Memorias para la historia de la Nueva Granada desde su descubrimiento el 20 de julio de 1810 · Unidad 107 de 365

Unidad 107 · 108 MEMORIAS PARA LA HISTORIA

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

108 MEMORIAS PARA LA HISTORIA

sas que se tenían preparadas para sostener la guerra. Comenzaron a trepar por la eminencia de una loma, en cuya cima ya estaban reunidos cuatro mil indios armados de hondas, dardos, macanas i piedras i recibieron a sus enemigos con horrible vocería. La infantería subia siempre guardando el m^s profundo silencio, precedida de Francisco Garcia de Tobar, hasta que reunida con la caballería en que se distinguían Ampudia, Luis Bemal i Hernán Sánchez Morillo, i puesto ala frente el gobernador cerraron con tanto coraje de ambas partes que por mas de una hora estuvo indecisa la victoria, hasta que observando los indios la disminución espantosa de sus filas, resolvieron prudentemente retirarse, quedando el campo por los españoles.

Tanta ^ra la fatiga de los castellanos que tuvieron que pernoctar en el mismo lugar de la acción, sinembai^o de no prestar las debidas seguridades contra ana nueva sorpresa. I realmente al otro día, reparados los indios acometieron a los castellanos, i el previsivo capitán Tobar les salió al en^ cuentro con cuarenta ballesteros, enpeñándose una nueva refriega en la que después de muertos i heridos como quinientos paezes, el resto huyó. Siempre de ánimo belicoso los indios dirijieron un mensajero a Ampudia, intimiü-^ dolé como si fueran vencedores que desocupase inmediatamente sus tierras o se dispusiese a correr la misma suerte que los capitanes Anazco i Osorio<

Conociendo Ampudia la imposibilidad de sostenerse por mas tiempo coü la jente que tenia, dispuso en mucha reserva la retirada a Popayan. Mas, los paezes i yalcones ya habían formado su plan de operaciones^ dividiendo su ejército en pequeños trozos, i situándolos a proporcionadas distancias, ocupando dos de los puntos principales por donde debía pasar necesariarneü^ te la pequeña tropa española. Bien sabian los indios el cansanbio i la fatiga que producía en el soldado castellano cualquiera función de guerra, ya por su pequeño número en que las faenas se duplicaban i ya por la pesada armadura que entonces se usaba. £1 capitán Tobar instaba por una pronta marcha, con el objeto de ganar con anticipación una altura que tenían a la frente i en la cual podían pelear de una manera ventajosa; pero no habiendo se* guído Ampudia tan acertado consejo, los indios la ocuparon i bajando una parte de ellos se comenzó a batallar con tal encarnizamiento que el capitán Tobar recibió tres heridas i Ampudia diez. Sínembargo fueron rotos los indios i gozosa la tropa española continuaba su marcha hasta que encontraron con otra partida enemiga mas considerable, i ya no siéndoles posible sostener una lucha tan desigual i tan porfiada i continuo lidiar, tomaron distinto rumbo siempre perseguidos en la retaguardia, ^^a debilidad del capitán Am«- pudia no le permitia seguir al mismo paso que la tropa, por lo cual habiéndose atrasado incautamente fué alcanzado por una partida enemiga i muerto en el mismo momento. La tropa española que observó este deplorable acae^^ cimiento, pudo recobrar el cadáver del capitán Ampudia i lo arrojaron «1 prócsimo rio, para que no sirviese de alimentó a sus contrarios. Así finó Ampodia sus dias, después de haber servido con valor en las conqmtai del Perú