Nociones de economía política · Capítulo real 11 de 11

CAPITULO IV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO IV

INSTITUCIONES DE SEGUROS.

1. Juau, joveu albañil, se eufenua de l^fo, el mismo año en que principia a trabajar, cuando no le lia sido posible ahorrar cantidad alguna, v su enfermedad se alarga durante muchos días desgraciadamente. Juan no puede llamar a un uKklico, porque no tiene con qué pagarlo, ni tampoco comprar medicinas V alimentos, por igual motivo; de aquí que su infeliz familia se vea obligada al fin a llevarlo al hospital. Juan pasa allí tristemente varias semanas, entre enfermos indigentes y personas a quienes no conoce, mientras que su familia sufre hambre día a día. Pedro, un excelente ingeniero de minas, casado y con un hijo pequeño, se enferma gravemente a consecuencia de una caída que sufre al bajar a una mina, y muere muy i)oco tiempo después; como sól(» liacía tres años que había comenzado n trabajar, sus economías apenas bastan para pagar a los médicos que lo asisten, y, a su muerte, deja a su familia, i)or lo mismo, en una completa miseria. Vemos asi que un individuo que no tenga capital, está expuesto a enfermarse o a morir antes de que haya

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I»odido aliori-ar- ima suma suficdeute para subsistir durante su enfermedad o para dejar asegurado el porvenir de su familia. Todavía más : un capitalista pu^ede arruinarse de la noche a la mañana, cuando menos lo espere, y caer en la mayor pobreza, ya porque se incendie su tienda, fábrica o casa y cuanto éstas contengan : ya porque naufrague el buque en que le envían del extranjero las mercancías que había comprado allí por mayor; ya porque una inunílación torrencial o helada temprana destruya las vastas siembras que había hecho ; ya, en fin, por alguna otra causa análoga. Por tanto, aun los capitalistas están e-rpuestos a la miseria. Sentado esto, observaremos que, aunque el hoiubre no j)uede evitar todos los riesgos que amenazan a su persona, como las enfermedades y la muerte, ni tampoco todos los riesgos que amenazan sus bienes, como los incendios, los naufragios, las inundaciones, las heladas, etc., sí puede por lo menos remediarlos en parte, esto es, disminuir stis efectos ; verbigracia : previendo Pedro que de un momento a otro puede morir sin dejar todavía bienes bastantes a su familia para que no sufra miserias ni escaseces, busca a su amigo Juan, persona rica y le dice : yo me comprometo a darte desde ahora 15 pesos mensuales, o sean 180 pesos cada ano, a condición de que a mi muerte entregues a mi familia 5^000 pesos; como Juan sabe que Pedro tiene sólo 24 años de edad y que goza de excelente salud, comprende que es muy probable que no muera pronto y que, por lo contrario, es casi seguro que llegue a una edad avanzada, o lo que es igual, que le queden todavía 26 años o más de vida; que por consiguiente, él,

Juan, puede recibir 2G anualidades cuando menos, las cuales, en junto, ascenderán a 4,680 pesos, y que, invii'tiendo éstas, a medida que las perciba, en alguna industria, o dándolas en préstamo a tal o cual persona, obtendrá durante esos 20 años una suma mayor que los 5,000 pesos que debe entregar a la familia de Pedro; en una palabra, que si acepta el contrato que se le proi)one, quedará en aptitud de adquirir 10,000 pesos o más ,de los cuales sólo tendrá que devolver 5,000 a la familia de Pedro: naturalmente, Juan no desconoce que su amigo puede morir antes de llegar a una edad avanzada, quizá en el mismo día en que celebre el contrato con él: mas como esto es muy poco prohiibJe, se resuelve a hacer la operación, crej'endo fundada iiiaite que va a realizar una buena utilidad. La misma cosa sucederá si Pedro, siendo capitalista, prevé un riesgo que amenace sus bienes; por ejemplo, compra varias mercancías en Europa para venderlas en su país, y antes de embarcarlas y a fin de ponerse a salvt» de las fuertes pérdidas que le originaría un naufragio, busca a Juan y le ofrece determinada suma, que le entregará por una sola vez y será tanto más grande cuanto mayor sea el valor de dichas mercancías, a condición de que le pague el valor de éstas en el caso de que naufraguen; como Juan sabe que los naufragios son en extremo raros, sobre t(»<lo ahora que se fabrican excelentes buques, piensa no sin razón, que el buque donde vienen las repetidas mercancías no naufragará ; y esperando ganar, casi sin peligro alguno, la suma que le ofrece l'edro, acepta en seguida la proposición de éste. Ahora bien, llámase contrato de seguro el convenio qne celebra una per-

sonn a fin de ponerse o salvo, ¡nás o menos completamente, de los resultados de un riesgo determinado a que esté expuesta.

2. Como los contratos de seguros requieren de parte del asegurador un capital exorbitante, pues para asegurar únicamente unas cuantas fábricas de importancia pueden necesitarse varios millones de pesos, y como, por otra parte, no es común que un individuo aislado posea tal cajjital o que desee, aun cuando lo posea, dedicarlo a una sola empresa, resulta que los aseguradores son casi siempre compañías formadas por un gran número de personas que, contribuyendo con una parte de sus riquezas, llegan a reunir un capital inmenso. Dichas comiiañls se dividen en varias clases, según sea la especie de operaciones a que se dediquen; las hay así entre otras.; de seguros marítimos, que son las que aseguran las mercancías que se transportan por mar para el caso de que naufraguen; de seguros contra incendio, que son las que aseguran los bieues muebles e inmuebles para el caso de que se pierdan a causa de una quemazón ; de seguros contra las heladas, que son las que aseguran las siembras para el caso de que se hielen; de seguros contra las enfermedades, que son las que aseguran a un individuo para el caso de que se enferme; y de seguros sobre la vida, que son las que aseguran a cualquier individuo para el caso de que llegue a cierta edad, y a las familias para el caso de que fallezca el miembro de ellas que se haya asegurado. Todo contrato de seguro es susceptible de revestir dos formas, esto es, puede .ser, o ínutuo, o a prima: hay seguro a prima, cuando el asegurado se obliga a pagar al asegurador, pe-

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riódicamente y clurante cierto tiempo, una suma previamente convenida; j hay seguro muluo, cuando cierto número de personas, amenazadas por el mismo riesgo; se asocian, comprometiéndose a indemnizar en común a cualquiera de ellas que llegue a sufrir dicho riesgo. Esta última forma de seguros revisten las sociedades de auxilios mutuos, de las cuales, por ser muy importantes, hablaremos especialmente en el capítulo siguiente.

3. No se crea que las compañías de seguros son instituciones que obran ciegamente sin tener una base cierta para señalar a los asegurados la cuota o prima que deben pagar, y sin saber de antemano qué resultados obtendrán. Consultando la estadística, ciencia que indaga qué número de acontecimientos determinados se veritican periódicamente en una nación, como las defunciones, los incendios, los naufragios, etc., o en otros términos, ciencia que tiene por objeto enseñar numéricamente cuanto se refiere a la población, al comercio, etc., de un país, dichas compañías jmeden saber, por ejemplo, que entre 10,(100 fincas que existen, se incendia una anualmente, y que, por lo mismo, a cada propietario que asegure su casa, deben pedirle la diezmilésima i)arte del valor de ésta, mas una pe<iueña cantidad que se destina para cubrir la remuneración correspondiente y los gastos de administración de la propia compañía aseguradora. De tal suerte, los seguros no ofrecen peligro de pérdida para las conipañías que los otorgan.

4. Enumeraremos aquí, siíjuiera sea someramente, algunas de las ventajas (pie producen los seguros :

I. Ijos aeguros! que se refieren a los hiencx, como Ion niaritimos, etc., impideu que un gran número de fortunas llegue a desaparecer, causando la ruina de sus dueños v dejando sin trabajo a los obreros empleados en las industrias movidas por dichas fortunas. Si no existen, por ejemplo, seguros contra incendio, en el caso de que se queme una fábrica, su dueño no podrá reconstruirla, a no ser que disponga de un capital cuantioso, por lo cual caerá en una completa miseria seguramente, y todos los obreros que de él dependan carecerán de trabajo : existiendo tales seguros, por lo contrario, v estando asegurada dicha fábrica, su dueño la reconstruirá sin pérdida de tiemjjo con la indemnización que reciba, V ocupará en la reconstrucción, mientras se restablecen las cosas a su primer estado, si no a todos, a la mayor parte, por lo menos, de sus obreros: el desastre no tendrá, pues, ninguna trascendencia deplorable.

II. Un obrero que, por haberse asegurado, tiene, cuando llega a enfermarse, médico que lo asista y cuantas medicinas necesite, no morirá sino en el caso de que le ataque una enfermedad incurable, ni durará tampoco mucho tiempo en la cama : en cambio, no será remoto que muera, o que al menos permanezca largo tiempo sin sanar, el obrero que, por no haberse asegurado, no puede llamar a un médico que le asista, ni medicinarse convenientemente. Además, como merced a los seguros pueden atenderse las enfermedades con eficacia y oportunidad, es muy difícil que éstas se propaguen y den origen a una epidemia. Los seguros contra Jas enfermedades benefician, así, no sólo a los indiridiios; que se

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iisegiiran. salvándolos con frecuencia de una muerte cieria. sino fanihién a ¡a salubridad púhlica en general, impidiendo el contagio y la epidemia.

III. Por último, los seguros sobre la vida, como lo hemos indicado ya, permiten a cualquier individuo ririr descansadamente de sus economías, una vez qur llega a la vejez, y dejar, al morir, recursos bastantes a su familia para cjue ésta pueda continuar subsistiendo sin miserias ni escaseces.

5. X<» hay que pasar inadvertidos, siu embargo, dos inconvenientes que presentan los seguros a prima :

I. Es muy frecuente que las personas que se aseguran, paguen en un principio a la compañía aseguradora las cuotas que ésta les señale, y que, pasado algún tiempo, las suspendan a causa de que carezcan de recursos suñcientes; en tal caso, pierden las cantidades que han pagado con anterioridad, y sus privaciones resultan, por lo mismo, completamente estériles. Para evitarlo, es preciso, pues, que todo individuo, antes de asegurarse, estudie detenidamente si le será o no posible entregar con exactitud a la compañía aseguradora las cuotas que le exija hasta que termine el plazo estipulado; así, yo no me aseguraré si no tengo la firme convicción de que las sumas que ahorro ahora y que rae permiten pagar la cuota periódica que importa mi seguro, no mermarán después de un modo sensible, va porque disminuyan mis ganancias ,ya porque aumenten mis necesidades o las de mi familia; si no . abrigo esa convicción, preferiré entonces depositar mis economías en una caja de ahori-os }»ara no oxpo iierme a jíerík'rlas más larde j)or completo.

TI. Si una persona no ha asegarado sus bienes natnral es qne pi'ocnre conservarlos con la mayor (liliiiencia y que esté alerta siempre, a fin de prevenir todo riesgo, sabiendo que, si llega a perderlos, se arrninará irremisiblemente; verbigracia, un jefe de familia pobre que no haya celebrado un contrato de seguro para el caso de que se enferme o de que fallezca, cuidará extremadamente de su salud, no ignorando que el día que contraiga una enfermedad, «> que muera, su mujer y sus hijos caerán en la miseria. Por lo contrario, no es raro que las personas ,fue se aseguran, se vuelvan poco previsoras o nec/li- ;ientes, pensando que, en caso de un desastre, ellas n.iismas O sus deudos recibirán una suma más o raenos considerable de la compañía aseguradora, que las pondrá a salvo de la ruina o de la miseria ; más aún: se ha observado que algunos seguros, como los que se otorgan para el caso de incendio, provocan en cierto modo la crifninalidad ; nñichos comerciantes perversos, por ejemplo, aseguran sus tiendas, y cuando se ven arruinados, les prenden fuego para resarcirse de sus pérdidas con la indemnización que esperan obterier de la compañía aseguradora ; es ya un hecho de todos conocido que en las épocas de crisis comercial, los incendios de los establecimientos asegurados son mucho más numerosos que en las épocas de plena prosperidad. Las compañías aseguradoras evitan, sin embargo, este último inconveniente, no contratando sino con personas de reconocida probidad ; ejerciendo sobre éstas una constante vigilancia, a fin de descubrir el delito, si llega a existir, y }n-incipalmente, no estipulando indemuizacio-

nes superiores al valor de loss objetos o edificio.^ as>eguiados.

1. ¿A qué está expuesto un individuo que no tiene capital? ¿Qué peligro corre a su vez una persona que lo tenga? ¿Qué puede hacer el hombre respecto de los riesgos que amenazan a su persona y de los que amenazan sus bienes? ¿Qué se entiende por contrato de seguro?

2. ¿Por qué las instituciones de seguros quedan a cargo de compañías casi siempre? ¿En cuántas clases se dividen las compañías aseguradoras? ¿Cuántas y cuáles son las formas que puede revestir todo contrato de seguro?

3. ¿Tienen las compañías -aseguradoras alguna base cierta para señalar a los asegurados la cuota que éstos deben pagar?

4. ¿Cuántas y cuáles son las ventajas principales que producen los seguros?

5. ¿Cuántos y cuáles son los inconvenientes que presentan? ¿De qué manera pueden remediarse?

CAPITULO y.

SOCIEDADES DE AUXILIOS MUTUOS.

1. Si los iudiv'idiiü.s pobres, cuino lo sou casi todos los trabajadores, depositan sus pequeñas economías en una caja de ahorro, y al poco tiempo, lo que es muy posible, pierden su colocación, se enferman o sufren un accidente que los inhabilite para el trabajo, consinnirún muy pronto las pocas economías que hayan depositado hasta entonces y quedarán entregados luego a la más triste indigencia ; no es fácil, por otra parte, que esos mismos individuos se aseguren con alguna de las compañías de seguros a que nos referimos anteriormente, porque las primas que éstas exigen son superiores, las más de las veces, a las pequeñas economías que ellos logran reunir. De aquí que las clases laboriosas hayan tenido que recurrir a un medio especial para ponerse a salvo de los riesgos que las amenazan. Para lograr esto no han necesitado, sin embargo, imponerse grandes privaciones ni modificar en manera alguna su género de vida normal ; verbigracia, los operarios de tal o cual fábrica, deseando asegurarse para el caso de enfermedad, forman entre sí una asocia-

cióu. comprometiéndose a contrihvir, cada uno, niensualmeute, con la suma de 75 centavos; si alguno de ellos cae enfermo, la sociación cuida entonces de proporcionarle gratuitamente y día a día, mientras dura la enfermedad, una cantidad casi igual a su salario, para alimentos, médico que lo asista j cuantas medicinas sean indispensables. Ahora bien, (fitas asociaciones, que pueden constituir los obreros, los empleados, los comerciantes al por menor y aún los dueños de pequeñas propiedades, a fin de formar un fondo común por medio de cuotas módiase para indemnizar con él al asociado o asociados que lleguen a sufrir un daño previsto, se llaman sociedades de auxilios mutuos.

2. Aunque tales asociaciones pueden dividirse en muchas clases, según sea la especie del riesgo de que los asociados traten de ponerse a salvo, no juzgamos necesario indicar aquí sino las jjrincipales, o sea las que tienen por objeto :

I. Asegurar una pensión a los asociados para el caso de que por uno ú otro motivo pierdan su colocación temporalmente.

IT. Proporcionar a los asociados dinero, médico v medicinas en caso de enfermedad.

III. Asegurar una i>ensión a los asociados para cuando, por cualquier accidente, queden imposibilitados para el trabajo.

W . Asegurar una pensión a las familias de los asociados (|ue mueran y que dejen hijos pequeños, para la alimentación y educación de éstos.

y. Asegurar una pensión a los pi-opios asegura dos para cuando lleguen a la vejez.

'■\. Para (lue las sociedades de auxilios mutuos

realicen satisfaetoriameute su objeto y no se expongan a un fracaso, es indispensable que llenen los siguientes requisitos :

I. Que su administración se encomiende a personas que tengan los conocimientos necesarios para hacer que el fondo social no quede improductivo^ sino que, por lo contrario, se multiplique, recibiendo un buen empleo. De este modo, las cuotas que se exijan a los asociados serán tanto menores cuanto mayores sean las utilidades que se obtengan.

II. Que dichas cuotas se fijen en atención a la edad, estado de salud y género de profesión de cada uno de sus miembros; así, se pedirá más al individuo de edad avanzada, atacado de enfermedad crónica, o empleado en una industria peligrosa, como en las minas, que a un joven que goce de excelente salud y que se ocupe en los trabajos del campo : no sería equitativo que ambos diesen sumas iguales, estando sujetos a riesgos completamente distintos.

III. Que el número de los asociados sea considerare, pues de otra suerte no es posible que se hagan los cálculos con exactitud, a fin de señalar las cuotas correspondientes ; verbigracia, no es fácil que adivinemos lo que acontecerá a una persona, independientemente de las demás; pero sí podríamos saber, aleccionados por la estadística, y aun por nuestra propia experiencia, que de cada cien obreros se enferman diez anualmente.

IV. Que cada asociación se forme de individuos dedicados a la misma especie de trabajo; siendo casi iguales los riesgos de los asociados, los cálculos se simplifican y los resultados de la asociación se preveen mejor; además, la comunidad de trabajo tie-

ue que unir íntima mente a los miembros de la asociación, cuya marcha se facilitará así mucho por lo mismo.

4. Ahora bien, si las sociedades de auxilios mutuits llenan todos los anteriores requisitos, serán evidenietnente preferibles a las instituciones de seguros a prima, porque en éstas las utilidades se dividen entre los asociados v el asegurador, mientras (jue en aqtiéllas pertenecen íntegramente a los asociados, los cuales asumen también el carácter de aseguradores; esto mismo hace, además, que las cuotas puedan ser menores en las sociedades de auxilios mutuos, por lo que los aseguradores no tendrán que imponerse grandes privaciones para pagarlas.

1. ¿Qué inconvenientes presentan los seguros a prima, respecto de las clases pobres? ¿De qué manera se han remediado éstos? ¿Qué se entiende por sociedades de auxilios mutuos?

2. ¿Cnántas y cuáles son las ventajas de estas asociaciones?

3. ¿Cuántos y cuáles son los requisitos que deben llenar para no exponerse a un fracaso?

4. ¿Qué razones hay para preferir las sociedades de auxilios mutuos bien organizadas a las instituciones de seguros a prima?

RESUMEN.

Habiendo aprendido anteriormente de qné modo se producen, se distribuyen y circulan las riquezas, hemos estudiado ahora :

1. Que las riquezas, una vez producidas, pueden, • I bien ser destinadas a la alimentación o a una nueva producción, o bien ser reservadas para alguna necesidad; en el primer caso se dice que hay consu- )ir>. y en el último, que hay ahono: tales son los dos einp}('0.<< que se puede dar a las riquezas.

TI. No siendo posible obligar a nadie a que com- \>w artículos que no necesite o que no sean de su agrado, la producción debe estar subordinada siem- ])re al consumo, esto es, a los gustos y necesidades del comprador, sin que sea indispensable, no obstante, que la producción se limite a las industrias ya establecidas, puesto que no es raro que existan muchísimos objetos nuevos que satisfagan los gustos o necesidades del consumidor, del mismo o mejor modo que los objetos ya conocidos. La destruc- 'ion de la utilidad de un objeto que se destina a satisfacer inmediata o directamente tales o cuales necesidades, constituye lo que se llama consumo improductivo; y la transformación de la utilidad de

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uu objeto que se consagra a la producción de nuevas riquezas, constituye lo que se llama consumo productivo. Aunque en términos generales, ambas especies de consumo son igualmente necesarias, hay que evitar, sin embargo, la prodigalidad y la avaricia, extremos deplorables en los que no caen los individuos prudentes y morigerados que saben a justar sus gastos a sus ganancias, reservando una pequeña parte de éstas para un caso de necesidad. Se llama lujo todo gasto (pie excede de lo que comúnmente se emplea para vivir con decencia y holgura, el cual varía con el tiempo y los lugares; no debe confundirse con la prodigalidad, porque en tanto que el pródigo gasta todas sus riquezas, el hond>re de lujo no gasta sino sus rentas o utilidades, dejando intacto su capital. Ko es exacto que el lujo í//.s'- niinuya el número de trabajadores en la producción de artículos de utilidad general, una vez que nuiua se ha visto, por ejemplo, que para establecer una joyería o una fundición artística, se cierre una panadería o una fábrica de mantas. El lujo presenta por lo contrario, entre otras, las siguientes ventajas: 1\, debido a él, han podido nacer y desarrollarse las industrias que tienen por objeto las bellas artes; sin su influencia, nunca se habrían hecho los instrumentos musicales ni las estatuas, ni las pinturas, etc. ; 2^., constituye un poderoso estimulante del trabajo, en el que no nos esforzaríamos si estuviésemos obligados siemi)re a comer de un modo sobrio, a vestir con sencillez y a habitar casas modestas, porque todo esto lo lograríamos con una suma de dinero relativamente insignificante; 3*., hace (jue se com)»ren muchos objetos como las joyas j

las estatuas, que coustituven inia útil resei-va de la que puede di.spouerse eu lo.s tiemp(».s de escasez. A i>esai' de estas ventajas, la Econoiuía Política uo Ituede i>üuerse eu pugua cou la moral y aprobar toda especie de lujo, aúu el vauameuíe iusoleute, que solo asjiira a coulrastar cou la pobreza couiúu de las masas.

ITT. Se llauui ahorro el acto eu virtud del cual una persoua se abstiene de consumir una parte de sus ganancias, a fin de formarse un foudo cou el cual ]>ueda subsistir eu caso de uecesidad. Como i'l espíritu de precisión es el origen del aborro, debemos de cultivar aquél cuidadosamente. T'na ynvsona ¡mede ahorrar sumas cousiderables siu privarse, uo obstaute, de uinguua comodidad, por lo cual ('s preciso no coufuudir el aborro con la arar ida. Xo sólo para ajustar nuestros gastos a nuestras ganancias, sino, además, par asaber qué cantidad podemos destinar al ahorro, es indispensable que formemos i)eriódicameute nuestro presupuesto indivi- 'lual. El ahorro puede tener dos empleos: uno, inijiroductivo, o sea el simple atesoramiento, y otro, /irod'uetivo, que recibe el nombre de colocaeión; ésta, hecha con tino y prudencia, da nacimiento al '■apital. Los beneficios de maj^or importancia que ¡roduce el ahorro, son: 1'., poner a salvo de la ruila y de la mi.seria a las persouas que ahorran; 2"., asegurar el porvenir de las familias en el caso de que muera el jefe de ellas; 3"., constituir el medio nu'is 'sonroso que pueda tener un individuo para mejorar II coudición social; 4"., ser causa i)rincipal del eu- '•randecimiento de las naciones. No es verdad, como '■■' cree vulgarmente, (jue el aboi-i'o i^n¡t)i(¡ue la mez

guindad, ni tampoco que disminuya el trabajo, substrayendo fie la producción los capitales economiza dos.

IV. Para dar a los ahorros la mayor eficacia posi ble, es preciso que no permanezcan aislados, ni tampoco en manos de sus dueños, sino que se unan y pasen a poder de instituciones especiales, las cuales, formando con todos ellos un fondo respetable, pue dan dedicarlo sin dificultad alguna a cualquier nejíocio lucrativo; así, las sumas que se ahorran, por insignificantes que se las suponga, nunca serán estériles y tendrán, por lo contrario, que producir siempre una utilidad. Las principales formas que revisten tales instituciones, son las llamadas cajas de ahorro, instituciones de seguros y sociedades de auxilios mutuos. Se llaman cajas de ahorro los establecimientos esencialmente benéficos y semejantes a los bancos, que reciben en depósito todos los ahon-os que se les confian, aún los extremadamente pequeños ; forman cí)n ellos un fondo más o menos t uantioso, al que dan una colocación segura, v pagan de las ganancias que obtienen, un rédito moderado, a los depositantes. Primitivamente sólo existían las cajas de ahorro privadas, pero poco después nacieron las administradas por el Estado. Los fcmdos de unas y otras deben destinarse a operaciones comple lamente productivas y seguras y no darse en préstamo al Estado, como se ha acosttimbrado en algunos jtaíses. El Estado debe procurar que las cajas de ii horro privadas garanticen debidamente el reembolso de las sumas que reciben en depósito. En Mé rico no se han desarrollado sttficientemente todavía tan benéficas instituciones.

V. Se llama contrato de seguro el convenio que celebra nna ])eis(>na con otra u otras, a íin de po nerse a salvo, más o menos completamente, de las consecuencias de un riesgo determinado, al que esté expuesta. Como estos contratos requieren' de parte del asegurador, un capital exorbitante, son casi siempre compañías las que expiden los seguros, sean marítimos, contra incendio, sobre la vida, etc., pudieudo revestir todos ellos dos formas : la de seguro a prima j la de seguro mutuo. Las operaciones de seguros tienen una base cierta y no ofrecen, por tanto, peligro de pérdida para las compañías que se dedican a ellas. Entre las ventajas que producen los seguros, se pueden enumerar las siguientes: 1^., los seguros sobre los bienes impiden que un gran uúmer*o de fortunas desaparezca ; 2^, los relativos a las enfermedades benefician no sólo a los individuos que se aseguran, sino también a la salubridad pública en general, evitando el contagio y la epidemia ; •j^., los seguros sobre la vida permiten que cualquier individuo, luego que llegue a la vejez, viva descansa - «lamente, y deje, al morir, recursos bastantes a su familia para que ésta pueda continuar subsistiendo sin miserias ni escaseces. No obstante, los seguros a }>rima presentan dos inconvenientes: 1°., en caso de que los asegurados dejen de pagar la cuota que tienen obligación de entregar periódicamente a la compañía aseguradora, pierden todas las cantidades que ha} an dado a ésta con anterioridad ; 2°., los mismos asegurados se vuelven con frecuencia poco previsores, o negligentes para evitar el desastre previsto, y aun llegan a provocarlo dolosamente, sabiendo que, nna vez (pie se verifique, si consiguen

I iuubi'ir su crimen, en Ingar de ser castigados, relibirán nna indemnización más o jnenos cuantiosa de la compañía aseguradora. VA Estado debe procurar (}ue dichas instituciones, de igual modo que las cajas de'aliorro, ofrezcan las <lcbi<la.s (jaiaiilíns a los asegurados.

VT. Se da el nombre de sociedades de auxilios iinifiios a las asociaciones constituidas hasta ahora nnicaniente por los obreros y por los empleados ; pero (pie i»ueden serlo de un modo igual ])or los comerciantes al por menor y aun ])or los dueños de i>e- (jiieñas ])ro}>iedades, a iiu de formar un fondo común ]>or medio de cuotas módicas para iudemni zar con él al asociado o asociados que lleguen a sufrir un daño previsto. Entre los ol)jetos es])eciales (pie pueden tener tales asociaciones, deben citarse l(»s siguientes: 1".. asegurar una pensión a los asociados ])ara el caso de que queden sin trahujo tem- ]K)ralmente; 2"., pr()})orcionar]es, si se enferman, dinero, médico y medicinas; H"., asegurarles una [tensión si llegan a tpiedar imjtosibilitados para el tral)ajo a causa de algún aeeidcnle; 4"., asegurar una pensión a las familias de los asociados que unieran y <pie dejen hijos ])e(pieños, jtara la alimentación v educación de éstos; 5"., asegurar una pensión a los ]»ropios asegurados para cuando lleguen a la. rejez. A íin de que los repetidos asociados realicen satisfactoriamente su objeto y no se expongan a un fracaso, es indispensable: 1"., que la, administi'ación de la sociedad se confíe a personas competentes : 2"., que las cuotas se fijen equitativamente en atención a la edad, estado de salud y género de profesión d(í cada uno <le sus m¡eud)ros; 3"., que el número de

óstos sea coiisidcrahle ; 4"., que la sociedad se forme de individuos dedicados a la mistiia especie de li-(ih(ij(). Por último, si las sociedades de auxilios mutuos lleimn todos estos requisitos, serán prefcrihles a las instituciones de seguros a prima, porque darán mayores utilidades a los asegurados y no requerirán una fuerte })rima de parte de éstos.

Terminado así nuestro estudio, podemos decir, con entera conciencia, que la Economía Política, es la ciencia que nos enseña de qué manera, se producen, se disirihuiien, drcuhin ij se emplean las riqueitas.

FIN.

IINDICE.

PRODUCCIÓN DE LAS RIQUEZAS

Págs.

Introducción. Necesidades, Riquezas i 7

Cap. i. La producción de las riquezas. Sus factores 11

,, II. La naturaleza 14

,, III. El trabajo Ití

„ IV. El capital 21

,, V. La libertad del trabajo 25

,, VI. La división del trabajo 29

,. VII. Las máquinas 34

, , VIII. El Empresario 38

, , IX. Las asociaciones 41

Resumen 46

DISTRIBUCIÓN DE LAS RIQUEZAS

Introducción 49

Cap. I. Los salarios 52

,, II. Los réditos 57

, , III. Los beneñcios 61

Resumen 66

Págs. CIRCULACIÓN DE LAS RIQUEZAS

Introducción 69

Cap. i. La moneda T2

,, II. Principios generales del crédito 79

,, III. Títulos de crédito 84

, , IV. Los Bancos 90

Resumen 94

RENTAS DEL ESTADO Y DEUDA PUBLICA

Introducción 97

Cap. i. Contribuciones — 100

,, II. Principios generales de los presupuestos 107

,, III. Egresos e ingresos 111

,, lY. Empréstitos públicos 116

,, T. Deuda pública 1--

., VI. Conversión y amortización de la deuda

pública 1-8

Resumen l-í-

EL EMPLEO DE LAS RIQUEZAS

Introducción 1 37

Cap. I. El consumo l-)8

., II. Principios generales del ahorro 145

ni. Cajas de ahorro 154

,, I\'. Instituciones de seguros !•>-

,, V. Sociedades de auxilios mu^os 171

Resumen 1"5