Memorias para la historia de la Nueva Granada desde su descubrimiento el 20 de julio de 1810 · Unidad 314 de 365
Unidad 314 · BE LA NUEVA
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BE LA NUEVA
bilñtad con Is entereza no permitió la iiitnor irrupción en el terreno del patronato i aun logró 'lesarraigar el abuso de la provisión de be Qefícius cu rallos, en cuanto el prelado Juzgaba que este asunto era de su omnímoda interterencia i en este seiilido obraba a su sola discreción. Mendinueta, despuec de tantos año^ de una cesiumbre viciada, puso en vigor las leyes municipales i recuperó la regalía que tenia como vicejerente del Irono. Bste paso firme fué aprobado por la cédula de 24 de abril de 1801, i por primera vez la autoridad civil entro al goce de sus atribuciones.
La erección de un obispado en Antioqía,' punto ventilado por tantos años, mereció la especial recomenduoion del virreí, mas tan útil medida solo se pudo llevar a efecto durante la administración de Amar. De aquí se orijiuó el empeño de )bs habitantes de la provincia del Socorro para solicitar igual erección episcopal en ese lenitorio, petición que no tuvo el apoyo de Mendinueta por razones muí claras i convincentes entónoes. Mejorea e indisputables motivos ecsístían para proveer al vastísimo pais de Casanare de un pastor autorizado en calidad de obispo ausilíar con residencia en los mismos lugares. En mucho desamparo habían quedado esasdilattdasrejioaes desde que los misioneros Jesuítas habían tenido que dejarlas, desprovistas <l« ausí Iros espirituales, puestos pocos misioneros i curas que atendían a los Seles de continuo buscaban los lugares mas inmediatos a la cordillera para residir, temerosos de adelantarse en las llanuras inacabables, que ponían miedo por su clima insalubre, su horrenda soledad i el anegamiento en gue se encontraba ese terreno bajo, durante la mayor parte del añcporel terrible invierno intertropical i los derrames de tantos caudalosos ríos que fertilixan aquellos desiertos. No habia noticia que los metropolitanos hubieran visitado esa lejana porción de su grei. tanto mas digna de cuidados, cuanto a que era neéSta en la creencia i dispuesta a abandonar la vida social cuando carecía de pastores. Mendinueta ocurriií a la corte escitando vivamente para que se nombrase un obispo ausíliar del diocesano de Ssntafé, con permanencia en Casanare, dotándolo con parte del ingreso decimal, cuyo producto en esa provincia alcanzó en 1800 a mas de once mil pesos, i cuya suma también sufragaba para establecer i mantener dos colejiosde misiones i un seminario conciliar.
Siguiendo los pasos de su predecesor, uniformó su opinión con respecto a la reforma hospitalaríadelconvenlodeSan Juan de DÍos,indicando también la necesidad de que se administraran esas rentas por sujetos particulares, con fianzas valiosas que asegurase ilesos caudales contra todo caso fortuito; porque en manos de los reltjiosos no se administraban bien, pues consagrados a tantos actos de devoción con perjuicio de la constancia asidua de los enfermos i dificultados en el manejo de ellos por la concurrencia de muchos interesados, ni llenaban cumplidamente sus deberes de caridad, ni daban garantías en la buena administración de loa fondos. Estos eran entonces tan cuantiosos que Mendinueta proponía la erección de otro hospital estramuroa de
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la ciudad, para asistir en él a los enfermos atacados de alguna epidemia contajiosa.
La propagación de la luz evanjélica entre los idólatras i la reducción de estos a la vida social, ocupó con frecuencia el pensamiento del virrei. Pero los mismos motivos anteriores producian siempre unos mismos resultados. La misión de los Andaquíes enteramente abandonada, era un hecho palpable contra los padres franciscanos de Popayan, i á Mendinueta no le fué dable conseguir operarios evanjélicos de ningún convento para establecer esas reducciones. Con motivo de lá final erección del obispado de Mainas, propuso el virrei a la corte, que si la nueva demarcación episcopal comprendia hasta los Sucumbios i abrazaba alguna parte del territorio de Andaquíes, se sometiese al nuevo prelado, la totalidad de esa misión, pues el virrei notó era enteramente imposible fomentarla.
Las misiones de Mocoa, que yacian en total olvido desde la ^patriacion de los Jesuitas, tampoco se pudieron restablecer. Al celo de un varón apostólico, del padre Francisco de la Paz, natural de Pasto, se debió el que algunos indíjelias se reuniesen en dos poblaciones ; pero estos esfuerzos se paralizaron por la solicitud del Cabildo eclesiástico de Quito, quien consiguió que esas misiones 8e adscribiesen a las del rio Putumayo, sirviéndolas de escala.
Para poder sostener la misión do Cuiloto en Casanare, fué preciso encomendarla en 1797 afos padres agustinos, donándoles por parte del fisco una hacienda de ganados, concediéndoles dos curatos en propiedad, permitiéndoles la fundación de un Colejio conventual en Morcóte, i disponiendo que de España se enviasen treinta i seis relijiosos que diesen principio a la fundación i a los trabajos de dichas misiones. Véase el espíritu evanjéllco que reinaba en esa Comunidad i el modo astuto con que evadieron correr ellos los peligros de la catequizacion. Las reducciones encargadas a los recoletos de la Candelaria sobre el rio Meta, cotinuaban en regular prosperidad.
En los llanos de San Juan i San Martin proseguian los padres franciscanos a la frente de esa reducción ; pero los pocos pueblos que tenian fundados se hallaban tan mal situados i tan apartados unos de otros, que en el tiempo del invierno quedaban completamente incomunicados a causa de los rios invadeables que regaban el pais. Ppr esto dispuso el virrei la traslación a mas aparentes localidades, reduciendo su número para formar asociaciones mas considerables i evitar el aumento de misioneros innecesarios que se a^omeraban en los lugares mas cómodos i roas h^itados.
Las reducciones de la provincia de Veragua, confiadas como ya se ha dicho a los franciscanos de Panamá i las de Santamarta i Riohacha a los capuchinos, no adelantaban considerablemente, i las segundas nirgunos frutos prometian. Mendinueta, viendo burlados todos sus proyectos i buenos deseos, propuso a la corte como únicos medios que se podian emplear con suceso para recabar algún fruto, la creación de colejios de misiones en los
mismos lugares que servían de escnla para la entrada a las tribus idijlatras, obligando a los padres a la residencia en esos locales i a formar jóvenes novicios en losiniKmos a espensas del fisco, quienes debían recibir una instrucción especial i únicamente contraída al penoso deber de ese apostolado ; indicaba también la necesidad de que en esos seminai'iüs se diesen lecciones de los dialectos de los índijenas con los cuales se debía tratar, enseñándoles las costumbres, hábitos i todo lo referente para sacarlos de su vida salvaje ; igualmente manifestaba que era conveniente establecer poblaciones imnediataa para que sirviendo de punto de refujio i ausílio a los misioneros, ofreciesen un incentivo a los índijenas para irse incorporando a esas asociaciones, comparando las privaciones de su estado con la abundancia í ventajas de la vida social; finalmente esponia que esos misioneros debían comenzar fomentando relaciones amistosas por medio del buen trato i dádivas con los indios de mas influjo, escojiendo para jefes de estas misiones sujetos conocidos por su piedad, talento, probidad i consagración al trabajo.
El mismo caos, el mismo desurden, siempre la mala administración en la justicia se sentía, por las causas que notamos en el anterior período de Kzpeleta. Los gobernadores, correjidores i alcaldes ordinarios conocían en primera instancia de casi todos los negocios contenciosos ; peroco:iolos primeros i segundos funcionarios tenían también otras atribuciones peculiares que se consideraban las primeras i preferentes anejas al destino, descuidaban con frecuencia el cumplimiento de los segundos deberes en sumo grado, i en cuanto a los alcaldes no habiendo en cada capital de provincia sino dos funcionarios de estos por lo regular legos, no podían dar evasión a los negocios de su resorte, embarazados por otra parte con las continuas consultas a letrados. Los muí pocos procesos que al cabo de muchos años se podían desenvolver de este hilo de Ariadna, eran los que llegaban a tos salones de la Audiencia para sufrir nuevas demoras por otros motivos. De modo que babia una verdadera estagnación en la distribución de la justicia en todas las instancias conocidas. Felizmente entonces los pleitos, ese cáncer social, no eran muí comunes, i el grave mal se hacía sentir con mas vehemencia en el moroso prDcedímiento,de las causas criminales i en la tardía represión i castigo de los culpables.
Mendinueta creía remediar estos males, solicitando la creación de Ires alcaldes delT^rímen, con las funciones propias de estos majístrados i bien dotados con el sueldo de 3.30O pesos cuda uno; ademas el eslablecimíenio de una sala separada en la^Audiencia. que se contrajese únicamente a la espedícion de los asuntos criminales i el nombramieto de Tenientes asesores letrados bien pagados en todas las cabeceras de partido. Estas mejoras algún tanto hubieran remediado las necesidades que se hacian notables; pero el mal estaba en la lejíslacion, en las costumbres, en el sistema, i el virrei tuvo la pena de ver desatendidas sus útiles indicaciones.
Era tal la falta de sujetos hábiles para desempeñar las gobernaciones,