México viejo; noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres · Capítulo real 20 de 34

CAPÍTULO XXXVIll

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CAPÍTULO XXXVIll

EL CONVENTO DE SANTA ISABEL

CALLK SANTA ISAHKL

CAPITULO XXXVIIÍ

EL CONVENTO DE SANTA ISABEL

Lenguas se hacen en elogio de los aniiguos mercados de Tenochtillan, los cronistas é liistoriadores primitivos, tanto por la variedad de las cosas que en ellos se vendían, como por el orden que reinaba, y que tenía á sn cargo, nn tribunal ó audiencia compuesto de diez ó doce jueces, encargados de castigar (\ los que delinquían; jueces que á sil vez eran secundados en sus tareas, por ayudantes que recorrían las plazas y examinaban la calidad y estado de las mercancías.

Estos vigilantes tenían derecho de recoger, y aun de destruir lo que encontraban falsificado.

En los mercados se hallaban toda clase de efectos; lo mismo las producciones del Imperio mexicano que los de los países vecinos; lo mismo los efectos propios para satisfacer el lujo, el placer, la curiosidad y el orgullo del hombre que los primeros artículos de necesidad.

“ Allí concurrían — dice el docto Clavijero — los alfabareros y los joyistas de Gholula, los plateros de Atzcapotzalco, los pintores de Tetzcoco, los zapateros de Tenayocan, los cazadores de Xilotepec, los pescadores de Cuitlahnac, los fruteros de los países calientes, los fabricantes de esteras y bancos de Guaiihtitlan, y los floristas de Xocbimilco.”

Entre esos mercados larga fama alcanzó el de Tlatelolco, al que asistieron muchos de los conquistadores y para el que no tuvieron sino alabanzas. Es tan curiosa y tan nimia la descripción que de esta plaza hizo Cortés, en su Carta dirigida al Emperador, desde Segura

GONZÁLEZ O BREGÓN.

(le la Frontera á 30 de Octubre de 1520, (|iie no podemos menos que copiarla á contiiuiaci(3n.

“ Tiene otra plaza — dice aludiendo á la de Tlatelolco — tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales al rededor, donde hay cotidianamente arriba de sesenta mil ánimas comprando y vendiendo ; donde hay todos los giímeros de mercadurías que en todas las tierras se hallan, así de mantenimientos como de vituallas, joyas de oro y de plata, de plomo, de latón, decobre, de estaño, de piedras, de huesos, de conchas, de caracoles y de plumas; vtunh'sc' tal piedra lalnaida y por labrar, adobes, ladrillos, madera labrada y por labrar, de div(‘rsas maneras. Hay calle de caza donde veiubm todos los linajes de aves (|ue hay en la tierra, así como gallinas, |)erdices, codornices, lavancos, dorales, zai*celas, tórtolas, palomas, pajaritos (ui carnuda, |)apa^al los, buharos, áj^uihis, lalcones, gavilanes y cernícalos, y d(‘ algunas av(*s d(‘slas de rapiña venden los cueros con sn pluma y cabezas y pico y uñas. Vtmdeu conejos, liebres, vmiados y pm'i’os pe(jU(‘ños, (jU(‘ crian pai’a comer castrados. Ilaycalh‘ d(' harbolai'ios, doiuh' hay ludas las raíc(‘s y ymdras medicinales, (|U(‘ (MI la li(M’i*a s(‘ hallan. I lay casas como d(‘ ladicaidos, donde se venden las uuMliciuas lu'chas, así polahles como uu^íuMitos y (Miiplastos. Hay casas como de hjudreros, doiuh» lavan y rapan las cabezas. Hay casas donde dan d(‘ comer y beber por [)i*ecio. Hay hombres como los (|U(‘ llaman (mi Castilla iíamqranes, pai*a traer carcas. Hav mucha hu'ra, carhóii, braseros de harro y eslei*as de muchas maiuM’as [)ai‘a camas, y otras más delj^adas para asiento y pai’a (‘sler’ar salas y cámai'as. Hay ludas las maiuM’as de verdui'as que S(‘ tallan, (‘sp('cialuuMit(‘ nadadlas, puerros, ajos, masluerzo, heri’os, boi’ra jas, ac(‘d(M*as y cardos y lai^aruinas. Hay trillas d(‘ muchas mane-' ras, (MI (|ue hay ceiá'zas y ciruelas (|U(‘ son semejahh's ú las delüsjiaña.

‘‘ V(Mid(Mi mi(d de abejas y cera, y miel de cañas de maíz, ([ue son tan melosas y dulc(‘s como las de azñcai*, y miel d(' unas plantas (jiie llaman (mi las otras y estas maffueif^ (jiu' ('s muy mejor (|ue arrope ; y destas plantas taciMi azñcai* y vino, (jiu' asimismo venden. Hay á vender muchas maneras d(‘ lilado de ali^odón de lodos colores en sus

madejicas, que parece propiamente Alcaicería de Granada en las sedas, aunque esto otro es en mucha más cantidad. Venden colores para pintores cuantos se pueden hallar en España, y de tan excelentes matices cuanto pueden ser. Venden cueros de venado con pelo y sin él, teñidos, blancos y de diversos colores. Venden mucha loza, en gran manera muy buena; venden muchas vasijas de tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas ó las más vidriadas y pintadas. Venden maíz en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja, así en el grano como en el sabor, á todo lo de las otras islas y TierraFirme. Venden pasteles de aves y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallinas y de ánsares y de todas las otras aves que he dicho, en gran cantidad ; venden torlillas de huevos fechas. Finalmente que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en toda la tierra, que demás de las que he dicho, son tantas y de tantas calidades, que por la prolijidad y por no me ocurrir tantas á la memoria, y aun por no saber poner los nombres, no las expreso.”

Para cada uno de estos pro:luctos había calles separadas, y todos se realizaban por cuenta ó medida, pues el mismo Cortés dice que ninguno se vendía por peso.

Y como muchas de esas mercancías, por su volumen, como las piedras y las vigas, no se podían introducir al mercado, se encontraban en los canales ó en las calles inmediatas.

Recién hecha la Conquista, algunos de los mercados conservaron el esplendor y animación primitivos, y aunque españolizada la palabra, se les designó todavía con el nombre de tianguis.

De estos tianguis hubo varios en la ciudad, unos grandes como el de Tlatelolco, al que acudían diariamente los mercaderes, y otros pequeños como el de San Hipólito, en el que la venta sólo se hacía los miércoles y los jueves.

Entre estos últimos se contaba el tianguis de Juan Velázguez^ llamado así porque en el rumbo en que estuvo, existió la casa de un indio principal de ese nombre y apellido.

fiONZÁLEZ OBREGÓN.

El tianguis de Juan Velázquez ocupó im terreno situado fuera de la traza, y fue precisamente en donde se edificó el monasterio y el templo de que vamos á ocuparnos; terreno limitado al Oriente por el Hospital de Terceros y al Poniente por la Alameda.

El convento de Santa Isabel tuvo dos iglesias; la primera se compuso de dos salas fuljas y de «los salas altas ([ue formaban parte de las casas que para la fundación cedió Doña Catarina de Peralta; pero a(jiiella iglesia ui por sus condiciones ni por su estructura duró muclio tiempo, y fue demolida.

La segunda, (ju(‘ exisli«3 basta niu'stros «lías, fue levantada jior los ca[)itanes I). Diego «le (iastilb) y I). Amlrés «le (iarbajal y Tapia, dainlo est(‘ último, para id comienz«), la suma «le rS B0,0t)0 y «lejan«lo en su tes(anu‘iit«) 6 o(),()0l) jiara la conidusiiin. Se ignora el costo tolal «le la obra, así como las cauli«la«b‘s qu«‘ suminislri) Castillo.

Aproba«lo id «lisi'ño qu«‘ «laba ¡i la porbula «leí tempb) un orden «lórico y abiertos l«)s cimient«)S, «d b «li‘ Agosto de IbTb, puso la primera pieilra el llnm.Sr. Arzobispo D. Eray Payo fiurí([uez «le Itivera, vestiilo de pontilical y c«)ii asistencia «bd Disin y «lid Comisario de San fT'ancisco,

Cinco años «lespués, el '2\ de .fuli«) «le IbSI, bemlijo el templo, D. Eray .luán Duran, Obisp«) «le Troya, merce«Iari«), y asistieron á esta solemniilad cincuenta religi«)sos franciscanos, cuatr«) cajiellanes «le coro y un maestro «le c«‘rem«)iiias.

Se abri«)«d templo al culb), el sába«lo ’2i\ «lid mismo mes y año, y la «leilicai ión, <|ue «luró siete «lías, se b izo con mucba pompa y luci«lez.

Vetancourt, en su Trafro Mexic(mo^ «lescribe el interior de la glesia en estos términos :

“ lil a«lorno «le c«)laterales — «lice — es precioso. Al la«lo «leí Evangeli«) uno «leí glorioso San ,I«)sécon sus retablos «le pincel «le sus misterios, bermosa talla en que se exce«lió el artífice ; al la«lo de la epístola, uno aunque más pequeño, jior lo curioso y grande, «le Santa

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Rosa de Lima, hechizo de las Indias ; adelante uno de San Lorenzo, que á expensas y á todo costo dedicó el Sr. D. Gonzalo Suárez de San Martín, presidente de la Real Audiencia y comisario de la Santa Cruzada, cuyo cuerpo descansa debajo del altar : otro de San Antonio con pinceles de sus milagros, que se lleva los ojos : junto al coro uno de Santa Verónica, admirable hechura, todo de láminas ricas y relicario grabado, que a expensas de los obreros se dedicó ; otro enfrente de la cofradía de la Santa Cruz y Destierro de la Virgen, que subiendo á los arcos de las bóvedas, se ha levantado con la grandeza de su arquitectura y composición corintia, con la atención de los curiosos. ”

El templo se edificó en un terreno bajo, lo que dió motivo á que en la temporada de lluvias se inundase con frecuencia, ocasionando el desagüe gastos repetidos, hasta que la R. M. Sor María Joaquina de San Antonio promovió levantar el piso, tanto de la iglesia como del cementerio. Se encargó de la reforma el Sr. Ibar, quien desempeñó su trabajo con “ gran inteligencia y buen gusto. ” La reparación fue terminada el 27 de Mayo de 1852 y al día siguiente se consagró de nuevo el templo, durando tres días las fiestas.

En esta última reforma, la iglesia perdió muchos de sus adornos antiguos, y sólo conservó sus dimensiones anteriores. La nave que corría de Norte á Sur, medía más de cuarenta metros de longitud, sin contar catorce del coro y otros tantos metros de latitud. Al Sur quedaba el altar mayor y al Norte el coro, y por fuera tuvo una torre y un bonito enverjado en el cementerio.

El convento fue grande y hermoso, y sus claustros y patios todavía se pueden contemplar en las casas particulares en que fueron convertidos, y que tienen entrada por Santa Isabel y por la Alameda. En el interior del convento existieron también dos capillas : una conocida con el nombre de Relén, y otra que caía hacia un jardín, consagrada á la Virgen de Guadalupe.

La historia de la fundación del convento de Santa Isabel es breve y sencilla.

Doña Catarina de Peralta, viuda de D. Agustín de Villanueva y Cervantes, cediendo á los impulsos de la piedad, tan característica

de aquellos tiempos, donó su capital y las casas en que vivía para establecer el convento, solicitando sólo ser su primera novicia.

Al principio tuvo la intención de que las religiosas fueran sometidas á la regla de las descalzas de Santa Clara ; pero se encontraron muchos inconvenientes, entre otros la humedad del sitio de la fundación.

Abandonado tal pensamiento, y por bula de 31 de Marzo de 1600, expedida por Clemente VIH, el convento se erigió en monasterio de urbanistas franciscanas, y el 1 1 <le Febrero de 1601 salieron de Santa (dara con esc objelo seis religiosas que fueron las fundadoras; á saber : María de Santa Clara, Abadesa; Ilealriz de San Juan, Vicaria ; Catarina de San Gregorio, Maestra de novicias; Ana de Jesús, Ana de San Bernardo y Ana de San Francisco.

Sucesivamente eulraroii oirás muchas, al grado de (|ue llegó á ser muy numerosa la conninidad.

Futre las monjas célebr(‘s (pie habitaron el convento debemos citar, á Josefa de San Andreas, María (h‘ San Antonio y Micaela de San Jerónimo.

“ l.as dos primeras — diiv Bamírez Aparicio — fueron hijas de uno de los bienhechores del convento, D. Andrés de (]arbajal y Tapia. Vivieron ambas en suma pobreza por ajustarse más á su Divino modelo, Jesucristo, y agenas á las cuantiosas riquezas de su padre. De xMaría de San xVnlonio se reíiei’c, (pie estando apestado el convento, pidió á Dios (pie si la plaga era castigo, en ella lo ('jecutara privándola de la vida, con tal de (pie se doliese de sus hermanas alligidas. Fuete concedido lo (|ue pedía, y dijo á las religiosas que muriendo cesaría la peste, como se verilicó.

“ Fu cuanto á la madre Micaela de San Jerónimo, se sabe (pie era cercana [larienta de San Pedro xVlcánlara y excelente religiosa , pues no parece sino (pie con la sangre había heredado del Santo lo perfecto, según se expresa el autor del Meuologio. Se sabe además que perdió la vista, y que á pesar de eso nunca falló del coro, porque en él le concedía Dios el ver el rezo para su consuelo, sin percibir otra cosa. Murió de más de noventa años, en el de 1678. á 28 de Marzo,

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habiendo sido de las primeras que profesaron después de la fundación del convento.

El 13 de Febrero de 1861, las monjas de Santa Isabel fueron trasladadas al convento de San Juan de la Penitencia, exclaustradas el 2 de Marzo de 1863 y llevadas el 24 de Julio de este año á la casa número 21 de la calle de San Cosme. Permanecieron allí hasta el 22 de Marzo de 1867, fecha en que se establecieron en el número 3 del Puente de Monzón, por orden de la autoridad eclesiástica.

De Santa Isabel salieron dos religiosas por el año de 1621, con el fin de fundar una comunidad en Manila ; en 1724, otra monja estableció el monasterio de Corpus Christi de México, y en 1737 otra más el de Capuchinas indígenas de Morelia.

En 1827, el convento de México poseía 33 fincas con un producto de ^ 8,820, un capital corriente de ij 201,559 y un rédito de H 5,277.

¡ Caprichos del destino ! En el lugar en que existió el templo, estuvo primero el tianguis de Juan Velázquez, después la iglesia de Santa Isabel y por último la “ Sociedad Filarmónica Francesa. ” Allí, pues, se han escuchado los gritos de los vendedores de un mercado, las plegarias de las monjas de un convento y las notas musicales de una orquesta.

INTERIOR DE L\ IGLESIA DE SAN FERNANDO

CAPÍTULO XXXIX

EL COLEGIO DE SAN FERNANDO

El año (le 1570, el capitán D. Fernando de Tapia, Gobernador y Cacique de Xilotepec, emprendió la conquista de Querétaro, y habiéndola conseguido, llevó á esta ciudad algunos frailes franciscanos con el objeto de que administrasen los santos sacramentos.

Se levantó entonces una humilde capilla campestre con una Cruz adentro y se construyeron modestas habitaciones para los religiosos ; pero por la mucha incomodidad en que éstos se encontraban abandonaron aquella fundación, y la ermita desierta y olvidada, pronto se arruinó de tal modo, que la Cruz quedó al descubierto.

Pero cuentan, que entonces la Cruz comenzó á obrar prodigiosos milagros, lo que hizo que los religiosos pensasen fundar convento cerca de ella el año de 1643. Mas á ello se opusieron el Arzobispo y el Virrey de México, por lo que hubo que recurrir á España en solicitud del permiso, que les fué concedido por Real Cédula fechada en el Buen Retiro el 19 de Febrero de 1650. El convento se fabricó, destinándolo para enfermería hasta el año de 1660, ‘‘ que por la distancia se quitó de allí, y el año de 1666 se hizo casa de Recolección. ”

Este es el origen del Colegio de Santa Cruz de Querétaro.

Pocos años después, en 1679, Fray Antonio Linaz, franciscano, fué á España con él carácter de custodio y con el fin de asistir al capítulo que se había de celebrar en 1682.

Linaz, con licencia del Rey, de sus superiores y bula de 8 de Mayo de 1682, logró reunir 22 religiosos para establecer en Nueva España un colegio apostólico de misioneros.

(^011 riesgo de ser prolijos, hé aquí los nombres de los (jue se embarcaron en Cádiz el 4 de Marzo de 1G83 :

Fray Antonio Linaz, Prelado; E>ay Pedro Antonio Frontera, Fray Juan Bautista de Lázaro, Fray Antonio Llanzos, Fray Melchor López de Jesús, Fray Pedro Sitiar, Fray Sebastián Bisquerra, l"ray Antonio de Torres, Fray lOaincisco Estévez, Fray Miguel Toncuberta, Fray Francisco Frutos, b>ay Francisco Gazañes de Jesús Álaría, Fray Francisco Hidalgo, Fray José Diez, Fray Miguel Boche, l'ray Antonio Pérez, Fray Damián Masanet, h>ay Antonio Bosdi, estudiante teólogo; todos los di(‘z y nuev(' citados sacerdotes, y por último, l'ray Tomás de León, corista. Fray Javier Linaz, lego, y Gerójiimo García, donado.

Parece (|U(‘ la travesía [)or el mar fiié 1‘eliz, pero no así su llegada á Veracruz el 30 de Mayo de 1083, pues avistaron el pueido en momentos terribles, cuando era saqueado brutalmente por Lorenzo Jacome, lamoso pirata más c<mocido con el nombre pc^pular de Lorencillo.

Sin embargo, poco s(* detuvi(*ron allí los respetables religiosos, y babieudo caminado basta Ouerélai’o, tomaron j)osesión del convento el 2.3 de Xoviembrí* del mismo año, erigiéndolo des|)nés en Colegio Apost()lico de misioneros.

Fl Pontílice Inocencio XI, [)or bula d(‘ ll) de Julio de Ib82, d(‘claró ser el Colegio de Santa Cruz el primero de Vropafjanda Fido (jue se establecía eii las ludias, y h‘s concedió) á los misioneros por sielí* años todos los privib'gios acostumbrados.

Belieren las crónicas, (|ue desde (jue esos misioneros pasaron j)or México |)ara ir á i'undar convento en Onerétaro, (d entonces Arzobispo, Aguiar y Seijas, pens() en (jue estableciesen otro en la capital de Nueva Iis|>aña, lo que uo tuvo electo,, " y que más adelante algunos (h'volos pretendieron lo mismo, sin ver logrados sns deseos.

No fué sino hasta 1730 cuando se realizaron a(|ueIlos pensamientos. Snct'dió (|ue, por el mes de Noviembre, llegaron á México odio franciscanos, y su Comisario general (jue era á la sazón l'ray b’ernando Alonso González, les ordenó buscaran sitio para fundar un

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hospicio, y al efecto nombró á Fray Diego de Alcántara y á Fray Andrés de Pasos con el fin de que allanasen todas las dificultades y solicitasen las licencias respectivas.

La piedad, como siempre, acudió en su auxilio. Al principio, el Br. D. Juan Francisco Domínguez les cedió “ una capilla con su sacristía y casa accesoria construida á sus expensas en el barrio de Necatitlán. ” Más adelante, el Ayuntamiento les ofreció los siguientes sitios : las casas llamadas de las Panaderías frente al convento de la Merced; un terreno en la albarrada de San Lázaro; la capilla de Zancopinca ; otra situada cerca del Molino Blanco, y un terreno en San Antonio de las Fíuertas. También un particular les había ofrecido un sitio en las Curtidurías.

Pero los reverendos religiosos no aceptaron ninguno de estos lugares y se fijaron en una casa y huerta, propiedad del contador D. Agustín de Oliva, que compraron con limosnas de sus bienhechores.

El Virrey, Marqués de Gasa Fuerte, les concedió el 15 de Enero de 1731, la licencia para levantar el hospicio, al que pusieron por nombre San Fernando, y el día 29 de Abril tomaron posesión de él los PP. Isidoro Félix Espinosa, Presidente nombrado por el Comisario general ; Diego de Alcántara, Nicolás de San José y Sandi, Gaspar Villegas ; los legos Toribio de Nuestra Señora y Francisco Bustamante, y como donado, el hermano Baymundo de Castañeda.

Á la vez, el Illmo. Arzobispo D. Juan Antonio Vizarrón les dió permiso de labrar iglesia, el 10 de Mayo de 1731, la cual iglesia se dedicó el día de San Fernando, 30 del mismo mes, siendo el que la dedicó el Obispo D. Ignacio Castoreña y Ursúa.

Pero al llegar á esta parte, la Crónica es la que debe hablar, con sencillo y encantador estilo. Oigámosla :

“ Omito — dice el P. Espinosa — las forzosas penalidades que se passaron en aquellos primeros meses, porque hasta que tuvimos Iglesia, era precisso salir á decir Missa á el Convento de los BB. PP. Descalzos ó al Hospital de San Hipólyto, que era el más cercano. Quando tuvimos Ornamentos, se puso un Altar en la testera de un

(lONZALEZ OBREGON.

portal, y esto suplió para los días que las mucdias aguas no nos dejaban salir fuera. En todo el mes de Mayo se fueron levantando las paredes de la Iglesia, todo de terrado; y antes de que se concluyesse la fábrica, dio orden nuestro Superior General para que sin falta se dedicasse la pobre Iglesita el día de su Titular, el Señor SAN FERNANDO, cuya hermosa Estatua se labró á ex})ensas de S. P. M. R. Paitaban menos de siete días para la liesta, sin averse techado la iglesita, y le suplicamos se dilatase la función para el día de San Antonio de Padiia, (jue habiéndos(‘ llamado en las aguas del bautismo Peinando, era día muy pro|)io para cidebrar al Santo Rey, con las glorias d(‘ San Antonio. No tuvo lugar la súplica porijue se avía (h‘ venir á ccdebrar Eapílulo niu'stn» l‘relado, y (juería tener el gusto d(* dejar la lgh‘sia diMlicada. A costa ih* diligencias y con la mucha caridad ile algunos Gonveulos, se vistió» de colgaduras toda la Igh'sia y Sacristía, con <d (‘smero ihd P. Sacristán, de los RR. Pl*. Ihdlihunitas que trasladai’on di* su convento todos los primoi’es qm* cabían (ui la p(‘qneña lgh‘sia, y (juando lleg(> el día de la funciíui,!^ [)an*cía cndble (|in‘ en tan corlo limnposi» viese tan adornada y primorosa. Para dar mas capacidad al concurso, se hizo delante (h‘ la puerta una (‘ui*iimada muy espaciosa, con bancas, y IimIo el adorno n(‘cesai*io, para que se acomodasim los (jue no cabían (*n la Iglesia.

‘‘ La víspera d(' San l’ernando — prosigue id Padn* bisjiinosa — s(‘ dis[)uso la b(‘ndici('>n «hd nuevo Templo; y con especial licencia (hd S(‘ñor Pr(»visor, (|m‘ codiii su derecho (mi (d Mimo, y limo. Sr. D. Juan Ignacio d(‘ Easlonma y Ersi'ia, consagrado ya Obis|)o de (iampechi', se hizo la h(*ndi(dó>n (h* la Iglesia, con todos los Ritos, v Ceremonias d(d Rilual Romano, asislimido toila la Comunidad del (ionvcmlo gramh' d(‘ N. P. S. IC, y (d M. R. P. Provincial IV. Juan de letrada, (|ue liorna'» toda i‘sa liesta como Padrim». I^hié el c(»ncurso lucid íssinu», p(»r(|U(' si* dignar(»n <le authorizar esta liesta muchos Religiosos d(‘ Niu'stra Seráfica D(*scalzés, de S. Juan de Di(»s, (]omj»añía Relhlemílica, y de S. Ilipólyto, y muchos de la primera .V»l»leza, entre les (juales se sm‘ialan»n en (d afect»» algunos Señores

Regidores; y á todos se les dio un refresco de dulces, y aguas, que costeó con mano liberal el Muy Religioso Padrino. La víspera en la noche, se ilnminó con faroles de thea todo el ámbito déla Iglesia; y mientras alegraba la Ciudad el repique general de las campanas, se quemaron varios fuegos artificiales, que ofreció un Rienhecbor ; y parecía que la Dedicación del pobre Hospicio quería competir con una Iglesia de las mayores de México. El día siguiente, con impon derable concurso, y alegría de todos, cantó la Missa el R. P. Guardián de nuestro Convento Grande de San Francisco, con dos Padres graduados, de Ministros; y el Coro parecía de Angeles, por ser todos los Cantores, y Organista, dél Orden Seráfico ; pues aunque el Hospicio no tenía Organo, ni otros instrumentos, se trajeron de fuera ; y no faltó cosa que pudiese hacer la función más plausible. Lo que tuvo sólo de corto, fue el Sermón; que en menos de media hora (como se me mandó) lo predique, y se dignaron los eruditos Oyentes de darle su aprobación, por parecerles lo poco que se dixo, avía sido al intento. Todo el día estuvo cumplidamente festivo, por que nuestro Syndico D. Juan Manuel de Argüelles, costeó la comida con magnificencia; y fueron muchos los que se quedaron á la mesa, no sólo Religiosos, sino Regidores, y Seculares ; y para todos huvo, y sobró para combidar en la Portería á muchos pobres ; y con esto quedó muy 'gustoso de veér dedicada la Iglesia nuestro Superior Prelado, y nosotros de haberle dado gusto en ello. ” ^

La cita ha sido larga; pero no se quejará el lector, en cambio de la amenidad que presenta su forma y por los conmovedores detalles que contiene. Además, nos pinta el carácter de los santos fernandinos, siempre pobres, siempre humildes; comprando, primero, con limosnas, la casa y huerta para edificar su hospicio ; después, pidiendo todo prestado para celebrar la dedicación de su primitiva iglesia, y no olvidando, ni aun en medio de sus fiestas y

1. Chrónica Apostólica y Seráyhica de todos los Colegias de Propaganda Fide de esta Nueva España^ etc. Parte primera. Con licencia en México por la Viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, Iinpressora del Real y Apostólico Tribunal de la Santa Crúzala en todo este Reyno. — Año de 1746, — Libro V, cap. XXXIII, pág. 513.

regocijos, á los mendigos como ellos, á los pobres, para quienes hubo también comida.

Hasta ahí, San Fernando fué solamente Hospicio, y se pensó en erigirlo Colegio de Misioneros, para cuyo fin, nuestro cronista Espinosa, que era el Prelado, presentó en el mes de Julio un memorial al Virrey para que éste solicitase é informase al Rey délo que se trataba.

El Virrey, Marqués de Casa Fuerte, así lo hizo el 1° de Septiembre, previa una información en que declararon las personas más caracterizadas é ilustres de aquella época, tanto seglares como religiosas ; los prelados de las órdenes monásticas, el Ayuntamiento, el Arzobispo, la Audiencia, el (aibiblo de la Catedral y la Real y Pontificia Universidad.

Provisto de estos documentos, el Padre Sandi fué á España en 17R2 y consiguió del Rey (|U(‘ expidiese una Cédula, fecha lo de Oclubi(‘ de 17Bd, (ui la (jiie se concedía permiso á los apostólicos misioiHM’os IVanciscanos para (jne fundasen en su Hospicio de San l’ernando de México, un Colegio de Propaganda Fidr.

bd nuevo convtmlo é igb'sia comenzóse á consiruir con un fondo de qoc bahía legado con esle objeto (dSr. D. José de Torres,

Arcediano de la Catedral, y se colocíi la [)rimera pi(‘dra el 1 1 de Oclubre dr l7Ró por mano de 1). Martín Elizacocbea.

Concluido (d templo, lo bendijo en la tarde del Ifi de Abril d(' 1700 el linstrísimo D. Manuel Rubio y Salinas, y á otro día 20 fué la fiindaciíui y tledicación, á tas ([iie asistieron el Virrey, Conde de Ilevillagigedo, y el citado Arzobispo, tocándole la tiesta ese día á la Ifi’ovincia d(d Santo l’.vangelio; la del 21, á la deSanHiego; la del 22, al convcmlo tie Ih'coletos de San Cosme, y la (bd 23 al Colegio de San lÓM-nando.

Fd Colegio v templo presentaron entonces un aspecto muy diterente del Hospicio é iglesia primitivos, de (jue poco há nos hablaba el Padre Espinosa, y este mismo cronista refiere ‘'que causaban admiracié>n á (|uien vió antes la suprema pobreza de aquel sitio. En efecto, las muchas limosnas contribuyeron al esplendor del edificio. Alfaro y Pifia dice que H. Pedro de Terreros. Conde de Regla, dió

para la fábrica del Convento la cantidad de S 41,993 y costeó también el altar mayor y el órgano de la iglesia. ^

Transcurrieron los años, y el 19 de Junio de 1858 hubo un fuerte temblor que causó grandes averías en el templo : ‘ ‘ abrió — dice un periódico de entonces — de alto á bajo, desde la bóveda hasta el piso la iglesia, casi á la mitad de ella, hundiendo cosa de siete pulgadas el pavimento de la parte inferior; prolongando la enorme cuarteadura á las habitaciones de los religiosos ; abriendo y desencajando todos los arcos y dinteles, sin perdonar los lienzos del panteón viejo. ” ' Con motivo de esto se cerró la iglesia al culto, y no se volvió á abrir sino hasta que se hicieron las debidas reparaciones. Entre tanto, las íiestas se celebraron en la sacristía.

En 1860 las órdenes monásticas fueron suprimidas, y entre ellas se incluyó la de los fernandinos. “La iglesia quedó entonces desmantelada— dice un escritor — el campanario sin sus campanas; el convento se dividió en lotes que fueron vendidos á los particulares, y en Septiembre de 1862 se abrió la calle quede Sur á Norte comunica la plazuela de San Eernando con la campiña que se extiende detrás del convento. ” En nuestros días esta campiña forma la preciosa Avenida de Guerrero, y la estatua de este ilustre caudillo se levanta arrogante y majestuosa en la plaza de San Fernando.

Del Colegio queda únicamente la iglesia y el cementerio, el lugar de oración y el sitio de descanso.

Los claustros, que contenían magníficas pinturas de la escuela mexicana, representando muchas de ellas los trabajos y martirios de aquellos apostólicos varones, ya no existen, como no existe tampoco la célebre biblioteca, riquísima en tesoros bibliográficos.

Y el coro del templo, con su espléndida sillería, que repercutió el cántico y el rezo, triste y pausado, de los buenos frailes fernandinos, se halla ahora desierto.

1. Relación descriptiva de la fundación, dedicación, etc., de las Iglesias y Conventos de México. — México. — 1863. — Tipografía de M. Villanueva. — Galle de Ortega núm.24. — Nota á la pág. 87 .

2. La Sociedad, número correspondiente al 11 de Julio de 1858.

Diremos para concluir, que la vida de aquellos apostólicos misioneros fue austera y sencilla en el claustro; pero llena de agitación y de sufrimientos fuera del convento.

Vivían únicamente de limosnas, ayudados de lo que les producía el cementerio. Vestían humildes háhilos grises, luengas capas y sombreros tendidos.

Ihu’o en donde más gramles se les contempla es en las misiones, cuando emprendían largos y penosos viajes, en pos de tribus bárbaras (|ue convertir, nuicbas de las cuales los marliri/aron y los cruciíicaron.

Allí es dondt‘ se agigantan, ahí es donde los admira uno, todavía des})ués de mnclios siglos, empuñando, no la espada del conquistador (jn(‘ desliMiV(‘, sino la cruz <ju(‘ redime; no brotando de sus labios las blastemias del (|in‘ (‘sclaviza, sino las palabras del (jiie consmda; no lomando posesiiúi de los pmdjlos para orgullo de un Soberano, sino ensin'uindo i*n bien d(‘ la civilización y del progreso. Iillos fiKM’on nueslros ViU’d.adiM'os conqnisladores ; no los i[U(‘ ciñei’on los lanndes did Irinnío, sino los (|iie alcanzaron las palmas del marlirio.