Manual de moral y de economía política · Unidad 87 de 166
Unidad 87 · 184 MIGUEL CRUCHAGA
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184 MIGUEL CRUCHAGA
hombre nota luego que le es ventajoso dedicarse a la producción de un solo objeto, ya que con él puede obtener todos los demás que necesita. Al mismo tiempo, ocupándose exclusivamente de la producción de este objeto, obtiene por sí sólo una cantidad mucho mayor que la que podrían producir, dedicándose a distintas ocupaciones, los que le dan otros productos en cambio. Todos, por este medio, producen más, tienen más productos que cambiar y satisfacen mejor sus necesidades. El cambio ha traído consigo la división del :trabajo y ésta a su vez facilita y multiplica los cambios, aumentando los goces, División del trabajo, cambios, de productos, satisfacción mayor y más fácil de las necesidades del hombre, todo esto se liga.
—Pero, dijo Gagelin, a quien la materia que se trataba parecía de su competencia. Habláis de cambios de productos como si los hombres los cambiaran siempre entre sí. Me parece, por el contrario, que pocas veces hacen cambio y siempre ventas y compras.
—Eso es posible que lo hagáis vos vendiendo medicinas, dijo Andrés; pero yo que soy obrero, trabajo y no vendo. En cuanto a comprar, 0s ascguro que no me sucede tantas veces como decís, sobre todo en el tiempo que corre.
—Ambos tenéis razón, cada uno según el sentido en que habla, respondió Dupré; pero consideráis las cosas desde un punto de vista demasiado estrecho. Acordaos de que he comenzado diciendo que los hombres cambian entre sí servicios: para hacerme comprender he hablado de un cambio de productos, porque se ha principiado de este modo. Hablando con más exactitud diremos que cambian entre sí servicios.
MANUAL DE MORAL 185
—Con todo, me parece, replicó Gagelin, que eso no es enteramente cierto. Cuando voy a la fundición a comprar una marmita o un mortero, y doy escudos buenos por esos utensilios, creo que hago un servicio a Mr. Blondeau y que él no me lo hace a mí.
—Y yo, dijo a su vez Duroure, cuando alquilo un muchacho para el trabajo, creo también que soy yo y no él quien presta el servicio.
—Ambos estáis equivocados. Decidme, Mr. Gagelin, ¿para qué compráis marmitas o morteros?
—Para servirme de ellas.
—Y vos, Mr. Duroure, ¿para qué tomáis el muchacho que guía al arado?
—Para trabajar mis tierras.
—Por consiguiente, Mr. Gagelin, si compráis marmitas o morteros porque las necesitáis, Mr. Blondeau os hace un servicio cuando os los entrega. Y vos, Mr. Duroure, os encontráis en igual caso puesto que si pagaís al muchacho o lo tomáis a vuestro servicio, como decís habitualmente, es porque tenéis necesidad de él para que trabaje vuestras tierras. Juan Claude os presta, por consiguiente, un importante servicio trabajando para vos.
—Pero, si yo no hubiera tomado a Juan Claude habría empleado a otro y mis tierras serían trabajadas igualmente.
—Pues bien, ese otro os prestaría el servicio; he aquí toda la diferencia. Del mismo modo, Mr. Gagelin, habríais podido comprar vuestros morteros en otra parte, y si los habéis comprobado en casa de Mr. Blondeau es probablemente porque son más baratos o mejores. En -todo caso, teníais necesidad de morteros y Mr. Blondesu, que los fabrica, la tiene de venderlos. Ambos os habéis prestado ser-
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