Novelas y teatro · Capítulo real 12 de 14
JORNADA TERCERA
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
Salen CIPIÓN, IUGURTA, y MARIO, romanos.
CIP. En forma estoy contento en mirar cómo Corresponde a mi gusto la ventura, Y esta libre nación soberbia domo Sin fuerzas, solamente con cordura. En viendo la ocasión, luego la tomo, Porque sé cuánto corre y se apresura, Y si se pasa; en cosas de la guerra, El crédito consume y vida atierra. Juzgaba de ésa el loco desvarío Tener los enemigos encerrados, Y que era mengua del romano brío No vencellos con modos más usados. Bien sé que lo habrán dicho; mas yo fío Que, los que fueren plácticos soldados Dirán que es de tener en mayor cuenta La victoria que menos ensangrienta. ¿Qué gloria puede haber más levantada, En las cosas de guerra que aquí digo, Que, sin quitar de su lugar la espada, Vencer y sujetar al enemigo? Que, cuando la victoria es granjeada Con la sangre vertida del amigo, El gusto mengua que causar pudiera La que sin sangre tal ganada fuera.
Tocan una trompeta del muro de Numancia.
IUG. Oye, señor, que de Numancia suena El son de una trompeta, y me aseguro Que decirte, algo desde allá se ordena, Pues el salir acá lo estorba el muro. Caravino se ha puesto en una almena, Y una señal ha hecho de seguro: Lleguémonos más cerca. CIP. Ea, lleguemos. No más: que desde aquí lo entenderemos.
Pónese CARAVINO en la muralla, con una bandera o lanza en la mano, y dice:
CAR. ¡Romanos!; ¡Ah, romanos! ¿Puede acaso Ser de vosotros esta voz oída? MAR. Puesto que más abajas, y hables paso, De cualquier tu razón será entendida. CAR. Decid al general que alargue el paso Al foso, porque viene dirigida a él una embajada. CIP. Dila presto, que #_yo_# soy Cipión. CAR. Escucha el resto. Dice Numancia, general prudente, Que consideres bien que ha muchos años Que entre la nuestra y tu romana gente Duran los males de la guerra extraños, Y que, por evitar que no se aumente La dura pestilencia destos daños, Quiere, si tú quisieres, acaballa Con una breve y singular batalla. Un soldado se ofrece de los nuestros A combatir cerrado en estacada Con cualquiera esforzado de los vuestros, Para acabar contienda tan trabada; Y al que los hados fueren tan siniestros, Que allí le deje#_n_# sin la vida amada, Si fuere d nuestro, darémoste la tierra; Si el tuyo fuere, acábese la guerra: Y por seguridad deste concierto, daremos a tu gusto las rehenes. Bien sé que en él vendrás, porque estás cierto De los soldados que a tu cargo tienes, Y sabes que el menor, a campo abierto, Hará sudar el pecho, rostro y sienes Al más aventajado de Numancia; Ansí que está segura tu ganancia. Porque a la ejecución se venga luego, Respóndeme, señor, si estás en ello. CIP. Donaire es lo que dices, risa y juego, Y loco el que piensa de hacello. Usad el medio del humilde ruego, Si queréis que se escape vuestro cuello De probar el rigor y filos diestros Del romano cuchillo y brazos nuestros. La _fiera_ que en la jaula está encerrada Por su selvatoquez y fuerza dura, Si puede allí con mano ser domada, Y con el tiempo y medios de cordura, Quien la dejase libre y desatada Daría grandes muestras de locura. Bestias sois, y, por tales, encerradas Os tengo donde habéis de ser domadas. Mía será Numancia a pesar vuestro, Sin que me cueste un mínimo soldado, Y el que tenéis vosotros por más diestro, Rompa por ese foso trincheado; Y si en esto os parece que yo muestro Un poco mi valor acobardado, El viento lleve _agora_ esta vergüenza, Y vuélvala la fama cuando venza.
Vanse CIPIÓN y los suyos, y dice CARAVINO.
CAR. ¿No escuchas más, cobarde? ¿Ya te ascondes? ¿Enfádate la igual justa batalla? Mal con tu nombradía correspondes; Mal podrás de este modo sustentalla; En fin, como cobarde me respondes. Cobardes sois, romanos, vil canalla, Con vuestra muchedumbre confiados, Y no en los diestros brazos levantados. En _formado_ escuadrón, o manga suelta En la campaña rasa, do no pueda Estorbar la mortal fiera revuelta El ancho foso y muro que la veda, Será bien que, sin dar el pie la vuelta? Y sin tener jamás la espada queda, _Ese_ ejército mucho bravo vuestro Se viera con el poco flaco nuestro; Mas, como siempre estáis acostumbrados A vencer con ventajas y con mañas, Estos conciertos, en valor fundados, No los admiten bien vuestras marañas; _Liebres en pieles fieras disfrazados, Load y engrandeced vuestras hazañas_, Que espero en el gran Júpiter dejaros Sujetos a Numancia y a sus fueros.
Vase, y torna a salir fuera con TEÓGENES, y CARAVINO, y MARANDRO, y otros.
TEÓG. En términos nos tiene nuestra suerte, Dulces amigos, que sería ventura De acabar nuestros daños con la muerte; El desafío no ha importado un cero; ¿De intentar qué me queda? No lo siento, Uno es aceptar el fin postrero. Esta noche se muestre el ardimiento Del numantino acelerado pecho, Y póngase por obra nuestro intento. El enemigo muro sea deshecho; Salgamos a morir a la campaña, Y no como cobardes en estrecho. Bien sé que sólo sirve esta hazaña De que a nuestro morir se mude el modo, Que con ella la muerte se acompaña. CAR. Con este parecer yo me acomodo; Morir quiero rompiendo el fuerte muro, Y deshacello por mi mano todo; Mas tienen una cosa mal siguro: Que, si nuestras mujeres saben esto, De que no haremos nada os aseguro. Cuando otra vez tuvimos presupuesto De huírnos y dejallas, cada uno Fiado en su caballo y vuelo presto, Ellas, que el trato a ellas importuno Supieron, al momento nos robaron Los frenos, sin dejarnos sólo uno. Entonces el huír nos estorbaron, Y ansí lo harán agora fácilmente, Si las lágrimas muestran que mostraron. MAR. Nuestro disinio a todas es patente, Todas lo saben ya, y no queda alguna Que no se queje dello amargamente, Y dicen que, en la buena o ruin fortuna, Quieren en vida o muerte acompañaros, Aunque su compañía os sea importuna.
Entran cuatro mujeres de Numancia, cada una con un niño en brazos y otros de las manos, y LIRA, doncella.
Veislas aquí do vienen a rogaros No las dejéis en tantos embarazos; Aunque seáis de acero han de ablandaros; Los tiernos hijos vuestros en los brazos Las tristes traen: ¿no veis con qué señales De amor les dan los últimos abrazos? M.1.ª ¿Qué pensáis, varones claros? ¿Revolvéis aún todavía En la triste fantasía De dejarnos y ausentaros? ¿Y a los libres hijos vuestros Queréis esclavos dejallos? ¿No será mejor _ahogallos_ Con los propios brazos vuestros? No apresuréis el camino Al morir, porque su estambre Cuidado tiene la hambre De cercenarla contino. M.3.ª Hijos de estas tristes madres, ¿Qué es esto? ¿Cómo no habláis Y con lágrimas rogáis Que no os dejen vuestros padres? Baste que la hambre insana Os acaben con dolor, Sin esperar el rigor De la aspereza romana. Decildes que os engendraron Libres, y libres nacistes, Y que vuestras madres tristes También libres os criaron. Decildes que, pues la suerte Nuestra va tan decaída, Que, como os dieron la vida, Ansí mismo os den la muerte; ¡Oh muros de esta ciudad! Si podéis hablar, decid, Y mil veces repetid: "¡Numantinos, libertad Los templos, las casas vuestras Levantadas en concordia! Hoy piden misericordia Hijos y mujeres vuestras. Ablandad, caros varones, Esos pechos diamantinos, Y mostrad, cual numantinos, Amorosos corazones; Que no por romper el muro Se remedia un mal tamaño; Antes en ello está el daño Más propincuo y más seguro." LIRA. También las tristes doncellas Ponen en vuestra defensa El remedio de su ofensa Y el alivio a sus querellas. Desesperación notoria Es ésta que hacer queréis, Adonde sólo hallaréis Breve muerte y larga gloria. Mas ya que salga mejor Que yo pienso esta hazaña, ¿Qué ciudad hay en España Que quiera daros favor? Mi pobre ingenio os advierte Que si hacéis esta salida, Al enemigo dais vida Y a toda Numancia muerte. De vuestro acuerdo gentil Los romanos burlarán; Pero, decidme: ¿qué harán Tres mil con ochenta mil? Aunque tuviesen abiertos Los muros y su defensa, Seríades con ofensa Mal vengados y bien muertos. Mejor es que la ventura O el daño que el cielo ordena, O nos salve o nos condena Dé la vida o sepoltura. TEÓG. Limpiad los ojos húmidos del llanto, Mujeres tiernas, y tené entendido Que vuestra angustia la sentimos tanto, Que responde al amor nuestro subido. Ora crezca el dolor, ora el quebranto Sea por nuestro bien disminuído, Jamás en muerte o vida os dejaremos; Antes en muerte y vida os serviremos. Pensábamos salir al foso, ciertos Antes de allí morir que de escaparnos, Pues fuera quedar vivos aunque muertos, Si muriendo pudiéramos vengarnos; Mas, pues nuestros disinios descubiertos Han sido, y es _locura_ aventurarnos, Amados y hijos y mujeres nuestras, Nuestras vidas serán de hoy más las vuestras. Sólo se ha de mirar que el enemigo No alcance de nosotros triunfo o gloria; Antes ha de servir él de testigo Que aprueben y determinen la historia; Y si todos venís en lo que digo, Mil siglos durará nuestra memoria, Y es que no quede cosa aquí en Numancia De do el contrario pueda hacer ganancia. En medio de la plaza se haga un fuego, En cuya ardiente llama licenciosa Nuestras riquezas todas se echen luego, Desde la pobre a la más rica cosa; Y esto podréis tener a dulce juego, Cuando os declare la intención honrosa Que se ha de efectuar después que sea Abrasada cualquier rica presea. Y para entretener por algún hora La hambre que ya roe nuestros huesos, Haréis descuartizar luego a la hora Esos tristes romanos que están presos. Y sin del chico al grande hacer mejora, Repártase entre todos, que con esos Será nuestra comida celebrada Por España, cruel, necesitada. CAR. Amigos, ¿qué os parece? ¿Estáis en esto? Digo que a mí me tiene satisfecho, Y que a la ejecución se venga presto De un tan extraño y tan honroso hecho. TEÓG. Pues yo de mi intención os diré el resto: Después que sea lo que digo hecho, Vamos a ser ministros todos luego De encender el ardiente y rico fuego. M.1.ª Nosotras desde aquí ya comenzamos A dar con voluntad nuestros arreos, Y a las vuestras las vidas entregamos Como se han entregado los deseos. LIRA. Pues caminemos presto; vamos, vamos, Y abrásense en un punto los trofeos Que pudieran hacer ricas las manos, Y aun hartar la codicia de romanos.
Vanse todos, y salen dos NUMANTINOS.
N.1.° ¡Derrama, dulce hermano, por los ojos El alma en llanto amargo convertida! ¡Venga la muerte y lleve los despojos De nuestra miserable y triste vida! N.2.° Bien poco durarán estos enojos; Que ya la muerte viene apercebida Para llevar en presto y breve vuelo A cuantos pisan de Numancia el suelo. En la plaza mayor ya levantada Queda un ardiente y cudiciosa hoguera, Que de nuestras riquezas menistrada, Sus llamas suben a la cuarta esfera. Allí, con triste priesa acelerada Y con mortal y tímida carrera, Acuden todos, como santa ofrenda, A sustentar las llamas con su hacienda. Allí la perla del rosado #_Oriente_#, Y el oro en mil vasijas fabricado, Y el diamante y rubí más excelente, Y la estimada púrpura y brocado, En medio del rigor fogoso ardiente De la encendida llama se ha arrojado: Despojos que pudieran los romanos Hinchir los senos y ocupar las manos.
Aquí salen con cargas de ropa por una parte y éntranse, por otra.
#_Vuelve al triste espectáculo la vista_#; Verás con cuánta priesa y cuánta gana Toda Numancia en numerosa vista Aguija a sustentar la llama insana; Y no con verde leño o seca arista, No con materia al consumir liviana, Sino con sus haciendas mal gozadas, Pues se guardaron para ser quemadas. N.1.° Si con esto acabara nuestro daño, Pudiéramos llevallo con paciencia; Mas, ¡ay!, que se ha de dar, si no me engaño, De que muramos todos cruel sentencia. ¡Primero que el rigor bárbaro extraño Muestre #_en_# nuestras gargantas su inclemencia, Verdugos de nosotros nuestras manos Serán, y no los pérfidos romanos! Han ordenado que no quede alguna Mujer, niño ni viejo con la vida, Pues al fin la cruel hambre importuna Con más fiero rigor es su homicida.
Sale una mujer con una criatura en los brazos y otra de la mano, y ropa para echar en el fuego.
MADR. ¡Oh duro vivir molesto! ¡Terrible y triste agonía! HIJO. Madre, ¿por ventura, habría Quien nos diese pan por esto? MADR. ¿Pan, hijo? ¡Ni aun otra cosa Que semeje de comer! HIJO. Pues ¿tengo de fenecer De dura hambre rabiosa? ¡Con poco pan que me deis, Madre, no os pediré más! MADR. Hijo, ¡qué pena me das! HIJO. ¿Por qué, madre, no queréis? MADR. Sí quiero; mas ¿qué haré, Que no sé donde buscallo? HIJO. Bien podréis, madre, comprallo; Si no, yo lo compraré. Mas, por quitarme de afán, Si alguno conmigo topa, Le daré toda esta ropa Por un pedazo de pan. MADR. ¿Qué mamas, triste criatura? ¿No sientes que, a mi despecho, Sacas ya del flaco pecho, Por leche, la sangre pura? Lleva la carne a pedazos, Y procura de hartarte, Que no pueden ya llevarte Mis flacos, cansados brazos. Hijos, mi dulce alegría, ¿Con qué os podré sustentar, Si apenas tengo qué os dar De la propia sangre mía? ¡Oh hambre terrible y fuerte, Cómo me acabas la vida! ¡Oh guerra, sólo venida Para causarme la muerte! HIJO. ¡Madre mía, que me fino! Aguijemos. ¿A dó vamos, Que parece que alargamos La hambre con el camino? MADR. Hijo, cerca está la plaza Adonde echaremos luego En mitad del vivo fuego El _peso_ que te embaraza.