Notas sobre el cultivo en camellones en Cuba y Haití · Capítulo real 1 de 1

Notas sobre el cultivo en camellones en Cuba y Haití

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 12 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

AGRICULTURA

DE LOS indígenas DE CUBA Y HAITÍ

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5927. — IMPRENTA A. LAHURE dy cpUe fléurus.

NOTAS ACERCA DEL CULTIVO EN CAMELLONES

AGRICULTURA

LOS liidiiS DE CÜBi í HilTi

POR

EL DOCTOR

Don ALVARO pYNOSO

DELEGADO ER PARÍS POR EL CONGRESO INTERHAGIONAL DE AHBRICAnSTAS nORRBSPOSDIEMTB DE U REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA DB VADlUD, BTC, ETC.

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ERNESTO LEROUX, EDITOR

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DON FABIÁN G. DEL CASTAÑO

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Nos proponemos dar á luz una nueva edición, nota, blemente corregida y aumentada de nuestros « Apuntes acerca de varios cultivos cubanos. »

Hemos creido conveniente separar de esa próxima publicación lo que se refiere al cultivo de los tubérculos por los indígenas de Cuba y Haití, porque en ella no podíamos exponer ciertas consideraciones ; mientras que, en la presente forma, es posible manifestarlas oportunamente con un fin determinado.

Esperamos que estos estudios serán útiles en la practica moderna, sirviendo además de documento para escribir la historia agrícola de los indígenas del NuevoMundo.

.NOTAS

ACERCA DEL CULTIVO EN CAMELLONES

AGRICULTURA

DE LOS INDÍGENAS DE CUBA Y HAITÍ

El asunto que nos ocupa presenta numerosas y variadas relaciones con otros parliculares de tan interesante estudio, que en verdad nos será difícil y penoso concrelarnos á lo que en cortos términos puede esclarecerlo. ¥ asi debemos, sin embargo, hacerlo para evilar confusiones y no distraer la atención del punto principal que deseamos elucidar. Por otra parte, algunas de las materias que incidentalmente tenemos que locar y otras que ni mencionamos, reclamarían volúmenes para ser tratadas. No obstante, creemos, que á pesar de la concisión, se comprenderán los diversos aspectos directos ó indirectos, tácitos ó expresos de la substancia esencial y la trascendencia de todos, siquiera queden algunos únicamente delineados mientras que otros no deben ser ni apuntados. No queremos aventurarnos á plantear problemas, cierto es de vivísimo interés; peí o á nuestro i ntcndíT de problemática ó imposible solución, lo

cual podría conducirnos, como decia Bacon, á desatinar metódicamente.

La aporcadura es una labor de cultivo posterior á la siembra.

La disposición del terreno en almantas acofradas, caballetes, canteros, almorrones, camellones, caballones (billons), es labor de preparación de la tierra para ejecutar luego la siembra, y por tanto la precede. Es anterior á la sementera.

La aporcadura se lleva á cabo en los casos en que la planta en virtud de su propia naturaleza la exige para alcanzar su mayor prosperidad, y también cuando el terreno posee una capa vegetal de poco espesor, ó es húmedo, habiendo menester ser desaguado por la superficie, dado caso que no se haya operado el saneamiento interior ó en ocasiones en que sea preciso emplear el riego por surcos, en cualquiera de sus diversas formas.

La disposición en caballetes conviene ; según la naturaleza de la planta; cuando el terreno tiene una capa vegetal de poca profundidad ; en las circunstancias en que sea necesario sanearlo externamente y cuando de antemano se quiera dejar dispuestas las cosas para el regadío por surcos á fin de evitar más tarde la aporcadura, indispensable para la abertura de las regueras intermedias. La labor en almantas acofradas también se ejecuta muchas veces para facilitar la recolección de las cosechas.

Es de advertir que el estado inicial del terreno exige á veces el cultivo en camellón, con preferencia al cultivo

aporcando, y para mayor sencillez, omitimos distinguir la aporcadura externa de la interna. Si desde el principio el terreno es tan húmedo que ninguna planta pueda en él crecer, salvo las que viven en suelos encharcados ; si la capa vegetal es en demasía poco profunda, necesa-* riamcnte será preciso disponerlo en almantas antes de proceder á la siembra. Si el terreno no es muy bajo, si la humedad se manifiesta en época posterior á la siembra, si la planta encuentra desde luego una capa vegetal bástante profunda, si, por fin, se trata de un vegetal que por esencia debe ser calzado, entonces el cultivo se realiza aporcando. No ovidemos que deben ser siempre aporcadas las plantas que desarrollan raices adventicias por las partes bajas del tallo, y aquellas que originan retoños por el cuello de la raiz ó por el tallo subterráneo, órganos cuyo crece debe ser favorecido amontonando tierra al pié de la planta. Éstas necesariamente habrán de ser calzadas, como operación impuesta por su naturaleza especial, cualesquiera que sean las excelencias de las propiedades del terreno, y aún después de haber labrado en camellón, dado caso que así lo exija el terreno, será menester aporcarlas.

Otras veces la planta, por sus dimensiones transito* rias ó permanentes, no sufre ser calzada, y si se prefiere practicar el riego por regueras intermedias, es de necesidad principiar por labrar en camellón. Bien es cierto que á veces se elude la genuina labor en almantas, ora poniendo la planta en la misma reguera por donde correrá el agua, y entonces, á pesar de la forma en surcos, en realidad se riega por sumersión ó levantando el ca*

mellón á sus espaldas, de suerte que quede á uno de sus lados ; pero sin estar en contacto con la tierra amontonada, es decir, que no se calza. En algunos casos se colocan también las plantas en surcos, que sirven para el desagüe del terreno.

Estas operaciones pueden ser permanentes ó transitorias ; es decir, que á veces se comienza por colocar las plantas en los surcos, por los cuales se riega ó desagua el terreno, ó en el costado de un camellón, elevado deanes de crecida la planta, y luego se aporca definitivamente para que queden calzadas con perfección de uno y otro lado y trazado un surco intermedio, por el cual correrá el agua, ora para regar, bien para sanear el terreno. En otras ocasiones las plantas permanecen definitivamente como fueron puestas.

Todos estos particulares, oscura é incompletamente aqui indicados, quedarán expuestos con claridad en otra publicación, y allí pondremos las láminas convenientes para demostrarlos, con referencia á distintas plantas.

Esta corta exposición es suficiente para hacer comprender la identidad, convergencia, relaciones y diferencias de ambos modos de cultivo, que indistintamente pueden adoptarse en ciertas condiciones, mientras que en otras es indispensable elegir el que con mayor apropiación é idoneidad convenga dados los requisitos especiales existentes y los fines que se deseen alcanzar. Y tratándose de determinados terrenos y de particulares vegetales, habrá que llevar á cabo sucesivamente arabos medios, es decir, que se tendrá que disponer la tierra

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•en almantas y más tarde aporcar las plantas, con lo cual se aumenta la altura de la almanta.

Con mayor claridad. Al tratar del cultivo en almantas acofradas y de la aporcadura externa, es preciso distinguir las circunstancias accidentales y contingentes que los hacen indispensables ó útiles, de las condiciones esenciales inherentes á la naturaleza de la planta que lo imponen. El cultivo en almantas acofradas puede ser un arbitrio exigido por las condiciones del terreno : un requisito del sistema del cultivo : en fin, una circunstancia esencial relativa á la naturaleza de la planta. Como ejecución en el terreno siempre es el mismo ; asi es que cuando más adelante entremos de lleno á describirlo, admitiremos su adopción como mejora progresiva de un cultivo intensivo elegida para aumentar la cosechia de plantas de especial naturaleza y no como arbitrio para remediar ciertos defectos, que más fundamentalmente pudieran, muchas veces, ser corregidos.

En ese concepto el cultivo en almantas acofradas exigirá corno complemento todas las demás mejoras de la agricultura perfeccionada, que según las circunstancias será preciso ejecutar. ¥ se comprende que no puede ser de otro modo, porque como las cosechas tienen que , alternar, es necesario disponer el terreno para que sirva igualmente á todas en general, poniendo luego en ejecución las prácticas relativas á la planta que en turno venga á ocupar el terreno. Conviene advertir que en la generalidad de los casos el cultivo en almantas |aco frs^das se ha adoptado como un recurso para evitar ma

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les consiguientes á las propiedades del terreno, las cuales no se han modificado.

Por no hacer tan sencillas distinciones, vemos con frecuencia que ciertos agricultores condenan en absoluto el cultivo en caballetes, teniendo solo en consideración los males que puede originar, sin atender á los beneficios que procura, cuando se emplea con propiedad, mientras que otros lo practican sin el menor discernimiento en todas circunstancias, sin inquietarse de indagar si hubieran podido ventajosamente evitarlo, por medio de mejoras territoriales, obteniendo así resultados más perfectos y duraderos. Nosotros creemos que el cultivo en camellones, realizado como arbitrio para evitar daños resultantes de defectos del terreno, irá desapareciendo á medida que se vayan corrigiendo estos con mejoras más radicales y entonces el cultivo en caballetes se reservará ó para los terrenos que no hayan podido ser mejorados, ó como condición esencial dependiente de la naturaleza de la planta ó del sistema de regadío por surcos.

Gomo regla y aplicación útil, de un modo general, se deben cultivar en almantas acofradas todas aquellas plantas que dan origen á formaciones tuberóideas, las que producen tubérculos propiamente dichos ó raices tuberculosas y los bulbos (1).

En efecto, solo cuando la tierra por su propia é inicial naturaleza esté dotada de una profunda capa vegetal en extremo ahuecada, en la cual con facilidad pueda penetrar y desarrollarse el voluminoso órgano, se podrá evitar el levantamiento de montones separados ó contí-

nuos. Y por exceso de diligencia, para mayor seguridad en la obtención de los ñnes propuestos, manifestaremos que en la mayor parte de las circunstancias, aún cuando la tierra presente naturalmente las mejores condiciones indicadas, es prudente y provechoso cultivar esas plantas en almantas más ó nlénos altas y bombeadas, aún cuándo no se consiguiere más beneficio que facilitar la recolección de la cosecha. Si el terreno ofrece una capa vegetal poco profunda, si en él se estancan las aguas á consecuencia de un subsuelo impermeable, si es por demás arcilloso, etc., entonces, á menos de no proceder á mejoras de cierto género, es ineludible el cultivo en almantas acofradas, con tanto más motivo, cuanto que prescindiendo del espacio que ocupará el voluminoso órgano, muchos de ellos reclaman para su desarrollo y perfecta constitución tierras bien saneadas, enjutas y frescas.

Si se consideran las circunstancias que determinan la adopción del cultivo en almantas acofradas relativamente á la humedad, es indudable que en los climas húmedos y frios habrá nuevo motivo de recurrir á él.

Cuando se cultiva en caballetes, es preciso trazarlos de Norte á Sud, á fin que los dos costados reciban igualmente la influencia del sol. Sin embargo, en los casos en que sea menester desaguar por canales descubiertos ó que se trate de regar por surcos (en cualquiera forma), es necesario atender como condición esencial al nivel del terreno y subordinar la dirección de los caballones á ese requisito determinante.

Schwerz (J. N.) ha estudiado de una manera especial

la labor en almantas y muchos escritores, que se han ocupado posteriormente de este asunto, han copiado con más ó menos tino y discreción su notable memoria (2). Según Schwerz, en blandes el cultivo perfeccionado ha adoptado este sistema como práctica indispensable. En todas partes, en que los campos se encuentran dispuestos en caballones, el cultivo es de lo más perfecto. Los romanos cultivaban de esa manera é introdujeron sus prácticas en España y mediodía de Francia. Probablemente de allí pasaron á los Paises-Bajos, donde quizás los mismos romanos las llevaron.

El cultivo en almantas estuvo tan en favor entre los árabes sicilianos, que algunos les atribuyen su invención. Ybn-Al-Awam (3) describe el modo de hacer los caballones en que se ponian las plantas unas veces á los costados ó alas del caballón, de manera que la cresta ó cumbre venia á quedar entre dos filas de plantas; en otras ocasiones allanando ligeramente la parte superior ó caballete del caballón y sembrando allí la simiente. Debemos advertir que tiatándose dé regar por surcos ó regueras intermedias, no se discierne bien si es esta ó alguna circunstancia inherente á la naturaleza 4e la planta, lo que ha determinado la ejecución del cultivo en almantas. Pudo muy bien haber sucedido que la idea fundamental de cultivar en caballones precediese y determinase el riego por surcos, ó al contrario, que el propósito de regar por zanjuelas ó regueras intermedias diese origen é impusiese el modo de cultivar. En el caso presente, nos inclinamos á creer que consideraciones relativas á la naturaleza de la planta condujeron

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al cultivo ea almantas, y de aquí la necesidad de regar por surcos. Trataremos este importante asunto con más extensión cuando nos ocupemos del cultivo de la caña de azúcar (3 fcí«).

El cultivo del nabo en lineas y en la cima dé caballones, fué desde el principio reconocido ventajoso en Inglaterra ; pero como necesidad impuesta en los terrenos húmedos (4). Solo en Escocia adoptaron este método de un modo general como consecuencia de la naturaleza de la planta.

El cultivo del nabo por el sistema escocés, que tanto se practica en la Gran Bretaña y otros paises, es en todo su esplendor el genuino cultivo en almantas, con el cuidado de colocar en su fondo interior cierta cantidad de abono. Este cultivo, tal cual se lleva á cabo en Escocia á juicio de Sinclair (5), «es quizás la obra más completa de que pueda gloriarse la agricultura. » Sinclair describe las prácticas escocesas, teniendo á la vista la primera descripción, que de ellas redactó en 1797 Alejandro Low, el cual entregó su trabajo al Duque de Bedfort. No hoce indicación bibliográfica. Esa memoria se en* cuentra inserta en los Anales de Agricultura de X, Y oung y su traducción en francés en el Curso de Agricultura Inglesa, porC. Picted, t. VI, pág. 115 (Ginebra j 809). Alejandro Low comienza su memoria asegurando que hacia 45 años que se cultivaba el nabo en. líneas y con sembradera en el Berwich-Shire, omitiendo el nombre del inventor del sistema. Este fué Tull, y el capítulo que dedica en su^libro á describir « el cultivo de los naboi^

por el úniaso método » es en extfemo notable. Allí se en-^

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cuentran substancialmente indicadas las prácticas, que más tarde perfeccionaron los caledonios en sus detalles (6) . Respecto á la colocación del abono en la parte inferior é interna del caballón, ya los árabes granadinos recomendaban para los nabos largos y otras plantas tuberculosas y tuberóideas, que se abriese un hoyo con una estaca y que se llenasen los barrenos con paja ó estiércol y echándole tierra encima se sembrase en ellos la simiente (7). No es necesario añadir que los moros también cultivaban en lineas y caballones, siquiera la siembra fuese hecha á mano y no por una máquina especial. David Low trata con extensión cuanto se refiere á este sistema de cultivo (8). J. B. Huzard ha escrito en 1828 una memoria (9) describiendo las operaciones como las vio ejecutar en una de las mejores granjas del Lothiam Oriental, perteneciente á Remnmye, hacendado en Fanlarsie, cerca de Hadington. Un resumen de este trabajo se encuentra en la Maison rustique du XIX* Siécle, L I, p. 441 . En un informe en que la Sociedad de Agricultura de Escocia ha expuesto la situación ac> tual, teniendo á la vista las memorias redactadas por quince de sus miembros, trabajo que fué coordinado é impreso por Wilson, profesor de agricultura en la Universidad de Edimburgo, con la cooperación deMenziés, secretario de la Sociedad, se manifiestan algunos deta* lies interesantes acerca de este procedimiento con las mejoras que en él se han introducido (10).

Considerando y resumiendo todos estos documentos, trataremos de trazar un esbozo general del sistema, sin estudiar minuciosamente sus detalles de ejecución, los

— licúales, sin embargo, podrán ser concebidos por todos aquellos que conozcan las prácticas agrícolas. En efecto, su realización varia según los instrumentos que se usen. Es posible emplear solo arados de una vertedera ó este combinado con el arado de doble vertedera ó ambos úliles, y además la azada tirada por caballos ó un aradito ligero y hasta la azada manejada por el hombre. Según el material agrícola que se adopte, asi variarán las operaciones encaminadas, no obstante á conseguir igual resultado. Conviene advertir que en esta exposición examinamos las cosas en el supuesto que se adopte el cultivo en almantas como coronación de todas las prácticas progresivas y no como recurso para obviar á ciertos inconvenientes, susceptibles de ser remediados por otros medios de más benéfica y profunda acción. En ambos casos, sin embargo, la postrera ejecución de las almantas se lleva á efecto de la misma manera.

1.** La primera y esencial condición para que este procedimiento produzca por completo todos sus buenos fines, es la perfecta realización de las labores preparatorias del suelo, por medio de todas aquellas operaciones de labranza, que se deben ejecutar para obtener todos y cada uno de los efectos deseados, operaciones que es preciso llevar á cabo en el grado, sucesión y número convenientes. Así, será necesario romper con el arado de una vertedera á la profundidad más oportuna, dividir el subsuelo si es conveniente, desterronar con los rodillos, pasar la rastra ó el cultivador y estas obras repetirlas y combinarlas las veces que sea indispensable para conseguir los más perfectos resultados de cada

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una iBn particular y de todas en general. Sin una disérela sucesión de trabajos que concurran para ferlilir 2ar el suelo, no es posible en la inmensa mayoría de los cüsos obtener el más feliz éxito. Entiéndase además que damos por realizadas las mejoras primordiales y fundamentales, tales como el drenage, los encalamientos y enmargaduras, la quema de la arcilla, el aumento de la capa labrantía mezclando el subsuelo con el suelo, etc., sejgun ló haya menester el terreno, y lo permitan las circunstancias. Respecto al empleo de los abonos, en las prácticas primitivas de Escocia solo se usaba en el surco ; pero hoy se lia comprendido la utilidad de mezclarlo unifórmente, por medio de las labores, al terreno; de tal suerto, que así incorporíido con sus partículas, las beneficie por completo. Generalmente se distribuye el abono de los dos modos. Primero, al comenzar las labores de preparación de la tierra y luego en el fondo del surco, en los momentos de sembrar.

2.° Preparado el terreno con la oportuna antelación, se abren anchos y profundos surcos á una distancia de cenlro á centro de 70 á 80 cenlímetros. Examinando la superficie en ese momento, se verá que el terreno presenta surcos y la tierra extraída de ellos, reunida en el espacio que los separa, constituye caballones. De suerte, que en vez de decir que se abren surcos, se podria con la misma propiedad expresar el hecho manifestando que se comienza por labrar en almantas acofradas. Inútil es indicar que estos surcos se trazan hoy con mucha facilidad por medio de grandes arados de doble

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vertedera, mientras que en lo pasado, cuando solo se disponía del arado de una vertedera, era menester dar, varias vueltas. Algunos, sin embargo, comienzan por usar el arado de una vertedera, y terminan la obra haciendo pasar el arado de doble vertedera.

3/ En el fondo del surco se coloca el abono.

4."* Removiendo la tierra acumulada entre los surcos y el mismo fondo de esa superficie, no solo se relleiian los surcos, sino que además se amontona tierra en el lugar que ocupaban. De manera que al fin, quedan levantadas almantas donde existieron surcos, y trazadas zánjuelas donde antes habia caballones.

5.° Se procede á la siembra empleando una sembradera especial provista en la parte delantera de un pequeño rodillo destinado á comprimir y allanar la parte superior del caballón, de tal modo que la linea de nabos venga á quedar exactamente en su miitad.

6."^ Cuando las plantas han adquirido poco más ó menos 50 milímetros de altura, se comienza á escardar y binar. Para llevar á cabo estas obras, con un arado pequeño, se toma tierra del caballón y se la voltea hacía la zanjuela hasta rellenarla por completo. Entonces la línea de nabos sobresale ligeramente en lo alto de un pequeño montículo y el intervalo que las separa se encuentra allanado. Y no solamente se escardan y binan esos intermedios, sino que además es preciso ejecutar igual trabaja en las mismas lincas de plantas por medio de azadas ó con escardillos. Ese es el momento de aclarar la siembra para que las plantas queden á la distancia conveniente (22 ó 26 milímetros de

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separación), y si faltan en algún lugai% se cubren las faüas. Se continúan las binas y escardas las veces que sea preciso. Respecto á este particular, debemos insistir en lo esencial que es ejecutar esos trabajos, importante no solo para la actual cosecha, sino también para las sucesivas que han de ocupar el terreno más tarde. Siempre que se han realizado semejantes rejacas y escardas, en todos tiempos, paises y cultivos, en llano ó en almantas, se han obtenido constantemente los mejores resultados, de tal manera, que los prácticos de la localidad, sin elevarse á generalizaciones, concretan los buenos efectos al caso especial expresándolos en adagios. Asi, por ejemplo, tratándose de la remolacha, dicen que « la azada hace el azúcar. » En Magdeburgo se bina hasta cinco veces, y en gran parte á este trabajo debe atribuirse la cantidad y calidad de las cosechas. Tull prestó un inmenso servicio á la agricultura demostrando la utilidad de las binas.

7.° Concluidas las binas y escardas, se amontona la tierra al pié de las plantas por medio del arado de doble vertedera, quedando así aporcadas y reconstruidas las almantas.

El nabo exige una continua y medida humedad para crecer y dar tuberoides hermosos y bien sazonados, una falta de agua los cria pequeños, filamentosos, duros y de poca y desagradable substancia, ün exceso de agua les es igualmente nocivo. En los paises en que no acaecen lluvias durante sus períodos de vegetación, será preciso regar con cierta medida. Precisamente atendiendo á la naturaleza de la planta se cultiva en caballones, es de^

— lucir, que el riego por surcos, en cualquiera de sus formas, queda dispuesto para ser ejecutado (11).

Alejandro Low menciona en su memoria (12) el cultivo del nabo de Suecia (13) como idéntico al del turneps. Comenzaba por criar el nabo de Suecia en un semillero y luego lo trasponía. No solo cultivó dichos tubérculos de una manera aislada, sino que además los asoció con ventaja al tumeps. Le sirvieron para llenar las fallas en sus lineas de nabos. Según Low el nabo trasplantado no produce tan buenos resultados.

Cobbet (W.) (14) sin atribuir la invención de este especial método de cultivo á los escoceses, lo practicó con algunas variantes. Comenzaba por labrar el suelo en otoño levantando caballones de cuatro pies de altura. La labor debe ser muy profunda, las almantas bien elevadas y los surcos que las separan profundos y limpios. En Abril labraba de nuevo la tierra muy profundamente y formaba almantas en el lugar en que estaban los surcos. Hacia el 1.° de junio volvia á labrar, y entonces las almantas se hallaban exactamente en el lugar que ocupaban durante el invierno. En la tercera semana de junio colocaba el abono en los surcos y lo cubría por medio de una postrera labor. Este modo de labrar dejando la tierra no en llano sino en almantas, fué reconocido excelente, desde antiguo, sobre todo por los árabes granadinos y los flamencos. Aún hoy en España se practica algo de parecido con el nombre de « dar suelo,» como con más extensión lo manifestaremos en otro lugar.

Dispuestas las almantas, procedía Cobbet á ejecutar la siembra en firme^ poniendo la simiente en la cumbre de

— lelos caballones ó por transplantaciou. Para efectuar esta con buen éxito, levantaba las últimas almantas en que iba á colocar las posturas en el mismo instante en que debía verificar la operación , porque la experienda le habia demostrado que para trasponer era conveniente hacerlo en tierra que acabase de ser revuelta.

Cobbelt, gran entusiasta de las prácticas aconsejadas por Tulh insiste acerca de los beneficios de cultivar los intervalos que separan las linoas, sobre todo en los meses de verano y durante la carestía de las lluvias.

Cobbelt acunsejó el mismo sistema de cultivo para la remolacha blanca. El modo de preparar la tierra en almantas, el tiempo y la manera de trasplantar, la distancia entre los caballones y las plantas, lo mismo que las operaciones subsiguientes, todo absolutamente es igual tratándose de cualquiera de las dos plantas.

Desde 1 786, Lucuée de Cessac habia propuesto cultivar la remolacha en almantas (15).

L. P. de Valcourt (10) ha cultivado la remolacha en almantas acofradas, colocando en su fondo abono, tal cual ío hacen en Escocia para los nabos. En vez de sembrar en lo alto de los caballetes la semilla, prefirió hacer primero un semillero y cuando las plantas tenían el calibre de una pluma, trasponía las posturas. Este agricultor asegura que las remolachas traspuestas son las que producen mayores cosechas.

Decrombecque (17), Ghamponnois (18) y otros han preconizado el cultivo de la remolacha en almantas.

Dnbrunfaut (19) se ha propuesto indagar la fuerza consumida por los tubérculos para penetrar en la tier-

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ra. Cuando se examina ese órgano llegado á su completo desarrollo, es fácil reconocer que para alojarse en el suelo le ha sido preciso substituirse á un volumen de tierra igual al suyo. Para realizar este efecto, ha debido hacer un trabajo mecánico proporcional á su volumen, ó lo que es poco más ó menos, el equivalente proporcional de su peso. Este trabajo puede ser representado por unidades dinámicas fundándose en las siguientes bases. La raiz que se examina ha encontrado durante su vegetación una resistencia proporcional á su desarrollo ó á su volumen. Esta resistencia seria igual á la que se encontraría si después de la cosecha se la hiciera penetrar, no en el mismo agujero, sino en el suelo, de tal manera que volviese á tomar un lugar idéntico al que antes ocupaba. Si en este caso se pudiese graduar con alguna exactitud la fuerza necesaria para producir el efecto, se tendría el equivalente del trabajo mecánico , que la raiz ha debido consumir durante su vegetación. Es posible determinarlo experimentalmente, no operando con la misma raiz, sino con otra de iguales dimensiones hecha de madera ó metal resistente, tal cual se obtendría haciendo un molde con la raiz natural y vaciándola. Se podría fácilmente hacer penetrar en el suelo semejante raiz artificial, por medio de un peso conocido ó aún mejor con un martinete. Este aparato cayendo de una altura conocida con un peso también conocido, suministraría en sencilla forma los elementos del cálculo del trabajo mecánico realizado. Supongamos que se haya experimentado con un martinete que pese 100 kilogramos y que para producir el efecto deseado haya sido preciso

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utilizar un solo golpe de martinete elevado á un metro de altura. La cantidad de movimiento expresando en ese caso la fuerza y el trabajo mecánico gastado, será igual á 100 X 1, es decir, á cien unidades dinámicas ó kilográmetros. Si para hacer el experimento se ha elegido una raiz que pese un Idlógramo, admitiendo una producción de 60.000 raices iguales por hectárea, se tendría como trabajo mecánico aplicado á esa superficie 100 X 60.000, es decir, 6 millones de kilográmetros.

Abandonemos la Europa y vayamos al Nuevo Mundo. Creemos inútil mencionar los escasos y confusos datos que se tienen acerca de la agricultura prehistórica de la América del Norte (20).

El P. Lafitau (21) dice que en el Canadá hacian pequeños montones y que en cada uno de ellos abrian 9 agujeros donde echaban un grano de maiz.

Laudonniére (22) asegura que los indios de Virginia, Florida y Brasil disponian la tierra en pequeños montones separados unos de otros por 2 pies de distancia, y que en ellos sembraban el maiz.

En Méjico, por la excesiva humedad (23), se cultivaba en algunas partes el maiz en camellones.

Por fin llegamos á Cuba y Haití. Los siboneyes ó ciboneyes y los haities tenian el mismo origen : idéntica lengua é iguales costumbres con pequeñas diferencias (23 bis).

Los insulares de Cuba y Haití cultivaban yuca, aje^ batata, Ueren, yeren ó leren, ají, maiz (24), guagüi, yahutia ó diahutia, frijoles, maní, güiros (25), algodón (Mapa ?), cojobá (?) tabaco (25 bis), pinas (yayama, bo-

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niama, yayagua) (26), bixa guayabos, caimitos, jagua, guanábana, anón, mamey, papaya, etc., aprovechando además multitud de hojas, tallos, frutas, semillas, bulbos, tubérculos y raices (26 fcís), que expontáneamente se producían en los montes y sabanas. No mencionamos de intento algunas plantas de las cuales nos ocuparemos en otro lugar.

« Y siempre cuando han de sembrar es al principio de la luna, porque tienen por opinión que así como ella va creciendo, así lo hace la cosa sembrada » (Oviedo).

La yuca, el aje (27) y las batatas, se ponían en la tierra levantada en montones, de suerte que la magnitud del conuco ó labranza se apreciaba por el número de montones.

El estudio del cultivo de los tubérculos por los indígenas de estas tierras de Cuba y Haití nos muestra prácticas excesivas en algunos casos ; pero, aplicables siempre con ventaja en casi todas las circunstancias. Aquí el hombre sin más guia qne su ingenio, observando la naturaleza y siguiendo sus indicaciones, adopta procedimientos que la ciencia aprueba en sus fundamentos, perfeccionando los medios de realizarlos para conseguir de ellos los mayores beneficios. Y entiéndase que fueron guiados esencialmente por consideraciones dependientes de la ponderación del voluminoso órgano que en la tierra tenia que desarrollarse, porque el regadío en Cuba no se realizaba y en Haití solo se aprovechaban las aguas del rio Camin en la provincia de Xaraguá (28). Tampoco podemos admitir que teniendo terrenos perfectos, fuesen torpemente á elegir aquellos que por excepción eran

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bajos y de capa vegetal poco profunda. Además, esos montones, dados los instrumentos de trabajo que poseían, eran difíciles de disponer y si en ello no hubiesen encontrado ventajas, es claro que les habría sido preferible cultivar siempre en llano como lo hacían algunas veces. La generalidad del sistema de cultivo aplicado á plantas semejantes, muestra un designio fijo, que las comprende á todas Es muy esencial, sin embargo, no olvidar que la naturaleza del terreno ha debido muchas veces hacer imprescindible el cultivo en montones, tratándose de tubérculos. En efecto, los indios, con sus débiles recursos no podían con facilidad desmontar terrenos. Debieron, pues, cultivar, sobre todo, las sabanas, cuyo suelo necesita ser dispuesto, Con frecuencia, en montones ó camellones para conseguir buenas cosechas en el cultivo de plantas tuberculosas (28 bis).

Oviedo y Las Casas en sus descripciones nos han conservado los métodos usados (29). Creemos deber reproducir integras esas relaciones.

c( Tractemos agora de otra manera de pan que los indios hacen de la yuca en esta Isla Española, y en las otras todas que están pobladas de chrípstíanos, y aun en alguna parte de la Tierra Firme. La planta que se llama yuca, son unas varas nudosas^ algo mas altas que un hombre y otras mucho menores, gruesas como dos dedos y algunas mas, y otras menos, porque en esto del grossor y de la altura, es según la tierra es fértil ó flaca, y aun también hace al caso que la planta es de diversos géneros. Quiere alguna yuca parescer en la hoja á cáñamo, ó como una palma de una mano del hombre, abierto los

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dedos tendidos ; salvo que aquesta hoja es mayor 6 mas gruesa que la del cáñamo, é cada hoja es de siete ó de nueve puntas ó deparlimientos : la vara es muy ñudosa, como he dicho, y la tez del asta como pardo blanquisco, y alguna quassi morada, é la hoja muy verde, é paresGe muy bien en el campo, desque está criada é bien curada é limpia la heredad en que está. »

c( Hay otra generación de yuca, que las ramas ni el fructo no es diferente de la que es dicho de suso, salvo en la hoja ; porque aunque es assi mesmo de siete y de nueve departiciones cada hoja, es de otra hechura : é por tanto puse la forma de la una y de la otra aquí debuxadas, no obstante que erí las mismas maneras de hojas hay particulares y diferenciadas suertes ó generaciones de yuca ; y unas tienen mas verdor que otras, é otras mas recia rama, é otras mas ó menos blancor en el vastago ó asta, é otras diferencias en la corteza, que aquí hace poco al casso decirse. Para sembrar esta planta (qualqüiera de las que he dicho) hacen unos montones de tierra redondos por orden é liños, como en el reyno de Toledo ponen las viñas, y en especial en Ma,- drid, que se ponen las cepas á compás. Cada montón tiene ocho ó nueve pies en redondo, é las haldas del uno tocan, con poco intervalo, cerca del otro: é lo alto del montón no es puntiagudo, sino quassi llano, é lo mas alto del será á la rodilla ó algo mas : é en cada montón ponen seys, é ocho, é diez ó mas trozos de la misma planta é vastago ó rama de la yuca, que entren só tierra un xeme, ó menos, é queda de fuera tanto descubierto del mismo troQO ; é como la tierra está mollida é sin

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terrones, pénense con facilidad estos palos de la planta » porque assí como van aleando é haciéndose los montones, assí se van poniendo en ellos estas plantas é tronos della. Oíros no hacen montones, sino allanada la tierra é limpia é moUida, ponen á trechos estos plantones áé dos en dos ó mas, cerca unos de otros ; pero primero se tala ó roga é quema el monte para poner la yuca, según se dixo de suso en el capitulo preceden(e del mahiz. Desde á pocos dias que assi se pone, nascc la yuca, (ó mejor diciendo prende), é echan hojas aquellos tronos de las plantas é sus pimpollos ó pámpanos, que van cresciendo en ramas, é es menester yr deshervando el conuco (que assi se llama conuco la haga ó heredad de la yuca é de la labranza), hasta que la planta señoree la hierva, y aun en todo tiempo es provechosso estar limpia la heredad cultivada. Siémbrasse ó pónesse siempre, después que la luna ha hecho é se muestra nueva é lo mas presto que ser puede en los dias que cresce hasta el lleno della, pero nunca en la menguante. Este pan no tiene peligro de las aves ni de los animales (excepto de vacas, é ratones é aun de caballos), porque el fruto desto es una majorcas, á manera de raices ó de nabos muy grandes, las cuales se crian entre raigones é barbas que esta planta echa debaxo de tierra ; é qualquiera hombre ó animal, excepto los tres que es dicho, que coma estas raices, con el Qumo, assi en fructa, como está antes que se le saque el §umo (en cierlas prenssas), luego muere sin remedio alguno. Vertiad es que en la Tierra-Firme, hay yuca que no es mortal é no mata, la cual en la vista y en la rama y en

el fructo é hoja es como la desta isla, que mata : y en esta fsla é las otras comarcanas deste golpho, toda la yuca que hay, por la mayor parte, es de la que mata, y también hay alguna que llaman boniata, que es como la de Tierra-Firme que no mata, y cierto debe aver venido de allá. Y en la Tierra-Firme se la comen por fructa cocida é asada, porque allá no es mortífera, ni allá saben hacer pan de ella, sino en poca aquellas que lo hacen, no es de la que : como la de acá. Verdad es que algunos 6< eos en aquestas islas, han enseñado en T hacer pan de la yuca que no mata ; pe: dello, por no perder tiempo, pues como comen sin hacerla pan, cocida'é asada sin la expremir ni hacer las diligencias que convienen, para que estotra no mate, hecha pan ; é siempre se conosce entre los hombres del campo, qual es la una ó qual la otra. A lo menos las bestias no ha seydo necessarío enseñárselo ; que su destinlo natural las muestra á ser guardar de tal veneno (puesto que no á todas), porque no se sabe que de tal causa ningún caballo ni vaca ni otro animsl de quantos de España se truxeron, ni de los innumerables que dellos han procedido, haya muerto : antes la han comido vacas, é los ratones cada dia é algunas bestias caballares. Assi que, quanto á los animales, no tiene en lodos igual fuerza la yuca. »

« Estas magorcas suyas son como gruesas zanahorias é muy gruesos nabos de Galicia é mayores ; y aun en nmchas partes se hacen tan gruesas como la pantorrilla, • é tales como la coxa é muslo de un hombre. Tienen una

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corteza áspera de color de un leonado obscuro, ó algunas tiran al color pardo, ¿ por dentro está* muy bfanca, é espesa como un nabo ó castaña : é hacen destm majorcas ó yuca unas tortas grandes que llaman cagabi ; y este es el pan ordinario desta é otras muchas islas, assi de las que están por conquistar, como en las que están pobladas de chripstianos, el qual se hace desta manera. Después que los indios é indias han quitado aquella corteja á la yuca, raspándola que no quede nada, como se hace á los nabos para los echar en la olla, despedida aquella costra con unas conchas de veneras de almejas, rallan la yuca assi mondada en unai) piedras ásperas é rallos que para esto tienen ; é lo que assi se ha rallado, ¿chanto en un lagar muy limpio, é allí hinchen dello un gibucan, que es una talega luenga de empleyta, hecha de cortejas de árboles blandas, texida algo floxa, de labor de una estera de palma, é es de diez á doce palmos de luengo é tan gruesa como una pierna ¿menos, en redondo fecha. Y después que está llena esta talega de aquella yuca rallada, está aparejada ¿ bien fecha una alzaprima de madera ¿ con su torno, de que cuelgan el ^ibucan por el un extremo del, en lo alto, ¿ al otro cabo que pende abaxo, átanle pesgas de piedras gruesas, ¿ con el torno estirase el ^ibucan ¿ levanta las piedras en el ayre colgadas de tal manera, que se estruja y exprime la yuca ¿ le sale todo el Qumo ¿ destilase en . tierra por entre las junturas de la labor del (ibucan o empleyta d¿l : y está assi en esta manera de prensa hasta qte no le queda á la yuca gota de ^umo ó mosto. E aquesta agua ó licor es pestífero veneno, é se vierte é

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pierde por el suelo, quando quieren que se pierda : é lo que queda exprimido de la givera, dentro en el ^ibucan, es cofíio suelen quedar unas almendras expremidas mucho é seco. Toman después aquesto é tienen aparte assentado en el fuego en hueco (que quede debaxo por do poner fuego) un bureri, ques una cagúela llana de barro é tan grande quanto un harnero é sin paredes, é debaxo está mucho fuego, sin que la llama suba á la cajuela, que está assentada é fixa con barro. ¥ está tan caliente aquella plancha ó cajuela, que llaman burén, como es menester ; y encima echan de aquella yuca (que salió exprimida del gibucan) como si fuese salvado ó arena en torno, tanto quanto quassi toma la cajuela, menos dos dedos alrededor, é tan alto como dos dedos ó mas, é tiéndenlo llano é luego se quaxa : é con unas tablillas que tiene para aquello la hornera, en lugar de paleta, dale una vuelta para que se cuega de la otra parte; y en tanto quanio se hace una tortilla de huevos en una sartén ó mas presto, se hace una torta destc cagabí en el burén, segund es dicho, y después tiénenlo un dia ó dos al sol, para que se enxuge, y queda muy buen pan. Donde hay mucha gente, ponen muchos cibucanes é muchas cagúelas que dicen burenes, quando quieren hacer mucha cantidad dello. Este pan es bueno é de buen mantenimiento, é se sostiene en la mar, é hacenle tan grueso como medio dedo para gente, é para personas principales delgado como obleas é tan blanco como un papel, é á este delgado llaman xauxau. Suele valer la carga deste pan cagabí en esta cibdad de Sancto Domingo un ducado, quando es caro, é quando menos

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á medio pesso, y también liega algunas veces á pesso de oro (que son quatrocientos ¿ cinqüenta maravedis), é la carga es dos arrobas, que son cinqüenta libras de á diez é seis ongas ; y para muchos en esta tierra es buena grangeria, porque se gasta de aqueste pan mucha cantidad (30). »

a Pues que hay cosas notables desta planta de la yuca, y en otro lugar no se podrían de(ir tan á propósito como aquí, donde tanto se ha dicho de esta materia^ bien es que se diga lo demás. Aquel ^umo de la yuca que sale, después ques rallada é se exprime en el (^ibucan, es tan pésimo veneno, que con un solo y pequeño trago mataI ara un elephante ó qualquier otro animal ó hombre viviente ; non obstante lo cuaU si á este mismo Qumo mortal le dan dos ó tres hervores, comento los indios, haciendo sopas en ello, como en un buen potage y cordial ; pero assi como se va enfriando, lo dexan de comer, porque aunque ya no mataría porque está cocido, dicen ellos ques de mala digestión, quando se come frío. Sí quando este Qumo salió, lo cucQen tanto que mengüe dos parles, é lo ponen al sereno dos ó tres días, tórnase dulce, é aprovéchanse dello, como de licor dulce, mezclándolo con los otros sus manjares ; y después de hervido y serenado, si lo tornan á hervir ó serenar, tórnase agro aquel ?umo, é sírveles como vinagre ó licor agro, en lo que quieren usar del sin peligro alguno. Esto de tornarse dulce é agro consiste en los cocimientos y estas experiencias pocos indios las saben ya hacer porque los viejos son muertos é poit[ue los chrispstianos, no lo han menester; porque para agro, hay tantas

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naranjas y limones en la Isla, que no hay necesidad de lo ques dicho, ni para licor dulce mucho menos, por aver tanto acucar en la Isla (31), j assí se ha olvidado lo que en estos dos casos de dulce é agro servia el gumo de la yuca. El verlo comer á sopas, después de hervido el Qumo que salió de la yuca poco antes, yo lo he visto muchas veces, y la experiencia de matar un trago, bebiendo! o assi como ello queda expremído sin lo calentar, ó comiendo la misma yuca, muchas veces se ha visto, y es aquí notorio y en todas estas islas, »

c( Sostiénese el pan de ca^abi un año é mas, é llevase por la mar por todas estas islas é costas de Tierra-Firme, é aun hasta España, lo he yo llevado é otros muchos; y en estos mares y tierras de acá es muy buen pan, porque se tiene mucho sin se corromper ó dañar, excepto sino se moja. En todas estas islas que he dicho hay de este pan de yuca, que se dice ca^^bi ; é quando se ha de coger este fructo del campo é está para se hacer pan, ha de ser después que ha pasado un año que se sembró ó mas ; é si es de edad de año y medio ó dos, es mejor é da mas pan ; y á mucha ne^essidad, que hayan pasado diez meses, é no menos se come. Quando avie muchos indios en esta isla, é se queria alguno dellos matar, comia de esta yuca, assi como está la majorca, é desde á dos ó tres dias ó antes se moría ; pero si tomaba el Cumo de ella inmediate, no habia lugar de arrepentimiento, porque luego se le acababa la vida ; é assi por no trabaxar , como consejados de su §emi (ó diablo) , .6 por lo que se les antojaba morir, por medio de esta yuca concluían sus dias. Acaes^ió algunas veces convidarse

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muchos juntos á se matar, por no trabaxar ni servir, y de cinqúenfa en cinqüenla, é mas é menos juntos, se mataban con sendos tragos deste (umo (32). »

Son muy hermosos los heredamientos de la yuca en el'campo, segund está linda é fresca, y es de seys géneros en esta Isla Española. Una llaman ypatex^ que hace un fructo como manganillas, que cada una tiene seys quarterones, y esta generación de yuca es de las muy buenas. Otra se dice diacanan^ y tiénese por la mejor de todas; porque redunda mas pan della. La tercera especie de yuca se llama nubaga : la] quarta se dice tubaga : la quinta llaman coro^ y esta es la que tiene los astilejos de las hojas coloradas : la sexta é última se nombra tabacan, y esta tiene la rama mas blanca que ninguna de todas las otras. Y estos nombres particulares de estos géneros de yuca, en otras islas é en TierraFirme son de otra manera; segund las diferenciadas lenguas (53). »

c( Estos dos mantenimientos é pan de mahiz é del ca- ^abi es el principal pan é mayor c mas nescesario manjar que los indios tienen ; pero no avrá dexado el lector de notar las particularidades grandes que ha aqui leydo de la yuca, las cuales recolegidas son estas. Pan para sustentar la vida : licores de dulce é agro, que les sirven de miel é vinagre : potage que se puede comer, é se hallan bien con él los indios : leña para el fuego, de las ramas desta planta, quando faltase otra, y venino ó ponzoña tan potente é mala como tengo dicho. Otra particularidad me ocurre del ca^abi que yo no sabia quando la primera vez se imprimió esta primera parte

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destas historias ; y es que assi mismo en cierta parte de la Tierra-Firme se hace muy buen vino del caQabí... Así que son siete cosas notables las que concurren en la yuca. » (Oviedo. Libr. 7, cap. 2).

Para más amplia aclaración, creemos conveniente transcribir lo que acerca del mismo particular manifiesta Las Casas :

« Tornando al pan, que llamáronlos indios cazábi, la penúltima luenga, este es el mejor pan que creo yo haber en el mundo después del de trigo, porque es muy sano y muy fácil de hacer, y pocas personas y en pocos días pueden aparejar cantidad para provisión de mucha gente, y sostiénese mucho tiempo ; este defecto tiene, que para solo no tiene sabor ni gusto, sino poco, pero • con manjar que haga cocina sabrosa, y también para con leche, muy mejor es que aun el de trigo. Pénese, y críase, y cógese y amásase de la manera siguiente : Hacían los indios unos montones de tierra levantados una vara de medir y que tenían en contorno 9 á 12 pies, el uno apartado del otro dos ó tres pies, todos por su orden, rengleras de 1,000 y 2,000 y 10,000 de luengo y otros tantos de anchura, según la cantidad que determinaban poner : hechos los montones tomaban la planta, que son unas ramas tan altas como un hombre, y como los sarmientos de las vides cuando están tiernas y verdes con sus yemas, puesto que muy más gruesas y aun más hermosas y más verdes oscuras, que los sarmientos que digo de nuestras viñas y hacen pedazos deltas de á palmo ó poco más de palmo y hincan seis ó ocho ó nueve dellos, dellos las yemas hacia arriba en la corona

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de cada montón, por su orden apartados uno de otro á la manera de un alquerque con que entre nosotros se juega con tres ó cuatro rengleras, según el montón es, dentro todo en la tierra, salvo dos ó tres dedos que dejan fuera : la cual postura en tiempo que no llueve, sino que en polvo esté la tierra debe ser. Sobreviniendo después las aguas, prenden aquellos pedazos que de á palmo fueron puestos, y de cada yema de las que quedaron fuera de la tierra se produce su ramilla, y éstas van creciendo : y cuando las ramas crecen y suben en alto por de fuera, tanto se arraigan y crecen de dentro de la tierra las raices, asi en grandeza, que será de dos y tres palmos (de la hechura de zanahorias aunque no de aquella color), como en gordura que llega á ser gruesa como una pierna, y alas veces como el muslo, y otras veces, según la fertilidad de la tierra, algo más. Luego, como son presos aquellos pedazos de planta, en las puntas dellos brotan las hojas y creciendo crecen ellas, y de las ramas principales nacen otras ramillas, y luego sus hojas encima de las puntas deltas ; son las hojas como una mano abierta y extendidos los dedos, es muy hermosa y verde oscura, con una listilla que tira algo á coloradilla ó un poquito bermejuela. Cuando esta labranza es ya de cuatro á cinco meses, que hace copa la hoja, es tan hermosa de ver de lejos y de cerca, que ni nuestras viñas por Mayo ni Junio, ni otra alguna huerta ni labranza puede parecer más hermosa, mayormente cuando la labranza es grande que tiene 20 á 30,000 montones de luengo juntos y de 5 á 10.000 de ancho, porque ocupa gran campo, sólo carecen de olor

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del que abundan las viñas en Castilla. Después de puestas estas plantas, hasta un entero año no están las rai* ees, para hacer pan deltas, sazonadas, puesto que, á necesidad, bien se podría hacer y comer ; de un año en adelante puédense coger y hacer pan, pero mejor después de año y medio pasado y mejor de dos y duran hasta tres, que pueden estar debajo de la tierra sin dañarse, y así se va comiendo dellas. Después de tres años son ya viejas y duras y no buenas para hacer pan, sino fuese para los puercos ó para el muladar, por manera que después de un año se comienza á hacer pan dellas el que es menester, y estáse siempre en el campo el resto, que aunque llueva ó ventee no le hace daño hasta los tres años, como dicho es. Dentro del primer año es menester desyerbarse toda la labranza dos veces, porque nace mucha yerba como la tierra es tan fértil, después del año no es menester. Esta labranza en el lenguage de los indios desla isla, se llamaba conuco, la penúltima luenga y las raices yuca, luenga la primera silaba y la planta yucubia ; la color de las raices es como leonada oscura una tez que tienen muy delgada por encima, pero quitada ó raspada con una concha como de almeja, aquella tez, todo lo demás es blanco como la nieve, al menos más blanco que un nabo raido ; esta yuca ó raices de que hacen el pan es tal, que quien las comiese asi crudas moriría, por el zumo que tienen es poníoña como abajo diremos. » (Apologética historia, cap. X) (33 bis).

c( Queda por decir el cómo se amasa el pan cazabí, y cuan fácilmente y cuánto provecho sale del. Pasado,

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pues, el año, que es el tiempo del cual en adelante tiene su sazón el conuco, ó labranza, ó la yuca, que son las raíces, para comenzar á hacer pan dellas ó del, van dos, tres, ó cuatro hombres ó mujeres al conuco ó labranza y sacan fácilmente y sin trabajo, con un palo escarbando, las raices ó yuca de los montones, (como sea tierra moUida y alli ayu^tada, puesto que con las aguas se aprieta algo), de cada rama que se hizo de cada tarazón de 9 á 10 de los que de á palmo plantaron, dos y tres y cuatro raices umcho mayores que zanahorias y más gruesas, como se dijo, por manera, que de cada montón sacan casi media carga y aun buena de un asno; y si la tierra es holgada y muy fértil, como las hay en muchas partes, dá mucho más de la señalada. Traidas estas raices á casa, que comunmente junto está la labranza, la cantidad dellas que quieren hacer, con aquellas Conchitas que dije como almejas, ó lasque llamamos en Castilla veneras, raspan aquella tez ó hollejo, que dije ser cuasi como leonada, y quedando la raiz como la nieve blanca, rállanlas en unas piedras ásperas, sobre cierto lecho, al cual llaman guariqueten, la penúltima breve, que hacen de palos y cañas puestas por suelo de unas hojas ó coberturas que tienen las palmas que son como unos cueros de venados ; finalmente, como si lo rallasen en una artesa para que aquella masa no se caiga, que es como la que podría salir de muchos nabos en un rallo rallados que estaría con mucho zumo blanco como es la masa dellos, de aquesta misma manera es la masa de la yuca. Después de rallada la cantidad que determinan rallar, cübrenla con las hojas de

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las palmas que dije y diré abajo placiendo á Dios, y déjenla cuasi como para livdar (sic) hasta otro dia ; tienen una manga que llaman cibucán, la media silaba breve, hecha de empleita de palma, de braza y media ó poco más y ancha cuanto quepa un brazo, la cual tiene un asa á cada cabo, de donde se puede colgar; esta manga hínchenla de aquella masa muy llena y apretada, y cuélganla de la una asa de alguna rama de un árbol, y por la otra asa meten un palo de dos brazas ó poco más y metido el un cabo del palo en un agugero del árbol junto á la tierra, siéntanse dos y tres mujeres ó personas al otro cabo del palo, y están allí una hora ó más sentadas, y así se aprieta y exprime toda aquella agua y jugo de dicha masa. Sácanla después déla manga ó cibucán, y queda ni más ni menos que si fuese alfañique blanco y apretado, no seco sino sin zumo, que es placer verlo cuan lindo está. Tienen luego un cedazo algo más espeso que un harnero de los con que aechan el trigo en Andalucía^ que llamaban hibiz, la primera sílaba luenga, hecho de unas [cañitas de carrizo mu) delicadas, y allí desboronan aquella masa ya vuelta en otra forma, la cual, como esté seca ó enjuta sin el agua ó zumo que tenia, luego se desborona con las manos, y pasada por aquel hibiz ó cedazo, queda cernida muy buena harina, y en el cedazo algunas granzas ó pedacilíos de la yuca que no fué bien rallada. La harina asi limpia y aparejada, tienen ya los hornos calientes, tres y cuatro, si quieren hacer cantidad de pan; estos hornos son como unos suelos de lebrillos en que amasan y lavan las mujeres de Andalucía; finalmente son hechos

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de barro, redondos y llanos de dos dedos en alto, como una rodela grande que estuviese no por medio levantada, sino toda llana : esto llamaban burén, aguda la última. Tiénenlos puestos sobre tres ó cuatro piedras, y debajo todo el fuego que cabe» y ellos asi bien calientes, echan la dicha harina por todo el homo de dos dedos asi mismo de alto, y está un cuarto bueno de hora cociéndose de aquella parte ; después vuelven la torta con una hoja ó vestidura de palma, que es como si fuese pala ó tabla muy delgada, de la manera que se vuel* ve una tortilla de huevos en la sartén con un plato, la cual está cociéndose de aquella parte otro tanto, y cocida, queda la torta del altor de medio dedo, y muy blanca y algo rosada ; pénenla luego al sol, donde se tuesta en dos é tres horas e se para tan tiesta como si fuese un plato de barro cocido ó una tabla, pero al tiempo del comer, luego ó después de muchos días que lo ponen en la mesa, pártenlo á pedazos con la mano, el cual luego se parte y poco menos suena al partir que si partiesen un plato ; metiéndolo en caldo de la bolla se han de dar priesa á sacallo luego, porque no se quede todo deshecho en la escodilla como si fuese una oblea. Queda blandísimo y suave, y cuasi enjuto, después de sacado del caldo y puestos los pedazos en un plato» del cual pueden comer suavemente mozos y viejos sin dientes, harto mejor, al menos los viejos, que del pan de trigo ; hacíase y hácese muy delgado, y muy más lindo y blanco, para poner á la mesa para los Señores, cuasi como unas muy hermosas obleas, cuando es rallada la yuca en unos cueros de pescado como cazón, que

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los indios llamaban libu(a, la media silaba luenga, el cual cuero tenian apegado á una piedra, ó cubierta la piedra con él, sobre que rallaban, y las tortas delgadas que desta masa rallada en aquellos cueros hacian, llamaban xabxao ; en las piedras comunes rallado, hacian las tortas más gruesas para mantenimiento de mucha gente, y así cuando querían lo diferenciaban. Después de puesto al sol aquellas, dos ó tres, ó cuatro horas ó poco más en las cuales se seca y hace bizcocho, como es dicho, cuando se hace cantidad ponen las tortas en unos cadalechos de palos ó cañas sobre unas horquetas, medio estado altas del suelo, y dura dos y tres años sin dañarse, tan bueno como si hubiera un mes que se hubiera hecho, pero hánlo de guardar de goteras y de agua, porque luego se deshace y no aprovecha para cosa sino para echarlo á los puercos y á las aves. Tiene cada persona que comer en dos arrobas de aquel pan ó de aquellas tortas un mes bueno en abundancia. Salen comunmente de cada millar de montones 200 arrobas, que son cien cargas de las de los indios, porque á dos arrobas se mandó que echasen en cada carga ; puesto que nunca lo han guardado los españoles ó pocas veces lo han guardado que no echen más á un indio, y aun tres y cuatro han acostumbrado á echar. Tierras hay muchas en esta Isla, que de un millar de montones se sacarán 150 y 170 cargas de pan cazabí, ^ue como dicho es, cada carga tiene dos arrobas. Y reducida toda la facilidad con que se hace planta y cria y amasa este pan, y el aprovechamiento del, á cierto compendio y brevedad, sumámosla así: que 20 personas de trabajo

* .

— seque trabajen un entero mes, seis horas no más cada día, harán tanta labranza de estos conucos, que dije llamarse, cuanto puedan comer de pan 500 personas en dos años, y antes me acorto que alargo ; mayormente, que arada la tierra con bueyes, como hay delios tan grande abundancia, y alzando los montones con azadas de hierro, no como los pobres indios, que con un palo de una braza, tostada la punta y en tierra virgen y dura, la cavaban y los alzaban, es manifiesta hoy la ventaja. Amasarán y cocerán cinco ó seis mujeres, con cinco burenes ó hornos de los que digimos, cada día 50 y 60 arrobas deste pan, que son 25 ó 30 cargas, con que comerán mil personas largas, mayormente que ya no es menester para sacar ó exprimir el zumo ó agua de las raices ó yuca las mangas de empleita, ni sentarse las mujeres en el palo, porque ya hay, y se pueden hacer cada dia unas prensillas de husillo, que en un credo se puede todo el agua ó jugo exprimir sin alguna tardanza ó trabajo. Y así creo que consta bien clara la facilidad con que se hace aqueste pan y la utilidad y provecho que dello se saca y puede sacar... Con esta cosa de maravillar quiero acabar lo que toca á este pan, y es, que aquella agua ó zumo que es mucha, que tiene y sale de la dicha masa y la llaman los indios hyen, es de tal naturaleza, que cualquiera que la bebiese así cruda como sale, moriría como si bebiese agua de rejalgar, con lo cual se han muerto así mismos muchos indios, bebiéndola desesperados, en esta isla y en la de Cuba, por salir de la vida tan amarga que los españoles les daban, según que en otra parte se dirá ; pero con un hervor

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que se dé al fuego, pierde la ponzoña y queda hecho vinagre sabroso para guisar algunos guisados que requieren agi*o 7 vinagre, y asi lo hacian los indios y yo comí algunas veces dellos. d (Apol. hist. Cap. XI.)

Como hecho notable debemos manifestar que las ma yores yucas y ajes mencionados por Las Casas^ fueron producidos en hoyos de tierra muy mullida y calcárea y no en montones. En estos casos la tierra poseía por naturaleza todas las benéficas circunstancias necesarias para que dichos órganos alcanzasen ese enorme desarrollo. « En la Isla de la Mona existen entre las peñas unos hoyos de tierra bermeja, y en estos hoyos se hacen las raices de yuca y ajes, de que se hace el pan cagabi, tan gruesas, que cuan grande y capaz es el hoyo, tan grande es el aje ó la yuca, por manera que partido por medio*acaece ser la mitad ó poco más, carga de un in* dio. )> (Cap. 98). Describiendo la cordillera de las sierras que hacen la Vega grande, dice : «Todas estas duras y ásperas, aunque llanas peñas ó lajas, son de la especie y naturaleza de las piedras que hay mejores de que se hace cal ; tienen muchos hoyos de dos y tres palmos de hondo, y en contorno otro tanto y más, y en este hondo hay una tierra muy colorada ó bermeja como almagra, esta tierra es de tanta virtud y fertilidad, que las cosas que en ella se siembran de las labranzas de los indios (porque son plantas de donde nacen las raices de que hacen pan), que si echan en las otras tierras ó parte desta isla las dichas raices tan gruesas como la pierna ó el brazo, se hacen allí tan gruesas cuanto es todo el hoyo, que partidas por medio tiene un indio, con He-

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vara cuestas la mitad, no chica carga. (Cap. 3. Apologética historia.)

La carga reglamentaria del indio pesaba dos arrobas^ por consiguiente, esas yucas y ajes deberían pesar cua* tro arrobas.

En la actualidad la yuca se cultiva, por lo general, en llano. Solo cuando el terreno es muy bajo ó de pequeña profundidad en su capa vegetal, algunos raros agricultores levantan montones ó camellones. Por el contrario, el ñame es cultivado en todas circunstancias en montones, habiendo nosotros perfeccionado notablemente el sistema indígena. Sería conveniente adoptar igual conducta respecto de la yuca, cultivándola siempre, no en montones separados, costosos de levantar por la fuerza humana, sino en montones continuos, es decir, en camellones, que se disponen con facilidad por medio del arado. De esta manera, aprovechándonos de la experiencia de los primitivos habitantes de nuestro fecundo suelo y siguiendo las indicaciones de la ciencia, introduciríamos en estérame importante de nuestra agricultura mejoras de notable utilidad.

No olvidemos que el cultivo de la yuca en camellones seró provechoso, no solo relativamente al mayor desarrollo de sus órganos, sino también reduciendo el precio de la recolección de la cosecha. De suerte que aunque al principio aparezca caro disppncr la tierra en camellones, al final se verá, que por el aumento del producto y la íacilidad de sacar la yuca^ en realidad se habrán obtenido grandísimas ventajas.

iün un estudio general acercado cualquier cultivo, es

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imposible extenderse sin medida describiendo con minuciosidad todos sus detalles, porque las prácticas deben variar según las circunstancias. Cada agricultor, en el caso que opere, debe adoptar los medios más propios y adecuados á sus requisitos. Lo esencial es conocer los principios generales, que deben ser considerados para con tino discurrir y ejecutar las prácticas exigidas por las condiciones locales, con arreglo á la naturaleza de la planta y del terreno. No todas las especies de yuca producen tubérculos de iguales dimensiones. Es necesario, pues, atendiendo al mayor desarrollo de la raíz tuberculosa, que cada especie pueda producir, disponer la tierra para que en ella encuentre el medio apropiado á su crecimiento. La altura del camellón deberá por consiguiente variar ya por esta primera circunstancia . Si el terreno, por olra parle, posee una capa vegetal de poco espesor, el camellón tendrá que ser más alto.

Atendiendo al tamaño máximo de la raíz, en el caso extremo, debemos admitir que la altura del camellón y la base correspondiente al terreno á partir de la superficie, debe presentar en su totalidad una capa ahuecada y bien mullida por lo menos de un metro. Suponiendo, por ejemplo, en el terreno una capa vegetal labrada á cuarenta centímetros de profundidad, el camellón debería tener entonces sesenta centímetros de altura, y mientras menor fuese la profundidad de la capa vegetal movida por el arado, mayor tendría que ser la altura del camellón. Guando las dimensiones de los tubérculos, según la especie, fuesen menores, así disminuirían las del camellón.

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Cualquiera que sea la altura del camellón, no con-! viene al levantarlo desde el principio dársela por completo: es útil, por lo menos dejarlo, al comenzar el cultivo, solo á las dos terceras parles y luego cuando la planta tenga poco más ó menos cuarenta centímetros de altura concluir, arrimando tierra, por darle toda la elevación que debe tener.

Antes de plantar los pedazos del tallo de la yuca, (cangré)f conviene hacerlos permanecer, por lo menos, 24 horas en agua. De esta manera se facilita y favorece el desarrollo de las yemas.

Cultivando la yuca agria con arreglo á nuestras indicaciones, será posible obtener ochenta mil y hasta doscientos mil kilogramos de tubérculos por hectárea. Ea las mejores circunstancias no seria imposible obtener el doble de esta última cantidad. A este producto es preciso agregar las cosechas de los frutos asociados al cultivo de la yuca.

El aprovechamiento industrial de la yuca es materia de suma importancia, que nos proponemos tratar detalladamente en otro lugar, describiendo los distintos pro ductos y los medios perfeccionados de obtenerlos. Nos contentaremos pues, con exponer algunas sencillas observaciones útiles para esclarecer la historia primitiva de esta industria.

El burén, que con mayor frecuencia empleaban los indios, era de barro cocido; pero á veces se hacia de un solo pedazo de piedra. Labat (Nouveau voyage aux lies de FAmérique, 1. 1, pág. 409), vio una de esas losas que tenia veintidós pulgadas de largo, sobre catorce y media

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de ancho y tres pulgadas de espesor. Esta piedra se encontró en una escavacion con algunas obras do barro y figuras de ídolos.

El instrumento que servia para rallar la yuca es el guayo^ consistente en una tabla sobre la cual se ponían unas pequeñísimas y agudas piedras, que rompían los tejidos de la raíz. El guayo^ como indica Las Gasas, también se preparaba colocando una piel de lebísa sobre la tabla, y sugetándola bien estirada.

La yuca rallada es la catibía, y el jugo que se exprime de ella es el yare ó naiboa. El tamiz para pasar la yuca es el jibe. La paleta de madera ó de yagua, que sirve para extender, emparejar y comprimir ligeramente la catibía sobre el burén, lo mismo que para voltear la torta de casabe, es la cuisa.

A pesar de todos los progresos, el primitivo sistema siboney, se usa aúa en algunos puntos de Cuba y en muchas otras comarcas americanas.

Genialmente el casabe se prepara en tortas; pero también se dispone, con suma curiosidad, doblándolo como sí fuese un pañuelo. Este casabe, que llaman casabilloy por lo común no se encuentra en el comercio, y se hace solo para el consumo particular de algunas familias/

Después de la yuca, como importancia en el régimen alimenticio de estos indios aparecía el o/e, cuyo primitivo cultivo describiremos siguiendo la relación de Oviedo, qae lo vio ejecutar por los indígenas.

« En esta Isla Española y en todas las otras islas é Tierra-Firme é en mucha parte della, hay una planta

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que se llama ajes^ tos cuales quieren parescer algo en la vista á los nabos de España en especial los que tienen la corteja ó tez blanca de encima ; porque estos ajes haylo8 blancos y colorados que tirana morado, y otros como leonado ; pero todos son blancos de dentro por la mayor parte, y algunos amarillos, y muy mayores que nabos comunmente. Crianse debaxo de tierra, é hacen encima de tierra una rama tendida á manera de correhuela, pero mas gruesa ; la cual con sus hojas é rama cubre toda la superficie de la tierra, do están sembrados los ajes ; é la hechura de la hoja es semejante mucho á la correhuela ó quassi yedra ó panela, con unas venas delgadas, é los astilejos, de que penden sus hojas, son luengos y delgados. Al tiempo que se han de sembrar los ajes, hacen la tierra montones por sus liños, como se dixo en el capitulo de la yuca antes deste, y en cada montón ponen cinco ó seys tallos ó troncos y mas de aquesta rama, hincados en el montón con sus hojas, é luego prenden ó se encepa la planta; é como he dicho, por encima de la tierra se extiende é la cubre toda, é debaxo en las raices que hace echa el fructo, que son aquestos ajes. Los quales están saponados desde á tres é á quatro é á cinco é seys meses los mas tardíos ; porque segund la tierra, donde se ponen, es fértil ó flaca, assí responde el fructo mas tarde ó mas temprano; y aun también en la misma planta é en el tiempo en que se pone, consiste venir presto ó tardarse el fructo, y también los temporales ayudan ó estorban mucho; mas no pasan de seys meses en estar para coger los ajes, aunque sean los mas vagarosos ó tardíos. Quando son

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saponados, con un agadón descubren el montón é sacan diez é doce é quince é veynte é treynta é mas ó menos ajes, unos gruesos é otros medianos é pequeños segund es el año fértil ó estéril. Son buen mantenimiento é muy ordinario é ne^essario hasta para la gente de trabaxo ; é como son de menos costa é tiempo, muchos hay que no le dan otro manjar á sus indios ó negros sino estCt é carne ó pescado ; é assi en todas las haciendas ó heredamientos, hay muchos montones é ha^as destos ajes, los cuales cocidos son muy buenos^ é asados tienen algo mejor sabor, y de la una ó de la otra manera tienen sabor de castañas muy buenas, yes gentil fructa para los cripstianos; porque como no la comen por principal y ordinario manjar, sino de quando en quando, sabe mejor. Asados é con \¡no son buenos de noche sobremesa, éen la olla son buenos. »

Oviedo distingue el aje indígena del extrangero, al cual llama ñame.

c( Ñame es una fructa extrangera é non natural de aquestas Indias, la cual se ha traydo á esta nuestra Isla Española é á otras partes de estas Indias : é vino con esta mala casta de los negros, é háse fecho muy bien, é es provechosa é buen mantenimiento para los negros, de los quales hay mas de los que algunos avrien menester, por sus rebeliones. Estos nnames quieren parescer ajes ; pero no son tales, é son mayores que ajes comunmente. Córtanlos á pedazos, é siembran soterrándolos un palmo del^axo de tierra, é nascen ; é assi vinieron los primeros é después de la planta ó rama que hacen se han multiplicado mucho en las islas que hay pobladas de chrips-

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tianos é assí mismo en la Tierra-Firme; ¿ es buen mantenimiento. » (Líb. Vil, cap. xix).

•Los medios de multiplicar los ñames son : I."" Sus se* millas. 2."" Los bulbillos, que en algunas especies aparecen sobre los tallos. 3."^ Por secciones de los tubérculos. 4.° Por estaca ó pedazos de los tallos.

Existen especies de ñames en las cuales se pueden emplear según plazca ó convenga cualquiera de estos cuatro arbitrios : en otras solo es posible usar tres de esos medios. La diferencia consiste únicamente en el hecho de la producción de los bulbillos en las axilas de las hojas. Sin embargo de poder siempre recurrir á las semillas, este procedimienío no se usa, porque es difícil conseguirlas. De manera que en realidad, en la práctica corriente, solo se reproduce el ñame común por secciones de sus tubérculos ó por estaca.

Estudiemos separadamente los distintos procedimientos que podemos usar para reproducir tan preciosos tubérculos.

1.^ Por semilla. Siendo estas plantas dioicas, es decir, estando separadas las flores hembras de los machos en individuos distintos, habitando en dos diferentes moradas, es necesario, para que se realice la fecundación, que ambos sexos existan próximos para que el polen del uno llegue al estigmate del pistilo. Podemos citar un hecho acerca del cual se han publicado muchos trabajos. Las plantas del ñame de China que al principio se obtuvieron en Francia, eran todas machos. Pjor casualidad Hardy, en Argel, tuyo algunas hembras y logró semilla^. Esas hembras fueron remitidas á Fran-

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cia, donde enlomas se consiguieron semillas. Duchartre (Journ. de la Soc. Imp. et centr. d'hort. 1858, pag: 465478); esludió las flores, semillas, etc. Le Maout y Descaine (Traite general de Botanique, pag. 575), describieron también esos mismos órganos. Las semillas obtenidas fueron sembradas y dieron fuertes y bien constituidas plantas. Los promovedores del cultivo del ñame de China en Francia, esperaban obtener por la propagación por semillas alguna nueva variedad, que tuviese tubérculos menos largos y más gruesos. Aún cuando la multiplicación por semillas, produzca con frecuencia nuevas variedades, se sabe, por sin número de observaciones, que estas también se originan por cualquier otro medio de propagación. Las yemas donde quiera que se hallen pueden variar. Nuevas y numerosa^ variedades aparecen en las plantas propagadas por estacas y secciones de los tubérculos. Quizás se llegaría con más pronlitud y seguridad á mejorar el ñame de China, cruzándolo por fecundación artificial con las especies que presentan las circunstancias que en él apetecemos. Si esto aconteciese, seria prudente abandonaren lo sucesivo en la variedad creada la propagación por semillas, la cual en un plazo más ó menos largo, podría concluir por originar uno de los tipos productores. En ese caso seria preciso adoptar la propagación por estacas ó secciones del tubérculo. Podría, sin embargo, asi mismo acontecer que la variedad mestiza quedase fija á pesar de lsi« propagación por semilla. Esto solo lo puede dar á conocer la experiencia. Nos hemos ocupado incídentalmente del ñame de China, pero para nosotros no lie-

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ne importancia, poseyendo especies muy superiores á él en todos conceptos.

2."* y 3/ Por secciones de los tubérculos y por bulbilíos. Estos dos medios de propagación han sido estudiados en todos sus pormenores en nuestros « Apuntes acerca de varios cultivos cubanos. »

4.'' Por estaca ó pedazos de los tallos. En China y Ja- {Mm, aún cuando se prefiera la propagación usando las cabezas ó cualquiera otra porción de los tubérculos, se emplean también trozos de los tallos. Los indígenas de Cuba y Haití propagaban únicamente el aje por seccio» nes del tallo, aprovechando por completo el' tubérculo para su alimentación. De una manera general, no es dudoso que es más conveniente la multiplicación por medio de los tubérculos, pues estos ofi*ecen mayor cantidad de alimento acopiado para el desarrollo y medro de las yemas. Cuando transcurre ese primer período de desarrollo, así que la planta posee fuertes raices, ya no necesita alimentarse con materiales preparados con anticipación, aún cuando un régimen continuado y suplementario de estos pueda siempre serle útil. En el tallo, aunque en menor cantidad, también se encuentran para propender al desarrollo de las yemas substancias alimenticias preparadas y almacenadas con anterioridad.

Será preciso averiguar por experimentos comparativos, si la cantidad de alimentos contenida en el tallo es suficiente para que se desarrollen vigorosamente las yemas, produciendo plantas que originen grandes tubérculos. Respecto á la economía, no hay duda que es preferible la propagación por secciones de la rama, pues

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de ese modo se aprovecha todo el tubérculo para la ali^ mentación de los hombres. A pesar de continuar propagando el ñame por secciones de sus tubérculos, seria muy conveniente emplear también con el mismo objeto pedazos del tallo. De esta manera, aún cuando no fueía más que para conseguir ñames para semilla^ se obtendría una gran utilidad. La operación es muy sencilla. Consiste en cortar pedazos del tallo de 25 centímetros de largo ó más pequeños y depositarlos en zanjuelas abier* tas en los mismos camellones, entre las matas de ñame^ enterrándolos en sus dos terceras partes inferiores con una ligera inclinación, tal cual se hace cuando se planta el bejuco de boniato* Los ñames asi obtenidos, servirían por lo menos para semilla. Para que estas estacas prendan con más facilidad, conviene antes de plantarlas dejarlas 24 horas en agua. Los indígenas de Cuba y Haití no enrodrigonaban los ñames. Colocar varas para sostener las ramas, es lo más conveniente, porque prescindiendo de la mejor aereacion, esa obra permite que se ejecuten con facilidad todas las operaciones minuciosas del cultivo y además hace posible intercalar ó asociar otras siembras á la del ñame. El cultivo del ñame, tal cual se encuentra descrito en nuestros iápun/es, nos parece excelente. Sin embargo, en terrenos en extremo sueltos, enjutos, de honda capa labrantía, bien removida por labores profundas, trabajados con potentes desterronamientos, etc., se podría cultivar, cierto es con menor ventaja^ el ñame en llano^ como se cultiva el boniato, empleando sus ramas para propagarlo y dejando luego tender el bejuco por tierra. Con seguridad^

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fue á pesar de conseguirse una buena cosecha, esta no aeria comparable á la que se obtiene cultivando el ñame según las prácticas tradiccionales de nuestro pais.

Conviene advertir que todas las especies de ñames no Pfoducen tubérculos de igual (amaño. En algunas ese órgano pesa poco más ó monos solo dos kilogramos. La especie que produce los tubérculos más agradables, á nuestro gusto, el cuchú^ se encuentra en ese caso. Cuchú es nombre caribe. Semejante variedad podría sin inconveniente ser cultivada en llano, pues hasta su forma se presta á ello.

Para aclaración de cuanto acabamos de exponer, conviene no olvidar que, según Oviedo y Las Casas, el ñame, ó mejor dicho el aje, producia abundantes cosechas y tubérculos de gran tamaño, plantando estacas ó secciones del tallo. La elección definitiva entre la propagación por partes del tubérculo ó por pedazos de la ra* ma, no puede, pues, realizarse, sino recurríendo á experimentos comparativos. Creemos, sin embargo, que se adoptarán los dos medios, prefiriendo el uno al otro, ó combinándolos, según las circunstancias. •

Cuando nos ocupemos esperimental y detalladamente de estos hechos, estudiaremos cierto fenómeno que en ellos se produce, el cual es análogo á otro, que pocos consideran en su manifestación.

Por ñn, otro tubérculo que cultivaban los indígenas de Cuba y Haití era el boniato. Oviedo nos refiere el método que seguían. Transcribimos su relación :

« Batatas es un grand mantenimiento para los indios en aquesta Isla Española é otras partes, é de los mas

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pregiosos manjares que ellos tienen, y en sabor muy mejores; puesto que, á mi parescer, todo meparesge una cosa ó quassi en la vista, en el cultivar y aun mucho en el sabor, salvo que la batata es mas delicada fructa ó manjar, y el cuero ó corte(;a mas delgada, y el sabor aventajado y de mejor digislivo. Una batata curada no es inferior en el gusto á gentiles mazapanes. Pénense en montones é críanse, como los ajes ó la yuca, é assí se plantan, como en el capítulo precedente se dixo de los ajes ; é assí llenan é están de sa^on á tres ó quatro é á cinco ó seys meses, á lo mas tarde, segund la tierra é tiempo en que se cultivan. La hoja de la batata es mas harpada que la del aje, pero quassi de una manera ; c assí se extiende la rama sobre el terreno, é ni mas ni menos se curan : é se comen cocidas é asadas y en potages é conservas, é de qualquier forma son buena fructa é se puede presentar á la Cesárea Magestad por muy presciado manjar. Para mí yo tengo crcydo que los ajes é batatas tienen mucho deudo ó similitud, salvo que las batatas hacen mucha ventaja á los ajes, é son mas delicadas é melosas, assí como se aventajan unas manganas de otras, é las camuessas sobre todas, assí entre los ajes hay unos mejores que otros, y entre las batatas se hallan cinco especies de géneros deltas diferenciadas en la rama ó en la hoja, é tienen aquestos nombres : a?iíguamar^ aíibiuneix^ guaraca, guacarayca é guananagax^ y todas son batatas, y á mi parecer poco se diferencian. Mas los expertos agricultores hallan mucha diferencia de unas á otras, assí en la planta como en la abundancia del fructo y en el tiempo de la cosecha, y

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en el sabor * y esta que llaman aniguamar tienen por la mejor é mas preciada. »

En Cuba se cultiva el boniato en llano. Se cultiva en camellones solo cuando las tierras son bajas ó de pequeña profundidad en su capa vegetal. Aqui como no se riega, no es circunstancia que debe considerarse para modificar las operaciones del cultivo. En Málaga, por el contrario, siempre se riega, de manera que siempre se cultivan les batatas en camellones ó almorrones de 50 á 60 centímetros de altura. Se riega por surcos en cualquiera de sus formas. Manuel Casado, tan conocedor de la agricultura de aquella zona, ha expuesto todas las circunstancias de este cultivo en dos preciosos artículos que vieron la luz pública en « El Campo » números 15 y 16, l.oy 16 de julio 1878).

No todas las especies de boniato producen tubérculos de igual tamaño : por tanto la cosecha en la misma extensión de tierra varía según la naturaleza de la planta , admitiendo igualdad completa de las otras circunstancias. En Cuba se puede calcular en 50,000 arrobas por caballería el producto obtenido de la mayor especie, por el método común de cultivo. Naturalmente ese producto seria más considerable si el cultivo fuese más esmerado.

Respecto á la elección del método de cultivo, atendiendo á las dimensiones de los tubérculos, es indudable que las especies que producen tubérculos, que pesan á lo sumo dos libras, pueden ser indistintamente cultivadas en llano ó en camellones, siempre y cuando las tierras sean profundas, bien preparadas, etc. Pero existen

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otras especies, cuyos tubérculos llegan á pesar hasta 100 libras. Es evidente que esas necesariamente deberían ser cultivadas en camellones, para obtener asi de ellas el producto máximo. Podemos citar un boniato que pesaba 96 libras, el cual fué cosechado en el Cafetal Torbellino. Muchas personas lo vieron. Cuando se cultive el boniato en camellones, quizás convendría enrodrigonar las ramas, como se hace con el ñame. De esta manera se facilitarían las labores de cultivo y se podrían asociar otras plantas ala principal. Sobre todo cuando se riega, podría ser muy útil esa operación, porque el bejuco se enloda, las hojas no funcionan normalmente y hasta pueden concluir por podrírse. Es evidente que si alguna vez cultivásemos regando por surcos, sería preciso cultivar en camellones todaslas especies.

Existen en el país muchas especies de boniatos. Algunas solo conocidas en ciertas localidades. Las más finas son pequeñas. Entre ellas hay algunas que son muy superiores á las renombradas batatas de Nerja. Prescindiendo de la especie, que imprime el carácter general á la planta, el terreno y el cultivo ejercen una influencia en extremo profunda en la calidad de la cosecha.

Para evitar confusiones, debemos advertir que es muy conveniente conocer el desarrollo máximo de una planta, para tratar de conseguirlo constantemente por el cultivo ; pero, no debe perderse de vista que muchas veces es más provechoso que los frutos tengan menores dimensiones y que sean más numerosos. De esc modo la cosecha total será más considerable.

K^y

La palabra bonialo, que hemos aplicado á las batatas en su origen expresaba la yuca dulce (boniata.)

Seria imposible á ciencia cierta describir los instrumentos de agricultura empleados por los indígenas de Cuba y Haití ; pero, á falta de noticias particulares, podemos inducir los que podían poseer comparando su estado de cultura con el de otros pueblos que se hallaban respecto á este asunto poco más ó menos en el mismo grado de civilización, no olvidando que, por naturaleza, tenían gran ingenio y suma habilidud para todo (35). a En saber sin letras, ninguna generación les aventaja, » decía Colon.

El punto esencial era conocer el fin que deseaban conseguir, y el resullado que obtenían. Respecto á los medios que usaban para lograrlo, aunque no nos fuera posible tener de ellos el más puntual conocimiento, el particular es poco importante, porque en nuestro actual estado de civilización no vamos á adoptar los arbiti'ios primitivos de pueblos incultos : en la verdadera infancia de la humanidad. En el siglo del vapor y de la electricidad; en este siglo en que el hombre adelanta con rapidez al descubrimiento de las leyes que rigen la fuerza y la materia ; en este siglo en que se busca el orí¿;en y destino de los seres en el tiempo y el espacio, cuando el progreso nos parece infinito, no podemos retrogradar y emplear los defectuosos medios de que se valían los mansos siboneyes y haíties para trabajar la tierra .

Pondremos de manifiesto los útiles que usaban para ejecutar diversas obras, y luego examinaremos los ins-

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trumentos agrícolas que hubiesen podido construir empleando los mismos úliles para el trabajo.

Cuando Colon descubrió estas Antillas, sus habitantes se encontraban en plena edad de piedra pulimentada ó neolítica. Desconociendo el uso de los metales, tenían que recurrir para realizar sus trabajos á los útiles de piedra, dispuestos á su intento, á huesos de animales y á la acción del fuego (35 bis).

Todos los pueblos de la tierra han pasado por esa etapa, y algunos se encuentran aún en ella (36).

El Dr. Chancas, que acompañó á Colon en su segundo \iaje, nos dice : « Todas estas gentes destas islas que fasta agora se han visto, no poseen fierro alguno. Tienen muchas ferramientas, ansí como hachas é azuelas, hechas de piedra, tan gentiles é tan labradas, que es maravilla como sin fierro se pueden hacer » (57).

Oviedo (lib. YI, cap. IV), al describir la construcción de las canoas, no solo manifiesta como se usaban las hachas, sino aún la manera de fijarlas en un cabo para manejarlas con facilidad. — « Cada canoa es de una sola pieza ó solo un árbol, el qual los indios vacian con golpes de hachas enastadas, como aquí se ve la figura della, y con estas cortan ó muelen (38) á golpes el palo, abocándolo, y van quemando lo que está golpeado y cortado, poco á poco, y matando el fuego, tornando á cortar y golpear como primero ; y continuándolo assí, hacen una barca quassi de talle de artessa 6 dornajo ; pero honda é luenga y estrecha, tan grande é gruessa como lo sufre la longitud y latitud del árbol de que la hacen ; y por debaxo es llana y no le dexan quilla.

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como á nuestras barcas y navios. Estas he visto de porte de quarenta y cinqúenta hombres, y tan anchas, que podria estar de través una pipa holgadamente entre los indios flecheros... »

Las Casas (Hist. délas Ind.y lib. I, cap. XLYIII) cita « una canoa de un madero de noventa y cinco palmos de longura, en que podían, diz que, navegar 150 personas; era hermosísima. No es maravilla, porque en aquella isla hay muy gruesos y muy luengos y grandes y odoríferos cedros colorados, y comunmente, todas las canoas se hacian de aquellos preciosos árboles » (39). De esas hachas de piedra se encuentran infinidad, por toda la isla, y aquí, como en otros países, son conocidas con el nombre de piedras de rayo (40).

Además de las hachas, tenían manayas^ que eran cuchillos de piedra en extremo afilados.

Para cortar el árbol empleaban el fuego y las hachas de piedra. Bien es verdad que, atentos siempre á beneficiar de todos los fenómenos naturales, podían utilizar los árboles derribados por los vientos ó arrastrados por las corrientes de los ríos (41).

Según Oviedo (lib. VI, cap. v), para obtener el fuego « toman un palo tan luengo como dos palmos ó mas, según cada uno quiere, y tan gruesso como el mas delgado dedo de la mano ó como el grossor de una saeta, muy bien labrado é lisso, de una buena madera fuerte que ya ellos tienen conoscida para esto ; é donde se paran en el campo á comer ó á cenar é quieren hacer lumbre, toman dos palos secos de los mas livianos que hallan é juntos estos dos palillos lijeros é muy juntos

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é apretados el uno al otro, pónenlos tendidos en tierra, y entre medias destos dos, en la juntura dellos, ponen de punta el otro palo recio que dije primero, é entre las palmas torciéndole ó frotando muy continuadamente ; é como la punta ó extremo baxo esté ludiando á la redonda en los dos palos baxos que están tendidos en tierra, enciéndelos en poco espacio de tiempo, y desta manera hacen fuego » (42).

Según Las Casas (^Ipo/. Hist. cap. XIII), «de la guacima sacaban fuego los indios ; tomaban dos palos del muy secos ; el uno tan gordo como dos dedos, y hacian en él con las uñas ó una piedra una mosquecita, y ponían este palo debajo de ambos pies, y el otro palo era más delgado como un dedo, la punta redondilla, puesta en la mosca, con ambas palmas de las manos traíanlo á manera de un taladro, y esto con mucha fuerza; con este andar de manos salia del palo de abajo molido, de la misma manera delgado como harina, cuanto el palo de abajo se ahondaba con el de arriba y cuanto más el hoyo se ahondaba y el polvo salia, tanto más apriesa con las manos y con fuerza y vehemencia, y entonces el mismo polvo ó madera molida que del palo de abajo salia, era encendido de la manera que se enciende la yesca dando con el eslabón en el pedernal en Castilla. »

Los indios siempre tenian fuego en sus bohios, sobre todo para dormir. Cuando sallan de noche tomaban un tizón en la mano.

Todas sus obras se trabajaban por medio de esas hachas de piedra y del fuego. Las sillas (duhos), remos

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(nahes) é ídolos de madera (cernís) eran en extremo notables. Hacían también cernís de piedra.

El trabajo de ahuecar un tronco para hacer una fa^ noa es tan grosero, que no necesita arte, sino fuerza y actividad. Si la industria de los siboneyes y haitíes se hubiera reducido á tan basta obra, no tendríamos verderamenle motivo de admiración. Por fortuna otros trabajos demuestran su singular inteligencia, gusto y habilidad. Sabian escultarla madera y la piedra disponiendo los objetos para multiplicados usos y representando al vivo seres naturales ó concepciones imaginarias.

Cuando volvieron los dos cristianos, descubridores del tabaco, que Colon mandó fuesen al interior de Cuba, dijeron que los siboneyes los habian llevado á una gran casa, y que allí a los hicieron sentar en unos asientos hechos de una pieza, de extraña forma, y semejantes á un animal que tiene brazos y las piernas cortas y la cola un poco levantada para apoyarse, para estar con mas conveniencia, con una cabeza en la facha, y los ojos y oi*ejas de oro (Don Fernando : Hist. del Almirante, cap. xxvii).

Prescindiendo del juicio de Oviedo, solo como demostración del arte de los indios, citaremos los siguientes pasajes : « No he hallado en esta generación cosa entrellos mas antiguamente piulada ni esculpida ó de relieve entallada, ni tan principalmente acatada ó reverenciada como la figura abominable ó descomulgada del demonio, en muchas é diversas maneras pintado, ó esculpido, ó de bulto, con muchas cabezas é colas, é diflbrmes y espantables é caninas é feroces dentaduras,

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con grandes colmillos é desmesuradas orejas, con en cendidos ojos de dragón é feroz serpiente, é de muy difeíenciadas suertes j y tales, que la menos espantable pone mucho temor y admiración. Y esle tan sociable, é común, que no solamente en una parte de la casa lo tienen figurado, mas aun en los bancos, en que se assientan (que ellos llaman duhos), á significar que no está solo el que se sienta, sino él y su adversario. Y en madera, y de barro, y de oro, é en otras cosas, quantas ellos pueden, lo esculpen y entallan ó pintan, regañando é feroQissímo, como quien él es. Al qual ellos llaman §emi, etc. » (lib. V, cap. i y iii).

c( Al cacique é hombres principales poníanles unos banquillos de palo, muy bien labrados, de lindas maderas é con muchas labores de relieve é concavadas, entalladas y esculpidas en ellos, á los cuales bancos ó escabelos llaman duho » (lib. VI, cap. i).

Cuando Barlolomé Colon fué á percebir el tributo impuesto al cacique Behechio, su hermana Anacaona (flor de oro)^ como en talento y corlesanía, se distinguió igualmente en los obsequios y regalos. La noche antes de venir al puerto hospedó toda la comitiva en un lugar suyo, donde tenia un caney ó bohio grande para guardar su tesoro. Consistía este, no en alhajas de oro ó plata ni en joyas de ricas pedrerías, sino sencillamente en todas aquellas cosas necesarias y concernientes á los usos domésticos. Allí la madera dócilmente se prestaba á la fabricación de preciosas sillas ó dwAos y á toda especie de utensilios de diferentes forma y tamaño, propios y adecuados al servicio de la mesa, al lavado de las na-

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guas, y á todos los menesteres de la limpieza del cuerpo. Tenia multitud de vasijas de barro para la cocina y otros usos. Todo hecho y trabajado con una habilidad y primor exquisitos. La madera negra y lustrosa se tuvo por ébano de la mejor especie. Se escababa y desbastaba con el uso del fuego ; los instrumentos eran pedemales y guijarros durísimos. Y sin más que la imitación natural y la paciencia, se fabricaban primorosos artefactos, adornados de figuras de hombres, animales, flores y visiones extrañas, representadas en relieve. ¿Qué no harían, pregunta Angleria, si conociesen el hierro y el acero ? Bartolomé Colon se llevó catorce duhos y de los demás utensilios hasta sesenta (Petr. Mart. Angleria : De orbe novo; Par., 1587; pág. 55. Ramusio, Ter. vol. fol. 11. b. — Las Casas : Hist. Ind., lib. I, cap. cxvi. — Herrera : Dec. I, lib. m, pág. 73. — Muñoz : Historia del Nuevo-Mundo, pág. 269. — Washington Irving : Vie ct voyages de Christophe Colomb, t. II, pág. 244).

Debemos advertir que la fuente principal donde todos han bebido es la relación de Angleria, el cual, no solo tuvo la completa y directa noticia dada por Bartolomé Colon, sino que además poseyó algunos de esos objetos.

Los haities se esmeraron en adornar algunas cuevas en que iban á hacer ceremonias religiosas. En el partido de Dondon, á seis ó siete leguas del^Cabo-Frances, existe una caverna que tiene 150 pies de profundidad y otro tanto de alto ; pero es muy estrecha ; la bóveda es tan regular y hermosa, que con dificultad se creeria que es obra de la naturaleza. No se vé en este lugar nin-

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guna estatua ; pero se apercibe por todas partes cemís grabados en ia roca, y toda la caverna parece como dividida en muchos nichos altos y bajos y bastantes profundos, tan bien dispuestos, que se creería que hablan sido hechos con un fin determinado (Charlevoix : Hist. de rile Espagnole, t. I. pág. 60).

Probablemente esos nichos contendrían en otro tiempo estatuas de cemís.

Descourtilz (Voyages d'un naturaliste, t. II, pág. 18), además de la cueva anterior, cita la de Dubeda, situada en la finca de este nombre, cerca de las Gonaives, y la de la Montaña de la Selle, próxima á Port-au-Pr¡nce. El interior de estas cavernas está adornado con cemís, grabados é incrustados en la roca. Descourtilz nos ha conservado el dibujo de cuatro curiosos cemís de piedra. Uno de ellos representa una especie de sirena.

A todas estas noticias respecto del arte de los indios debemos agregar las bellas fuentes de madera, que empleaban para hacer la cohoba, y la habilidad con que vaciaban un tronco para hacer un tambor, el cual adornaban luego con primorosos dibujos en su exterior.

Dice Las Casas que los indígenas de Cuba y Haití no tenían más instrumentos de agricultura para hacer los montones en que plantaban la yuca, el aje y la batata, sino unos palos, como garrotes, tostados, que llamaban coa. Semejante útil podía servir para romper la tierra, pero no para recogerla y hacer con ella un montón. Creemos que debían poseer otros instrumentos de trabajo, pues disponiendo de excelentes maderas duras, fuego,

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y de útiles de piedra para labrarlas, es imposible que no se les hubiera ocurrido disponerlas en forma de palas ó azadas para conseguir sus fines. Lo que acontecia entre otros indios americanos, que se hallaban, tocante á la mecánica agrícola, poco más ó menos en el mismo grado de civilización, nos servirá de guia para resolver el problema.

Torquemada (43) nos dice : « También quedó en ellos el modo rústico de cultivar la tierra con palas de palo, que llamaban huictli^ hechas de madera de enzina, que son muy fuertes, y según las provincias, asi varia la forma destos instrumentos, aprovechándose de ellos unos con solas las manos é sentados en cuchillas ó sobre los pies y otros con manos y pies, hincándolos en la tierra á fuerza de pies y manos. »

Clavigero (44) manifiesta que « para cavar ó menear la tierra se servian los mejicanos del coatl^ 6 coa^ instrumento de cobre con el mango de madera, pero muy diferente de la azada y del azadón. » Es lástima que no nos haya dado otra explicación. Más adelante dice que para sembrar el maiz hace el sembrador un pequeño agujero en la tierra con la punta de un bastón, endurecida al fuego, y echa en él uno ó dos granos de maiz de una espuerla que le cuelga al hombro, y lo cubre con un poco de tierra, sirviéndose de sus pies para esta operación.

En lengua mejicana coalt significa además serpiente y taray ó palo azul.

Probablemente la coa mejicana y la de los siboneyes y haities era el mismo instrumento, unas veces de re-

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gaton de cobre, y otras con punta obtenida por la acción del fuego.

En Cuba se ha conservado el nombre indio de coa para designar el mismo útil usado por los indígenas. Algunas veces se le pone un regatón de hierro. Muchos lo conocen con la palabra ^an.

Coa en lengua de Cuba y Haití significaba también fuente y mam&.

En el Perú (Garcilaso, lib. V, cap. ii) « traen por arado un palo de una braza de largo ; es llano por delante y rollizo por detrás ; tiene cuatro dedos de ancho ; hácenle una punta para que entre en la tierra ; media vara de la punta hacen un estribo de dos palos, atados fuertemente al palo principal, y donde el indio pone el pié de salto, y con la fuerza, hinca el arado hasta el estribo. Andan en cuadrilla de siete en siete y de ocho en ocho, más ó menos, según es la parentela ó camarada, y apalancando (45) todos juntos á una, levantan grandísimos céspedes, increíbles á quien no los ha visto ; y es admiración ver que con tan flacos instrumentos hagan obra tan grande, y la hacen con grandísima facilidad, sin perder el compás del canto. Las mujeres andan contrapuestas á los varones, para ayudar con las manos á levantar los céspedes y volcar las raíces de las yerbas hacía arriba, para que se sequen y mueran, y haya menos que escardar. Ayudan también á cantar á sus maridos, particularmente con el retruécano Hay^ lli (46).

Los instrumentos agrícolas usados en la actualidad por los iljiaáos nos hacen comprender los que emplea-

— fiaban los indígenas americanos (Y. Lubbock : L'honime préhislorique, pág. 415).

La piedra se ha usado para hacer instrumentos de agricultura. En las márgenes del Mississipi se han descubierto verdaderas azadas y palas de silex (Joly, Vhomme avant les métaux^ pág. 234). En la provincia de Antioquia « se encuentran por los campos frecuentemente todavía regatones de indios, que llaman á ciertos instrumentos que servían de azada para labrar la tierra ; pero rematan en punta ancha de cuatro dedos, y formada de una cierta piedra preciosa llamada gallinazo j transparente y de un color negro finisi<> mo » (47).

La piedra de pavos ó gallinazo es la obsidiana.

Concluiremos citando un pasage de Gumilla (48), que, á nuestro entender, nos aclara por completo el particular, y por decirlo así, nos hace asistir al trabajo de los siboneyes y haitíes.

« La primera vez que entré á los Gentiles silvestres creí que, para la tosquedad de ellos, seria fuerte argumento, para agregarlos á mejor sitio, ponderarles que allí no tenían herramientas con que rozar, limpiar la tierra y derribar los árboles ; pero no fué así, porque sacando sus hachas de pedernal, de dos bocas ó de dos corles, y empatándolas por su medianía en garrotes proporcionados, me respondieron que con las macanas (son sus espadas de palo duro) (49) tronchaban la maleza, y con aquellas hachas cortaban los troncos verdes, y las mujeres iban quemando los palos secos. Pregunté cuanto tiempo gastaban en cortar uno de aquellos árbo*

— osles, y me respondieron que dos lunas, esto es, dos meses (cosa que con una hacha ordinaria se hace en una hora). Por eso dije quG no percibo todavía como su trabajo tan lento les podia dar suficiente fruto para su singular voracidad. Pregunté más : cómo y con qué labran aquella piedra tan dura; y me respondieron que con otras piedras picaban éstas, y después, á fuerza de amolarlas en piedras más blandas, con la ayuda del agua, les daban figura y sacaban los filos de las bocas. Jamás vi esta maniobra ; pero creo que, á fuerza de mucho tiempo salian y salen con ella ; ocupación propia para gente ociosa {sic). Para mover, amontonar y formar surcos en la tierra, después de quemada la maleza, se valen de palas formadas de palo durísimo, que unos llaman araco, otros macana, y con ellas cavan, por ser muy poco menos duro el tal palo que el fierro acerado y de buen temple ; estas palas fabrican con fuego, quemando unas partes y dejando otras, no sin arte, proporción y dispendio de largo tiempo. Con las palas de macana, que dije, levantan la tierra (en los sitios húmedos) de uno y otro lado del surco, tapando la paja y el heno con la tierra extraída del uno y otro lado, y luego siembran su maíz, yuca ó manioca y otras raíces, y en todas partes gran cantidad de pimiento, que tienen de muchas especies y algunas demasiadamente picantes, de que gustan mucho y es el único condimento de sus comidas. No pierden palmo de tierra, porque entre el dicho maíz siembran otras plantas. »

La relación de estos procedimientos será más que suficiente para hacer concebir los útiles que podían em-

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plear los indígenas de Cuba y Haití para conseguir los resultados que alcanzaban.

La consideración de sus macanas, duhos, cernís y r^mos (c( que son como palas de horno »), bastará para hacer comprender que además de las coas, podían confeccionar, por medio de las hachas y cuchillos de piedra y del fuego, otros instrumentos de madera haciendo los oficios de palas ó azadas para recoger y amontonar la tierra.

Respecto de las prácticas agrícolas de los indígenas de Cuba y Haití, creemos haber demostrado, fundándonos en los adelantos modernos, que relativamente á las plantas que cultivaban, ejecutaron en su esencia los procedimientos que hoy se consideran como los más perfectos. Arbitrios complementarios, que no podían alcanzar en orden al mejoramiento de la tierra y á la mecánica agrícola, han concluido en los países más adelantados, por perfeccionar á lo sumo el cultivo en camellones ; pero siempre que se trace la historia de ese sistema de cultivo, deberán figurar en ella los siboneyes y haitíes entre los primeros que lo discurrieron y aplicaron.

NOTAS

(i) La clasificación de los tubérculos ha ocupado sobremanera á los botánicos. Algunos, admitiendo pequeñas diferencias, han llegado á las más oscuras complicaciones. Como exactitud y sencillez, la más útil en la práctica es la expuesta por Duchar tre : Élements de Botanique, deux. édii,^ Paris, 1877, pág. 369 y sig. Una clasificación más complicada ha sido propuesta por dos : Du collet dam les plantes el de la naiure des quelques tuber cales; Ann. se, nal., t. XIII (BoL), 1850, pág, 5-20.

(2) Bibliothéque britannique : Agriculture anglaise, t. XIV (1809). Introduction á la connaissance de Tagriculture belge, par J. N. Schwerz, pág. 79-105, 201-228, 271-318, 319-353, 371-381.

(3) Ibn'Al'Awam, agricultor sevillano, que vivió en el siglo xii. Su obra, de la cual nos ocuparemos con extensión en nuestra memoria acerca del cultivo de la caña de azúcar en España, ha sido traducida al castellano por D. José Antonio Banqueri (Madrid, 1802, 2 vol. in-fol.), y al francés por J. J. Clement Mullet (Paris, 1864-66, 2 vol. in-8''), t. n, pág. 198, 201, 186.

(3 bis) Los riegos por sumersión y aspersión son los que debieron practicarse primero, imitando los fenómenos naturales de las inundaciones y lluvia. El riego por surcos, en formas más ó ménos perfectas, exigió ciertos estudios prácticos de agricultura, y demuestra mayor adelanto. Por fin, el riego por capilaridad interna es esencialmente científico, y no ha podido ser imaginado sino después de un estudio físico del terreno.

(4) Artur Young : Le cultivateur anglais, 1. 11, pág. 478.

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(5) L'Agricultiire pratique et raisonnée, par Sir Jonk Sinclair, trad. par G. J. A. Malhieu de Dombasle, París, 183d, 2 vol. in-8*, t. H; Explication des planches, pág. 14.

(6) Sinclair (t. H, pág. 592) alribuye, por inexplicable distracción, el invento de cultivar los nabos, colocando la semilla en cada linea sobre el caballete de una almanta á Dawson, de Frogden, en Roxburghshire. No comprendemos semejante afirmación de parte de Sinclair, pues sin considerar los estudios especiales que llevo á cabo acerca del sistema de agricultura adoptado en los distritos mejor cultivados de Escocia, su posición de Presidente del Consejo de Agricultura, á donde fueron presentados los informes de todos los condados del Reino-Unido, le permitia conocer, cual ninguno, todas las particularidades concernientes á las prácticas agrícolas. Y precisamente ese acopio de fídelignas noticias, con singular discreción discutidas, le sirvieron para redactar su Código, que con justo motivo se considera como la más exacta y metódica descripción de las prácticas agronómicas, vigentes en aquella época en la Crran -Bretaña.

Una sencilla comparación de fechas bastará para aclarar este asunto.

La primera edición déla obra de Tull vio la luz pública en 1755.

Dawson nació en 1754. Arrendó la granja deFrogden en 1759, y comenzó á usarla sembradura en 1765, de manera que cuantas mejoras pudo introducir en el cultivo perfeccionado de los nabos fueron posteriores á ese año. Antes habia sembrado al voleo.

Según Alejandro Low, cuando él redactó su memoria (1797), habia cuarenta y cinco años que los nabos se cultivaban en Escocia^ más ó menos bien, en mayor ó menor escala, por el método que nos ocupa, lo cual fija el año 1752, como principio de dichas prácticas.

Los escoceses tuvieron el buen juicio de adoptar con rapidez el sistema de Tull en todo aquello que tenia de bueno, mejorándolo en sus detalles y asociándole otras prácticas.

Es indudable que Dawson, que Loudon juzga como el hombre que más servicios prestó á la agricultura escocesa, perfeccionó el cultivo en líneas de los nabos; pero ni lo inventó, ni fué el primero que lo practicó.

La memoria de Dawson se ha conservado en Escocia, con gran veneración, porque en efecto fué un eminente agricultor práctico,

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que con singular tino y completo acierto dirigió sus empresas agrícolas, de suerte que su ejemplo ejerció la más benéfíca influencia en la difusión de los conocimientos de la agricultura perfeccionada. Sin embargo, su panegirista se deja arrastrar demasiado por su derramado entusiasmo cuando asegura que « si la celebridad fuese siempre la recompensa de los grandes y útiles talentos, habrían pocos hombres en ningún siglo ni en ningún país, que viviesen más tiempo en la memoria reconocida de la posteridad. » Más difícil le habría sido ser elogiado por. los atenienses.

(7) Ibn-Al'Awanif loe. cit., t. II, pág. 188.

(8) David Low : Élements (Tagnculturej trad. por Lainé; París, 1838, 2 vol. in-8«, t. I, pág. 388 y sig.

(9) /. B. Huzard, fils : De la culture en rayons des turneps ou gros navels, telle qu'on la pratique en Angleterre; París, 1828; 73 pages et 2 planches.

(10) L'Agriculture de Fficosse et de Flríande ; París, 1878, in-8% pág. 31.

(H) Parecerá enteramente extraño á la agricultura tropical ocuparse del nabo, pues nosotros tenemos otras plantas para reemplazarlo con ventaja. En Cuba vejetaría con singular rapidez, porque según Gasparin, solo exige para el desarrollo del tubérculo ÍQQÚ" de calor total, y la semilla se produce cuando ha recibido de 2000 á 2500** de calor total. Seria preciso sembrarlo en tierras de regadío ó en plena estación de lluvias, advirtiendo que probablemente habría animales que lo devorarían según la estación.

£n nuestros estudios generales hemos tenido que ocuparnos mucho de este cultivo, porque para conocer la esencia de la agricultura en todos sus aspectos, es preciso examinar todos los cultivos y compararlos en todas sus condiciones económicas, climatéricas y agrícolas.

Uno de los puntos de mayor importancia es determinar el rendimiento, posible en teoría^ por hectárea. En la práctica, las cosechas varían entre 10 y 50 toneladas por acre (Young, t. II, página 381), ó sea de 25000 á 125000 kilogramos por hectárea.

La cosecha más extraordinaria que conocemos fué obtenida por lord Shannon en Irlanda (Art. Youn^^, cultivateur anglais, t. Vil, pág. 513). El mismo lord redactóla nota que transcribimos :

(( Hoy (21 diciembre 1771), he medido una pértica cuadrada de diez y seis pies sembrada de turneps. Habían sido sembrados en lineas

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distantes de tres pies. Esa pértica produjo 84 nabos, que pesaron siete quintales dosquaters, Ue calculado que ese peso equivaldría áGO toneladas por acre en medida inglesa. En la pértica se notaban espacios vacíos, en los cuales, á no haber fallado las plantas, se habrían recogido por lo menos diez nabos más. Arranqué entonces otros 84 nabos, de los mayores que pude encontrar á una distancia de cerca de 15 yardas de la pértica de que he hablado, y su peso fué de 15 quintales, 15 quaters y 17 libras, lo cual hace 125 toneladas, 29 quintales y 20 libras. Pesé separadamente dos nabos, de los cuales uno era de la especie llamada white tan kard$. Cada uno pesaba 32 libras. El norforlk blanco tenia tres pies y ocho pulgadas de circunferencia. Debe notarse que este terreno no habia sido mejorado en ningún concepto; por su naturaleza era bueno, y solo fué bien labrado. Las siembras se binaron con la azada, t

Reduciendo estos números al sistema métrico, tendremos que 125 toneladas por acre representan 312 toneladas por hectárea, y como no seria imposible llegar á conseguir 200 toneladas por acre, resultan como máximum, hoy teórico, 500 toneladas por hectárea, ó sean 508 000 kilogramos por hectárea, cosecha colosal, inadmisible en la actualidad; pero que obtendrán los nietos de los actuales ingleses.

(12) Cours d*agricaUure anglaise, par Charles Pictet, t. VI, página 121.

(13) Rutabaga ó nabo de Suecia (Brassica campestris RutabagaVilm).

(14) Cobhet (W): k Year's Residence in the Ünited-Slates of America; London, 5 part., in-8% 1818-1819. •

L. P. de Valcourt : Memoires sur TAgriculture, pág. 400 y siguientes.

(15) Feuille du cultivateur, t, I, 1791, pág. 490-492; Observations sur la culture et les avantages de la betterave champétre, par Lacuéede Cessac. La cultivó en las cercanías de Agen en 1786, 1787 y 1788.

(16) I. P, de Valcourt: Memoires sur Tagriculture, les instruraenls aratoires et Téconomie rurale; París, 1851, grand in-8% pag. 447 et suiv.

(17) La culture en billons d'aprés la méthode de Mr. Decrombeque par Paul Blancheman ; París, 1869, in-^2^

N. Basset: Guide du fabricant de sucre, 1. 1, pág. 349.

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(18) Basset, 1. 1, pág. 347.

(19) Dubrunfaut : Le sucre, etc.; París, 1873, 2 vol. in-8«, 1. II, pag. 120 et suiv.

(20) Lubbock : L'homme préhistorique, pág. 236, y sig.

(21) Moeurs des sauvages americains, comparées aux moeurs des premiers temps por le P. Lafitau ; París, 1724; 2 vol. in-4"; t. 11, pág. 76).

Lafítau, que trata con bastante extensión cuanto se refiere á los útiles de piedra, usados por los salvajes, se ha complacido en imaginar un curioso medio de poner el astil á las hachas. Aún cuando el procedimiento es muy posible, ingenioso y científico, dudamos que realmente haya sido ejecutado. Eso, como él confiesa, reclamarla largo tiempo para ser obtenido. En todos los paises el hombre primitivo ha discurrido arbitrios más expeditos para conseguir el mismo resultado :

« Concluida el hacha, se trata de ponerle un cabo. Para esto eligen un arbolito, que hienden, y en la abertura colocan con habilidad el hacha. A medida que va creciendo el árbol, va apretando la piedra, la cual se encuentra al fin de tal manera sujeta por el tronco, que difícilmente se le podría arrancar. Entonces cortan el árbol y tienen el hacha con su mango » (pág. 109).

(22) Laudoniére (Rene Goulaine) : L'histoire notable de la Fioride. — París, 1586; in-8»; pág. 834.

(23) Historia natural y moral de las Indias, etc., compuesta por el P. Joseph de Acosta ; Sevilla, 1590; in-4"; lib. líl, cap. xvni, página 165. — Torquemada : Monarquía indiana, lib. III, cap, xxxii.

(23 bis) Según Las Gasas (Apol. hist., cap. cxcvii) había én Haití tres lenguas : la de Macorix de arriba, la de Macorix de abajo y otra, que era « la universal de toda la tierra, y esta es la más elegante y más copiosa de vocablos y más dulce el sonido. » Se hablaba con la mayor perfección en Xaraguá.

Nos inclinamos á creer que los indígenas de Haití y Cuba, hablaban esencialmente la misma lengua, con algunas diferencias dependientes de las localidades (Oviedo, lib. XVII, cap. iv).

(24) El maíz es planta de origen americano, sin que haya sido aún posible determinar su verdadera patria. Naturalmente debe proceder de alguna comarca cálida, y luego se extendió su cultivo de tal manera, que se le ha encontrado por todas partes, lo cual demuestra las relaciones que tenían los pueblos del Nuevo-Conti-

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tiente antes de haber ido allí los europeos. La misma obsenracion debe hacerse respecto de la propagación del tabaco, algodón y otras plantas.

En Méjico, Perú y otros puntos el maíz era la base de la alimentación. En Cuba y llaiti parece no haber tenido esa importancia, pues aunque conocian varias especies (blanco, morado, amarillo y colorado), lo comían solo tierno ó en leche (ector), crudo ó asado, y también hacian con él cierto potaje molido y con agua (Las Gasas : Apol. hist., cap. xi).

Oviedo (lib. Vil, cap. i) describe como sembraban los indios de Cuba y Haití el maíz. Comenzaban por tenerlo un día ó dos en remojo, y lo sembraban el tercero. Esto indica de parte de los indios alguna observación de ios fenómenos de la germinación. Generalmente sembraban en sazón después de haber llovido.

(( Cuando lo quieren sembrar, dice Oviedo, talan el monte ó cañaveral (porque la tierra donde nasi^ solamente hierba, no es ávida por fértil en estas partes, como la de los cañaverales y arboledas), y después que se ha fecho aquella tala ó roga, quémanla y queda aquella ceniza de lo talado, dando tal temple á la tierra como si fuera estercolada, é quando han de poner en efeto el despartir de la simiente, quedando la tierra rasa, pénense cinco ó seys indios (é mas é menos, segund la posibilidad del labrador) uno desviado del otro un passo, en ala puestos, y con sendos palos ó macanas en las manos, y dan un golpe en tierra con aquel palo de punta, é meneante porque abra algo más la tierra, é sácanle luego, y en aquel agujero que hizo, echan con la otra mano siniestra cuatro ó cinco granos de mahiz, que saca de una taleguilla que lleva ceñida ó colgada al cuello de través, como tahelí, é con el pié cierra luego el hoyo con los granos, porque los papagayos y otras aves no los coman ; é luego dan otro passo delante, é liaren lo mesmo. Y desta forma á compás, é prosiguiendo de un tenor, en ala todos aquellos indios siembran hasta que llegan al cabo de la haga ó tierra que siembran, é de la misma guisa vuelven al contrario, é dan la vuelta sembrando, hasta que hinchen toda la haga, é la acaban de sembrar ; y assi como he dicho, en echando cada uno los granos en el hoyo, lo gierran encontinente con el pié, por las aves. Este mahiz desde á poco dias nasge, porque en quatro meses se coge, é alguno hay mas temprano que viene á tres. Assi como el mahiz va cresgiendo tienen cuidado de lo desherbar, hasta

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que esté tan alto que el mahiz señoree la hierba ; y quaudo está bien cres^ido es menester ponerle guarda, en lo qual los indios ocupan los muchachos, y á este respecto los hacen estar en9ima de los árboles y de andamios, que les ha^en de madera é cañas é cubierfos, como ramadas, por el sol é el agua, é estos andamios llaman barbacoas, é desdtí la barbacoa están continuamente dando voces, oxeando los papagayos é otras aves que vienen á comer los mahizales. » El sistema indígena se ha conservado exactamente igual para sembrar en tumba y kjan ó coa el maiz. Los mejicanos (Clavijero, 1. 1, pág. 540) cultivaban el maiz del mismo modo que los siboneyes y haities.

El maiz se encuentra en América en condiciones tan especiales de vegetación, que su cultivo es posible hasta los 54"* lat. Norte (Grisébach, t. II, pág. 36 i).

Como altura, en la zona intertropical se le halla hasta 2900 metros sobre el nivel del mar (Boussingault : Agr. chim. agrie, et phys., t. III, pág. 71).

Habiendo los escandinavos descubierto, visitado y hasta tratado de colonizar las costas orientales de la América del Norte, durante los siglos X y XI, pudieron los europeos haber tenido noticia entonces del maiz, puesto caso que en aquel tiempo hubiera sido cultivado por alguna tribu india. Rafn (Antiquítés americaines, etc. Copenhague, 1845; grand in-4% pág. 14) cree que los expedicionarios de 1007 vieron el maiz; pero á nuestro entender el hecho es muy dudoso, porque la mención es vaga y la aclaración de Rafn inexacta. Este punto lo trataremos con extensión en otro lugar.

El maiz fué introducido en Europa en 1495 por Colon, que lo mostró en abril en Barcelona á los Reyes Católicos junto con otras producciones de Haití. Desde entonces comenzó á ser cultivado en varios puntos de España, y hasta en Avila y Madrid lo vio Oviedo (lib. YII, cap. n, cap. xiv) : c Vi en aquella cibdad (Avila), que es una de las mas frías de España, dentro de una casa, un buen pedazo de mahizal de diez palmos de alto las cañas, é algo mas ó menos, é tan gruesas é verdes é hermosas, como se puede ver en estas parles, donde mejor se pueda hager ; y allí á par tenia una anoria de que cada día regaban. • Esto lo vio en 1550.

(25) Es necesario distinguir la güiraf llamada por Oviedo Higüero ; por Las Casas, liibuero, y lioy por muchos Jigúero, de las cuales hay por lo menos tres especies, del güiro, que Oviedo llama calaba-

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za, cuyo nombre indígena es, según Píchardo, gnyey ó guajey.

(25 bis) A primera vista parece poco importante que nos detengamos para averiguar si los indios fumaban por la boca ó por la nariz. Sin embarco,. merece este asunto aclararse; porque el falso relato de Oviedo ha Hecho que se confundan dos usos diferentes haciendo de ellos una sola y misma costumbre, y estableciendo además identidad entre dos diversas plantas. Según Oviedo, los indios de estas tierras fumaban por la nariz, cuando en verdad lo hacian por la boca. Lo que sorbian por la nariz eran unos polvos excitantes, distintos del tabaco, y cuya operación tenia algo de religioso entre ellos.

Pero tomemos con orden las cosas desde el principio.

En el Diario de Colon, con la fecha martes 6 de noviembre, leemos : « Aver en la noche, dice el Almirante, vinieron los dos horabres que habia enviado á ver la tierra dentro. Hallaron los cristia- ' nos por el camino mucha gente, que atravesaba á sus pueblos, mujeres y hombres con un tizón en la mano, yerbas para tomar los sahumerios que acostumbraban. »

Las Gasas es más explícito. Queriendo Colon tener noticia del interior del país, acordó enviar dos hombres españoles < el uno se llamaba Rodrigo de Xerez, que vivía en Ayamonte, y el otro era un Luis de Torres, que habia vivido con el Adelantado de Murcia, y habia sido judío y sabia hebraico y caldeo, y aun diz que arábigo (HUt. gen., lib. I, cap. xlv). Lunes en la noche tornaron los dos cristianos y contaron que « hallaron por el camino mucha gente que atravesaban á sus pueblos, mujeres y hombres, siempre los hombres con un tizón en las manos y ciertas hierbas para tomar sus sahumerios, que son unas hierbas secas metidas en una cierta hoja, seca también, á manera de mosquete hecho de papel, de los que hacen los muchacho» la Pascua del Espíritu Santo, y encendido por la una parte del, por la otra chupan ó sorben ó reciben con el resuello para adentro aquel humo, con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha, y así diz que no sienten el cansancio. Estos mosquetes ó como los llamaremos llaman ellos tabacos. Españoles conocí yo en esta isla española, que los acostumbraron á tomar, que siendo reprendidos por ello, diciéndoles que aquello era vicio, respondían que no era en su mano dejarlos de tomar ; no sé qué sabor ó provecho hallaban en ellos (loe. cit., cap. xlvi).

La relación de Las Casas es puntual. Los siboneyes fumaban por

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la boca, como todos los demás indios, y es de admirarse el cuidado con que llevaban un tizón en la mano para volver á encender el tabaco, si este se apagaba. Los españoles que adoptaron la costumbre de los indios por fuerza, fumaron desde el principio por la boca. Oviedo (lib. Y, cap. ii) se ha complacido en imaginar una descripción completamente inexacta :

(( Usaban los indios desta isla, dice, entre otros sus vicios, uno muy malo, que es tomar unas ahumadas, que ellos llaman tabaco, para salir de sentido. Y esto hacian con el humo de cierta hierba que, á lo que yo he podido entender, es de calidad del beleño ; pero no de aquella hechura ó forma según su vista, porque esta hierbsT es un tallo ó pimpollo como quatro ó cinco palmos ó menos de alto, y con unas l^ojas anchas, é gruesas, é blandas, é bellosas, y el verdor tira algo á la color de las hojas de la lengua de buey ó buglosa (que llaman los herbolarios ó médicos). Esta hierba que digo, en alguna manera ó género es semejante al beleño, la qual toman de aquesta manera : los caciques é hombres principales tienen unos palillos huecos del tamaño de un xeme ó menos, de la groseza del dedo menor de la mano ; y estos cañutos tenian dos cañones respondientes á uno é todo en una pieza. Y los dos ponian en las ventanas de las narices é el otro en el humo ó hierba que estaba ardiendo ó quemándose; y estaban muy lisos é bien labrados, y quemaban las hojas de aquella hierba arrebujadas ó envueltas de la manera que los pajes cortesanos suelen echar sus ahumadas ; é tomaban el ahento ó humo para si una, é dos, é tres é mas ve^es, quanto lo podian porfiar, hasta que quedaban sin sentido grande espacio, tendidos en tierra, beodos ó adormidos de un grave é muy pessado sueño. Los indios que no alcanzaban aquellos palillos lomaban aquel humo con unos cálamos ó cañuelas de carrizos, é á aquel tal instrumento con que toman el humo, ó á las cañuelas que es dicho llaman los indios tabaco, é no á la hierba ó sueño que les torna (como pensaban algunos). Esta hierba tenian los indios por cosa muy preciada, y la criaban en sus huertos y labranzas para el efeto que es dicho ; dándose á entender que este tomar de aquella hierba é zahumerio no tan solamente les era cosa sana, pero muy sancta cosa. Yassi, como cae el cacique ó principal en tierra, témanle sus mujeres (que son muchas), y echante en su cama ó hamaca ; si él se lo mandó antes que cayese ; pero si no lo (tixo é proveyó primero, no quiere sino que lo dexen estar assí en.

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el suelo hasta que se le pase aquella embriaguez ó adormecimiento. Yo no puedo penssar qué placer se saca de tal acto, sino es la gula de beber, que primero hacen que tomen el humo ó tnbaco, y algunos beben tanto de cierto vino que ellos hacen, que antes que se zahumen caen borrachos ; pero cuando se sienten cargados é hartos acuden á tal perfume. £ muchos también, sin que beban demasiado, toman el tabaco é hacen lo que es dicho hasta dar de espaldas ó de costado en tierra, pero sin vascas, sino como hombre dormido. Seque algunos chpristianos ya lo usan, en especial algunos que están tocados del mal de las biuuy porque dicen los tales ^ que en aquel tiempo que están assí transportados no sienten los dolores de su enfermedad, y no me paresge que es esto otra cosa sino estar muerto en vida el que tal hace ; lo cual tengo por peor que el dolor de que se excusan, pues no sanan por eso.

Al presente muchos negros de los que están en esta cibdad y en la isla toda, han tomado la misma costumbre, é crian en las haciendas y heredamientos de sus amos esta hierba para lo que es dicho, y toman las mismas ahumadas ó tabacos; porque dicen que, quando dexan de trabajar é toman el tabaco, se les quita el cansancio. »

La falla voluntaria á la verdad por Oviedo es tanto más inexplicable, cuanto que, como él dice, muchos españoles y negros fumaban en su tiempo, y por tanto no lo hacian por la nariz ni tampoco para emborracharse hasta caer por tierra. Como se verá después en otro lugar concluye este cronista por no saber lo que dice. Al aire libre no se hubiera podido fumar. Suponiendo que la operación se hiciera en un aposento, quemando el tabaco se esparciría el humo por toda la pieza y se encontraría el individuo en una atmósfera desagradable. Poner el tubo en medio del humo para aspirarlo por la nariz, á menos de no ayudarse con las manos para taparla, es operación muy incompleta, sin contar que el humo iría mezclado con el aire. La borrachera producida por el tabaco es tan desagradable, que nadie fumaria si los efectos del primer tabaco se repitiesen continuamente. Aún después de haber adoptado esla costumbre, cada uno busdSi la clase de tabaco que mejor le place, según sus gustos y temperamento para no emborracharse. Pero ¿ para qué discurrir acerca de una costumbre que no ha existido nunca ni aún ea la sana mente de su autor ?

Lo que queda por averiguar es saber si los indios de Cuba y

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Haití empleaban el instrumento sencillo ó doble descrito por Oviedo, como hoquillü para fumar uno ó dos tabacos á la vez.

Pasemos á tratar de la ceremonia religiosa, en la cual los indios aspiraban por la nariz los polvos de cierta planta, mediante los tubos descritos por Oviedo. Pero entiéndase bien que son polvos naturales los que sorbían por la nariz, y no el humo de las yerbas quemadas. Y aunque el tabaco se fume y también se tome en polvo por la nariz, en ninguno de los dos casos produce los efectos que vamos á describir.

Diré las palabras mismas del Almirante (La Historia de D. Fernando Colon de la vida y hechos de el almirante D. Cristóbal Colon, cap. Lxi), las cuales dejó escritas en esta forma : « No he podido comprender en ellos idolatría ni otra secta, aunque todos sus Reyes, que son muchos, así en la Española como en las demás islas y en la Tierra-Firine, tengan una casa, cada una separada del pueblo, en la cual no hay cosa alguna, excepto algunas figuras de relieve, que ellos llaman cemis, y aquella casa no sirve para otros efectos ó servicios que para estos cemis y para cierta ceremonia y oración, que van á hacer en ella, como nosotros en la iglesia. Tienen en esta casa una tabla bien labrada, redonda como un taller, en que hay algunos polvos, que ponen en la cabeza de los dichos cemis, haciendo cierta ceremonia ; después se meten en las narices una caña de dos ramos con la cual sorben aquel polvo. Las palabras que dicen no las entiende ninguno de los nuestros : con estos polvos salen de quicio, quedando como borrachos. »

En la escritura del pobre ermita Fr. Román Pane se encuentran algunas indicaciones acerca de la cogioha ó cohoba, por las cuales se vé que, si el primer efecto era excitante, después purgaba.

« Es la cogioba cierto polvo que toman algunas veces para purgarse y otros efectos, como se dirá más adelante. Témanla con una caña larga, como medio brazo, y meten un extremo en la nariz y otro en el polvo, y así la sorben por la nariz, lo cual les hace purgar grandemente (cap. xi). Para purgarse toman el polvo de cohoba, sorbiéndole por las narices, que los emborracha, de modo que no saben lo que hacen y dicen muchas cosas fuera de razón (cap.xv).

Cuando quieren saber si alcanzarán victoria de sus enemigos, van á una casa donde no entran mas que los indios principales, y su señor es el primero que hace la cogioba y toca. Y en tanto que hace

— Tela cogioba ninguno de los que están en su compañía habla, hasta que el cacique acaba de liacerla. En habiendo acabado hace su relación, está un poco de tiempo con la cabeza vuelta y los brazos sobre las rodillas, y luego alza la cabeza, mirando al cielo y habla, y entonces todos les responden á un tiempo en voz alta, y habiendo hablado todos dando gracias, cuenta la visión que ha visto embriagado con la cogioba que habia tomado por las narices, la- cual le sube á la cabeza, y dice haber hablado con el cemis y que han de alcanzar victoria, ó que huirán los enemigos, ó que habrá gran mortandad, ó guerra, ó hambre, según lo que se le ocurre estando borracho. Considerad como tendrá el juicio y la cabeza, porque ellos mismos dicen que les parece que ven las casas vueltas de arriba abajo, y que los hombres andan con la cabeza, los pies hacia el cielo (cap. xix) (1). »

Las Gasas da á entender que el buen ermita dice cosas confusas y de poca sustancia, como persona simple y que no hablaba del todo bien nuestra castellana lengua, como fuese catalán de nación (Apol. hist., cap. cLxvn); yantes en el cap. cxx duda que supiese la lengua de los indios, que según él, solo aprendió un marinero de Palos ó de Moguer, que se llamó Cristóbal Rodriguez, al cual pusieron por eso por sobrenombre la Lengua (Hist. Ind., cap. clxxvui).

Las Casas (Apol. hist., cap. clxi) va á explicarnos por completo cuanto concierne á este particular.

« Ya dijimos arriba como en esta isla tenian ciertas estatuas, aunque raras ; en estas se cree que á los sacerdotes, que llamaban behiques hablaba el diablo, y también los señores y reyes cuando para ello se disponian, de manera que aquellos eran sus oráculos; de aquí procedia otro sacrificio y ceremonias que ejercitaban para agradallo, que él debia habellos mostrado. Este se hacia de esta manera : tenian hechos ciertos polvos de ciertas yerbas muy secas y bien molidas, de color de canela ó de alheña molida, en fin,

(1) La relación del pobre ermita vuelta del italiano al castellano en la colección de Barcia, se halla traducida de la manera más infiel. De no consultar la versión de Ulloa (Venecia, 1571), conviene al menos leer latraduccion francesa por Cotolendy (Paris, 1681), ó mejor por el abate Brasseur de Bourbourg (Collection de documents dans les lan^ues indígénes pour servir i l'étude de l'histoire et de la philologie de I'Amerique, t. III).

Pedro Mártir de Angleria tuvo el original en castellano, de suerte que su resumen tiene gran valor.

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era de color leonado ; estos ponían en un plato redondo, no llano, sino un poco combado ó hondo, hecho de madera, tan hermoso, liso y lindo, que no fuera más hermoso de oro ó de plata ; era cuasi negro y lucio como de azabache. Tenian un instrumento de la misma madera y materia, y con la misma polideza y hermosura ; la hechura de aquel instrumento era del tamaño de una pequeña flauta, todo hueco como lo es la flauta, de los dos tercios de la cual en adelante se abria por dos cañutos huecos, de la manera que abrimos los dos dedos del medio, sacando el pulgar, cuando extendemos la mano. Aquellos dos cañutos, puestos en ambos á las dos ventanas de las narices, y el principio de la flauta, digamos, en los polvos que estaban en el plato, sorbian con el huelgo hacia dentro, y sorbiendo, recibian por las narices la cantidad de los polvos que tomar determinaban, los cuales, recibidos sallan luego de seso, cuasi como si bebieran vino fuerte, de donde quedaban borrachos ó cuasi borrachos. Estos polvos y estas ceremonias se llamaban cohoba; la medía sílaba luenga, en su lenguaje; allí hablaban como en algarabía, ó como alemanes confusamente, no sé qué cosas y palabras. Con esto eran dignos del coloquio de las estatuas y oráculos, ó por mejor decir del enemigo de la naturaleza humana ; por esta manera se les descubrían los secretos, y ellos profetaban ó adivinaban ; de allí olían ó sabían sí les estaba por venir algún bien, adversidad ó daño. Eslo era cuando el sacerdote solo se disponía para hablar y que le hablase la estatua ; pero cuando todos los principales del pueblo para hacer aquel sacrificio, ó lo que era (que llamaban cohoba), por permisión de los behiques ó sacerdotes ó de los señores, se juntaban, entonces verlos era el gasajo. Tenian de costumbre, para hacar sus cabildos y para determinar cosas arduas, como si debían mover algunas de sus guerrillas ó hacer otra cosas que les pareciesen de importancia, hacer su cohoba y de aquella manera embriagarse ó cuasi. Y esta manera de consultar, bien llenos de vino y embriagados, ó cuasi, no fué la primera en estos, porque ya, según Heredólo en el lib. I, y Estrabon en el ñn del lib. XV, los persas, cuando habían de consultar de cosas grandes y de grande importancia, la usaron, porque nunca lo hacían sino mientras comían y l!)ebian, y estaban de vino bien cargados ; y aquel consejo, y las determinaciones que del sacaban decían ellos ser mas firmes que las que con la sobriedad y templanza eran deliberadas. Yo los vi algunas veces celebrar su cohoba, y era cosa de

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ver cómo la tomaban y lo que parlaban. £1 primero qué la comenzaba era el señor, y en tanto que él la hacia, todos callaban ; tomada su cohoba (que es sorber por las narices aquellos polvos, como está dicho, y tomábase sentados en unos banquetes bajos; pero muy labrados, que llamaban duhos , la primera sílaba luenga), estaba un rato la cabeza á un lado vuelta y los brazos puestos encima de las rodillas, y después alzaba la cara hacia el cielo hablando sus ciertas palabras, que debían ser su oración á Dios verdadero, ó al que toman por dios ; respondían todos entonces cuasi como cuando nosotros respondemos Amen; y esto lo hacían con grande apeUido de voces ó sonido, y luego dábanle gracias y debian decille algunas lisonjas, captándole la benevolencia, y rogándole que dijese lo que había visto. Él les daba cuenta de su visión, diciendo que el cemi le había hablado y certiGcado de buenos tiempos ó advenís, ó que habían de haber hijos, ó que se les habían de morir, ó que habían de tener alguna contención ó guerra con sus vecinos y otros disparates que á la imaginación, estando turbada de aquella borrachera, le venían, ó por ventura y sin ella, el demonio para los engañar é introducir en ellos su culto, les había traído. Tenían mil patrañas, y como fábulas, según parece, las que fingían entre los antiguos griegos y latinos los poetas, puesto que los poetas pretendían en muchas de sus ficciones, aunque no en todas, alguna moralidad y alegorías para inducir á los hombres á buenas costumbres, estos no sabemos lo que por aquellas sus fantasías entender ó que se entendiesen querían. »

La siguiente concisa y correcta exposición de Pedro Mártir de Anglería servirá de resumen sustancial de todo lo manifestado por el Almirante, Román Pane y Las Gasas. En realidad, Angleria, al escribir acerca de la cohoba, tuvo á la vista las comunicaciones de los dos primeros. Estaba en correspondencia con Colon, el cual ya de la Isabela le escribió en 1494, como resulta de una de sus cartas á Pomponio Leto.

« Guando los caciques desean consultar al cemi acerca de los resultados de alguna guerra, ó respecto de las cosechas, ó de su sa> lud, penetran en el bohío consagrado al dios«iy absorben por las naHces la cohoba, que así llaman á la planta, que produce el enajenamiento del ánimo, con lo cual al instante deliran. Divagan y gritan, que tanto la casa como los objetos que contiene dan vueltas, y que los hombres caminan con la cabeza en tierra, y los pies

— Toen dirección opuesta. Tal es la fuerza de ese polvo de cohoba, que tomado, anula inmediatamente toda facultad y sensación. Así que ha desaparecido la pasajera locura, cabizbajos y las manos en las rodillas, atónitos permanecen poco tiempo en esa posición, y al fin, aletargados, levantan la cabeza, cual si se despertasen de un pesado y profundo sueño, y dirigiendo los ojos al cielo, cuentan cuanto les ha comunicado el cerní » (De orbe novo, edit. Par., 1587, pág. 94).

De la extensa velara exposición de Las Gasas, resulta que tanto la ceremonia como los polvos, se llamaban cohoha : no nombra el ta* b¿ico, que nada tenia de parecido con la cohoba ; en fin, ningún español ni negro hizo nunca cohoba, puesto que no tenían cernís con quien haber menester ponerse en relación, disponiéndose con una preparación previa, mientras que españoles y negros adoptaron muy pronto el uso del tabaco. Es de todo punto evidente que la cohoba ó cojobá y el tabaco son plantas diferentes.

Bien declarado lo que era la cohoba, volvamos á citar á Oviedo, para que se vea como lo confunde todo, concluyendo por no entenderse él mismo.

Guando Barrionuevo fué á ajustar paces con Don Enrique, supone Oviedo que éste se hallaba en una laguna a haciendo sus cohobas ó ahumadas que los indios toman, que assimismo llaman tabacos, como atrás se dixo en el cap. n » (lib. Y, cap. v).

Más evidente no puede ser la confusión de dos distintas costumbres. Es patente, sin embargo, que Oviedo no pudo nunca ver ni español ni negro fumar por la nariz los tabacos ni menos hacer cohobas. Los vería fumar por la boca, como desde entonces se acostumbra, y jamás sorbieron por la nariz polvos excitantes para proporcionarse una locura pasajera, que les preparase á entrar en relación con cemís.

¿Qué planta es la cojobá? No será difícil determinarla, porque conocemos varias que pueden presentar las propiedades excitantes indicadas por Las Gasas; pero para no exponernos á incurrir en errores, esperaremos hacer algunos experimentos acerca de este particular.

Las importantes observaciones de La Gondamine, no solo esclarecen este asunto, sino que además podrían servir de fundamento para notables deducciones :

« Los omaguas usan mucho dos plantas ; una llamada por los es-

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pañoles floripondio, cuya flor tiene la forma de una campana vuelta ; la otra es conocida con el nombre de cumpa en la lengua omagua. Ambas son purgantes. Por medio de ellas estos pueblos consiguen una borrachera que dura veinticuatro horas, durante las cuales ven las más extrañas visiones. Toman también el curupá reduciéndolo á polvo, como nosotros sorbemos el tabaco ; pero con mayor aparato. Se sirven para ello de tina caña dividida en dos ramas ^ que tienen la figura de una Y. Se insertan cada rama en una ventana de la nariz, y aspiran con violencia, haciendo una mueca muy ridicula al juicio del europeo que quiere relacionar todo á sus costumbres» (Relation abregéed'un voyage fait dans Tintérieur de TAmérique mérídionale, par M. de La Gondamine; París, 1745, ln-8% pág. 73).

En nuestros dias hay, pues, aún indios que hacen una especie de cohoba valiéndose del mismo instrumento que usaban los indígenas de Cuba y Haití.

Martius (Ethnographie, 1. 1, pág. 441, 631) ha ilustrado esta materia y clasificado las plantas que sirven para estos usos. Son la Mimosa acacioides (pág. 441), y la Acacia niopo (pág. 631).

Sin proponemos estudiar las plantas usadas por los indígenas del Nuevo-Mundo para delirar momentáneamente, creemos útil, sin embargo, mencionar tres muy notables. En el Perú el Garapullo (Frezier : Relation du voyage de la mer du Sud aux cotes de Ghili et duPerou; Paris, 1716; pág. 213), y en Méjico el Coatlxoxouhqui y el Peyotl (Uist. gen. de las cosas de Nueva-España, escrita por el R. P. Fr. Bernardo de Sahagun, dada á luz por Garlos María de Buslámante; México, 1829; 3 vol. in-S*"; t. III, pág. 241, y en la traducción de Jordanet, pág. 737).

Para estudiar comparativamente cuanto se refiere á los sueños, visiones, estasis, etc., obtenidos de diferente manera como práctica de ritos, ceremonias ó de adivinación, convendrá consultar « La Givilisation primitive », par Edward B. Tylor; Paris, 1878; 2 vol. in-8«, t. II, pág. 467-567.

(26) Las Gasas (Apol. hist. , cap. xii) dice que no había pina en Haití « sino que de la isla de San Juan se trujo. » Oviedo, por el contrario (lib. Vil, cap. xiv), parece asegurar que en Hailí lashabia • salvajes, que se nasgen por sí en el campo en grandíssima multitud. » Gomo quiera que sea, es lo cierto que, á pesar de lo manifestado por Las Gasas, ora hubiese sido importada con anterioridad

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de Puerto-Rico, bien indígena de Cuba y Haití, á la llegada de los españoles no sólo existían en estas islas, sino que además se conta ban de ella diversas variedades. Por otra parte, no olvidemos que las pinas se hallaron asimismo en otras regiones.

Quizá la primera pina bien conservada que se trajo á £uropa fué la que presentaron al emperador Don Garlos, a que no debió costar poco cuidado traerla de Indias en su planta, que de otra suerte no podía venir ; el olor alabó ; el sabor no quiso ver qué tal era » (Aposta, lib. IV, cap. xix).

(26 bis) Entre estos ñguran los guayaros ó guayagas, acerca de los cuales llamó la atención Miguel Rodríguez Ferrer (Mem. de la R. S. Econ., t. V (1848), pág, 18. — Naturaleza y civilización de la grandiosa Isla de Cuba, pág. 615). Las Gasas, al ocuparse de estas raíces (Apol. hist., cap. ui), las describe « como cebollas gruesas albarranas, las ramillas y hojas que salen fuera de la tierra dellas, obra de dos ó tres palmos, parecen algo como de palmitos de los que hay en el Andalucía, puesto que son más angostas y más lisas y dehcadas que la de los palmitos. Rácese el pan de esta manera, conviene á saber, que en unas piedras ásperas como rallos, las rallan como quien rallase un nabo ó zanahoria, en un rallo de los de Castilla, y sale luego masa blanca y hacen della unos globos ó bollos redondos, tan grandes como una bola, los cuales ponen al sol, y luego pónense de color de unos salvados ó afrechos; eslán a] sol uno y dos y tres días y al cabo dellos se hinchen de gusanos como si fuese carne podrida, y quedan eso mismo tan negros poco menos que una tizne, como un negro algo deslavado que tira á pardillo ; después que ya están en esta disposición, negros y herviendo de gusanos tan gordos como piñones, hacen unas tortillas dellos, que ya es masa cuanto á la blancura y ser correosa como la de nuestro trigo, y en una como cazuela de barro que tienen ya sobre unas piedras, y fuego debajo, caliente, ponen sus tortillas y desde un rato que están cociendo de un lado las vuelven del otro, donde bullendo con el calor los gusanos, se fríen y mueren, y así se quedan allí fritos. Y este es el pan de aquella tierra y provincia ; y si se comiese antes que \¿e parase prieto y no estuviese lleno ó con algunos ó muchos gusanos, los comedores morirían. » Es una zamia (Fr. A. Sauvalle: Flora cubana, pág. 151.)

(27) Reunir noticias, observaciones y hechos bien determinados, debe ser el trabajo preferente del naturahsta. Prescindiendo de

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toda hipótesis á la cual tenga que amoldar las explicaciones de lo fenómenos, habrá de tomar por blanco la extricta averiguación d la verdad, dejando al tiempo el encargo de apreciarlos y de descubrir las leyes que los rigen.

La prueba de la patria de las plantas es un punto muy [esencia que es preciso hacer aparte de todo concepto teórico directorio.

Guando Colon descubrió el Nuevo-Mundo, el ñame, con su nombre indígena aje, era cultivado en Cuba y Haití, desde la más remota antigüedad. Colon fué el primero que, por haberlo visto en Guinea, pronunció la palabra niame. Más tarde una variedad africana fué introducida en Haití por una expedición de negros, y allí se le conocía con el nombre de ñame, para distinguirlo del aje indígena. Esto lo dice bien terminantemente Oviedo, y para evitar confusiones, colocó el ñame exótico al fin del libro, en el capítulo XIX. Dice aún más. Ese ñame fué al principio propagado por el tubérculo introducido, y luego por sus ramas. A medida que se fué aumentando la población africana y disminuyendo la india, fué propagándose de más en más la denominación etiópica y olvidándose con el tiempo la indígena.

Has tarde al nombre de ñame se sustituyó el de ñame, quizás por corrupción de algún verbo africano que signiGca comer.

Copiamos á continuación ios pasajes del Diario de Colon, relativos á este particular, y luego deduciremos las consecuencias :

c Jueves 13 de diciembre. — Dijeron los cristianos que después que ya estaban sin temor, iban todos á sus casas, y cada uno les traía de lo que tenia que comer, que es pan de niames, que son unas raices como rábanos grandes, que nacen, que siembran y nacen y plantan en todas sus tierras, y es su vida, y hacen dellas pan, y cuecen, y asan, y tienen sabor propio de castañas, y no hay quien no crea, comiéndolas, que no son castañas.

« Domingo 16 de diciembre. — Tienen sembrado en ellas ajes, que son unos ramillos que plantan, y al pié de ellos nacen unas raices como zanahorias, que sirven por pan; y rallan, y amasan, y hacen pan dellas, y después tornan á plantar el mismo ramillo en otra parte, y torna á dar cuatro ó cinco de aquellas raices, que son muy sabrosas, propio gusto de castañas. Aquí las hay las mas gordas y buenas que habia visto en ninguna parte, porque diz que de aquella habia en Guinea, Las de aquel lugar eran tan gordas como la pierna.

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ff Viernes 21 de diciembre. — Los unos corrían de acá y los otros de allí á nos traer pan que hacen de niames, á quellos llaman ajes, que es muy blanco y bueno. »

Prescindiendo de la repetida confusión que hace Colon entre el aje y )a yuca, resalta : 1* Que él conocía perfectamente el ñame por haberlo visto en Guinea. 2' Que á su entender, el nombre verdadero era niame, llamándole los indios aje, 3*" Respecto á la propagación del ñame por medio de sus ramillos, aún cuando no haga mucho*al caso, conviene observar que ni él pudo verla, ni tampoco se la explicarían, ni menos lo hubiese entendido desconociendo la lengua. Sencillamente recordaba lo que había visto en África.

El ñame^ ó mejor dicho el aje, es tan indígena en Cuba y Haití, que aunque no hubiesen estado habitadas esas islas, se le habría encontrado silvestre. En los bosques de estas ínsulas se hallan varias especies de dioscorea, y algunas comestibles, aunque de mal sabor. De los ajes cultivados en la época del descubrimiento habia, según Oviedo, (f blancos y colorados, que tiran á morado, y otros como leonados, pero todos son blancos de dentro por la mayor parte, y algunos amarillos. » Pedro Mártir de Augleria también indica varias especies de ajes.

No nos detendremos en examinar y refutar los errores que se han cometido acerca de este particular, aún por sabios de primer orden.

(28) El cacicato de Xaraguá era considerado en Haití como el más adelantado en todos conceptos. Las Casas, siempre que se refiere á él, lo hace en términos elogiosos. Allí las costumbres eran más cortesanas ; la lengua más pulida y elegante, y las artes se hallaban en mayor progreso, como lo demuestra la relación del tesoro de Anacaona, hecha por Pedro Martin de Anglería.

« Regábanse con el agua del rio Camín, sacada por acequias, todas las labranzas de gran parte de esta tierra, lo que no se hizo ja^ más (por su gran fertilidad) en toda esta isla (Las Casas, Apol* híst.^ cap. V. — Torquemada : Monarquía indiana, lib. XIII, cap. xxxn)é

En aquel tiempo las lluvias acaecían con tanta frecuencia, y en las estaciones regulares, que se podía excusar el riego.

En el Nuevo-Mundo, el Perú fué el país que mayores progresos alcanzó en agricultura.

Las obras ejecutadas por los incas para regar los campos tan bien descritas por Garcilaso de la Vega (Coméntanos, etc., lib. V^

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cap. xxit), parecerían imaginadas por el más ardiente patriotismo si no se pudieran admirar muchas en sus ruinas y utilizar algunas en el presente. Las acequias descubiertas, llamadas rarcac, y los acueductos subterráneos, purchas ó huircas de asombrosa extensión, construidos venciendo todas las diflcultades que les oponia la naturaleza (Antigüedades peruanas, por Rivero y Tschudi ; Yie^ na, 1851; in-4''; pág. 252), demuestran prorundos conocimientos teóricos y suma habilidad en su ejecución. Wiener (Le Perou et la Solivie; París, 1880 ; in 4« ; págs. 541-546, 767-769) ha estudiado, descrito y figurado, no solo los trabajos que califica de hercúleos para conducir las aguas, sino que además indica la manera cómo la empleaban en los campos para ejecutar el riego.

El cultivo en bancales, ó como los llama Garcilaso, andenes ó patas (Comentarios, lib. Y, cap. i), contituye otra gran mejora fundamental de aquella agricultura, y quizás para encontrar algo de parecido, como generalidad y extensión en el uso, seria preciso recurrir á las relaciones de los misioneros que predicaron nuestra fé en China.

Este cultivo en bancales ó en anfiteatro será descrito especialmente en nuestro estudio acerca del café.

Los incas además practicaban la separación de las capas superficiales del terreno cuando eran estériles, formando lo que los españoles llamaron hoyaSf mientras que otras veces hacían acarrear tierra fértil á los lugares que lo habían menester. El uso del guano, que tanta influencia ha tenido en la agricultura moderna; el empleo de los excrementos humanos desecados; el aprovechamiento del estiércol de los anímales ; la utilización de las sardinas como abono, todo, en fin, demuestra un perfeccionamiento tan considerable en las prácticas agrícolas que, fuera de los árabes de España, ningún país de Europa se encontraba en el siglo xv en ese grado de prosperidad. Sin desear sostener ninguna tesis, el examen de los hechos nos fuerza á establecer semejanza entre la agricultura peruana y la practicada en China.

(28 bis) Los indios tenían la costumbre durante la seca de quemar las sabanas, según Las Casas, lib. 1, cap. lvi, « lo uno es porque tanta es y tanto crece la hierba, que tapa ó ocupa los caminos, y como andan desnudos, la hierba grande los lastima; lo otro, porque entre la hierba se criaban los conejos desta isla, que nombraban hutías, y eran sinnúmero, y con quemar las ^abanas, ma-

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taban todos ios que querían; por esto tenían costumbre de quemarlas. »

Esa costumbre de quemar las sabanas ha subsistido entre nosotros y en el día se reatiza al concluir la seca y principiar las lluvias, con el fin de promover el brote de la nueva yerba. Parece imposible que semejante operación, practicada durante tantos siglos, no haya concluido por hacer arder todos los bosques de la isla. Es cierto que algunas veces ha acontecido ese hecho, y muchos, para elogiar sus sabanas, dicen que «t es monte quemado. » No es dudoso que la acción tan renovada del fuego ha alterado en muchas partes las propiedades físicas del terreno en su costra superficial.

(29) Oviedo y las Gasas poseyeron fincas en Haití y Cuba, las cuales explotaron personalmente, de suerte que en estas materias la experiencia y la observación autorizan sus narraciones.

La finca de Oviedo en Haití estaba « á tres leguas y media de esta cibdad de Sancto Domingo en la ribera del río Hayna» (lib. Vil, cap. i). Ese heredamiento le fué concedido probablemente en 1523 por el almirante D. Diego Ck)Ion, de quien era gran amigo, cuando pasó por allí de regreso de su segundo viaje. De todos modos, él' dejó entonces en Santo Domingo á su familia, que no volvió á ver hasta 1550.

Las Gasas nos indica la situación de su finca en Haití (Apol. Uist., cap. ix) : « el río Verde corta por medio á la luenga la Vega, por la parte donde se asentó la ciudad déla Goncepcion, y va por ella cuatro ó cinco leguas hasta que entra en el rio que luego se dirá (Gamo), que toda fertilidad y alegría que decirse puede parece comprehender; de cuya ribera, obra de dos leguas tuve labranzas de pan de la tierra, que valían cada año mas de 100000 castellanos. » Más detalles acerca de la situación de su finca se encuentran en el cap. xGi de la Híst. de las Itadias. Respecto á los 100 000 castellanos debe haber un gran error, porque es imposible que tanto produjese la finca, aún tomando de un modo absoluto, sin hacer comparaciones, el valor legal (57 reales) del castellano en aquella época.

En Guba, Diego Velazquez (Híst. delnd., lib.ül, cap.xni) « le dio un buen repartimiento de indios, allí cerca del puerto de Xagua, en un pueblo llamado en lengua de indios creo que Ganarreos » á orillas del rio Arímao (cap. lxxix).

Se ha fijado en la actualidad con exactitud el lugar dónde estuvo esa finca (asiento de la hacienda las Auras), y hasta han que-

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rido erigir un obelisco para recordar este suceso (Pedro Oliver : Mem, hUt. geogr, y e$t, de Cienfuegos y iu jurisdicción ; Gienfuegos, 1846, pág. 7). Lanierha encontrado allí loza antigua y otros objetos que confirman lo que tradicionalmente se sabia (Apuiúe» para la historia de Cuba primitiva, por F. Yaldés Aguirre ; Paris, 1859, pág. 16).

Sin oponernos á que semejante muestra de respeto y admiración se tribute ¿ tan egregio yaron, debemos indicar que no es alli donde se debe levantar el monumento. En efecto, antes de haber residido á orillas del Arimao, y durante el corto tiempo que virio en sus márgenes, Las Gasas, como él lo confiesa (Hist. Ind., lib. m, cap. Lxm), « andaba bien ocupado y muy solicito en sus granjerias, como los otros, enviando indios de su repartimiento en las minas á sacar oro y hacer sementeras, y aprovechándose dellos cuanto más podia. »

Su conversión se realizó en Sancti-Spiritus donde la luz del Señor alejó de su inteligencia las tinieblas. Alli es donde debe elevarse un monumento auna de las glorias más puras de España, c cuyo nombre, seguu el Plutarco español, pertenece al mundo todo que le respecta y le admira como un dechado de Celo, de humanidad y de virtudes. »

Si alguna vez se encontrasen las jcenizas de Las Gasas, cuyo paradero no ha podido averiguar Favié, á pesar de las más exquisitas diligencias {Vida y escritos de fray Bartolomé debas Casas, i. I, página 240), deberían ser trasladadas á la iglesia de aquella villa.

¿ Y no seria lo mas fácil y rápido agregar al nombre de la villa el de Las Gasas? Por una providencial coincidencia se obtendria asi el dictado más peregrino y calificativo.

(50) Gomo hemos tenido ocasión de expresar valores de objetos en monedas antiguas, creemos convenieille manifestar el valor comercial de esas monedas.

Glemencin ha publicado una notable memoria acerca del Valor de las monedas que corrieron en Castilla durante el gobierno de la reyna doña /«a^W (Memorias de la Real Academia de la Historia, t. VI (Madrid, 1821), pág. 507-556).

Los datos que sirvieron al ilustre académico fueron muy escasos, y de todas maneras, sus deducciones, admitidas exactas respecto del año de 1800, no son aplicables, sin modificaciones, al año 1881.

Prescott (Gonquéte du Mexique, t. I, pág. 243. — Gonquéte du

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Perou, 1. 1, pág. 107) adopta por coiápleto los resultados expuestos por Glemencin, y fija, según ellos, el valor del castellano y peso de oro en 2 libras eslerlinas, 12 chelines y 6 peniques.

Creemos esta apreciación un tanto exagerada respecto del valor medio y general del trigo en nuestra época. Así es que hemos adoptado, para nuestro particular uso, como cantidades aproximadas que nos representen el valor comercial en la época actual, 40 francos para el castellano y peso de oro, y 50 francos para el ducado, cantidades no imaginadas caprichosamente, sino deducidas de numerosos datos y consideraciones. El peso de oro ó castellano tenia 450 maravedís.

(31) Antes del descubrimiento del Nuevo-Mundo, los mejicanos y peruanos extraían miel y azúcar de la caña del maiz, del maguey, y quizás también de palma.

En la segunda carta-relacion de Hernán-Cortés al Emperador, fecha 50 de octubre de 1520, el ilustre conquistador, al describir el mercado de In gran ciudad de Tenuxtitan, dice que en él « venden miel de abejas y cera y miel de cañas de maiz, que son tan melosas y dulces, como las de azúcar y miel de unas plantas que se llaman en las otras islas maguey, que es muy mejor que arrope ; y destas plantas facen azúcar y vino, que asimesmo venden » (véase pág. 104, Cartas y relaciones de Hernán Corles al emperadorCarlos F, colegidas é ilustradas por D. Pascual de Gayangos, — -Paris, 1866, gr. in-8»).

Esta industria alcanzó tanta importancia, que sus productos figuraban entre las contribuciones que debian pagar al emperador cier. tas localidades. En la segunda parte de las pinturas déla colección de Mendoza, que contiene la calidad y cantidad de las materias exigidas por los impuestos, encontramos algunos distritos contribuyendo con 200 y hasta 400 cántaros de miel de maguey. (Lord Kingsboroug : Antiquities of México, t. I, lám. 29, fig. 27, lám. 51, fig. 26 ; t. V, págs. 63, 64 y 65).

En el Perú « de las cañas de maíz, antes que madure el grano, se hace muy linda miel, porque las cañas son dulces » ( Garcila^o, lib. VIH, cap. ix). — Asimismo del maguey, que llaman chuchao, hacían miel (Garcilaso, lib. VIII, cap. xra).

En los Estados-Unidos han tratado en estos últimos tiempos de extraer azúcar de las cañas de maíz; pero después de muchos ensayos parece que han resuelto preferir para ese fin las cañas de sorgo.

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Hacia 18^, en Méjico, desearon establecer una fábrica de azúcar de maguey; mas el proyecto entendemos que no se realizó (Hist* gen. des chotes de la Nauvelle Espagne, par Sahagun, trad. par Jordanet et Remi Simeón.' — París, 1880, gr. in-4% pág. 863).

Guando los españoles descubrieron las Indias occidentales, desde los primeros tiempos trataron de aclimatar en ellas, como lo consiguieron, multitud de plantas y animales. En todos los buques que allí se dirigian remitian semillas, plantas y animales.

Desde su primer viaje, Colon dejó semillas, para sembrar, á los españoles que tan desastroso ün tuvieron en la fortaleza de la Navidad.

Cortés, en la caria al Emperador, fecha 15 de octubre de 1524, « torna á suplicar mande provisión á la casa de contratación de Sevilla para que cada navio traiga cierta cantidad de plantas y que no pueda salir sin ellas ^ porque será mucha causa para la población y perpetuación del país. >

Respecto á la caña de azúcar, hubo coincidencias muy favorables para apresurar su introducción en las Indias occidentales.

Prescindamos del conocimiento que tenían los españoles del cultivo de la caña, por encontrarse establecido desde antiguo en Valencia, la costa granadina, y quizá en otras partes.

Ea la época del descubrimiento del Nuevo-Mundo existian inge- .nio| en el archipiélago de las Canarias (1), y como los buques ha-

(f) « Luego que se acabó la conquista de la Gran Ganaría (29 de abril 1485), el gobernador Pedro de Vera envió á España y á la isla de la Madera por árboles frutales y cañas de azúcar, legumbres y todo género de ganados y de caza, y se plantaron por toda la isla muchísimos cañaverales, que luego comenzaron á dar en junto azúcar muy bueno. Y el dicho gobernador Vera hizo el primer ingenio de agua cerca de la ciudad, un cuarto de legua arriba, que pasa por ella, que se llamaba Giriguada. — Y el alférez Jaime de Sotomayor hizo otro que molia con caballos. Después, creciendo el número de las cañas por toda la isla, creció el de los ingenios asi de agua como de caballos, que se hicieron en muchas partes )> (Noticias de la Historia general de las islas Canarias, por D. José de Viera y Clavijo ; Madrid, 1772, t. H, pág. 97).

<( Las cañas de azúcar, traídas por los árabes desde la India á

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cían escala allí, era natural que llevasen á las Indias, entre otras muchas plantas, la cañamiel.

Aún hay más. Colon conocía perfectamente los beneficios de este cultivo, por haberlo visto con frecuencia en Madera, donde á la sazón se encontraba muy floreciente. Tan buen recuerdo conservaba de sus productos, que más tarde, desde la ciudad de Isabela, á 50 de enero de 1494, hacia manifestar á los Reyes : <( Porque allende as otras cosas que allá se envían á pedir por los memoriales que lleváis de mi mano firmados, asi para mantenimiento de los sanos como para los dolientes, seria muy bien que se hubiesen de la isla de la Madera cincuenta pipas de miel de azúcar, porque es el mejor mantenimiento del mundo y mas sano, y non suele costar cada pipa sino á dos ducados, sin el casco, y si sus Altezas mandan que á la

Chipre y Sicilia, y después por el infante don Enrique de Portugal á la isla de la Madera, hablan hallado en las Canarias un clima tan benigno y un terreno tan fértil, que en pocos años se hizo este . efecto una de las principales mercaderías que las acreditaron. Pero aunque en Tenerife, así como en la Gran Canaria y en la Palma, fué el cultivo de la caña de azúcar uno de los primeros ensayos de labranza, siendo cosa notable que solo en el valle de Orotava hubiese tres ingenios, con todo, luego que el magisterio de la experien^a dio á conocer á los pobladores lo poco que correspondía la utilidad al dispendio, se aplicaron enteramente al plantío de viñas » (loe. cit., pág. 301). En la Gomera había tres ó cuatros ingenios de aüúcar (loe. cit., t. III, pág. 21).

Respecto al cultivo de la caña de azúcar en las Canarias, se encuentran detalles interesantes en el tomo II Histoire genérale des voyages.

En 1815 Buch visitó una plantación en la Palma, último resto de todos los importantes ingenios que habían existido en el archipiélago de las Canarias. La producción se reducía á 4000 arrobas (Description physique des iles Canariesj par Leopold de Busch ; Pa - ris, 1836, pág. 27).

Gregorio Chil y Naranjo nos ha dicho que ese ingenio existió, poco más ó menos, hasta 1842. Después desapareció por completo el cultivo de la caña en las islas. En estos últimos tiempos han deseado volver á establecerlo.

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vuelta pase por allí alguna carabela, las podrá mercar, y también diez cajas de azúcar, que es mucho menester. •

Por fin, motiyos de interés, ciertamente de bien desagradable recordación, debieron muchas veces entristecer al asendereado navegante, fijando en su mente el cultivo de la caña. Durante su residencia en Puerto-Santo, en las propiedades de su mujer, donde nació su hijo Diego, con frecuencia debió ser objeto de lamentos, sobretodo de parte de la suegra, el no haber sido posible fomentar ingenios en aquella isla. | Con cuánta amargura debian comparar el estado próspero de Madera, produciendo valiosas cosechas de azúcar, con la situación miserable de Puerto-Santo ! i Qué contraste entre los pobladores de Madera, colmados de riquezas y honores, y la pobreza de la familia Perestrello ! (2).

- (3) La isla de la Madera fué descubierta por Juan Gonzalo Zarco verdaderamente el 7 de julio de 1420, y el desembarco se realizó al dia siguiente (santa Isabel), tomando posesión de la nueva tierra á nombre del rey D. Juan de Portugal y 'del infante D. Enrique, gran maestre de la orden de Cristo. Ese dia se celebró la primera misa en la isla. Zarco volvió á Lisboa hacia fines de agosto, de donde habla salido á principios de junio. Recibido por el rey, éste, admirado con la relación de Zarco, denominó la Isla de la Madera, á causa de sus hermosos bosques y de las notables muestras de ár^ boles exhibidas por el descubridor. El rey hizo merced del título de conde de la Cámara de los Lobos á Zarco. La isla fué dividida en dos capitanías : Zarco obtuvo la más importante del Funchal, y Tristan Yaz la de Machico. La historia no dice con claridad cómo fué recompensado el piloto español Juan de Morales, que había sido en todo el alma de la expedición, y á quien, con imparcialidad, debería atribuirse el descubrimiento.

En mayo de 1421 se comenzó la colonización con gran entusiasmo y no menor acierto, á pesar de un accidente deplorable de momento; pero que en realidad fué beneficioso, como lo demostró más tarde la experiencia. En efecto, Zarco, para apresurar los trabajos de agricultura, discurrió valerse del fuego, y el incendio se propagó de tal manera, que ardieron todos los bosques de la isla. Algunos hacen durar, con exageración, la acción ígnea siete años ; quizá no llegó á siete dias. Al principio se deploró sobremanera el accidente

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Todas estas consideraciones explican cuan natural era que Colon llevase la caña de azúcar á Haiti en su segundo viaje.

Colon emprendió esta memorable travesía saliendo de Cádiz el miércoles 25 de setiembre de 1493. Llegó á Canaria el 2 de octubre, y el 5 á la Gomera, donde se detuvo dos dias. En cualquiera de estas dos islas que hubiese tomado las cañas, es lo cierto que los dulces tallos salieron en rumbo para su nueva patria el lunes 7 de octubre. Fueron plantados, en el inmediato mes de diciembre, en algún lugar elegido en la naciente ciudad Isabela, y no podemos fijar el dia, porque el diario del Almirante está interrumpido desde el 11 de diciembre de 1495 hasta el 12 de marzo de 1494.

por la pérdida de la madera, más luego se \ió que los campos habian quedado fertilizados con las cenizas. Mientras tanto, el infante discurría todos los medios posibles para el fomento del país. Hizo llevar sarmientos de Chipre y de Borgoña. En 1422 una expedición especial se encargó de conducir de Sicilia cañas de azúcar y expertos obreros en el cultivo y la fabricación, con todos los útiles y máquinas indispensables para la nueva industria. De suerte que tanto en la parte agrícola, como en la fabril, se adoptaron exactamente los métodos sicilianos, que eran por esencia árabes. Muy pronto produjo la nueva granjeria grandes productos, llegando á ser el número de ingenios más de 150. Seria muy fácil trazar la historia de este cultivo en Madera, consultando los archivos de la orden de Cristo, porque el quinto de los productos le fué concedido. A consecuencia de un insecto que arruinó varios ingenios, éstos y todos los demás fueron demolidos y los campos puestos de vides. Últimamente, por el contrario, habiéndose enfermado éstas, la caña de azúcar ha sido cultivada de nuevo.

De Madera la caña de azúcar pasó en 1531 al Brasil, introducida por Martin Alfonso de Souza.

Para redactar esta nota, hemos consultado las obras siguientes : Relation historique de la decouverie de Tile de Madére, par Alcaforado; París, 1671, in-12'*. — Histoire genérale des voyagesy t. II, París, 1746. — Vie deVInfant Don Henry de Portugal, trad. du portugaís par i'abbéde Cournaud; París, 1781; 2 parties en 1 volume ín-12^ — El original : Vida del Infante Don Enrique y escrita por Cándido {Fr. José Fereire); Lisboa, 1758.

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En el Memorial que para los Reyes Católicos dio el almirante don Cristóbal Colon en la ciudad Isabela, á 30 de enero de 1494, á Antonio Torres, sobre el suceso de su segundo viaje á las Indias, dice : fl Somos bien ciertos, como la obra lo muestra, que en esta tierra, asi el trigo como el vino, nacerá muy bien ; pero háse de esperar el fruto, el cual, si tal será como lo muestra la presteza del nacer del trigo y de algunos poquitos de sarmientos que se pusieron, es cierto que no fará ninguna mengua el Andalucía ni Sicilia, ni en lat cañas de azúcar ^ según unas poquitas que se pusieron han prendido; porque es cierto que la hermosura de la tierra de estas islas, asi de montes, é sierras y aguas, como de vegas donde hay ríos cabdales, es tal la vista, que ninguna otra tierra que el sol es caliente, puede ser mejor al parecer ni tan hermosa » (Navarrete, t. I, página 225-241). Torres llegó á Cádiz en los primeros dias de abril.

El sábado 29 de mayo de 1494, de regreso Colon de su viaje al interior de la Isla, se apresuró á examinar el estado de sus siembras, teniendo la satisfacción de admirar las cañas, las cuales hablan nacido á los siete dias de puestas (cap. LII, Hist. de D, Femando).

Pedro Mártir de Angleria (Dec, Prim,, cap. tert., pág. 25, edit. Paris, 1587) dice que esas cañas de azúcar á los quince dias de puestas tenian un codo de alto .

La traducción literal de Anglería (raices de caña) puede hacer sospechar que Colon no llevó cañas, sino tallos subterráneos. Antiguamente este procedimiento de propagación de la caña se usaba mucho entre los árabes (Ibn-Al-Awan, part. I, cap. vn, art. 47), y naturalmente se conservó en Sicilia, de donde fué transmitido á Madera y Cananas. Tan vehemente é irresistible era la impaciencia de Colon por ver el resultado de su plantación, que no pudo contenerse, y á pesar de estar la caña en yerba, con suma diligencia se apresuró á extraer el jugo de los tiernos tallos, y trató de obtener aúzcar. Pero no era posible que ese zumo concentrado dejase sólido un dulce que no tenia en disolución en notable dosis. Además, la prueba se hizo muy en pequeño y de un modo defectuoso. Debemos advertir, aunque la observación no sea esencial para la claridad del particular que tratamos, que cuando se hizo tan prematuro ensayo las cañas debían tener, no quince dias de puestas, sino por lo menos un mes.

Creemos conveniente estampar aquí el importante pasaje de Pedro Mártir de Anglería, que acabamos de comentar :

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ff Gannarum radices, ex quarum sueco saccarum extorquetur, sed non coagulatur succus, cubitales cannas íntra quindecimum etiam diem emiserunt. »

Con singular licencia, se encuentra traducido este pasaje por Ramusio (Primo, secondo et terzo volumene nelle navigationi e viaggi ; Yenetia, 1554 ; 5 vol. in-fol. Terzo vol., f. 5. c. : i Ma quello che e piu maraviglioso, fu che essendo piantate alcune radici di canna di zucchero, in 15 giorni vennet'o alia altezza di due braccia e matare. » Tener en 15 días cañas de dos brazas de largo y maduras, en \erdad seria no maravilloso, sino milagroso.

£1 mencionado milanés (Opus, epist. Cdpluti, anno 1530, lib. oct., epist. cLYu), dirigiéndose á Pomponio Leto, vuelve á ocuparse de las cañas de azúcar plantadas por Colon en la Isabela .

En esta carta corrige el número de dias, y manifiesta que los retoños tenian un codo de altura á los veinte dias.

Las cañas principiaron desde entonces á ser propagadas, y muchos hacian miel y hasta azúcar en pequeño.

Fué siendo, sin embargo, deseo predilecto de algunos llegar á fomentar ingenios ; pero si se considera que en los primeros años los españoles tenian que conquistar el país, que carecian de capitales, y más que todo, que su objeto principal era buscar oro, se comprenderá la dilación acaecida en el planteamiento de la industria azucarera.

Los Reyes, desde el principio, protegieron esta granjeria. En efecto ; en la carta patente por la cual sus Altezas dan licencia al almirante D. Cristóbal Colon para el repartimiento de la tierra de los que están ó fueran á las Indias, dada en Medina del Campo á 22 dias del mes de julio de 1497, mandaron « dar é señalar en la dicha isla tierras en que ellos pudiesen sembrar pan y otras semillas, é plantar huertas, é algodonares, é linares, é viñas ó árboles é cañaverales de azúcar y otras plantas, é facer é edificar casas y molinos é ingenios para el dicho azúcar, é otros edificios provechosos é necesarios para su vivir (Navarrete, t. U, pág. 215. — Casas, lib. I,

cap. GLU).

Oviedo, de regreso de su primer viaje á Tierra-Firme, llegó á Sevilla en los primeros dias del mes de diciembre de 1515, encaminándose sin dilación á Plasencia, en que á la sazón se encontraba muy enfermo el Rey, y allí le entregó, de parte del tesorero Miguel de Pasamonle, ^< seys indios é seys indias muy bien dispuestos (ellos

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y ellas caribes), é muchos papagayos, é seys panes de acucar, é quince ó veynte cañutos de cañafistola, que fué el primer acucar é cañafistola que el Rey TÍdo de aquestas partes, é lo primero que á España fué destas partes é isla i (Oviedo, Hi$t, gen. y nat. de Indias, lib. XXIX, cap. n).

Queda, pues, fijada la época de la introducción de la caña de azúcar por Colon en las Indias occidentales (1495), y el año en que por primera vez (1515), al menos como muestra, se remitió el azúcar á Europa.

Conviene examinar prolijamente las opiniones manifestadas acerca de estos acontecimientos. Oviedo, inquiriendo las circunstancias y detalles de los hechos, averiguó « por algunos hombres de crédito é viejos que hoy viven en esta ciudad, • que el primero que puso cañas de azúcar en esta isla fué un Pedro de Atienza, en la ciudad de la Concepción de la Vega, y que el Alcalde de la Vega, Miguel BaIlester, natural de Cataluña, fué el primero que hizo azúcar, y afirman que lo hizo mas de dos años antes que lo hiciese el bachiller Gonzalo de Velosa (Oviedo, Hisi. gen. y nat., Hb. IV, cap. >in).

Oviedo no fija fechas. Respecto á la introducción de la caña, ya hemos probado que la llevó Colon. Atienza, como otros muchos, la plantó después. Ballester y otros hicieron miel y azúcar en pequeño, habiendo sido el bachiller Velosa el primero que en realidad fomentó un ingenio.

« Las Casas (lib. III, cap. cxiix) asegura que un vecino de la Vega, llamado Aquilón, fué el que primeramente hizo azúcar en esta isla y aún en estas Indias con ciertos instrumentos de madera con que exprimid el zumo de las cañas, y aunque no bien hecha, por no tener buen aparejo, pero todavía verdadera y cuasi buen azúcar. Seria esto por el año de 1505 ó 1506; después dióse á entender en hacerla un vecino de la ciudad de Santo Domingo, llamado el bachiller Vellosa, porque era cirujano, natural de la villa de Berlanga, cerca del año 1516, el cual hizo el primero en aquella ciudad azúcar, hechos algunos instrumentos más convenientes, y asi mejor y más blanca que la primera de la Vega. •

El año 1516 fijado por las Casas es casi exacto, porque Velosa fabricó el azúcar remitido á España en 1515.

Sin embargo, semejante olvido de parte de Las Casas es tanto más sorprendente é inexplicable, cuanto que ausente de Haití desde 1512, llegó de Cuba á Santo Domingo para embarcarse allí en

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setiembre de 1515, estando en Plasencia á punto de ser recibido por el Rey la víspera de la Natividad de nuestro Redentor (Las Casas, lib. III, cap. Lxxuv). Necesariamente debió haber oido hablaren Santo Domingo y Plasencia de los panes de azúcar remitidos al Rey.

El cronista Herrera (Dec. II, lib. III, cap. xrv) copió más ó menos bien la noticia dada por Las Gasas acerca de este particular, habiendo con anteoridad aceptado la de Oviedo (Descrip. de la Ind. occid., cap. vi).

Todos los que se han ocupado de este asunto, han adoptado bien el relato de Oviedo, ora el de Las Casas, publicado por Herrera. Algunos han fundido las dos relaciones, como lo hizo el P. Clemente en sus Tablas chronológicas ; Valencia, 1689, pág. 168.

El P. Charlevoix, sin tropezar en barras, de un golpe encaja en el año 1506 la supuesta introducción de la caña de azúcar por Atienza, y el fomento del primer ingenio por Velosa (Hist. de Tile Espagnole, t. I, pág. 267).

Humboldt se ha complacido en fijar la fecha en que principió un cultivo que tanto ha influido en la humanidad. Este era un asunto tan favorito de sus investigaciones, que lo toca en cuatro de sus obras (Yoyageaux régions équinoxialesy t. V, pág. 209. — Essai politique sur le Roy. de la Nouv. Espagne, t. III, lib. IV, cap. x. — Essai politiquesur Vilede Cuba^ pág. 188. — Hist, de la Geogr, du Nouveau continente t. HI, pág. 523).

En la primera obra, Humboldt adoptó en algo el texto de Herrera. Después lo desechó, y tomando por guia á Oviedo, imaginó que las cañas habian sido plantadas por Pedro de Atienza en 1520, y por fin creyó haber descubierto la verdad admitiendo que las cañas fueron puestas de 1513 á 1515. Nos corresponde, pues, examinar su postrera opinión impresa en la Historia de la geografía del Nuevo continente : « £1 cultivo de la caña de azúcar, dice Humbolt, fué introducido en América entre los años 1513 y 1515, y no en 1506, como generalmente se admite. Oviedo dice claramente que ha visto plantar las primeras cañas de azúcar en Santo Domingo [Hist, nat, de las Ind.^ lib. IV, cap. vm). Oviedo fué á Santo Domingo en 1513, como veedor de las fundiciones de oro, y permaneció dos años en la isla. Sus otros viajes se realizaron en 1519 al Darien; en 1526 á Cartagena de Indias; en 1535 á la fortaleza de Santo Domingo . Como que en este último año habia ya treinta ingenios en la isla, en losr- cuales se servían para exprimir el guarapo <le los

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cilindros dispuestos por Gonzalo de Velosa, movidos por caballos y por ruedas hidráulicas {trapiches de agua), resulta que la introducción de las cañas de azúcar por Pedro de iktienza necesariamente se realizó de 1513 á 1515. »

Todas estas afirmaciones son erróneas.

Oviedo no fué á Santo Domingo en 1515, ni tampoco tuvo nunca el ofici» de veedor de las fundiciones de oro ep aquella isla, ni menos permaneció por aquel tiempo dos años en ella. Desde el año 1514 hasta 1532 fué Oviedo veedor de las fundiciones de oro en la Tierra-Firme (Hist, gen. y nal. de las Indias, líb, IV, cap. vm). Su primer viaje se realizó saliendo de Sanlúcar el Mártes-santo, a que se contaron once dias de abril de mil é quinientos y catorce, » tocando en la Gomera y la Dominica, y llegando un lunes á los doce dias de junio al Puerto de Santa Marta (Hist. gen. y nat., lib, XXIX, cap. vi). El regreso aconteció partiendo de Tierra-Firme á principios de octubre de 1515; se detuvo en Santo Domingo algunos dios, y después de haber recogido, entre otras cosas, seis panes de azúcar, para el rey, ll^gó á Sevilla en diciembre. De manera que, al llegar Oviedo á Santo Domingo, la primera noticia que tuvo de la caña fué los seis panes de azúcar que debia llevar á España. Es, pues, imposible que viese plantar las cañas de azúcar que los produjeron. Oviedo no dice ni con claridad ni con embozo que vio plantar las primeras cañas de azúcar que existieron en la isla. AI contrario, manifiesta que para averiguar hechos anteriores á su llegada, tuvo que preguntar « á algunos hombres de crédito é viejos que hoy viven en esta ciudad. » Es cierto que hay un pasaje de Oviedo que con seguridad habría el buen Las Gasas criticado con acritud, porque en él parece el cronista desear asociarse á un movimiento industrial en que no tuvo arte ni parte, c Y lo que es mas de maravillar destas gruesas haciendas, es que en tiempo de muchos de los que vivimos en estas partes y de los que á ellas pasaron desde treinta y ocho años á esta parte, ningún ingenio destos hallamos en estas Indias y que por miestras manos é industria se han fecho en tan breve tiempo, »

Si en el plural no está comprendido Oviedo, y solo se refiere á la generación contemporánea, tiene razón, aunque pudo ser mas exacto ; pero respecto de él en particular, puede su modo d.e expresarse conducir á un error relalivamente á su acción. El único servicio prestado por Oviedo se reduce á haber llevado seis panes

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de azúcar á España. Este capítulo lo escribió en 1546, y claro es que treinta y ocho años antes no habia ingenios en la isla. Pero en 1515, cuando él pasó por allí pudo visitar el pequeño ingenio del bachiller Velosa. En su segundo viaje, 1520, ya existían algunos ingenios, y al regresar en 1525, le hubiera sido posible, entre numerosos ingenios, examinar los de Tapia, Pasamonte, Tostado, e del almirante D. Diego Colon y otros. Y aunque creamos la estimación un tanto exagerada, bueno es, sin embargo, apuntar que según Pedro Mártir de Angleria,en 1518 existían ya veintiocho ingenios en Haití. De manera que Oviedo ni residía en la isla mientras se fomentaban los ingenios, y cuando permaneció, ya la industria azucarera marchaba con rapidez á su desarrollo. Oviedo hizo seis viajes redondos, cruzando por consiguiente doce veces el Océano. En los tres primeros solo pasó dias en Santo Domingo. Después residió más tiempo. Prescindiendo de las fechas exactas, esas tres permanencias fueron de 1532-1534, 1536-1546, 1549-1556. Murió en Yalladolid, á los 79 años de edad, en 1557.

Volviendo al bachiller Gonzalo de Velosa, diremos que fué el primero en montar un ingenio, á cuyo efecto hizo venir de las islas Canarias los oficiales necesarios. Ese pequeño trapiche de caballos, situado en la ribera del rio de Nigua, fué demolido, y Velosa, asociado con los hermanos Tapia, hicieron un ingenio movido por el agua, en el Yaguate, legua y media de la ribera del rio Nízao. Después se separaron los socios, y el último dueño lo demolió para fomentarlo en otra parte. Según Oviedo, en 1546 habia en liaiti veinte ingenios poderosos molientes y corrientes, y cuatro trapiches de caballos. Como nuestro intento no es trazar la historia de la industria azucarera en Santo Domingo, no nos detendremos en fijar el número exacto de ingenios que había en ese año, infielmente computado por Oviedo.

Conviene saber que siempre que citamos á Oviedo, lo hacemos con referencia al texto de la magnifica edición publicada por la Real Academia de la Historia de Madrid (1)..

(1) Historia general y natural de las Indias, islas y Tierra-Firme del mar Océano, por el capitán Gonzalo Fernandez de Oviedo y Valdés. — Publícala la Real Academia de la Historia, cotejada con el códice original, enriquecida con las enmiendas y adiciones del autor, é ilustrada con la vida y el juicio de las obras del mismo por D. José Amador de los Kios. Madrid, 1851-1855; Ivol. in-fol«

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La arroba de azúcar valia entonces, según Oviedo, en la ciudad de Santo Domingo c un peso, y á tiempo algo más de un peso y medio de oro é menos. • Según Las Casas, llegó á valer hasta dos ducados.

Los primeros ingenios fueron fomentados en Haití de preferencia en las márgenes de los ríos, para aprovechar el agua como fuerza motora y regar ios plantíos. Se adoptaron en todo los métodos seguidos en las Canarias; y como estas islas los habían tomado de Madera, cuyo sistema de cultivo y fabricación procedía de las prácticas Mcilianas, las cuales eran esencialmente árabes, resulta que, mediata ó inmediatamente, en esa primera etapa, el cultivo árabe fué el que se propagó por todas partes.

Respecto á cultivo, los antiguos ingenios fueron muy superiores á los actuales.

Todavía en tiempo de Valverde (Idea del valor de la isla Españo- ¿a, pág, 24) existían ruinas que atestiguaban los trabajos realizados en el siglo xvi para utilizar las aguas.

La aclimatación de la caña de azúcar en el Nuevo-Continente es un hecho tan memorable, que creemos interesante detenernos para fijar el sitio donde por primera vez se plantó. La Isabela fué despoblada y los españoles consideraban con horror sus ruinas. ¡ Tantas miserias habían allí padecido y tantos muertos yacían en sus escombros ! (Las Casas, lib. 1, cap. xcu y csm). £i Obispo apunta con tan notable exactitud el itinerario de la costa de Norte de la isla, que sin más documento se podría localizar la Isabela, conservando á todos los lugares los nombres adoptados por los españoles (Apol. Hist., cap. i).

En el mapa de la isla de Santo Domingo, por Robert R. Schomburgk, pubhcado en 1858 en París, se hallan perfectamente indicadas las c ruinas de la Isabela. » Se encuentran en la desembocadura del rio Isabela, que los ipdíos llamaban Bahabonico. Heneken, en una carta dirigida á Washington Irving ( Vie et voyages de Christophe Colomhy t. I, pág. 544), dá detalles interesantes acerca de esas ruinas. « La Isabela, dice, es hoy un bosque, en el cual se en^ cuentran aún en parte derechos los pilares de la iglesia, algunos restos del almacén y de la casa de Colon, edificios construidos en piedra de cantería. La pequeña fortaleza se halla igualmente en ruinas. Al Norte de esta se descubre un pilar redondo, casi entero, de sólida mampostería, de diez píes de alto y otro tanto de díame-

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iro. Este pilar probablemente sostendría una galería que rodeaba la cumbre del edificio para establecer la circulación, y en cuyo centro estaba colocada la bandera. Descubrí un resto de la grapt^ asegurada en la piedra, la cual servia en otro tiempo para fijar el asta de la bandera. La he arrancado, y le envío esa reliquia, que después de haber estado expuesta al furor de los elementos durante casi tres siglos y medio, conserva el sello del primer paso dado por la civilización en el Nuevo-Mundo. »

Esas ruinas deben respetarse y guardarse con la misma veneración que nosotros conservamos las cenizas de Colon en la catedral de la Habana. (32) El principio activo es el ácido cianhídrico ó prúsico. (53) La yuca es de origen americano, siquiera se discuta su primitiva procedencia.

Moreau de Jonnes (Bull. se. nat. de Ferrmac^ t. V (1825), páginas 434435) supone que el Brasil es la verdadera patria de la yuca, porque allí existen mayor número de variedades. Margraff conocía veintitrés, mientras que en la Guayana no tenian más que 6 ó 7, « y en Santo Domingo existían solo dos variedades. »

Es notable, según el testimonio del P. Vasconcellos (Noticias cu^ riosas e neccessarias das cousas do Brazil; Lisboa, 1668, pág. 246). que los indios del Brasil aseguren lo contrario. Por tradición creen que la yuca les fué traída por san Tomé, el cual les había enseñado el modo de cultivarla y aprovecharla.

El argumento de Moreau, basado en el mayor número de variedades, no tiene valor, porque las nuevas variedades no se originan siempre en la patria de las plantas. El maíz, por ejemplo, no siendo originario de los Estados-Unidos, allí es donde ha producido mayor número de variedades.

En Cuba y Haití existían en la época del descubrimiento seis variedades de yuca agria y una de yuca dulce.

Debe asimismo no olvidarse que respecto al número de las variedades, es preciso ser muy cauto, porque la misma variedad con frecuencia es conocida con distintos nombres.

La yuca en Cuba fué atacada en tiempos pasados por un insecto que produjo los mayores desastres (Sobre los insectos que destruyen el arbusto llamado yuca, por Miguel Esquível; Mem. de la S. Econ., n° 41, distribuido en 1** de mayo de 1823, pág. 45-48). Nosotros, aunque muy ligeramente, hemos tenido ocasión de ob-

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servar en la yuca un verdadero gusano de seda, hecho que nos proponemos estudiar con más cuidado.

Se ha tratado de introducir el cultivo de la yuca en Italia. En Genova la planta alcanza á una altura de dos metros, y al aire libre soporta bien la temperatura del invierno (Dupuis : BiUL de la Soc. imp. %ooL dacclim.y t. II (1862), pág. 443).

Nosotros enviamos cangres de yuca dulce de Cuba al Marqués del Duero, los cuales, plantados en San Pedro de Alcántara, dieron excelentes productos.

(33 hU) Una ley mandó que c para cada 50 indios hiciesen los á quien estaban repartidos, cuatro bohios ó casas de paja, en los asientos 'donde hubiesen de pasarlos, de treinta pies de largo y quince de ancho ; item 5000 montones, los 3000 de yuca, que son las raices de que hacían el pan, y los ¿000 de ajes, que son raices que se comen por i'ructa ; item, 200 píes de aií, que es la pimienta que sirve de poner sabor á lo que se guisa, etc. (Las Gasas» tib. III, cap. xv).

Para que se pueda formar idea del valor de los objetos en los primeros tiempos de la llegada de los españoles á Haití, creemos curioso apuntar las siguientes noticias : « Valia un azadón 10 y 15 castellanos, y una barreta de dos ó tres libras 5, y un almocafre 2 y 3, y 4 ó 5000 matas de las raices que hacen el pan ca^abi 200 y 300 y mas castellanos ó pesos » (Las Gasas, lib. II, cap. vi).

(34) La yuca puede ser conservada mucho tiempo enterrada.

« Gogen la yuca, que son unas raices de que se hac^ el casabe, pan ordinario de todas aquestas costas del Brazil, y cavando en las tierra unas cuevas ó silos hondos, las sepultan en ellos, dejándolas muy bien tapadas todo el tiempo que duran las crecientes, las cuales pasadas, las sacan y benefician para su sustento, sin que por esto pierdan un punto de su valor (Nuevo descubrimiento del Gran Rio de las Amazonas por el P. Gristobal de Acuña. Madrid, 1641 ; in-4% n° 22).

En Guba hemos visto con frecuencia á los negros guardar los ñames enterrándolos. Creen conveniente poner ceniza alrededor de los tubérculos antes de cubrirlos con tierra.

fistos medios de conservación están sujetos á condiciones espedales del terreno.

Respecto á la yuca, no se necesita discurrir medios de conservarla, lo cual, sin embargo, es muy fácil, porque la cosecha no se

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hace en su totalidad en un dia. Se va sacando la yuca á medida que se utiliza, y como, por lo general, se principia esa extracción apenas es posible aprovecharla, lejos de perder, gana dejándola |vivir en el campo y continuar asi perfeccionándose.

Tocante al ñame, después de puesto algunos dias al sol, y aún sin esa precaución, se conserva tan bien y por tanto tiempo, que se le exporta para el extranjero. A París traen ñames de la Martinica y de la Guadalupe, y durante meses los hemos visto amontonados á las puertas de las tiendas. Es más ; como para la venta por menor necesitan dividir los tubérculos, es curioso ver cómo el jugo concretado en el corte forma una blanca telilla, que impide la alteración del resto.

(35) En breves é incompletos rasgos trataremos de bosquejar el estado social y la vida doméstica de estos indios.

Los siboneyes y haities sobresalen con caracteres distintos á los demás indios, y quizá no habrá existido en ningún país del universo semejante estado social, tan perfecto en su género. Por cierto, no pueden ser comparados en punto al desarrollo de la civilización general con los mejicanos y peruanos, ni mucho menos con pueblos anteriores, cuya historia yace misteríosamente en ruinas de pasmosos monumentos.

Pero, respecto á la felicidad humana, su ser sin duda alguna era superior al estado de los mejicanos y peruanos. Si Milton hubiera vivido por aquel tiempo en tan incomparables regiones, habría podido celebrar el paraiso existente.

Esos isleños eran esencialmente agricultores, y en tal concepto debemos exponerlos como un tipo acabado de la etapa que conduce á mayores adelantos sociales.

Tenian sus leyes, policía, y estaban gobernados patriarcalmente por reyes ó caciques. Su religión, en puridad, era un sencillo deísmo, cuya síntesis es la memorable oración del anciano siboney de Ornofay, verdadero discurso de Sócrates en boca de Platón.

Residían en bellos pueblos adornados con toda especie de árboles frutales, y moraban asimismo en sus hacendejas ó conucos, de suerte que poseían lo que se ha llamado en buen castellano la casería aislada ó el coto redondo acasarado.

En sus conucos cultivaban con esmero en mayor escala los vegetales que hemos indicado, y en pequeños huertos, próximos á los bohíos, legumbres, flores para adorno de las mujeres en los dias

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de areito, muchas plantas medicinales, no pocas aromáticas para lavarse el cuerpo» sobretodo Us manos, y algunas para reemplazar en diversos usos el jabón.

Los bohios, siempre limpios, contenían todos los utensilios indispensables para la vida ; grandes güiros como depósito de agua ; primorosos duhos ostentando caprichosas esculturas ; en diversas formas, pintado y en busto, aparecían los cernís ó dioses ; por todas partes corrían avecillas mansas, se oía la parlera jiguaca y el bullidor jajabi, mientras que el ágil curí era contraste del reposado y melancólico perrillo mudo (1).

fin sus conucos sembraban árboles frutales, no sólo para uso de los vivos, sino también para los difuntos. A su entender, ni la gloría podia hacerles olvidar la felicidad terrestre, y para gozar de completa bienaventuranza, habían menester volver por las noches á recrearse en la patria y gustar sus deliciosas y aromáticas frutas.

Conocían perfectamente el territorio, y hasta el más pequeño arroyuelo y la cumbre menos elevada tenia su nombre propio y significativo, de los cuales muchos hemos conservado.

Llegaron á conocer todas las plantas y [animales, y particularízando los habían denominado, imponiéndoles los dictados más peregrinos. Infinidad de esos nombres, siquiera no comprendamos casi nunca su verdadera significación, se han transmitido más por tradición que de otra manera.

Sus mantenimientos vegetales resultaban de su industria agrícola, y de lo mucho que prodiga les ofrecia la naturaleza.

Respecto á sustancias animales aprovechaban los mamíferos existentes, los cuales cazaban bien por atajo, ora con flechas, y quizá empleando los perros mudos (A.on ? ). Las jiguacas ó cotorras apresaban al reclamo por medio de lazos. Otras aves cazaban con sus flechas. Cogían los patos cubriéndose la cabeza con güiros. La pesca con el guaicán era en extremo ingeniosa. Pescaban también con redes y anzuelos, y muchas veces con las flechas mataban los peces grandes. Y lo que demuestra en ellos una gran previsión en el acopio de materias alimenticias, eran los grandes cmrales en que conservaban infinidad de lizas y tortugas, notablemente en Xagua.

(1) Acerca de los perros indígenas de Amérira, conviene consultar las investigaciones de Ttdkudt, las cuales se hallan resumidas en Humboldt. Tableaux de la Nature, Ub. I, cap. vin.|

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Apreciaron la iguana, y no desdeñaron el majá.

La abundancia extrema de alimentos, hace comprender la numerosa población que se encontró en aquellas islas. No habiendo menester desplegar por mucho tiempo gran fuerza, naturalmente eran sobrios. En Haití habia 25 habitantes por kilómetro cuadrado.

Sus pasatiempos consistian en el juego de la pelota (batey) ; en la celebración de los areitos ó cantares de conmemoración histórica ó loa de acontecimientos contemporáneos, y en inocentes simulacros de guerra.

El areito celebrado en honor de Bartolomé Colon por la corte de Xa ragua, fué de lo más poético que imaginarse pueda. Más de trescientas vírgenes, de singular hermosura y paradisiaco candor, desnudas, la cabellera adornada con fragantes y matizadas flores, la frente ceñida con lazo de bello color, la espalda en algo cubierta con rica y artística tela de algodón, bailando y cantando, teniendo en las manos ramos y palmas, rodeaban al Adelantado, hasta que concluyeron postradas á sus pies por ofrecerle ramos y palmas.

Viviendo en el más hermoso país del mundo, de una fertilidad extraordinaria, bajo la influencia del más clemente y apacible clima, en el seno de la abundancia, ¿podían dejar de ser completamente felices y admirablemente constituidos en todos conceptos? En realidad fueron muy inteUgentes y poseyeron todo género de virtudes.

(35 bis) Seria trabajo de dudosa oportunidad presentar aquí una copiosa bibliografía prehistórica. Nos contentaremos, pues, con recomendar la lectura de las siguientes obras, que ofrecen en resumen cuanto concierne á este particular. En sus páginas hallarán amplias indicaciones los que deseen estudiar profundamente este asunto.

L'homme avant les métaux, par N. Joly ; París, 1879 ; in-8».

Les premiers hommes et les temps préhistoriques, par le marquis de Nadaillac; París, 1881 ; 2 vol. in-8*.

L'ancienneté de Thomme prouvée par la Géologie, etc., par sir Ch. Lyell; Paris, 1870; i vol. in-8^

L'homme primitif, par Luis Figuier ; París, 1870, in-8\

Les debuts de rhumanité* — L'homme primitif contemporaín, par Abel Hovelacque; París, 1881 ; i vol. in-8».

Los hechos expuestos en estas obras esclarecen cuanto se reáere á la fabricación yuso de los instrumentos de piedra en las épocas

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pasadas y presente, presentando la serie de evoluciones del espíritu humano, dirigiéndose á la conquista de los medios de aumentar su poder sobre la naturaleza.

El estudio que bosquejamos acerca del estado social de los siboneyes y haities, demuestra que el uso de los útiles de piedra, aún cuando restrinja sobremanera la cultura, permite ó hace posible, sin embargo, cierto grado de civilización.

(56) Los metales conocidos en Méjico y Perú en la época del descubrimiento eran oro, plata, cobre, estaño, plomo y mercurio.

Ningún pueblo del Nuevo-Mundo poseia el arte de extraer el hierro de sus minerales.

Solo una pequeña tribu de las riberas del Rio de la Plata parece, según Lubbock (L'homme préhistorique, pág. 250), haber aprovechado para sus flechas el hierro meteórico ; pero lo hacia como si se hubiera servido de cualquier piedra natural. Boussíngault y Rivero (Ann. de chim.. t. XXY (1824), pág. 458-445) han examinado diferentes muestras de hierro meteórico encontradas en la cordillera oriental de los Andes. Siempre contienen nickel. Por lo común es cavernoso : algunas veces no presenta cavidades, y el grano es fino como en el acero. Tiene un brillo argentino y es maleable. Colombia, agradecida, ofreció á Bolivar una espada forjada con hierro de origen extra terrestre.

Habiendo los escandinavos hecho uno de los muchos descubrimientos del ignoto mundo, parecia natural suponer que en las lenguas de las tribus que estuvieron en relación con ellos, se debería conservar el nombre del hierro más ó menos modificado recordando el comercio que tuvieron con los europeos.

En efecto, el abate D. Lorenzo Hervás (Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, etc. Madrid, 1800-1805; 6 vol. in-S"; 1. 1, pág. 560) nos dice : « De todas las naciones americanas de que tengo noticia, solamente parecen haber conocido el hierro las naciones Nutka, ünalashka, Norton, Eskimesay Groenlándica. Es probable que el conocimiento del hierro y su nombre dieron á los groenlandios los leutones que en siglo ix estaba en Groenlandia. El saberse ciertamente que los teutones estuvieron en dicho siglo en Groenlandia, y la afinidad que se encuentra entre los nombres que en las lenguas de Nutka, Norton, de los eskimeses y groenlandios, y en algunos de dialectos teutónicos se dan al hierro, son fundamento grave para conjeturar que los teutones fueron los prime-

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ros que dieron nolicía del hierro á los groenlandios y eskimeses, que parecen provenir de la misma estirpe nacional, y que de estos americanos los habrán recibido las naciones de Nutka, Unalashka y Norton. •

En la obra del abate se encuentran las pruebas de lo anterior con la comparación de los nombres del hierro en las diferentes lenguas.

Las aleaciones de cobre, plata, oro y estaño eran aplicadas á diferentes usos.

El guanin, tan codiciado por los indígenas de Cuba y Haití, contenia en 32 partes, 18 de oro, 6 de plata y 8 de cobre (Las Gasas : Hist. de las Indias, lib. I, cap. cixxii).

Mucho se ha discutido acerca del temple que supieron dar los mejicanos y peruanos al cobre, ó mejor dicho, al bronce. El hecho es indudable, y en la actualidad nos parece muy explicable y posible de obtener. Sin embargo, para poder resolver este asunto, seria menester practicar nuevos anáUsis químicos de los instrumentos que existen en distintos museos.

Humboldt (Sites des cordilleres et monuments des peuples indrgenes de TAmérique, pág. 439) da á conocer la composición de una hacha que hizo analizar por Yauquelin, el cual encontró 94 partes de cobre y 6 de estaño en 100 de materia. Ce cuivre tranchant, dice Humboldt, es casi igual á las hachas gálicas, que cortan la madera como podría hacerlo el acero.

Mariano E. de Bivero (Antigüedades peruanas, pág. 215) manífíesta que, en los análisis de varios instrumentos de cobre, como cinceles, hachas, etc. , ha encontrado la sílice en proporción de 5 á 10 por 100. Es extraño que, tratándose de un hecho tan esencial, no haya dado á luz el análisis completo. Cierto es que De ville y Carón (Du silicium et des siliciures metaUiques, Ann. de chim. et de phys., t. LXYII (1863). pág. 435-443), han demostrado que la combinación de silicio y cobre, conteniendo 48 por 100 del primero, aunque menos dura que el hierro, lo es más que el bronce en la proporción de 45 á 39, y que otros siliciuros de cobre son tanto más duros, mientras mayor es la cantidad de silicio que contienen. Winkler afirma que 50 por 100 de silicio dan al cobre la dureza del acero; pero que entonces es muy friable.

Respecto al arte de los mejicanos y peruanos de utilizar el oro y la plata, es indudable que algunas de sus obras son superiores á las modernas.

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(37) Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fínes del siglo xv, etc., coordinada é ilustrada por D. Martin Fernandez de Navarrete; Madrid, 1825-1857; 5 vol. in-8'.

(58) De lo que dice Oviedo acerca del trabajo ejecutado con las hachas de piedra, que mas molian que cortaban, no debe inferirse que no se hicieren, si no en Cuba y Haití, al menos en otros países instrumentos de piedra con filos muy cortantes.

En efecto, Torquemada dice (Monarquía indiana, lib. XUI, capítulo xxxiv) que en Méjico < tenían y tienen oíiciales de hacer navajas de una piedra negra ó pedernal, que verlas sacar de la piedra es cosa de grande' maravilla y digna de mucha admiración y de ser alabado el ingenio que inventó este arte. Hácense y sácanse de la piedra (si se puede dar bien á entender) desta manera : Siéntase en el suelo un indio destos oficiales y toma un pedazo de aquella piedra negra (que es asi como azabache y dura como pedernal, y es piedra que se puede llamar preciosa, mas hermosa y reluciente que el alabastro y jaspe, tanto que de ella se hacen espejos), y este pedazo que toman es de un palmo de largo ó poco más, y de grueso como la pierna ó poco menos rollizo; tienen un palo del grueso de una lanza, y largo como tres codos ó poco más ; al principio de este palo ponen muy pegado y bien atado otro trozuelo de un palmo (para que pese más aquella parte), luego juntan ambos los pies descalzos, y con ellos aprietan la piedra como si fuese con tenazas ó tornillos de banco de carpintero, y toman el palo con ambas á dos manos, que también es llano y tajado, y pénenlo á besar con el canto de la frente de la piedra, que también es llana y tajada por aquella parte, y entonces aprietan hacia el pecho, y con la fuerza que hace, salta de la piedra una navaja con su punta y filos de ambas partes, como si de un nabo ó rábano la quisiesen lomar con un cuchillo muy agudo, ó como si la formasen de hierro al fuego, y después en la muela la aguzasen y últimamente le diesen muy delgados filos en las piedras de afílar ; y sacan estos oficiales en muy breve espacio de estas piedras, por la manera dicha, más de veinte navajas. Salen de la misma forma que son las que usan nuestros barberos para sangrar, salvo que tienen un lomillo por medio y hacia las puntas salen algo convadas ; con mucha graciosidad cortan y rapan el cabello de la primera vez y con el primer tajo poco menos que una navaja acerada ; pero al segundo corte pierden los

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filos y luego es menester otra y otra para acabar de rapar la barba ó el cabello, aunque á la verdad son baratas y asi no se siente gastarlas. Mucbas veces se han afeitado muclios españole^ seglares y religiosos con ellas. Pero concluyo con decir que verlas sacar es cosa digna de admiración, y no pequeño argumento de la viveza de los ingenios de los hombres que tal invención hallaron, j»

Torquemada (lib. XLII, cap. xxix) cita un hecho que todos los historiadores atestiguan acerca de las espadas mejicanas : « Hirieron dos caballos de tal manera, que luego cayeron muertos casi á cercen cortadas las cabezas, porque las espadas eran de pedernal encajado en madera, atado y con cierta liga apretado, que cortaban como navaja. »

Las espadas de los mejicanos (maquahuitl) no eran de pedernal, sino de la piedra itzlli, que es la obsidiana (Clavigero, trad. de Mora, 1. 1, p. 53.2).

Acerca de las diferentes obsidianas que hay en Méjico y de sus aplicaciones para hacer navajas, cuchillos, flechas, lanzas, espejos, etc., se encontrarán los más prolijos detalles en la Historia general de las cosas de Nueva-España, por el P. Sahagun,t. III, pág. !299 y siguientes (edición Bustamante),'y pág. 773 y siguientes de la traducción francesa por Jordanet y Remi- Simeón.

(39) Las canoas también se hacian de seiba, árboles de singular corpulencia. Las Gasas (Apol. híst., cap. vu y xui) vio en la ribera del rio Hayna una seiba que ocho ó diez hombres los brazos tendidos no podian cercar. El almirante D. Diego Colon decia (Oviedo, lib. IX, cap. xi) que « él, con otros catorce hombres tomados de las manos, aun no acababan de abrazar aquella ceyba, que llamaban árbol gordo. » Tendria, poco más ó menos, 24 metros de circunferencia.

Oviedo, en Nicaragua, midió una seiba que tenia 33 varas de circuito en el pié, y por lo más bajo, que no pudo medir, tendria 36 varas. Estas dimensiones, reducidas á medida métrica, representan poco más ó menos de 27 á 29,50 metros.

En Méjico hacian el chocolate moliendo igual cantidad de cacao y de semilla de pochotl, que es nuestra seiba.

La güira suele también alcanzar grandes dimensiones. (Tussac, Flore des Antilles, t. II, pág. 82).

Las dimensiones de las caobas cubanas son en extremo notables.

« La mayor caoba que se ha cortado en Cuba fué entre los terrenos

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del hato de Cartagena y Ciego Montero en las cercanías de Jagua, y según la descripción del Excmo. Sr. D. Honorato Bouyon, el diámetro mayor del árbol era de doce pies ; el menor de diez, y el largo del cañón hasta dicho punto de veinte. Quizás en los montes de Hanabana y Yaguaramas las habrá mayores » (Mem. de la R. Soc. Patr. de la Habana, t. XHI (184t),pág. 307). De este enorme tronco existen aun dos trozos ahuecados en la sierra del agua del Lechuzo, dentro de cuyos cilindros puestos horizontalmente puede permanecer un hombre de pié (Mem. de la Soc. Econ., 2* serie, t. II (1846), pág. 151). Un diseño litografiado de este árbol se insertó en un periódico.

Otra caoba se cortó cuando el fomento del ingenio San Nicolás del conde del Peñalver, la cual podria tener sobre tres varas de diámetro.

En la hacienda de Santiago (Sierra Morena) 'existió una caoba que tenia 9 varas y 7 pulgadas de circunferencia, y como 7 varas de cañón (Mem. de la R. S. E., 1825).

Miguel Rodríguez Ferrer (Naturaleza de la grandiosa Isla de Cuba, pág. 705), nos conserva el recuerdo de algunas notables caobas.

Val verde (Idea del valor de la Isla Española, pág. 31), menciona caobas de seis y siete varas de circunferencia.

En la Vuelta-Abajo hay encinas que tienen hasta 12 varas de circunferencia.

Humboldt (Tableaux de la nature, hb. IV, chap. vni) ha descrito algunos árboles, célebres por su tamaño, grueso y rareza.

Pero todos estos árboles son pigmeos comparados con la Sequoia de California y los Eucalytus de Australia. Has!a el presente no se ha podido explicar el desarrollo extraordinario de la facultad de elevar el agua del suelo al través de los tegidos de la planta para propender al crecimiento continuo de la yema terminal y al auge correspondiente del tronco. Acerca de esos árboles, véase « La végétalion du globe, par A. Grissebach, t. II, pág. 444, » y la curiosa publicación con vistas fotográficas y dibujos hecha en San Francisco en 1862 por Vischer.

(40) Citaremos solamente una, por la circunstancia curiosa en que se encontró. Se halló dentro de una caoba en el acto de labrarla en el ingenio Higúero, partido del Dátil, jurisdicción de Bayamo. Esta hacha fué regalada por Feliu á Miguel Rodríguez Ferrer (Nat. y civ. de la 6. 1, de Cuba, pág. 153), el cual ha tenido la bondad de dar-

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nos su dibujo exacto. Tomando cada dimensión por la parte en que aparece mayor, tiene 72 milímetros de largo, 27 de ancho y 19 de espesor. Es de serpentina. Su forma es singularmente regular, y aunque no tuviésemos más muestra que ella de la habilidad de los indios, deberíamos admirarla, pues ni con los recursos é instrumentos modernos se podria hacer más perfecta.

Ferrer posee otra mayor de diorita.

Nosotros, en nuestra tierna juventud, tuvimos una de esas hachas, que tendría, si mal no recordamos, 9 centímetros de largo, y quizá algo más.

La situación de esa hachita en el interior de la caoba es igual á la que indica Toll, que según Keutmaus, fué hallada dentro de una encina en .Siplitz (Le parfait joauillier, etc., par Anselme Boece de Boot, de nouveau enrichi de bolles annotations, etc., par André Toll ; Lyon, 1644 ; in-8- ; pág. 618),

Es curioso ver cómo Boot admite en las hachas de piedra cual hecho general, un agujero para poner el mango. Esto no se encuentra por lo común sino en la edad de bronce.

Las hachas de piedra olvidadas en el momento de cortar un árbol y encontradas más tarde después de estar cubiertas por las nuevas capas formadas, hubieran podido servir para determinar, según su situación, la época aproximada en j^ue se intentó la obra no concluida.

(41) Un hecho de esta naturaleza es referido por Acuña : t Los de las riberas de este gran rio Amazonas no necesitan cortar árboles para hacer canoas ; recogen los arrancados por las avenidas t (número XXIVIIl).

(42) Acerca de los distintos medios empleados en todas épocas para obtener el fuego, conviene consultar la obra de Joly, que resume lo que Tylor ha expuesto respecto del particular (L'homme avant les métaux; París, 1879; pág. 176 y sig.). —Y más detalles pueden adquirirse en el libro de Abel Hovelacquej L*homme primitif contemporain; París, 1881 ; págs. 76, 77, 139, 154 y 203.

(43) Los veinte y un libros rituales y monarquía Indiana, por Juan de Torquemada ; Madrid, 1613; 3 vol. in-fol. ; 2.* edición. Madrid, 1723 ; 3 vol. in-fol. Libro XIII, cap. xxxi.

(44) Storia antica del Messico, etc. Opera deír abate D. Francisco Saverio Clavigero; Cessena, 1780; 4 vol. in-4».

Historia antigua de Méjico, etc., escrita por D. Francisco Salverio

- no -

Glavigero, y traducida del italiano por José Joaquin de Mora ; Londres, 1826; 2 vol. ¡n-8«.

(45) Prescott (Hist. de la Conq. du Pérou,t. I, pag. 143), al describir el arado ó, con más propiedad, la especie de pala empleada por los peruanos, desfígura por completo la noticia de Garcilaso, al cual, sin embargo, se refiere, citándolo con exactitud (Com. R., parte I, lib. V, cap. ii).

Este es un eieriente ejemplo de cómo concluyen los errores por propagarse. Los que no bao leído el original y adoptan la descripcioa al parecer dada por Prescot, conforme al texto que cita, no podrán menos de creer de buena fé que en realidad Gtircilaso estampó en sus Comentarios lo que el célebre historiador americano le atribuye .

Gomo se ha visto, el Inca dice que los indios, al emplear la especie de pala que usaban, la hacian penetrar lo más posible en la tierra, y después sirviéndose de ella como palanca (apalancando), levantaban grandísimos céspedes.

Prescott no ha comprendido la palabra apalancando, sin embargo bien expresiva, y nos describe el instrumento arrastrado por seis ú ocho hombres uncidos por medio de cuerdas, tirando á la vez y llevando la cadencia con cantos.

Observa Prescott, que « este medio de suplir el arado era una invención grosera. Sin embargo, es curiosa como la única muestra de este género hallada entre los aborígenas americanos, y quizá no era inferior al instrumento de madera que en su lugar introdujeron los conquistadores europeos. »

£1 instrumento usado por los peruanos era una pala muy bien dispuesta, con la cual podían labrar la tierra con perfección, y sin duda alguna mejor que con el arado, introducido por los conquistadores.

Según las indicaciones que hemos encontrado en diversas obras, la pala de madera, masó menos bien hecha, se empleaba con bastante generalidad por los indígenas del Ntievo-Mundo.

Con anterioridad á Prescott, el conde Carli (Lettres amerícaines. t. I, pág. 227) había cometido el mismo error; pero aumentado. Suponía que el arado de los incas tenia dos timoneSf á cada cual se uncían para tirarlo una cuadrilla de hombres.

(46) « Los cantares que se decían en loor del sol y de su reyes todos eran compuestos sobre la significación de esta palabra Hay-

«• w-

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llí, que en lengua general del Peni quiere decir Triunfo, como que triunfaban de la tierra barbechándola y desentrañándola para que diese fruto. En estos cantares enlreraetian diches graciosos de enamorados discretos y de soldados valientes, todo á propósito de triunfar de la tierra que labraban ; y asi el retruécano de todas sus coplas era la palabra Hayllí, repetidas muchas veces, cuantas eran menester para cumplir el compás que los indios traen en un cierto contrapaso, que hacen barbechando la tierra, con entradas y salidas que hacen para tomar vuelo y romperla mejor » (Garcilaso, lib. V, cap. n).

(47) La Perla de la América, provincia de Santa Marta, recoBocida, observada y expuesta en discursos históricos por el sacerdote D. Antonio Julián; Madrid, 1787; i vol. in-8*; pág. 68.

(48) El Orinoco ilustrado y defendido» historia natuí:»!, ciyil y geográfica de este gran rio y de sos caudalosas vertientes, etc., escrita por el P. Joseph Gumilla ; Madrid, 1745; 2 vol. in-S**; t. II, cap. xix, pág. 264.

Gilij (Saggio di storía americana, etc., t. I), en una lámina que intitula «r vista de un campo indio » dibuja la yuca cultivada en montones.

(49) Llamaban macana los indios de Cuba y Haití á una espada de tabla de palma, que es durísima y muy pesada, hecha desta forma : no aguda, sino chata, de cerca de dos dedos en gordo en todas partes, con lo cual, como es dura y pesada, como hierro, aunque tenga el hombre un capacete en la cabeza, de un golpe le hundirán los cascos hasta los sesos (Las Gasas, lib. I, caps. Lxvn y xcv).

£1 verbo malar se formaba á veces con el nombre del instrumento que servia para dar la muerte, y luego por aglutinación se originaban otras palabras. Asi, mayanimacaná, significaba no me mates.

La voz macana, conocida por los primeros españoles en las islas, continuó siendo empleada por ellos en todas partes, á pesar de tener el instrumento otro nombre en los distintos dialectos.