Estado político, gobierno y administración de la isla de Cuba · Sección preliminar

Preliminares

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

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Sarbarí Collegf lífatarg

COLLECnON ON CUBA

FROM THE GIKT Oí'

ENRIQUE DE CRUZAT ZANETTI

(CUM Df ll») OF NEW YORK

MEMORIAS

í?()BRE

II ISTiíiÓ rOlITIH.

GOBIERNO Y ADIINISTBACION

DE LA

ISLA DE CUBA

POR

EL TENIENTE GENERAL DON JOáfe DE LA CONCHA.

^»»>MÍ«^4«

MAMII:

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE D. JOSK TRÜJILLO,

CALLE DEL FOMENTO, 15.

1855.

5M5SS, 4

INTRODUCCIÓN

Isla de Cuba es una de las provincias mas importantes de la Monarquía. Natural era por lo mismo que su conservación hubiese de mirarse como un objeto del mas alto interés por todos los españoles. Sin embargo « nada mas contradictorio que las opiniones que acerca de ella existen en la Península. Mientras no pocos, de una parte , sin darse cuenta de las ideas que emiten ó prestando ligeramente crédito á los vaticinios de la prensa estranjera desesperan del mantenimiento de la Isla unida á la Metrópoli, muchos de otro lado , la inmensa mayoría acaso , oyen con indiferencia tales presagios y muestran absoluta incredulidad, como si se tratase de un hecho completamente imposible. Y no obstante, por triste que el decirlo sea, hablando de un pais, lejano sí, pero con el cual úéne la Península relaciones tan vastas y comercio tan activo , causas suficientes para que su situación debiera ser aquí clara y distintamente conocida, ambas opiniones adolecen del error mas grave y pudieran conducir á resultados igualmente desastrosos. Porque en el descorazonamiento de los primeros se olvidan los grandes elementos de conservación que Cuba encierra ; porque en la ciega confianza de los segundos se prescinde de que no hay elementos de conservación bastante poderosos, cuando no se apro- . vechan con celo é inteligencia, sobre todo si se los espone al constante roce de causas de destrucción , capaces por sí solas de disolver los imperios en la apariencia mas bien asegurados ; y porque , en fin « el olvido de ambas verdades pudiera dar lugar á que no se procurase estudiar la situación con todo el esmero y urgencía que á voz en cuello reclaman ya los intereses nacionales mas sagrados.

No es del momento ni á mi objeto conduce el investigar ahora á qué se deba la ignorancia harto común que en la Península se advierte sobre las cosas de Cuba : bástame que sea un hecho representado en las opiniones dominantes ; bástame el riesgo que de ellas nace , para que yo , que he debido á la confianza de S. M. el mando de la Isla por un periodo corto, aunque suficiente para conocer su posición y necesidades ; yo que creo firmemente en la posibilidad y aun en la seguridad de conservar á Cuba tranquila, próspera y feliz , no vacile en presentarme á combatir aquellos peligrosos errores, diciendo la verdad en toda su desnudez y tal cual importa que sea universalmente conocida.

Cuba por su posición geográfica , su riqueza y sus relacione» comerciales , está llamada á ejercer grande influjo en el porvenir de la agricultura , industria, comercio y marina peninsulares, y es ya hoy el mercado mas importante que alimenta y ensancha esas fuentes de la prosperidad nacional. Como que es el pais que mas activa y cuantiosa parte toma en el comercio y navegación estenores de la Península, no solo por sus cambios directos, sino por las numerosas operaciones que con estos se enlazan , mediante las cuales tiene gran participación en el comercio de España con todos los paises estranjeros de América , con el Asia y mas especialmente con las islas Filipinas , y por último , aun con las mismas naciones de Europa. Pues si, no obstante, hay muchos que tratando de la conservación de la grande Antilla , parecen preocuparse tan solo de la mayor ó menor cantidad de los sobrantes de aquellas cajas que vienen á ingresar en la masa común del Tesoro nacional y contribuyen asi á los gastos generales del Estado , es ese otro de los errores apenas concebibles en nuestro pais. Aun sin salir del terreno de los intereses materiales, debiera no olvidarse que Cuba contribuye también á la fecundación de nuestra riqueza pública con la remesa constante de grandes capitales , representados ya por cuantiosas fortunas allí formadas en el ejercicio del comercio y diversas industrias, ya por asignaciones con que socorren á sus familias graa número de peninsulares que á ese loable objeto destinan una parte de sus ahorros ; circunstancias una y otra que valen ciertamente el que para apreciar la importancia de la conservación de la Isla , ni aun deba recordarse esa que forma , digámoslo asi, la única preocupación de los que solo tienen en mira los ingresos directos del Tesoro. D3 modo que , aunque á tan valiosos intereses

no reoniera Coba la mas preciosa condición de ser una provincia espafiola , su suerte seria en todo caso para Espaíla la cuestión mas grande y mas vital que en estos tiempos pudiera suscitarse al instinto de conservación y al sentimiento de la propia honra.

Y así es que , si yo creyese que la pérdida de Cuba era ya irremediable ; si no juzgase que hay en esa Isla elementos tales de conservación , que aprovechados por un gobierno justo , ilustrado y previsor^ pueden sacarla ilesa de los graves peligros interiores y esteriores de que por largos afios vienen rodeándola la imprevisión y los errores mas funestos, tenaz y oportunamente aprovechados por la ambición y la codicia propias y agenas , no menos que por el enojo estrafio ; si eso no creyese , digo , siento mi corazón animado de bastante patriotismo para no haberme apresurado á anunciarlo desde luego al Gobierno y al país , indicando los medios oportunos de prevenir una catástrofe , en que al sacrificio personal de millares de espafloles , y al de inmensos capitales , iria unido el deshonor de mí patria ; porque baldón eterno seria para España , si por su impericia y abandono llegase á consumarse la pérdida del último y tan brillante resto del imperio espafiol en el nuevo mundo. Pero la posibilidad , la seguridad de salvar á Cuba es para mi una verdad de sentimiento y una convicción profunda ; y cuando creo al mismo tiempo que no se trata de una obra difícil ni para la inteligen*- cía, ni para el patriotismo, porque conocida la situación y los males de que Cuba adolece salta á la vista su remedio , pienso que es deber mió no detenerme en presentarlos , sean cualesquiera las dificultades que para ello pueda ofrecerme la necesidad que esa tarea me impone de ocuparme también de mi administración , y de ciertas cuestiones que por mi intervención personal olvidaría , si el mismo interés con que se ha pretendido estraviar la opinión acerca de ellas no hubiese revelado de antemano su importancia.

No sé si á pesar de los motivos que me impulsan, si á pesar de la gravedad de la situación, estará mi trabajo destinado á sufrir la suerte de tantos otros, cuyos avisos en tiempo utilizados hubieran evitado á España mucha parte de tantos males como sobre ella vienen lloviendo desde principios del presente siglo. Pero no es esa una idea que haya podido arredrarme nunca del cumplimiento de un deber. Si mi trabajo fuese inútil, en medio del dolor con que no podré menos de ver las nuevas desgracias de mi país, quedaráme el consuelo de haber agotado el último recurso á que

podría apelar para impedir nna de las mayores que ahora sobrevenir pudieran.

Voy» pues, á esplicar la situación de Cuba en cuanto tiene relación con su gobierno, porque á su mal gobierno en último re« sultado se atribuyen los peligros de que se encuentra rodeada; pero como esa situación no se comprendería bien, si antes no examinase y destruyese los errores de aquellos que en su ciega confianza olvidan cómo España perdió en un breve periodo todo el continente hispano-amerícano , sin embargo de que al tiempo de su revolución era general la creencia en su contento y bienestar, forzoso me será dar príncipio á mi tarea por nna rápida ojeada sobre la marcha que Cuba ha seguido en el desarrollo de su prosperídad materíal, para entrar luego en el examen del verdadero origen de ella, de su influjo en el bienestar social, y de las garantías que haya ofrecido y ofrezca para el mantenimiento de la unión á la Metrópoli. Este examen me conducirá naturalmente al estado político y administrativo en que hallé la Isla al encargarme de su mando; y una vez presentada la situación^ me será ya dable entrar con desembarazo á esponer cómo yo la concebí , cómo empecé por aplicar los remedios que se hallaban en la esfera de mis atribuciones, y propuse en lo demás al Gobierno cuanto en mi conciencia creí mas imperíosamente necesario para robustecer allí el poder de la Monarquía , labrando simultáneamente la dicha del pais. No concluirá, sin embargo , con esto mi trabajo: el escaso tiempo de mi administración y los varíos sucesos y dificultades inmensas con que en ella tuve que luchar , no pudieron ofrecerme ni espacio ni ocasiones oportunas para desarrollar todo mi pensamiento. Preciso me será por lo mismo esponer este también de una manera mas completa y en forma que pueda fácilmente decidirse de su virtud para salvar los peligros del presente y asegurar el porvenir de que ya famtos desesperan.

Mi plan es, como se vé, demasiado vasto para entrar en pormenores; ni el tiempo de que dispongo, desde que he llegado á convencerme de la impresdndible necesidad de escribir estas memorias , me permite dar en ellas toda la estension que deseara á cada una de las diversas partes de que habrán de componerse. Pero, reunidos como tengo cuantos datos pudieran necesítarBe para alejar la menor duda sobre la intensidad del mal que deploro y de los vicios que condeno, sencillo me será mas adelante publicar-

los en una serie de apéndiees que no vacilaré tampoco en dar á luz t si lo juzgase indispensable.

Hubo un tiempo en que á la lealtad personal y á consideraciones de elevada conveniencia pública pudieron cumplir la reserva y el silencio sobre males deplorables, pero fáciles de evitar, y que consigo trajeron el abatimiento de la Monarquía y la postración de todas las fuerzas productivas del pais. Pero en estos días de amplia publicidad en que la prensa, ora por aviesos fines dirijida, ora ávida de dar pábulo á la curiosidad ó de hacerse propicia á las escuelas y sectas políticas, busca en todas partes medios de ocuparse escitando el público interés, siquiera por íalta de noticias y exactos conocimientos se vea obligada á no escrupulizar en sus aseveraciones, el misterio y la reserva en materias de gobierno y administración no pueden producir sino resultados enteramente contrarios al objeto que con ellos se pretendiera. «El secreto, dice con mucha oportunidad Hr. Vivien, no conviene ya sino á los malos gobiernos.» Además en estos dias en que los senadores y diputados tienen el derecho de llevar al Parlamento toda clase de cuestiones de gobierno y administración, apoyados muchas veces en antecedentes inexactos ó incompletos; cuando la cuestión de Cuba es asunto aun de serias publicaciones en los países estranjeros, yo no pudiera presdndir de que todavía esa cuestión no ha aparecido en la Península clara y distintamente definida. Hé ahí por qué, al acometerla, no creo sino corresponder á la confianza que debí á la augusta Heredera de la ilustre Soberana que inmortalizó su reinado con el descubrimiento de un mundo, y á lo que todos los espafioles debemos á esta nación tan trabajada por la desgracia, pero cuyas condiciones demuestran estar llamada por la Providencia á los mas altos destinos.

IPB^m®r«kS^^ BPÍdl«b «rSoOf

Pr«s|eríM Miterial 4e Ciki, si Yerdaier* «rigei i ólieieii ei el kícMsUr sMid y errores üiaiiies 4e si (Usa aireeiieiM.

miM finin.

CAPITULO PRQIEHO.

lUmn üiiAftA tens la anvAcioii BodnúncA m Cuba desde hbdudos dkl

SKiiO xvin.

La Ua de Ciiba era lodatia ¿ mediados del siglo (Htimo una de las posesiones de América (tpe menos oodpabaa la ateDoíoii del GotMerno metnopolilaiiOy al tsatl sotañumle eo ranfad demaaisdo csoipo ea «que espa-- eiarsB ooa el gobiemo y admjnistmnhin de los Yastisink» países eapa&oies del GootíBenle. Mknda la Isla solé eomo im estaUedmieBito penal , aunqde desde los primeros tienqpes del desoobrimienlo no se hdhiese ooidlado la üqpQrtaneía de su pdsioMii geográfica y de siis esoeleates puertos, el Oobíñtio se mostraba mas acMto de proireer & las necesidades de ella ooQ sitnadoe de Nnevarfqw&a, iine de dar impídse d ^pr^rediamiento ds los recursos naturales de la tiena. Sin que pueda decirse que no le taúbíese mereddo ia agrienlbira protección alguna, puesto que gozaban ya ds cienos privilegios varios cultivos, su sasteoÉa económico en el conjilato era pood ilBivorablB al desantdk) de las fu^^ mientras

que por otra parte la emigraeioa seguía rombos adoods la llamaban mas atractivos, ftciles y seguros medios ée fortuna.

Ni filó motivo bastante A pnodncir un camino sensible en esa situación la Urna de la Habana por k» ingleses en i762. Si bien al afio siguiente, en qileconlbrmB al tratado de VersaUes recobró España su completo imperio en Cuba, el Gotnemo envió aU como Gobernador y Capitán general al Conde de ¡Uda^ revisüóndolsde fibcultades para el arreglo de losdiver* sos ramos de la administración , indusos los de la Hacienda, en los cuales biio nmy importantes reformas: si bien al mismo tíempo se aumentó la guamidon del pais y dio principio ¿ la construcción de la gran f(»taleza de la Caba&a; para atender A estas nuevas y graves necesidades, no se pensó tampoco seriamente en aprovediar los recursos que de seguro propareienaría el fomento de la Isla. Las cajas deiMéjíeo eran suficiente-

méate ricas para que de ellas pudiera desüuarae á CutMi la asigoacioD aaual de i.200,000 pesos, que se continiió ranítíeudo, aumentada ó disminuida s^un las drcuostancias lo permiüaa, hasta los primeros años del presente siglo, cxMno que solo en los trascurridos desde 1766 á 1806 recibieron las cajas de la Habana en ese concepto la enorme soma de eienío ocho mlUones de pesoi.

La creación de la Intendencia en 1764 y el permiso para comerciar con los puertos principales de la Metrópoli no hubieron de proporciooar tampoco mejoras inmediatas, & que qK»ia un distáculo casi insuperable el enorme recaí^ con que de la Península llegaban k» artículos de consumo; y así se esplica que aun en 1774 no escediese la pcMacion general de la Isla de 171,620 halntantes, ni los productos de las rentas públicas de poco mas de 500,000 pesos.

No estaba ya lejos, sin embaí^, el principio de mía noeva era, y ese fué , según las personas mas competentes , el dia en que tuvo allí aplicación d llamado «Reglamento del comercio libre» eqiedido por el seBor D. Carlos m en 1778, no tanto por los benfifloíoa que la Ida debió derivar desde hi^ de la abolición de los monopolios y de su oomeroio y nar vegacíon con los puertos mayores áá reino, cnanto porque desde entoiH ees empezó & tolerarse y aun se consintió por el Gotriemo que los boques estraiyeros entrasen & hacer el cnmercio en la Habana; penniso que, sí fué después con insistenda retirado, hubo de influir mucho en que nunoa tuvieran cumplido efecto las disposiGianes prohibitivas. Así es que la población había aumentado ya en 1791 k 272,301 halntantes, estoes, un 58 por 100 sobre la de 1774 : las rentas de la Isla se acercaban & im millón de pesos y la esportadon de azúcar, que en 1771 no habia esc^- dido de unas 500,000 arrobas , era ya casi de 1.400,000.

bdicadones son estas de un visible {unogreso en d desarrollo de ks fuerzas productivas, y á juzgar por días y p<x* las medidas {«xMeotoras que sucesivamente ftaeron obteniendo del Gobierno los agriodtores de Cuba , la producdon hubiera ItMnado mayor vuelo en el último decenio del siglo pasado y primero del presente , á no haber tenido que resentirse de las grandes contrariedades que el comercio de la Isla sufrió en esos mismos a&os. En efecto, á propordon que vdan abrirse ante sus ojos d porvoúr de prosperidad con que les brindaba la feracidad de la tierra y sus especiales condiciones parala producdon de Arutos privilegiados, avivábase en los habitantes de la Isla d natural deseo de (¿tener una protección mayor de parte dd Gobierno ; y de ahí que redoblaran sus gestiones tanto mas cuanto mej(»* dispuesto hallaban el Animo dd Monarca. Una larga serie de benAflcas ccmcesiones premió dignamente sus esAienos.

Faltaban & la agricultura braaos , y se concedió libertad á los buques espabxíítís y estranjeros para introdudr n^ros de África , ampliándose

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bingo esta grada á la libre introduocioa de los adquiridos ea los merca-* doB eslraiúeros. Los nadentes cultivos del café, algodón y a&il requerían almoeaktfCüiitribuciQDes, y se les dispensaron los derechos de alcabala y dieoiios por dies aftoe desde la primera cosecha. El azúcar, que & la salOQ dqaba ya oonoeer el gran porvenir á que el cultivo de la ca&a estaba Hamado, sin embargo de disfrutar del beneficio dedevducicm de derechos á sn reesporladon de la Península, óbtayo la exención de los diezmos en los mievoe ingenioe, al paso que una gran rebiya en los derechos de e»* portacioQ ; y por último se creó al mismo tiempo que el Tribunal del Consulado ó de CoiBercío , una corpcmcion popular con fondos propios , facultades deliberativas en unos casos y cixisultivas en otros, pero con inioiativa sieaqm, para a procurar por todos los medios posibles el adelantamiento de la agricultura y del comarcio, la mqora en el cultivo y beneQoio de los frutos , la fiMsIidad en la drculadon interior y en las espediciooes meroaotilesflieradeau distrito: en suma, cuanto pareciera conducente al mayor amnento y esteosion de todos los ramos de cultivo y tr&fico.»

Mas las guerras de fines del si^ pasado y primeros a&os del actual no pennitierQn & la Isla ^provediar de lleno los efectos de esas ccmcesiones , aun & pesar de haber ocurrido la terrible desgracia de Santo Domingo, que Oevó & eDa población, capitales é inteligencia probada en sus e»- peoialeB cultivos. Sin embargo, mientras que el tráfico con los neutrales no Alé interrumpido por el bloqueo continental de Europa, agravado luego por el iqjQStifloable embargo decretado foc el Gobierno de Washington en 1807, no sob se sostuvieron los cultivos, sino que fueron progresando hasta que por oonaecoenoia de esos últimos sucesos ocurrió la crisis de 18M, que no sin teito se esforzaron en combatir las autoridades locales, adoptando, aunque en calidad de transitorias, medidas de tanta trascendencia como la del «Comercio libre» , bíea que justificadas, ya por la ravolooíon de Nueva-EspalbL, que privó & Cuba, asi de k» situados, como de los cambios con esa interesante parte de los dominios espa^ Mes, ya por la guerra sobrevenida entre los Estados-Unidos 4 Inglaterra.

Vino, empero, lapas de 1814, y no mas tarde que al alio siguiente empeló para la agricultura y comerno de Cidia un periodo de verdadera bieaandanza; en el que puede decirse adquirieron uno y otra las garantías mas positivas de un no interrumpido i^tigreso.

Si lá Real cédula de 1815 sobre montes y plantíos, por la cual se derog ar on las leyes eristentes respecto ¿ los de posesión particular , fadlitó el repartimiento de haciendas y la roturación de tierras para ingenios, cafBtaIss y potreros, sm embargo de que los poseedores eran todavía meros usufructuarios por el tiempo que fbese del agrado de S. M. , A quien estaba reservado el dominio; la nueva cédula Real de 1819, que declaró

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titulos legítimos de dominio las mero&des por las cuales estaba la posesión, no podía dejar de ejercer mi infltyo mas decisivo m la agri* Gultm^; porque al fin los poseedores en usufructo se habían convertido ya en propietarios , eran áxxe&os de disponer libremente de las tierras , dedicándolas al cultivo sin temor de verse inqmeladosy eomo sofián serlo an« tes, y velan por fin abierto un manantial de crédito de que anteríormeMe no gozaban, para dedicarse con calor & las esputaciones agricoias. Si el Real decreto de 23 de juüo de 1817, por el que se abolimn los prfvíie» gios de la Fuctoría de Tabacos , se abó el estanco ea la Ma, y se dedfr* raron libfes d ctdtivo, venta y tráfico de tan rico producto, debia derrarmar sobre el pais graneles benefidos ; no meoores eran los que haiipa de traerle la Red cédula de 21 de octubre del mismo año, llamada de «po^ blacion blanca» , por cuanto no se IimH4 & estiombr la emígraoioa de españoles y estranjeros, concediéndoles exendooes de los tribofcimas gravosos por quince años, y rebajando estos á una cantidad mlíüma. para los sucesivos, sino que hizo estensívas esas graciis á toa antiguos bab^ tantos que se dedicasen & la rotmradon y al cultivo de las tierras ermifes y vakUas ; concedió también por la venta de estas la libertad de los dere^ chos de alciAalas ; redujo á una las que se pagqjban por v«ita & oeoso reservativo y libertó completamente de estos derechos las mentas <|9 esa última clase correspondientes á terrenos qne distasen vefnticinoo kigoas de la capital. Si, por último, un alivio iiléiitico, eonosdido <L k» cidtiv»* dores de ciertos productos , si la exonden djS derechos de espmiacion de^ obrada en benefido de otros, debíaoi conspirar ignahaente ft los fties indicados, r&cil es comprender cuanto hada estos impulsarla la definitiva concesión del «Comercio libre» hecha en 10 de lebrero de 1818, puesm que, según ha podido ya deducirse, sin esa conc^don de qpe mas ó menos legítimamente y en mayor ó menor escala habia diafnitado la Isla en los veinte aitos precedentes, apenas se hubieran aflnnado los vacüuites pasos de su agricultura. Por dwle se ve que en d breve periodo de 1815 A 1810 se verificó en la Isla una^ verdadera revdndon ecoDdmioa , & qne puso dignamente d sello la ejemplar liberalidad dd Monarca con la conoesion de la propiedad territoriaL

Asi, poBs, dado dmovimieatoimpoisivo, m podieron deteoerto tas levdndooes de los países españoles dd Gontimile, ni ano los aoonteolmientos de la Península & que se sígnieroD cambios polftioos en la adm^ nistradon de la Isla. Por el contrario ^ A los prianros sucesos debió esta una nueva emigradon de chútales y pobladores , y d porconseeoondade ellos bobo de soportar luego algún recargo en sus impuestos, porque la reeandadon de las Reales Cajas, privadas ya de dtnados , no fliera suficiente A cubrir las atenciones aumentadas con d refuerzo dd ejérdto y con d de la marina de gnerra destmada A la persecudon de los piratas y

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oonarios; tamhíea recibió oíros tieneOcios el oomercio eoD el estaUeoímienU) dd depteito de la Habana, y todos los ramos de sa riqueza general OGQ la oompleta regularizacim del sistema eoontaiioo, ouyas prindpaks bases vimos sentadas desde 1815 A 1819. El aumento prodigioso de la agricttitora y comercio' y el que la poMadoa revela dan el mejor tMmiMiío qae de esa aserdon pudian presentarsSi sin que por eso se deje de reoonocer que & tamaJka prosperidad hayan debido contribuir tanbisD otras cansas, nacidas por cierto algunas de ellas del estfmiib que en el interés individoal bobo de ejeroer la necesidad de evitar A todo trance los tristes efectos de una con^elencia abrqmadora.

£1 ripido desarrollo de todas las fuerzas productivas en d Brasil, en donde la prodnccíQn del oftb 4eciqrió en muy pocos afios, abaratando el precio de este fruto basta un punto qoe vino A hacer casi insostenible la conenrrenGia para el café de Cuba en los mercados estraiyeros, y sobre todo en los de ks Bstados-Unidos : el crecimiento' de la prodocdon dal azúcar, no solo en ese mismo inqierio , eq la Luisiana y en la mayor parte de las ookoáas «Granjeras, sino también en Enropa, en donde el cultivo de la remolacha iba estendiéndose prodigiosamente: el mayor precio deltralMijo origmado por la escasez de brazos: el grande interés del dinero, nacido de la fUta de institnoiooes de crédito y aun de los mismos privilegios nn tiempo conoedidos para él fomento de los ingenios: la carencia casi absolnta de caminos interiores y la consiguiento enormidaá de los traqxírtes desde las fábricas de astear A los puertos; estas y algunas otras cansas, cuya enameracíon es innecesaria, porque apenas podria recargar la negra perspectiva que A los hacendados ob^écia la sitoaoun que acabo de indicar, hubieron de persuadhies de que serian inmsdiatamttite vencidos en la lucha, si procmindose nuevas fuerzas en las economías , y arrieogindo sacriflcíos , no se lanzaban resueltamente en ella* Los grandes auiiUos prestados por la ciencia A la industria , k» progresos de la química y la mecAraca habían sido y eran el auxiliar mas fuerte con que ccmtaba el azúcar de remolacha, y sin abrir vfas de comunicación fáciles y económicas , seria en vano apelar al fomento de tárenos vii^genes para el reemplazo de los ya por lai^ tiempo espiotados y empobreddos.

Beuid i ératte, pncB, k» hacendadas Allamaren su apoyo los adelantamientas de I» dencias, buscando en noevos procec&mieatos de tiriiricaoíon y en nuevos trenes de maquinaria una producción mayor y de mejor calidad ; y pcmiendo en juego k» recursos de k asociación, apresurironse A ftirmar compelías para la consthicokm de caminos de hierro, cuya ostensión, cada diaoreciento en la vecina Umon Americana, les otkeda motivos bastantes para esgemr que en b bbi tuviesen un favimble éxito, aun apeale de que para no ponerio en duda habia ya en el mismo pais

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uDa demostraíoíoa palpable aa tos naol^^

carril de Goines oonsbtiido por la Junta de Fomeiitoy á pesar del inmenso costo de esta dira hecha por administración y con todos tos inoüD?enientes de un ensayo. Y asi es que al eslnionlinario ahalimiento qoe toa precáos del azúcar tuvieron por los aBos de 1840 y 41 , puede decirse que es principalmente debida la revolncíon verificada en el <irden ecott6* mico de los ingenios, las grandes introducciones de maquinaria hechas desde esa época, la creadon de fincas adósales en tierras hasta entonces no roturadas, y por fin la formación de las empresas de tos caminos de hierro que atraviesan ya esas comarcas. El gobieino y la administración de la Isla fovorecieron indudablemente esa revolucnon qoe dio & la producción del asAcar un empiqe sorprendente; pero ese bvor consistió antea bien en la libertad absobita en que se dejó al interés uidividual, aventurando quixá lamentables consecuencias; consistió mas en la libertad de derecdios concedida ¿ la introducción de la maquinaria yde todos tos materiales indispensables para la construcción de tos ferro^carriles, que en el qK>yo directo que el gobierno ó la admimatnoton hubiese dado á tos narticulares y emnresas.

Bé ahi, pues, brevemente espGoada la marcha económica de Cuba desde mediados del sigto anterior, y hé ahi las verdaderas causas de que procedió asi el aumento de su población como el de su agricultura, comercio y rentas; y cómo se esplica qos la primera hubiese tenido deade 1702 4 1817 un aumento de IOS por 100: que desde ese Attimo ato al de 1827hubieseGrecidoenun27por 100 y que ea el postrer censo verificado en 1850 haya qpareddo también aumautada en un 38 por 100: que la esportacion dd aiAcar haya ereddo desde 1.400,000 arrobas en que to dqamos en 1 702 ha8ta25.000,000 de arrobas esportadas en 1^^ que el movimiento comerdal haya subido en idéntica propordkm y que las rentas de la Isla, por fin, hayan llegado tandrien en esto (dtimo a&o á la considerabto suma de 12.643,280 pesos.

CAPITULO U. LAMoammAn na Cuba no es DiamA a lo odb sb BinsmB roa lbcblaoon

M bOHAS; NO nWBiA BL MBÜBSTAB SOCIAL DB LA ISLA, NI LA BOMIAn DB SU

ADmUSTBAGIOlf.

La reseña económica que precede descubre ya con toda la senoillesde una simpto espostoion de hechos el verdadero origen de la prosperidad material de Cuba, y & eDa sola conflaria la destrucción del error que la atribuye á otras causas , si ese error no se hallase tan generaliíado y no sir-

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viese da ftandaiMiito á otn», demasíalo tiWQ^^ que desapamoan hasta sos AKimos vestigios. Porque oabalmente en h prosperidad material de la bla se fundan mndios para dar oomo una verdad mconcosa la neoesidad de mantener en eUa lo que suponen el antiguo régimen indiano, esto es, el mismo régimen poUtico, administrativo y eooadmioo aplicado & la gobernación de las provincias espafiolas del oofrtmente amerioano: esa misma proqperidad es el argumento dental de los que entre nosotros se esAierian por restableoer en el gobierno central déla Península hasta las tomas de las diqxMidoiies legislativas dictadas por nuestros Monarcas; y esa prosperidad, por último, considerada como una prueba absoluta de Inenestar social y de boena administradni , es la raion mánma que se opone 4 todo pensamiento de mejora, á toda idea de sati»- flboer necesidades no atendidas, de destruir errores y abusos enviejeoidos, de robustecer el poder debilitado por una organiíacíon viciosa y de pm^ venir, en fin, los peligros creados por esas y otras causas merced ala ineroia á que se abandonó el Gobierno de la Ibtr^ioli , deshmibrado por las mismas engahosas apariendas que tan seguro le hacian creer i principios de este siglo el vasto imperio debs hidias OccidentaleB.

Ora porque Espa&a hubiese creido deber lyustar su legislaoiiMi econ^ mica á las eiigenüias del pensamiento religioso y político; ora porque obedeciera & las ideas i la saion preponderantes en Europa, es lo derlo que el comercio de las provincias de América ftié desde los primeros tiempos objeto del mas esclnsivo moncqpolio aim en la IMrApoli ; y no es por b mismo de admirar que las leyes diotadas para regirlo Iteran también completamente prohibitivas re^»ecto á los estraajeros. Sobre to cual es sin duda de notar d estremo á que se Denunon k» rigores de la prohibioon , no ya en b bgisiaeíon mas antigua , sino aun en b mas moderna , posterior todavía 4 bs primeras concesiones hechas 4 Cuba para b admisión de buques estraineros en sus puertos. «En ningún puerto, ni parte de las Indias Occh udentales, isiasytierraflimedelosmaresdelNerteySur,díoeunatay(l), use admita ningún género de tratos coa estraiueros aunque sea por vb de wrescate ó cnak|uiera otro oomeroío, pena de te vida y perdimiento de ulodoi sus Ménefdloi fue comroottitereii.» Y una Real orden de 14 de julio de 1796 , estoes, dies y ocho aikos posterior 4 b primera admisión de buques estraqjeros en b Habana , dk^taba b misma prohjhháon , pero r»* duciendoaqttdbterribbpena4bdeaei0aief depreeidio.

Pues volvamos ahora bvbta 4 b reseAa eoondmica antes hecha. En elb observaremos que mientras biyo el inqMrio de b bgisbdon prohiUtíva aparecen áA todo ineficaces cuantos privilegios y medidas protectoras se dictaron con el fin de promover el desarrollo de b agricultura de Guba, apenas empelaron 4 aflQjjarse bs fuertes ligaduias con que el monopolk)

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M ooiBBrcbte abnimaba I empeí^^

toDias do progreso, y en proparekmque 6l oomBroio iba g fiwff al i iái Mk Mi B , todas las ftaeotos de la riqíMa púUkA imbian notabte cbe. No bien entramos en el preseate sígiOy nos enoonlramos ya ccm que Cuba progresa ó retrocede inentablemeote según (|ae sus reiadones oomerdales se estíenden ó disminuyen, ora por efecto de las vadiaimies dé la legislacioD, ora por oonseoueona neoesaria de laá guerrea. La dedaradon del comercio libro y sil no interrumpida priotioa, vienes, por último » á demoetramos en los afios subsecuentes que este ftié el principal y mas eficaz agente de la prosperidad de Cuba. Sin que esto deba sorpr^Mlemos, porque ese mismo efecto encontraremos donde quiérase presente un pais nuevo dotado de grandes recursos naturales y sobre todo privilegiado para la producción de cierto número de articulos: para un pais semejante la libertad del comercio será sienqpre el único esttanulo c^NUE de promover la actividad y el progreso. ¿Qué hubiera sido de Cuba limitado el consumo de sus productos agrioolas á los mercados de la Península?

Yése, pues, que no existe relación alguna entre bs verdaderas causas de la prosperidad niaterial de Cuba y el réjimen comercial de Indias. Pero, como de la resefia económica antes hecha aparece claramente , en la reionna decretada desde 1815ál819, no soto se derogó la antigua legistadoQ comeroial, sino que por la Real cédula de poblacim de 1617 , se admitió el domicilio de los estranjeros en Cuba , es decir, que se dio entrada en la población & un elemento hasta entonces rigoroaBmente esoinido en loe principios eoonómioo-íMÜticos de la legislación indiana, pues en esta se cuidaba con el mayor esmero de prevenir hasta la menor comunicación y cambio de noticias con los estranjeros, porque se órela que de eHo dependía la dicha y prosperidad de las vastísimas provincias hispanoamericanas. En las nuevas leyes dictadas para Cuba, el augusto Padre de nuestra jóveo Soberana fiaba for el contrario la dicha y la proqieridad de la bla en una amplia libertad económico-politica; y lo que es mas, fué tan radical y tan estensa la müdansa, que loe estraqeros vinieron á goaar en Cuba de favores y privilegios de que en ntaigün otro pais disfrutaban , y que abriéndose las puertas al establecimiento de consulados , se estendíó allí cada diamas y mas la esfera de sd acción y de su influencia, aun sin prevenir por medios adecuados las consecuencias politicas que de ccHiductatan liberal pudieran seguirse mas tarde ómas temfMrano.

Pero no solo es común el error de atribuir á la legislación de Indias la prosperidad material de Cuba , producida por la generalización de su comercio , y por las grandes medidas de que esta fhé acompañada desde 1815 & 1819. Otrohay no menos grave y también por de^[rac¡a de no menos funesta trascendencia por su inflijo en la opinión y en la mareha

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drigióbienio. Hásd oi^do qae la pitnperidad de Giriía era u^ refutable de su social bienestar , y de aquí el que no se pueda oir sin cierto escándalo, que allí se necesitan reformas y que su administración est& lejos de oorrespcmder á lo que imperiosamente eadjen las necesidades de un gobierno ftierte , benéfico y previsor.

La libertad comercial puede por si sola impulsar el desarrollo de loe recursos naturales de un pais y crear en él una yenladera prosperidad m^^ terial: puede mas, puede proporcicHiarle aquella cultura que nace del roce y constante trato de lospueblos entre si, del inflqjo que en ese roce tienen las ideas y de la ftaena de atracción que ejerce una civílizadon mas adelantada. Pero, ápesar de la prosperidad material, esa cultura é inflijgo estraftos liegarian hasta acabar con su nacionalidad, si una educación interior propia, moral, religiosa é intelectual, si una l^sladkMi conservadora y como coosenradora progresiva , si una administraci(m protectora no acudiesen á neutraÜEarios, robusteciendo el espíritu nacionaly satisboíendo las necesidades que la marcha del tiempo y la misma prosperidad material engendran y desenvuelven. No de otro modo ccrntari ese pueblo con bienestar social, inqwsiMe donde no están cubiertas las necesidades materiales , pero mas imposible todavía donde se desatiendan las religiosas, políticas, morales é mteleotuales: porque el bienestar social depende de esa armonía, de ese concierto que están llamados á preparar h&bilmente aquellos á quienes se baile encomendado el elevado encargo de la gestión nacional.

Sin dificultad habr& de comprenderse cuanto en todo esto hay de aplioaUa & aquellos pueblos nuevos, que, formando parte de naciones antiguas, se encuentran separados de ellas por largas distancias, y que no solo carecen para la conservación de su nacionalidad de la cohesión que uneá las demás partes, sino que están en condiciones diversas, por la diferencia de su situación geográfica, clima, elementos de población, afinidad con otros paisas , etc. , etc. La mas simple reflexión basta para convencer de que en este caso la libertad comercial puede llevar consigo los mismos beneficios , pero también riesgos aun mayores; tanto mas cuanto los enca^^os de la gestión social, por su misma distancia se hallan en posición desventajosa para evitarloe con qxxrtunidad , si ya suficientemente previsores no cuidaron de buscar la compensación de esa desventa en una delegación adecuada.

Ahora bien: después que la gran reforma comercial vino á dar un notable impulso al desarrollo de los intereses materiales , y á cdocar á la bla en la ancha via de su prosperidad, ¿qué se hiio en Cuba para atender á las necesidades morales, políticas, religiosas é intelectuales que nadan del aumento mismo de lapoUadon, délos progresosde la agricultura

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y dd oomrao, no menos que dd naer o eieniento qae en la «wíedad se intrododa (xm la admiaíoD de k» estnmje^

Olvidando que tambíeD eran rióos y proqierabaii k» países dd Continente vednOy qoe desde 1810 se lanzanm á ludiar por su independenda: dWdaado que el espíritu revdndonarío, que desde luego aparado en ellos vigoroso y pujante, aunque mas en unos puntos que en otros, no era una obra improvisada, dno que, nías ó menos latente, preenstiajerafrotode un trabajo lento en que habían entrado á la parte las ideas fflosóflcas dd siglo anterior, las intrigas de los estranjeros y la poca previdcn, erroresy faltas dd Gdiiemo y de sus delegados: dvidando que m Cuba ni aun enstla la oentralizadon de mandos y la unidad administrativa, base de la ooostítudon dd gobierno de las Indias , y que como oondidon indiqwnsa-" ble requiere la oi^^anisadon de un gobierno fuertemente constituido y que aspire á hacer d bien; pues sin la unidad en la administradon, no puede ser su aodon tanuniformey eficaz cual conviene, así para protejer, como para reprimir, doblemente cuando se trata de una provincia tan distante de la Metrópdi: dvidando las lecciones de la esperienda, que las mismas provincias dd Ccmtínente le ofredan en la pérdida del prestigio sufrida por d GdÍHemo en propordon que se disminuía y rebajaba la autoridad depositada en el representante dd Monarca: olvidando que la misma libertad comercial, y casi todas las medidas que mas influjo tuvieron^ la prosperidad de Cuba, fueron verdaderas concesiones , arrancadas en una larga y recia lucha entre el Ayuntamiento y Consulado de la Habana, ^poyados por las primeras autoridades de la provinda , de una parte, y dGobiemo metropolitano, de la otra; lucha cuyos efectos pemidosos pudieron apenas atenuar los beneficios que dichas medidas envolvían: olvidando todo esto, y desconociendo que, en mayor ó menor grado, también la Ida de Cuba venía participando de esa revolución manly & que el triunfo de los indepen«- dienies habia de dar nueva fu^Ta ; el Gobierno metropolitano creyó haber hecho lo suficiente para conservar á Cuba y darle bienestar social con mantener la legislación comercial sancionada en 1818, con aumentar las fuerzas del ejército y del apostadero, y con cmceder, por fin, al Capitán general , para coíoí estraordinarios , todas las facultades de que las Ordenanzas revisten á los gobemadiM^ de plazas sitiadas.

Verdad es, que & pesar de las drcunstancias antes enumeradas , & pesar de la honda huella que en el país debieron dejar los tres anos de régi^ men constitudonal de 1820 & 1823, que fueron tres años de agitación y graves conflictos, y &pesar de las maquinadones de los mas fogosos insurgentes de Co8ta-4rme y Méjico, Cuba continuó tranquila, sin que hasta 1836 viniese & interrumpir su paz proftanda , ni á detener d rápido curso de su prosperidad ningún movimiento insurreccional ó gran suceso

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politico , si no c|ueremo8 dar este nombre á algún otro levantamíeato de negros y &alguna otra conspiración de diverso género, fácilmente reprimído6. Todo esto es verdad, y éslo también, que durante los sucesos ¿ que en ese último afto dio lugar d mal aconsejado Gobernador de Santiago de Cuba, encontró ai el país el dignísimo General Tacón todo el apoyo que padíera apetecer para que el orden se conservase inalterable y tuviesen cumplido éxito sus acertadas y enérgicas medidas. Pero ¿infiérese de aquí que la Isla gozase de verdadero bienestar social , y sobre todo, que esa tranquíUdad y esa aparente fuerza y prestigio del Gobierno descansasen en bases tan seguras como debiera apetecer quien aspirase á conservar la integridad de la Monarquía por otros medios que los de la fuerza material, y ooD otros lazos que los de la resignación impuesta por una necesidad imperiosa?

No se oonoibe bienestar en una sociedad enqoela seguridad de las personas y la de la propiedad no se hallen garantizadas, no sean una verdad pr¿ctiea: no se concibe estabilidad en un poder que lleva su inerda hasta descuidar esos primordiales elementos del orden y que , aun fiando su existencia en la fuerza, llega á olvidar que para esta es el orden la primera condición de su eficacia. ¿Concebiráse prestigio en quien ni aun el último elemento de estabilidad puede contar en su apoyo? Pues bien : al dejar el mando de la bla de Cuín el ilustre general Tacón en 1838, decía hablando del estado en que encontró el pais en 1834:

aMuoho se habló en los papeles nacionales y estranjeros del estado de desmoralizadon en que se hallaba la Isla antes de 1 .° de junio de 1834 , y no era á bi verdad exajerado el cuadro que ofrecían los papeles. Un nú* mero creddo de asesinos , ladrones yrateros, circulaba por las calles de la capital, matando, hiriendo y robando , no solo durante la noche, sino en medio del día y en las calles mas centrales y frecuentadas. (Véase en el número 1.^ nna dispondon de mi antecesor , que puede servir de triste comprobante de lo que aqní sucedia). Parecía que tanto número de criminales , partían de un centro común ó de alguna asociación ramificada y temiMe , qne se había propuesto sobreponerse á las leyes , atacar impunemente al ctadadano pacifico y destruir todos los vínculos sociales. Tal en el terror que había escitado la cohorte de foragidos, que los dependientes de las casas de comercio no podían salir á hacer cobros, sin ir esooltados por g^te armada.

»Existiaa igualmente oompaflfas de malvados , habklos y reputados por tales, que se hallaban dispuestos & quitar la vida bajo precios oonvendoaales, á cualquier persona que se les designase. Muchas veces desde la cároel misma señalaba el criminal la victima....

t) lio bajaban quirts de IS,000 las perscHias qne, sin bienes ni ocupación honesta, se mantcoian en la capital en las casas públicas de juego,

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así de blancos como de individuos de color , libres y esclavos. Los vagos eran innumerables....

» Todos estos elementos tenían entre si una necesaria ocnexion j por** que el juego y la vagancia formaban los criminales de mayor categoría) y todos estaban conjurados contra el orden ptd)lico. »

Hablando luego de las medidas que su ilustración y ardiente celo le sugirieron para cortar esos males, añade el mismo General:

<( Estas disposiciones , que se hicieron ostensivas al resto déla Ma en la parte en que le eran a4)licables , produjeron una mudanza tan r&pida que tuvo mucho de sorprendente.

» De diferentes especies y emanados de diverso origen , eran los abu-* sos que encontré en esta clase importantísima (el ejército) , & mi ingreso al mando , y ellos fueron objeto de mi preferente atención.

)>£1 servicio no se hacia con la exactitud que previene la Ordenanza. Los centinelas eran despreciados pública y escandalosamento....

)> Había un número considerable de tropa destinada para las partidas llamadas de policía que al mando de oficiales estra&os se enQ>leaban notoriamente en proteger aquello mismo que estaban mas obligados & impedir.

»Era ya un objeto de lujo tener en las casas particulares soldados en calidad de porteros , y aun en las haciendas de campo los había dedicados á su custodia y á diferentes servicios particulares.

aLos escasos reemplazos que se redbian de la Península no permitian espedir las licencias & los que llevaban tres y cuatros a&os de cum^ piídos. Se les privaba de este manera de obtenerla , ó se les difería indeterminadamente. Muchos 9 en tal estado de cosas, cometían un crim^, tomaban iglesia , y en sus declaraciones solían manifester que su único es* tímulo había consistido en el deseo de que se les condenara & presidio , en cuyo caso se les nombraba de capataces, andaban libremente por la población , se les dispensaban rebajas , y eran licenciados con mas facilidad que en las filas.

» Nada estraño es que esto sucediera , cuando había en los cuerpos elementos poco favorables ¿ la disciplina. A solo el regimiento de la Habana habían sido remitidos de la Bandera de Cádiz , en menos de tres años 757 sentenciados....

» El arreglo del ejército formado en 1828 no se comunicó & este Isla baste el año de 1835 , y en este intermedio de siete años no se ooneedió aquí un ascenso.»

Haste aquí el General Tacón cuya respetable palabra nadie osarii poner en duda. Los graves males que denuncia no eran ciertamente transítorios , tenían hondas raices ; y sin embargp el país prosperaba aun en medio de esa falte de seguridad personal, aun eo medio de esa desmorali-

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Si como hemos visto la libertad comercial basta por si sola para impulsar el desarrollo de los recursos naturales, la reforma hecha en este sentido en 1818 debió producir ese efecto en un pais de admirable fertilidad, en tanto mayor grado, cuanto sus productos prívU^ados gozaban de escelente demanda y propordonaban al productor grandes beneficios. Además, el libre tráfico intmor , la concesión de la propiedad territorial, la admisión y domicilio de los estraiyeros, la inmigración de Cfl4>itales que aUi se relugiaroD para evitar los peligros que les amenazaban en el continente hispano-americano , y por Oltimo la suavidad y buena dirección de la administración fiscal, debieron contribuir y contribuyeron sin duda ^cazmente á que la prosperidad material se desarrdlase y creciese ha»* ta el punto que antes queda compnA>ado. Porque , fuerza es decir que si el estado moral y religioso y el de los intereses materiales se nos presentan en sorprendente contraste, no es menor el que nos ofrece la bien entendida y regularizada administracún de la Real Hadenda, comparada con los demás ramos de la administradon civil, cuya acción era completamente ineficaz en cuanto no contribuia á agravar los males que á la sodedad aquejaban, y de la cual no hubiera debido por coosiguioate ^qperarse la salvadon de la Isla en caso de una revducion, si circunstandas inherentes á la misma oonstitudon soda! , si los elementos de la poUadon misma no hubiesen establecido de antemano un contrapeso á la fuerza que en el pais pudieran ejercer la influenda estraiyera y la pr(q[Niganda revolucionaria. ¿Cómo sino á &vor del desgobiemo que con tan vivos colores nos pinta el respetable General Tacón , no hubiera intentado Cuba seguir el qempk) de Costa-^rme, Buenos-Aires , Chile, el Perú , Méjico y Centro-América?

Mas, preguntaráseme tal vez, d no es acaso derto que bajo la administradon vigorosa del General Taooo desaparecieron ya para no volvo* los grandes males que lamenta en su Memoria : a no re^Murederon la seguridad po-sonal y la de la prq>iedad y con ellas la confianza pAblica: si

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BO SP CSÜf IHim los JBBgOB |B^lH¿IWIy IK OtlfiBy lOB ^IgOB y ptlplBÍ-

tos y SÍ BO 90 raorgauBiA d cgéreíto y sí en Ib no recbi6 el ¡pbb on ifv*- daden itgoueneMML Sufe iBSs qaB yo podion coHpiMíanB OBdv 4 tsl uboeifáooo UDB caaifliák rc'ipuftlt.

H AgDi) GeBflnl TaflOB M» eB GriiB eonlo, ab lu dncamaBOBi dadas, podioB hnmiBanMBte capgBrap de In coddidBS pff^aiahw dol Bañado príBBr eefe de h isla : t adonde onien oae estoaiA aa aalaridad, aü dg6 inqmaoel aeib de sb ruindad ünna pan hBDer d Ibbb deipaisyeoaaolidardpoderdehlieMpolí; pao d Geoenl TaooB bo poifia destruir d mal de rú, ciando este ae fiiwaiUabB Iimb dd aJcaa^ ee de sns lioiiladas atríbooGoes , coando d nal ae originaha ds ks ficíoa de la eonstüncMiB admínístratífa y dd abaBdono en qne de larigos aüos se tenían dejando las necesidades políticas, nurales y id i g í naas ,

n digno Generd Taoon lestaUecíó d drden pttioo y e^ peloá la autoridad, que SQgun hemos Tísto se halaba en gran debilitado. «GaBibí6, díoedseftarTaaqneiQQeqio(ldl Fisoalp. 77.) repaiüuaniente en 1854 , d estado de la isla oon laorganíBcion de wm cqpcde de poUda, ayudada déla infidígableactífidad y cnorgia de earteter dd ihatre Geaenl que la aandaba. nvadonotofo necesidad de reoonir á dim niedkw qne al senciPo prindpio reoomondado por todos los publicistas , de la c^cbcm de laspenas. Sin denranar sangre, pero cuidando nnidio de la prciita eqpedícian de las cansas Grínanaies , oonsígui6 contener ábs nahechons, castigaado á los afables en bievaa dias, tal iFcz en d mÉsmo en que habían definqnido. Algnnos qeniplares de esta dase bastaron para restituir ala Isla la tniqniBdad de qae am goaa, gncias i h loable constancia con qne han seguido igual naraha sus tfpaos sBo esoff es, a Ni otros fiaron los aiedioB qne d General Tacen puso en juego para contener h pAUica desnuralíiacian: «lanfonnade hs costumbres, dice d miaBio Geaerd en sn Mennria, no proceda de la fiwuencía y nndtiplíGidad délos castigos, sino de otras naidas cansas que evitaban los ddítos, entre las cuales figura d intimo eonnuoiBÍealo de qne no era posible dodir h aplicación de las leyes. H crimíBal perdis la esperanade sastraerse á la accian de la autoridad y es inttíl reoo* mendar la importancia de un temor tan saludable. » Asi dio d Geaerd Tuon oonflana á las personas, á h propiedad y d trabajo, asi dBSlenn6 de b» tribuales de justicia gravísimos abusos.

B digno Generd Tacón di9CípliB6 y mejoró d qfci^ ai^wctos: para ello dio nuevo vigor á la Ordenania , espurg6 los regimientos, estaUedóun presidio militar, reemptanó mudas bcyas con prisioneros ddejérdlo carlista; propuso y obtuvo, no sin resistBicia por parte dd Gobierno, un nuevo tfrden de ascensos desoonoeidos permnchos años para a^aHos cuerpos: resistid en fla algunas refonnas que en ma-

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tena de saekto y prest del soldado pretendía aplioar alli el Gobieroo; y hadendo efieaeei el castigo y el premio, procurando fuesen cumpUdazneiH te atendidas las necesidades del oficial y del soldado , y aprovechando, por últi0K)y los elementos que las circunstancias de la Península le proporcionaban , dej6 «el ejército de la Isla, según sus mismas palabras, en el mejor estado de disciplina, subordinación , armamento y equ^. »

Cortó y reprimió oportunamente una suUeyacion que hubiera podido tener lastimosas consecuencias; pues, si es verdad que la sublevacim de Cuba en 1836 filé un suceso que sorprendió al pais, para el cual no harbía existido conspiradon previa, ni plan, ni concierto; si era en realidad un sttoeso drcnnscríto á la parte menos poblada de la Isla, es también evidente que hubiera podido tener consecuencias mas lamentables á poco que faltaran la actividad, energía, é intdigencia con que el General Tacón acudió á cortario y reprimirlo. Un acontecimiento semejante , que no contaba con qwyo alguno oiiganizado en el interior, ni en el esteríor y que sob ofrecía ante el país el negro aspecto de una guerra civil, inútil para sus promovedores, pero que, si se estendiese, podría atraer sobre la Isla grandes desastres, no estaba sin duda llamado á. una larga duración por los elementos mismos de que la población de Cuba se compone; mas no por eso dejaba de ser importante el procurar su pronto término con la misma difigenoía y esmero que tanto recomiendan la ccmduota del ilustre General.

Reformó y mqoró los establecimientos carcelarios y presidíales de la Habana y trasformó ccHupletamente esta capital de la Isla en todo lo que pertenecía ¿ los servicios municipales, ¿ la salubridad, policía y ornato, dotándda de muchos é importantes edificios públicos ; aprovechando al electo recursos hasta eirionoes malgastados ó perdidos y utilizando los nuevos que como en materia de brazos le facilitó la reunión del gran número de prisioneros del ejército carlista que , según d^ indicado , fueron aUi destinados por el Gobierno.

Pero, si todo eso es cierto, y ú llevado ¿ cabo en menos de cuatro aftos justifica & no dudarlo el merecido rencnnbre de que el General Tacón goza entre nacicoales y estrai^eros, las distinciones que debió al Gobierno de S. M. y el respeto y aprecio singulares que le profesan cuantas abrigan sentimientos españoles, no por eso d^ de ser igualmente exacto que , mientras por una parte las circunstancias en que recibió el mando de la Isla se prestaban maravillosamente al empleo de sus relevantes dotes , por otra las necesidades que estaba llamado á satisfacer y satisfizo, ó entraban de lleno en el círculo de las primeras atribuciones y deberes de su autoridad, ó aun no estándolo por la l^^islacicm vigente, eran de tal carácter y urgencia que al acometer la empresa de llenarlas, había de traer en su apoyo no solo la opinión mas decidida del pais, sino tam-

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biea la aprobación del G<Menio, que el General Tacan obtuvo oonatantemente en los primeros años de su administración , aun predominando en la Península los hombres de ideas políticas menos conformes con las su«* yas. Además de que gravemente preocupado el Gobierno con las atenciones perentorias de la guerra civil ; siendo escasas y tardías las comunica* clones oficiales entre la Península y la Grande AntiUa, y hall&ndose esta en la situación en que el General Tacón la recibió , ni el Gobernador y Capitán general podia dejar de creerse autorizado para salvar y en cnanto preciso lo hicieran las necesidades mas urgentes , las barreras que pudie* ra encontrar en la limitación de las atribuciones ordinarias de su autoridad , ni el Gobierno podia tampoco dejar de tomar en cuenta las dificultades de la posición de un gefe á quien tal vez no era dado prescindir en algunos casos de ciertas estralimitaciones. ¿Ccmcíbese por ventura que un pais, en que la seguridad personal y la de la propiedad faltaban, dejase de bendecir como á su bienhechor & quien con decisión y energía se dedicaba ¿ procurarlas? ¿Concíbese que el Gobierno negase su aprobación í cuanto para conseguirlo fuese indispensable hacer? ¿Concíbese que no obtuviese igual beneplácito y asentimiento cuanto fuese rectamente dirigido & contener la pública desmoralizacicni?

Y así es que aunque limitado el Gobernador y Capitán general de la Isla por la organización de los Ayuntamientos & ser un mero presidente de estos sin intervención en su administración económica, dependiente de la Junta de Propios y Arbitrios y hasta 1836 de la Audiencia de PuertoPrincipe & cuyo lado existia aquella , las necesidades de la Habana en todos los servicios municipales eran tan estraordinarias , que el digno general Tacón no vaciló en prescindir hasta cierto punto de aquella organizadon viciosa para crear un cuerpo de serenos , dar nueva forma ¿ las contratas de aseo y limpieza , rescindir la del alumbrado y crear una administración nueva para este servicio ; arreglar la policía de los mataderos y rastros , organizar un cuerpo de bomberos y dar en fin una nueva y mejor dirección al empleo de los fondos municipales consagrados al empedrado de la ciudad. Ni de otro modo que aplicando la eficacia de su actividad incansable & la construcción de plazas de mercados y pescaderías hubiera podido obtener la Habana en tan breve tiempo los edificios que se construyeron en la época de que me ocupo por medio de contratas y privilegios , que vinieron á resultar demasiado onerosas , pero que á la sazón debieron ser indispensables. Y para todas esas obras , como paralas mas importantes de una nueva cárcel , cuarteles para presidio , campo militar , paseos , etc. , etc. : « Conseguí, dice el mismo General , crear numerosas brigadas de albañiles , canteros , carpinteros , herreros y rozadores de piedra , de los confinados y prisioneros de la facción de la Península remitidos á esta Isla. Estos sacaron lo necesario de la intermi-

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nable oaatara que está prónma al castillo de la Panta. La piedra y los materiales nada costatMuí: la mano de obra , oostosíáma eti estepais, no cansaba erogaciones y estas quedaban reducidas á pequeñas gratificaciones & los operarios, compra de maderas, hierro, acero, ladriUosy algunos otros aTecios. » De cuya manera y contando además con los donativos voluntarios por consignación de negros emancipados , con algunas suscricionesy con ciertas obvenciones de la Captania general que generosamente cedió en beneficio público , pudo ftnicamente el General Tacón dejar en su gobierno ¿ la Habana tantas y tan grandes pruebas de sus fervientes deseos de oolooar la capital de la Isla & la altura que ya reclamaba su civilización , si por otro lado no lo exigiesen la ^nbridad y la omodidad de sus habitantes.

Larga es sin dúdala digresión á que me ha traído el examen aunque rápido de la administración del digno General Tacón ; pero forzoso era mitrar en ella para determinar el verdadero influjo de esa administración, porque soliendo presentarse como modelo , cual debiera sin duda serlo en mucha parte, dadas las mismas circunstancias, era indispensable fijarla atención sobre estas, ánodejar enpiélaposibihdad de que se formase un juicio desfavorable de los gefes que sucedieron m el mando , los cuales llegando en una situación completamente diversa , estaban Ilamadoe á encerrarse en el estrecho circulo á que la organización administrativa limitaba sus atribuciones. Consideración que merece atenderse tanto mas, cuanto ya en los últimos tiempos del gobierno del General Tac(m se veo minorar sensiblemente el vigor y la prepODdmmcia que el poder militar 7 civil obtuvieron en un principió, merced al campo vasto que á su enérgica acdon ofrecía el estado del pais. Restablecido el orden , contenida la pública desmoralización y criminalidad , mejorada la fuerza pública y desterrados del foro algunos de sus mas graves abusos , hechas , en fin, grandes mejoras que la policía local de la Habana reclamaba con la mayor urgencia, no bien el General Tacón, obligado seguramente por graves consideraciones , hubo de intentar algún paso en un terreno espuesto á un conflicto de auUMidad , se le vio sucumbir inmediatamente > sin embargo de que se trataba de un asunto de pura administración militar, en ia cual el buen sentido debe creer imposible un suceso semejante , dado que no se concibe cómo el Gobernador y Capitán general de una protincia , situada á tan larga distancia del Gobierno central, y de cuya tranquilidad y conservación es responsable , pueda compartir con otro la autiMidad superior de un ramo que tan de cerca interesa al bienestar y buen servicio de la fuerza con que debe contar para llenar cumplidamente los mas graves é importantes deberes de su responsabilidad. ¿T no será de recordar aquí, que á pesar del estado en que encontró la Isla y de los resultados tan importantes como benéficos que para toda ella , aunque roas especialmente

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para la Habaoa , produjo el mando del digno General , se vio este sometido á. una de las residencias mas laboriosas que han sufrido los gobernadores de Cuba , en la cual no cupo ciertamente la mejor suerte á su primer asesor de gobierno , responsable de los actos ejecutados con su dictamen?

£1 orden , pues , se restableció y continuó luego con la aespecie de polieiay^ creada en la Habana por el General Tacón ; pero ni el General Tacón , ni nadie , podia tener un derecho á esperar , que una institución in* dotada y destinada á un servicio tan asiduo como penoso dejase de viciarse á muy poco tiempo: ni el General Tacón ni nadie podia creer que esa misma institución , según se hallaba organizada en el resto de la Isla , dejase de tener que buscar en el abuso lo que los derechos lejf timos le negaban: ni el General Tacón ni nadie debia esperar que una administración civil y unos tribunales , organizados en forma que pudiera hacer posible la renovación de un estado de cosas semejante al en que se hallaba la Isla en 1 834, no exigiesen grandes y prontas modificaciones : ni el General Tacón ni nadie, en fin, podia imaginarse que aunque la eficacia de las penas y la ostentación de fuerza material fuesen suficientes & contener la pública desmoralización y criminalidad, pudiesen mejorar la moral pública y el espíritu religioso y político, continuando en el abandono en que se hallaban la instrucción pública y sobre todo la primaria y secundaria ; el culto de que carecia una buena parte de la población; el clero cada dia mas disminuido á pesar del aumento de habitantes: creciendo estas necesidades en proporción de la prosperidad misma de la Isla: siendo cada dia mayor el número de estranjeros establecidos en ella y grande el progreso de sus relaciones comerciales ; y cuando , por último , lejos de disminuir , crecían sucesivamente los elementos que debían contribuir á dar impulso á la revolución moral, de que, como dye ya en otro lugar , había participado Cuba con las provincias del vecino continente.

Verdad es , empero , que la prosperidad material de la Isla , que el grande empuje que su población , agricultura y comercio recibieron en los últimos veinticinco anos, ofrecían un cuadro deslumbrador y capaz de engañar á quien para juzgar del estado de un país atienda solo al aspecto físico , y á causas físicas fie únicamente el bienestar social y la general tranquilidad ; mas de que esto haya podido suceder , y suceda todavía respecto de los que creen ó afectan creer que Cuba ha prosperado por la legislación , bajo cuyo absoluto imperio perdió España el continente americano, y que pues esa prosperidad existe , se correrían graves riesgos en acometer la menor reforma y en aspirar á las posibles mejoras , no hemos de inferir que el Gobierno deba abandonar el estudio de la situación moral y de las necesidades de este carácter que mas decisivo influjo ejercen en el porvenir de los pueblos. Si la ciencia del gobierno , si la propia conveniencia, si los sucesos mismos que de algunos años & esta parte han fijado en Cuba

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la ateaciou de la Europa , ao fuesen suficientes á impelerle á ello , bastarfale en mi entender la demostración que creo dejar hecha , de que

ni la prosperidad de Cuba es debida al régimen indiano , tan preconizado por los defensores del statu qtw:

ni esa prosperidad prueba el bienestar social de la Isla;

ni j por ultimo , de esa prosperidad se infiere que aquel pais se encuentre administrado del modo que corresponde á la ilustración del Gobierno y y que se hallen atendidas sus necesidades en la forma que mas impOTta & los recíprocos intereses de la provincia y su Metrópoli.