Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos ... precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre · Unidad 31 de 114
Unidad 31 · ARTÍCULO V.
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ARTÍCULO V.
DEL ARREGLO INTERIOR DE LA CASA. I.
La buena educación no brilla únicamente en las tertulias y en el comercio general de la sociedad, sino 'que se refleja en todo lo que nos rodea y se encuentra naturalmente bajo nuestra inmediata inspección y gobierno.
ii.
Si examinada una casa en todas sus interioridades, encontramos que no hai en ella ningún lugar en que no se halle impreso el sello del orden, del método y de la elegancia, podemos desde luego asegurar que sus habitadores son personas finas y bien educadas.
ni.
En el patio y los corredores principales no deben ponerse nunca muebles viejos ó deteriorados.
IV.
La sala es el punto general de recibo ; y como teatro de toda especie de sociedad, debe estar montada con todo el rigor de la etiqueta. En ella no aparecerán nunca otros objetos que los que sirvan á la comodidad y al recreo de las visitas, los cuales estarán siempre dispuestos con orden y con simétrica elegancia.
Siempre que nuestras circunstancias nos lo permitan, evitemos que la pieza que sigue á la sala sirva de dormitorio ; y si no podemos evitarlo, cuidemos de que las camas no estén jamas á la vista. El tálamo nupcial, ofrecido á las miradas de los que» entran á la sala, no podrá ménos que considerarse por las personas cultas y juiciosas, como im signo de vulgaridad y mala educación.
vi.
Cuando puede evitarse que la pieza indicada en el párrafo anterior sirva de dormitorio, es muí elegante el convertirla en lugar de recibo, abriéndole, si es posible, una puerta que caiga al corredor principal, y montándola con toda la decencia que nos permitan nuestros posibles y sea propia de nuestras particulares circunstancias. En este caso, ella nos servirá para recibir á las personas que nos soliciten para tratar de negocios, y á nuestros amigos de confianza cuando vienen á vernos fuera de las horas ordinarias de tertulia.
vn.
La pieza destinada para comer, estará ordinariamente montada con ménos aparato que las piezas de recibo ; pero el orden y la decencia deberán reinar siempre en ella, y habrá de estar dispuesta de manera que allí podamos recibir á nuestros amigos de confianza, los cuales pueden alguna vez visitarnos á las horas de sentamos á la mesa.
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Mui inocente es, sin duda, y aun laudable y útil, el uso de adornar las paredes con cuadros que representen pasajes históricos, y en que se ostenten los primores y hechizos del arte sublime de la pintura ; pero guardémonos de incluir en ellos los que contengan efigies de personas mal cubiertas, ó en actitudes contrarias á la honestidad y á la decencia, ó escenas que aunque en sí nada tengan de tachables, sean sin embargo sacadas de obras inmorales y puedan excitar el deseo de leerlas.
IX.
La verdad histórica y la ardiente imaginación de los artistas, dan origen á infinidad de representaciones que ofenden el pudor, las cuales solo deben figurar en los museos y galerías de pinturas y en los gabinetes de los mismos artistas ó de los aficionados ; y no se concibe cómo en algunas casas puedan fijarse en las paredes, para escándalo de los extraños y para corrupción de las familias.
I Por qué especie de aberración pueden algunos padres de familia creer asegurada la inocencia y el pudor de sus hijos, y sobre todo de sus bijas, tan solo porque aparten la vista de los extravíos de los hombres y de las miserias de la naturaleza, cuando han de volverla á esos cuadros que representan los mismos extravíos y las mismas miserias ?
XI.
En la obra grandiosa de la creación y en la misma historia, han encontrado en todos tiempos las artes una fuente inagotable de las mas sublimes imágenes, sin necesidad de ofender la honestidad y la decencia ; y es por lo tanto imperdonable que para el adorno de las habitaciones, se elijan aquellas cuya vista ha de obrar necesariamente en daño de la inocencia y de las buenas costumbres.
Aunque, según hemos visto, el acto de escupir no está admitido entre la gente bien educada, es siempre necesario que en una casa haya escu videras, sobre todo en las piezas de recibo ; pues un accidente cualquiera puede poner á una persona en la necesidad imprescindible de escupir, y si no encontrase como hacerlo sin manchar el suelo, es claro que se vería en un fuerte y desagradable embarazo.
xin.
En la parte exterior de la puerta de toda pieza de recibo debe existir siempre un ruedo, para que las personas que entran limpien la suela del calzado ; y aun es conveniente tener ademas en el corredor principal un instrumento, \ue generalmente se construye de hierro, en que quitar ántes al calzado el lodo que pudiera ensuciar demasiado el mismo ruedo.
En las casas mui concurridas debe haber en el corredor
coisrorcTA en la casa.
principal un mueble aparente para colocar sombreros, capas, sobretodos y bastones ; á fin de que los que entran no se vean en la necesidad de introducir estos objetos en las piezas de recibo, donde serian embarazosos y ofenderian el despejo y lucimiento de las mesas y asientos.
xv.
Desde que se aproxima la nocbe, debe iluminarse todo el edificio, empezándose por el corredor principal, el cual no deberá jamas estar á oscuras, aim cuando lo esté la sala por encontrarse ausentes ó no estar de recibo los dueños de la casa.
Los muebles y demás objetos que se encuentren en nuestro aposento, deben estar siempre ordenados y dispuestos de manera que hagan una vista agradable : nuestra cama, constantemente vestida y arreglada : nuestra ropa guardada, y la que no pueda estarlo, acomodada en la mejor forma posible ; y los enseres que sirvan á nuestro aseo y deban estar visibles, colocados en aquellos lugares en que puedan ser ménos notados por las personas que hayan de penetrar hasta nuestro dormitorio.
Debe ponerse un especial esmero en el orden y decencia de los aposentos que ocupen los criados, así por estimación hácia ellos, como por nuestra propia dignidad y decoro. Es imposible, Dor otra parte, que seamos servidos con exactitud, y sobre todo con aseo, por personas que se acostumbren á vivir en el desorden, y á despreciar, en lo que personalmente les concierne, aquellas reglas que han de aplicar en nuestro servicio.
En el lugar mas conveniente de la parte interior de la casa, debe existir siempre un aguamanil, junto con una toalla que se mude frecuentemente, para uso exclusivo de los criados. Si no se les proporciona esto, se verán obligados á permanecer con las manos desaseadas, y cuando se las laven, lo cual harán á veces con mengua del aseo de las vasijas y aguas destinadas á la preparación de las viandas, se las enjugarán en las toallas de limpiar los cubiertos y demás utensilios de la mesa, si no lo hicieren en sus propios vestidos.
Si tenemos niños ú otras personas que por ignorancia ó travesura puedan de alguna manera dañar el edificio, ó menoscabar su
mérito en su parte de ornato, es nuestro deber el contenerlos y sujetarlos á severas penas ; pties bien fútil seria la excusa que en estos casos hiciéramos consistir únicamente en la irreflexión ó imprudencia de nuestros hijos y domésticos.
XX.
Eéstanos declarar que del arreglo de la casa en general, es infinitamente mas responsable la mujer que el hombre. La mujer, consagrada especialmente á la inmediata dirección de los asuntos domésticos, puede emplear siempre en oportunidad todos los medios necesarios para mantener el orden, é impedir que se quebranten las reglas que aquí recomendamos ; al paso que el hombre, sobre quien pesa la grave obligación de proveer al sostenimiento de la familia, apénas tendrá tiempo para descansar de sus fatigas, y bien poca será la influencia que su celo pueda ejercer en la policía general del edificio.
Mas esto no quiere decir que cuando las casas se hallan habitadas solo por hombres, estén estos dispensados de los cuidados que exige el orden , pues la necesidad que los obliga á prescindir de los oficios de la mujer los pone igualmente en el caso de desempeñarlos por sí mismos.