Manual de moral y de economía política · Unidad 130 de 166

Unidad 130 · MANUAL DE MORAL 18

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intereses que, en último resultado, existe entre:

patronos y obreros; por donde vinieron a com-

vencerse que en lugar de tener celos haríam mejor

ayudándose mútuamente. Por esto, en. sus conver-

saciones ventilaron cuestiones, en cuyo fondo no

había ya, como poco antes sucedía, odio ni dis-

cordia, Querían llegar a algún buen resultado, y

estaban persuadidos de que nada se podía hacer sin.

los fabricantes, ni mucho menos contra ellos. Los jefes de fábrica y de fragua, así como los propietarios, sentían también la necesidad de hacer algo: útil para sus obreros. Pero no pudiendo, ni unos ni otros, darse Cuenta cabal de lo que debía hacerse, resolvieron recurrir a las luces del doctor, tan luego: como posible fuese. ?

El día de la reunión, y cuando este iba a tomar

la palabra, le dijo Leonardo: -—Mr. Dupré, aunque desde hace mucho tiempohabéis tomado a tarea el destruir muchas de nuestras ilusiones, con todo, disipando nuestros errores e ilustrándonos acerca de muestros intereses y de--

beres, de nuestra posición y de los medios de mejo--

rarla, nos habéis hecho un verdadero bien. Me fe-. licito de poderos asegurar, a nombre de mis camaradas, nuestra profunda gratitud, y estoy seguro de que estos señores participan de mis sentimientos.

—En verdad, dijeron a una voz los propictarios. de Mirebeau; no podéis dudarlo.

—Esperamos, continuó Leonardo, que aumen-

taréis este servicio, resumiendo los muchos conm--

sejos que, sobre los medios de mejorar nuestra po-- sición y aumentar nuestro bienestar, nos habéis. dado con frecuencia. Queremos que nos hagáis. conocer de un modo general los medios que tene--

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mos a nuestra disposición para llegar al objeto de nuestros deseos, y confío sobre todo en que nos indicaréis lo que podemos esperar a este respecto de la asistencia del Estado; pues, no lo deba disimular, hay opiniones muy diversas entre nosotros sobre este punto y, por lo que nos tenéis enseñado, me temo que haya también muchos errores. Para comenzar por algo que tenga relación con el asunto, permitid que os haga una pregunta. Hace quince días que nos explicásteis los efectos de la competencia, y nos habéis demostrado cómo le debemos la vida barata. Bastaba esto sólo para reconciliarnos con la competencia, a la cual considerábamos antes como un azote. Pero las ventajas de la vida barata, ¿no se disminuyen con los impuestos que nos hace pagar el Gobierno y que aumentan el precio de los artículos de consumo?

—Tu objeción no carece de fundamento, Leonardo. Lo que pagamos al Gobierno bajo el nombre de impuesto es realmente una carga que disminuye nuestras entradas, y los derechos que per- .cibe el Estado sobre los artículos de consumo, aumentan “indudablemente el precio y disminuyen la cantidad de los que podemos consumir, Pero, ¿son útiles esos impuestos? ¿Son más perjudiciales que ventajosos? ¿Podríamos suprimirlos? Examinemos estas cuestiones.

Los hombres tienen intereses generales sobre. los cuales es necesario que velen, y trabajos que por obligación debería hecer cada uno en beneficio de todos; pero como es más cómodo confiar este cuidado a cierto número de personas que no tengan otra ocupación, se hace este encargo para que lo desempeñen según las reglas prescritas de entemano. La reunión de personas encargedas de