Novelas, cuentos y artículos · Unidad 79 de 172
Unidad 79 · CATUR Y ALICAK. I^
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CATUR Y ALICAK. I^
— Calla, bárbaro
En este coloquio iban los dos antiguos estudiantes, cuando hubieron de soltar un tanto la disputa para atender y dar oídos á la aguda y penetrante voz de cierto caminante que picaba por alcanzarlos y que cantaba de esta manera:
Con espuela y paso á paso Llega el asno á la jornada, Pero víbora ó culebra Dando saltos más alcanza. Ora Sí arrastra entre la hierba verde. Luego sube, y por do subió más muerde.
En esto llegó á los dos primeros otro interlocutor de prolongadísima persona y mala catadura, color entre cerote y hollín, y ojos hundidos, aunque relucientes, con ciertas binzas de sangre, que venía montado en alta muía burdégana, tan aviesa y resabiada como su amo.
Los tres, al verse, prorrumpieron en un grito de admiración, conociendo el nuevo huespede en los dos viandantes á nuestros Caleb y Catur, y éstos en él al señor Alicak, célebre en sus primeros años por sus malicias y enredos.
Alicak saltó de su cabalgadura así como reparó en Catur, y aferrándose de la estribera siniestra, en actitud humilde, y con eco melifluo le dijo:
— ¡Oh mi caro, mi ant'guo y único amigo,
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y oh mi irremediable futuro é indefectible apoyo y favorecedor!!! Tú caminas para Córdoba: tu frente la veo de berroqueña, como antaño, y por último y feliz horóscopo, tus luengas orejas no han menguado ni un negro de la uña.... ¡Oh! ¡qué suerte tan dichosa te espera! dame paz en el ros^.ro y prométeme tu gracia y favor
Caleb, que, conociendo la condición maligna de Alicak, no le caía en gracia aquella pantomima burlesca, pensó ejercitar su humor moralista y severo, y así, con tono dogmático, le habló de este modo:
— Alicak, ya juzgué que tus inclinaciones al mal se hubieran debilitado, cuando no destruido de todo punto; por eso me aflijo al mirarte con tan poca enmienda, siendo así que donde vamos, tus artes te harán mucho mal y bien ninguno. La justicia, la sabiduría y la austeridad de costumbres allí presiden; ¿y qué será de ti, si por ventura?
— Perdón, perdón, y mil veces perdón — gritó Alicak; — perdón, repito, sol de la sabiduría, fuente de la doctrina, león contra el engaño, justo, sabio, valiente Caleb, dame los pies para los besar.
Y así diciendo» dejando á Catur, se acercó al doctor, haciendo las muecas y visajes más picarescos.
Catur renegaba, porque le hubiesen inte-