Memorias para la vida de Gaspar Melchor de Jovellanos · Unidad 19 de 53

Unidad 19 · CAPITULO XVII.'

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CAPITULO XVII.'

J)espues de haber cesado la Junta central en

el gobierno , .se embarca /ove Llanos en Cádiz

para Asturias. Una tempestad le arroja

á Muros en Galicia , donde se detiene

mas de un aíio.

i-^ingun estorbo, parece, podía haber para que tlon Gaspar emprendiese este vlage por mar , qiiando la rasiialiclacl le presentaba en la bahía de Cádiz la fragata Cornelia , que estaba aparejada para salir á Galiria en busca del reverendo obispo de Orense , desde donde podía proseguir en qual(]ulera buque hasta Gijon; |)ero hubo algunos que se lo impedían. El primero y principal fue hallarse sin mas dinero cpie ocho mil reales escasos; único fruto de sus largos y penosos servicios en quarenía y dos años , yjues aunque soltero y sin estrechas obligaciones , habla consumido su? sueldos en libros y pinturas, desaparecidos con sus desgracias, en viages, y en' socorrer á los necesitados. Pero sn mayordomo don Domingo Garda de la Fuente, que le servia con amor y fidelidad desde que fue nombrado cmbaxador de Rusia , y le acompañó en el encierro de Mallorca , consolándole y asistiéndole en sus aflicciones , le ofreció doce mil reales , que habla ahorrado de su salario en todo aquel tiempo. No pudo dexar de aceptarlos al ver taii sincera genero-

^idad y flfispi?íin<Vimioiito ; pero doseoso ele, CorresjUMuIer á <'lKi , le ceilió para siempre luui ca-íj y po'^esion libre, <(ue tenia en los arrabales tie Gijon : v en te-tiníonio de su eterno reconocimiento , y de las virtndes de Gjieia.d*^ lu Fnenie dexó estampado sn jná-» to y ílehido elogio en el tolio cxxi <Ul tomo I tle la citada Memoria , que todos deJjtMi jeer.

Vencida esta primera dificultad, tropezó con otra harto mas peligrosa y desagradable. Al tiemjio de embarcarse en la fragata Corjiella con su compañero el marques de Campo-sagrado, su esposa, dos parientes, cape-^ lian V criados, halló á bordo otros seis vocales de la Junta central , que volvian con 6US iamilias y cquijiages á Galicia ; y como em|>e7.ase entonces á susurrarse en Cádiz, que todos los que habian sido miembros de aquella Junta se huían á su patria con las riquezas que habian robado en el anterior gobierno , tan terrible caknnuia puso al incornqnible y pundonoroso Jove Llanos en el mayor apuro , y en estado de no poder seguir su viage. El desden y desatentas mira- <las de la chusma de la fragata , v las notiCías de los que iban y volvian á bordo desde Cádiz , acabaron de confirmar tan des- ¡agrailables rimiores.

■' Irritado don Gaspar , determinó salir al Trente con Camoo-sa^rado , haciendo á sus auttíies un público desafio en un cartel que

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dirigieron al redactor del Diario de Cádiz para que le insertase en su periódico ; pero la Junta superior de aquella ciudad rehusó su publicación (*). Tí como también se susurrase que la misma Junta comenzaba á dar ciertos pasos contra los centrales , resolvió Jove Llanos pasar á Cádiz á averiguarlo, pero se lo estorbaron los compañeros por no exponerle á algún desaire ó insnlto. En tan. amarga situación no sabia qué partido tomar para no faltar á su honor y estimación. Mas dos justos motivos le abrieron camino para salir de ella. El primero fue una voz que los perturbadores de la tranquilidad pública habian divulgado en Cádiz, de que los ocho vocales de la central estaban arrestados en la fragata Cornelia , y como se apoyaba en su demora en la bahía á pesar de su urgente comisión y de tener viento favorable , parecia verisimil la falsedad ; y el segundo la proporción de hallar allí el bergantín nuestra se*-! ñora de Covadonga pronto á la vela para Asturias. Determinó transbordarse á él con Campo-sagrado y su familia;, y como fue conaprobacion y pasaportes de la Begencia , hizo ver á los detractores que no estaba comprehendido en su impostura.

(*) l^éanse al folio 148 deltom. n de la citada Me^ tnoria las copias del oficio dirigido al redactor del Diario , de otro al gobernador de Cádiz , de las respuestas de ambos 3 y de otra carta confidencial del mismo al gobernador.

Salió el bergantín He baliía á las 6 de la tarde del itia ü6 de lebrero do loio , y la dilina Providencia , que destinaba á don Gaspar de Jove Llanos á sufrir una larga serie de sustos y desgracias , las llevó á un extremo, que él estaba lejos de temer. Navegando el buque con alternativos vientos prósperos y calmas, montó al tercer dia el cabo de san Vicente. Mas al acercarse la luna equinocial, se arreciaron mas y rnas cada dia los vientos del tercer quadrante , y al paso que abreviaban la navc2,acion , la liacian en extremo mas molesta y peligrosa. El dia 5 de marzo se dirigia al norte, diez leguas á la mar de Finist<?rra , pero el viento le echaba sobre la tierra , bien fuese por error de estiva , ó porc[ue el barco derivó demasiado hacia ella. Después de pasar una noche muy tempestuosa, bramando el viento con la mayor furia , y levantado el mar terriblemente , se hallo casi perdido sobre las islas de Ons. El naufragio era inevitable, si no hubiese amanecido; pero enviando Dios la luz , dio tiempo para que con gran riesgo y trabajo se desembarazase un poco, y haciéndose á la mar, pudiese arlibar á las ocho de la mañana del 6 de dicho mes á la ria de Muros de Noya en Galicia.

Ni el susto, ni los vayvenes, ni la cercanía del naufragio alteraron el reposo de Jove Llanos, á quien, viendo como inevitable la muerte , nada le afligía sino la idea de la in-

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gratitud riel público , que al cabo de tantos años de buenos servicios le dexaba morir sin gozar de aquella recompensa de tama y b\ieii nombre, que debia á quien tanto había trabajatlo por él. Atormentábale también no haber visto reunida en Cortes esta nación , tan acreedora á su prosperidad , después de bal)er sudado mucho en organizar el plan mas sabio que se podia desear.

No recobrado aun de tantos peligros, y antes de saltar en tierra, unos amigos del capitán del bergantín , que le habían conocido, pasaron á él, y la primera noticia que dieron íue que los franceses habían invadido de nuevo á Asturias , y se habían apoderado de Oviedo, Gijon, Aviles, y de todo el país basta la orilla derecha del Nalon. ¡Qual seria. Dios mío , el sentimiento y trastorno del infeliz don Gaspar al oír nueva tan cruel, después de haber sufrido una serie tan continuada de trabajos y persecuciones, y al considerarse destituiíio de recursos en tierra age— na, sin entrar en la suya, porque tanto suspiraba! Pero [ab! Aquí de la Providencia. Los vecinos de aquella villa , mirándole como á un verdadero náufrago , le abrigaron, con muestras de gran aprecia y boyjjiitaüdad, distinguiéndose la viuda é hijos de Genflón, que le llevaron á su casa y á Íos marqúese* g de Campo-sagrado, cediéndola para que vi-^ viesen junto* , con todos los <if>ficío& y obsequios que dicta la cortesanía j la ma» acen—

dra«la caridad. Y iio menos atentó y generoso el (ri3iiiii;iiulo eabiUlo de anuellu colej^iata dispuso celebrar inmediatamente una solemne y devota acción de jiracias al Omnij/otente por haberlos librado de tan terrible ixjrrasca , á la que todos concurrieron con gran edificación.

Pasatlos unos dias recibió Jo ve Llanos la placentera noticia de que los asturianos bahian arrojado de su pais á los enemigos , y lüuy contento determinó volver á embarcarse en el mismo bergantin , que todavía perinanecia en la ria por taita de viento. Se tlesj»idió de sus bienhechores , se reembarcó el e(|uipage, levó el buc[ue la áncora , comenzó á ponerse en francpiía ; pero quando don Gaspar iba á pasar á él , observa que vira sobre el puerto por haberse cambiado el viento. A esto se agregó, que habiendo llegado el correo poco después, traxo la triste nueva de haber I rechazado los tranceses á los españoles , y que iliabian vuelto á dominar á Gijon y Oviedo; con lo que tornó desconsolado á su residen- !cia, que aunque e.straña, la hacia menos desagradable la buena acogida de aquellos benéficos gallego».

Estando distrutándohi Jove Llanos, aunque con pasagera tranquilidad , un ignominioso y torpe disgusto la alteró. La mañana del aS del propio mes de marzo se presentó «n la casa , en que estaba hospedado , el coronel don Juan Felipe Osorio , acompañado

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de nn escribano , después de liaber dexado en su posada un asesor y tropa con que Ja noche anterior había entrado en la villa: llamó á parte á don Gaspar , y le manifestó la orden que traía de la Junta principal de Santiago , emanada de la superior de la Coruña, para saber si él y Campo-sagrado traían pasaportes , y recogerlos, Es fácil inferir qnál seria la sorpresa de Jove Llanos al oir tan inesperada comisión , y al ver el aparato con que se le notificaba. Se los mostró; y aunqna se resistió á entregarlos , hubo de ceder , por no estrellarse con una autoridad armada y de tan poco miramiento á unos caballeros tan notorios y conocidos en aquel país. Así acabó esta escena , á la que sucedió otra no raenos desagradable , pues volvió el coronel por la tarde , y les dixo abiertamente , que su comisión se extendía á reconocer y recoger sus papeles. Peidíendo entonces don Gaspar su natural moderación , se resistió con calor y vehemencia á tan despótica y violenta exacción. Insistía el militar en la precisión de cumplir las órdenes de sus geíes : pro- ' | longábase , y se enardecía la contienda , pues \ todo lo que sobraba á Jove Llanos de razón, sobraba de fuerza al 'comisionado. Al fin la prudencia obligó á aquel á que se reconociesen los papeles , y á que se sacase copia •de los que quisiesen , pero de ningún modo condescendió á deshacerse de los originales.

Se conformó el coronel , pero tomando tiempo para coi.sultar el convenio á sus comitentes. Entretanto clon Gaspar y el marques <lir¡^ier(in sus cpiejas de tocio lo ocurrido á la suprema Juma de Rc¿^encia , ai caj)itan general de Galicia y al reverendo obispo de Orense , á quienes liabiaii participado luego que arribaron á Muros lo ocurrido en Cádiz al tiempo de su salida, el envio^ dé la fragata Cornelia y su oijjero , la tormenta c^ire hablan stdriclo , su llegada a aquella villa y su dirección á Asturias, añadiendo al ca pintan general que traían pasapcyrtes de la Regencia ", de cuvos oficios recibieron puntual contcNtacion. La Junta superior de Galicia], conociendo su error, se apresuró á corregirle , dando por concluida la comisión de Oíorio, y mandándole que restituyese ios pasaportes ; pero la suprema Regencia , aunque reprobó la conducta de la Junta y de su comisionado , nada proveyó en desagravio de los atropellados.

Peor suerte hubieron de padecer los otros diputados de la Central , que se restituyeron •é Galicia en la fragata Cornelia, porque des- "pUes de haber sufrido duros, indecentes é injustos procedimientos en la bahía de Cádiz, fueron encerrados en el castillo de san Feiipe. Estos ulirages y las muchas persfcueiones con cjue fueron atribulados aquellos primeros padres de la patria por ios fomentadores de la anarquía en Sevilla y Cá-

diz, excitaron el zeJo, pnnclonor y amor á la jvisticia (Je don Gaspar ele Jove Llanos á escribir la Memoria , citada en la nota anterior, no tanto para manifestar al público su conducta patriótica y opiniones, cjuanto para rebatir Jas atroces calumnias, divulgadas contra los individuos de la Junta central, con documentos incontrastables, aprovechando el tiempo y vagar que le proporcionó su larga i:e&idencia en Muros.

Antes de acabarla pasó á Santiago con los marqueses de Campo-sagrado á visitar el templo del santo Apóstol , y después de esta romería tornó á Muros á concluir su escrito con la cqníirmacion ele ia& noticias de lo que liabiau padecido sus compañeros en el Ferrol. Llegó entonces á Muros su mayordomo, que Jiabia cjuedaclo en Cádiz disfrutando el , sueldo ele portero mayor de la secretaría de la Junta central, v pudo. .cambiar con la plaza de .oficial agregado á la. factoría de tabacos de Cijon con el objeto de acompañar y asistir á sü ¿amo , quien le recibió como á un consolador enviado (.1 el cielo. Pasó en Muros el siguiente invierno; pero en mayo de j8ii se trasladó .á una deliciosa hacienda del marcjues de Santa-cruz de Pvibadulla , dondp por espacio de siete semanas logró reparar su quebrantada salud, y explayar su angustiado corazón. Volvió por último á Muros, á disponer su viage para Gijon , noticioso de estar libre de enemigos. Se despidió con ternura y agradecí-

miento . fie los caritativos' muranCs , sus generosos bienhechores ; y salió por tierra de aquella villa el ilia 17 de julio. Pasó por la Coruüa, tlouíle abrazó á su sobrino doiV ÍOsé Cientuc^os, conunulautc de artillería en atjuella plaza , en cuva compañía se detuvo diez diasi y después prosiguió su ruta á Asturias con toila telicidad. —

Pero antes de. salir ile Gal ¡cía ,. y pQ.CO después de haber concluido la citada MeiDOKÍa, y de haber desahogatlo su espíritu con k» que en ella expuso , tue acometido de nuevo con la acerva noticia de la muerte del primero, del mejor y del mas (jucrido de sus amigos don Juan Arias de Saavedra , caballei'o del halVito de Santiago y consejero de Hacienda, que hidjo de ponerle en peligro de suceder la suya. Solamente yo soy capaz de concebir liasta qué grado de dolor ascendería . su extraordinario sentimiento al recibir un golpe tan atroz , porque soy testigo ocular del origen di! tan estrecha .^mistad en 1764 , según tengo indicado en el capítulo lil de esta primera parte. Porque he visto la constíincia <{le ambos en sostenerla y conservarla á pesar de las muchas y largas ausencias que los separaron. Porque he focado con mis manos los efectos del amor y desvelo iucomparablc con que Arias de Saavedra cuidaba de la conducta é intereses de su liijo (que así lé llamaba), no solamente en los dias de su prosperidad y lozanía , sino con mas ahinco en ios

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adversos tiempos Se sus persecuciones. Porque lie Icido las muchísimas y tiernas cartas con que le animaba y consolaba en ellas. Y en fin , porque he sido el sugeto que mediaba en las confianzas de estos dos finos amantes. De manera que estoy admirado de que don Gaspar pudiese sobrevivir mas de un año á un padre , á quien obedecia en todo respetuosamente , y á quien amaba y debia amar con tanto afecto como al propio y natural (*).