Manual practico de medicina legal · Unidad 231 de 236

Unidad 231 · APÉNDICE. LVIÍ.

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APÉNDICE. LVIÍ.

balas de sus pistolas y en consecuencia, por sus pistolas mismas.

Pero ¿quién hirió al señor Irarrazaval? ¿Fué su propia mano ó una mano extraña"? En las heridas por armas blancas ó de fuego, el sitio de la herida j su dirección revelan muchas veces el hecho de si una herida fué ó no causada por propia mano. En algunos casos, sin embargo, es muy dificultoso el esclarecimiento del hecho.

En el presente, no dejan de presentarse ciertas dificultades. Asá, la herida no ha sido en el cráneo, sitio que de preferencia eligen los que se suicidan con armas de fuego; sudireccion es de arriba á abajo: esta misma dirección exigiría una actitud poco común al verificarla por parte de la víctima. Todas estas circunstancias hacen, pues, que pueda verse en esta herida la acción de una mano estraña. Mas, en oposición de todo esto, existen otras circunstancias que dan grandísima fuerza á una presunción contraria. El sitio de la herida es una de ellas. En efecto, la herida estaba casi inmediatamente por encima del corazón, lo que hace presumir que se eligió su sitio. Por otra parte, presumible como es que la bala que hirió alseñor Irarrazaval era de sus propias pistolas, ¿cómo puede explicarse, que una mano extraña á la suya haya podido ser virse de ellas? Dejando esta reflexión á la consideración del juzgado, los que suscriben, en presencia de los hechos materiales que acaban de relacionar, presumen que no fué una mano extraña la que hirió al señor Irarrazaval mortalmete.

Resumiendo lo expuesto, podemos deducir las siguientes;

CONCLUSIONES,

• Primera. — Que el señor Irarrazaval ha muerto de resultas déla herida que recibió el 15 de Octubre de 1859.

Segunda. — Que esta herida fué producida por arma de fuego.

Tercera. — Que la arma fué disparada á boca de iarro.

Cuarta. — Que es presumible que el disparo no haya sido hecho por mano agena.

En fé de lo cual, y por mandato del juzgado, extendemos el presente, en Lima, á 7 de Febrero de mil ochocientos sesenta.

Antonio Evaristo de Ornellas — José Casimiro Ulloa — ■ Mariano Arosemena Quezada — Manuel Odriozola- ^Rafael Gran — José Jacinto Corpancho — Archibaldo Smith.

LYIII. APJGNDICE.

XXII.

Modelos de informes de análisis químicos.

Sospechas de envenenamiento por sustancias narcóticas — Análisis de los líquidos del estómago. — Ausencia de. venenos.

Los infrascritos, N. y N., profesores de Medicina y Ciru jía, etc., hemos recibido eldia.... orden del señor Juez de.. . para practicar las operaciones químicas necesarias para examinar los restos de X .... , asesinado en la noche del 20 al 21 de Enero, por Z. . . .

Nuestra inspección, según la orden del señor Juez, tiene por objeto; proceder al análisis químico de los líquidos contenidos en el estómago rfeX; comprobar y reconocer si contienen sustancias narcóticas ú otras que hayan podido administrarse á la víctima con intención ¿le facilitar la ejecución del crimen.

Nos hemos presentado ante el señor Juez, y prestado juramento de cumplir bien y fielmente la misión que nos h» confiado.

Se nos entregaron, en seguida, los frascos cuya descripción ponemos á continuación:

El examen de esos objetos y el análisis químico se han. hecho en el laboratorio de uno de nosotros.

Uno de esos frascos es de tierra blanca, cubierto con una hoja de pergamino, atado y sellado, y tiene esta inscripción: Líquido contenido en el estómago de X. . . . — 27 de Febrero de 1842.

El segundo, también de tierra blanca, tapado con una hoja de pergamino, sellado, tiene este letrero: Estómago de X. . — 27 de Febrero de 1842.

Comprobada la Integridad de los sellos, abrimos el frasco que debía contener los líquidos del estómago. Encontramos en este frasco, una esponja impregnada de un licor viscoso y de sangre;, la colocamos en una cápsula de porcelana, y la tratamos varias veces con agua destilada. Recojimos el agua que sirvió para lavar y la tratamos, como diremos mas adelante, con el objeto de reconocer si contenía materias susceptibles de dejar estupefacto ó de narcotizar á la persona que las hubiera, empleado.

Introdujimos este líquido en una retorta do vidrio tubulada, á la que se había adaptado una alargadera y un recipiente.