Moral social · Capítulo real 4 de 32

CAPITULO IV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO IV

CLASIFICACIÓN DB RELACIOXES

En esta indagación de las relaciones que ligan al hombre con el hombre en todos los grupos v órganos de la Sociedad, lo difícil no es descubrir los vínculos; son tantos, cuantos son patentes. Lo difícil es establecer una clasificación sólida y sobria, precisa y efectiva, que presente del moáo más obvio los grupos de relaciones reales que actúan de continuo en la asociación natural de los conscientes y de la cual se deriven espontáneamente los grupos de deberes que ellas incluyan.

Esa, como cualquiera otra clasificación, ha de fundarse en un análisis, y el análisis ha de referirse puntualmente á las propiedades del objeto

El hombre social es aqui el objeto del análisis. ¿Cuáles son las propiedades de ese todo? Las de un compuesto de cmco elementos invariables de sociabilidad.

Para i^ue ésta fuera una ley de la naturaleza, era preciso que el ser sometido á ella se sometiera por la misma eficacia de sus condiciones naturales de existencia y por el secreto ascendiente de los propios fines de su vida. La ley, de otro modo, no hubiera sido ley, no habría podido ser ley de la naturaleza humana. Si lo es, no por imposición lo es, sino porque las condiciones absolutas de la ley natural concuerdan exactamente con las condiciones del ser á quien rige, ó porque las condiciones del ser regido por la ley de sociabilidad son

tales cuales convieneo y conciertan con el orden universal á que él concurre.

El hombre social es un ser de necesidad, y la ley de sociabilidad ea un medio propuesto por la naturaleza al hombre paraque, realizando ese fin, cumpla con una de las condiciones de su vida.

El hombre social es un ser de gratitud, y la ley primordial que lo rige, al cumplimiento de esa condición coadyuva.

El hombre es un ser de utilidad, y la ley de asociación universal promueve la realización de ese fin individual y colectivo.

El hombre es un ser de derecho, y la sociabilidad es ley natural de las sociedades para determinar, desarrollar y concurrir á realizar esa altísima condición de la dignidad de nuestra especie.

El hombre es ser de deber, y la sociabilidad es una ley natural de la Sociedad para hacer posible ese enaltecimiento de la personalidad, ese triunfo de la naturaleza humana, esa solución del problema de la vida individual y colectiva por el más poderoso factor de la naturaleza humana: la conciencia.

En términos directos: el hombre, en cuanto ser social, es un compuesto de esos cinco elementos infalibles: la necesidad, la gratitud, la utilidad, el derecho, el deber.

La necesidad lo obliga con las tres fuerzas de su triple naturaleza, física, racional, consciente, á utilizar y cumplir la ley de asociación. La gratitud lo persuade, con todas las impulsiones de su sensibilidad y con todos los resplandores de su inaaginacióu, á someterse á una ley de la naturaleza, tan eficaz en su propósito y tan armoniosa con el objetivo de la humanidad, que sin ella no podría el individuo identificarse con la especie y

reconocer en ella su eterno bienhechor. La utilidad lo induce, con todos los impulsos de su egoísmo y con todos los atractivos de su cálculo y su ingenio, á aprovecharse, en beneficio propio, y si es posible, en beneficio ajeno, de una ley natural que, sorprendiéndolo en una de las realidades de su ser, se le muestra como menos vergonzosa de lo que él temía, y lo solicita á emplearla en bien de todos. El derecho y el deber, inseparables resplandores de la conciencia, no brillan nunca en la conciencia que no lucha: brillan con el más puro, con el único puro destello de la personalidad humana, cuando ésta se exalta con el combate por el depecho y el deber, y se eleva por la dulce, benévola y apacible conciencia de si misma, hasta el grado extremo y supremo de humanidad, de racionalidad y de conciencia en que la relación de los medios y los fines es patente, y en que todas las relaciones que nos ligan con los hombres se reducen á la más noble, más pura, más desinteresada, y, por lo mismo, á la más penosa: la relación de deber. Ahora, ¿de qué procedimiento más eficaz hubiera podido valerse la naturaleza para exaltar la del nombre hasta ese altísimo grado de humanidad, si no hubiera aplicado á su objeto la ley de sociabilidad?

Solicitado, instado, urgido por ella, el individuo satisface necesidades, paga beneficios con agradecimientos, enlaza con la suya la utilidad general, combate como héroe por su derecho y se sacrifica como mártir al deber; pero lo hace, no tanto porque la ley natural á eso lo llama, cuanto porque su propia naturaleza encuentra en los procedimientos de la asociación los medios relativos á sus fines de existencia. Existencia que trasciende involuntariamente del individuo a la

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especie, consta de eaos cinco medios, instrumentos ó recursos naturales que, conjunta y separadamente, constituyen cinco elementos de sociabilidad.

Siendo, pues, propiedades distintivas del ser sociable la.neceeidad, la gratitud, la utilidad, el derecho y el deber, todas las relaciones que ligan entre sí á los hombres de cada época hietórica y á los de tiempos actuales con tiempos venideros ó pasados, tienen lógicamente que agruparse, se-

Sn la dependencia en que están, de alguna de propiedades naturales del ser social. Fuera de la" necesidad, de la gratitud, de la utilidad, del derecho y del deber, ningún otro medio propio de la naturaleza humana tiene la virtud de cooperar al propósito de asociación universal y omnímoda á que aspira la ley de sociabilidad. Por lo tanto, si hay relaciones naturales entre el individuo y la sociedad, y todas ellas se manifiestan en actos de necesidad, de gratitud, de utilidad, de derecho ó de deber, es evidente que todas las relaciones que ligan á los hombres entre sí, á los grupos con los grupos sociales, á los órganos con el organismo social, el individuo humano con la especie humana, se han de clasificar según las propiedades del ser social.

En consecuencia, sobre ese análisis se basa esta clasificación de las relaciones que ligan el individuo á la sociedad:

Relación de necesidad;

Relación de gratitud;

Relación de utilidad;

Relación de derecho;

Relación de deber.

ANÁLISIS DB LAS BELACIONES DEL HOMBRE CON LA - sociedad: RELACIÓN DE NECESIDAD.

El hombre individual se asocia al hombre individual y constituye todos los grupos de asociación, no porqiie quiera, sino porque tiene necesidad forzosa de hacerlo así. Todos los hombres, por enemigos que sean de las trabas que impone toda asociación, necesitan urgentemente de 'la sociedad.

Tan urgentemente necesitan j^ue, sin ella, ni aun la familia existiría; y no existiendo la familia, no podría tampoco existir la especie humana. Por tanto, la familia, que es el primer grupo social, es también la primera forma de relación entre el individuo y la sociedad, y bien se ve que es esa una relación de necesidad.

Después de la familia, el individuo por si mismo, y por medio de la familia, está ligado al segunao grupo social ó municipio. Y ¿qué relación es la que liga con el municipio al individuo y la familia? Ante todo, una relación de necesidad, pues notorio es que individuos y familia se agrupan en municipio por necesidad de su propia subsistencia.

También es relación de necesidad lo que liga al individuo con todos los demás grupos, puesto que con todos ellos funciona como elemento de vida y para los fines de su propia vida individual.

No hay, pues, precisión de recorrer uno por uno los grupos sociales para demostrar y probar que esta relación de necesidad es la primera,

aunque no la única, que liga al individuo con la sociedad. Sin embargo, puesto que el fundamenta racional de los deberes del hombre individual y colectivo está en el fondo de las relaciones que loe, ligan, importa patentizarlas, aunque de suya sean tan patentes como la rekción de necesidad que liga á individuos, familias y municipios con el órgano inmediatamente superior.

La provincia, que es ese órgano, es principalmente una resultante de la necesidad que dentro de cada organismo nacional crea la distribución natural de zonas orográficas é hidrográficas. Los, individuos, familias y municipios que constituyen un todo provincial, están ligados á él por esa primera fuerza de la necesidad natural que ha producido el todo de que dependen. La peculiaridad de la zona determina la peculiaridad de necesidades, y la peculiaridad de necesidades la de las satisfacciones; de modo que es necesario ó pr^cindir de la provincia y realizar en otro medio su existencia, ó concurrir á la vida de la provincia, y dentro de ella satisfacer las necesidades de municipio, de familia y de individuo, según las condiciones físicas y morales de la provincia misma .

Individuos, familias, municipios y provincias concurren por necesidad á la existencia de la Sociedad nacional, puesto que todos y cada uno de esos órganos necesita del organismo general, del cual son partes.

Necesita de él en todas y para todas las mani^ festaciones de su vida peculiar. Necesita el individuo, porque completa en la nación su actividad^ orgánica, afectiva y volitiva, consumando casi siempre en ella su actividad intelectiva. La familia necesita de la nación hasta para existir, pues

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la razón de su existencia es la ley, y su existencia ■es tanto más noble v elevada cuanto más noblemente está Constituida la nación y es más capaz de legislar conforme á los fines reales de cada uno ■de sus integrantes. El municipio necesita de la nación para realizar la primera entre todas las condiciones de su yida, que es la capacidad de regirse por sí mismo. La provincia necesita de la nación hasta para ser provincia; pues no basta ■que haya una constitución geográfica peculiar que haya producido peculiares modos de ser en una porción del territorio nacional y de la Sociedad nacional, para que exista legalmente tal provincia: es indispensable el reconocimiento le- ^1. y no puede hacerse sino en una ley de la nación.

Toda nación, con todos los órganos que subordina, está obligada por ley de necesidades naturales á toda nación organizada ó embrionaria, ■siempre q ue esa otra nación produzca y consuma, «ienta y piense, se mueva y cambie. Aun no cambiando, se verá forzada á la relación: asi entran en la vida común de la civilización los pueblos primitivos. Aun no moviéndose, tendrán que concurrir á satisfacer esa necesidad de vida: asi, China, en Asia; Paraguay, en América; Japón, entre las Islas; África, entre los continentes, se han visto compelidos á salir de su aislamiento para satisfacer necesidades materiales é inmateíiales de otros pueblos.

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