Memoria sobre educación común · Unidad 15 de 48
Unidad 15 · PARTE TERCERA.
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PARTE TERCERA.
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SISTEMA QUE CONVENGA AfiOPTAB PARA PROCÜRAB8É RENTAS CON QUE COSTEAR LA INSTRUC-
cíoíí rumARiA.
Todavía no e^ nee^satio tocaí* pmitos qút& perte»*^ néeen a la ouestioft anterior^ ''pero que hg&ndpee íb¿> timamente con la renta^ hemos debido reservar ptam este lugar, , ,
Las escuelas actuales está» costeadas i wiAévá^ das eschisivamente por el Estado^ inspeíeeiottadai por él, rejentadas por maestros que él noaitea < o educa, i provistos sus alumnos^ de todos los lilwds i testx)s necesarios para la enseñanea por k mumfin concia del Estado. Los padres de familia^ «nviitt sus hijos a aprovechar de lá Instrucción dada giwtuitamente, sin curarse de cosa qm ten^a réifíékfh con esa educación que nada les cueptay que eirtáí confiada a buenas manos, atendida pof el mas m^ loso dé ké padrids, el g^obierho, i iostenída por el
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mas munificiente délos propietarios, el tesoro público.
Ningún apremio compulsa al padre indolente a participar de este banquete puesto a la disposición de todos, i mui culpables serian los que no aprovechasen de sus viandas.
Esta es la teoría. Veamos la pi'áctica. Ya se ha visto como no se .educan en las escqela^de la República^ de entre 179 mil niños de 7 a 15 años de edad, masque 37,665. Hai pues la diferencia entre estas dos cifras en niños que no han aceptado el don gratuito. Los que lo aceptan, como asisten voluntariamente, dejan la escuela cuando sus padres lo desean, siendo raros los niños que asistan mas de dos o tres años, con lo que la instrucción se limita de ordinario a la lectura, escritura i cuatro primeras reglas de aritmética. Este hecho lo revelan, si no estuvieran ahí los maestros para proclamarlo, la desproporción de las cifras de los estados del mi» nifiterío. Gomo la asistencia es voluntaria i la escuelas estará ahi siempre abierta, i nada se pierde, las< fallas a las escuelason tales que, solo en las ciudades, los niños de ciertas clases concurren la mitad del año, con lo que los dineros invertidos por el Estado no producen resultado alguno, cual si depositara un liquido en un vaso agujereado. Como los locales de escuelas son estrechos i siendo voluntaria la asistencia, asisten los hijo9 de aquellos padres qm mas voluntad sienten de educar a sus hijos, i son los que por posición social, fortuna o educación estiman las ventajas de la instrucción. Si se cuentan en el catastro los propietarios (ie fondos ru-»
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rales, i sé le añaden los que los poseen urbanos en las ciudadeS; los comerciantes, mineros, los jefes He taller i óticos industriales que poseen medios de vivir, resultará número ig-ual o mayor de familias acomodada.s que niños asistiendo a las escuelas ; saliendo por. últinio resultado que el tesoro público PAGA EN TODA LA REPÚBLICA LA EDUCAOION SOLODE LOS QUE TIENEN MEDIOS DE EDUCAR i lo harían si otro no se encarofase de hacerlo por ellos; quedando toda la masa de habitantes del pais que no posee un terreno para pag'ar el catastro, u edificios en las ciudades o taller, destituida de educación.
Este no es el jueg^o. ^^El Estado, decia Mr. Guizot, da la educación i la instrucción a aquellos que sin su ayuda no podrían recibirla^ i se encarg'a de procurarla a los que quieran recibirla de sus manos.'' ^^La enseñanza en las escuelas comunes, decia el año pasado el secretario de Estado Randall en Nueva York^ es barata para todos, i absolutamente gratuita para los que no poseen recursos. ^^ En Chile hemos aplicado de otro modo el gran principio de la educación g'ratuita, que tien^ por base i objeto -educar a los que no lo harían sin la concurrrencia del Estado, con los fondos que emplean en educar a los suyos los padres pudientes o acomodados, o en fin que educarán de todos modos a sus hijos, porque un jeneral, un comerciante, un propietario, un minero, un ministro, no dejarán de llenar este deber por escasez.
No citaremos las leyes dé los paises que como Pi'usia, Holanda, Beljica, Massachusets i Pensil-
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v^ia^ establecen unaoontribuccion direqta especial para este objeto ; ni las áe Francia^ para tomn d& las contribuciones directas que paga cada Jpcalidad los fondos que han de proveer a esta necesidad lócala Ni nos apoyaremos en las palabras del mixu^tro'de, Estado ya citado^ que decia en el uüsnio mensaje : ^^La presente contribución de ochocientos méipesjo^j^ impuesta sol^e la propiedad^ no constilfuye. ent^r^ mente gratuito^ nuestras escuelas^, como sv títükx parece indicarlp^ en el sentido de quedaír esceptos los vecinos de pagar honorarios por la emeaaiq^.< Prorrateos para pag-ar alguna parte del salwioded maestro han sido colectados en muchos, sino eator dos los distritos del Estado. Pero para lo» pobres, las escuelas son ahora^ como bqjo las lejfes tín^rio-' res a 1849 (fecha déla lei que impone la co^tribi^r cion de 800,000 pesos), enteramente gratúitasJ'' I en efecto, en la cuenta de inversión de los. fimdos de aquel año, encontramos no obstante los SOO^^QQOr. pesos, de coBtribucion directa, no obstai^te \ los; 860,000 pesos del fondo permanente de e»€udk% las siguientes partidas :
Colectado por contribución de distritOv, 429,1971
Colectado ^T prorrateo 234,010<
ídem para comprar sitios de escuelas. . .20,760.
ídem para edificar. • . ^ . • .2.Q9525S
ídem para reparar ^ , . 23,745
ídem para alquilar ... ^ *•.-..•*.. . 8,882:
ídem para asegurar idem. - .> 0,846
ídem para leña 76,989
ídem para estantes, libros i aparatos^ . 14,141 ídem por otrds olyetcís. , ^i% ,^ .^mi 73,334
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Como se vé^ esas enormes sumas son de utilidad loeal^ i por tanto la localidad las paga; pues no seria justo que la contribución de escuelas de 800,000 pesos^ pagada proporcionalmente por la propiedad de cada uno en todo el Estado^ fuese a emplearse e9 edificar escuelas a un lugar que no las tiene»
Qué! Un Estado, como Chile^ pobrísimo de rentas públicas, desprovisto todavia de caminos, puentes, calzadas, i obras de común interés, se encargará voluntariamente de<;umplir él con sus rentas, los de- . beres que Dios, la naturaleza, la patria, la civilización i el propio interés imponen al padre de familia , pudiente de dar el mas alto grado de educación a BUS hijos? Si las escuelas publicas gratuitas no die-. sen educación al hijo del comerciante, del hac^nda- . do, del noble, del banquero^ de j aria este de darla? Si el local de la escuela es pequeño, no será el hijo del padre mas solícito el que ocupe sus bancas? Cómo espera el gobierno que los padres se impongan una contribución, o levanten edificios de escuelas, o se acerquen a ellas a inspeccionar la enseñanza, si antes los ha habituado a destinar a sus propios goces el dinero que habrían empleado, sin la oficiosidad del Estado, en educar bien a sus hijos? Cree el gobierno que la indiferencia del público educado,, en materia de instrucción primíiria, i las resistencias de los cuerpos lejislativos son hechos raros i singu- , lares^ que no tienen su oríjen en la naturaleza de las cosas? Oiga lo que a este respecto escribia Mr.. Mann en 1847 :
;^Donde el gobierno np ha establecido un sistema de educación,, queda esta abandonada naturalmen».
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te al cuidado de los particulares. Los que comprenden las ventajas, i es siempre una pequeña minoría, sostienen escuelas apropiadas a sus necesidades, con lo que la mayoría queda sin medios adecuados de instrucción, i la masa crece en la ig'uorancia. De aquí resulta, andando el tiempo, que aparecen las mas estremas desig-ualdades, la clase de los que se educan i la clase de los que no se educan. Establecida una vez la desigualdad,, su tendencia es crecer i redoblar de jeneracion en jeneracion, i esto es solo una parte del mal. Suponed que después de haber existido, aunque sea por poco tiempo, un orden de cosas semejante, alg'unos mas filantrópicos, a mas hombres de Estado, traten de sostituir un sistema universal al parcial. Sus sabios i benevolentes desiofuios encuentran inmediatamente la oposición?
^^ Vuestro plan, dicen, no ha sido aun probado i tenemos derecho de dudar de su bondad. Nuestros hijos tienen maneras i educación (son decentes) i no debemos de consentir en que vayan a confundirse con los otros. De este modo las clases mejor educadas déla sociedad, que debían ser los promotores de los conocimientos i iliejora de sus inferiores, oponen una barrera insuperable a la educación.*^
Esto debe suceder necesaiíamente donde no hai sistema jeneral de instrucción. ¡Qué_ sucederá en pais como Chile, donde el Estado, lejos de haber dejado a las clases educables el cuidado de proveer ala educación de sus propios hijos, les hace la caridad de instruirlos con las rentas del tesoro nacional, formado principalmente délos derechos cobra-
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pos sobro el tocuyo que viste el pobre, sobre el tabaco que fuma, sobre la azúcar que consume? ¿No es cierto que pobres i acaudalados pag^an la educa, cion gTatuita que se dá en el Instituto, nominalmente para todos, pero en realidad para los niños que la aprovechan, que son los mas acomodados i por tanto los que mejor saben apreciar sus ventajas? ¿Estraua ahora el gobierno que en una época la cámara de diputados, compuesta de alumnos del Instituto, i en otra el senado, compuesto de ricos propietarios, se hayan opuesto tenazmente a la fundación de un sistema jeneral de instrucción primaria?
¿Pueden asi violarse las prescripciones del mas vulgar buen sentido, sin obtener las consecuencias de tales desaciertos? ¿Es la naturaleza humana en Chile de otra pasta que en el resto del mundo?
¿No se ven los mismos efectos ruinosos obrados por el sistema protector, que hemos denunciado en el Instituto, traidos por la mano misma del que mas se afana por difundir la educación, como la madre indiscreta que por preservar la salud de su hijo lo mantiene a la sombra, lo envuelve en ropas abrigadas, i le impide los jueg'os que vig-orizarian sus fuerzas, darian enerjia a sus pulmones, i curtirian sus cutis para resistir mas tarde a la acción de la atmósfera? Quiérese todavia otro ejemplo deplorable del sistema de protección? Vamos a citarlo, porque es preciso correjir este error económico que mata todo cuanto toca, i mata precisamente al. objeto de su predilección. Por decreto de diciembre de 1853, el Estado, deseoso de impulsar la difusión
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de la enseñanza^ se encargó de la venta de los libros que la servían de testos^ poniéndolos él en los lug-ares donde su consumo era requerido^ a precios de fabrica, sin utilidad de coraercio; i sin reembolso de fieCeá ni comisión que debían imputarse al capital. liOS pobres debían recibirlos g*ratis, mediante un boleto^ i los pudientes obtenerlos a precios ínfimos. Como se ve, lo mfedida no puede ser tachada de Otra cosa que un exceso de celo ; pero las consecuencias económicas no se hicieron ag^uardar. Como los libros que así vendia a precios de íabrica, quedaban por el hecho declarados de utilidad pública^ la fábrica que los producía í que habia sido montada con grandes capitales^ máquinas i material adecuado, precisamente para hacer bajar los libros a esos prectos ínfimos a que los compraba el Estado, se quedó sin compradores de sus productos, sustraídos ya a la especulación del comercio ; i desde entonces hubo una fábrica en Chile i un comprador hiicoj comprador privilejiado, que no necesita productos sino cada dori años, ni tiene obligación de tomarlos de quien le subministró los priníeros. Hubo, pues, una fábrica arruinada i una necesidad mal servida, sin otra utilidad que el que los que pueden comprar libros, gasten diez o treinta centavos meaos en adquirirlos a precios de comercio. I sobre quién erais que vino a dar de rechazo la medida protectoía? Sobre el hombre que habia inmolado quince años de tiempo a la difusión de la instrucción primaria, sobre el qile la habia provisto de libros indispensables, í no contento con repicar i andar en la profefiíion, hizo venir de Francia un tipógrafo
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librero^ «rftiide moiítsír la indastria que etfuca pam abaratar los libros si infimto, persüarKdo de qiie el medio de difuíidir la instraccion era hacerla barata en stís castos. Aun no habia logrado i*epon¿rse de quebrantos causados por la g^uerra civil, cuando la mano protectora del Estado vino a hacerse sentir sobre sus débiles hombros.
Es preciso poner término a este deplorable sistema que ya ha producido todo el bien que podia,i en adelante ra a hacer solo fuente inagfotable de males. Pídese un sistema conveniente, según las círeunstaircias del pais, para proveer de rentas a las escuelas, i nosotros nos atrevemos a indicar el único que la naturaleza, la justicia, i el buen sentido reclaman, a bien que para aplicarlo, por ser de un orden puramente reglamentario, no requiere ef con-' curso de los cuerpos colejisladores que hasta hoi se han negado a poner mano en la rejeneracion de nuestro modo de ser. Llénense escrupulosa, inapeable, ríjidamente, los objetos de la intervención del Estado en la instrucción primaria que están^ circuns- ' critos ^a da?* educación a los que sin sií ausilio no la obtendrían/' Haga la educación barata para todos j í absolutamente gratuita para los que nó ' puedan procurársela;^' pero en^ todo caso, que cese la inmoralidad, la corrupción de sostituirse el Estado ít los padres de familia en los deberes que ellos deben desempeñar.
Er Estado cuida de dar educación a los que^i;* su ausilio no la recibirían, porque la constitución niega los dei-echos de ciudadano chileno al que, nacida enn láü territorio, üa supiere íeer dbsáe l8í4(y
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adelante i en el pais donde se tributa un culto ríjido a la letra de la constitución, no han trepidado las clases educadas en violar el testo literal de la constitución^ prorog*ando esos términos indefinidamente, a trueque de no organizar la instrucción primaria.
El Estado cuida de dar educación a los que sin su ausilio no la recibirían, porque es en esa clase donde las cárceles, los presidios, la penitenciaria, las g^aleras, las casas de corrección de mujeres, los hospitales, los hospicios, las casas de espósitos reclutan el continjente de sus moradores, imponiendo al pais enormes gravámenes en los gastos que las prisiones i asilos demandan.
El Estado cuida de dar educación a los que sin $u ausilio no la recibirían, porque esas masas ignorantes de mujeres i de hombres que aumentan las cifras del censo son inútiles pai'a la produccio^, no acreciendo la riqueza nacional, fuente de la renta i base única del poder del Estado, tanto tienes tan-- to puedes^ sino en cuanto ganan un salario por la fuerza bruta de sus brazos, mas débil que la de un caballo ; i cuyo salario derrochan el domingo en orjías degradantes, con cuyos abusos la moral se deprava, las familias quedan en la destitución i la salud deteriorándose, la mortalidad se aumenta, al paso que la riqueza se detiene en su desarrollo. Educar pobres, es pues aumentar el número de los que pueden ser ricos, es decir acrecer riqueza al total de riqueza del Estado.
De hoi mas, i por un simple decreto, todas las escuelas públicas, i por un acuerdo las municipali-
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dades no aceptarán alumnos sin un boleto de declaración de pobreza, cobrando a los que no lo obtengan, precio suficiente i equitativo por la enseñanza que reciben sus hijos. Esta medida dará de un golpe rfo5Cí¿wío5 o, trescientos mil pesos para fomento de la instrucción primaría. El Estado no impone tina contribución, sino que cobra un valor suyo; dá educación, i recibe el valor de ese precioso don. Qué sucedería? ¿Habrían padres que se negasen a pagar lo que deben, pretendiendo ser un derecho suyo ahorrarse los gastos de educación de sus hijos? Retirarían a sus hijos de las escuelas públicas, en lo que también están en su derecho ; pero como han de darles forzosamente educación, fomentarían escuelas particulares pagándolas a mas subido precio; con lo que la instrucción ganaría doblemente : con las nuevas escuelas, i con el hueco que sus hijos de^ jarían en la escuela pública o municipal, que ocuparía inmediatamente uno menos exijente o menos acaudalado ; i podrían educarse treinte mil niños mas de aquella masa que hemos denunciado como - imposibilitada de recibir instrucción ninguna. En los liceos de provincia se hará otro tanto, exijiendo examen previo de los alumnos recipiendarios que muestre traen de escuelas públicas o particulares el grado de instrucción que el gobierno repute necesaria. O aceptan las condiciones del Estado, o fomentan la fundación de liceos particulares, con gran provecho del g'remio de profesores hoi disperso i anulado. El Instituto debe esperimentar la misma transformación, dejando inmediatamente de ser poM. II. 19
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sada. Ignoramos cual es la letra i la mente dé la dispoisicion del filántropo don Martin Concha^ de agradecida memoria^ que leg'6 30^000 peaosi para la fundación del Instituto ; petó si no fué ahorrar a los pudientes dinero para que eduquen a sus híjos> este establecimiento, en ló que se refiere a la instrucción preparatoria, debe ser destinado a hacer jue^o con el sistema de escuelas primarias, llenando un objeto que hoi no llena. La educación que dá hoi el Instituto deben darla los liceos páblicos o particulares, reservándose la Universidad su inspección, i el examen de los alumnos cuando ha3^an de solicitar ^ra^ .doS) ien su lugar consagt<arlo a la instrucción científica aplicable a las artes, a la mecánica, a la navegación i a los usos de la vida. En sus cursos gratuitos sera obligatorio el estudio de la quimica, de la mecánica^ de la astronomía, de la jeolojia, de la física, dé la navegación, raices griegas, etc., a fin de que el Estado remedie el estravio de la opinión pública) que habituada a no considerar útil sino la poesia, el derecho i la medicina, rehuye de dar a sus h^s conocimientos en aquellas ciencias cuyo cultivo 1 propagación requiere el desarrollo de la prosperidad nacional ; i como no seria justo exijir de loa bfmqueroS) hacendados, etc», que enseñen a sus hU jos ciencias de que no esperan honor ni provecho^ d Instituto, con un sistema de educación impuesto por el Estado, se convertiría en Escuela Central gratuita én toda la república, para aquellos alumnos pobres o ricos que, habiendo obtenido en escuelas i Uceos, certificado de suficiencia, rindieren satisfactwio examen de un programa requerido^
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quisáesen continuar educáudose en les rómoB ii9 «ti* Udad práctica» que el £}stado difunde por ser iadÍ£H pensf^les para su desarrollo.
Había en Chile en 1847^ se^un el B^partorio. Nacional formado por la oficina de estadística^dea-* to dos agfrimensores^ cuarenta! seis médicoB>.i trefrr. cientos quince abogados.