Nociones elementales de agricultura · Unidad 28 de 106

Unidad 28 · DE LAS TIERRAS ARABLES. 01

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DE LAS TIERRAS ARABLES. 01

por el agua, así es que puede decirse que los vegetales necesitaa el agua en cantidad bastante para disolver las sales que se van introduciendo poco á poco en los tejidos por medio de la absorción de las raíces. 3* Hemos dicho que el vegetal para vivir, la semilla para desarrollarse, necesita una cantidad de calor que siempre es constante para cada especie^ pero que en general, para la producción de la nilr4íicación ni debe bajar de 4<* cuatro grados centígrados, (porque ya eí agua próxima á congelarse no disuelve el ácidp nítrico) ni debe pasar de 4o<», porque el exceso de calor en lugar de fijar el ácido lo restituye á la atmósfera. 4* Por último, para que la nitrificación sea perfecta la tierra deberá contener caliza.

Estos conocimientos son de importancia para el apicultor, pues con ellos puede darse cuenta de los fenómenos que pasan en la tierra arable y sabe apreciar los que favorecen sus intereses ó los que le perjudican, pudiendo así llevar el remedio á los unos y aprovechar con conocimiento los otros.

El ázoe que proviene de la descomposición de la materia orgánica es ínsoluble, es decir, que en ese estado no lo aprovecha la planta para su nutrición, de aquí la utilidad de la aereación de la tierra para que el aire sumínislre el oxígeno que lo habrá de trasformar en ácido nítrico, que es soluble, y por lo tanto el alimento más importante para la. planta. Si la lluvia es en abundancia, mucho de este ácido se disuelye en el agua y se pierde en el subsuelo, sin que pueda aprovecharlo la planta. En este caso el labrador pierde diner<» sin saberlo, porque disminuyendo los elementos de nutrición de la planta di.sminuye también su rendimiento. De a(|uí se desprende la consecuencia práctica de que el labrador puede activar ó moderar la nitrificación de les terrenos, removiendo la tierra, volteándola, para que el aire ataque la materia orgánica ó bien por medio de los abonos calizos. Pero el labrador debe obrar con prudencia, tanto en el volteamiento como en el abono, y hacerlos solamente cuando las necesidades del terreno lo demanden.

En la armonía de la naturaleza todo está previsto, y si el ácido nítrico y aun el carbónico disueltos en el agua se pierden en el subsuelo arrastrados por las corrientes que producen las grandes lluvias, en cambio la tierra tiene la propiedad de retener otras su.stancias que son también de grande importancia en la nutrición de la planta, como la potasa y sus sales; el ácido fosfórico y los fosfatos, así como el ázoe amoniacal ó el ázoe orgánico que ya sabemos es insoluble en el agua. Todos estos elementos concurren también á la nutrición dol vegetal y las tierras los conservan para irlos suministrando á medida que va creciendo la planta.

80. íQiié ohjplii liene el rtiiiover las tiKrras anles de prnceiierse i Im siembras! — 87. ¿Cuíl es «1 papel del ioido rsrbinirü que se hilli en exceso en el aire que «¡rcula en el seno de lii lierra?— 88. ¿Qné oirn renAmeni) Üeot lupr en el sean d« lü tierra v que hsnittt la niilrtriúa de U planln ?

ObBervaoionea y experiencias complementarias. —

Pnra (|U6 lus alumnos <IÍKlÍDí;3n prá di en monte lo difiTeDCia <le loi simlOE, se Icndni ú su vi.tla en jiotos de crii;[al, diversas eliises de tiitrrns, nrcillnsas, areiíDsas, calizus, Ituntíferas, turba, atf., ele. El prarcsor liará nolnr que la tierra arable di'be enlistar de arena, arcillo, cali»! y humus, y segÚD la sualancia que domina asi recilx la lierru el nombre de arenosa, arcillosa, caüía, ele, no debiendo normalinenlp predominar ninguna de ellas, porque ya es im|)ropia parn tn geriiiiniición, y á corregir esos defoclai se dirigea los abonos, (Vouse el piírraío 90.)

Aunque el análisis químico de hi tierras os muy dificil, y seríi ¡nii>oiíil>lc entrar en oslos delalle.s de quiímca agrícola en una olira elemenlal, el agricultor puede hacer uso de algunos |irocediimenlos sencillos, para conocer aunque sea aproximadaiuente la conipusicióa de las liei']'a.«, pero lo bnslanle |>ara la elección de los abonos que nece^^ilen y saber elegir la clase de semilla que les coi - viene. He aqni los tres i^incipnles prO' cdimienlüs que puede seguir el agricnllor para el recuiiociniícnlii de liis tierras, iudicados (lor .\1. León Gérutdtn, en su otirn tituludn « Las planins a : a 1" He aqui un tiesto llcun do tierra que han steado bien y limpiado de todas JIM pUdriu gniesas : lo }ieso y hallo 100 (¡ramos. Ponfto los fOÜfiíanins di' lierrn cu un ciirliarún como el que , , ., usan los |>laiucros para derretir la^ iisidí: soldaduras y los caliento lia.ila el reyu. Toila la. matfria onjiiniei y si peso de nuevo la tierra, iii ]>érditta (te peio me indica nee rinmmte bt cantidad tfe humus f/ue conknfa,

a 'Z' ,No es menos l'áetl la opernciún ron I» arcilla. Vuel'

F¡K. *i. -