Muérete ¡y verás...!: Comedia en cuatro actos · Capítulo real 24 de 39

ESCENA V

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

LOS PRECEDENTES, DON FROILÁN.

ANTONIO.

¡Don Froilán! ¿Adónde bueno? ¿Ya deja usté el baile?

FROILÁN.

Es fiesta que me fastidia y me apesta... Prefiero estarme al sereno. Diversión es el bailar expuesta a mil contingencias. Sus fatales consecuencias he visto a muchos llorar. Ya pincha como lanceta el alfiler de un justillo; ya se disloca un tobillo al hacer una pirueta; ya, por estar ajustado, se revienta el pantalón; ya encaja mal el balcón y entra un dolor de costado. El ruido, la barahúnda le vuelven a un hombre loco... Y no es difícil tampoco que se abra el techo y se hunda.

LUPERCIO.

(_Bajo a don Mariano_). Todo es triste para él.

ANTONIO.

¿Y las hermanitas bellas? Allí estarán.

FROILÁN.

Sí; una de ellas.

PABLO.

(Cielos... ¡Oh! Será Isabel.)

ANTONIO.

¿Es Jacinta?

FROILÁN.

Justamente.

PABLO.

(¡Ah!...)

MARIANO.

¿Cómo no están las dos?

PABLO.

(¡Ella baila, justo Dios, y yo de cuerpo presente!)

FROILÁN.

¿Baile la otra? Ni el nombre sufriría. Es tan adusta...

BARBERO.

Pues mire usté; a mí me gusta... (_En voz baja a don Pablo. Ambos se mantienen a la puerta de la tienda algo distantes de los demás_).

PABLO.

Silencio...

BARBERO.

(¿Quién será este hombre?)

ANTONIO.

¿Y don Matías, el fiel adorador de Jacinta?

FROILÁN.

Tierno está como un Aminta.

ANTONIO.

¿Y ella?

FROILÁN.

Se muere por él.

PABLO.

(¡Eso más! ¡Pérfida!... ¡Ingratos!...)

LUPERCIO.

Boda habrá.

FROILÁN.

¿No la ha de haber? Mañana al anochecer se celebran los contratos.

PABLO.

(Muérete ¡y verás!... ¡Ah, perra!)

ANTONIO.

Pero, amigo, usted confiese que es infamia... ¡Si lo viese el que está pudriendo tierra!

FROILÁN.

Sin razón se quejaría, porque ¿qué mal hay en esto? Nada. A rey muerto, rey puesto. Lo demás es bobería.

(_Suena otra vez la campana_).

PABLO.

(¡Habrá pícaro!)

FROILÁN.

¡Qué diablo!... Me aturde ese campaneo. ¿Es sermón, o jubileo?

MARIANO.

No. Las honras de don Pablo.

ANTONIO.

Pues ¡qué! ¿Usted no lo sabía?

FROILÁN.

¿Qué he de saber? No por cierto.

LUPERCIO.

Pues ya. Sabiendo que el muerto es don Pablo, asistiría...

FROILÁN.

No tal. Tengo mil asuntos... Es muy triste un ataúd... No poseo la virtud de resucitar difuntos.

PABLO.

(¡Bribón! Aunque tú no quieras, resucitaré, y tres más; y mañana sentirás que no haya muerto de veras.)

FROILÁN.

Ya al solemne funeral el domingo asistí yo que por su alma celebró la Milicia nacional. ¡Dos entierros! ¡Qué boato! ¿Tanto valía su nombre? ¡Dos entierros para un hombre que falleció _ab intestato_!

BARBERO.

¡Qué tío!

PABLO.

¡Por Dios, maestro!... (_Haciéndole callar_).

FROILÁN.

Y es todo en vano. Yo sé que al otro mundo se fue sin rezar un _padrenuestro_. Él buscó su muerte; sí, y por eso no me aflige. Yo su horóscopo le dije y no hizo caso de mí.

ANTONIO.

Pero, hombre...

FROILÁN.

Las ocho... Aún llego al acto segundo. Estoy convidado... Ea, me voy a la ópera. Hasta luego.