Moral social · Unidad 40 de 55

Unidad 40 · CAPITULO XXVI

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CAPITULO XXVI

LA MORAL SOCIAL Y LAS PE0FESI0NE8

Una vez, una madre de las que en k América latina pueden, por la ternura, servir de modelo á cualesquiera madres, decía, refiriéndose á uno de .sus pequeñuelos:

— «Y éste será sacerdote.»

— «Si tiene esa vocación, enhorabuena», dijo su marido.

— «Y aunque no la tenga: el sacerdote no tiene que luchar tanto con la vida como otros.»

— «Es un error: en la vida, todos son sacerdo- ■cios, y todos imponen deberes costosos.»

— «Pero el sacerdote tiene siempre el pan á la mano.»

— «Pero no siempre lo tiene á la conciencia.»

— «¿Qué quieres decir?»

— «Que no siempre es tan fácil para la conciencia el acercarse al pan que se toma fácilmente con la mano.»

— «¿Por qué?»

— «Porque el pan se digiere solamente en el estómago.»

— «¿Pues acaso hay algún otro aparato digestivo?»

— «Varios: la razón, que juzga de nuestro modo de ganar el pan, es uno; la voluntad, que Á veces se resiste á determinados modos de ^nar el pan, es otro; la conciencia, que aprueba o condena los modos de subsistencia que se adoptan, otro.»

— «Y el sacerdocio eclesiástico ¿es uno de esos modos de ganar la vida que la razón juzga mal.

que la voluntad resiste y que la conciencia condena?»

— «Si lo adopta la vocación, no; cuando lo adopta el egoismo cauteloso é inmoral, si.»

— «y ¿por qué?»

— «Por lo mismo que es inmoral hacerse abogado ó médico, ó maestro ó periodista, ó comerciante ó peluquero, sin más mira que la de ganar el pan.»

— «Pero aun así, cuando el objeto es evitar Iosvicios de la ociosidad y la deshonra del vicio...»-

— «Menos malo, en efecto, pero es malo.»

— «Pero si asi se hace un bien á la familia...»

— «A la verdadera familia no se" le puede hacer un bien que sea un mal para la sociedad.»

— «Y ¿por qué es un mal para la sociedad el seguir sin vocación una carrera?»

— «Porque todo oficio, carrera, profesión ó función social requiere un número determinado de deberes, que se cumplen tanto menos cuanto mayor es la repugnancia con que los reconocemos, y toda vocación extraviada impone deberes re-

-«Pero eso, en último caso, será un mal para el extraviado de su vocación.»

— «Para él, para la familia, para sus convecinos, para sus comarcanos, para su patria y para la humanidad entera.»

— «¿Cómo asi?»

— «Porque lo que la sociedad humana quiere y requiere de sus miembros es que coadyuven al orden social, y para eso hay q^ue cumplir con su deber; y para que el cumplimiento del deber sea general, hay que hacer del deber una causa y origen de felicidad.»

El mismo movimientg de cabeza que hizo para

meditar la tierna madre, lo hacen para protestar los millares de padres á quienes intentan la razón y la moral desviar del torpe empefio de hacer que sus hijos sean en sociedad lo que á ellos conviene, no lo que al orden s'ocial á que es deber y conveniencia de todos concurrir. A no dudarlo, la competencia de los servicios es demasiado activa en el mundo, y todavía demasiado primitiva la organización social, para que pueda exigirse á la moralidad privada el sacrificio de los medios do subsistencia individual y de familia por simples escrúpulos de conciencia. Pero también, á no dudarlo, es cinica la inmoralidad con que se adoptan profesiones y oficios sin consideración, antes con absoluto menosprecio, de los deberes que imponen las funciones sociales.

Si se adoptara el procedimiento de la estricta honradez, que aprende lo que no sabe para hacerlo bien, ó que vence las repugnancias que impone una función ¡«apropiada para desempeñarla con sujeción á los deberes inherentes á ella, menos mal. Pero universidades, academias, institutos, seminarios, colegiatas, catedrales, parroquias, fábricas, almacenes, barcos, naves de guerra, arsenales, astilleros, aduanas, bancos, contadurías, receptorías, solios, sitiales y enrules están llenos de favoritos de la herencia ó la fortuna, de desesperados ó de desocupados que hacen en la colmena social la competencia privilegiada á Ion hijos de su trabajo, de su esfuerzo, de su deber y de sus méritos. Aun en las mismas relaciones industriales que, eu fuerza de la ley natural de los servicios, se rigen generalmente por la oferta y la demanda, aun ahí compite con la vocación ía ineptitud, y con el deber cumplido, la burla del deber no conocido ó no aceptado.