México viejo; noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres · Capítulo real 10 de 34
CAPÍTULO XVII
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CAPÍTULO XVII
LA MERCED
INIERIÜK DEL CLAUSTRO DE LA MERCED (l86l).
CAPÍTULO XVII
LA MERCED
En 1218, reinando D. Jaime de Aragón, fue fundada por San Pedro Nolasco la Orden de religiosos mercedarios.
Primitivamente la constituyeron caballeros militares, que vestían calzón corto, ataderos y hebillas, pespunte y ropa á la española. En sus pechos ostentaban un escudo , con cruz blanca en la parte superior, emblema de que la orden había sido establecida en Barcelona, y con tres barras de oro en la parte inferior, que simbolizaban un recuerdo histórico : los dedos ensangrentados que había estampado en las murallas cierto Rey de Aragón, al franquear un foso de la fortaleza y al ser perseguido por los moros.
Con el tiempo los caballeros militares abandonaron su traje primitivo y se tornaron de soldados en frailes, trocando la espada por la cruz.
Referido el origen de la Orden, veamos cuándo se instaló por vez primera en Nueva España.
Los cronistas pretenden darle una antigüedad bien remota, y al efecto dicen, que mercedario fiié Eray Bartolomé de Olmedo, el cual en la conquista siempre acompañó á D. Hernando, que mercedarios fueron Eray Gonzalo Pontevedra y Fray Juan de las Varillas, los cuales vinieron con Alonso de Zuazo de la Isla de Cuba, el año 1524, y que mercedarios eran también los doce religiosos que trajo Cortés cuando regresó de su viaje á España; pero ninguno de los tres primeros estableció la Orden aquí, y los últimos, que quedaron reducidos á once por muerte de uno de ellos, pasaron á Guatemala en 1533 para fundar convento.
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Sucedió entonces que los frailes establecidos en Guatemala, no teniendo colegio para educar á los estudiantes, los enviaron á México en 1574.
Los colegiales se aposentaron en un mesón ; pero poco después un vecino piadoso les cedió una casa que poseía junto á San Hipólito, y allí vivieron hasta que concluidos sus estudios regresaron á Guatemala.
Los citados estudiantes mantuviéronse de limosnas, y con limosnas compraron los sucesores una casa en el barrio de San Lázaro en 1589, y también con limosnas comenzaron á edificar un convento que se concluyó en 1593.
En este año. Fray Baltasar Camaclio, que era Prelado de la casa, presentó dos cédulas al Virrey, firmadas respectivamente en 25 de Marzo de 1575 y 19 de Febrero de 1592, “ por las que el Bey permitía á la Orden fundar en México un colegio con doce religiosos estudiantes ; dio el pase el Virrey con fecha 15 de Diciembre de 1593, quedando de derecho instalada la casa.
Ih’ovistos de una cédula fechada en 28 de Enero de 1594, llegaron do España ocho religiosos ; en esa cédula se les concedía permiso })ara establecer convento, como á las otras órdenes, y el Virrey la admitió por decreto de 3 de Diciembre del mismo año.
Mas algunas contrariedades sobrevinieron, y no se les concedió la licencia definitiva, sino hasta 1590, por breve de 11 de Diciembre.
Obtenido el derecho de fundar, y encontrando estrecho el convento primitivo, compraron las casas de un D. Guillermo Berondate, situadas donde estuvo el convento suprimido por las Leyes de Beforma. El padre Francisco Jiménez, Vicario general, “ dio por ellas y) 18 000 ; los 10 000 de una capellanía que fundó Gaspar de Peralta, y los 8 restantes de varias lismonas que recogieron, y con efecto se trasladaron los religiosos á este sitio, á principios de 1601.”
Con la compra de otras casas, de un mesón y la toma de una callejuela ensancharon el convento.
Pero la toma de la callejuela dió motivo á una anécdota curiosa.
Entre las casas adquiridas, hubo un callejón que los religiosos
resolvieron cerrar para agregarlo á su convento, y habiendo ocurrido para que se les concediese esa gracia á la autoridad respectiva, el Virrey, Conde de Monterrey, se las negó de plano.
Los buenos frailes, empero, no se conformaron, y una noche, en silencio, con tesón y admirable prontitud lograron su objeto.
Al día siguiente las entradas de la calleja amanecieron tapiadas.
Los vecinos no se podían dar cuenta de aquello ; unos sorprendidos, otros disgustados ; pero todos de común acuerdo formaron un consejo, y atrevidos é insolentes, arremetieron en espantable rnotín contra aquellas tapias, y entonces los religiosos, “ que aun no perdían su instinto militar, ” hicieron una heroica resistencia que terminó victoriosamente, pues los vecinos tuvieron que retirarse maltratados y corridos.
Los asaltantes ocurrieron al Virrey, el cual sin tomar ninguna providencia, dejó á los mercedarios en pacífica posesión de lo que habían conquistado por la astucia y por la fuerza, no por la razón ni la justicia. Fueron, pues, más prácticos que los agustinos en tomar la calleja.
Dueños del terreno, pensaron edificar iglesia, y á este fin trabajaron por cuenta propia dos minas que les dieron de limosna : la una en Zacualpan, que les llegó á producir mil pesos libres cada semana, y la otra de Santa Marta, que era de tezontles.
La fábrica del templo empezó luego, pues se puso la primera piedra el 8 de Septiembre de 1602. Esta iglesia fue la que se llamó del Tercer Orden ; corría de Oriente á Poniente, en aquel punto estaba el altar mayor y hacia el segundo la puerta que salía al atrio, “ mediando una bóveda en que estuvo el coro : ” constaba de tres naves.
Con el tiempo no se conformaron los religiosos con la iglesia primitiva, y resolvieron levantar otra, más amplia, más grande y más hermosa. Mas á la sazón parece que las minas se habían emborrascado, y los maestros alarifes llevaban por la nueva obra cien mil
pesos. Idearon entonces formar una especie de compañía compuesta de cien personas, á quienes ofrecieron, si daba cada una mil pesos : el patronato de la iglesia, decirles un considerable número de misas, hacerles otros muchos ejercicios y darles sepultura en la capilla mayor.
El éxito coronó su pensamiento. El primero que encabezó la suscrición fue el Excmo. señor Virrey, Marqués de Gerralvo, quien puso la primera i)iedra el 20 de Marzo de 1034. Los primeros meses continuó la obra con vigor ; pero después con lentitud, á cansa de que varios de los suscritos no cumplieron su compromiso. Además, á medida (pie iba avanzando la obra, se vióqne costaba mayor cantidad de la ya citada, y hubo (pie aumentar los patronos : el costo total fné de ciento cincuenta mil [>esos.
Al cebo de veinte años, el 30 de Agosto de Iboi-, la bendijo el })adre Er. Juan de la Calle y lleredia, y en 18 de Iniero del año de 1082 la consagró Er. Juan de Dnrán, Obis})0 de Eilipinas, que por ese tiempo se encontralia en México.
Antes de dar una idea del nuevo templo, [)reciso será referir el origen de la imagen á (piien estuvo dedicado, y á este lin, tiene la palabra el Padre Maestro Er. Luis de (asneros.
“ Eiié el caso — dice en sn Historia, libro 1, capílulo V — que fundado este Convento de México el año de lóOó por el Señor Obis})o de Perpiñán 1). l"r. Erancisco de Vera, que á la sazón era Vicario Ceneral de estas Provincias, yendo á visitar la de Cnalemala, y viendo en el Convento de la dicha Ciudad esta Santa Imagen tan venerada, y inilagTosii, y que bavía dos en aquel Convento, luego trató de trabémosla á esta (bisa, como recién fundada por sn mano ; (]ue era enri([nezerla con tan [ireciosa joya. Halló lanías dilicullades para eslo, y lanía resislencia en la Ciudad (]iie le pareció impossible poder sacaiJa sin usar de algún ardid, y traza }>ara poderlo hacer. Puso decenlemenle en una petaca la Imagen, y á media noche la hizo sacar del C.onvento en ombros de Indios sola sin compañía de Religiosos : poiapie echándola menos, era fuerza, que de la Ciudad saliessen á (piilarsela, como lo hicieron : pero como la trahían sin
día, seis meses después de haver salido de Guatemala, se nos entró por las puertas de este Convento el año de 1596, tan bien tratada, como si no huviera caminado trecientas leguas. Los Indios, que nos la traxeron, eran de Cuitlahuac, los cuales dixeron que allí se la havían dejado otros Indios, y rogádoles la traxessen á México. ” Volvamos ahora al templo, y para describirlo nos vamos á servir de las noticias del escritor Gualdi.
La iglesia de la Merced era también, como la del Tercer Orden, de
INTERIOR DE LA IGLESIA DE LA MERCED.
saber lo que trahían, aunque los encontraron, no dieron con la pressa.
“ Estuvo en poco, que no apedreassen al Padre Vicario General, viéndose sin su preciosa Imagen. No trahía más recado que un rótulo encima, que decía : quien te encaminare á México Dios lo encamine. Sin hacer más diligencia, porque no se pudo hacer, ni saber más, donde estaba la Imagen, y sin pagar á quien la traxo, un
tres naves, de las que la principal y el crucero estaban artesonados, y las laterales cubiertas de bóvedas.
Estuvo situada de Norte á Sur, en una área de dos mil seiscientas sesenta y cuatro varas cuadradas, sin incluir la sacristía ; de modo, que su longitud fué de setenta y cuatro varas, su latitud de treinta y seis, y su altura de veintinueve.
El atrio medía 616 varas cuadradas, y lo formaban dos tapias, mirando una hacia el Norte y la otra hacia el Poniente, con cuatro puertas : dos que caían hacia estos rumbos y dos que daban entrada á la portería del convento. ¡En el ángulo N. 0. del muro se levantaba, encima de su pedestal correspondienle, una cruz de tres varas y media de altura.
El templo tenía tres pórticos, uno para cada nave. El del centro condecorado con cuatro columnas toscanas, con pedestales y entablamento, y entre cada dos columnas un santo de cantera. Estas columnas recibían cuatro pilastras jónicas, con entablamento y frontis, v en medio un relieve en piedra, que representaba á la Virgen delaMerced, con San Pedro Nolasco, fundador de la Orden, y con San Ramón Nonato, su reformador. Abajo se leía este versículo del Salmo 110:
Rrdemptionem miút Dominus populo suo.
Arriba del relieve de piedra seguía un medallón con las armas nacionales, coronado por una cruz de tres varas, que descansaba en un mundo.
I^os pórticos laterales estaban entre columnas toscanas, y les servía de remate una ventana colocada en la parle superior.
La Merced tuvo una torre, situada en el costado poniente, y que medía de altura treinta y tres varas. En la parte superior del cubo había un reloj ; el primer cuerpo cuadrado y condecorado con cuatro pilastras y cornisamento de orden dórico ; el segundo de la misma forma, con la diferencia de la condecoración, (|ue era jónica. Entre cada dos pilastras del primer cuerpo, había un santo mercedario, y el remate de la torre tenía la forma de campana.
Tuvo la torre en los cuatro arcos del primer cuerpo, tres esquilas grandes y una campana llamada Santa María de Jesús, hecha en 1787, y la mayor en 1786, que fué bautizada con el nombre de San Ramón Nonato. En los arcos del segundo cuerpo hubo tres esquilas, y en el centro tres campanas pequeñas. “ Todas en general — escribía Gualdi — tienen muy buenos sonidos, siendo el del esquilón principal tan sonoro, que no me engaño en decir que es igual y se
equivoca en un todo con uno de la Catedral, de muy armoniosa voz. ”
Tal fue la iglesia de la Merced, hoy derribada, y de la que apenas permanecen en pie parte de los muros cenicientos, algunos de los arcos, y fragmentos do las bóvedas.
Estas ruinas, tristes c imponentes, parecen amenazar al mercado, construido en el mismo sitio en que estuvo el atrio, el templo y la capilla del Tercer Orden.
EX-CLAUSTRO DE LA MERCED
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Singular contraste ofrecen hoy esos gigantescos muros, mohosos y ennegrecidos por el tiempo, con el extenso mercado.
Las solitarias ruinas parecen tumhas abandonadas por los frailes de capas y hábitos blancos, y de sombreros negros y acanalados.
La plaza presenta distinto aspecto. Se halla henchida de gente y de una multitud de mercancías, que le dan vida y animación.
Sólo el convenio conserva mucho de su fisonomía antigua, con su artístico y hermoso claustro, por cuyos corredores ya no se mira atravesar al fraile mercedario, sino al soldado de la República.
l^]ste claustro, tan bello como antiguo, comenzó á construirse á principios del Siglo XVlll, juies en Septiembre de 1702 ya estaba en obra. Ln 20 de este mes y año dió para la fábrica del claustro 12 000 pesos en reales, I). Redro Alonso Lávalos y Espinosa, Conde de Miravalles, Caballero de la Orden de Santiago y Canciller de la Sania (hmzada. Prometió continuar proiiorcionando otras cantidades basta terminar el clauslro. biste sededici) el 12 de Diciembre de 1703 con gran solemnidad, celel)rándose á la vez la liesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Cantó la misa el Pj*esentado Fr. Diego Ancibia y j)redicó el sermón el P. Fr. José Vega, Maestro de Número, Comendador, Regente de estudios y Delinidor de la Provincia de la Visitación de Nuestra Señora de la Merced, redención de cautivos.
Antes del hermoso clauslro de que acabamos de hablar, hubo otro en el convento de la Merced, conslruído hacia lí)7(), y el cual nos describe el P. Fr. Ih’ancisco Pareja en estos términos : « se ha hecho de doce años á esta parte, — escribía en 1G88 — habiéndolo tomado por su cuenta los Rdos. Padres Provinciales, y haciendo un ángulo de él, cada uno, solo con las buenas disposiciones que ha lenido para conseguir limosnas para su fál)rica;el cual tiene cuarenta y tres varas de longitud y latitud superficial encuadro, esto es en lo interior de pared á pared, porque cu lo exterior de un ángulo á olro tiene de superlicie treinta y una varas, el hueco de cada arco es de cuatro varas, el ancho de cada ambulatorio es de seis varas, el alto desde el plinto de la basa hasta la cornisa tiene nueve varas, y toda la obra es de orden dórico y se compone de siete arcos cada ángulo, y entre
cada arco una columna de piedra de una pieza, sin la baza y socio de otra mejor piedra, y sus capiteles en cuyo remate nace la enjuta y de ella el principio de cada arco para ambos lados, todos estos con las cornisas y frisos muy bien labrados de algunas molduras, y en medio de cada arco labrado un santo de talla, y en el arco de enmedio de cada ángulo es la clave un santo de nuestra religión labrado de talla, que hace grandísima hermosura á toda la obra, como asimismo las cuatro portadas muy bien labradas, una en cada ángulo que se corresponde de frente ».
Volviendo al claustro que boy está convertido en cuartel, citaremos dos inscripciones relativas á la conclusión del barandal de fierro que se baila en los corredores superio - res, y á la reedificación última que se hizo en dicho claustro.
Dice la primera :
(( Acabóse esta rejería á 5 de
Setiembre, año de 1713, siendo provincial el M. R. P. M. Fr. Baltasar de Alcocer y Larifiana : Bartolomé fecit. »
La segunda, que estaba al ras del pavimento en 1860, decía :
« En 12 de Setiembre de 1785 años se finalizó la reedificación de este claustro á expensas (la mayor parte) de los señores de la ilustre archicofradia ».
PORTADA DEL COLEGIO DE S. RAMON.
SANTUARIO DE LOS ÁNGELES.
CAPÍTULO xvm
EL SANTUARIO DE LOS ÁNGELES
Sépase que el Señor, aun no contento De haberle dado al suelo mexicano Un ayate asombroso con MARIA,
En un adobe le hace otro milagro.
[De un libro sobre la tradición.)
A extramuros del centro de la ciudad de México, hacia el N. 0. y en medio de los barrios de Santiago Tlatelolco y Nonoalco, existe todavía un célebre Santuario, en el que todos los años se celebra la función titular de Nuestra Señora de los Ángeles, función que dura ocho días y que es de las más populares entre las muchas fiestas religiosas que conmemora la Capital.
« En la madrugada del 2 de Agosto, dice un escritor, los vecinos del barrio han sido despertados portel estallido frecuente de los petardos y por los repiques del alba. Algo como un inmenso murmullo se levanta del lado de los Angeles, antes de que los primeros rayos de un sol alegre, después de una noche de lluvia, ilumine las construcciones cenicientas que se levantan al lado N. 0. de la gran ciudad. La muchedumbre comienza á dirigirse desde muy temprano de todas partes, hacia á la plazuela en que se levanta el templo que encierra á la milagrosa imagen.
« Amanece, y las calles que conducen á ese lugar, bastante retirado del centro,, se inundan de gente. Santa Isabel, San Andrés, el Puente de la Maríscala, las Rejas de la Concepción, las calles de San Lorenzo, las de Santa María por una parte ; todas las que desembocan en la plazuela de Villamil por otra, y por el Oeste las nuevas de Soto y de la Magnolia, dan paso á un ejército de peregrinos llevando
grandes cestos con manjares y botellas. Un miinde de artesanos con sus mujeres y una lechigada de chicuelos se dirigen devotamente á pasar el día en el lugar santo. Por el rumbo del Norte y por las vías de Guadalupe y Nonoalco, han llegado ya numerosos romeros de los pueblos indígenas, aunque fuerza es confesar que la Virgen de los Angeles no tiene tanta popularidad entre los antiguos habitantes del país, como la de Guadalupe.
“ La Virgen de los Angeles es rigorosamente la niadona de los pobres de México, y en esa calidad su culto es menos universal que el de la otra, que puede llamarse nacional. ” (Ignacio M. Altamirano, Paisajes y Leyendas.)
Agregaremos á lo que hemos copiado, que la plazuela se llena de toda clase de mercaderes. La gente, después de satisfacer sus piadosos sentimientos, recorre alegre y regocijada los puestos^ y compra toda especie de golosinas. Hasta losniños,que enla mayor partede nuestras liestas religiosas tienen un juguete especial, en la de los Angeles es su encanto proveerse de quitasoles de cartón y de papel de china.
Lo feo, lo repugnante de esta alegre función anual, son los desórdenes que se cometen muchas veces fuera del Santuario, hijos los más del blanco y embriagante licor ^ que junto con nuestro sol canicular, hace enrojecer más de lo debido la sangre de nueslros léperos.
Por lo demás, la íiesta es simpática por su carácter democrático, y por que en ella se recuerda una antigua tradición, tan antigua que para buscar su origen es preciso remontarse al siglo XYl, y por consiguiente muy propia de figurar en el México Viejo.
Para narrarla, nos vamos á servir de un libro antiguo escrito por el Hacliiller Pablo Antonio Peñuelas, é impreso en México por 1). Felipe de Zúfiiga el año de 1781 ; porque en los libros antiguos, como lia dicho muy bien una escritora eminente, es donde conservan aroma y frescura la tradición y la leyenda.
Ileliere nuestro Bachiller, que también fué presbítero del Arzobispado de México y traductor general de Letras Apostólicas, que el año de 1580 hubo una gran inundación en la capital de Nueva España porque los vasos de las lagunas de Zumpango, Telzcoco y San Gris-
tóbal, no bastaron á contener la cantidad de aguas que sobre ellas derramaron los cielos, y que entonces las vertientes de las muchas serranías que rodean á la ciudad de México se desbordaron sobre ésta.
La inundación fué, pues, grande y lastimosa : se suspendió el comercio lo mismo que las funciones sagradas y políticas ; escasearon los víveres, “ y el que veía la luz del día de hoy, pensaba si vería la de mañana ó no, sino que cerraría los ojos para siempre, sirviéndole de sepulcro la misma casa que había sido su habitación. ” Refiere, además, que por todas partes se encontraban objetos desagradables y tristes, y tan pronto se escuchaban los gemidos de las víctimas de la inundación como el derrumbe de los edificios que se desplomaban al golpe de fuertes avenidas. Que unos y otros se veían pálidos con el sobresalto y el terror, y extenuados con la vigilia y falta de sustento ; pero que los que más padecieron fueron los de la “ ínfima plebe y los naturales de este país, ” porque sus casas se hallaban construidas con materias tan deleznables, como el adobe y el carrizo, y que por esta circunstancia todos sus muebles salían fuera de ellas, flotando en medio de las aguas.
“ Entre otras muchas salió, — no se sabe de dónde, dice nuestro buen Bachiller — una hermosa imagen de María Santísima pintada en lienzo, que conducida en las ondas enfurecidas y agitada con su muchedumbre y con los vientos, fué llevada al barrio de “ Goatlan, ” ó lugar de salitre \ hasta parar en el mismo sitio en que hoy se venera la prodigiosa imagen de Nuestra Señora de los Angeles, y que anliguamente fué habitación de la Nobilísima Parcialidad de los toltecas, fundadores del poderoso Imperio Mexicano. Quizás de éstos era descendiente un noble cacique llamado hay oque ^ que era como el señor y principal de aquel territorio, á cuyas manos llegó la pintura de la madre Virgen que llevaba el lienzo. Prendóse desde luego de su hermosura y resolvió adorarla, exponiéndola á la pública veneración en una capilla de adobe ó Santocalli que mandó fabricar, en la cual determinó poner el lienzo que le llevó sobre las aguas el Espíritu del
1. El verdadero significado de esta palabra es lugar de culebras^ y no el que le atribuye el Bachiller.
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Señor, pero mudó de parecer, porque la humedad y traqueo de las olas había maltratado considerablemente el precioso lienzo, y quizá después de seco había perdido mucho de su perfección, soltando los coloridos y rompiéndose la tela. Mas no por esto se acabó su primera intención de adorar la soberana imagen de María, sino que determinó hacerla pintar en la pared principal que miraba á la puerta del Adoratorio, advirtiendo desde luego á los pintores que imitaran y copiaran belmente la imagen de la Reina de los cielos que tenía pintada el lienzo proponiéndoselo por modelo. Pintóse efectivamente, la bellísima imagen de María, nuestra Madre y Señora, sobre la pared de adobe de la capilla, y es la misma (jue boy veneramos con el título de Nuestra Señora de los Angeles, quedando tan bella y agraciada, que no hay arbitrio para no i’cndirle el corazón á la })rimera vista y sacrilicarle todos los afectos que arrastra dulce y elicazmente. Su tamaño no llega á siele cuartas, (jiie es la eslalui*a nalural de una doncella joven de ldaños;(d j)elo es entre oscuro y rojo, derramado blandamente por los hombros, paidicularmenle j)or el izquierdo, poblado y crespo en los exiremos y ceñido por el cerel)ro ; la frente espaciosa y dilatada sobre unas cejas ar(|U(‘adas y tupidas ; los ojos hermosos y modeslainenle inclinados, tanto (jue apenas se descubre la mitad de la pupila ; la nariz erguida y no muy redonda ; los labios encendidos y pe(|ueños, (]ue resaltan con mucha bermosura sobre una barba partida de un boyito (pie se señala al medio; los carrillos con un color tan vivo como el de la rosa más fragante y más fresca ; el cuello corto y agnileño ; el rostro muy ajiacilile, trigueño rosado. Se inclina mucho sobre la derecha, no descubriendo más (pie el oído siniestro; las manos y los dedos muy torneados y hermosos, descansando todo el cuerpo, segñn el ademán, sobre el pie derecho.”
Tal es la sencilla y jiintoresca descripción que escribió el Bachiller Peñuelas.
Sobre la advocación bajo la cual fué venerada la imagen, eiicontramos (pie durante el siglo X\ 1 era conocida con el nombre de la “Asunción de Isayoipie," jmes la tradición aseguraba que había sido una Asunción la que (d piadoso caciipie recogiera de enmedio de las
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aguas ; pero que por un error de los pintores que la copiaron había resultado una Purísima. En cambio, D. José Giraldo, de edad de setenta y ocho años, declaró el 14 de Agosto de 1777, que el lienzo salvado de la inundación representaba una Purísima. Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que ya porque realmente sea una Purísima Concepción ó porque esté rodeada de querubines, el pueblo la llama y la reverencia bajo la advocación de Nuestra Señora de los Angeles.
La primera capilla en que estuvo la imagen fué construida de adobes por el indio Isayoque, en el año 1580, y tuvo el carácter de oratorio puramente privado. Por una lápida de chiluca, que se hallaba en lo que es hoy presbiterio, consta que se erigió en capilla publica en 1595, y lo confirma una declaración del P. Antonio Gutiérrez; pero fué muy pequeña, pues medía seis varas de largo, ocho de ancho y cuatro y media de altura. Poco á poco fué resfriándose la devoción, al grado que la iglesita amenazaba ruina ; mas una nueva inundación que sobrevino en 1607 hizo que los ingratos devotos volvieran la vista hacia aquellas ruinas y resolvieron reedificarla. Con este objeto se estableció una hermandad que la cuidaba y colectaba las limosnas. De nuevo el hielo déla indiferencia volvió á cubrir las almas de los devotos, y entonces la capilla llegó á tal estado, que únicamente servía de asilo á un pobre pastor, que se retiraba allí de noche con su ganado. Sólo la familia de los Giraldos veía con tristeza aquellos restos, de éntrelos cuales surgía ilesa la pared que contenía la imagen, y uno de ellos, en 1737, logró reedificar la capilla; pero tan pobremente, que en 1745 se halló en peores condiciones que antes. En este año, un antiguo devoto de la Virgen pensó levantar una nueva capilla de mampostería, cuyos cimientos son los mismos que sirvieron para la actual iglesia, y como no pudo concluirla, se conformó con cubrir con petates el techo y los costados, para defender así la imagen de la intemperie. Se dijo entonces que la pintura se había renovado milagrosamente, y con el pretexto de admirarla, se celebraron fiestas populares en el exterior de la capilla ; pero fiestas que llegaron á ser escandalosas por los muchos desórdenes que en ellas se cometieron, al grado, que Peñuelas asegura que fué “aquel
lugar sagrado, teatro de la disolución y el libertinaje, poniendo en cada corazón un ídolo de Venus ó de Baco”. Informado de estos desórdenes el Arzobispo y Virrey D. Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta, mandó en 1745 cubrir la imagen; cerrar y clavar las puertas del edificio; prohibir que se colectaran limosnas, y que se celebrara el santo sacrificio de la misa. Siete meses permaneció oculta la imagen, basta que el inquisidor D. Pedro Navarro de Isla, con el deseo de verla, la mandó descubrir, continuó la fábrica del Santuario, y logró su propósito, aunque con lentitud. Después se encargó de ella D. José Zambrano; pero habiendo muerto, quedó bajo la protección de D. Agustín Anastasio Navarro, quien no j)udo atender al culto por sus muchas ocupaciones, lo que dió por resultado que la capilla se arruinara casi por completo.
Pero entonces apareció el verdadero salvador del Santuario, un sastre llamado I). Josepb de llaro, (|ue pasando por ese lugar el 28 de b’ebrero de 177b — pues bahía ido en coche á tomar medida á un estudiante de la Universidad, (|ue habitaba por Tlatelolco — le llamó la atención el tem[)lo; pudo con miles de trabajos contemplar la imagen, y quedó tan })rendado de ella que desde ese día fué su más ferviente admirador y devoto, llaro hizo niucbo: logró concluir y decorar dignamente el Santuario; colocó ala Vii'gen bajo un nicho de cristal, y él mismo la vistió con })reciosos trajes, teniendo en esto no poco trabajo, pues como no era escultura, tuvo que acomodarlos con cuidado para no deteriorar la imagen.
Un suceso vino á contribuir al progreso del culto, con gran contento del buen sastre. “ Fué el caso — dice un escritor — que el día 21 de Abril de aquel año de 177b, como á las cuatro de la tarde, sobrevino en México un espantoso temblor de tierra (jue obligó á los moradores de la ciudad á abandonarla prontamente y correr al despoblado para no ser envueltos entre los escombros de los edificios. Al entrar la noche, la terrible conmoción terrestre renovó su furia con violencia formidable: crujían las vigas y los corazones; los edificios parecían que topaban unos con otros, y no había quien pudiera mantenerse en pie ; los hombres dejaban sus casas y gritaban
siu arbitrio por las calles pidiendo misericordia á voz en cuello ; transportados por el susto y poseídos del espanto, se olvidaban de las relaciones más tiernas de la naturaleza y de la voluntad ; los padres y los hijos se olvidaban mutuamente; los que había unido el matrimonio y el amor se separaban sin acuerdo para tener después del conflicto la pena de buscarse inútilmente, sin saber unos be otros la suerte que habían corrido ; todo era espanto, confusión y miedo. Con este motivo las afligidas gentes, salían en tropel para huir en el campo los peligros de la ciudad ; no había calzada que no estuviese inundada de lágrimas, de gemidos, y de dolor, particularmente la de Nuestra Señora de Guadalupe ; pero muchísimos se condujeron á los pies de Nuestra Seriora de los Angeles^ ó por estar mas cerca, ó porque se acordaron de lo que habían oído decir de aquella imagen milagrosa. Así se vio aquel despoblado lleno de habitantes de México, cuyas súplicas, envueltas en lágrimas y en alabanza de la gran Señora, resonaron toda la noche en la cercanía de aquellas paredes, implorando á gritos su patrocinio, y prometiéndole dones y devotos y cristianos ejercicios.
“En aquella triste noche tuvo origen la rapidez con que crecieron los cultos del Santuario y la devoción á la imagen : desde entonces comenzaron á frecuentarse las visitas y romerías ; desde entonces se vieron las gentes postradas ante aquella imagen con tal continuidad y fervor, que pueblos enteros con mujeres y ñiños venían á adorarla y á depositar á sus plantas las cuantiosas limosnas, que merced al devoto celo, esmero y solicitud de D. José Haro, bastaron á sufragar los grandes gastos que se hicieron para levantar el hermoso templo, y surtirle de preciosas alhajas y poner allí un sacerdote especialmente consagrado á las atenciones del culto”.
El entusiasmo religioso no se contentó con este templo, sino que en 1808 se levantó otro más grande y suntuoso, que es el que ahora existe, el cual ha sido reconstruido en diversas ocasiones á causa de su mal estado. Posteriormente se edificaron, debido al celo de los capellanes D. Pedro Rangel y Dr. D. José María Santiago, un panteón, una casa de ejercicios y varias habitaciones. Por último, hace
poco se reformó notablemente el teniplo, y en estos días se han celebrado multiplicadas fiestas con este motivo.
El culto, pues, aunque no con el esplendor de antes, se mantiene todavía y se debe en gran parte á que la Virgen es muy querida de nuestro pueblo. Después de la de Guadalupe, es una de las más veneradas y tiene con ella coincidencias muy curiosas. Las dos aparecen por primera vez ante un indio ; las dos están estampadas en objetos bien humildes, la Guadalupana en sencillo aijate\ la de los Angeles, en tosco adobe ; las dos tienen la fisonomía de una doncella esencialmente mexicana ; ambas han tenido dos apasionados admiradores : la primera, el Caballero D. Lorenzo Boturini ; la segunda, el sastre D. Joseph de Maro; las dos, en fin, son amparo y refugio de las almas sencillas y creyentes.