Mis memorias diplomáticas, misión ante el gobierno del Brasil · Unidad 128 de 249

Unidad 128 · NEGOCIACIONES RESERVADAS 263

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NEGOCIACIONES RESERVADAS 263

íraca8iur nuestros trabajos y me obligó á pedir ser trasladado á otra legación.

El corresponsal decía que me babía encontrado en casa de persona que no nombra, cerca del paseo de Cattete: supongo que hiciera alusión á la residencia del presidente del consejo señor Dantas, y agrega: «Tomando en consideración la expansión natural del carácter argentino, el señor Quesada constituye una excepción, pero una de esas excepciones que pueden ser materia de orgullo para nuestros vecinos del Plata, porque el señor Quesada personifica al verdadero diplomático, esto es, da la idea de un hombre que, aun en el trato de la vida social, tiene cuidado de no ultrapasar los límites de la sistemática reserva que su posición le impone. Puede decirse que est« caballero vive concentrado en sí mismo, pareciendo preocuparle mucho el papel que por efecto de las circunstancias, y más que todo por su esclarecido talento y esi)ecial conocimiento de las cuestiones argentino-brasileras, está encargado de representar cerca del gobierno imperial. Tiene en efecto una fisonomía no tan sólo severa é insinuante, sino también algo que acusa el propósito preconcebido de consei-varse impenetrable é inaccesible á la astucia brasilera tan preconizada en los países del Plata. No tan solamente por eso sino también por la manera especialmente exquisita de saber dar, á tiempo y sin violencia, otro giro á las conversaciones que tiendan á versar sobre el asunto de su misión en esta corte, parece que el señor Quesada sea más diplomático qae sus compatriotas Tejedor y Avellaneda, quienes cometieron algunos pecadillos de indiscreción en momentos

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de estar dominados por el entusiasmo, cuando las fiestas con que fueron obsequiados por altos persoiuyes durante su estadía en Eío de Janeiro » (1).

Á pesar de este benévolo juicio, del constante propósito de no hablar con quienes pretendían desempeñar el papel de investigadores oficiosos, y sobre todo los que, iM)r el desparpajo con que se atrevían á abordar cuestiones graves, traté de quedar impenetrable á ese repórter, porque sentOe el olor de su oficio, pues esas precauciones no impidieron que dijera lo que quiso, atribuyéndome las apreciaciones ó comentarios suyos. Tanto que mi jefe gerárquicome escribía con reticencia muy marcada quemas sabía por los periodistas que x>or mi correspondencia, pensando quizá que yo debía ser simple eco de lo que él quisiere, si algo quería. <'E1 actual representante argentino — decía el misterioso corresponsal — es de otro temperamento y de índole muy diversa (en relación con los parlanchines) ; ni antes ni después de las gestiones diplomáticas profieren sus labios palabras susceptibles de revelar el misterio de las proposiciones de su gobierno; cuando más, se le oye que el « gobierno argentino desea terminar pacíficamente la cuestión de límites con el Brasil », frase bastante vaga para los que anhelan conocer por qué rumbos pretende el referido gobierno llegar al desiderátum político. »

El corresponsal sostiene que en la conversación terciaba el consejero Dantas, quien fué telefónicamente llamado

(1) ^ Patria^ Montevideo, 13 de noviembre de 1884. Carta politica. Perfil de un diplomático. La emancipación juzgada par el señor Quesada, La cuestión de Misiones. Las próximas elecciones.