Memoria sobre educación común · Unidad 30 de 48

Unidad de lectura 30

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Análogas a estas escuetas, i destinadas a los ramod de enseñanza, son las dominicales^ que también han surtido íos mejores efectos én los pueblos manufactureros de ISuropa i los ÉStádóstínidos. La objeción de lo tardío en ellas del aprendizaje, sé contesta con loa línarávilioáos te* SültádOsdeí buen método. ^'Lás lééeiónes de las » escuelas nocturnas i dominicales,'' dlefe en su núm. 6, páj . 19^S, el ilíbwííor/aütoridáú bien competente en la materia,* "deben seí cortas i cóni* pp prensivas. Un méteáó que éíiijfe áñóS para dar p) resultados, llevaénsíeljérmen del mal éxito. V Los cuadros dé Ifecturá gradual remedian li6i » el inconveniente. La teoriá de la lectura no >; pasa dé seíé u ocho lecciones, 1 puede asegurar- ;i se que treinta domingos bastátían para sü es- >; túdio.^

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De bien poco serviría haber determinado la proporción i la forma en que deberían propagarse las escuelas primarias en el país, si hubiesen ellas de encontrarse tan destituidas, como hasta el dia, de los elementos esenciales para quQ, libre de tropiezos, fructifique su enseñanza. El, primero de éstos, después del de un buen maestro, es el de edificio aparente para que funcione la escuela. A este respecto las necesidades que se dejan sentir en la república son jenerales. Privilejiada puede llamarse la escuela que goza de un local suficientemente espacioso para los alumnos que la concurren ; con la luz, ventilación i decencia que convienen; con su patio anexo para recreo i demás necesidades de los niños, Al ver las descripciones que de algunos de estos locales se nos hacen, ¿cómo no hallar hasta cierto punto justicia a los padres que se resisten a enviar a ellos sus hijos? ¿Qué orden regular puede seguirse ni qué progreso esperarse en semejantes establecimientos?

Necesario es, pues, construir en todas partes para las escuelas edificios que reúnan las cualidades de salubridad, comodidad i espacio suficiente, atendida la población a que deban servir, con los departamentos convenientes, según la calidad del establecimiento, para sus diversas

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secciones, bien ventilados i alumbrados; coii habitaciones para el maestro, pues, siempre que sea posible, deberá vivir en el mismo edificio ; patios anexos con sus corredores i plantados de árboles, donde los niños se espacien i respiren un aire saludable i restaurador en sus horas de recreo. »

^'Para 200 alumnos,^^ dice con este motivo el Monitor de las escuelas primarias, *^debe por lo ;; menos haber dos salones, a fin' que pueda ha- ;; cerce la conveniente distribución de clases i di- ^^ visión de grados de instrucción. En Norte yy América las escuelas tienen tres pisos o salones. ^; El I.'' destinado a los niños menores que prinV cipian a aprender a leer, escribir, cuatro reglas ;; simples de aritmética i tablas, definiciones en ;; jeógrafía i jeometría. La 2.* sala es para mu- ;;jeres i la 3.^ para hombres, donde continúan y) la enseñanza superior. Destinado pai a hombres ;; solos nuestro edificio de escuela, bastarían dos >p salones, uno mas espacioso, si se puede, para p? menores, i otro para mayores.^'

De necesidad absoluta considero, para el buen orden i aprovechamiento, la división recomendada en el párrafo precedente. Sus grandes ventajas se han hecho notar prácticamente en cuantos paises la han puesto en planta. En las escuelas elementales podría uno de los departamentos servir para niños, adoptando mi sistema de apro* vecharsepara su enseñanza de las esposas "de los maestros. Este arbitrio, a mas de la economia de sueldos i demás beneficios que ya he hecho pre^

-- »6 ^- 0ente8) {^odii^irk et de dkotrds m úéspt^iáíA^ktñ cu i&R ceiiBtfueci^neft (1).

Müi digna de apkusí^ fépüto ladetéfmitiacioa totnad^por nuestro ^obierno^ áe mandar éoMtrtír por un injenierd ^ottit)Gtéttté, planee de «scwélai») que eirvan de unifbrmei!; modélica» pálriá. todos los ediñcios de esta clase del paid> diátf i^ Í3uyéndDse efemplares de elló^ l¡t<>gi*añádós a tódaí» las próViiitsiaft«

Desde que el edificio de la escuela ííi^^ge tal come acaba de espresái^e, i en su aparienda i amtíébláido respirase la debida depehcía i ele- .gancia-, esto solo bastaría piara dar ún to&f$ fnai diverso a la enseñanza i promo^r en granina^ néra lar^CHiüurrencla. Inclinados como somos a

(1) Acerca de las grandes economías que pueden procurarwe ^r inMló de uü adecuado local, tío será inoportúnt) bójjiar «qéi otro párrafo del Monitor^ nútn. 9, páj. S64. Las jaiciosás observaciones en éi contenidas i sujerídas por la eaperieiicia no necesitan comentarios.

Dice asi : ''Se aprovechan mal los fondos que invierte en la edtidacion nuestra Municipalidad de Santiago, por e[ exiguo número de alumnos que asiste a cada esbuela. itn buen maestro leitixSisidt) por (Cuatro áyndáütes) puede satis&cér cutbplidaraente a la ensefianza de 250 dumnos reunidos en un lo^I; mientras se necesitan seis maestros igualmente aventajados, 1 seis escuelas J3rovistas cada una de todos los aparatos de enseñanza necesarios para educar el mismo número. Las escuelas liiuñicipaiés de mujerek dan en proitiedio 44 alu'áihos eBcáfio^ pol* escuela, habiendo dos de 16 i ninguna que aleante a 60. Las de hombres dan por promedio 70, habiendo dos que pasan' de 100."-— La observación que se hace en este p6tTafo respecto a las escuelas de SantiagO) i que en la mayor parte debe atnbuirse a la insuéciencia de los locales, es ostensiva a vMlá lá rejpublicit*

— 97 — juzgar de todo por las apariencias^ el pueblo coacebiria de la calidad i utilidad de la instrucción que allí se diese, una idea bien distinta de la que en el dia le sujiere la inconveniencia de los locales. Los mismos niños participarían mas que nadie de ese favorable sentimiento; i los americanos del norte se han manifestado perfectamente penetrados de esta verdad en la magnificencia i aun lujo por ellos desplegados en esta clase de construcciones. Por lo que respecta a los padres, el rico que quizá se retrae de enviar sus hijos al local mal sano i desabrigado de la escuela, ¿cómo no los remitirla gustoso a otro donde fuesen a estar con la misma comodidad que en su propia casa? ¿Cómo no haria otro tanto el pobre, para que su hijo fuese allí a reponerse de las mortificaciones que sufre en la suya?

Ni quedarían limitados a esta feliz atracción los benéficos efectos del simple edificio. Acostumbrados en él el pobre desde su infancia a ciertas comodidades, mal podría avenirse después a vivir en el desamparo de las ordinarias moradas de nuestros proletarios. Trataría de proporcionarse cuando grande una mansión algo parecida a la escuela ; i hé aquí como éstas vendrían a ser el principio promotor de útilísimas reformas a este respecto. Ella daría el modelo de su casa al pueblo, i habituándole insensible^- mente al aseo i a la decencia, influiría aun sobre su mejora moral, de que a su vez son éstos el indicio esterno mas elocuente i palpitante. En todos estos edificios debería colocarse una M. ni. 13

— 98 — cbim^iiea para calentarlos en lo mas rigoroso del infierno. ¿Qoién no recuerda haber sufrido por g¡ mismo los inconvenientes de esta falta cuando se .educó en la escuela? La distracción de su tarea qiie la incomodidad del frió le producía i la imposibilidad en que le colocaba de hacer buena letra i aun a veces de tomar la pluma con sus d^dos entumecidos? Solo entre nosotros, que ha tan poco tiempo hemos comenzado a arrojar algunas miradas de interés sobre la educación, ha podido no atenderse todavia al remedio de esta grave exijencia, que en Estados Unidos i en Europa figura por sumas nada despreciables en los presupuestos de gastos de las escuelas.

A los mismos alumnos, convendría confiar el cuidado de asear i barrer diariamente, o por lo ménos^ cada dos días, los locales, después de las clases, estableciéndose entre ellos un turno para el efecto. Nunca se recomendará demasiado este cuidado, que, sobre la conveniencia de la escuela misma, producirá el mucho mayor bien de hacer contraer buenos hábitos a los niños.

VI.

Consiguiente a la construcción de adecuados edificios, es todavia la provisión de todos los muebles i útiles indispensables parala enseñanza, porque, con su £alta, ninguna seria la utilidad de aquellos i aun la del mejor maestro ; i las escuelas vendrian a asemejarse a talleres sin herramientas. En los presupuestos de la educación

— 99 — deb^n, pues, figurar siempre como gastoa^de absoluta necesidad los que demanden tales objetos atención bien jeneralmente descuidada entre nosotros, como si se hubiese creido que con decretar la apertura desuna escuela i asignar una renta ' asn preceptor, se hacía lo suficiente. Verdad es que el gobierno no puede entrar en estos pormenores ; i que ellos deben ser del resorte de las municipalidades i de los respectivos padres de familia. Pero sobre la indiferencia de los Cabildos recae principalmente mi crítica. Con respecto a los segundos, el oríjen de su incuria ha sido, ya esa funesta persuasión, tan jeneralizada en nuestra sociedad, de que todo deben hacerlo las autoridades, ya la excesiva pobreza de la mayor parte de tales padres, ya en fin el haber faltado quien excitase el celo de los vecinos en favor de la instrucción primaria, i para el remedio de sus exijencias. Mas ahora que se trata de dar a ésta una organización definitiva i sentada sobre una base sólida i duradera, es este particular uno de los primeros que, al ejecutarlo, deberán tomarse en consideración.

Cada escuela, pues, será provista del número de bancas, asientos i cómodas mesas de escribir que exija el de los alumnos que hayan de componer su dotación ; de pizarras, mapas i globos, según el rango a que pertenezca ; reloj i campana para las distribuciones, etc. Medida mui acertada ha sido la del gobierno, al hacer venir de Estados-Unidos modelos de la primera clase de 6t¡^' les, para mandar construir a su imitación los que

yPJr escala^Ja creacionde la Escuela Noimal de preceptores. De lamentar es, por tanto,. que todavía tan pocos intendentes, al realizad los encargos que se les hacen de jóvenes de sus provincias para ocupar las vacantes que van resultando, en esp establecinaiento, manifiesta por sus elecciones haberse penetrado lo bastante de latrasoeadencia de su acierto en este pirticular !

Nada mas difícil, en mi concepto, que hallar hombres en quienes se combinen todas las cualidades, a veces contradictorias que constituyen un maestro perfecto. Solo el mas esqüisito discernimiento i un grande imperio sobre sí mismo, pueden quizá realizar esa combinación, ayudados de un natural excelente i de un consumado conocimiento del corazón humano. A la circunspección i reserva que le atraigan el respeto de sus alumnos, debe saber unir, en justa medida, la dulzura i comunicabilidad suficientes para captarse su confianza i amor; al dominio constante de BUS pasiones, la enerjía empleada a tiempo i sin brusquedad. Ha de inspirar a sus educandos la mas alta idea posible de sus talentos i conocimientos^ sin hacer ostentación de ellos como un pedante ; i manifestándolos soló con la mesura que cada caso exija. Ha de tener un tacto fino para discernir cuándo i en qué graduación ha de emplear el castigo, i cuando solo ta reconvención ; mas llegado el primer caso, necesita saber aplicar la pena sin pasión i de modo que no parezca ser él^ sino la justicia misma por su mano, quien la imponga. Su conduc-

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ta en la sociedad será un modelo para sus altttnnos; afable i condescendiente en justos límites con todos, familiar con ninguno: sobrio i medido en sus acciones i palabras : relijioso por convicción i en la práctica : todo en él respirará la dignidad. Contraído al desempeño de sus deberes, sin manifestarse nunca desalentado o aburrido : procurando amoldarse a los diversos caracteres de sus niños, ha de saber infundirles el convencimiento de la utilidad de lo que les enseña i sin cesar el estímulo.

Al considerar todo este cúmulo de necesarias virtudes i talentos, que forman un hombre por excelencia, no vacilo en asentar que la instrucción propiamente dicha en las escuelas normales, nó vence en importancia a la educación moral que eñ ellas debe procurarse. El primer cuidado, pues, de los directores de tales establecimientos convendría fuese escudriñar las cualidades morales de sus aluninos, para no perder ocasión de correjir sus defectos i hacerles adquirir o perfeccionar las dotes designadas. Cualquiera disimulo, que carecería quissá de trascendencia con otra clase de discípulos, podría traer las mas fatales consecuencias, con los de esta categoría. Por lo mismo, el Director de una escuela normal^ a mas de consagrar todos sus momentos al desempeño de su cargo^ ha de poseer en grado eminente las dotes constitutivas del buen maestro, para que puedan estudiarlas en él sus educandos. El alumno en quien se advirtiesen defectos morales incorregibles, que le

— . 104 — constituyesen inadecuado para la carrera de preceptor, debería ser irremisiblemente despedido, por distinguidos que fuesen por otra parte sus talentos. Uno de los medios de asegurar su acertada elección desde el principio, seria consultar sobre la materia a los maestros en cuyas escuelas hubiesen ellos recibido su primera enseñanza, porque nadie se encuentra en mas favorable situación para penetrar la índole de los niños. Con la mas estricta escrupulosidad debería evitarse siempre el dar cabida a los empeños i al favoritismo en tan delicado negocio.

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Con relación a los ramos que en las escuelas normales constituirían la instrucción, fácil es comprender que ellos deben abrazar , con la profundidad i perfección posibles, todos aquellos conocimientos que tales alumnos maestros están destinados a propagar, sea por medio de clases formales, o por esplicacíones prácticas i accidentales, a medida que las ocasiones se presenten, sobre cuantas materias puedan aprovechar a sus alumnos en las provincias a donde se les destine.

El supremo decreto de 9 de marzo de 1854, modificando el de 4 de febrero de 1848, ha fijado definitivamente tales estudios en los de "lec- ;; tura, caligrafía, doctrina i moral cristianas, ;; aritmética científica i comercial , gramática ;; castellana , con atención preferente a la prác-

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yy tica de laórtografiajeografía, idioma francés, yy elementos de jeonietria i dibujo lineal, cosmo- ;; grafía, fundamentos de la fé y historia sagrayy da i de Chile, con nociones de la de América, yy másica vocal, elementos de agricultura, vacu- ;; nación i pedagojia teórica i prácica/'

Esta designación es bastante comprensiva, i sin embargo , lejos de hallar en ella algo que suprimir, encuentro mas bien que, aunque fuera con algún perjuicio del estudio del francés, acaso convendría agregar nociones mui elementales sobre otros raínos en ella no incluidos. Sin duda el francés es útil, no solo como ramo de adorno, sino también como un medio para que los alumnos-maestros puedan estender sus conocimientos en cuantos comprende su aprendizaje , aplicándose , después que lo hayan terminado, a la lectura de las buenas obras que sobre toda clase de materias hai escritas i se escriben diariamente en ese idioma. Pero, ademas de que la falta de su conocimiento podría suplirse mediante las buenas traducciones que el GDbierno debería mandar hacer de esas obras útiles para los maestros^ el objeto se llenarla sin un estudio formal de dicha lengua, i con solo enseñar a traducirla, según disponía el decreto de febrero de 48. No menos provechoso que el francés seria a los alumnos normales el conocimiento de la lengua inglesa, en la cual están indudablemente escritos los mejores tratados para la instrucción elemental; i, sin embargo, no se ha creido oportuno prescribirlo, aten-

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— 106 ~ diendó qui^á^á la razón qne^acaba de apuntarse. Entretanto , algunas muí sucintas nociones i^bre lahistom universal^ ceñidas a la mención de los . principales imperios i a los sucesos i épocas mas notables/ como el decretó de 48 preécribia, no habrían estado de mas al'lac^o de la historia santa / de América i de Chile. En numerosos casos; un preceptor de escuela superior eóhará de menos tales conocimientos para poder hacer ciertas esplicaciones mui convenientes , a sus alumnos: ^

liíM elementos de agricultura los reputo impar tantísimos para los fines que ya he indieádo en Otro lugar, de estendér por todas partes noticias sobre buenos métodos prácticos en este ramo.

Pérosia lasprovinciasdelSur es especialmente útil tal laprendizaje por los maestros aellas destinadosjno convendrían con igual objeto algunos rudimentos mineralójicos^ los quedebiesen ira las del Norte (1)? ¿I la enseñanza mui elemental de l^física no importaría también en gran ma-' ñera para todos, acaso con preferencia a la del francés?

Por lo que hace a la vacunaeión^ considero altamente útil su conpcimiento por los precepto-

(1) En la Escuela Normal de Preceptores debería haber un Museo minerai6jico i otro de botánica para instrucción de los alumnos i para que a su ejemplo formasen éstos otros en las Provincias. Por medio de los visitadores podría empezai'se a colectar el primero, i las remisiones de los alumnos i^ismos lo enriquecerían después.

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reSy'por que nadie se encontrará en mejiCMr títuaicion que dios para propagar ese fluido benéfico en las provincia^ , destinando al efecto algunas horas de I09 jueves i los domidgos. La pequeña remuneración que por este trabajo se les conceda, a la vez que contribuirá a mejorar .su condición, proporcionará considerables ecDnoxaias al Erario, que a tan poca costa podrá sostener va*^ cunadores permanentes' por todo e) pais.

hnjimnástica debería también enseSai^e a estos alumnos, alternada con ia agricultura prácr tica, en sus horas de recreo. . . -

La clase de pedagojia teórica i práctica en escuelas prímarias anexas, debe ser una de las mBS atendidas en éste estableícimiento i en elaná(o> go de mujeres recien planteado^. por ' íjue ella constituye el arte bias necesario para los maes^ tros, el de saber trasmitir, del mejor modoáen él menor tiempo dable, sus propios conocimientos. Pero, acorde con la importancia que he da^^ do a las calidades de que ha de estar revestido todo preceptor, creo que debe ocupar una parte tan principal en esta clase como los buenos métodos de enseñanza, la de la conducta que en la escuela i fuera de ella ha de observarse por el maestro.

Los ramos de instrucción para la Normal de preceptoras, los ha designado el supremo decreto de 5 de enero de 1864 de este modo ; "lee tu-

— 108 — pp ra i escritura, dándose al mismo tiempo un pp conocimiento completo de los métodos de enpp ssñanza mutua i simultánea, dogma i moral pp relijiosa, gramática castellana, aritméticajeopp grafía, dibujo e historia , costura, bordado i ;; otros trabajosde aguja /'

Solo echo de menos en esta designación los elementos de cosmografía, poco menos necesarios a las mujeres que a los hombres; la economía doméstica^ de cuya importancia para el sexo ya he hablado en otra parte, i algunas nociones mui sucintas áe física.