Mis filosofías · Unidad 2 de 56

Unidad 2 · AL PARTIR

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

AL PARTIR

Ustedes comprenderán que un « buenos días » afable y constante, no tiene precio. Sin embargo, intentaremos cotizarlo y le asignaremos diez céntimos. Veinticinco « buenos días » á diez céntimos, igual á dos francos cincuenta. En cuanto al // fait beau, II fait mauvais... aquí tenemos que establecer una pequeña diferencia.

Ciertamente, no podemos pagar igual un // fait beau que un Jl fait mauvais. . '

Un // fait beau cuando os disponéis á salir del hotel, os llena el alma de luz. Deíantemano saboreáis las delicias del sol radioso, de la brisa fresca... Mientras que un II fait mauvais os desalienta sobremanera. Es la lluvia, es el frió, el barro, la humedad, la tristeza...

¡ Oh ! Claro que la camarera no fabrica el tiempo. Ella me decía // fait beau ó // fait mauvais porque, en efecto, así era. Pero yo faltaría á la lógica más elemental si pagase lo mismo el sol radioso que la lluvia insípida ; ia brisa fresca que el viento húmedo.

Por tanto, daremos á esta chica veinticinco céntimos por cada día claro y solo quince por cada dia nublado ó lluvioso. I

ar-

A\ tnaitre d'hótel ya le asignaremos una buena propina; pero hay un criado que me abre día á día la puerta del comedor cuando voy á salir. Y lo hace con precisión tal, que nunca me ha acontecido abrirla yo. No importa que mis salidas sean inopinadas ni que él esté sirviendo una mesa lejana. Adivina el movimiento previo con que yo me dispongo á levantarme y va hacia la puerta del comedor, que abre con movimiento ágil. Yo no puedo escatimar á este perfecto operador una buena propina. Ha abierto la puerta dieciséis veces en ocho días, y vamos á considerárselas, lo menos, á quince céntimos cada una. i «^

¿ Y el cbasseur ? ¿ qué haremos con el - cbasseur? Cierto que no hemos necesitado

AL PARTIR

de SUS buenos oficios para recado ó comisión alguna ; pero este muchacho sin par jamás dejó de sonreimos cuando pasábamos frente á él. Jamás, i lo oyen ustedes ? jamás.

Y su sonrisa era siempre la misma, hospitalaria, cordial, ya hiciese beau 6 ya hiciese mauvaiS) ya lloviese, ya diluviase.

Yo bien sé que una sonrisa no tiene precio. Es privilegio tan alto, tan humano, que la bestia fiel que os ama con todas las energías de su naturaleza llena de lealtad, el perro que daría por vosotros la vida, no puede sonreiros, á menos que entendáis por sonrisa su meneo de cola. (El perro — dice Víctor Hugo — tiene su sudor en la lengua y su sonrisa en el rabo.)

No, de seguro, que una sonrisa no tiene precio ; pero, en fin, puesto que aquí se trata de recompensar de alguna manera las del cbasseur, démosle por cada sonrisa veinticinco céntimos, en atención á que es hombre, que si mujer fuera la que nos hubiese son-