Moral social · Unidad 33 de 55
Unidad 33 · SIXTOPSIS M"0'M. 1. DEBERES
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SIXTOPSIS M"0'M. 1. DEBERES
PRIUARIOS SECUNDARIOS
Trabajo Ahorro.
Contribucióii Previsión.
Fomento Constancia.
Patriotismo Dignidad.
Confraternidad Beneficencia.
Obediencia Veneración,
Sumisión Benedicencia.
Adhesión Rererencia-
Acatamiento Resignación.
Filantropía Benevolencia.
Sacrificio Solidaridad.
Unión Legalidad.
Cooperación Integridad.
Abnegación Magnanimidad.
Cosmopolitismo. Tolerancia.
Educación doméstica Prudencia.
Educación fundamental Equidad,
Educación profesional Firmeza.
Educación universitaria Justiñcación.
Civilización Imparcialidad.
SIITOFSIS ITUM. 2. VIRTUDES 6 DEBERES SECUNDARIOS
/ Tolerancia,
Í Benevolencia. Beneficencia. Benedieencia, Imparcialidad. Discreción. Justificación. Solidaridad. Resignación.
I Reverencia.
ignidad. I Solidaridad. I LegalidadI Integridad, i Constancia.
Prudencia.
\ Equidad. I Ahorro.
E-. ^„- I Sobriedad.
Económicos.. „ . . ,
I Previsión.
Frugalidad.
Según claramente lo expone la sinopsis primera, los deberes secundarios se derivan mmediatamente de los primarios, ó se generan de los deberes genéricos, para auxiliarlos y completarlos.
En la relación de necesidad, de la cual se deducen todos los deberes del trabajo, este es auxilia-
do y completado por el ahorro; el deber de contribución, por el de previsión; el de fomento, por el de constancia; el de patriotismo, por el de aignidad; el de confraternidad, por el de beneficencia. No es difícil ver el nexo natural que hay entre los deberes ecnéricos y los generados. Sin embargo, descubrámoslo.
La economía social, que, cieptifica lo mismo que históricamente, está fundada en la economía ■doméstica, empieza por ser un deber en el hogar para ser un instrumento del capital y del trabajo en la industria general. De un modo tan efectivo auxilia al trabajo que tiene por objeto la sustentación de la familia, que es proverbial, en la vida de ese grupo, la fuerza que le da. El ahorro, por su mismo carácter, es un ejercicio doméstico, Las instituciones económicas que han venido hoy (la Caja de Ahorros entre todas) á ampliar los beneficios del ahorro, no son más que extensiones del hogar y centralizaciones de la caja doméstica de varios hogares asociados libre y anónimamente para beneficiar en común el cumplimiento del deber de salvar una parte del producto del trabajo para cimentar en el un capital.
En los países en donde la tributación municipal es muy compleja, la salvaguardia del vecino es la previsión. Esperando siempre la tasa, siempre tiene pronto el tributo. Sobre el imprevisor caen juntos la tasa y el apremio, la carga y el bochorno, la derrama y la vergüenza. Así, cuando restrinjamos el vasto deber de contribución á la simple relación económica de tributante y tributario en que están respectivamente la sociedad municipal y el vecino para cuanto dice referencia á las necesidades materiales del municipio, todaD, ..■■.v^.oo^ii:
vía seré el deber de previsión un precioso auxiliar del que completa.
Pero bien sabemos que la contribución á que moralmente se obliga a todo asociado en la vida comunal, no es exclusivamente económica, puee lo relaciona también con la actividad sensitiva, volitiva é intelectiva de esa segunda sociedad. Pues bien, en todo caso, en cada caso de contribución moral á la civilización v perfeccionamiento de la comunidad, es su complemento necesario la previsión, pues de la suma de todas las previsiones resultan la fuerza expansiva, el desarrollo, el adelanto y la prosperidad de !a asociación comunal.
Sin constancia, no hay fomento. Fomentar, como lo da á entender la etimología, es obligarse consigo mismo, el que fomenta, á seguir paso á paso en su desenvolvimiento, crecimiento y expansión, un fomes, eermen ó núcleo capaz de evolucionar y dar un fruto. La suma de continuos esfuerzos y él minucioso y constante trabajo que esa inspección, fav crecimiento, adopción y aplicación de procedimientos al fomento de una finca, de una industria ó de una sociedad, requiere, en los casos mencionados, el mismo ejercicio de constancia, aunque en menor escala, que reclama de sus hijos la sociedad provincial. No basta en ella que todos cumplan con el deber de fomentarla, desarrollando los gérmenes de riqueza y bienestar, de derecho y libertad, de autonomía y gobierno de sí propio que por naturaleza tengan: es necesario que ese deber primario se complete con la práctica y ejercicio de otro deber , el de constancia.
El patriotismo pasa de sentimiento á deber, cuando el patriota tiene tan exacta ¡dea de su dignidad personal y de la dignidad colectiva de
la sociedad nacional, que llega á refundir todos los afectos, deseos, ideas, derechos y deberes afijos á la noción de patria, en el sentimiento, idea, derecho y deber de consei-var, defender, sostener
Í sacar victoriosa la dignidad de la naturaleza umana en la nacional j en la suya propia. Sin dignidad, no hay patriotismo; sin individuos profundamente dignos, no hay patriotas. Podrá, en un instante de exaltación de los sentimientos colectivos ó de las pasiones nacionales ó de los instintos de turba, parecer que hay patriotas aun entre individuos despojados de toda dignidad personal: acaso esos indignos, revestidos de la dignidad del patriotismo, sirvan de algo cuando es preciso vociferar, aturdir, desconcertar, revolucionar y demoler; pero tan pronto como el tiempo los ponga á prueba ó el sacrificio los experimente o el soborno los busque, el patriotismo se va con la dignidad que él mismo les prestó.
Cuando la dignidad no es prestada, sino ejercicio consuetudinario y concienzudo del deber de respetar en todos y hacer respetar en nosotros la alteza natural del ser humano, el deber de ser dignos hace insobornable, inviolable, inquebrantable el deber del patriotismo.
Son, dignidad y patriotismo, dos deberes tan correspondientes, que el cumplimiento del auxiliar, la dignidad, corresponde de un modo absoluto al primario, el patriotismo; y todo aumento de patriotismo es generación de dignidad en el patriota. Así, en virtud de esa correspondencia, es como pueden algunos embusteros de patriotismo concluir por asumir cierta apariencia de dignidad, que, cuando menos, les sirve de freno y valladar.
Hay porciones de humanidad tan desgraciadas,
que ni estiman en sus individuos la práctica de la dulce caridad,, ni en sus grupos sociales el ejercicio de la noble beneficencia. Individuos, no conocen ó han perdido la capacidad de sentir el placer de tender una mano al caído. Asociados, ignoran que la forma social, fecunda forma de la caridad, es la beneficencia.
Este deber se genera del de confraternidad. Como él, abarca al hombre de todos los grupos, y se sale de la familia, del vecindario, de la región, de la nación, para buscarlo en la humanidad, no preguntándole «¿de dónde eres?», sino «¿de qué lias menester?». Confunde el hermano con el desconocido, el amigo con el enemigo, el próximo con el lejano, el de la propia con el de la extraña raza, el domiciliado con el errabundo, el recién llegado con el recién nacido, razas, personalidades, procedencias, comarcas, vicios, ignorancias, indigencias, lacerias de cuerpo y alma, y, anónimamente, de incógnito, en tal secreto que es imposible revelarlo, porque los bienhe- ™ores son innumerables, y da asilo, abrigo, alimento, educación, guias (*), flores (*'), sola-
^•) En Nueva Vork hay una asociación que tiene por objeto la corrección y dirección moral de los criminales. Eli las tardes de los domingos se presentan, en los lugares que sirven de ciudadela á esos desgraciados, algunas señoras (que son las generalmente encargadas de ese ejercicio de la beneficencia), que penetran en los antros obscuros ,. /. „«„„= 4^^«K„„^„„ aq ]Qg crinainales y sus familias, á an, distraen, divier(«ny socorren, , pues que á veces aalen silbadas y
benéfica tiene en los Estados _Uniiternecedora y realmente civilizarar, en primavera, flores y plantas
á los asilos, hospitales, escuelas y
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ees ('), consejos, estímulos, ejemplos, cuna, tálamo, ataúd ("*).
Esa cariaad, perfectamente anónima, beneficencia de todos y de ninguno, acto social, disciplina social, deber social, es la forma plástica de la confraternidad humana. Como la confraternidad reconoce hermanos en el trabajo á todos los hombres, asi la beneficencia reparte los frutos del trabajo colectivo entre los hombres.
Hablar de confraternidad, y no practicarla, es no sentirla ó mal sentirla, y de ningún modo reconocerla como un deber. Para que en realidad sea un deber, ha de completarla la beneficencia. El un deber completa al otro.