Novelas, cuentos y artículos · Unidad 85 de 172

Unidad 85 · HIALA, NADIR Y BARTOLO. 211

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HIALA, NADIR Y BARTOLO. 211

ción abandonar el hilo de oro de sus ideas, aun todavía yo soñoliento, se me escapaban de mis labios estas palabras, que Bartolo, tomándolas por otras tantas interrogaciones matinales de las que acostumbro hacerle, procuraba satisfacer del mejor modo, entablándose así el siguiente diálogo:

— I Oh, Ismael!

— Don Rafael entró aquí muy de mañana; dio tres vueltas y cuatro carrerillas; por no despertarle, pintó á Vmd., con la tinta avinagrada del escritorio, tres ó cuatro bordados en la cara con mucha sutileza, que todavía los conserva Vmd. con el mayor primor (y era verdad), salvo que se han extendido, ennegreciéndolo de oreja á oreja. Dióme cuatro capirotazos, llamándome bruto y asturiano; se almorzó el chocolate, quebró el vaso, tronchó dos sillas y se despidió, prometiéndome siempre volver después para diablear un poco.

— ¡Oh, Híala; oh, hurí mía!

— Doña María entró también con la doncella de su sobrina; trajo papel del sello pobre para un memorial pedigüeño que debe Vmd. hacerle; dejó nota de la mucha hambre que padece, nombre del marido que pudo tener y murió, y estadística del estado en que puede hallarse la niña; dejaron la ropa blanca; me dio cuatro pellizcos de monja, y volverán para lamentarse , la vieja, del tacaño tiempo,

H2 EL SOLITARIO.

y la sobrina, de la poca fe de los hombres

— ¡Oh, llave misteriosa; oh, paloma azul; oh, mariposa de Cachemira!

— Señor, no fué Cachemira, fué cachetina, y cachetina endiablada la que se dieron. El uno debía y dijo nones, y el otro quiso su dinero y decía quiero: fuerza era que se sacudiesen.

— ¡Calla, maldito, calla! — le dije al fin. — No desplegues tus labios y no me martirices sacándome de los sueñes que encantan para conducirme á las realidades que matan. ¡Calla, maldito, calla!

Pero todo fué en vano; el hilo estaba ya roto, y ya me fué imposible remontar mi mente hasta los palacios de Armida, de donde bajé en un salto; y así, el artículo principiado con las mágicas razones de Híala y Nadir, fuerza fué acabarlo con la parla rastrera de mi académico Bartolo.

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DON EGAS EL ESCUDERO

Y LA DUEÑA DOÑA ALDONZA.

DON EGAS EL ESCUDERO

Y LA DUEÑA Do5ÍA ALDONZA.

Fecho es de burlas.

Dueñas, déselas Dios á qnien las desee: mirando esto;- dónde las echaré.

QuEVKDO, Visita de los chistes.

Meterte á sacomano me atreviera; Mas ante ElWra afeítate la cara, Y tal tn dura enjundia me prepara, Que en ti abra cala un espetón siquiera.

Desperdicios de un soneto.

». ORAS de vísperas eran cuando en largo de la cal de Sant Romant, de To- ¡^íT^. ledo, paso á paso divagaba un escudero en continente reposado, ansí como pavón atildándose en la sombra. Sus calzas de entray atacadas á rico jubón colorado, capa palmilla revuelta al brazo, é gorra aceituni con sendas plumas blancas é negras, bien demostraba que