispuestos para un plan de enseñanza integral; pero la reforma pedía también un alma, un espíritu que encarnado en ese cuerpo, formara la escuela completa, con una pedagogía y una higiene que se armonizaran en el ideal de la educación, y en esta parte importantísima del proyecto, el Sr. Martínez Muñoz estableció comunicación m^ental con D. Joaquín Costa; al que pidió sus opiniones y sus consejos en todo el plan de la reforma.

Desde el momento mismo en que fué consultado el coloso aragonés, incorporó su pensamiento á esta grandiosa obra, que él calificó de nacional afirmando que todos los escritores que en España podían representar el avance ideal de los progre-

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SOS realizados por la Pedagogía en otras nacióneSj debían cooperar á la obra intentada y ya entonces en proyecto de próxima realización. Y, no solamente dio su parecer el Sr. Costa en los puntos consultados, sino que indicó otras personas á quienes debía consultarse para asegurar el éxito de la empresa, que, siendo de utilidad inmediata para Cartagena, había de extenderse á otros pueblos, por lo que el ejemplo enseña y propaga.

Comienza esta incorporación del pensamiento y de la cultura pedagógica del Sr. Costa á las escuelas graduadas el afio 1900, y vamos, á copiar una carta del sabio pedagogo, donde se elogia el proyecto, donde indica las personas que deben ser consultadas, y donde expone sus juicios sobre la importancia del maestro en las laboreas escolares:

«Sr. D. Enrique Martínez Muñoz. — Muy señor mío: Felicito á ese Ayuntamiento por su patriótica iniciativa, j k El Eco de Cartagena por el concurso eficaz y desinteresado que se dispone á prestarle, esparciendo tan fértil semilla por toda la Península; y á usted por la noble sinceridad de su carta, que he leído con verdadera satisfacción.

»Muchas gracias á la ciudad por la parte que me toca como español. Muchas gracias en especial a usted por el honor que me dispensa invitándome á asociar mi humilde persona á la rege-

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neración de la escuela, y por los detalles que se sirve darme de su proyecto, que bien puede decirse fausto. Es claro que cuando se han acordado de mí no olvidarán á D. Francisco Giner de los Ríos, D. Manuel B. Cossío, D. Agustín Sarda, D. Juan Uña, D. Alfredo Calderón, D. Ricardo Rubio, I). Pedro de Alcántara García, don Adolfo Posada, D. Pedro Dorado Montero, Azcárate, Unamuno, Gómez Ferrer, Manjón, Cajal, Sánchez de Toca, Pardo Bazán, xiltamira, Aniceto Sela, Piernas Hurtado, etc. Supongo, además, que el Ayuntamiento no se preocupa sólo del edificio, sino también principalmente de los maestros, que son, en el orden de prelación, el primer factor; y, por lo tanto, que atenderá, mientras se construye aquél, á la formación de éstos, mandando algunos al extranjero, después de hacer estación en Madrid, donde ya, por fortuna, existen pedagogos y centros pedagógicos de calidad europea. Mandándolos fuera, digo, no sólo para que aprendan la técnica (los libros son insuficientes), sino, sobre todo, para que formen su espíritu. En eso, más que en nada, ha de consistir la lección que Cartagena dé á las demás municipalidades y al Estado. Puesto en gastar, vale más gastar en eso que en un pabellón más añadido al edificio; y sin eso, los miles gastados en ladrillo y menaje darían bien escaso fruto, de

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lo cual tenemos ejemplo. Nada se adelantaría con tener cálices de oro cuando los sacerdotes son de palo. Lo contrario es lo que vale, cuando no pueden ser de oro las dos cosas.— Me ofrezco á usted con la mayor, etc. — Joaquín Costa.»

Esta carta, en la que su autor elogia á Cartagena por su patriótica iniciativa y por el ejemplo que la reforma significa para el impulso de la pedagogía práctica nacional; en la que se expone la relación bastante completa de los pedagogos á quienes podía consultarse, y en la que se expresan los juicios del Sr. Costa sobre la importancia del personal en las labores escolares, dio motivo á que D, Enrique Martínez Muñoz sometiera á la aprobación del escritor ilustre el plan educativo que comprendía el espíritu informador de la enseñanza y los medios que habían de ponerse en práctica para llegar al ideal defendido por Costa.

La carta, ó más bien Memoria, que fué sometida á su aprobación, abarcaba todos los puntos correspondientes al plan, medios y procedimientos que habían de utilizarse para realizar el ideal perseguido y para asegurar el éxito de la empresa; y por la importancia que para el crédito de estos esfuerzos, que merecen ser imitados, tiene la aprobación de hombre de tanta autoridad, copiamos la siguiente carta, que demuestra el acierto con que fueron tratadas todas las cuestiones

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que interesan á una escuela, según el pensamiento progresivo que Costa representa en la pedagogía espafiola:

«Sr. D. Enrique Martínez. — Distinguido amigo: Celebro que sea usted el promovedor y que tenga previsto lo de formación del personal. No habrán olvidado en el programa general ni en los planos, locales cubiertos al aire libre^ cubiertos sobre pies derechos, para la enseñanza técnica^ simulti^nea con las demás, que es punto capitalísimo de la reforma. Veo que las escuelas de Cartagena no son un producto artificial, sino resultado de la coincidencia de un educador y de un alcalde europeo. Pocas poblaciones, si alguna, habrán logrado esa fortuna. Agradezco mucho los detalles que me da sobre la génesis del proyecto, próximo á ejecución, los cuales me han interesado mucho, dejándome adivinar que Cartagena tiene un pedagogo serio, un pedagogo que es al propio tiempo un hombre y un patriota, que ha formado conciencia del crítico momento presente y de su misión, y voluntad firme de corresponder á ella. Celebro haber hecho relación con usted y me felicito, no de que busque usted inspiración en nuestra Beconstitución y europeización^ que eso es una hipérbole, sino de que hayamos coincidido en las líneas generales del problema pedagógi- €0, que es casi decir del problema nacional, por

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que eso supone garantía de acierto para lo que es obra de usted y para lo que fué tentativa nuestra.— Me repito de usted, etc. — Joaquín Costa.»

El espíritu del gran pedagogo quedó relacionado á la obra de Cartagena, que mereció sus elogios en distintos trabajos, y cuando se inauguraron las obras de estas escuelas escribió aquel su hermoso artículo que es manifestación brillante de la importancia que el Sr. Costa concedía á estas cuestiones y del noble entusiasmo que produjo en su alma de patriota la iniciativa dada por Cartagena en estos caminos de la cultura nacional.

El artículo á que nos referimos, y que publicó El Eco de Cartagena, en su número extraordinario de 8 de Diciembre de 1900, no puede quedar fuera de las páginas de este libro, porque en él está en resumen el pensamiento de Costa en lo que llamaba política pedagógica^ y es clara expresión de la importancia que concedía á la escuela como elemento poderoso para reconstituir el espíritu nacional.

He aquí dicho artículo:

§4. «¿Coímdonga^ Gibraltar! — Hace pocos días, un periódico de Madrid daba noticia de un hecho que ha debido poner en alarma á los políticos y servir de despertador al país, ya que el toque de somatén partido no ha mucho de alien-

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