Maravillas · Unidad 21 de 64
Unidad 21 · MARAVILLAS 55
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
MARAVILLAS 55
pintar el cuerpo y á permanecer echada sobre una riquísima alfombra oriental durante media hora diaria. Ninguna quiso aceptar. El director puso entonces un anuncio, solicitando una negra ó una blanca pintada de negro. Todo fué en vano. Al fin se decidió el director á proponerle el papel á Rosalba, y Rosalba aceptó. Fué la esclava; dejóse vender y manosear por eunucos y mercaderes ; estiró las piernas desnudas para que los coristas que figuraban á los compradores la examinasen á su antojo ; y en muchas ocasiones, no teniendo ganas de mojarse el cuerpo después de la función, marchóse á su casa aún embadurnada de negro.
En la intimidad de la vida, Rosalba era tan complaciente como en el teatro. Perezosa cual una criolla, dejábase llevar por la corriente del Destino, tratando de no ver sino el aspecto agradable de las cosas. Y como no tenía ni grandes. esperanzas, ni grandes deseos, sus desilusiones no eran nunca muy grandes.
Tampoco su belleza era muy grande. Dos ojos negros, muy negros y muy dulces ; una boca de labios sensuales y rojos ; una cabellera obscura y abundosa ; una nariz demasiado corta ; dos orejas que habrían parecido grandísimas si el pelo no las hubiera escondido á medias, y un cuerpo... eso sí, un cuerpo de diosa...
Rip-Rip decía al verla :
— Tú debieras andar siempre desnuda.
Ella se desnudaba lo más á menudo posible, no sólo para aparecer ante el público, sino también en su casa, ante sus amigos, y en fiestas familiares de poetas y saltimbanquis.
56 MARAVILLAS
Lo más extraordinario en Rosalba, era que, viviendo en una atmósfera de intrigas amorosas, de caprichos violentos, de pasiones rápidas, nadie la había jamás conocido un amante verdadero. Sus idilios duraban un día, y más que idilios eran obras de caridad, pues siempre tenían como colaborador á un cómico triste ó á un payaso abandonado. Los hombres, en efecto, no la buscaban sino muy tarde, por la noche, cuando ya habían perdido la esperanza de hacer otra conquista.
Ofelia la preguntó :
— ¿Entonces estás decidida á emborracharte?
— Sí, repuso Rosalba.
— Y luego, continuó la cantadora, te marcharás con el primero que desee llevarte á su casa! En verdad te digo, yo preferiría morirme á vivir como tú vives. Porque tú no eres una mujer, sino un perro.
— Tú, en cambio, dijo el clown, eres un tigre. Aquí, la única que me parece una mujer verdadera, es Luisa.
Noemí se echó á reir, asegurando que Luisa era más bien una niña.
— Véanla ustedes, dijo. Allí está, más triste que nadie, cuando debiera ser la más dichosa de todas. ¿Y saben ustedes por qué está triste? Porque preferiría ir á acostarse con su novio á asistir á la fiesta.
El director del concierto que acababa de entrar, dijo á la bailarina:
— Trae á tu hombre. Yo le invito.
— No, repuso Luisa, no.