México viejo; noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres · Capítulo real 15 de 34

CAPÍTULO XXVII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 11 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPÍTULO XXVII

LAS MASCARADAS

UNA MASCARADA EN EL SIGLO XVII

.^PíTÜLO XXVlí

r-iLAS MASCARADAS

A lo humano y á lo divino, unas veces con espectáculos edificantes y otras con bárbaras fiestas ; pero de mil maneras se divertía la gente en los pasados y remotos tiempos de la Colonia.

Las funciones religiosas con toda su pompa y esplendor, las procesiones públicas para dar gracias ó impetrar un favor de la Divinidad, las corridas de toros y las peleas de gallos, los autos de fe y las ejecuciones civiles, eran más que motivos suficientes para sacar de sus casillas á nuestros tatarabuelos, que con caras de pascuas, tranquilidad absoluta de conciencia y á pie ó en coche, salían por esas calles para consagrarse en cuerpo y alma á disfrutar de aquellas diversiones.

Siempre iban alegres y contentos, porque aun las escenas teatrales que de cuando en cuando representaba el Santo Oficio, constituían una diversión, y era peligroso conmoverse 6 demostrar lástima, pues tales manifestaciones podían tomarse por el histórico Tribunal, como signos sospechosos de brujería ó de pertenecerá una secta herética ó condenada como la de Moysén.

Los románticos, los sensibleros, tenían que hacer de tripas corazón, á riesgo de ir, por lo menos, á mudar temperamento en la esquina de la casa chata^ en alguno de los calabozos del celebérrimo patio de los naranjos.

Por eso, cuentan las crónicas, que en aquellos felices siglos no hubo muchachas nerviosas, ni patatuses, ni cosas parecidas.

Hombres y mujeres, ancianos y niños, todos estaban templados como el acero para esos espectáculos ; y en las sangrientas corridas

ele toros, y en las salvajes peleas de gallos, que eran frecuentes, aprendían oBjetivamente lecciones de serenidad y de valor.

Los lloriqueos se quedaban para los recién nacidos, para los templos, cuando predicaba uno de aquellos elocuentísimos oradores, que desde lo alto de los púl pitos, con el mágico poder de su elocuencia, hacían derramar torrentes de lágrimas á aquellos ojos secos ante la terrible agonía de un rocinante destripado, ó ante el espantoso suplicio de un ser liumano quemado vivo allá en el bras€7'0 de San

Diego.

lunpero, en los espectáculos públicos de la Colonia, todas las clases sociales gozaban por igual, desde Su Excelencia el Virrey, basta el más bumilde escril)ientillo de la Leal Hacienda: desde Su Señoría (d liujuisidor Mayor, basta el último familiar; desde los nobilísimos Condes y Marqueses, basta tos plebeyos, y ensabanados del baratillo : unos (ui balcones y otros en lasaceras, unos en carrozas y otros á j)it*, unos (ui tablados y otros en gradas, pero todos tenían derecho de participar d(* las fi‘stividades |)úblicas, y el pueblo bajo, aun tenía la ventaja d(* r(‘cog(‘r las m(*dallas y las monedas que se le arrojaban (mi las juras.

Además di* las diviTsiones (|ue liemos enunu'rado, durante la dominaci(>n española en México, buho otras espc'cies de festejos populares, muy en boga entonces, (jue se veriíicaban á menudo y con diversos motivos, (¡ue fueron la delicia de nuestros antecesores, y (|U(' boy han desaparecido por completo : /as Mascai'adas.

I (Juién las recuerda ahora? Mascaradas había no hace muchos años en la bulliciosa época del Carnaval : pero estas no son á las que nos queremos referir : las Mascaradas de la Colonia tenían, es cierto, algunas semejanzas con las que hemos j)resenciado ; pero las últimas salían en días determinados, mientras (|ue las otras, las de los tiempos virreinales, celebrábanse como hemos dicho, con diferentes objetos y en cualquier mes del año.

“ Festejábanse con mascaradas, — dice el Sr. Riva Palacio — el cumpleaños de los monarcas ó de los virreyes, las canonizaciones de los santos, las dedicaciones de los templos, la entrada de los virreyes

ó de los arzobispos, los nombramientos de los catedráticos y la mayor parte de las fiestas religiosas.”

La Universidad, cuando concluía un año escolar, ó cuando un rector recibía su nombramiento, sacaba Mascarada y carro alegórico.

Porque en muchos los carros alegóricos eran indispensables.

Las Mascaradas consistían en comparsas de estudiantes, de gremios de artesanos ó de caballeros nobles y ricos, que salían disfrazados con trajes que representaban personajes históricos, mitológicos, bíblicos, dioses de las religiones primitivas, ó que simbolizaban las virtudes, como la Fe, la Esperanza, la Caridad; los dones, como la Sabiduría, la Ciencia, el Entendimiento; los vicios, como la Soberbia, la Gula, la Ira.

No faltaron, sin embargo, algunas Mascaradas en que se hacia burla de personas vivas y prominentes, y llegó á tanto el desacato que, cierta vez, en la ciudad de Puebla, “ se hizo en ella una mascarada indecentísima en que sacaron en estatuas al conde virrey y á la condesa su muger, en forma de que se hacía justicia de ambos, con pregón de muchas y grandísimas injurias, haciendo paseo por las calles, siendo actualmente virrey, y consiguiente, ofendiéndose á Su Magestad, cuya imagen representaba, con tan atroz delito siendo tan público.”

Las Mascaradas se hacían de día, ó de noche á la luz de las antorchas que conducían los que formaban las comparsas ; y “eran á lo serio ó á lo faceto^ según los personajes ; el asunto ó el vestido de los que salían.”

En los Diarios de sucesos notables^ escritos por Guijo y Robles, se describen las principales Mascaradas, y el General Riva Palacio en el tomo segundo del México á través de los siglos^ ha recopilado y reproducido algunas de esas descripciones.

Por nuestra parte vamos á citar las que hemos encontrado en esos Diarios^ y algunas otras que se hallan mencionadas en “Relaciones” de aquella época, hoy rarísimas; pero sólo hablaremos de las principales, y el que deseare conocer todas puede ocurrir á dichos libros.

La costumbre de sacar máscaras por las calles fue antigua ; pues eran tan comunes que en 1539 se prohibió sacarlas sin licencia, pena de destierro y cárcel, tal vez por los desórdenes á que daban lugar.

Guando la conspiración conocida por la rebelión del Marqués del Valle^ hijo de Cortés, las máscaras eran frecuentes en las fiestas, y una de las más notables fue la que hizo Alonso de Ávila Alvarado, ([uien desde su encomienda de Cuaubtitlan, un domingo del mes de Octubre de 15()5, vinó á México y “entró en la ciudad con veinticuatro amigos, vestidos de indios caci([ues, y con gran regocijo y música se apearon todos en casa del manjués, donde estaban reunidos, convidados para una fiesta, el visitador (Valderrama) muchas damas y los caballeros de importancia. Alonso en el papel de Moctezuma, y el mar(|ués en el de su padre 1). Hernando, representaron la primera entrada de los españoles en la capital del Imperio azteca, y saliéndose de la verdad bist(3rica, a(|uél prodig(3 al coníjuistador, no sólo las rmu'slras más nmdidas de amistad, sino (jue al rumor de los insIrumenlos y eiimedio d(‘ los aplausos de la concurrencia le puso en la cabeza y eii la de su mujc'r guirnaldas de pluma, tal vez semejantes al G’o/j//// de (jue usaban los monarcas iiK'xicanos : un truhán (jue (‘slaba presente gritó como j)or donaire, ¡ tómate esa corona, mar- (juesa ! Los disfrazados tlatoanes llevaban en las manos ramos de llores con coplas y moles para repartir á las damas, unos de galantería y amores, otros de emboza«la signilicación enderezados á la revuelta, pei’o (‘ulendibles únicamente por los con jurados ; el letrero puesto (‘u el súchil (|ue al manjués locó, decía : no lemas la caída, pues es para mayor subida. Acabada la farsa, mientras comenzó el sarao eu la casa, la máscara anduvo por las calles despertando á los vecinos con el ruido de su música, cantando romances y coplas alusivas á la empresa, basta la media noche, en (|ue se retiró para asistir á la cena prevenida. VA convite fué á la usanza de los indios; se pusieron á la mesa manjares del país preparados en la encomienda de Alonso, y los platos, los picheles, los jarros, los candelabros, todo el servicio era del barro de la tierra, sin duda de Cbolula ó Cuaulillan, divos alfareros tenían fama de fabricar la loza más hermosa v fina ;

no escasearon los licores espirituosos, y alegres con la comida y excitados con el vino, circularon enmedio de estrepitosas risas los dichos agudos y las palabras de doble sentido con alusión á la revuelta. Levantados los manteles, la mogiganga tornó á salir por las calles con hachas encendidas en las manos y á caballo, según lo que se llamaba encamisada^ tirándose los jinetes conforme á la moda del tiempo, con alcancías^ que eran unas bolas de barro endurecidas al sol, llenas de ceniza ó de ñores, y cuyos tiros se resistían parándolos con las adargas : los alcanciazos son hoy los cascarones, que rompen en las cabezas las gentes bulliciosas en los juegos de Carnestolendas.^” Tal filé aquella significativa Mascarada, que sirvió para sondear los ánimos de los españoles, — como dice un historiador — con el objeto de llevar á cabo el levantamiento contra el Rey.

De otra clase de mascaradas, nos dejó memoria Juan Rodríguez Abril, platero, en una curiosísima narración impresa en México el año 1621, en la calle de Tacubay por Pedro Gutiérrez, y que intituló “Verdadera Relación de una máscara que los artífices del gremio de la platería de México y devotos del glorioso San Isidro el Labrador de Madrid, hicieron de su gloriosa beatificación.”

Después de las fiestas celebradas por el Arzobispo D. Jacinto Pérez de la Serna , y por D. Pedro Cortés, 4® Marqués del Valle, los artífices de la insigne platería de México, sacaron — dice Rodríguez Abril — “ la más grandiosa máscara que se ha visto en Nueva España.” Salió el domingo 24 de Enero de 1621, del patio de las casas del Mariscal de Castilla, que entonces estaban frente al convento de San Francisco, en la hoy calle de San Juan de Letrán.

Daba principio á la Mascarada una alegoría de la Fama, en caballo blanco, vestido de tela rosada y tocado vistoso.

“ Seguíala un bizarro labrador, montado en un caballo morcillo, el más pequeño de los que se conocían en Nueva España, y de los mejores brazos y traza que se puede pintar, hermosísimo de crin, con rico y vistoso jaez. El que hacia de labrador llevaba una máscara de

1. Orozco y Berra, Noticia histórica de la Conjuración del Marqués del Valle^ México 1853, págs. 38 y 39.

GONZALEZ OCUEGíJN.

plata, calzón y camisa ricamente fabricados de pita ; caperuza, sayo y polainas de paño pardo con todos los vivos guarnecidos de jacintos engastados en oro, y todo el campo lleno de mucha diversidad de piedras preciosas, diamantes, ruines, esmeraldas, girasoles, perlas, y otras mucluis joyas de oro, en tanta copia, que no es posible hacer suma de su riqueza.

‘‘Llevaba en la mano derecha una asta de plata melcochada, y [)endiente de ella un excelente retrato de las armas de Madrid.”

Dice el mismo cronisla, (jue (d Santo llevaba “ delante de si, por grandeza y ornato,, lodos los caballeros andantes, autores de los libros de caballería, Don Ibdianis de íirecia, Dalmerín de Oliva, el (Caballero del Lel)0, etc., yendo el último, como más moderno, don Olíjoti: de la .MANCHA, lodos de justillo colorado, con lanzas, rodelas y cascos, en caballos famosos;y en dos camellos Media la Encantadora y Irganda la D(*sconocida, y en dos avestruces los Inninos Encantados Ardian y Ducendo, y ul(imamenl(‘ sancho panza, y doña dulcinea dcl Tohüso^ (|iie á rostros descubiertos, lo r(‘pi‘esenlaban dos hombres graciosos, de los más ñeros rostros y ridículos trajes (|ue se han visto.”

Tan graciosa y original Máscara, (jue demuestra la gran [)opularidad (|ue gozaba ya entonces en México, la obra dcl ingenio entre los ingenios, Miguel Cervantes Saavedra, llevaba por todos cuarenta hombres disfrazados. Ilecorrió las [)rinc¡pales calles de la ciudad, y duró desde las dos de la lard(‘ basta las avrs marias.

El 2.') de Noviembre de IbTñ salió una Mascarada de caballeros, con magníñeas libreas, tan buenas, que nunca se habían visto desde (juc se comjuisló México; pasó á las ocho de la noche por la calle de San Hernardo y á las nueve por la liujuisición ; y al día siguiente volvió á salir en la tarde, “ entró á la plaza y corrieron los caballeros (hdante del señor virrey y la audiencia."

El año Ib'KS, los padn‘s de la Compañía de .l(‘sús habían ordemulo dos máscaras de sus estudianles, una á lo ridículo y otra á lo grave V b'iiíanlas dispuestas [)ara el d de Mayo de «licho año ; pero habieinlo muerto el Ladre Juan del Ueal el 30 de Abril, las mandó suspender

la Virreina. Enterrado el difunto, provincial que hubo de ser de la Compañía de Jesús, se arreglaron de nuevo las máscaras para el día 5, y “ álas tres de la tarde salió de dicho colegio un número grande de estudiantes á lo faceto y ridículo, así de negros y negras, como de mulatas, vaqueros, micos y la escuela de Galeno, cada nación en su carro ridículo; y acabado, se siguió la nación mexicana, y Monctezumay Malinchi costosamente aderezado, y luego algunos que representaban los grandes de la corte de Madrid, bizarros en gala y adorno y luego se seguía el capitán de la guarda con bizarro vestido y librea, y luego un carro triunfante, yen él formada una pirámide con arquitectura, leones y castillos en las esquinas, y por remate un trono donde estaba sobre dos almohadas de terciopelo carmesí la corona y cetro, y en las cuatro esquinas cuatro banderas ; al pie de esta pirámide ó palacio iba el rey de España y reina con notable gravedad y autoridad y costa, sentados en sus sillas, y el príncipe heredero del ladoizquierdo del rey, á sus pies el paje de guión, y á los de la reina un enano ; luego se siguió el caballo con rica cubierta de tela, que llevaban cuatro lacayos de tocados, y luego iba el caballerizo costosamente vestido, y tras él cuatro carrozas de cuatro muías, cada una descubiertas pasearon desde tres á siete de la noche las calles principales de la ciudad, y llegaron á palacio, donde en los balcones que caen en la plaza aguardaba el virrey, y oidores y la virreina, y los suyos en otro ; pára la máscara, Ínterin que por un estudiante se echó una loa : acabada, pasaron por las casas arzobispales, donde esperó el arzobispo, y de allí se volvieron al colegio de San Pedro con luz, y á sus casas sin desgracia notable.”

Citaremos por último estas otras :

“ Mayo 9 de 1691. — Mascarada curiosa. — Dicho día salió de la casa del Duende Don Fernando Valenzuela, una máscara seria en nombre de la real Universidad por el casamiento del rey ; y salieron en ella muchas personas á caballo^ unas en forma de diversos animales, comoson^ águilas, leones, y otras en trajes de naciones, como son, turcos, indios y españoles, y otras personas al revés, con los piés para arriba y la cabeza para abajo, con sus hachas en las manos y

2o6 GONZÁLEZ OBREGÓN.

corrieron debajo del balcón de palacio todos, y se acabó después de las once de la noche.”

Los días siguientes : jueves 10, salió la Máscara de los plateros; viernes 11, la del Conde de Santiago, y el sábado 19, la de los panaderos.

Sentimos no poder citar otras Mascaradas bastante curiosas, como la que salió el 0 de Noviembre del año de 1700, que representaba el mundo al revés, “ los honibres vestidos de mujeres y las mujeres de hombres; ellos con abanicos, ellas con espadas : el carro vestido gallardamente con un retrato de San Juan de Dios, y un garzón ricamente adornado (|ue recitaba una elegante loa.”

De estos testejos tan populares y favoritos de la Colonia, sólo (jucMla (d recuerdo ; pasaron como lasalegres comparsas del Carnaval, (jiie no hace muchos años recorrían las calles y el Paseo de la Viga, bromeando á muchos y arrojando dulces á las damas de los coches.

Noy, solamente se disfrazan uno (|U(‘ otro inocentón, y los concurrentes á las bacanales de los teatros d(‘ Vergara y Arbeii.

CAPÍTULO XXVIII

LA DÉCIMA

MUSA

SOR Jt ANA INK.S DE LA CRI Z.

( Oo un.i {linturn anticua í|ut‘ ci)n,sorv.il>.in las monjas de S. Jerónimo).

CAPÍTULO XXVIII

LA DÉCIMA MUSA

Si hay una gloria literaria entre nosotros, universalmente conocida y aplaudida, es Sor Juana Inés de la Cruz, monja virtuosísima, inspirada poetisa, y más que todo admirable por su talento prodigioso.

Sor Juana fue un sér privilegiado : su hermosura cautivó á los corazones ; su inteligencia fué el asombro de sus contemporáneos.

La vida de aquella sorprendente mujer es casi una leyenda.

Nace muy cerca de la falda de dos gigantes, el Popocatepetl y el Iztacihuatl, en una finca de campo llamada San Miguel Nepantla, y en humilde aposento que era conocido con el nombre de la celda^ á las once de la noche del viernes 12 de Noviembre del año 1651. A los tres años de edad engaña á la maestra de su hermana mayor para que la enseñen á leer; no cumple siete, y ya hace versos y loas al Santísimo Sacramento, sólo por obtener de premio un libro que le prometen ; llega á México y devora los ¡pocos libros que poseía su abuelo; aprende en veinte lecciones la lengua latina con su maestro Martín de Olivas ; pide á su madre la disfracen de hombre para cursar en las aulas de la Universidad, y después, llena de juventud y de hermosura, como dama de Leonor María de Carrete, entonces Virreina de Nueva España, Juana de Asbaje domina con sus hechizos á los galanes y asombra con sus conocimientos á los sabios.

Un día, el Virrey D. Antonio Sebastián de Toledo, Marqués de Mancera, quiso convencerse de si la ciencia de aquella mujer era

real ó aparente. Reúne en Palacio á cuantos hombres notables gozaban de fama en la ciudad. Entre teólogos, escriturarios, filósofos, matemáticos, historiadores, poetas, humanistas, “y no pocos de los que por alusivo gracejo llamamos tertulios,” dice el P. Calleja, eran cuarenta. Juana de iVsbaje comparece ante aquel severo tribunal para ser examinada. A todos asombra con sus respuestas; todos se admiran de su erudición y de su aplomo para contestar. El mismo Virrey contaba admirado, años después, al P. Calleja, las impresiones de aquel día, y agregaba : -‘Que á la manera que un galeón real se defendería de pocas chalupas que le embistieran, así se desembarazaba Juana Inés de las preguntas, argumentos y réplicas, que tantos, cada uno en su clase, la pusieron.”

Empero, no luce mucho en la vida mundanal. Causas misteriosas, decepciones ó amores imposibles, sin duda los ruegos repetidos de su confesor, la obligan á encerrarse en un convento. Escoge primero el de San José de Carmelitas descalzas, boy Santa Teresa la Antigua; pero la austeridad de la regla la hace caer enferma, y por dictamen de los médicos abandona el noviciado á los tres meses de haber entrado en él. Pronto, sin embargo, se encierra, para no salir más, en otro monasterio: el de San Jerónimo. Allí hace su pi*ofesióii solemne el 24 de Febrero de IbbO. La dota D. Pedro Veláz(iuez de la Cadena, hombre rico y de familia distinguida, y su confesor, el P. Antonio Núñez de Miranda, corre con los gastos de la fiesta de ese día, y se muestra tan alegre y satisfecho de aquella profesión, ([ue él mismo [irepara desde la víspera las luminarias é invita á lo más granado de los cabildos eclesiástico y secular, á las sagradas religiones y á la nobleza de México.

Transcurre el tiempo. Sor Juana, en el silencio de la celda, sin envanecerse nunca, sediento su espíritu de saber, estudia de continuo, oye modesta los elogios que de todas partes le tributan ; pero de súbito un extremado fervor religioso, hijo de su fe y de los consejos de su director espiritual, que se empeña con ella para que abandone el trato con los mundanos, hace que se desprenda de sus libros; reparte el producto entre los necesitados; deja empolvar la lira,

arroja lejos de sí la pluma, empuña la disciplina y se azota; se debilita con el ayuno, se abre las venas, y con su propia sangre firma nuevos votos, hasta que una enfermedad contagiosa, una peste que invade el convento, la postra en el lecho moribunda, después de haber ejercitado la caridad evangélica curando á sus hermanas,

Y no se levanta más. En vano la ciencia acude presurosa á su socorro. Vanos también son los clamores y rogativas que por su salud tocan las campanas de los conventos. Serena como una santa recibe á Dios por última vez en la tierra, y tranquila cierra los ojos para abrirlos de nuevo hasta el Cielo.

Sor Juana murió á los cuarenta y tres años, cinco meses, cinco días y cinco horas de edad, á las cuatro de la mañana de la Dominica del Buen Pastor, día 17 de Abril de 1695. ^

Su entierro fué imponente. El Canónigo D. Francisco Aguilar la sepultó. Asistieron los hombres más notables, las damas más distin guidas, las autoridades; y la “muchedumbre, dice uno de sus biógrafos, se agolpaba á las puertas de la iglesia de San Jerónimo.’' Todos lloraron aquella pérdida para las letras. Los poetas la cantaron y D. Carlos de Sigüenza y Góngora hizo su elogio fúnebre, sentido á no dudarlo como hombre de corazón y amigo de Sor Juana. ^

El segundo centenario de su muerte (17 de Abril de 1895) ha pasado casi inadvertido. Ni un monumento, ni una medalla recordará á la posteridad, que México, en dicho día, lloró la muerte de Sor Juana. No importa : su gloria la conquistó la Décima Musa con sus virtudes y sus obras. Su fama descansa en el pedestal de dos centurias, desde donde recibe el aplauso del mundo entero.

1. Las inscripciones de los retratos de Sor Juana y casi todos sus biógrafos dicen que murió á la edad de cuarenta y cuatro años y cinco meses; pero, como me ha hecho observar mi estimado D. Gregorio Aldasoro, para que esto fuera cierto se necesitaba que la insigne poetisa hubiera muerto en Abril de 1696, lo que es inexacto, pues consta por su partida de defunción que falleció en Abril de 1695.

2. Consulté para escribir estos rasgos biográficos, la vida de Sor Juana, escrita por el P. Diego Calleja, que corre impresa en el lomo III de las obras de la poetisa, y la Vida Exemplar, Heroicas Virtudes^ y Apostólicos Ministerios de el V. P. Antonio Núñez de

Miranda por el P. Juan de Oviedo.— Con licencia, en México ; Por los Herederos de

Francisco Rodríguez Lupercio. En el Puente de Palacio. Año de 1702.

Por insignificantes que parezcan, siempre tienen interés los pormenores biográficos de aquellos que por sus méritos se separan del común de los mortales. Una curiosidad insaciable investiga todo lo que se refiere á las grandes celebridades, sean éstas políticas ó literarias. Se buscan y rebuscan noticias en apariencia insignificantes; pero que muchas veces completan mejor el carácter del biografiado, que serias reflexiones.

Por este motivo, vamos á publicar varios datos curiosos y á dar iina noticia de los retratos de Sor Juana. Comenzaremos por esto último.

El primero en orden cronológico es el pintado por ella misma. Ignoramos su actual paradero; pero una copia antigua de él fué adquirida el año de 1883 en Puebla por Mr. Robert Lamborn, quien la llevó á los Estados Unidos, donde ahora se conserva. La pintura es .al óleo y la tela en que está mide 3 pies o pulgadas x 2 pies 8 pulgadas. Tiene la siguiente inscripción :

“ Fiel II Copia de otra que de si hizo y de su mano pintó la R. M. Juana Ines de la Cruz. Fénix de la || América. Glorioso desempeño de su sexo, llonrra de la Nación dcstc Nuevo Mundo, y argu- II mentó de las admiraciones, y elogios de el Antiguo. Nació el (lia 12 de Nov®. de el ano de IGol á las || onse de la noche. Reciuió el Sagrado Habito de el Máximo DU S". S“. Gerónimo en su Convento de II esta Ciudad de México de edad de 17 años. Y murió Domingo 17 de Abri.l de el de IfiOo de edad de 40. y i. años, cinco meses, cinco (lias, y cinco horas. Requiescat in pace. Amen.'’

Mr. Lamborn publicó una fototipia de esta copia en su libro intitulado Mexícan Painling and Pai/ile?'s. A Brief Sketch of the Developinent of the Spanish School of Pahiting in México. — New York 1891; y una reproducción litográfica del retrato pintado por la misma Sor Juana, puede verse en el tomo 11 de la obra intitulada Hombres íinstrcs Mexicanos^ editada por D. Eduardo L. Gallo é impresa por D. Ignacio Cumplido. La fisonomía de la monja se

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destaca simpática y hermosa, lleva en una mano iin libro de oraciones y con la otra se apoya en una mesa. ^ El rostro es bellísimo, la boca diminuta, la nariz afilada; grandes, negros y rasgados los ojos.

Otro retrato existe en poder de una monja jerónima, y fue reproducido en la Ilustración Española y Americana^ año XXXV l, núm. XXXIX. Sor Juana está de pie, en actitud de meditar; levanta la mano derecha sobre un papel en el cual ha escrito algo su pluma, y con la izquierda toma al descuido las cuentas de su largo rosario. En el fondo hay una cortina y un estante lleno de libros, detalles característicos de los retratos de aquellos tiempos, cuando representaban á un escritor.

No hemos tenido oportunidad de ver otros retratos que poseen respectivamente las monjas de la orden que profesó Inés de la Cruz,

D. Antonio Mier y Gelis, D. Pedro Escudero y Ecbanove, y uno que

tuvo presente D. José de Jesús Cuevas para escribir su Estudio

Literario^ inserto en la Sociedad Católica. Este último es obra de

Fr. Miguel Herrera, religioso agustino que floreció en el siglo XVllI. D, Antonio Gutiérrez Victory, tenía otro, de muy mediano pincel, firmado por Josephus Gbávez.

El que está en poder de las monjas tuvo ocasión de contemplarlo nuestro excelente amigo D. José María de Agreda y Sánchez, y se apresuró á copiar, con la diligencia que le caracteriza, las inscripciones y el soneto inédito de Sor Juana que tiene el cuadro.

La primera de las inscripciones es larga, pero curiosa, porque nos relata en breve resumen la vida de la insigne poetisa, admiración de su siglo y gloria de la tierra que la vió nacer. Es cierto que algunas délas fechas que consigna corren impresas por sus biógrafos, mas proporciona datos nuevos sobre los cargos que desempeñó la ilustre monja en el Convento de San Jerónimo. Aunque extensa, lo repetimos, la copiamos aquí tal como nos la comunicó el Sr. Agreda :

“ Fiel copia de la insigne mujer, que lo fue admirable de todas las ciencias, facultades, artes, varios idiomas con toda perfección,

1. En la fototipia publicada por Mr. Lamborn la mano de la poetisa se apoya en un tomo de sus obras que está sobre la mesa.

y de el Coro de los maiores Poetas Latinos y Castellanos de el Orbe, por lo que su singular y egregio numen produxo, en sus exelentes celebradas obras : La Madre luana Ines de la Cruz, Penis de la América, glorioso desempeño de su sexo, honra de la nación de este nuevo orbe, y argumento de las admiraciones, y elogios del antiguo. Nació el dia 12 de Noviembre á las 11 horas de la noche. Año de 1651 en una pieza que llamaban la Celda, de la hacienda de labor nombrada San Miguel Nepantla, luritdicion de Chimalhuacan, Provincia de Chalco. Recivió el Sagrado Hábito de el MaxP. DL S. Gero“°- N. P. en este Comiente de esta CiiP de México, de edad de 17 años : habiendo antes florecido en su virginal estado (con asombro de la plenitud de letras, y talentos que en esta Corte, siempre se han secundado, por el compendio de los grandes de que por Dignación Diuina fue dotada) en el Real Palacio á vista y solicitud de el Ex“°* S'* Marq. de Manzera Virrey de este Reyno, y de lo mas illustre de la nobleza, y literatura de esta dicha ciudad. Profesó y recibió el velo gobernando ellll'"°* y Ex“°- S"- M. D. F.Payo Enriquez de Ribera Arc^°* Virrey, en manos de el D. D. Antonio de Cárdenas y Salazar Canónigo de estaS"" lgl^‘Metropol“^‘ luez, Prov°'* y Vicario General de este Arcp*^”' : el dia del Apost. S. Mathias (por su mas feliz suerte) 24 de Febrero de el año de 1669. Exercitó con aclamación, continuas demostraciones de su gran Sabiduria ; y el empleo de Contadora de este nuestro Convento tiempo de 9 años, desempeñándolo con varias heroicas operaciones, y las de su govierno en su Archivo. Escribió muchos y elevadísimos Poemas, Latinos, Castellanos y Mexicanos, en todo genero de arte y metro : y otras eximias varias obras, de que algunas recogieron los Ex”"°®' Señores Marqueses de la Laguna siendo Virreyes sus Protectores, y otras personas ilustres, y de dignidad, que antes y después de su muerte se compilaron en los tres libros de ellas, y que están impresos ; quedando otras muchas, y no menos insignes por su modesto descuido sin este logro (de que una de ellas es el Soneto que á la esperanza hizo, y en la mesa de esta copia va puesto). Murió con religiosisimas, y exemplares expresiones de Gatholica y Religiosa, demostrando el acierto maior de su grande

ingenio de saber morir, á las 4 de la mañana Dominica de el buen Pastor, dia 17 de Abril de el año de 1695 : hauiendo viiiido 44 años, 5 meses, 5 dias y 5 horas. Requiescat in pace. Amen.”

El soneto á que se hace refereneia es gongorino como muchos de Sor Juana, pero de un fondo realista y filosófico. Dice así :

“Verde embeleso de la vida humana;

Loca esperanza, frenesí dorado,

Sueño de los dispiertos intrincado.

Llena de sueños, de thesoros vana.

Alma del mundo, senectud lozana.

Decrépito verdor imaginado.

El oi de los dichosos esperado,

Y de los desdichados el mañana.

Sigan tu sombra en busca de tu dia Los que de verdes vidrios por anteojos Todo lo ven pintado á su deseo :

Que yo más cuerda, en la fortuna mia Tengo en entrambas manos, ambos ojos;

Y solamente lo que toco veo.”

La segunda inscripción dice :

“ Esta copia delaM^’ Juana Inés de la Cruz dio p®- la Contaduría de este nuestro Convento la M° María Getrudiz de Santa Eustaquio, su hija, siendo Contadora. Año de 1713. — Miranda fecit!'

En vista del anterior, y el año de 1750, hizo el célebre Miguel Cabrera su hermosa pintura que se conserva en el Museo Nacional, y de la cual publicamos en 1894 copia exacta, gracias á la benevolencia del Dr. D. Manuel Urbina, Director interino de aquel establecimiento C Representa á Sor Juana de cuerpo entero, sentada cerca de una mesa en la que se puede ver un tintero y un volumen abierto de las obras de San Jerónimo, ante cuyas páginas parece meditar la ilustre escritora, quien toma con la mano izquierda, con suma naturalidad, las cuentas de su luengo rosario, como en otro de los retratos que la representan. Los anaqueles del armario, que se contempla

1. Véase El Renacimiento^ segunda época, pág. 234, en donde inserté por primera vez el presente estudio con el título de Sor Juana Inés de la Cruz. Curiosidades biográficas

en segundo término, están llenos de viejos pergaminos, y un reloj señala las horas consagradas al estudio en aquella silenciosa biblioteca.

También ostenta inscripciones el cuadro. Son cuatro : una en prosa, en un óvalo de la parte baja : otra en verso en el centro superior, y otras dos, también en verso^ en cada uno de los ángulos inferiores del cuadro, escritas en sendas tarjetas.

La primera dice con caracteres amarillentos :

“ Retrato de la || Phemx America?ía || La Madre Juana || Inés de la Cruz || conocida en la Europa por la decima Musa, debiendo contarla por única sucesora de Minerva, en quien vincu- || ló el tesoro de su Saviduria sirviéndose de ella para fecundar su portentoso Entendimiento con la noticia de la Escritura divina, y toda Erudición Sagrada en la carrera de quarenla, y quatro años, q cerró con su exemplar y pcnitütc Vida, y Selló, co su preciosa muerte, año de 1695. II Está Sacado Pi ntualmente || do la copia fiel que sus Hermanas las Religiosas guardan con el mayor aprecio en la Contaduría del muy Heligioso (^onv*®* del máximo I)‘‘ el Señor San || Gerónimo de esta Imperial Ciudad de México.”

La del centro su[)crior reza :

IN MERIDIE FERVET.

JVuana es Phebo í se enseño 07

en Phebo JVana^ pVes qVe 16

Phebo presVrosafVc 10

por breVe en qVanío piró //

Vivid la J/*^- Juana -//os.

La de la diestra inferior :

MANE UCET.

Nadó J Vana ¡ulCIenDo Ver 0713

aVn Phebo lenDo a sa Llr 0557

qVe no fVeVn SoL enLVCIr 0^221

pVes no fVe soLoenun Cer 0160

Nació la J/" Juana año de 1651 .

La de la izquierda inferior :

VISPERE AUTEM PALLET.

J Vana d sV oCaso LLegó 0^11

Vn soL solo LVCArci. 0%1

qVe otro soL no se haLLará 0155

si Vn so L en JVana MVrló 1068

Murió la Juana año ae 1695

Como podrá observarse, cada una de las letras mayúsculas de los anteriores renglones equivale á un número romano : la suma de éstos produce diversas cantidades parciales, que sumadas á su vez nos dan en los totales la edad de la poetisa, el año en que nació y el en que murió.

Estos perversos jeroglíficos, ó como se llamen, eran la ocupación favorita de los ociosos poetas de la Nueva España.

Como fiemos dicho. Sor Juana entró primero al Convento de Santa Teresa la Antigua, y en el libro respectivo consta su toma de hábito y la fecha en que abandonó el monasterio

Un ilustrado 'religioso nos ha favorecido con copia de estos documentos, que así dicen :

“ Recibióse para Religiosa corista á Juana Ines de la Cruz hija legítima de D“ Pedro Deasuaje y de Isabel Ramires su muger, es, natural desta nueba España, dióla el abito de bendición el P. capellán D'' Juan de la Vega Domingo 14 de Agosto del año de 1667_, asistieron los Señores Marqueses de Mansera.”

“ La dicha hermana no profesó y en 18 de Noviembre de 1667 años salió del conbento.”

Pero poco tiempo después ingresó á San Jerónimo.

Nuestro mencionado amigo el Sr. D. José María de Agreda, constante colaborador de toda obra que se ocupe en asuntos de México, tuvo en sus manos un viejo libro, encuadernado con piel obscura, que se guardaba en el archivo del Convento en que profesó Sor Juana Inés de la Cruz. De este libro sacó los siguientes apuntes que con la mejor voluntad y desinterés nos ha permitido reproducir. Dicen de este modo :

“ Copia exacta de lo contenido en la foja 174 del primer libro de profesiones de las Religiosas del Convento de San Gerónimo de México, cuyo encabezado dice así :

“íUDLxxxvi as,''

“ De otra letra de tiempo muy posterior :

Año de 1586.

“ Y luego de la misma letra más antigua : “ Prophessiones que “ bazen las Religiosas De el Monasterio Desancta Paula Delahorden “ del glorioso padre Nuestro S^* geronimo. De esta Qiudad de “ m exico.”

Año de 1669 ~ 171 =

‘‘ Yo soi'or Jid' ines de la chruz hija legitima de don jf deaseaje ij bargas machuca Y de isahel rromires por el amor Y serbicio de dios N. .S" Y de N""’ S""' labirgen m""’ Y del p. S. ge^’' y déla bieid"".

5^''- paula ago boto y prometo adiós N""' S"' a. Vm. el N"* do7i antonio de Cárdenas i salasar canónigo desta Catedral Jues probisor deste arzobispado en cuyas manos ago profesión en nombre del 111'°''’ i S\ don fraipayo de Ribera obispo de guatemala }' electo arzobispo dcmexico Y de todos sus sucesores de bibir Y morir todo el tiempo Y espacio de mi bula en obediencia pobrcsa sin cosa propia castidad Y perpetuaclausura sola rregla de N° p®* S. agustin Y constituciones a orden Y ca^a consedidasen fe de lo cual lo firme de mi nombre oi a tL/ de febrero del ario de 1669 ^m'' de S° miguel priora=Juana Ines de la Cruz = Dios me haga

Por encargo de Sor Juana, como se verá adelante, y con otro carácter de letra, se puso esta anotación :

“Murió A Die Y Siete de Abril del año de 1695 La M® Juana Ines déla Cruz.”

¡ Breve y humilde partida de defunción de la gran poetisa !

“En el Año de 1670 — prosiguen los apuntes del Sr. Agreda — no vbo Profecion ninguna,”

“Sigue luego de letra de la M®. Juana Ines de la Cruz lo siguiente :

“Yo Juana Ines de la Cruz Religiosa Profesa deste Con^“ no solo ratifico mi Profecion Y vuelvo a reiterar mis Botos sino q. de nuevo hago Boto de Creer Y defender q,. mi S""’ la Virgen Maria fue Concebida Sin Mancha de pecado origfi en el primer instante de su ser en Virtud de la pa“- de Y asimismo hago Boto de Creer qualquier privilegio suyo como no se oponga á la S^""* fe en fe de lo qual lo firme en 8 de febrero de 1694. Con mi sangre = Juana Ines de la Cruz = ojala Y toda se derramara en defensa desta Verdad por su Amor y de su hijo.”

“ La firma entera y todas estas últimas palabras, desde “ojala” hasta “su hijo,” están realmente escritas con sangre; aunque está ya muy comido el color.

“Lo siguiente también de puño y letra de la M“ Juana Inés :

“Aqui arriba se a de Anotar el Dia de mi Muerte, mes y Año

suplico Por Amor de Dios Y de su Puris^. M®* a mis Amadas her®. Las Religiosas q. son, Y en lo de Adelante fueren me encomienden a Dios q. e sido Y soi la peor q. a Abido. a todas Pide Perdón Por Amor de Dios V de su M®. Yo la peor del Mundo = Juana Ines de la Cruz.”

“En el margen inferior dice :

ynes de la Chruz.

“Y algo más abajo :

251.”

Hasta a(jiií los referidos apuntes. La partida de profesión, curiosa de |)or sí, nos proporciona el nombre y aj)ellido completo del padre de Sor Juana. En cuanto á la madre de ésta, D^. Isabel Ramírez, parece (|iie casó en segundas nupcias con el capitán 1). Diego Ruiz Lozano, pues en un ex|)ediente antiguo* consta que en 1701 una hija de a([uéllos, D'". Inés Ruiz Lozano, estaba casada con I). Miguel de Torres, ([iiien “aseguró (|ue su mujer era hermana... de Sor Juana Inés de la Cruz.”

Ouédanos todavía otro documento por reproducir, (jiie copió el Sr. Agreda de un inventario de papeles (jue existen en el archivo de la Catedral de México.

Sabido escjue Sor Juana ideó el Arco levantado por cuenta del Cabildo de dicha Catedral, para la entrada del I^]xmo. Sr. Virrey D. Tomás Antonio Manri(|ue de la Cerda, Marcjués de la Laguna y Conde de Paredes, y que describió nuestra poetisa en su famoso Neptutio Alegórico, b'l (iabildo, como premio merecido á su inteligencia, le envió la cantidad (jue consta en el apunte que en seguida copiamos :

“i\. I')*). — l n Decreto Capitular para q. a la R**‘‘ M' Juana Inés de la Cruz religiosa del Con*®’ de S“’ Gerónimo se le libren doscientos

1. Lo tuvo en sus manos el Sr. D. Ricardo Ortega.

pesos por liaver echo la Idea y Poesía de el Arco para el recivim^°* de el Exmo. Sr. Virrey Márquez de la Laguna el año de 1680.”

Dio las gracias Inés de la Cruz, entre otras, con esta décima :

Esta grandeza, que vsa conmigo vuestra grandeza, le está bien á mi pobreza, pero muy mal á mi Musa :

Perdonadme, si confuso, ó sospechosa, me inquieta el juzgar, que ha sido treta la que vuestro juicio trata, pues quien me da tanta plata no me quiere ver Poeta,

Gomo Última curiosidad, prueba de la mucha estimación en que todos tenían á Sor Juana, hasta venerables prelados, hé aquí una anécdota que á ella se refiere :

“La insigne poetisa Sor Juana Inés de la Cruz, monja en México, tenía una priora de poco saber; y como se ofende tanto el entendimiento de la ignorancia, oprimida en una ocasión, le dijo :

— “Galle, madre, que es una tonta. — Agravióse sumamente la priora y escribió un papel en forma de querella contra su súbdita, que remitió al arzobispo D. Fr. Payo de Rivera, varón tan sabio que puso como decreto al margen del billete :

“Pruebe la madre superiora lo contrario y se administrará justicia.”

Empero no se envanecía con tantas distinciones. Cualquiera otra, orgullosa de su talento, engreída con su belleza y abrumada por los elogios, se hubiera deslumbrado.

Bríos no le faltaban. Sobrados los mostró en sus populares redondillas, fogosa defensa de su sexo. Varonil patriotismo sentía, cuando con noble arranque exclamó :

“¡Levante América ufana La coronada cabeza,

Y el águila mexicana El imperial vuelo tienda!”

272 GONZÁLEZ OBREGÓN.

ó cuando con suma audacia se atrevió á decir ;

“De la común maldición Libres parece que nacen Sus hijos, según el pan No cuesta al sudor afanes.

Europa mejor lo diga,

Pues ha tanto que, insaciable.

De sus abundantes venas Desangra los minerales.”

Pero en cambio sus creencias eran hijas de profunda convicción. Como católica confiesa el temor de tocar asuntos sagrados ; “ que yo no quiero ruido con el Santo Oficio,” dice ella misma. “Yo no estudio para escrivir — agrega — ni menos para enseñar, que fuera en mí desmedida soberbia, sino todo por ver, si con estudiar ignoro menos.”

Su firmeza religiosa fué grande. El rasgo excepcional de ratificar sus votos con sangre sacada de sus venas, lo confirma. Y no sólo en la vez arriba citada, sino en una Protesta que firmó el 5 de Marzo de 1694. Su sincera modestia la manifestó sin artificio en aquellas humildes palabras :

Yo la peor del mundo.

Por eso el mundo la admiróy la celebra, porque no siempre se han desposado el verdadero talento con la verdadera virtud.

_ CAPÍTULO XXIX

LA PLAZA DEL VOLADOR

FACHADA DE LA PLAZA DEL VOLADOR POR LA CALLE DE FLAMENCOS (l88l).

CAPÍTULO XXIX

LA PLAZA DEL VOLADOR

ANTES Y AHORA.

Hace anos México sufre una transformación lenta, pero visibler Por todas partes el espíritu moderno modifica lo antiguo. Costumbres, tipos, trajes, monumentos y edificios, cambian por completo la fisonomía secular de los tiempos coloniales.

Las costumbres de nuestros antepasados, mitad españolas, mitad criollas, desaparecen sustituidas por una mezcla de las europeas, y abora en una misma casa se reza á la antigua, mas se viste á la francesa y se come á la italiana ; se monta á caballo ó en coche á la inglesa, y se trata á la gente á lo yankee para no perder el tiempo»

Las fuentes de agua, aquellas viejas fuentes de la época colonial, se han cambiado por llaves ó surtidores en cada esquina, y el tipo legendario del aguador se eclipsa triste, melancólico y meditabundo bajo su carga acuática, para refugiarse allá en los barrios en donde se proyectan las sombras 'de la luz eléctrica y en donde el precioso líquido no sube por sí solo, sino cuando al cielo le place inundar las calles y callejas»

La china ha muerto para vivir en los bellísimos romances del popular Fidel ; la chiera cede su alegre y pintoresco puesto de aguas frescas, á la cursi señorita que calza alto tacón y ciñe apretado corsé, para brindarnos bebidas refrigerantes en vasos de fino cristal ; el sereno con su sombrero de luciente charol, su escalera al hombro y su linterna en la diestra, retírase avergonzado delante del gendarme^

•276

GONZALEZ OBFIEGÓN.

y así otros tipos (juc ahora únicamente encontrará el curioso en las litograíías de olvidados libros.

¿Oiiién recnerda los hábitos de los hiiinildes frailes que atravesaban la ciudad en medio de los respetuosos saludos de los creyentes?

Los coches de sopandas, las calesas, los ómnibus; lodo se va, todo se olvida con el trajín ruidoso de los carruajes ingleses ó americanos y el trauma (jue se desliza rápido por acerados rieles.

México, se Iraiisforma, principalmente en su parte material. Las casas viejas se derrumban diariamenle, las fachadas cambian y los lechos de madera se susliluyen con láminas de hierro.

Las calles se [)rolongaii, sus nombres se expresan en signos cabalísticos, y sus recuerdos históricos y tradicionales se relegan á los versos de nuestros poetas.

La ciudad nacida «mire los <*sc»jinbros de la heroica renochlitlau, la ciudad capital del Virreinato de Nueva España, (|ue en cada calle lenía una ca[)illa (3 un templo, ó el retablo si(|uiera de uu sanio, muestras devotas de la piedad (h* sus rnoradon'S, ahora se rejuv(‘- nc(M*, deslinando edilicios consagrados á determinado objeto, á servir á oíros muy disliulos, desde la época de la Keforma.

Lo que filé una iglesia es ahora hihlioleca; lo (|ue fiié convenio, un cuarlel ; lo que fué aduana, un Ministerio; un corredor se hace galerííi; uu palio almacén, un refeclorio cahalleiá/a.

Anies deque desaparezca por completo esta lisouomía especial de aquellos tiempos, antes de que la barreta derrumbe las úllimas fachadas, antes de que el andamio se levante frente á las casas (jue se ilesploman, y antes, en fin, de ijue oigamos al cantero, indiferente á lodo, cantar ó) silbar, á la vez que labra con tesón la nueva [)iedra que cambiará el aspeido de lo que vieron nuestros antepasados, venimos á evocar sucesos, fechas y coslumbres (|ue pasaron, para que las futuras generaciones no teng!in que excavar entre las ruinas del olvido.

Ante el llamante edificio que construye actualmente el II. Ayuntamiento en la Plaza del Volador, la historia reclama unos instantes nuestra atención.

El asunto no carece de interés : el sitio es histórico como otros muchos. Enjuego azteca que le dio el nombre popular á la plaza; las corridas de toros celebradas durante el coloniaje; los autos de fe del Santo Oficio; el mercado primitivo; los incendios que reflejaron sus devoradoras llamas en los muros del Palacio, de la ex-Universidad y de la iglesia de Porta Cmli ; el antiguo canal que lo limitaba hacia el Norte; la estatua de Santa-Anna y otros pormenores, son los que primero exhumará el cronista, para hablar, por último, de la nueva construcción, que como imagen del presente, nos oculta allá atrás mucho del pasado.

Estamos seguros que no carecerá de interés esta excursión por los tiempos viejos, para asistir á una fiesta primitiva en la que nos daremos cuenta de cómo era q\ juego del volador ; oiremos las francas y alegres risas de los estudiantes de la Universidad ; veremos atravesar las canoas casi hundidas en las aguas del canal por el peso de las frutas y de la verdura; presenciaremos desde uno de los halcones de Palacio, en la grata compañía de la virreina, las lides de toros y las corridas de liebres, ó escucharemos con paciencia la lectura interminable de cien causas formadas á brujas, luteranos, judaizantes y blasfemos, por el muy Santo Tribunal de la Inquisición.

Y por último, iremos á los mercados, nos mezclaremos entre la multitud, soportaremos tranquilos los gritos de las verduleras, el regateo fastidioso de los compradores, para volver cansados á la casa, cerrar los ojos, y figurarnos con la imaginación lo que será en lo porvenir ese edificio que surge ahi, entre el viejo fortín del Palacio y las vetustas casas de la esquina de la calle de Flamencos.

EL JUEGO AZTECA.

Clío, la Musa de la Historia, ha conservado cuidadosamente los antiquísimos sucesos que consignará el cronista deesta ciudad que flotaba en un tiempo sobre las aguas tranquilas del extinguido lago.

Reinaba como dueño absolulo el segundo de los Motecuhzoma^ el orgulloso Xocoyotzin^ y corría tranquilo el año de Orne Calli^ correspondiente al lb07 de la cronología cristiana, memorable en los anales jeroglílicos de los aztecas, porque fue el último en (|ue celebraron la tiesta del fuego niievo^ que cada 52 años y al fin de cada período cíclico acostumbraban conmemorar.

Filé aquella una tiesta característica (jue todos esperaban con espanto para despedirla con alegres regocijos, pues como <lice el Sr. Orozco y Rerra, “llevaba eu sí una mezcla extraña de ansiedad, luebando el <áiiimo entre la esperanza de la vida y el terror de la muerte.”

Podía entonces abrirse una íumiia inmensa para scquiltar el cadáver d(‘ la humanidad: mas podía también aparecer una aurora (|ue |»rom(‘tiese muebos años de nueva vi<la.

Fu efeelo, los aztecas (‘staban |)ersuadidos de (|ue,al linalizar uno de sus períodos seculares di* 52 años, (d mundo acabaría para siempre, y por este motivo td niu'vo sol ([in* aparecía (*n td siguiente siglo, i‘ra pai’a ellos el aubídado anuncio de (jue la existencia se pridongai'ía aún otras tantas [udmavtu’as.

I.a tiesta á (|ue aludimos se llamó Tox\uhmol¡>in^ (*sto es, atadura de los atios^ y (*ii ella se verificaba la renovación! <bd fm*go de un moílo solemne y peculiar.

h(*s<b‘ la vísp('ra, desde la vigilia^ como dicen los antiguos cronistas en su t(*cni(dsmo ladigiosí», los V(*cinos de Teuocbtitlan y de los pmddos limítrofes s<' consagrabau á c<d(dn*arla.

Los <lios('S p('uat«*s, los ididillos tie barro d<* los bogares y los utensilios ílomésiicos se hacían mil pedazos, arrojando sus fragnuMitos en las aguas de los pozos, de los canales y del lago.

A la caí«la (\o la tarde, cuamio v\ iillimo Tonaliah se hundía en el ocaso, toílos subían á las azoteas ile las casas cm la cimlad, y á las cimas de las montañas en los alrededores, por temor de <|ue los tzitzimes, fantasmas feísimos y espantables, se comiesen á los hombres. Sólo las mujeres grávidas (juedaban encerradas en los graneros, cubiertos los rostros con máscaras tle pencas de maguey, para evitar,

si el fuego no se encendía, que se convirtieran en feroces animales que devorarían á la gente. Se evitaba á la vez, con estrujones y pellizcos, que los niños se tornaran en ratones si se dormían.

Los sacerdotes, vestidos como dioses, se encaminaban en lenta y silenciosa procesión hacia el cerro de Iztapalapan, y uno de ellos, el del barrio de Gopolco, ensayábase en el camino para sacar el fuego, pues á él tocaba esta ceremonia.

La comitiva salía de la ciudad casi á la puesta del astro rey, pero con pausado andar para que llegase al cerro á la media noche. En caso contrario, la inmensa multitud compuesta de nobles y plebeyos, de sacerdotes y devotos, esperaba callada y ansiosa que las Pléyades atravesaran por la mitad del estrellado cielo.

Únicamente los rumores misteriosos déla tranquila noche inte» rrumpían el silencio majestuoso de aquella muchedumbre, de aquel pueblo que, lleno de temor y espanto, con las miradas clavadas en la cima de la montaña, aguardaba el fíat lux de su nuevo período secular. Los corazones palpitaban ávidos de continuar latiendo, y el frío de la muerte helaba la sangre en las venas de los tímidos.

De súbito, allá en el punto más alto de la montaña, se oía el grito sofocado de la víctima á quien arrancaban el corazón, y sobre la caliente herida el frotamiento apresurado de los palillos, que humeantes primero, producían después la anhelada chispa, que era saludada por todas partes con inmensos y prolongados gritos de júbilo.

Se encendía una grande hoguera, el fuego era repartido á todos, y todos poseídos de entusiasmo volvían gozosos á los hogares, plenamente convencidos de que aquel fuego renovado sería el símbolo de cincuenta y dos años de futura vida.

Para celebrar tan íausto acontecimiento, el pueblo se entregaba á toda clase de diversiones ; pero principalmente al famoso juego del volador^ al que asistían lo mismo nobles que plebeyos, sacerdotes que guerreros.

Procuremos dar idea breve de este regocijo simbólico y popular.

Elegido el sitio, levantábase en el centro un altísimo árbol, desnudo de ramas y corteza, terminando con un aparato en forma de tambor, del que pendían cuatro cuerdas que sostenían un marco de madera. Enrolladas en el árbol otras cuatro cuerdas que pasaban por otros tantos agujeros del bastidor, se trepaban sucesivamente, un indio en la i>arte superior del árbol, varios en los barrotes del cuadro, y cuatro atados á las extremidades de las cuerdas, vestidos eon el traje característico de los caballeros águilas. Estos se lanzaban al aire, ponían en movimiento aquella máquina, tlescribían, al desarrollarse las cnerdas, círculos })rogrcsivos de menor á mayor, entrelanto que el })rimer imlio guardaba su equilibrio allá (ui la punta del árbol, bailando al son del huehiietly emj)uñando una bandera ; mientras (|ue los otros bajaljan por las cuerdas apresurados, pasando de unas á oirás para llegar á la vez abajo, al tiempo mismo (|ue los atados á la cuerdas.

Las alas extendidas de los caballeros águilas, el girar vertiginoso, los j)rodigios de cijnilibrioy el dar cada uno do los alados precisamente trece vueltas, para conmemorar el período cíclico de cinciienta y dos años, constilnían el mérito esencial del juego simbólico, qne por babei’se verilicado muebas ocasiones, antes yann después d(‘ la Con([iiista, en a([nel sitio, éste fné llamado desde entonces la IHaza del Volador.

AI. TUAVKS di: I.OS TIKMl'OS.

No están de acuerdo los historiadores sobre la extensión (jue tuvo el Palacio ó casa nueva de Motecuhzo7na el menor, pnes mientras unos afirman ([iie se hallaba entre la calle de la Moneda y la de Porta Cadi, el Sr. I). Alfredo Ebavero lo limita al terreno que boy ocupa el Palacio Nacional.

Eiindase el inteligente anticuario, en que no podía estar atravesada la residencia del antepeniiltimo monarca azteca, por el canal

que hacia el Sur venía desde el Puente de la Leña^ y en que se ha dado una mala interpretación á los térininos en que fija los límites la cédula de 1529.

No es nuestro propósito entrar en una disquisición histórica acerca de estas opiniones, pues para nuestro fin principal, nos bastará saber que la Plaza del Volador^ haya ó no formado parte de la easa nueva de Moteciihzoma ^ fué cedida á D. Hernando Cortés por la Majeslad Católica del Emperador D. Carlos V.

Los herederos del conquistador vendieron el edificio que es ahora Palacio del Supremo Gobierno de la Repiihlica ; la venta fué el año de 1562, y se reservaron la parle en que se edificó después la Universidad y la Plaza del Volador.

Transcurrido algún tiempo, quedáronse también sin el terreno de la ex-Universidad, á pesar de litigios y reclamaciones continuas, hasta quedar limitada su posesión sólo al lugar de que nos ocupamos.

Aun este sitio, la Plaza del Volador., fué causa de disputas judiciales, por haber pretendido el Ayuntamiento construir allí una fuente pública, contra lo cual protestó el apoderado de D. Pedro Cortés, que entonces poseía el título de Marqués del Valle.

Por auto de 21 de Febrero de 1620, la Real Audiencia de Nueva España mandó suspender la obra emprendida por la Ciudad, continuó el pleito, y no fué sino al cabo de cuatro años cuando D. Pedro Cortés obtuvo la propiedad legal, por sentencia pronunciada á 12 de Enero de 1624 y “confirmada en revista” el 9 de Julio del propio año.

Desde esta fecha comenzó á servir la Plaza del Volador para diversos usos.

Allí se verificó el pomposo y célebre Auto General de Fe de la Inquisición de Nueva España, el 11 de Abril de 1649, Dominica in Albis, que por haber sido el más solemne de los celebrados en México, le consagraremos en otra ocasión capítulo especial.

También desde entonces la Plaza del Volador fué lugar de cita para los comerciantes de frutas y legumbres, y sirvió muchas veces para las corridas de toros.

GONZALEZ OBPvEGÓN.

Para verificar estas, los mercaderes eran trasladados á otros puntos y se levantaban de madera circos taurinos provisionales ; pero con el preciso requisito de ceder lumbreras gratis al juez conservador del ^larqiiesado del Valle, “al Gobernador y á los demás empleados en señal de Dominio.” '

Unas veces desde palcos construidos en los balcones del Real Palacio, y otras en tablados que comhicían desde éste al redondel, los virreyes de Nueva Es[)aña asistían á los sangrientos espectáculos de los toros, divei-sión bárbara, pero favorita del pueblo de aquel entonces y del de aboi“a.

Las corridas de loros en la Plaza cIcl Volador se verificaron allí desde hace niucbos años, y coiiliiniarun basla principios del j)resenle siglo á pesar de balx'rse conslrnído cosos en (ili’os Ingai’es.

Sería curioso y debdlabb*, j)rincipalmeiile para los aficionados^ hacer la crónica de cada nnad(‘ las roñadas (|u(‘se dieroium a([uel sitio; [>ero lal V(V. n^galai-íamos al [)acienb‘ (nmwwcajnt alo de cuernos.

I lablaiannos d(‘ dns, (|iie 1 i (Míen c i codo intcM’és por sns poi‘ menores ; mas anl(‘s es pri'ciso que consliMj ik‘ las corridas se liarían con motivos (an plausibles como los desposorios de los monarcas, los natalicios de los |)i-íncipes, los lralad(»s de paz firmados eiilre la Madre fi]s[)aña y alguna de las potencias miropeas, ó la (Mitrada de los virreyes v los días d(d sant(} de éstos y d(‘ sns INcidiMilísimas .esposas.

Para celebrar el leliz nalalicio del SeiaMiísimo Señor luíante IGdí[)e Pedro, liijodc' la táitcjlica ' Majestad d(d lb‘y D. IVdipe V y de su “mnv rara v amada esposa” la reina D'" María Luisa Gabriela, linbo iiKMiiorabb's corridas de loros, carreras de liebres y peleas de gall os (Mi la Plaza del Voladoi'-

Á esl(‘ fin, dici'un cronista contemporáneo, “se levantó iin vistoso y bien formado circo, (b‘jando dentro de él la principal Azeipiia, por la parle mas cercana á el Risil Palacio ; dieron á su estiaictnra, material los montes en robustas vigas y fornidos ([iiarlones, (lióles la forma el arte, en aipiella antigua disposición, y traza (jue esta Ciudad

1. Orozco y Berra, Dic. de Ilist. y Geografía, toQio V.

acostumbra, por la parte inferior las barreras, y entre ellas dos toriles seguros, y bien dispuestos, sobre estas hazia lo alto primera y segunda lumbrera, cuyo techo servía de quarlo asiento, en borden, para dar vista á la plaza ; en este estrivadas, y afianzadas sobre puntales derechos se tendían cinco gradas que venían á ser quintos asientos, y siendo lo más eminente del tablado, crecía hasta ellas desde el suelo en diez y siete varas de altura, tan bello tbeatro, que aun en la pura madera, servía de apacible recreación á los ojos...”

Llegó el día 13 de Febrero de 1713, — ¡ cifras fatalísimas! — y desde en la mañana se hizo el aseo y compostura del taurino circo, adornando los tablados de “ ricas colgaduras, preciosas alcatifas y vistosos tafetanes.” Poco después de medio día una inmensa muchedumbre invadió las lumbreras, “negociando á fuerza de reales los asientos,” según las palabras del cronista; vestidos hombres y mujeres con los mejores trajes y engalanados con las más valiosas joyas.

“Bajó á su tablado por vna puerta ó ventana desde su Real Palacio, el Excelentissimo Señor Duque de Linares, seguido de la Ilustre comitiva, que en tales casos haze lado á semejantes personas; ya á este tiempo estaban llenos los cosos de generosos brutos y valientes toros, de nobles castas y alcuña conocida, por ser todos de los Brabos ; dieron las tres, y creciendo el fervoroso rumor de la gente, al sonoro aliento de los templados clarines, esperaban ansiosos el principio del certamen, tlizo seña el Alguacil de la guerra al torilero, que tan presto, como obediente abrió la puerta de el coso, y al punto de su obscuro vientre, como de nube preñada se abortó un rayo animado, que encendió colérico los relámpagos en sus ojos, formando en sus bramidos el trueno ; no bien avia ollado la caliente arena el animado bruto, quando valiente quadrilla de rejoneros, y lijera tropa de toreadores de capa, acordonándole el sitio, le avian embarazado los pasos, provocábanle con señas, y sylvos, que atendía furioso, reportándose impaciente bramaba al estímulo de su enojo, y airado escarbava la arena, temerosas señas de sus mortales iras.” ‘

1. Esphera Mexicana. Solemne aclamación y festivo movimiento de los Cielos Delineado En los leales aplausos, que al feliz Nacimiento del Serenissimo Señor Infante

28i

Esa tarde lidiái‘onsc catorce bichos ; y las corridas continuaron por seis días, alternándose la del primero con las carreras de liebres, que eran perseguidas por perros; pero lo curioso del espectáculo de esa tarde fue, (jiie al verse aquellas rabiosamente acometidas por los canes, astutas y ligeras se arrojaron ala acequiad canal que había ([uedado, como dijimos, dentro del coso; percance que dejó burlados á los lebreles y produjo gran contento entre la chusma popular que asistía á la diversión. Ini (in, otro día se alternó la corrida con pelea de gallos, “Aves del Sol,” como los llama el viejo cronista.

Para celebrar la loma de posesión de los virreyes, también se daban, como hemos dicho, corridas de loros. I^'spléndidas 1‘neron las (|iie se hicieron en la Plaza del Volador^ en tiempo del). José deltnrrigaray, [>ara teslejarlo por su ingreso al Gobierno de Nueva España.

“ La larde d(d 21 d(' bádjrero (ISOd) — dice I). Carlos María de l)iislamanle — se presentó mi tenómeno, (|ue anmjne común, se hizo singular por las circnslancias (jin* nderiré. Ini el aclo de jiarlir la plaza los gianaderos del Comercio, (‘oimmzó á ocultarse el sol (|ue eslaba eclipsando ; obsciin‘CÍóse casi «le lo«lo punto : mnlliliid de g(Mil(‘s «|n(' no bajaban de doce mil |)ersonas, comenzaron á cbisjiar con sus ('slaboiu's «lesib* las Inmbrin’as, tendido y demás asientos, lo ([lie pn'sentaba un asj)(*clo sorprendente ; mayor tné cuando comenzó á aclarar, sennqanle al cnqinsculo d(‘ la mañana : entonces reapareció el sol brillante, como si saliera victorioso y ntano de un lefiido combate ; este tránsito de las tinieblas á la Inz cansó una siMisación tan agradable, como pndiiu’a j)i’odncir sn aparición en la Nonn'ga : lodos conuMizaron á leí ici laido con rejielidos palmoteos : som> la música di» lalropa, esta concluyó sus evoluciones, y comenzó la corrida dt' loros '

)). Piin.u i: Peiuu) — Que Dios iirospcre, roiisagró, dividida en los illustrcs plobos que la

componen, la muy N<'ble, y muy leal Ciudad de México Escrita Por el M.R. V. F.

loseph Ciil Hamírez, etc. — En México por la Viuda de Miguel de Ribera, en el Empedradillo, año de 171'». — F'olios 31) á il.

1 . Suplemento ó la Historia de los Tres Siglos de México, duranle el Gobierno Español.

Escrita por el Padre Andrés Cavo. — Preséntalo el Lie. Carlos María Bustamante,

como continuador de aquella obra.— México : 1836.— Imprenta de la testamentaria de l>. Alejandro Valdés.— Tomo 111, págs. *200 y *201.

Mas ya el lector estará harto de ellos, y es preciso que vayamos á los mercados

EL MERCvmO PRIMITIVO.

Volvamos algunos instantesá repasar los pasados siglos. El lugar en que combatían toros y gallos estaba en abandono completo, fangoso y sucio. Se le conocía con los nombres de la Plazuela de las Escuelas^ Plazuela de la Universidad^ porque ya por entonces se levantaba este edificio hacia la parte del Oriente ; pero aquellos nombres no subsistieron y continuó siendo designado por Plaza del Volador.

Es muy probable que en el mismo sitio volviera á efectuarse el juego azteca, pues antiguos cronistas aseguran que los indios prosiguieron celebrándolo aiin después de la Conquista. No falta quien afirme que basta como costumbre idolátrica y supersticiosa, continuó entre los indígenas.

D. Cayetano de Cabrera y Quintero, en su obra Escudo de Armas de México., proporciona curiosos pormenores respecto á dicha idolatría y señala el lugar en que se graduaban los volantines.

“ La escuela en que se recibe este grado, — dice — por lo que mira á estos contornos, es una Cueva impenetrable (de que han sacado innumerables Idolos, é Idolatras) en el Monte que dicen de Joco, ó Ajuzco ; donde ocurre el que se ba de graduar de Volador : llega hasta la entrada sin más compañía que su audacia : aparéjesele el Demonio varias veces : la primera á la boca de la Cueva en figura de un horrible Etbyope : otra á distancia, en la de un León, y la última en la de una Serpiente espantosa. En todas le rinde adoración, y él le halaga, propiamente para matar al que le adora.”

Refiere el citado Cabrera, que en Agosto de 1736 y en la Plazuela de San Juan, murieron nueve infelices por haberse “ tronchado el Palo” del juego, lo que prueba que todavía en el siglo anterior se acostumbraba-la diversión que dió nombre á la Plaza que historiamos.

Desde época remotísima comenzó ésta á servir de mercado. El 2 de Enero de 1659, se ordenó que se trasladaran á la Plaza del Volador las panaderas, fruteras y tocineros que se hallaban diseminados en la plaza principal.

El sitio siguió así, sirviendo alternativamente de coso y de mercado; })cro el ilustre é inolvidable Virrey, D. Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla, segundo Conde de Revillagigedo, deseando despejar la })laza principal y aun el mismo patio del palacio, de los muchos é inmundos mei’caderes (jue invadían estos lugares, resolvió construir de madera un mercado especial en la Plaza del Volador^ con caj(mes de anverso y i*e verso y tinglados ; aquéllos con ruedas para ([ue se [)udieran llevai’ de un punto á otro.

Al electo, expidióse para éste y los otros mercados un Reglamento ([ue lleva la fecha de 1 1 de Noviembre de 1791.

‘‘ Se prevenia — habla «d Si*. Orozco y Berra — (jue la Plaza del Volador era el nnu’cado jirincipal, (|ue los cajones cerrados del 1 al 2\ servirían para mantas, rebozos, cintas, sombreros, algodón, y ()ti*(js efectos semejantes; del 25 al RS, dnlc(‘s, IVnta pasada y seca, bizcochos, ({Ilesos y manle(|nillas : del i9 al 72 berro, (*obi*(‘, lu'rrají* y mercería de nuevo y d(‘ vi(‘jo, exccqilo llaves y armas jirobibidas; del 75 al 96, ('specias, semillas y otras cosas de ('sta natnrah‘za de los juieslos lijos ; del nnnuM'o 97 al 1 i i , verduras, frutas y Borí's; (leí 1 i5 al 168, carnes, aves vivas y muertas, ju'scado fresco y salado, y aguas com|)U(‘slas como di' chía y otras ; del 169 al 192, loza, [letales jarcia, eneros curtidos y al jado, zajailos, sillas de montar, etc. Los linglados se destinaban jiara juieslos movibles de los pobres y para voifli/Nias y c(uneslibles di' todas clases, y |)or último, del número 19Í al 205 y del 292 al 505, era para el maíz introducido jior los indios. Las casillas d(' los exiremos de los linglados se destinaban jiara barberos, y en las (|iie ([iiedaran vacías se podría vender ropa hedía, nueva y vieja : no se consentían ligones ni laiujioco que se hiciera lumbre.”'

1. Dic. Universal de llist. y Geografía, tom. V.

El 19 de Enero de 1792 se estrenó el mercado, al cual se entraba por ocho puertas, cuatro situadas en las esquinas y cuatro en la mitad de cada lado. Los cajones de madera tuvieron de costo la suma de 34,307 pesos, y con lo gastado en empedrados, atarjeas, etc., importó toda la construcción la cantidad total de 44,000 pesos. ‘

Al hablar de la inauguración del mercado, lo describe la Gaceta en los siguientes términos :

“ Compónese por la parte exterior de noventa y seis caxones cerrados de madera, que hacen frente á uno de los costados del Real Palacio y calles de la Universidad, Porta Goeli y Flamencos, y por la interior de otros tantos puestos fixos situados ala espalda de aquellos, todos los quales pueden trasladarse á otro sitio en caso necesario. A más de los expresados tiene otros ochenta puestos movibles en los tinglados que forman una segunda calle en el centro, y veinte y nueve casillas construidas á semejanza de los primeros puestos para los Barberos ; y en el centro una Fuente dispuesta con tal artificio que solo ministre la agua necesaria al que ocurra á sacarla, para así evitar las conseqüencias de los derrames. Se ha asignado á cada clase de efectos, frutos y manufacturas su lugar respectivo para evitar confusión y facilitar el comercio diario ; y para que en todo se observe un orden constante y se pueda ocurrir con prontitud al remedio de todo lo que lo exija, se ha de nombrar aniialmenle por Juez de dicho mercado á uno de los individuos del Excmo. Ayuntamiento, á fin de que asistiendo en él á las horas asignadas por mañana y tarde, pueda decidir verbalmente las qüestiones y quexas que se susciten, y en el caso de cometerse culpa digna de castigo, providenciar la aprehensión de los delinqüentes y su remisión á la Cárcel de la Diputación á disposición del Señor Corregidor. Se abren las puertas de dicho Mercado al amanecer : se ilumina todo el centro en las noches obscuras hasta la retreta, y á esta hora se cierra, quedando con la competente custodia.”

Fácil es imaginarse el bullicio y animación que tendría aquel

1. Sedaño. Noticias de México^ pág. 93, tom. II.

mercado primitivo. Todos los tipos coloniales, principalmente de las clases inferiores, se reunían allí. Los alegres estudiantes de la Universidad, con sus raídos manteos; los doctores, con sus borlas, y con su eterno entrecejo, los bedeles ; los frailes dominicos, con sus hábitos blancos y sus capas negras ; los barberos, de chupa y calzón corto, provistos de bacías, sanguijuelas y gallos amarrados á las estacas de las puertas ; las indias de las pintorescas chinampas, que en canoas snrcahan el canal para venir hasta el Colegio de Santos,^ daban á a(|uel mercado un aspecto singular y característico.'

Allí [)odían el biólogo y el etnógrafo estudiar las lenguas y las castas del país^ con sus modismos especiales y sus diferentes colores y estaturas. Allí estaban el español, el criollo, el indio, el mestizo, el negro, el mulato, el coyole, el cbanizo, el moi’isco, el alvino, el tornatrás, el lente en el aire, el lobo, el abarazado, el barcino y el chino cambujo; cada uno con su ralú^ su traje y su íisonomía distintos, vendiendo () comprando las cosas de su alición ó gusto.

¡ (Jué multitud a(|U(dla tan abigarrada! ¡ tjué estrujones, (jué gritos tan es[)eciales para pregonar las nuu'cancías ! Todos los frutos nacidos ó trasplantados cuta liei'ra, losgómu-os importados ó tejidos en (d país ; todas las industrias ([iu‘ escapal)au á la suspicacia del gobi('ruo colonial ó (jue no estancaba el monopolio, todo se encontraba allí, (‘11 cajones y tinglados. La vista s(*ntíase fatigada con tanta divi'rsidad de objetos; los oídos se ensordecían con los pregones (MI lenguas adulteradas y corrompidas, y el visitante concluía por separarsí' d(‘ aquel sitio sofocado por (d calor y los oloia's nada gi*alos de la muclu'dumbre, para volver al sigui(‘ute día al mismo bullicio V á la misma bri'ga.

INm'o nos divagamos. Una de las aceras de cajones de a([uel mercadi,) [irimilivo fué presa d(' un incendio, á las nueve y tres cuartos d(‘ la noche del B d(‘ Octubre de 17ÍK1, incidente que, unido á([U(‘en Noviembre de l7í)S fueron trasladados los puestos y mercad(M*esal cementerio de la Catedral (con el objeto de dar corridas de

1. Ya on esto liempo estaba cubierta la acequia que pasaba por el lado ,\’. del Volador é iba Insta la espalda del convento de San francisco.

toros para las fiestas celebradas en el recibimiento del Virrey, D. Miguel José de Azanza), contribuyó no poco á que el citado mercado perdiese mucho de su vida y movimiento anteriores.

Empero, con corridas y todo, el comercio continuó efectuándose en la Plaza del Volador^ hasta verse sustituidos los puestos portátiles (le madera, con un edificio de sólida manipostería.

EL NUEVO MERCADO.

Hemos llegado á los tiempos modernos de la historia de la Plaza del Volador^ y aunque suponemos que el lector estará cansado de seguirnos, reclamamos todavía su atención para que nos acompañe hasta concluir esta ya larga y pesada crónica.

Consumada la Independencia, el terreno continuó como propiedad del Duque de Monteleone, uno de los últimos herederos de los bienes del Conquistador; pero en 1837 resolvió comprárselo el Ayuntamiento para edificar el nuevo mercado, y lo adquirió en la cantidad de 32,000 pesos, midiendo la plazuela, al decir del arquitecto de la ciudad, 104 varas de Norte á Sur, y 118 | de Este á Oeste.

Para construir el moderno mercado, se presentó el 30 de Abril de 1841, D. José Rafael Oropeza, y discutidas sus proposiciones en el seno de la Corporación Municipal, se admitieron después de los trámites de estilo y de convenir en que se levantaría el edificio en vista de los planos del arquitecto y director D. Lorenzo de la Hidalga. El Ciudadano General D. Antonio López de Santa-Anna, entonces Presidente provisional de la República, expidió el decreto fechado á 16 de Diciembre de 1841, en el cual aprobaba el proyecto de Oropeza, y se comenzó la obra el 31 del mismo mes y año, día en que se puso la primera piedra.

El Sr. D. Enrique de Olavarría y Ferrari, publicó en El Nacional un curioso é interesante artículo relativo á la solemnidad, basado en la relación que insertó el Diario del Gobierno^ correspondiente al

1® de Enero de 1842; y como los pormenores se perderían si extractáramos dicha relación, nos vamos á permitir copiar los siguientes [)árratos :

“Después de las cuatro y media de la tarde de ayer, — dice el citado Diario — se ha colocado la primera piedra en los cimientos de la construcción de la nneva plaza del mercado, que va á elevarse en la llamada del Volador de esta ca|)ital, conforme al decreto de la materia.

“El Exmo. Señor Dresidenle se dirigió al lugar donde se hallahan las excavaciones [>ara la fundación, frente á la I niversidad Nacional, precedido del l^ixino. Ayuntamiento hajo de mazas, y el señor Di’eíecto del Eentro, el Claustro de Doctores y los Colegios, las C(jinimidades ladigiosas, el Cabildo eclesiástico y el lllmo. Señor Ai’zohispo, la llxma. Junta y el Exmo. Señor (iohernador del Depai*- tamento, y los señoi’c's Ceiu'rah's, Jrdes y oticiales de la (iiiarnición, con otras corporaciones y empleados, y la más nunu'rosa y hrillanle concnri'encia, cina amlo la marcha los cuati^j Secretarios del D('S[)acho y el señor Dr(‘sid(*ut(*.

“Desde mucho aut(‘s s(* hallaha preparado un espacioso salón provisional sostenido por tr(‘s (irdenes de hermosas columnas con airosas galeras y cortinaje, en cuya cahenu’a sc‘ situai'on, hajo un dosel de teiTiopelo (‘iicaruado con Ih'cos y galones de oro, las sillas para el Suprmno (iohierno : al fiauitr' se veía el retrato del mismo S(‘ñor Dresidenlt', (jue si‘ halla siempn* (*ii el Salón del Cal)ihlo del hixmo. Ayuulamimito, y á un hulo estaba dispiu'sto (*1 sólido domh' dehía sentarse la prinnua piedi'a."

Ocupados los asientos por la concurrcMicia, dirigieron la palabra al Dresidenle D. Antonio López de Sanla-Aiina, el Síndico del Ayuntamienlo, Lie. D. Maumd Carcía Aguirre, y el contratista de la obra, Oropeza, en dos discursos llenos de frases aduladoras, (pie deben haber dejado salisb'cbo al Excedentísimo Ceneral.

“Tan luego como concluyó de hablar el fbnpresario, — prosigue el mismo periódico — presentó al Exmo. señor Dresidenle una peepieña caja de zinc, donde S. bb fue depositando las medallas y

MÉXICO VIEJO. 291

monedas destinadas para formar el tesoro 6 depósito de la nueva construcción.

‘‘Las primeras fueron dos medallas de plata mandadas acuñar con este objeto en módulo mayor, con la siguiente inscripción latina :

“Anverso ;

ET LIBERTATIS ET DECORIS PATRUí FE VD AMEMA POSEIT.

“Reverso :

SUPREMUS MILITI^ REIPUBLICA: QUE DUX AVTOVIUS LOPEZ DE SANTA-AVNA.

AMO MDCCCXLT.

“Traducción :

^^Puso lo^ fundamentos, de la libertad y del ornamento de la patria el ilustre General Presidente de la República Antonio López de SantaAnna. — Año de 1841 ^

“Entre las medallas antiguas mexicanas de oro, plata y cobre, había algunas de fines del siglo pasado y principios del presente ; la de plata de la proclamación augusta de la Independencia Nacional y algunas del Sr. Iturbide, y todas las monedas corrientes, desde la onza de oro mexicana basta la nueva moneda de cobre. ^

“ Colocó también S. E. un calendario, las Bases del Plan regenerador de Tacubaya, el decreto de convocatoria al próximo Congreso Constituyente y el que manda edificar el nuevo Mercado. Cerrada la caja, se colocó en otra de madera, cuya llave se entregó á S. E., y colocada en el hueco de la piedra de mármol labrada para este objeto, el Señor Presidente recibió una cuchara de albañil, de plata, de manos del arquitecto encargado de la obra, D. Lorenzo Hidalga, que estaba acompañado de otros dos maestros de obras. De una cubeta de caoba que contenía finísima mezcla, tomó después S. E. la suficiente para sentar la piedra, y con un hermoso pichel de plata derramó

1. Al practicarse últimamente las reformas en el Volador no se encontró ninguna moneda (le oro. Algunas personas conjeturan c|ue el tesoro fué violado. - '

encima agua, y en seguida se sentó la piedra, permaneciendo enfrente de ella hasta que se niveló y macizó. Volvió después con los Exmos. Señores Secretarios del Despacho, el Exmo. Cuerpo Municipal y séquito de su acompañamiento, que le había asistido durante la ceremonia hasta sii asiento.”

Acto continuo habló en nombre del Presidente, el Secretario de Guerra, D. José María Tornel, manifestando al Ayuntamiento y al pueblo mexicano, la satisfacción (|ue S. E. tenía en colocar la primera piedra del Mvvcado del Volador. ^

“Terminada esta solemnidad, concluye el Diario^ la concurrencia volvi<i al Palacio en el mismo orden en (jue bahía salido. Una compañía d(‘ granaderos ([iie estaba en el local hizo los honores á S. lU y otra de caballería cerraba la retaguardia ; una música militar l()C(> seh'clas piezas en los intermedios y ó la salida, y repi([iies á vuelo anunciaron la del Pr(‘sidenle, (d acto de poner la piedra, y la t(‘i‘niinación d(‘ la solemne ci'remonia. fisto se ha verificado en medio d(‘ una concnri’micia niimemsísima, llena loda de satisfacción y de gralitml al Excidenlísimo Señoi* Presidenli', por mirar realizados los antiguos y j’eiterados d(‘S(‘os de la población de México, que va á ver sustituida una construcción mez(|niua, iumumla, desagradable, tan expuesta á un incendio y cpie tanto afeaba nn lugar de los más principales, con un mercado sólido, eb'gante, hermoso, digno de los otros ('dilicios públicos (|U(‘ (‘inbel b'cen esta ciudad, y propio de la civilizaeifin d(d siglo en (|U(' vivimos. "

El nn'rcado com|)b'tam(‘nle acabado no se (Milrí'gó sino basta lim‘s d(‘ Enero de ISii, pm's si bien es cierto (jue sc‘ habían compronndido á concluirlo al Imaninar cd año de 18f‘l, “se concedió esta próri'oga — dic(‘ el Sr. Orozco — por los días que paró la obra á cons(‘- cmmcia d(‘ haberse Inndio allí el paseo del día de lodos santos el mismo año de preciso advertir, sin embargo, (|ne los cajoiu's

s{‘ arrendaban á medida (|ue ('ran entregados.

La plaza, — s(‘gún el mencionado historiador — formaba nn

I. Este y los otros discursos los publicó el Sr. Olavarría. Véase El Sacional del dia IS de Enero de 1893.

paralelógramo : los lados mayores corrían de Este á Oeste y los menores de Norte á Sur. Cada lado tenía una entrada defendida con rejas de hierro que todavía existen. Los cajones corrían por todo el perímetro, interior y exteriormente. Cada uno tenía una ó dos puertas que correspondían á las ventanas con rejas del segundo piso, que servía para bodegas de mercancías ó habitaciones. Todo el edificio contenía ciento cuatro puertas y otras tantas ventanas, “quedando veintiocho en los frentes más largos, y venticuatro en los menores, la mitad á cada lado de las entradas principales.”

La parte interior estaba dividida en calles con tinglados y puestos, y en el centro se erguía una columna con la estatua del General Santa-Anna.

La estatua se había colocado allí con algunos días de anticipación ; pero no fue inaugurada hasta el 13 de Junio de 1844, aniversario del natalicio de Santa-Anna. La descubrió D. Valentín Canalizo, quien pronunció un discurso contestación á otro de D. José Rafael Oropeza. En el acto de levantar el velo se hizo una salva de artillería y una triple descarga de fusiles por una compañía de granaderos de la guardia de Supremos Poderes. La ceremonia se verificó entre doce y una y media de la tarde. El lugar estuvo adornado con fajas, banderas y llores, y asistió selecta concurrencia.

La estatua era de bronce dorado. Representaba al héroe de Tampico con su traje de general, provisto de condecoraciones y cruces, en pie, y con la diestra señalando hacia el Norte. En el pedestal bahía dos inscripciones.

La del lado de Palacio decía :

“ A/ ilustre y benemérito General Santa-Anna^ cuyas glorias son las de la patria.

Su memoria vivirá con la de la Independencia y la de la Libertad , el orden y el progreso nacional. ”

La del lado de Porta Gceli rezaba :

A su amor patrio y ct su celo administrativo debe México el embellecimiento de sus poblaciones.

Los laureles que ha recogido en sus victorias coronan los monumentos que la gratitud pública le erige sobre estas obras,"''^

No duró mucho tiempo la estatua sobre su pedestal. El h de Diciembre del mismo año de 184 i, el pueblo se encontraba presa de la mayor excitación. Hizo pedazos la efigie de yeso de Santa-x\nna que se bailaba en el Teatro Nacional, destruyó el monumento sepulcral que contenía la pierna que se le bahía ampulado al dictador después de la victoria de Veracruz, obtenida sobre los franceses, y arrastró frenético por las calles el miembro nuililado. Se temió que sucíídiera lo mismo con la estatua del Volador^ y en la noche se bi bajó del pedestal para encerrarla en sitio seguro. - l.os albañiles que ejecutaban esta operación fueron ro«leados de tropa, y como un arrojase á uno d(‘ los soldadosuna [)iedra, éste tuvo (jiie disparar, matando á una j)obr(* mujer y á uu niño. La estatua, arrumbada eu una cochera de Palacio, uo volvió á colocarse sino basta })or los años de 18ó2 ; pero á la caída d(d General Sanla-Anua, la tuvo (|ue enterrar I). Luciano González, (unpleado del biel contraste, j)ara salvarla de las iras populares. (Calmadas éstas, se sacó d(‘ allí y no sabemos su ñllinio [)aF'adero.

Mas es preciso terminar niu'slra prolija historia. IR Mercado del L6>/r/í/6>r sufrió un voraz incendióla noche del 17 de Marzo de 1870, y algún oiro, aum|ue iusiguilicaul(‘, hace pocos años. IRi sesión celebrada por el Ayuulami(‘ulo el I I de 1’ebi‘ero de 1800 s(‘ presentó un pi'oyeclo para reformar (d Mi'rcado y ada})larlo á otra clase d(‘ couK'rcio y (‘slablecimi(‘idos, i‘s decii*, á uu Lazar. A consecuencia de dicho proyecto el M(‘rcado s(‘ clausulé) el lo del mismo mes y año. IRiliadaulo s(‘ destinó rdlimamente (d local á la venta de los obj(d(^s usados (|ue se realizaban los domingos en los j)ortales <lel (á)lis(M), la IRaila, Agustinos y Puente de Palacio y al conier-

1. Diario del Gobierno del 1.'> de Junio de 18i4.

‘2. En la tarde del mismo día fue destruido á pedradas el busto de Santa- Anna, que se hallaba arriba de uno de los balcones del Hotel de la Bella Unión.

cío especial de las temporadas de Todos Santos y Navidad.

El proyecto para construir nn Bazar en el ex-Mercado del Volador se aprobó el 23 de Octubre de 1891 ; fné formado por el Director de Obras Públicas, D. Antonio Torres Torija; se calculó el costo en 400,000 pesos y se comenzaron las obras el 16 de Noviembre del propio año. Actualmente se halla concluido el ángulo N.O.

Cuatro construcciones semejantes á la que se puede ver en esa esquina, atravesadas por dos calles centrales cruzadas en medio y cubiertas por cobertizos de cristales; y cuatro patios con jardines en el centro de cada uno de los edificios de ios ángulos : tal es, en resumen, el proyecto que está realizando el Sr. Torres Torija.

El que quiera mayores datos puede consultar los últimos Discursos pronunciados por los presidentes del Ayuntamiento.

El cronista de los tiempos viejos se eclipsa ahora y cede la pluma al activo repórter del siglo de las luces.

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